Capítulo 20: Decisiones

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Traductora: Plutommo


—Ay, ¡soy tan incomprendido! —dijo Shen Zechuan—. Hoy en día, en cuanto pasa algo, de alguna forma siempre es culpa de Shen Lanzhou.

—Desde tu liberación ha habido ola tras ola de problemas —respondió Xiao Chiye—. Xiaofuzi, la Academia Imperial, Pan Rugui… ¿Por qué cada incidente termina llevándonos de vuelta a ti?

—Exacto —dijo Shen Zechuan con ironía—. ¿Por qué todos terminan relacionados conmigo? ¿De verdad no le ves la causa? Si el heredero Xiao me hubiera dado muerte cuando me sacó del Sumidero de Chashi hace cinco años, nada de esto habría ocurrido.

Xiao Chiye deshojaba la ramita.

—En aquel entonces, burlaste a la muerte y decidiste vivir una existencia innoble. ¿Apenas ahora descubres lo que se siente estar vivo de verdad?

La expresión de Shen Zechuan era tan serena que parecía irreal.

Qué hombre tan extraño.

Había sido igual el día del banquete. Cada uno de sus gestos parecía desprenderse de alguien que ya había dejado atrás las preocupaciones mundanas. Pero Xiao Chiye recordaba con claridad la mirada en los ojos de Shen Zechuan aquella noche nevada de hace cinco años, cuando el chico lo había mordido.

Esa serenidad en Shen Zechuan era como asomarse a un abismo sin fondo. Los torrentes de odio que hervían en su interior parecían haberse aplacado por completo, al punto de que ya nadie podía adivinar hasta dónde llegaban sus límites. Todos en el banquete lo habían humillado, y aun así él simplemente bajó la cabeza y sonrió. Cuando Xiao Chiye dijo que lo veía con otros ojos, lo decía en serio.

Si un hombre podía acoger la adversidad de esa forma, entonces, para Xiao Chiye, la oscuridad que se escondía bajo esa calma resultaba aún más inquietante.

—“Lo que se siente estar vivo” —Shen Zechuan volvió a reír—. Lo sentí día y noche mientras estuve encerrado en el Templo de la Culpabilidad. Y ahora que estoy afuera, es más claro que nunca: vivir es algo difícil. Aprecio mi vida y no quiero perderla… pero quieren que cargue con culpas ajenas, que pague con mi única vida por la de muchos otros. ¿Cómo puede ser eso? Por eso me inclino, me arrastro e intento ganarme el favor, todo con la esperanza de que Er-gongzi y sus pares tengan piedad de mí. Si quieres que confiese hoy, Er-gongzi, al menos dime de qué se me acusa.

Xiao Chiye ya había renunciado a obtener alguna verdad de este hombre. Tenía un olfato agudo, y siempre sentía una inquietud difusa cuando Shen Zechuan se mostraba dócil y sumiso. Pero Shen Zechuan no cedía ni ante las bromas ni ante la presión. Por más que Xiao Chiye intentara arrancarle una confesión, le resultaba imposible distinguir la verdad de la mentira.

No creía ni una sola palabra de las que salían de su boca. Tal como Shen Zechuan había dicho aquella noche: si todos estaban actuando, ¿para qué tomárselo tan en serio?

Sin embargo, las personas mentían, pero las huellas que dejaban no lo hacían. Si uno se adentraba entre la escoria de Qudu, había muchas probabilidades de salir con información útil. Si Shen Zechuan había puesto a alguien cerca de Li Jianheng, no podía ser ningún personaje importante. En su situación actual, a lo mucho podría haber sobornado a un recadero o a un sirviente.

Todo este asunto de Li Jianheng olía mal por dentro y por fuera. Si no llegaba al fondo ahora, más adelante no haría más que traerle problemas. Desde que Xiao Chiye había apostado por el príncipe Chu, la tensión no lo dejaba dormir por las noches.

—Solo vine a jugar contigo. ¿Cómo terminó siendo un interrogatorio? —Xiao Chiye sopló las hojas en la ramita que sostenía y suspiró—. He oído que hay gente haciendo averiguaciones sobre ti. Esto involucra el buen nombre del príncipe Chu, así que, naturalmente, tenía que venir a preguntar.

—Cada vez que vienes a “jugar” conmigo —dijo Shen Zechuan—, pierdo una noche de sueño.

—No digas eso. Sé que no la tienes fácil, eso está claro, pero yo tampoco estoy en las mejores condiciones. Dejemos atrás los viejos rencores, borrón y cuenta nueva.

Shen Zechuan soltó una risa.

—Decenas de miles de vidas se perdieron en las seis prefecturas de Zhongbo. Y Er-gongzi quiere hacer borrón y cuenta nueva.

—Las cosas ya no son como antes. —Xiao Chiye por fin soltó la ramita y se puso de pie—. Tienes el favor del clan Hua y gozas de la buena voluntad de la emperatriz viuda. ¿Cómo me atrevería yo a ofenderte? No me trates como a un extraño, no me llames Er-gongzi. ¿Acaso no somos ya viejos conocidos, Lanzhou?

Shen Zechuan se limitó a sonreír.

—Adiós, Er-gongzi.

Xiao Chiye montó su caballo y lo miró desde lo alto.

—¿Cuándo vas a devolverme ese anillo de pulgar, Lanzhou? Una cosa gastada como esa no vale mucho, y conservarla debería repugnarle a cualquiera. ¿Por qué parece que lo atesoras en cambio?

—Lo llevo conmigo —dijo Shen Zechuan— para ahuyentar el mal con la feroz aura de Er-gongzi. ¿Cómo podría desprenderme de él tan fácilmente?

Xiao Chiye hizo crujir su fusta.

—¿No lo sabes? Tu Er-gongzi es el mismo mal.

Shen Zechuan permaneció inmóvil, observando cómo Xiao Chiye se alejaba. Su sonrisa se desvaneció, dejando una quietud insondable. A medida que la silueta disminuía en la distancia, el sol poniente se ocultaba bajo el horizonte, su luz naranja resbalando bajo los pies de Shen Zechuan y corriendo hacia la sombra de Xiao Chiye.

Las estrellas comenzaban a titilar en el cielo sobre el patio. El Gran Mentor Qi desplegó un mapa recién dibujado ante Shen Zechuan.

—El antiguo Palacio del Este no tenía autoridad para desplegar tropas en la frontera. Sin embargo, conocía a la perfección las posiciones de todas las guarniciones, gracias a la información del Ministerio de Guerra. Este mapa muestra las de Libei.

—Libei está respaldado por las Montañas Hongyan; al oeste se encuentra el Paso Luoxia, y su lado este da a las praderas de las Tribus Biansha —dijo Shen Zechuan, señalando las Montañas Hongyan que se alzaban al este—. El otoño está a la vuelta de la esquina. Las tierras de los Biansha no han producido suficiente pasto para sus caballos este año, así que inevitablemente saquearán los mercados comerciales a lo largo de la frontera. Xiao Jiming deberá mover sus tropas para enfrentarlos; ¿por qué no ha enviado todavía un pedido de auxilio a la capital?

—Porque su majestad está gravemente enfermo —dijo el Gran Mentor Qi, reflexionando por un momento—. Xiao Jiming solo presentó un memorial ante el trono durante toda la pasada primavera. Seguramente tiene informantes en Qudu. Si aún no ha enviado un memorial solicitando el despliegue de tropas, solo puede significar una cosa.

—A Su Majestad le queda poco por vivir —murmuró Shen Zechuan—. La cuestión de quién podría ocupar el trono de manera segura impide que Xiao Jiming actúe.

El Gran Mentor Qi sacó un pincel, lo sumergió en tinta y dibujó un círculo alrededor de Libei.

—La ascensión del Príncipe Chu solo puede beneficiar al Clan Xiao. Han estado enfrentados con los Hua durante demasiado tiempo. Por culpa de Zhongbo, han caído en una posición de desventaja, con Qudu sosteniendo su cadena. Ahora, por fin, tienen la oportunidad de romper esa correa. Xiao Jiming no dejará pasar esta oportunidad.

Shen Zechuan señaló Qudu en el mapa.

—Pero, ¿no dijo xiansheng el otro día que mientras las puertas de Qudu permanezcan cerradas, Xiao Chiye sigue siendo el rehén de Libei? La emperatriz viuda aún lo mantiene bajo su control; ¿cómo podría entonces mover ficha Xiao Jiming?

—Ya que lo mencionas… —dijo el Gran Mentor Qi, dejando a un lado el pincel—. Hay algo más que deseo saber de ti.

—Sí, xiansheng.

—En tu opinión, ¿qué clase de hombre es Xiao Chiye?

Shen Zechuan bajó las pestañas y fijó la vista en el mapa.

—Astuto. Inteligente. Poco convencional.

—Yo diría que… —El Gran Mentor Qi se rascó la cabeza, buscando la palabra exacta que capturara la esencia. Tras un momento de duda, se inclinó sobre la mesa y habló con voz cargada de misterio—: Yo diría que él es la oportunidad que el cielo ha enviado a Libei para cambiar el rumbo de las cosas. Un prodigio fuera de lo común.

Shen Zechuan giró el pincel entre los dedos.

—¿Por qué dice xiansheng algo así?

El Gran Mentor Qi se agachó bajo la mesa y sacó varios libros toscamente encuadernados que él mismo había escrito. Con los años, había sentido cómo la vejez y el olvido se le acercaban, y había plasmado todo lo que pudo en papel. Rebuscó ruidosamente entre ellos, luego se dejó caer de nuevo sobre la mesa y empujó uno hacia Shen Zechuan.

—Estos son los detalles que Ge Qingqing logró obtener del Ministerio de Guerra. En el primer año de Xiande, hace ocho años, Xiao Chiye tenía catorce años. Siguió a Xiao Jiming en la batalla contra los Biansha. En pleno verano, Xiao Jiming fue sitiado por tres de las tribus al este de la cordillera Hongyan. Su retirada fue cortada, quedando atrapado en las orillas del río Hongjiang. Tras tres días, los refuerzos de su padre aún no habían llegado, y Xiao Jiming estaba a punto de librar su última y desesperada batalla por sobrevivir. Los jinetes de la tercera tribu de los Biansha son ágiles; la Caballería Blindada de Libei es un muro de hierro, capaz de asestar golpes frontales poderosos, pero no puede maniobrar con rapidez en un enfrentamiento de idas y vueltas. Si la batalla se prolongaba demasiado, sería el ejército de Xiao Jiming el primero en agotarse.

El Gran Mentor Qi hizo una pausa para dar unos tragos de vino.

—Pero en la noche del tercer día, las tropas Biansha se retiraron como una marea que retrocede: resultó que sus provisiones fuertemente custodiadas habían sido incendiadas. El fuego se propagó desde el centro de su campamento y sumió a la retaguardia en el caos. Xiao Jiming aprovechó la oportunidad; la batalla decisiva que libró rompió el asedio en una sola noche.

—El informe que Libei entregó al Ministerio de Guerra terminaba ahí. Lo que te diré a continuación es información que tu shifu obtuvo con gran esfuerzo. ¿Puedes adivinar cómo se incendiaron esas provisiones tan fuertemente custodiadas? Al parecer, la tercera tribu de Biansha había cavado una zanja cerca del río para usarla como letrina. Xiao Chiye se deslizó desde el Hongjiang hasta esa zanja y pasó media noche arrastrándose entre barro e inmundicia para infiltrarse en el campamento.

El Gran Mentor Qi se acarició el mentón.

—Aun así, Libei ocultó la noticia de semejante hazaña. Y eso no es todo. Desde que Xiao Chiye llegó a Qudu, se ha ganado la fama de holgazán sin oficio, pero ¿acaso un holgazán tendría ese temple? Imagínalo: fracasar en esa misión habría significado la muerte de su hermano. Permaneció en silencio dos días enteros, esperando a que las tropas de Biansha bajaran la guardia, antes de prender fuego; dos días durante los cuales la vida de su hermano pendía de un hilo. ¿Y si el fuego no hubiera prendido? ¿Y si se equivocaba en el momento? Si lo hacía demasiado pronto, las tropas de Biansha aún estarían firmes como una muralla. ¡Si lo hacía demasiado tarde, los soldados de Libei podían perder el ánimo! Y aun así, atacó en el instante exacto. ¿Cómo podría haberlo logrado sin una intuición fuera de lo común?

Shen Zechuan guardó silencio, pensativo.

—Ese muchacho está completamente loco. En esa aventura tan temeraria, solo llevó a esta cantidad de gente con él… —El Gran Mentor Qi levantó dos dedos y se quedó un momento en silencio—. Lanzhou, sospecho que Pan Rugui lo envió al Ejército Imperial para mitigar el riesgo y, al hacerlo, cometió un error fatal. Cree que el Ejército Imperial está en sus últimos momentos, pero considera su origen: todos sus hombres provienen de familias militares que siguieron al emperador y se establecieron en los alrededores de Qudu. Los Ocho Grandes Clanes no los tienen en alta estima, así que este ejército solo miraba al emperador. Ahora que el emperador ya no los quiere, estos veinte mil hombres se han convertido en armas sin dueño. Habría sido otra cosa si realmente hubieran caído en manos de algún joven noble desinteresado, pero en manos de Xiao Chiye… ¿qué podría impedir ahora que Xiao Jiming proteja al príncipe Chu?

¡Así que era eso!

Lo que antes había desconcertado a Shen Zechuan se volvió súbitamente claro. Él había supuesto que Xiao Jiming, al dejar a Xiao Chiye en Qudu, entendía que su hermano menor se convertiría en un peón. Por tanto, Xiao Jiming o bien lo abandonaría, o bien actuaría con suma cautela. Pero si de verdad estaba siendo cauteloso, jamás debería haber permitido que Xiao Chiye se acercara tanto al príncipe Chu. Era buscarse problemas: Xiao Chiye no haría otra cosa que contener la respiración y cubrirle las espaldas al príncipe imperial.

—Este frío otoñal en Qudu va a acabar congelando a alguien —dijo el Gran Mentor Qi, que había hablado tanto que ya tenía la garganta reseca—. Somos pocos y carecemos de fuerza, así que lo mejor es mantenernos al margen. Después del motín en la Academia Imperial, se ha abierto una grieta entre la emperatriz viuda y Xi Gu’an, y también entre Su Majestad y su madre imperial. Si ella quiere conservar el poder, un heredero es ahora una cuestión de máxima urgencia. Y del mismo modo, si algo le ocurriera al príncipe Chu en este momento, todo el esfuerzo del clan Xiao habría sido como sacar agua con un cesto. La prisa de Xiao Chiye por verte hoy seguramente se deba a que ya está en alerta.

—Pero la emperatriz viuda es aún más astuta —continuó—. Años atrás, para orquestar el ascenso del príncipe Ning al trono que ahora ocupa, no dudó en aniquilar por completo a todo el Palacio del Este. Hoy, para prevenir cualquier imprevisto, eliminaría sin titubear al príncipe Chu. Me temo que a Xiao Chiye no le será nada fácil garantizar la seguridad del príncipe.

—Si la emperatriz viuda no va a valerse de Xi Gu’an —dijo Shen Zechuan con la mirada serena—, el único que queda es Ji Lei. En la Guardia de Uniforme Bordado abundan los expertos, y trabajan con limpieza y eficacia.

—Deja a un lado esta lucha entre bestias poderosas por el momento —dijo el Gran Mentor Qi—. Ahora mismo, lo que debes decidir es si apostarás por el príncipe Chu o por la emperatriz viuda.

Shen Zechuan extendió la mano y la posó sobre el mapa.

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