No disponible.
Editado
La compenetración era total. El intercambio de calor entre sus labios le dio a Sheng Shaoyou la ilusión de estar ardiendo. Su período de celo acababa de pasar, pero el frío aroma a orquídea hizo que toda su sangre hirviera, agitándolo por completo.
Sheng Shaoyou no se consideraba una persona que perdiera la cabeza por deseo, pero el joven que lo presionaba y lo besaba era como una de las bellezas más deslumbrantes. Lo hacía sentir como si estuviera en un sueño. Le sujetaba las manos por encima de la cabeza, lamiéndole los labios hasta dejarlos empapados. Sheng Shaoyou luchó con todas sus fuerzas, pero su cuerpo no le respondía; estaba cálido, lánguido y blando. Una palma, notablemente más fría que la temperatura corporal normal, se deslizó apreciativamente por su cintura, acariciando sus líneas bien definidas.
—Qué hermoso —dijo Hua Yong, lamiéndose los labios, satisfecho.
—Suéltame —la voz de Sheng Shaoyou era ronca. Dobló la rodilla e intentó golpearlo en el abdomen, pero inesperadamente se encontró con un muro de músculos duros. Tener un rostro tan frágil y hermoso, pero un cuerpo con una fuerza tan explosiva. Sheng Shaoyou, sintiendo la amenaza, se volvió aún más despiadado. —¡Lárgate!
—No puedo —Hua Yong volvió a inclinarse, lamiéndole el lóbulo de la oreja con una risita—. ¿No fuiste tú quien lo dijo hace años? Que querías verme pronto, que viniera rápido. Y ahora que he venido, me has olvidado. El señor Sheng es muy injusto conmigo.
Su tono era suave, con un toque de reproche lastimero. Su mirada, directa y ardiente, era desconcertante, pero el amor y la intención en ella no parecían falsos. —Prometiste que me darías un par de piernas. ¿Sigue en pie?
¿Darte un par de piernas? ¿¡De qué demonios está hablando este pez que se cuela en las habitaciones por la noche para acosar a la gente!?
—Dámelas —dijo, inclinándose de nuevo para besarlo. —Lárga… ¡uhm!
El albornoz de Sheng Shaoyou tenía el largo perfecto, cubriéndole hasta los tobillos. La seda gris oscuro se ceñía a sus hombros anchos y su cintura estrecha. El cuello cruzado y el cinturón bien atado le daban un aire pulcro y formal, incluso durmiendo. Pero ese pez, un tanto pervertido, usó su cola —que debería estar en una sopa— para levantar con agilidad el bajo del albornoz, colándose sin permiso, rozando sus pantorrillas desnudas. —¿Cómo puedes olvidar algo que le prometiste a alguien? Sus labios juguetones se posaron en la barbilla de Sheng Shaoyou y fueron subiendo hasta su cuello. Mordisqueó su nuez y le suplicó con voz melosa: —Señor Sheng, haga memoria, ¿sí?
¡Ni de coña! ¡Mierda! ¿¡Qué está pasando!? ¡En toda su vida, Sheng Shaoyou nunca había sido tan ultrajado! ¡¿Estaba siendo acosado sexualmente en su propio dormitorio por un pez?! ¿Recordar? ¿Recordar qué?
El frío aroma a orquídea, como un recordatorio, como una tentación, se arremolinaba a su alrededor, enredándose en él, desgastándolo, dejándolo sin fuerzas. La cola del pez era muy hábil. Su tacto resbaladizo hizo que Sheng Shaoyou volviera a estremecerse. Sentía como si estuviera entrando en un período de celo diferente a cualquier otro.
…
Un escalofrío desconocido, un placer irritante. Sheng Shaoyou echó la cabeza hacia atrás y maldijo con ferocidad: —¿¡Qué clase de pervertido eres!?
—Del tipo al que solo le gusta el señor Sheng —respondió Hua Yong con naturalidad. Sus pálidos dedos tocaron el entrecejo fruncido de Sheng Shaoyou. Suspiró—. Pobre señor Sheng, ¿cómo es que no lo recuerda? Deje que lo ayude. Su tono de voz frío, combinado con esa suavidad, debería haber sido discordante, pero con su ligera sonrisa socarrona, sonaba confuso y muy seductor. La punta de sus dedos brilló con una intensa llama azul, como magia de leyenda. El halo de luz se hundió rápidamente en el entrecejo de Sheng Shaoyou.
Los recuerdos perdidos eran como un árbol muerto. En un instante, fue como si la madera seca hubiera vuelto a la vida. Sus sentidos se magnificaron. La sensación de sus labios unidos era demasiado familiar. Envuelto en el aroma a orquídea, los pensamientos de Sheng Shaoyou comenzaron a divagar, su mente se ralentizó. Imágenes selladas durante mucho tiempo pasaron ante él como escenas de una película.
“¿Me has salvado tú?”
“¿Quién eres? ¿Una… una cola? ¿Una sirena?”
“¿Tienes nombre?”
“Eres tan hermoso. Tienes un rostro que hasta las flores (hua) elogiarían (yong). ¿Qué tal si te llamo Hua Yong?”
“Mañana me voy. La verdad es que no me gusta el mar, ni las vacaciones, y menos aún el Omega que ha traído mi padre. Pero este viaje ha valido la pena, porque te he conocido.”
“Hua Yong, me gustas. Si yo también te gusto, ven conmigo.”
“Vale, lo entiendo. Aún no puedes venir conmigo. Tienes tu reino, tus seguidores que no puedes abandonar, un rey padre enfermo y una docena de herederos al acecho. De acuerdo, te esperaré, Hua Yong. Te esperaré siempre. Cuando consigas el trono que quieres, no olvides traerme pronto el tesoro que tanto anhelo.”
“He oído que ustedes, las sirenas, también pueden tener piernas. Que si obtienen el [fluido] de su ser amado, pueden transformarse, ¿es verdad?”
“Bien. Cuando vuelvas, cuando vuelvas a mi lado, te daré un par de piernas.”
“No me hagas esperar mucho.”
…
Lo recordó todo. El ardor, el cariño, la obsesión, la desgana. Todo el pasado floreció ante él como fuegos artificiales. La mirada de Sheng Shaoyou se suavizó. Su rostro se llenó de confusión e incredulidad. En cuanto Hua Yong le soltó las manos, las levantó instintivamente para acariciar su mejilla. Preguntó, como en un sueño: —¿Tú… finalmente has venido?
—Sí —Hua Yong lo miró con ternura. Sus pupilas oscuras reflejaban un amor y una indulgencia infinitos. Dijo en voz baja—: He venido. Aunque ya me habías olvidado, he venido.
—Hua Yong, yo no…
—No importa —se inclinó y lo besó en la frente, como para consolarlo—. Sé que tú también lo has pasado mal. Pero ya pasó. No volverá a ocurrir. Estaré siempre a tu lado, protegiéndote.
Sheng Shaoyou le rodeó el cuello con los brazos, lo atrajo hacia sí, sus mejillas muy juntas, y le preguntó con una sonrisa: —Señor sirena, ¿y cómo piensas protegerme?
Hua Yong volvió a sonreír, pero su expresión era seria. —Haré que todos los que se te opongan sufran un castigo terrible.
—El señor Hua es un dios muy cruel.
—No —dijo Hua Yong, frotando su nariz contra la mejilla de Sheng Shaoyou—. Soy un dios de corazón blando. —Dijo—. Tan blando que no pude resistirme a la “petición” de alguien que luego la olvidó, y nadé miles de millas marinas, crucé medio mundo para verte.
—¿Y que te golpearan con un arpón cerca de la costa? —Al mencionar el arpón, Sheng Shaoyou recordó de repente la herida en su aleta. Recordó que Hua Yong le había dicho que la punta de su cola era su punto más débil, que si se la herían, el dolor lo paralizaría. De golpe, se le quitó el humor para bromas. Apartó a Hua Yong y levantó las sábanas, intentando examinar su herida.
Hua Yong no lo detuvo. Se quedó tumbado, despreocupado, dejando que Sheng Shaoyou, con el rostro lleno de angustia, inspeccionara su mitad inferior. La mirada ansiosa de Sheng Shaoyou recorrió la cola enroscada en forma de S y finalmente se posó en la aleta herida. La sangre se había detenido. Donde las agujas de acero lo habían atravesado, solo quedaba una ligera marca de cicatrización, pero aun así, a un Sheng Shaoyou que lo recordaba todo, le cortó la respiración. Tuvo que esforzarse para contener el impulso de ejecutar allí mismo a los expertos que se atrevieron a experimentar con Hua Yong. —¿Te dolió?
Hua Yong negó con la cabeza. —Comparado con el dolor de que me olvidaras, no fue nada.
—Los humanos son horribles —dijo Sheng Shaoyou, acariciando la herida con el pulgar. Frunció el ceño—. Empiezan guerras solo por intereses. Hua Yong, no deberías haber venido…
—Tu aparición volverá loco al mundo. Pueden usar tu capacidad de purificación para muchas cosas. Incluso puedes resucitar a los muertos. Con tu sangre pueden crear el regenerador más potente. Explotarán tu sangre, tus huesos, tus habilidades. No te dejarán en paz.
—¿Y tú? —preguntó Hua Yong, bajando sus pestañas oscuras como plumas de cuervo—. ¿Tú me dejarás en paz? Parecía no importarle en absoluto esas terribles hipótesis. Solo miraba a Sheng Shaoyou con una ternura excesiva, esperando una respuesta. —¿Estás dispuesto a echarme, a dejarme marchar?
Sheng Shaoyou suspiró. Le apartó un mechón de pelo de la cara. —No estoy dispuesto. Pero tienes que irte, no puedes quedarte.
Hua Yong volvió a sonreír. En los más de diez años que llevaban separados, este frío rey del océano no había sonreído tanto como hoy. —Señor Sheng, ¿estás preocupado por mí?
—Sí —le dijo Sheng Shaoyou con franqueza—. Me preocupo por ti. Más que tenerte a mi lado, prefiero que vivas libre.
—Tampoco querrás pasarte la vida en un acuario, haciendo demostraciones de purificación, ¿verdad?
—Si no fuera por esperarte, no me habría quedado allí —dijo Hua Yong en voz baja—. ¿No lo ve, señor Sheng? Lo estaba esperando. Además de purificar, tengo muchas otras habilidades. Como hacer recordar, y hacer olvidar. Después de esta noche, nadie, excepto el señor Sheng, me recordará. —Curvó los labios, como un dios travieso de la mitología tentando a un mortal. Sus dedos blancos y fríos se deslizaron bajo el cuello de la camisa de Sheng Shaoyou, tocando su pecho de forma no muy inocente—. Señor Sheng, qué caliente está.
—No juegues —dijo Sheng Shaoyou, con la respiración entrecortada. Le sujetó la mano—. ¿Qué piensas hacer ahora?
—Ya que he venido, pues pedirle al señor Sheng un par de piernas y quedarme —dijo Hua Yong, lamiéndose los labios con pereza—. Mi misión ha terminado. El océano, que llevaba treinta mil años sin poder unificarse, ahora está bajo mi mando.
Al verlo tan orgulloso, el corazón de Sheng Shaoyou se ablandó. Bromeó: —¿Tantos años sin vernos y el señor Hua se ha vuelto tan poderoso?
—No es para tanto —dijo Hua Yong, entornando los ojos—. Siendo tan poderoso, ¿me permitirá el señor Sheng cortejarlo?
—Eres un pez, y en tierra. ¿Cómo piensas cortejarme?
—Por eso necesito un par de piernas.
—Mire, aquí tengo otra abertura —dijo Hua Yong, girándose boca arriba. Mostró una hermosa y delicada hendidura en su abdomen, que se abrió ligeramente, revelando algo duro en su interior—. Hendidura genital. ¿El señor Sheng quiere verla? ¿O prefiere usarla ahora mismo? Hua Yong lo dijo con total seriedad y concentración, con una franqueza inocente.
—Pequeño bastardo —masculló Sheng Shaoyou, girando la cara, pero no pudo evitar que se le sonrojaran las orejas.
—Vale, ha sido culpa mía. Parece que al señor Sheng no le interesan las sirenas. Entonces, será mejor que consiga las piernas de una vez —dijo. Se deslizó bajo las sábanas, buscando su recompensa.
La leyenda decía que las sirenas necesitaban el [fluido] de su ser amado para obtener piernas. Y si el humano que amaban también los amaba, la afortunada sirena obtendría la habilidad de cambiar entre piernas y cola a voluntad.
—Uhm…
Calor, mareo, temblor.
—Tú… ya… ¿ya estás?… —preguntó Sheng Shaoyou, delirante, con los ojos cerrados, jadeando. Hua Yong sacó la cabeza de debajo de las sábanas, su rostro hermoso, puro y seductor.
—Ya está —se lamió los labios, saciado—. Gracias, señor Sheng. Estaba delicioso.
—¡Cállate!
—Vale —dijo. Bajo las sábanas, la cola resbaladiza desapareció, reemplazada por un par de piernas rectas y cálidas. Hua Yong flexionó las rodillas con torpeza y presionó el lugar que había obrado el milagro. Sheng Shaoyou soltó un gemido ahogado y lo fulminó con la mirada. Por desgracia, sus ojos estaban tan llorosos que su amenaza perdió casi toda su fuerza.
—Qué adorable —suspiró la maldita sirena.
—¡No me roces con las piernas! —dijo Sheng Shaoyou, avergonzado—. ¡Quita los pies!
—Lo siento, aún no las controlo bien —aunque dijo eso, sus pies suaves ya se frotaban expertamente contra sus pantorrillas. Lo llamó con dulzura—: Señor Sheng.
—¿Qué? —replicó Sheng Shaoyou, con la cara ardiendo pero la boca afilada—. ¿Por qué maúllas como un gato?
La sirena rio. —Nunca podré destetarme del señor Sheng.
—Tú…
—Bueno, ya que el señor Sheng ha cumplido su promesa, ahora me toca a mí.
Hua Yong se puso serio. Se llevó el índice derecho a la frente y un pentagrama de color índigo brilló en ella. Recitó en voz baja un antiguo cántico de las sirenas. Al instante, todas las criaturas del océano entraron en ebullición. En cuestión de minutos, una noticia, transmitida por ondas sónicas indetectables para los humanos, recorrió todo el reino azul, sumiéndolo en el frenesí.
En la pecera de la zona de contención, el pez payaso dio una voltereta de alegría y nadó hacia el guppy. —¡El Rey ha encontrado a su Reina!
—¿¡Han oído!? ¡El Rey se va a casar!
—¡Y yo que pensaba que, con lo frío que es, se quedaría soltero toda la vida! ¡Y resulta que la Reina estaba aquí al lado!
—¡Ya decía yo! ¿Por qué iba el Rey a fingir que estaba atrapado en esta caja? ¡Era para cortejar! En un instante, el pequeño acuario y el océano entero se volvieron locos.
…
—Señor Sheng, ¿acepta estar conmigo para siempre?
—El señor Hua ha cruzado el océano para encontrarme, ¿cómo podría rechazarlo? —dijo Sheng Shaoyou, inclinándose para oler la glándula de su nuca.
—¿Eso es un sí?
—Sí.
El aroma a orquídea de su nariz cambió de repente. Sheng Shaoyou levantó la vista, extrañado. —Espera… —dijo, recorriendo con la mirada su rostro, más hermoso que el de cualquier Omega—. ¿No eres un Omega?
Hua Yong asintió, sus ojos almendrados brillaban con inocencia. —¿Cuándo he dicho yo que lo fuera?
¡Mira! ¡Los antiguos no mentían! ¡Las sirenas engañan a la gente! Solo que otras sirenas usaban su voz para engañar a los marineros y quitarles la vida. Y Hua Yong había mentido hasta el final, solo para cortejarlo.
Mordió con devoción la glándula palpitante de su amado Alfa. El aroma a orquídea y el aroma a “Rama Ebria” se entrelazaron, inseparables.
Los cuentos de hadas siempre son hermosos. Y los amantes terminan juntos. Mi principito, tú me diste piernas, yo te doy la eternidad. Siempre te amaré, siempre te perseguiré, me someteré a ti. Seré un dios que solo tiene debilidad por ti.
…
Aquel verano, el viento soplaba con fuerza. Al atardecer, la marea baja, las olas y el viento cálido te trajeron a mí. El joven abrió los ojos, y sus pupilas oscuras reflejaron la galaxia entera. Desde entonces, el rey del océano, en la cima de la evolución, cayó en las redes del amor, destinado a convertirse en el creyente de un solo hombre. Por suerte, ser capturado por el amor es la cosa más romántica de este planeta.