No disponible.
Sin Editar
La bestia zorro también se sorprendió al ver tal escena, y no pudo evitar mirar dos veces más a Bai Yue, era demasiado inteligente, lástima que estuviera demasiado delgada.
Lang Xiao frunció el ceño y preguntó: — ¿Le hicieron un examen médico? ¿Qué enfermedad tiene?
La bestia zorro no podía creer lo que oía, sus orejas erguidas temblaron ligeramente.
— ¿Podrías repetir eso? No escuché bien.
El zorro no solo dudaba de sus oídos, ahora ni siquiera podía confiar en sus ojos
¿Acaso había inhalado algún tipo de toxina alucinógena? ¿Estaban todos sus sentidos funcionando mal?
D¿Si no, cómo explicaría que el famoso y frío general del campo de batalla… estuviera sonriendo? ¿Y con una expresión tan… embelesada?
Estaba delgada, sí, pero su pequeño rostro del tamaño de una palma era sorprendentemente delicado, con una belleza muy particular.
Quizás los hombres bestia eran tercos. Una vez que decidían algo en su corazón, no había marcha atrás. Y cuanto más miraba el Lang Xiao a la hembra frente a él, más le gustaba.
—Tú querías una inteligente —insistió el zorro, aún sin rendirse.
—Creo que ella es muy inteligente —afirmó Lang Xiao con certeza.
Con esa mirada tan brillante, su inteligencia no podía estar muy lejos.
—¿Y la salud? Una hembra sana no podría estar tan flaca. Para serte sincero, desde arriba pensaban enviarla directamente al Departamento de Reproducción, pero temían que no pudiera resistirlo, así que la dejaron aquí para que se recuperara —dijo el zorro.
De inmediato, el rostro de Lang Xiao se oscureció. Se volvió hacia el zorro con una mirada helada en sus ojos plateado—grisáceos:
—¡Tráemela de inmediato!
Una vez en el Departamento de Reproducción, la hembra estaría completamente acabada.
Mientras conservara la capacidad de concebir, sería obligada a aparearse una y otra vez, quedar embarazada y dar a luz a las crías.
Y cuando perdiera esa capacidad… lo que las esperaba normalmente era la eutanasia.
Si hoy no se llevaba una hembra a casa, él mismo tendría que ir a ese tipo de lugar para dejar descendencia, con el fin de mantener la diversidad genética de los hombres bestia. Era el destino de todos los adultos sin pareja.
Lang Xiao no quería ni imaginar a esa hembra encerrada en un sitio así, desprovisto de toda emoción. Por suerte, había venido hoy.
El cuerpo del zorro tembló. Un repentino sentimiento de peligro se apoderó de él, algo que un hombre bestia común, acostumbrado a la tranquilidad de la base, no estaba preparado para enfrentar.
No pudo soportarlo y, por puro instinto, quiso meter la cola entre las piernas y salir corriendo.
Por suerte, Lang Xiao desvió la mirada justo en ese instante y volvió a fijarse en la chica dentro de la habitación de cristal.
El zorro bestia se secó el sudor frío de la frente y no se atrevió a decir ni una palabra más. Tomó una toalla desinfectante y, usando el terminal personal en su muñeca derecha, abrió la puerta de cristal.
Bai Yue se sintió confundida. Empezaba a sospechar que el lobo del exterior podía verla. Justo en ese momento, la puerta se abrió y entró un hombre con una cara fina y puntiaguda, como de “demonio esbelto” (蛇精脸)1.
Bai Yue se quedó atónita por un segundo. Al reaccionar, se dio cuenta de que estaba completamente desnuda. Instintivamente, tuvo la reacción más básica y natural de cualquier mujer:
—¡Aaaaahhhh!
Su grito llenó la habitación cerrada por completo.
Las demás chicas, asustadas como cervatillos, miraron alrededor confundidas. Al no ver nada peligroso, volvieron a quedarse con su expresión atontada.
Bai Yue se acurrucó entre dos de las chicas, se dio la vuelta para quedar de espaldas al hombre que había entrado, y se agachó, mostrándole únicamente su espalda.
Su espalda era muy blanca y delgada, la columna vertebral sobresalía, y las costillas eran claramente visibles, como si un poco de presión bastara para romperle la cintura. Causaba una profunda lástima.
Lang Xiao entró. Sin el cristal de por medio, la figura femenina frente a él de pronto se volvió demasiado real.
Detectó su aroma: tenue pero agradable, con un persistente olor medicinal. Combinado con aquella espalda tan blanca y frágil, Lang Xiao sintió un dolor punzante en el corazón, como si le clavaran agujas.
—Déjamelo a mí —dijo Lang Xiao, tomando la toalla de manos del zorro bestia.
Su voz era profunda y magnética, transmitía una calma reconfortante.
A Bai Yue le agradó el sonido de esa voz. Supuso que su dueño no podía ser el hombre de aspecto extraño que había visto antes. Estaba a punto de voltear para echar un vistazo cuando una toalla suave cayó sobre su cuerpo.
Lang Xiao envolvió a Bai Yue con la toalla y la levantó en brazos con cuidado, hablándole con suavidad:
—No tengas miedo. Te llevaré a casa.
Cuando Bai Yue vio de cerca su rostro, abrió los ojos como platos, llenos de incredulidad.
Era muy guapo: facciones definidas, cejas afiladas, ojos brillantes, y una mirada extremadamente dulce.
Pero eso no era lo importante… ¡Lo aterrador era que él era un lobo! ¡El mismo lobo poderoso que ella había visto a través del muro de cristal!
¡Dios! ¿¡Esto es el mundo de los monstruos!?
¿Acaso los humanos ya habían sido eliminados por la nueva sociedad?
¿Entonces no era que había perdido el juicio, sino que ahora era una mascota?
¿Igual que los humanos crían gatitos o perritos… ahora los monstruos crían “personitas” como ella?
¡Bah! ¡Eso sonaba como si se estuviera insultando a sí misma!
Aunque no pudiera ver el espíritu animal, Bai Yue estaba segura de que ese hombre no era humano… porque en su cabeza tenía un par de orejas de lobo.
Eran peludas. ¿Cómo se sentirían al tocarlas?
Mientras pensaba eso, Bai Yue extendió las manos y agarró aquellas orejitas.
Eran finas, cálidas… ¡tan suaves! ¡Y adorables!
Su mirada de sorpresa se transformó al instante en unos ojos llenos de estrellas, la boca se le abrió sola. ¡Eran tan lindas que quería gritar!
Las orejas de Lang Xiao temblaron ligeramente. Aunque su expresión permanecía seria, una capa de color rosado apareció rápidamente sobre el fino pelaje que las cubría.
Era un gesto demasiado íntimo para hacerlo delante de otros, pero Lang Xiao no tuvo el corazón para apartar sus manos. Dentro de sí, se alegraba en silencio: Seguro que a ella también le gusto mucho.
—Ahora entiendo por qué tenía sedantes en su cuerpo —murmuró el zorro bestia, como si de pronto lo comprendiera todo—. Seguro se emociona con facilidad.
—No importa. Todos los medicamentos son tóxicos en cierto grado. Mientras no afecte su seguridad, no quiero que tome más —respondió Lang Xiao mientras salía de la habitación de cristal con Bai Yue en brazos.
Bai Yue dejó escapar un suspiro de alivio. Por fin dejaré de tomar medicina.
Detestaba los efectos secundarios de los psicofármacos. Tal vez nadie podría imaginar cuán horribles eran. Ella llevaba siete años medicada y, a sus dieciséis, todavía no le había llegado la menstruación. Incluso se le había caído tanto el cabello que casi quedó calva.
Si no fuera porque solía saltarse las dosis a escondidas, probablemente ya estaría completamente pelona.
Bai Yue prefería ser una mascota, antes que una paciente mental sin enfermedad real.
Al ver las instalaciones del lugar, su corazón se convenció aún más: ¡Esto es una tienda de mascotas! ¡Y de las que venden humanos! (¡Muy borroso!)
—Ven primero a registrarla. ¿Ya pensaste en un nombre para ella? —preguntó el zorro bestia mientras se acercaba a la mesa.
Lang Xiao miró a Bai Yue, le pinchó la mejilla, que no tenía ni un poco de grasa, y respondió con firmeza:
—Guo Guo. De “fruta”.
Los frutos son lo más resistente que existe en el mundo vegetal. Brotan con el agua, se infiltran por cualquier rincón, pueden ser molestos, pero… él deseaba que su esposa pudiera vivir con esa misma tenacidad.
—Buen nombre, suena fuerte y saludable —dijo el zorro con un cumplido al aire, mientras abría la base de datos y, en la sección de pareja de Lang Xiao, escribía los caracteres: “果果” (Guo Guo).
Y así, Bai Yue comenzó oficialmente su absurda vida como “esposa del lobo”, aunque ella seguía creyendo que era… ¡una mascota!
Nota:
1: “蛇精脸” o “cara de espíritu serpiente” es una expresión popular china que se refiere a personas con rostro extremadamente delgado, barbilla muy marcada, ojos grandes y aspecto artificial, a menudo asociado a cirugía estética.