Capítulo 31: Emoción

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Frente a esta situación, Qi Yueran no pensó que Lu Zhuoyi tuviera algún interés en él, sino que asumió que había venido específicamente para mortificar a He Jian. Frunció el ceño, disgustado, y dijo: 

—El problema fue mío… He Jian ya me había advertido, pero no le presté atención.

Lu Zhuoyi también se molestó. Pensó que no había nada bueno en He Jian y, sin embargo, Qi Yueran lo defendía. Él había recorrido un largo camino para venir y, en lugar de recibir palabras amables, era tratado con frialdad.

Al final, el joven maestro Lu se enfadó y airadamente decidió marcharse.

He Jian, por supuesto, no intentó detenerlo. Pero como Lu Zhuoyi había venido expresamente y no sabía si había traído escolta, temía que si ocurría algo, la familia Lu podría crear un conflicto con la familia He. Así que dijo: “Gaoping, acompaña al señor Lu”.

Han Gaoping, que había oído la orden, asintió y salió rápidamente tras Lu Zhuoyi.

Debido a la herida en su muñeca, Qi Yueran estuvo recluido en casa bajo la atenta mirada de He Jian durante tres días antes de que este se atreviera a dejarlo salir.

An Xun no había resultado herido, pero He Jian fue a disculparse formalmente a su casa al día siguiente. Xia Hang no lo culpó, solo dijo que An Xun era algo caprichoso y que les agradecía que lo hubieran cuidado.

Cuando He Jian salía, Qi Yueran se quedaba solo en casa. Esos días, dividía su tiempo entre el dormitorio y el estudio, y se aburría tanto que sentía que le salían hongos. No lo dejaban hacer nada, argumentando que estaba herido de la muñeca y que incluso coger algo debía hacerlo con cuidado.

Qi Yueran estaba en el estudio leyendo un libro cuando, de repente, sonó su teléfono. Al ver la identificación de la llamada, cerró instintivamente el libro que sostenía: era Qi Yuexin.

Las palabras de Wu Kai seguían inquietando profundamente a Qi Yueran. Él y Qi Yuexin habían sido hermanos durante veinte años; incluso entre dos personas sin lazos de sangre, ¿no debería haber surgido algún afecto? Le resultaba difícil aceptar con calma aquella idea. En sus ojos, su hermano mayor siempre había sido una persona amable.

Qi Yueran dudó un momento, pero finalmente respondió la llamada. Después de todo, Wu Kai era un extraño; si tenía que elegir en quién confiar, prefería creer en su hermano mayor, con quien había convivido durante dos décadas.

Al oír que contestaba, Qi Yuexin dijo rápidamente: 

—Xiao Ran, ¿estás en la villa del tercer joven maestro He? Yo estoy afuera, pero los sirvientes no me dejan entrar.

—¿Afuera?—, Qi Yueran se sorprendió.

Qi Yuexin respondió: —Sí, vine a verte. Estos dos días la policía me ha estado citando constantemente y no había tenido tiempo de visitarte. Hoy por fin logré venir, pero ni siquiera me dejan verte. He estado muerto de preocupación.1

Qi Yueran bajó hasta la escalera. Han Gaoping estaba en la planta baja. Este alzó la vista y vio a Qi Yueran, pero fingió no haberlo notado, desviando la mirada con naturalidad. El tercer joven había dado órdenes específicas de no permitir la entrada a miembros de la familia Qi y él no podía desobedecer.

Qi Yueran dijo: —Señor Han, mi hermano mayor está afuera, ¿puede dejarlo pasar?

Han Gaoping vaciló un segundo, pero pronto respondió: 

—De acuerdo, joven Qi.

Aunque He Jian lo había ordenado, Qi Yueran también era, en cierta forma, dueño de la villa. No podía negarse, así que fue a abrir la puerta principal y vio cómo Qi Yuexin entraba y subía las escaleras junto a Qi Yueran. Luego, tomó su teléfono y llamó a He Jian para informarle.

Qi Yueran observó a su hermano mayor caminar. Aunque aún con una dificultad apenas perceptible y una leve cojera, su caminar era casi normal. Debería haberse sentido feliz; ese había sido su deseo durante cinco años. Sin embargo, en ese momento se mostró algo frío. Aunque no quería creer lo que Wu Kai había dicho, no podía negar que esas palabras lo habían afectado profundamente, dejando un frío intenso en su corazón.

Nada más subir, Qi Yuexin lo tomó del brazo de repente y lo examinó de arriba abajo antes de relajarse. Dijo: —Menos mal que estás bien. Llame al tercer joven He para preguntar por ti, pero me gritó. No entendía qué pasaba y pensé que estabas gravemente herido. Estaba tan preocupado que vine corriendo, pero ni siquiera me dejaron entrar.1

—Estoy bien…—, Qi Yueran sintió que su determinación flaqueaba ante el tono de preocupación del otro.

Qi Yuexin dijo: —Fui un tonto esta vez; no imaginé que Wu Kai tuviera segundas intenciones. Ese día, en el aeropuerto, cuando no te vio, me dijo que te habías perdido. Como sabía que no podía estar de pie mucho tiempo, me llamó un taxi para regresar a casa. No sospeché nada, ¿cómo iba a imaginar que me usaría como señuelo para secuestrarte?

Qi Yueran permaneció en silencio. Qi Yuexin continuó: —Durante esos días en la capital, me encontré con Wu Kai. Fue muy amable conmigo y a veces se quejaba de los problemas de su empresa. Cuando supe que el tercer joven quería obligarlo a vender la empresa, me pareció que actuaba de forma irrazonable, pero nunca pensé que Wu Kai fuera a secuestrarte para vengarse de él. Me di cuenta demasiado tarde; fui utilizado y solo me enteré ahora.

Mientras hablaba, parecía a punto de llorar, repitiendo “menos mal que estás a salvo”.

—Ya estoy bien, no te preocupes más—. Qi Yueran no sabía si creerlo o no, pero al ver la actitud de su hermano mayor, parecía genuinamente ignorante de todo. Además, después de más de veinte años de afecto, le costaba pensar que pudiera ser tan despiadado.

Qi Yuexin dijo: —Intenté explicárselo al tercer joven He, pero no me creyó. Insiste en que ayudé a Wu Kai a propósito. Eres mi hermano, ¿cómo iba a hacerte daño para ayudarlo a él? Ahora Wu Kai está bajo custodia policial y me llaman a declarar todos los días. Tampoco creen que no supiera nada; si no digo lo que quieren oír, me intimidan. He estado tan nervioso estos días que no pude venir a verte. No tengo paz mental y siento que voy a colapsar.

Qi Yueran comenzó a ablandarse. Vio que su hermano mayor tenía los ojos enrojecidos y que, tras estar de pie un rato, sus piernas temblaban casi imperceptiblemente, con visible incomodidad. Rápidamente fue a ayudarlo a sentarse, diciendo: —Ge, tu pierna…

—Mi pierna no importa —dijo Qi Yuexin. —El médico dijo que se ha recuperado bastante bien; puedo caminar, pero no correr. Caminar unos pasos me cansa y todavía no parece del todo normal…—. Su expresión se ensombreció al mirar sus piernas.

Cuando He Jian recibió la llamada informándole que Qi Yuexin había ido a la villa para ver a Xiao Ran, frunció el ceño profundamente. Todavía estaba en la villa de la familia Xia y no podía irse abruptamente sin parecer descortés, pero en el fondo estaba intranquilo. Conocía bien a Qi Yueran: ¿cómo iba este a ver la verdadera naturaleza de Qi Yuexin sin sufrir una desilusión profunda? Incluso él mismo había necesitado tiempo para comprenderla…

Xia Hang, al verlo tan distraído después de la llamada, dijo: —Si ha pasado algo en casa, debes regresar pronto.

He Jian permaneció cinco minutos más antes de despedirse y partir hacia casa. Sin embargo, cuando llegó a la villa, Qi Yuexin ya se había ido. El mayor sabía que Qi Yueran era mucho más accesible que He Jian. Este último, al ser un extraño, actuaría con mayor frialdad, así que evitó enfrentarse a él marchándose antes de su regreso.

Al entrar, He Jian encontró a Qi Yueran en la planta baja, quien pareció sorprendido por su pronto regreso. 

—¿Ya estás de vuelta? ¿Cómo está An Xun?

He Jian respondió: —An Xun está bien, no te preocupes. ¿Y tu muñeca, está mejor hoy?—. Mientras hablaba, tomó suavemente la mano de Qi Yueran y le subió la manga para examinarle la muñeca.

Esta estaba marcada por un círculo de moretones morados. Llevaba pocos días, era normal que no hubieran desaparecido; al contrario, las heridas parecían más oscuras que antes, una vista que le encogió el corazón a He Jian. Este inhaló profundamente en silencio, con el ceño fruncido de dolor.

—No es nada —dijo Qi Yueran, retirando la mano. Para un hombre como él, esa herida no era importante. 

—¿Qué dijo el señor Xia? ¿Y la base…?

He Jian le acarició el cabello y dijo: —No te preocupes por tonterías—. Luego lo llevó arriba y explicó: —El señor Xia no nos culpó. Es probable que el proyecto de cooperación siga adelante. Descansa bien. Si te portas correctamente, pasado mañana podrás ir a la base.

Qi Yueran se sintió un poco exasperado. Pensó que He Jian lo trataba como a un niño. Esos días solo se había dedicado a dormir y a leer, y como había descansado demasiado, por las noches le costaba conciliar el sueño.

Además, desde el secuestro, la primera noche He Jian se quedó en su dormitorio en vela sin cerrar los ojos ni un momento, hasta que se le llenaron de sangre. La segunda noche tampoco regresó a su propia habitación, como si temiera que Qi Yueran pudiera desaparecer incluso dentro de la villa. Así que volvieron a la dinámica que tenían en la residencia de los He en la capital: compartiendo cama y durmiendo en la misma habitación.

Al principio, Qi Yueran había creído que a He Jian le era indiferente o que cada uno vivía su vida. Pero después del secuestro, notó un cambio. Si a He Jian no le importara, no se habría preocupado tanto. Al ver sus ojos inyectados en sangre y su expresión cansada, los sentimientos de Qi Yueran se volvieron complejos.

Tenía que admitir que el tercer joven He era una persona carismática. Provenía de una familia poderosa, tenía buenos contactos y, con poco más de treinta años, ya era muy exitoso en el mundo empresarial. He Jian era eficiente y decidido en su trabajo, con modales y conversación refinados. Aunque ante los demás podía parecer diplomático y experimentado, con Qi Yueran nunca usaba un tono superficial o evasivo, lo que lo hacía sentir especial.

Cuanto más tiempo pasaban juntos, más aumentaba la buena impresión de Qi Yueran hacia él. Quizás no era amor a primera vista, pero el afecto se había ido acumulando gota a gota con cada momento compartido.

He Jian esperó a que Qi Yueran saliera de la ducha, le aplicó ungüento en la muñeca y dijo: 

—Ten cuidado de no rozarla al dormir, no vayas a despertarte por el dolor—. Luego fue al baño.

Qi Yueran se acostó en la cama con las manos elevadas para secar el ungüento. Al escuchar el sonido del agua en el baño, sus pensamientos comenzaron a divagar. Ya habían pasado varios meses desde su compromiso y el único beso había sido durante la ceremonia. El contacto más íntimo había sido unos días antes, cuando él estaba bajo los efectos del medicamento.

Sus recuerdos eran vagos, como un sueño poco realista. Solo de pensarlo, sentía que su rostro se calentaba. No tenía experiencia en intimidad con otros, siempre se había liberado por su cuenta, pero ahora sentía una sensación extraña.

Tendido solo en la cama, divagando, gradualmente comenzó a sentir un impulso, una inquietud en su parte inferior. Pero, justo en ese momento, He Jian salió de la ducha y abrió la puerta del baño.

Qi Yueran se quedó paralizado. Al oír la puerta, no se atrevió a moverse, cerró los ojos y fingió dormir. Su parte inferior estaba semierecta, y no quería que He Jian lo notara.

He Jian, por su parte, asumió que estaba cansado y se había dormido temprano, sin sospechar nada. Pero justo cuando iba a apagar la luz, notó que el rostro de Qi Yueran estaba un poco sonrojado. Preocupado de que tuviera fiebre, se acercó y tocó su frente con el dorso de la mano. Al comprobar que la temperatura era normal, se tranquilizó y apagó la luz.

Qi Yueran sintió que un lado del colchón se hundía, inclinándolo ligeramente hacia ese lado. He Jian se acostó a su lado. Él estaba de frente a He Jian y, por los nervios, no se había atrevido a darse la vuelta antes. Ahora se sentía aún más culpable.

Queriendo darse la vuelta de forma “natural” para que He Jian no notara su incomodidad, justo cuando iba a moverse, sintió que He Jian le tocaba la cintura. El contacto, aunque leve, le provocó un hormigueo en la columna vertebral, amplificado decenas de veces y un gemido escapó involuntariamente de su garganta.

Al oír el sonido extraño que había emitido, tan claro en la habitación silenciosa, su rostro se enrojeció aún más.

En realidad, He Jian solo intentaba arroparlo mejor y lo había tocado sin querer. Al oír el gemido, pensó que quizás estaba soñando o que se sentía incómodo.

Con la espalda rígida, Qi Yueran sintió que He Jian se acercaba un poco. La temperatura a su lado aumentó, podía sentir el calor corporal del otro.

He Jian susurró: —¿Sucede algo, Xiao Ran?

Qi Yueran no respondió, solo sentía un escalofrío recorrerle el cuero cabelludo.

He Jian, pensando que realmente estaba soñando, decidió no molestarlo más. Se acostó para dormir. Su movimiento no fue brusco, pero por casualidad, al apoyar la mano, tocó la entrepierna semierecta de Qi Yueran.

Ambos se quedaron paralizados por un momento, en un silencio incómodo. He Jian estaba sorprendido; Qi Yueran, muerto de vergüenza. La habitación parecía suspendida en el tiempo, nadie hablaba, ni siquiera se oía la respiración.

Qi Yueran se sentía terriblemente avergonzado. No sabía si debía levantarse de inmediato y correr al baño. En sus veinte años de vida, era la primera vez que experimentaba algo así.

—… ¿Xiao Ran?

Mientras vacilaba, histérico por dentro, oyó que He Jian lo llamaba. Parecía que el otro solo se había quedado paralizado un instante, recuperándose rápidamente, y su voz sonaba normal de nuevo.

Apretó los labios, sintiendo aún más vergüenza, pero también rabia e impotencia. Qi Yueran, con determinación, trató de consolarse pensando que no respondería, fingiría estar dormido. Además, él también era hombre, tener ciertas reacciones no era extraño y menos estando comprometido. Aunque fuera un matrimonio por conveniencia…

—Xiao Ran…

He Jian lo llamó otra vez. Su voz sonaba tranquila, pero su interior era un torbellino de emociones contradictorias.

Al oír que lo llamaba de nuevo, como si estuviera jugando con un gato, la rabia de Qi Yueran estalló de repente.

Justo cuando He Jian iba a hablar, sintió que la persona a su lado se incorporó de golpe, sobresaltándolo. Antes de que pudiera entender qué pasaba, Qi Yueran se dio la vuelta y se subió encima de él. La sensación suave y húmeda de sus labios sobre los de He Jian lo estremeció por completo, como si su mente se hubiera quedado en blanco.

Qi Yueran sintió que He Jian se estaba burlando de él, la rabia y la vergüenza lo dominaron. Con la cabeza caliente, se incorporó y lo besó con fuerza, mordiéndole la comisura de los labios.

Sus cuerpos estaban estrechamente unidos. Qi Yueran sintió una descarga eléctrica, una oleada de placer que le llegó al cerebro, haciéndolo estremecerse. Cerró los ojos con fuerza y con la lengua separó los labios de He Jian, introduciéndola rápidamente.

He Jian se quedó aturdido durante unos segundos; nunca imaginó que Xiao Ran lo besaría de repente. Y era muy consciente de lo que estaba presionando contra su entrepierna.

La vez anterior, después de ayudar a Qi Yueran a liberarse, no tuvo más iniciativa. He Jian creía que aún mantenía la calma. Tras unos segundos de parálisis, extendió la mano para intentar quitarse a Qi Yueran de encima. Qi Yueran era más delgado y bajo que él, y claramente no tenía tanta fuerza. Sin embargo, Qi Yueran fue obstinado, presionando con fuerza sus hombros, como si no estuviera dispuesto a ceder.

La intención original de He Jian era no continuar con ese beso, pero con sus labios pegados, cuando él sacó la lengua y la empujó hacia fuera, Qi Yueran sintió de inmediato un escalofrío que le recorrió el cuero cabelludo, un gemido escapó de su garganta y todo su cuerpo se aflojó como si estuviera jadeando profundamente.

Con las lenguas entrelazadas, He Jian también comenzó a excitarse, y sumado a los gemidos de Qi Yueran tan cerca de su oído, su respiración se volvió cada vez más grave y entrecortada.

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2 months ago

Uyyy descarado

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2 months ago

Jum que tal este descarado

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