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PARA FANG CHI, ESTE GESTO no tenía ningún significado especial, se trataba de un simple acto de consuelo. Lo había hecho muchas veces antes con otras personas.
Sin embargo, después de hacerlo, ambos se quedaron paralizados por un momento.
Sun Wenqu giró la cabeza, miró primero la mano de Fang Chi que todavía estaba en su hombro y luego lo miró a los ojos con una sonrisa.
—De repente me recuerdas a Liang-zi.
Fang Chi también sonrió y, algo avergonzado, se frotó la nariz antes de volver la vista al patio.
—Ese hombre gordo de mediana edad es mi segundo tío. Tiene mucha fuerza. Cuando era pequeño, podía levantarme con una sola mano y subirme a sus hombros. El idiota de lentes es su hijo…
Con una sonrisa aun bailando en los labios, Sun Wenqu observó el patio junto con él.
—El de lentes no era un idiota cuando éramos niños, pero en cuanto entró en la escuela, de repente se volvió uno. Sigo pensando que lo que ha estado estudiando desde la primaria hasta ahora quizá sea una especialización en estupidez… —Fang Chi movía los dedos sobre el vidrio, muy concentrado en su explicación—. ¡Ha usado el movimiento letal Corazón de Pantera! ¡No pudo esquivarlo en absoluto! Sabía que no lo lograría… Queridos espectadores, por favor… ¡Oh, es el ataque Puño de Mantis! Tampoco pudo esquivarlo, era imposible. El valor de combate del idiota de lentes es demasiado bajo, según mis cálculos, su experiencia acumulada a lo largo de los años debe ser negativa… ¡La Mano Rebanadora! ¡Golpe directo! ¡Ahora el idiota de lentes intenta huir! ¡Está huyendo! Esta técnica secreta se llama «Salir por la Puerta», pero parece que la puerta está un poco lejos… ¡Lo logró! Muy bien, escapó. Creo que mi tío no tiene intención de perseguirlo. Game over. Fin de la transmisión.
Sun Wenqu, apoyado en la ventana, se rio sin parar y le dio una ronda de aplausos.
—¡Qué lengua tan afilada! Nunca te había oído hablar tanto.
—Tú pediste los comentarios en directo, hasta me dejaste con la boca seca —dijo Fang Chi, sonriendo—. Lástima que Fang Hui no aguanta los golpes. Con dos movimientos ya huyó. Si fuera yo… Cuando mi abuelo o mi papá me golpeaban, al menos podía correr por el patio unas diez vueltas antes de que me atraparan.
—Un monito. —Sun Wenqu asintió, tomando una taza de la mesa y entregándosela—. Un monito criado como un perro salvaje.
—¿Al final soy un mono o un perro? —Fang Chi tomó la taza y bebió un sorbo. No era agua hervida, sino té; y olía muy bien… Momento, esta era la taza de Sun Wenqu.
Fang Chi se atragantó con el té, dejó la taza y tosió durante un buen rato.
—Dios mío. —Sun Wenqu le quitó la taza y miró dentro—. ¿Escupiste en mi té?
—Tíralo, tal vez hasta mocos tiene. —Fang Chi se sonó la nariz.
Sun Wenqu chasqueó la lengua y vertió el agua en una maceta.
Las macetas de esa habitación eran iguales a las de Fang Chi, llenas de plantitas verdes sin flores. No se podía distinguir qué tipo de plantas eran. De todos modos, en esta época del año, pocas cosas florecían.
—¿De dónde sacaste esas plantas? —Fang Chi se sentó en la silla.
Antes de que pudiera acomodarse, su cuerpo se inclinó hacia atrás y se hundió por completo, sin poder sentarse derecho por más que lo intentara.
La silla parecía normal, pero una vez que te sentaras, te darías cuenta de que era muy similar a un cuenco. A menos que te levantaras, solo podías permanecer medio tumbado.
—¡¿Qué clase de silla es esta?! —Fang Chi estaba un poco frustrado.
—Una silla perezosa —respondió Sun Wenqu, dándole un leve empujón con el pie. La silla se balanceó un par de veces.
—Oye, oye, oye… Me mareo. —Fang Chi luchó por levantarse, descubriendo que la silla solo tenía una pata con un muelle. Antes no se había fijado, pero al mirarla bien, parecía más una copa gigante.
—¿Esto te marea? Si no es muy distinto a la tumbona de tu patio trasero. —Sun Wenqu se dejó caer en la silla y apoyó las piernas en la cama con total comodidad.
—Esa tiene solo dos direcciones, adelante y atrás. ¡Pero la tuya tiene todas las direcciones posibles! Arriba, abajo, izquierda, derecha… No hay manera de predecirlo, es demasiado —suspiró Fang Chi—. ¿No te mareas cuando te sientas aquí a dibujar?
—Ay, el resorte es tan grueso. ¿No viste cuánto esfuerzo tuve que hacer para moverlo? —Sun Wenqu chasqueó la lengua—. Ese IQ tuyo… Menos mal llevas el Abracadabra contigo.
—Si me va mal en el examen, ¿me darás un reembolso? —Fang Chi se rio entre dientes.
—No digas tonterías. —Sun Wenqu movió las piernas—. Ni siquiera has hecho el examen y ya estás pensando en fracasar.
—Hablando en serio, nunca he pensado en lograr obtener una calificación alta. —Fang Chi se apoyó en la mesa, observando los dibujos de Sun Wenqu. Ahora los veía con claridad: eran varios bocetos de teteras, todas similares pero con diferencias en los detalles.
—¿Tienes algún objetivo? ¿Alguna universidad o carrera en mente? —preguntó Sun Wenqu, luego le maulló a Sir Amarillo, que estaba en la cama. El gato trepó de inmediato por su pierna hasta acomodarse sobre su abdomen.
—… No. —Fang Chi de repente se sintió un poco avergonzado. Al enfrentarse a un cerebrito que, a pesar de no haber ido a la universidad, seguía siendo tan brillante, su respuesta carecía de confianza.
—Puedes pensar en ello cuando tengas tiempo —dijo Sun Wenqu.
—Oh. —Fang Chi asintió.
Ninguno volvió a hablar.
Fang Chi extendió la mano para abrir por completo las cortinas que estaban a medio correr, dejando que la luz del atardecer se derramara sobre la mesa.
El patio ya había recuperado su tranquilidad. Fang Hui, que se había ido corriendo, no había regresado. Aparte del abuelo y la segunda tía ocupados en la cocina, todos los demás estaban de vuelta en la sala.
Fang Chi acarició las plantitas en el alféizar de la ventana.
—¿Qué son estas? —preguntó.
—No lo sabrías aunque te lo dijera —respondió Sun Wenqu, con los ojos cerrados y los dedos enterrados en el pelaje Sir Amarillo.
—Probemos, quién sabe, tal vez lo sepa —insistió Fang Chi, observando su mano. Sir Amarillo era un gato callejero de pelo corto y el movimiento de los dedos de Sun Wenqu entre su escaso pelaje amarillo se notaba bastante.
—En realidad, yo tampoco lo sé —se rio Sun Wenqu—. Solo le dije al florista que me diera algunas plantas que no perdieran las hojas en invierno, y me dio estas.
—Oh… —Fang Chi también se rio—. Son muy bonitas. Me pregunto si florecerán en primavera.
—Entonces te avisaré. Si florecen, te enviaré fotos —dijo Sun Wenqu.
—Está bien —asintió Fang Chi.
De repente recordó que, para cuando llegara la primavera, él ya llevaría bastante tiempo en la escuela. Y que también pasarían muchos meses antes de volver a ver a Sun Wenqu. Tal vez hasta después del examen de ingreso a la universidad.
Ni siquiera estaba seguro de cómo le iría en los exámenes.
¿Universidad?
¿Carrera?
—Tú… —Fang Chi lo miró de reojo—. ¿Por qué no…? Este… ¿Por qué no fuiste a la universidad? ¿No tomaste el examen o lo hiciste y decidiste no ir?
Sun Wenqu sonrió con los ojos cerrados.
—¿Eres un bebé curioso o qué? Siempre preguntando.
—Tengo catorce, es normal que sea curioso.
—No hice el examen —respondió Sun Wenqu con calma—. Solo fui a dar una vuelta por el lugar para experimentar la atmósfera de la sala de exámenes.
Fang Chi frunció el ceño.
—¿Por…?
—¿Por qué? —Sun Wenqu abrió los ojos—. Porque al final, a dónde ir o qué estudiar, no dependía de mí. Así que preferí no hacerlo.
—Oh —soltó Fang Chi. No siguió preguntando. Por la actitud recurrente de Sun Wenqu y los acontecimientos recientes, ya se había dado cuenta de que su relación con su familia no era muy buena.
—¿Vendrá mucha gente a tu casa mañana? —Después de estar en silencio por un momento, Sun Wenqu levantó los brazos y se estiró.
—Mmm, mi tía también viene este año. —Fang Chi asintió—. Ella viene con su familia de tres. Creo que, en total, solo seremos esos.
—Cuánta gente —dijo Sun Wenqu.
—¿En tu casa son pocos en Año Nuevo? —preguntó Fang Chi. Para los estándares del pueblo, su familia no era precisamente grande. Su padre solo tenía un hermano y una hermana, mientras que en otras casas podía haber hasta cinco o seis hijos. Y si, además, ambas familias políticas eran del mismo pueblo, la cantidad de personas se duplicaba.
—Mi padre, mi madre, mis dos hermanas y sus esposos. Eso es todo. —Sun Wenqu contó con los dedos.
—¿No hay abuelos o tíos? —Fang Chi le quitó a Sir Amarillo de encima. El gato estaba tranquilo hoy, no mostraba señales de querer arañar a nadie.
—No. Mi padre es hijo único desde hace tres generaciones. —Sun Wenqu bostezó y se puso de pie—. ¿Estás revisando mis antecedentes familiares o qué?
—Revisión mutua, para estar a mano. —Fang Chi esbozó una sonrisa, pero antes de que la sonrisa se extendiera por completo, Sir Amarillo le dio un zarpazo en toda la boca. Arrojó al gato a la cama—. ¡Vete a vagabundear, niñita!
—Mejor dámelo a mí. —Sun Wenqu se rio con descaro desde un lado.
—En tus sueños —respondió Fang Chi sin dudarlo un segundo.
Cuando ya casi era la hora de cenar, Fang Chi bajó para ayudar a poner la mesa. Vio a Chico correr a toda velocidad desde el patio hasta la cocina, al levantar la vista, como esperaba, vio que Fang Hui había regresado.
Justo a tiempo para la comida. Aunque se hubiera escapado para no recibir una paliza, no se perdería la cena.
—¿Tu amigo no bajará a comer? —Su madre palmeó el polvo de la pared del brazo de Fang Chi.
—Mmm, se la llevaré —dijo Fang Chi—. No te preocupes por él.
—Eso no es muy amable. ¿Vamos a tener una gran cena familiar y no lo invitaremos? —Su madre miró hacia arriba.
—Es que… —Fang Chi no sabía cómo explicarlo—. Es un artista, puede ser muy peculiar. Así es él.
—Oh, ¿un artista? —Su madre pareció entenderlo de golpe—. Pues no se le nota, no tiene el cabello largo ni sucio.
—Sí —se rio Fang Chi—. De todos modos, él está alquilando aquí por un tiempo. Es nuestro inquilino. No hay necesidad de estar pendiente de él, déjalo ser.
—Bueno, está bien —asintió su madre.
Fang Chi se preguntó cómo reaccionaría Sun Wenqu si supiera que lo había resumido así. Aunque entendía que prefería estar solo en su habitación, no solo por tener cosas que hacer, sino también por su estado de ánimo, los demás no necesariamente lo comprenderían.
Al fin y al cabo, era Año Nuevo y él se había mudado solo a un pueblo rural, recluido en su habitación, sin salir más que para correr por las mañanas… Bueno, ni siquiera eso, porque su pie aún no se había recuperado del todo. Si no lo justificaba diciendo que era un artista, era difícil explicarlo para que la gente normal lo entendiera.
El abuelo había cocinado muchos platos hoy; todos eran especialidades suyas. Chico estaba en cuclillas en la esquina de la cocina, su saliva colgando ya unos cinco centímetros de largo.
—Llévale esto a Shuiqu —le dijo la abuela a Fang Chi, pasándole una bandeja con cuatro o cinco tazones llenos de comida.
—¿Tanto? —Fang Chi se quedó atónito un momento. Con el estómago pequeño que tenía Sun Wenqu, si lograba terminar un solo plato ya sería un milagro.
—Si no se lo termina, no pasa nada. En Año Nuevo hay que dejar sobras. —La abuela parecía estar acostumbrada a que Sun Wenqu no bajara a comer—. Además, hay que justificar el dinero que nos dio para la comida.
Fang Chi tomó la bandeja y se dispuso a subir por la sala, pero tras dudar un momento, optó por dar la vuelta y entrar por el patio trasero. No quería que Fang Hui lo viera. Si Fang Hui soltaba algún comentario inoportuno, temía reventarle la bandeja en toda su cara.
—¿Y mi chocolate? —preguntó Sun Wenqu al recibir la bandeja.
—Come primero —suspiró Fang Chi—. ¿Qué pasa contigo? ¿Eres adicto o algo así?
—No es que sea adicto… —Sun Wenqu lo pensó un momento—. Olvídalo, no beberé chocolate hoy. Si sigo así, voy a engordar.
—Ah, ¿entonces sí te das cuenta? —Fang Chi sonrió—. Yo solo lo bebo de vez en cuando, pero tú lo has convertido en una comida principal.
—Hoy hay demasiada comida. —Sun Wenqu dejó la bandeja en la mesa y se inclinó a oler los platos—. Pero todo huele tan bien.
—Mi abuela dice que en Año Nuevo siempre hay que dejar sobras —comentó Fang Chi—. Si no puedes terminarlo, no pasa nada. Chico está esperando, ansiosa, para disfrutar las sobras luego.
—Sí, y hoy incluso hirieron su orgullo. Luego le llevo algo.
Fang Chi cerró la puerta y bajó las escaleras. En la sala, los platos ya estaban servidos, y su padre y su segundo tío preparaban los petardos afuera en el patio.
—¡Déjenme encenderlos! —Sacó un encendedor del bolsillo y corrió afuera. Desde niño, siempre le había encantado eso—. ¡Voy yo!
—Todo tuyo —dijo su segundo tío, riéndose.
—Seguro tu abuelo te ha estado tentando con el cigarro otra vez, ¿verdad? —Su padre suspiró al ver el encendedor en su mano—. ¿No habías dicho que lo dejarías?
—Básicamente… ya lo dejé. —Fang Chi se sintió un poco avergonzado—. Esto es un recuerdo.
—Si cuestan un yuan y hasta se pueden recoger del suelo, ¿qué tiene de recuerdo? —dijo su padre.
—Ay. —Fang Chi se puso en cuclillas frente a los petardos—. Voy a encenderlos, ¡atrás!
El estruendo de los petardos sobresaltó a Sun Wenqu y Sir Amarillo saltó de la mesa directo a sus brazos con un maullido. Dejó sus palillos y presionó las orejas del gato con los dedos mientras se acercaba a la ventana. Justo a tiempo para ver a Fang Chi saltar de vuelta al patio con una sonrisa.
Cuando no sonreía, Fang Chi tenía un aire bastante genial. Pero cuando lo hacía, se veía un poco bobo… aunque seguía siendo atractivo. Además, tenía unos hoyuelos encantadores que le sumaban muchos puntos. Por eso, a Sun Wenqu le gustaba mucho verlo sonreír.
La cadena de petardos era larga y el estruendo, ensordecedor. El humo que se elevaba con las chispas pronto entró en inundó el patio. En medio de esa bruma, Fang Chi alzó la mirada de repente hacia su ventana y le sonrió.
Sun Wenqu apoyó los dedos en el vidrio e hizo una V.
Una vez que los petardos terminaron de estallar, Fang Chi y su familia regresaron a la sala de estar para comenzar a cenar.
Sun Wenqu también se sentó, con Sir Amarillo en brazos, y comió mientras revisaba los dibujos que había hecho.
El padre de Fang Chi y el segundo tío tenían voces bastante fuertes. Desde arriba, podía escuchar sus animadas y entusiastas conversaciones, junto con las carcajadas ocasionales.
Ese tipo de reuniones familiares tan bulliciosas eran algo desconocido para Sun Wenqu. Le parecían interesantes, pero, contrario a lo que esperaba, no le evocaban recuerdos nostálgicos de su propia familia.
De hecho, se sentía como un observador, experimentando la vida de Fang Chi. Un chico bastante interesante, con una familia ruidosa y animada.
Fang Chi comía rápido, sobre todo cuando no hablaba.
En estas reuniones familiares donde todos competían por hablar, rara vez podía meter palabra. Solo respondía cuando le preguntaban algo; el resto del tiempo, se limitaba a comer en silencio. Cuando terminaba, se apartaba para jugar con Chico.
Fang Hui, por otro lado, hablaba sin parar. Como tenía buenas calificaciones —mucho mejores que las de Fang Chi en todo caso—, siempre aprovechaba las comidas para opinar sobre política y actualidad.
Cada vez que Fang Chi escuchaba sus discursos, se sentía conmovido. Un joven que se preocupaba tanto, tanto por el fortalecimiento del país y el bienestar del pueblo… y el país y el pueblo ni siquiera lo sabían.
Después de jugar un rato con Chico, Fang Chi se puso de pie y se preparó para subir las escaleras.
—¿No vas a comer un poco más? —lo llamó la abuela.
—Ya estoy lleno. —Fang Chi se frotó el vientre—. Voy a estudiar un rato.
—Oh, cierto, Xiao-Chi tomará el examen de ingreso a la universidad el próximo año, ¿verdad? —dijo su segunda tía—. Sí, deberías aprovechar el tiempo para estudiar. Sube y cierra la puerta para que no te molesten.
—No pasa nada. —Fang Chi sonrió.
—¿De verdad es eficaz estudiar solo, o es simple autoconsuelo? —Fang Hui, cuya arenga había sido interrumpida, aún tenía pasión de sobra—. Así no estás siendo nada eficiente. Mejor espera a las clases de refuerzo.
Fang Chi subió dos escalones y se giró. Las palabras de Fang Hui no eran agresivas, pero aun así le resultaban irritantes.
—Tengo un tutor privado —dijo, echando un vistazo a Fang Hui antes de subir las escaleras.
Cuando entró en su habitación, cerró la puerta y se sentó frente a su escritorio, sintiéndose frustrado.
¿No era eficiente?
¿Por qué no iba serlo?
Era sumamente eficiente: abría su libro y estudiaba, tomaba su cuaderno y resolvía ejercicios.
Agarró un examen simulado de matemáticas, se inclinó y comenzó a resolverlo.
Después de unos trazos, sacó los auriculares de su mochila, se los puso y buscó su lista de reproducción para estudiar.
Eran solo instrumentales, con un ritmo relajante. Fang Chi solía escucharlo cuando el ruido alrededor lo distraía.
Después de escribir media hoja, se quedó atascado. No conseguía dar con la respuesta ni siquiera después de una página entera de cálculos en el papel borrador.
Frunció el ceño.
¿Qué diablos?
Mientras se esforzaba, dando todo de sí por resolverlo, de repente, una mano apareció junto a su cabeza y un dedo señaló un punto en el papel borrador.
—¡Ah! —Fang Chi pegó un grito. Aunque ya había reconocido la mano de Sun Wenqu en el proceso de saltar del susto, el grito ya había salido.
—¡Ay, madre mía! —Sun Wenqu también se asustó y se apartó un poco—. Con esa fuerza explosiva, podrías considerar ingresar en el Conservatorio de Música.
—¿Cómo entraste? —Fang Chi se quitó los auriculares y lo miró fijamente—. ¡Me asustaste tanto que se me enredaron las tripas!
—No cerraste con seguro. —Sun Wenqu apoyó los codos en el escritorio, riéndose sin poder parar—. ¿Se te enredaron? ¿Quieres que papi te frote la pancita?
—No. —Fang Chi también se rio y volvió a sentarse en la silla—. ¿Ya terminaste de comer? ¿Qué haces aquí?
—Terminé hace rato. Ya hasta bajé los platos y los lavé. —Sun Wenqu tomó un taburete y se sentó junto al escritorio.
—¿Qué pasa? —Fang Chi lo miró con recelo.
—Vine a enseñarte. ¿No soy tu tutor privado? —Sun Wenqu señaló el papel borrador—. Te equivocaste desde el principio, pero seguiste adelante con el error durante diez minutos. Casi me conmoviste hasta las lágrimas.
Fang Chi sonrió con algo de vergüenza y se frotó la nariz.
—¿Lo oíste?
—¿Oír qué? ¿Lo de ser tu tutor privado? —preguntó Sun Wenqu—. Por supuesto que lo oí. Casi lo estabas gritando en las escaleras, no podía no oírlo.
—… Entonces, ¿me puedes explicar estos ejercicios? —Fang Chi le pasó un lápiz—. Justo hay dos ejercicios antes de este que tampoco estoy muy seguro de haber entendido.
Por lo general, Fang Chi sentía que las sesiones de estudio con Sun Wenqu duraban bastante, pero hoy, apenas habían revisado unas pocas preguntas y fueron interrumpidos.
Su madre entró en la habitación.
—¿Qué pasa? —preguntó Fang Chi, girándose hacia ella.
—¿Estás estudiando? —Su madre parecía sorprendida—. ¿Shiqu te está ayudando?
—Mmm —asintió Fang Chi y, tras pensarlo un momento, sonrió—. ¿Tú también le dices Shuiqu?
—¿No es así como se llama? —preguntó su madre—. Tu abuela dijo que se llamaba Shiqu.
—Es Wenqu, Sun Wenqu —Fang Chi escribió rápidamente en un papel y se lo pasó—. De «Wèn qú nǎ dé qīng rú xǔ, wéi yǒu yuántóu huóshuǐ lái (¿Preguntas cómo el agua del arroyo puede ser tan clara? Porque siempre recibe agua fresca del manantial)».
—Wenqu, ¿eh? —Su madre sonrió—. Tu abuela, esa mujer, siempre está cambiando los nombres.
—No pasa nada —Sun Wenqu sonrió y se levantó—. Señora, si necesita algo, me voy primero.
—No es nada —dijo su madre—. Solo…
—Ya sé, Fang Hui quiere dormir, ¿verdad? —respondió Fang Chi con fastidio.
—Hoy estuvieron viajando todo el día, están cansados. Que duerma, eso no te impide estudiar, ¿no? —preguntó su madre.
—No afecta mi estudio, pero sí mi estado de ánimo. —Fang Chi se levantó y empezó a guardar sus libros en la mochila—. ¿Ustedes ya se van?
—Probablemente en media hora. Fang Yun y su esposo ya se fueron a descansar a su casa, pero tu padre, tu segundo tío y tía todavía están hablando —dijo su madre.
—Entonces yo… —Fang Chi miró a Sun Wenqu.
Sun Wenqu sonrió.
—Ven a mi habitación.
Casi habían terminado de repasar. Después de media hora en la habitación de Sun Wenqu, Fang Chi escuchó a sus tíos despedirse de sus abuelos para irse a descansar.
—Ya tengo que volver a mi casa —dijo Fang Chi.
—Hmm, si todavía hay algo que no entiendes, mañana te lo explico. —Sun Wenqu bostezó.
—Estoy retrasando tu trabajo, ¿verdad? —Fang Chi no se movió de su asiento.
—No estaba haciendo nada en particular —dijo Sun Wenqu, sonriendo—. Soy tu tutor privado, después de todo. Además, he bebido mucho de tu chocolate.
Fang Chi empezó a recoger sus cosas con lentitud.
—La verdad, no estoy acostumbrado a estar solo con mis padres, es incómodo.
—¿No pasan mucho tiempo juntos? —preguntó Sun Wenqu.
—Mmm, prácticamente nunca hemos vivido juntos —suspiró Fang Chi—. Me tiene harto ese idiota de Fang Hui.
—Ven temprano mañana —dijo Sun Wenqu—. Vamos a correr.
—¿Tú? ¿Correr? —Fang Chi se agachó y le tocó el tobillo. No estaba hinchado y al tacto parecía normal—. Aún no puedes correr.
—Entonces vamos a caminar. Total, tampoco puedo dormir. —Sun Wenqu tomó a Sir Amarillo y empezó a frotarlo contra su cara.
—Está bien. —Fang Chi se levantó y se colgó la mochila al hombro—. ¿Te llamo cuando llegue?
—Ajá. —Sun Wenqu también se puso de pie y movió el brazo, usando a Sir Amarillo como una pesa.
—Me voy entonces. —Fang Chi caminó unos pasos hacia la puerta, pero luego se detuvo.
—¿Qué pasa? —Sun Wenqu lo miró.
—Esta noche no haré chocolate —dijo Fang Chi.
—Hmm, hay que controlar el peso. —Sun Wenqu siguió levantando a Sir Amarillo.
—Entonces… —Fang Chi se dirigió despacio hacia la puerta.
—Dios, solo duerme aquí si no quieres irte —se rio Sun Wenqu.
—Buenas noches. —Fang Chi chasqueó la lengua, salió y cerró la puerta tras de sí.