No disponible.
Editado
Hua Yong salió de la zona de contención con facilidad. Siguiendo el rastro de feromonas de Sheng Shaoyou, llegó hasta la residencia oficial del líder terrestre. Por el camino, encontró un patinete infantil abandonado y lo usó como medio de transporte. Una nube oscura flotaba permanentemente sobre él. Un rayo azul violáceo impulsaba el patinete eléctrico, facilitándole mucho el desplazamiento.
La residencia de Sheng Shaoyou también estaba en las afueras, no lejos de la zona de contención. Las calles, de noche, estaban desiertas. Hua Yong había “tomado prestado” un uniforme azul claro del vestuario de los investigadores y se había cubierto la parte inferior del cuerpo con un saco de rafia rosa que encontró en la zona de suministros. Ató la abertura del saco a su cintura con el cordón de un zapato, y la parte inferior la rasgó con su afilada aleta caudal para que se ajustara a su cuerpo. (Si el pez payaso hubiera sabido que su Rey usaba la aleta caudal para cortar ropa, probablemente se habría desmayado otra vez).
El atuendo era, cuanto menos, estrafalario. Pero como quien lo llevaba tenía un rostro bendecido por los dioses, incluso en mitad de la noche, sentado en un patinete infantil, Hua Yong seguía pareciendo elegante, como si estuviera en una pasarela internacional.
…
Ese día, Sheng Shaoyou sufría de un insomnio poco habitual. Cada vez que cerraba los ojos, recordaba inevitablemente aquella pecera, y a aquella sirena suspendida en el centro, con la cola herida y sangrando, temblando por las descargas eléctricas, pero aun así, sonriéndole. Con un rostro tan delicado y hermoso, tiene que ser un Omega. Pensaba Sheng Shaoyou, dando vueltas en la cama. Lo extraño era que, cada vez que pensaba en la sirena, sentía algo indescriptible. Pero, de hecho, en el ejército, Sheng Shaoyou era famoso por su frialdad, por su absoluta falta de emociones. Una estabilidad emocional absoluta y una lógica gélida le habían permitido acumular méritos de guerra antes de los treinta años, ganando las más altas condecoraciones de la república. Como héroe forjado en combate, Sheng Shaoyou, tanto por su origen como por su habilidad, era el sucesor impecable de la nación. En comparación con esa panda de niñatos mimados de Ameliken, su fortaleza psicológica y su vasta experiencia en combate eran inalcanzables.
Siendo joven, Sheng Shaoyou ya había bordeado la muerte varias veces. De adolescente, durante unas vacaciones en la playa con su padre y su nueva pareja, casi fue arrastrado por las olas al entrar en una zona prohibida. Poco después de cumplir los veinte, fue herido en la cabeza en una emboscada en el campo de batalla, perdiendo muchos de sus recuerdos más tiernos. Desde entonces, Sheng Shaoyou cambió por completo, volviéndose anormalmente frío, duro e implacable. Pero eso no impidió que fuera adorado por el pueblo. Como único hijo legítimo del líder, la gente le había puesto un apodo en secreto: lo llamaban cariñosamente “el Principito”.
Ese día, incapaz de dormir, Sheng Shaoyou finalmente se rindió, se incorporó, encendió la luz y empezó a leer. En su mesilla de noche tenía dos tipos de libros: manuales técnicos y diarios. Después de su herida en la cabeza, Sheng Shaoyou pasó mucho tiempo sospechando que sus recuerdos fallaban, que había olvidado algo importante. Para evitar que volviera a pasar, retomó el hábito de escribir un diario y trasladó todos sus diarios antiguos a su mesilla para releerlos a menudo.
Había una docena de entradas que le llamaban especialmente la atención. Esas entradas registraban de forma velada su primer amor. Siendo precisos, su única relación.
“Me salvó. En el mar, en medio del peligro. En el instante en que abrí los ojos, creí que había visto a un dios. ¿Cómo puede existir alguien tan hermoso? Su mirada me asustó. Temía no ser lo suficientemente bueno, ni siquiera había pensado en cómo hablarle.”
“Su temperatura corporal es baja, como el agua del mar antes de que salga el sol. Su piel es muy blanca, sus ojos oscuros y brillantes. El calor de su cuerpo húmedo contra mi pecho desató un latido violento en mi corazón. Creo que me gusta. Porque, en este mundo, ¿a quién podría no gustarle? Es demasiado hermoso.”
“Hoy, por fin he olido sus feromonas. Un aroma floral, ligero como un sueño. Lástima que no puedo distinguir qué flor es. Debería haberle pedido a mi madre que me enseñara más sobre flores. Pero estoy seguro de que en ningún jardín podría crecer una fragancia tan cautivadora.”
“Quiero que se venga conmigo, que deje este mar. Pero me ha dicho que aún no es el momento. Que cuando sea un poco mayor, nos reencontraremos. Cuando pensaba que solo eran excusas, de repente se ha inclinado y me ha besado. Mi mente se quedó en blanco. Solo recuerdo que olía muy bien y que sus labios eran muy suaves. Después, me ha dicho que al besar hay que cerrar los ojos. Y me ha preguntado: ‘¿Te gusto?’. He asentido. Ha sonreído y me ha dicho: ‘Buen chico, no mientes’. ¿Chico? ¡Pero si parece mucho más joven que yo!”
Sheng Shaoyou releyó el diario, que se sabía de memoria, y una suave sonrisa apareció en su rostro. Pero al segundo siguiente, la sonrisa se borró. Oyó un ligero ruido en la terraza, el sonido de unas ruedas sobre el suelo.
Sheng Shaoyou saltó de la cama alerta. Su memoria muscular le hizo agarrar la pistola de debajo de la almohada en un segundo. La amartilló con un clic y retrocedió hasta ocultarse tras las cortinas. El intruso era muy extraño y no parecía muy hábil. Estaba de pie sobre un patinete infantil, intentando atravesar el camino de guijarros y macetas de la terraza. Las ruedas del patinete se atascaron. Soltó un “tsk” y saltó de él con agilidad. Sheng Shaoyou estuvo seguro de haber visto un destello de luz azul violácea bajo lo que parecía ser la falda del intruso.
¿Cómo ha podido un idiota así esquivar la estricta vigilancia y colarse en mi balcón? Sheng Shaoyou frunció el ceño, aún más alerta.
Tras bajarse del patinete, el intruso avanzó envuelto en esa luz azul violácea. Sheng Shaoyou descubrió con asombro que no hacía el más mínimo ruido al moverse. Su mirada se agudizó. Levantó la pistola y, sin dudarlo, disparó.
Hua Yong apenas rozó el suelo con la aleta caudal y esquivó la bala con facilidad. En pocos minutos, se había adaptado completamente a la vida terrestre. Usando la electricidad y su aleta para controlar su cuerpo, se había convertido en el primer pez del mundo que sabía caminar erguido.
Sheng Shaoyou no se esperaba en absoluto que pudiera esquivar el disparo. Justo cuando se disponía a disparar por segunda vez, sintió que una mano le sujetaba suavemente la muñeca. —Señor Sheng, que no me recuerde vale, pero dispararme nada más verme… qué cruel.
Una voz suave le susurró al oído. Sintió cómo lo abrazaban por detrás. Sheng Shaoyou sintió cómo se le erizaba el vello de los brazos. Ante sus ojos, el idiota del patinete había desaparecido. Ahora, sus labios estaban junto a su oreja, su pecho pegado a su espalda. Al hablar, la ligera vibración hizo que a Sheng Shaoyou le recorriera un escalofrío por la espalda. Si esto fuera el campo de batalla, ya estaría muerto.
Sheng Shaoyou apretó los dientes, se zafó del agarre, retrocedió y, apuntando al intruso, intentó contraatacar. La luz azul violácea brilló de nuevo. Al instante, su mano perdió toda sensibilidad y la pistola salió volando. Dio una vuelta en el aire y el intruso la atrapó al vuelo. —Qué desagradecido.
Sheng Shaoyou, alarmado, levantó la vista y se encontró con un par de ojos oscuros, hermosos y sonrientes. Al segundo siguiente, una fuerza inmensa lo apresó, haciéndolo caer de espaldas sobre la cama. Apenas pudo incorporarse cuando sintieron que le agarraban del cuello, unos dedos fríos se hundían en su pelo y unos labios suaves se apretaban contra los suyos. Sheng Shaoyou, que en todos estos años no había cogido de la mano a nadie, se vio obligado a compartir un beso húmedo con el hermoso joven que debería haber estado encerrado en una pecera.