Rockwell #36- 30%
Colombi: E-Eso es asunto de su propio cronograma. No tiene nada que ver con nosotros.
Ethan: Por supuesto, eso solo nos incumbe a nosotros. Él debería venir a mí tan pronto como haya llegado, o eso se supone. Incluso, creo que ya debería estar por llegar.
En el salón del piso superior, los muchachos de Chicago alrededor del pasillo cerca del ascensor se movieron de repente.
Ethan: Hablando del rey de roma. Bueno, parece que mis niños han vuelto.
Ernesto: Eso está bien. Mientras más rápido hablemos sobre esto mejor.
El viejo ascensor abrió sus puertas haciendo un ruido terrible, dejando ver a aquellos que salieron de la jaula de acero.
Ethan: ¿Nm? ¿Qué significa esto?
Mirando a los hombres que aparecieron al salir del ascensor, solo la expresión de Ethan al verlos se volvió dura.
El hombre con traje elegante que salió del ascensor, caminó sobre la alfombra con paso gallardo.
Ese hombre era Dave Owen, un capitán del GD.
Dejando a algunos de sus hombres detrás de él, continuó caminando hasta llegar al centro del salón. Luego, sonrió de manera refrescante a los hombres de Chicago que estaban reunidos en el lugar.
Dave: Oh, vaya, vaya. ¡Esta es una visita honorable! ¡Les doy la bienvenida a ustedes, que se tomaron la molestia de venir desde Chicago a Rockwell! ¡Muchas gracias por su paciencia!
Dave, como si fuera el anfitrión, hizo una reverencia a los hombres de Chicago antes de hablar con su jefe, Ethan.
Ethan: Oh, eres tú.
Ethan: ¿Dónde está Bakshi? ¿Todavía no se han contactado con él?
Dave: Ah, sobre Bakshi.
Dave: Mis subordinados fueron a recogerlo. Se han hecho arreglos para que el libro de registro sea enviado a este lugar tan pronto como lo entregue a mis subordinados.
Magro: Fuh. Justo cuando pensé que un bastardo hablador apareció, nos viene ha decir que debemos esperar todavía más.
Colombi: ¿Y cuándo exactamente significa ese “pronto”? Si están pensando en ganar tiempo con esas palabrerías, es mejor que se rindan. Nosotros no vinimos hasta aquí para jugar.
Ernesto: Estoy de acuerdo con Colombi Además, aunque viviéramos aquí para jugar dudo que nos pudiéramos divertirnos, ¿no lo creen, muchachos?
Mafioso de Chicago 1: Estoy de acuerdo con usted, jefe.
Mafioso de Chicago 2: Hay una casa de juego aquí, pero no tendría caso. Incluso si nos encontramos en medio de una pelea, solo sería eso, una pelea. Sin personas decentes a quien espantar ni mujeres, no tendría caso.
Mafioso de Chicago 3: Idiota. ¿Crees que realmente encontraríamos personas decentes en este lugar abandonado y cubierto de musgo? En cuanto a las mujeres, seguramente se han ido todas a trabajar en Chicago o Nueva York.
Los chicos de Chicago sueltan risas mezcladas con blasfemias vulgares. Delante de los hombres, Dave se inclina de nuevo frente a todos.
Dave: No tengo palabras para refutar eso. Sin embargo, sabiendo que se aburrirían de esperar,he preparado para todos ustedes un gran espectáculo.
Dave: Tráelo.
Mafioso de Chicago 2: ¿Oh? ¿Mujeres strippers?
Magro: Keh, aunque viéramos traseros sin gracia de mujeres campesinas, no tendría caso. Creo que es mucho mejor ver el trasero de las vacas, que a ellas.
Mafioso de Chicago 3: ¡Hahahaha, tiene toda la razón, hermano!
Dave: Vaya cosas tan graciosas dice usted. Pero, creo que lo que les he traído es mejor que una bailarina o una gran cantante. Aquí tienen a …
Dave miró hacia atrás y la “cosa” traída por sus secuaces fue un hombre cuyos brazos están atrapados y arrastrados por ambos lados.
Dave tenía una cara ridículamente distorsionada y arrojó un pequeño escupitajo.
Dave: Hey, pequeño cachorrito. Es hora de que subas al escenario, y más vale que des un gran espectáculo.
Ernesto: ¿Uhn? ¿Quién es él?
Magro: ¿Qué pasa con ese mocoso mugroso?
Los hombres que estaban allí mostraron expresiones hoscas y me señalaban.
En este salón donde el aire acondicionado no funciona bien, el sudor grasiento flota por todos lados. Había puros hombres mafiosos con acento de Chicago alrededor de él. Me sacaron como un mono de circo frente a ellos.
Dave: ¡Bueno chicos! ¡Les presento a todos ustedes, distinguidos invitados de Chicago a este hombre! Es posible que lo conozcan, ¿no?
Dave: ¡Este chico es uno de los miembros de la mafia del CR:5, que últimamente ha estado causando auge en el Este!
La maldita voz del bastardo de Dave resonaba por todo el lugar. Los mafiosos de Chicago dirigieron sus ojos hacia mí, que había sido arrastrado por los brazos de sus secuaces.
Ernesto: Con que CR:5 … fuh. Escuché que todo se ha vuelto mucho más ordenado en ese lugar, pero ¿Qué pasa con este chico?
Dave: Me alegro que haya preguntado. Este hombre no es tan importante como el jefe del CR:5, conocido como el dios de la muerte, ni tampoco como el capitán Gregoretti, pero … estoy seguro que ustedes han escuchado este nombre al menos una vez.
Dave: ¡Lucky Dog, Giancarlo!
Ese maldito bastardo mencionó mi nombre con esa asquerosa boca suya.
Colombi: Oh. ¿Lucky Dog?
Magro: ¿Hah? ¿Qué significa eso? Tío, ¿conoces a este chico?
Colombi: Bueno, he escuchado algunos rumores insignificantes … Pero, ¿realmente este chico es Lucky Dog?
Ernesto: De ninguna manera, ¿realmente este chico tan pobre es Lucky Dog? ¿No está perdiendo demasiada reputación?
Mafioso de Chicago 1: Hey, hey, hey. ¿Ha venido Lucky Dog? Esto me ha sorprendido.
Mafioso de Chicago 4: ¿En serio? Ese chico, es el suertudo Gian.
Ethan: ¿Han dicho Gian?
Magro: Hey, imbéciles. ¿Realmente este chico es tan famoso?
Mafioso de Chicago 2: Escuche a algunos chicos cuando estábamos en la mansión que ese bastardo es un bastardo con una gran suerte. Sí, eso es lo que escuché.
Mafioso de Chicago 2: Se dice que es conocido como el maestro del escape. Además, ha logrado fugarse de innumerables prisiones fácilmente.
Colombi: Un pandillero que nació con buena suerte, pero que no ha sido capaz de aprovechar toda esa suerte. Además, de ahí viene su apodo, Lucky Dog, ¿verdad?
Mafioso de Chicago 1: Si, más o menos. Ese chico, es él.
Qué ruidosos.
Son más ruidosos, que unos malditos bastardos que están vomitando.
No digan mi nombre tan casualmente.
No me llamen por ese nombre, no me digas de esa manera…
Lucky Dog. No me llamen de esa forma, yo… ya no soy adecuado para que me digan así.
No soy alguien digno de ser llamado por ese apodo.
Ya no.
Yo de esa forma…
¡Ya no!
¡MALDITOS HIJOS DE PUTA! ¡YA NO HAY NADIE DIGNO DE ESE NOMBRE!
En el salón de este hotel que estaba lleno de mierda.
Fui acorralado por un grupo de gánsteres y arrastrado frente a todos como si fuera un mono de espectáculo. Ya ni siquiera podía pensar en nada. Todo esto me ha hartado a tal punto que ya no me importaba nada.
A mi alrededor, las conversaciones en inglés con un discordante acento de Chicago vuelan como moscas.
Magro: Keh, ¿y qué con este bastardo Lucky Dog? Es solo un tipo flacucho y apestoso. Hey, tipo del GD, ¿qué clase de farsa es esta?
Dave: Fuh, que grosero. Es solo un pequeño entretenimiento mientras esperamos a que el libro de registro llegue. Puedes verlo como un lamentable perro siendo intimidado por su dueño.
Dave se reía de forma burlona que parecía rezumar su impaciencia interior. Justo ahí, otra voz se mezcló.
Ethan: ¿Por qué este chico está aquí? Dave, ¿por qué lo has traído aquí?
Dave: Porque Bakshi se ha atrasado. Solo lo traje pensando en evitar enojar a los visitantes, jefe.
Mafioso de Chicago 4: Pero ¿realmente este chico es él? El Lucky Dog que yo conozco … pues, como decirlo. Su aura es completamente diferente. Vaya que ha cambiado mucho.
Uno de los chicos de Chicago que me miraba decía que estaba algo fuera de lugar.
¿Quién es? No recuerdo haber visto esa cara antes.
Mafioso de Chicago 2: ¿conoces a este chico?
Mafioso de Chicago 4: No tuve la suerte de conocerlo, pero lo vi rodeado de algunas personas en una prisión porque él era uno de los más famosos en ese lugar.
¿Qué? ¿Es un tipo que estuvo en la misma prisión que yo? En ese entonces no tenía tanto tiempo libre como para aprenderme el rostro de cada uno de los bastardos encerrados en ese lugar.
Pero, ya callens. Todo es tan ruidoso.
Mafioso de Chicago 4: Al principio no lo reconocí porque su rostro ahora luce enfermo. En cambio, cuando estaba en prisión, se la pasaba sonriendo. Era un pandillero muy enérgico.
No es que estuviera enfermo. Me vi obligado a ser traído a un lugar como este, y visto por tipos con sonrisas descaradas en su rostro. Era obvio que no me viera bien.
Ethan: Dave, ese chico es…mi prisionero de guerra. No lo toques. Llévatelo enseguida de aquí.
Dave: ¿Hah? Ehm ¿por qué? ¿Su prisionero de guerra? Este chico es un pandillero del CR:5, ¿sabe?
Dave: Es solo una pieza que podría ser desechada en cualquier momento. Nadie pagaría un rescate por un pandillero como este.
Ethan: Yo soy el que decide quien vive y quien muere ¿Acaso tengo que permitir que me estés cuestionando por cualquier cosa?
Dave: P-Pero, jefe, véalos a todos. Todos los invitados de Chicago, están … mire.
La voz del bastardo de Dave sonó alterada, y finalmente me vio y se rió de nuevo discordantemente.
Dave: ¡Todos están emocionados por Lucky Dog! Ya no pueden ser detenidos. Si me detengo aquí, todos estarán decepcionados.
Entre los tipos con mirada astuta, había varios que no podían evitar mirarme fijamente como si mirara a un stripper.
Ahora puedo entender porque las chicas que trabajan en los bares son tan hostiles con los clientes que las miran, pero en verdad son tan ruidosos.No paran de hacer escándalo… ya cállense.
No quiero que me conviertan en un espectáculo. Puedo sentir mi cabeza y estómago vacíos que me punzan.
Sentir la sensación de la sangre contaminada como si se tratara del mar llenó de petróleo, era demasiado retumbante. Seguía acumulándose. Eso me asustaba pero también me frustraba.
Yo … ¿estaba siendo tratado como si fuera su juguete o un simple espectáculo? Mi final es …¿Ser asesinado por no sé cuántos? Maldita sea.
Magro: ¿Ah? ¿Y por qué este Lucky-bastardo, ha estado mirándonos en silencio como una rata? Que mocoso tan grosero.
Mafioso de Chicago 4: Aunque, dentro de la prisión, era bastante hablador.
Mafioso de Chicago 2: ¿No estará comportándose así por la intimidación que le provocamos? Bueno, a fin de cuentas, no es solo un perro callejero costero. Hahaha.
Que grupo tan molesto. Más que miedo, y más que ansiedad, la irritación y la incomodidad en mí crecen.
Simplemente no tengo ganas de hablar con estos malditos bastardos …
Ernesto: ¿Y? ¿Qué es lo que quieres que hagamos con este chico, señor del GD?
Dave: Bueno, este chico simplemente es una mosca ruidosa capaz de volar alrededor de sus narices, y también es como un perro callejero inclinado a sus pies para lamer y ensuciar sus zapatos.
Dave: Estoy seguro que les encantaría preguntarle una que dos cositas. ¿Qué les parece si primero lo hacen gemir?
Colombi: Qué estupidez. Si fuera un pez gordo sería otra cosa. Pero, hacerle eso a un simple mocoso que ni siquiera sabe la debilidad de Cosa Nostra, no tendría sentido.
Entre los hombres de Chicago, estaba un hombre vestido con un buen traje, sentado en un sofá con cara de aburrimiento.
Pero sólo el hombre más joven entre ellos, delgado, con una tez que parece que sus órganos internos han sido dañados por el alcohol me miraba fijamente, escupió y luego se rió.
Magro: ¡Cosa Nostra! ¡Qué estupidez! ¿Qué haremos con ese chico? Con solo dejarlo estar de pie para reírnos de él no es nada interesante.
Magro: ¿Deberíamos hacer que juegue como un perrito?
Mafioso de Chicago 2: Ah, eso sería bueno. Hacer que hiciera algo más en lugar de simplemente acabar con él, sería mejor.
Mafioso de Chicago 4: ¿Qué tal si pruebas su suerte? En la prisión, cuando le das la mano a este tipo, tu suerte cambiaba, por lo que era popular saludarlo antes de ingresar a la celda.
Mafioso de Chicago 1: ¿Qué es eso? ¿Lo trataban como una especie de amuleto de la suerte?
Magro: Hah, ¿entonces él hace que la diosa de la fortuna venga y te bese? ¡Qué interesante! Veamos cachorro, si logras hacer que nosotros también nos convirtamos en un gran libro de apuestas.
Magro: ¿Estás confundido, maldito Bambi bastardo? Te estoy diciendo que me muestres a mí también esa suerte que tienes.
Mafioso de Chicago 1: ¿Qué le parece si jugamos un poco? Justamente al final de este lugar hay una mesa de casino.
Dave: Sabía que pensaría así. Así que, me di la libertad de traer a un joven distribuidor con conocimiento en este tipo de juegos.
Dave río con orgullo y convoca a sus secuaces. Se quitó la chaqueta, se envolvió las mangas de la camisa con una sonrisa que se le daba bien e hizo una reverencia a un hombre de Chicago.
Agente comercial: Disculpen la intromisión, estimados invitados. Ya sea una carta, un recorte o una rueda de ruleta. Estaré encantado de servirles.
Magro: Heh, finalmente esto se está poniendo interesante. ¡Oye, llévate a ese chico!
Mafioso de Chicago 3: ¡Sí! ¡Lo has escuchado! ¡Ven, bastardo cobarde!
El chico de Chicago que me iba a hacer su juguete, le ordenó a sus secuaces que me llevaran a la mesa del casino. Me golpearon terriblemente mientras me obligaban a caminar hacia ese lugar.
Colombi: Batti no tiene remedio. Bueno, a los jóvenes no les gusta estar aburridos.
Ernesto: Nosotros deberíamos disfrutar del espectáculo. Después de todo estamos en una situación de espera, ¿no es así, Ethan?
Ethan: No te involucres con ese joven.
Ernesto: Pero ¿qué dices? ¿Estás preocupado por el mocoso? Solamente iré a ver. Todo terminará enseguida una vez que llegue el libro de registro, ¿no es así?
Mafioso de Chicago 3: Vamos, está bien hacerlo aquí, ¿no? ¡Siéntate!
Me obligaron a sentarme en la esquina de una mesa de juego que estaba un poco polvorienta y que no había sido utilizada por un tiempo.
Ya estoy harto de que se me escapen hasta los gemidos de dolor y ser tratado como un trapo mientras me avientan sobre la mesa. Los chicos de Chicago comienzan a sentarse alrededor uno tras otro.
Mafioso de Chicago 2: Hermano, por aquí.
Joven distribuidor: Bueno, señores clientes. Primero empezaremos con la repartición de cartas. ¿Qué tipo de juego desean jugar?
El hombre distribuidor de cartas actuaba con normalidad, como si no le importara el asunto mientras alineaba las cajas nuevas de naipes que estaban sobre una caja en la mesa.
Magro: Como cabe la posibilidad de que este perrito nos entretenga por bastante tiempo, entonces elegiremos jugar Póker. Está bien a mano cerrada ¿verdad? (No estoy segura con lo último de esta oración, ya que no conozco el juego de póker ni mucho menos sus reglas, perdonen si llegan a confundirse)
Joven distribuidor: Entendido. Este lugar está bien.
Nadie me habla. Estaba siendo tratado igual que la basura pegada a la mesa.
El distribuidor tiró los dados de manera familiar.Toma la caja de naipes donde habían sido colocadas de manera ordenada, y rompe el sello, para sacar una nueva carta y barajarla.
Fueron colocadas cinco cartas frente a ese bastardo de Chicago con cara de borracho, y luego se colocaron cinco cartas frente a mí. El reverso de la tarjeta con un patrón de ángel estaba alineado una tras otra.
Cuando el distribuidor intentó hablar sobre las apuestas y las cartas, como si quisiera tomar el control, el yakuza de Chicago saca un cuchillo de su bolsillo.
Joven distribuidor: ¡Usted!
Magro: ¿Qué? Ese perrito no tiene derecho a hablar, no importa cómo lo mires. Este chico no es diferente a una simple mascota. Oye, Lucky Dog, así te llaman, ¿no? Maldito piojoso.
Magro: Cada vez que pierdas, te cortaré un dedo con esto. ¡No habrá ninguna concesión! Así que será mejor que te esfuerces. ¡Hahaha!
¿Cerrada? ¿Sacar el póker? Ha pasado un largo tiempo desde que juego.
Incluso estando en mis territorios, difícilmente jugaba. Y eso era porque no había nadie con quien jugar… Y pensar que ahora ha surgido la oportunidad de jugar, tenía que hacerlo aquí y con este maldito bastardo …
Si pierdo, mis dedos rodarán. De todos modos, no tengo nada a lo que apostar.
No, ya sea que gane o no, me matarán pronto. Ya todo me da igual.
Frente a mí, el bastardo de Chicago dio la vuelta a la carta lentamente. De repente pone una expresión amarga en su cara.
Magro: Hey, distribuidor. Haz un cambio de dos cartas.
Se colocan dos descartes frente al bastardo de Chicago. El distribuidor de Dave reparte dos nuevas cartas frente al hombre con destreza en sus manos.
Tan pronto como intenté voltear una carta, la boca del hombre se abrió. Este tipo no tiene nada de ganas de competir conmigo. Sólo está tratando de ponerme a prueba y disfrutarlo.
Qué patético. Todo es tan patético.
Magro: ¿Nm? Hey, maldito bastardo. ¡Date prisa y voltea la carta! ¡Hey! ¡Ya juega!
Por supuesto que se refiere a las cinco tarjetas que me distribuyeron. No estoy haciendo nada, todavía sigo recostado sobre la mesa frente a mí.
No tengo ganas de darle la vuelta a la carta o hacer algo más. Es mejor permanecer tal y como estoy.
Gian: Seguiré así .
Mafioso de Chicago 3: ¡Qué! Hey, hey, hey, qué tan terco puedes ser.
Magro: Fuuh, que fuerte. ¿Crees que ya ganaste sin voltear las cartas ni mucho menos verlas? Que varonil. ¿Estás apostando a una sola prueba de suerte?