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A Qi Yueran le resultaba extremadamente incómodo. Después de que ocurriera aquello entre ellos, parecía haberse vuelto mentalmente “más sensible” ante este tipo de gestos. Además, la actitud de He Jian siempre le daba la impresión de que lo estaba tratando como a un niño.
—Regresemos a casa primero —propuso He Jian—. Ayer estuviste… agotado y hace rato estuviste de pie mucho tiempo. ¿No te sientes mal?
Qi Yueran apretó los labios, con la comisura aún temblorosa. No era una mujer embarazada para que ni siquiera pudiera permanecer de pie. Lo miró fijamente y dijo:
—Me siento perfectamente bien.
He Jian sonrió y optó por cambiar de tema.
—Por la tarde iré a ver a Xia Hang. Quédate en casa y prepara todo para el regreso a la capital.
Qi Yueran asintió y no dijo nada más.
En realidad, para un viaje a la capital no había mucho que empacar necesariamente y si algo hacía falta, los sirvientes se encargarían. Al regresar a casa, Qi Yueran subió directamente a descansar. El dolor en su cuerpo era ya insoportable aunque sentía que un peso se le había quitado de encima. Cayó sobre la cama y se quedó dormido instantáneamente, aún con la camisa puesta.
He Jian llamó a Xia Hang para quedar y hablar sobre la base de cine al norte de la ciudad.
Xia Hang, que siempre estaba bien informado y no sabía mucho menos que Lu Zhuoyi (aunque se había enterado un poco más tarde), le dijo al recibir la llamada:
—Esta mañana pensaba llamarte, incluso hacerte un favor. Pero no imaginé que el tercer joven tuviera fuentes aún más amplias y que ya hubiera resuelto el asunto. Eres realmente rápido y decisivo. No queda ningún beneficio del que el señor Xia pueda aprovecharse.
He Jian supo que Xia Hang se refería al asunto de los orígenes de Qi Yueran. Frunció el ceño inconscientemente; temía que no solo Xia Hang lo supiera. A los medios les encantaban este tipo de noticias, y aunque él había comprado el silencio, no podía garantizar que alguien, por hablar de más, no fuera a filtrar la información.
—Le ha dado un espectáculo, señor Xia. Esta mañana fui con Xiao Ran a la familia Qi.
Xia Hang soltó una leve risa.
—Parece que el asunto ya está casi resuelto. Quédese tranquilo, tercer joven, yo no divulgaré esto. No me beneficia en nada y además, debemos mantener nuestra relación de cooperación.
—El señor Xia piensa demasiado —respondió He Jian—. No vine a “señalar culpables”. No le ocultaré que esta mañana fui con Xiao Ran a la familia Qi para que cortara lazos con ellos. Quizás haya oído que Xiao Ran sentía un afecto profundo por los Qi, pero la familia actuó de manera excesiva. Verlo ser maltratado una y otra vez me duele, así que preferí cortar por lo sano. De ahora en adelante, todo estará limpio.
—El tercer joven tiene razón —asintió Xia Hang—. Ya que lo dice, supongo que lo que quiere hablar conmigo es sobre la base del norte.
—Sí —confirmó He Jian—. En este asunto, debo pedirle un favor. Para evitar que Xiao Ran cargue con la fama de desagradecido, he cedido la base del norte a la familia Qi como pago por su crianza. Pero con las cosas así, nuestra cooperación actual…
Xia Hang, al oír que se detenía a mitad de la frase y comprendiendo lo que seguía, dijo:
—Quedó claro en la capital que la cooperación con la base de Quanlin se debía al tercer joven He. Ahora que usted se retira, el resto del rodaje, por supuesto, se suspenderá.
—Cubriré la indemnización por incumplimiento de contrato —ofreció He Jian—. Lamento las molestias.
Xia Hang rió.
—Huaying puede asumir la penalización, no hace falta que el tercer joven la cubra. Solo recuerde que me debe un favor.
…
Han Gaoping estuvo recorriendo la base de cine del norte. Casi al mediodía, recibió una llamada de He Jian ordenándole retirar a todo el personal, ya que la base había sido cedida por completo a la familia Qi. A partir de ese momento, ese lugar no tendría ninguna relación con ellos.
Han Gaoping se quedó atónito. No esperaba esa decisión de He Jian. Después de todo, esta base había sido creada por él desde cero, era el primer emprendimiento del tercer joven He. Entregarla así, incluso a él, su asistente, le parecía inaceptable.
Al notar su silencio, He Jian adivinó sus pensamientos. Recordando su vida pasada, ¿qué significaba una simple base de cine? Ese año, todas las empresas que con tanto esfuerzo había gestionado quebraron. El dolor y la rabia lo consumieron hasta hacerlo perder la cordura. Ahora, usar una pequeña base para cortar todos los lazos le producía una sensación de liberación.
—Es solo una base pequeña —dijo He Jian—. Hoy la perdemos, pero quizás mañana volverá a nuestras manos.
Al oír su tono sereno y planificado, Han Gaoping comprendió que ya tenía un plan. No era casualidad que lo hubiera enviado a la base temprano; seguramente era para que se encargara de los últimos asuntos.
No dijo nada más y se dispuso a cumplir las órdenes. Sin embargo, Lu Zhuoyi, que lo acompañaba, estalló al enterarse de que regalarían la base.
—¿Qué significa esto? ¿Por qué la regalan de repente? —protestó el joven Lu, que acababa de llegar ese día para “ayudar” y se encontró con que el lugar cambiaba de dueño.
Han Gaoping lo miró sin deseos de explicarse y continuó informando a los demás. Aunque sorprendidos, el personal de He Jian era competente y sabía cuándo hablar y actuar sin hacer preguntas innecesarias.
Xia Hang notificó personalmente al equipo de filmación. Los artistas, atónitos, no se atrevieron a objetar y suspendieron el rodaje para abandonar la base.
An Xun, también sin aviso previo, pensó que algo grave ocurría y llamó a Qi Yueran.
Qi Yueran, que ni siquiera había almorzado, se había quedado dormido al volver. He Jian, al llamarlo y oírlo dormir profundamente, no se apresuró a despertarlo. Pidió a la cocina que retrasara el almuerzo hasta que despertara.
An Xun llamó pasada la una de la tarde. El teléfono de Qi Yueran, aún en su bolsillo, lo despertó con la vibración. Se incorporó y tardó un momento en reaccionar. Sacó el teléfono y respondió.
—¿Pasó algo en la base? ¿O te pasó algo a ti? —preguntó An Xun de entrada.
Su voz era tan fuerte que hasta He Jian, sentado en el sofá, la oyó claramente.
—Ya hablé con el señor Xia —le explicó a Qi Yueran—. Le pedí a Han Gaoping que retire a nuestro personal y el señor Xia también está sacando a su equipo de la base.
Qi Yueran, aún aturdido por el sueño, no entendía bien la pregunta de An Xun. Solo al oír a He Jian comprendió de qué se trataba.
—No pasa nada —dijo al teléfono—. Es solo que He Jian cedió la base al… señor Qi, así que el equipo del señor Xia debe retirarse.
Al otro lado, An Xun frunció el ceño. Aunque odiaba los rodeos, no era incapaz de captar las implicaciones. Notó la elección de palabras de Qi Yueran y entendió que quizás era mejor no presionarlo.
—Ah, está bien —dijo con despreocupación—. Mientras tú estés bien. Pensé que había pasado algo malo y me asusté. Cuelgo entonces, no hay nada más.
Qi Yueran colgó, ya completamente despierto, y le dijo a He Jian:
—¿No será esto… demasiado drástico?
He Jian se levantó del sofá, se acercó a la cama y le puso una chaqueta sobre los hombros.
—Acabas de despertar, abrígate bien para no resfriarte. Ya les regalamos la base y si doy o no las colaboraciones que conseguí depende de mí. Además, incluso si dejáramos el proyecto con Xia Hang, la familia Qi no sabe gestionarlo. Ofender al señor Xia no sería divertido.
Qi Yueran asintió y no dijo más. Con la partida del equipo de Xia Hang, era probable que los equipos más pequeños hicieran lo mismo. La base del norte quedaría convertida en una cáscara vacía. La familia Qi no tenía contactos en el mundo del espectáculo y, a corto plazo, no podría lograr nada.
El señor Qi y Qi Yuexin creyeron haber hecho el negocio de su vida, sin saber que una cáscara vacía no genera ingresos. A veces, Qi Yueran, por inercia, pensaba en la familia Qi, y a mitad de camino recordaba que ya no tenía nada que ver con ellos.
—Ya es la una —dijo He Jian—. Bajemos a almorzar.
Originalmente, He Jian y Xia Hang habían quedado en cenar esa noche para discutir los detalles de la cooperación. Sin embargo, por la tarde, Xia Hang llamó para decir que debía partir inmediatamente de regreso a casa con An Xun.
La cena se canceló, lo que les daba un respiro. He Jian le pidió a Han Gaoping que se prepararan para regresar a la capital al día siguiente. Después de todo, por el momento no había nada urgente en Quanlin y era mejor llevar a Qi Yueran a la capital para que despejara la mente.
Qi Yueran no tenía objeciones sobre volver. Aunque el señor He parecía severo, siempre había sido amable con ellos.
Fue solo después de que He Jian y Qi Yueran abordaron el avión que la familia Qi comenzó a notar que algo andaba mal.
Qi Yuexin estaba eufórico. Había logrado expulsar a Qi Yueran sin siquiera publicar la noticia. Ahora que sus piernas estaban sanas, y siendo el único heredero de la familia Qi, toda la fortuna sería suya. Había logrado vengarse de todos los que quería, hasta el punto de no poder dormir por la emoción.
Pero justo cuando Qi Yuexin celebraba, la base se vaciaba a pasos agigantados. Sin experiencia, no lo notó de inmediato. En cambio, fue a la comisaría.
El caso de Wu Kai había sido supervisado personalmente por el señor He, ejerciendo presión, así que no hubo escapatoria. Debido a otros delitos relacionados, Wu Kai recibió una sentencia de cadena perpetua y probablemente permanecería en prisión de por vida.
Qi Yuexin fue a visitarlo. Sin motivo aparente, Wu Kai estalló de furia.
—¿Por qué hiciste esto? ¡Ni siquiera te había ofendido o lastimado!
Qi Yuexin lo ignoró y se fue. Solo al salir miró hacia atrás, aunque ya no podía ver nada, y murmuró:
—Es lo que mereces. Te lo devuelvo diez, cien veces.
La tercera mañana, Qi Yuexin y el señor Qi fueron a inspeccionar la base. Para su sorpresa, el lugar que debería estar bullicioso estaba casi vacío, con muy poca actividad.
Al enterarse de que muchos equipos se habían ido, incluso el de Huaying, que había pagado la penalización, su primera reacción fue pensar que Qi Yueran lo había engañado. Se sintió tonto por haber creído que alguien regalaría una base así de buena fe. Claramente, había una trampa.
El señor Qi, sin contactos en la industria y sin experiencia en la gestión de una base de cine, estaba perdido.
…
He Jian llevó a Qi Yueran de vuelta a la residencia He. La señora He, sabiendo que regresarían, había hecho que los sirvientes prepararan la habitación del tercer joven y encargado comidas nutritivas para fortalecer su salud.
He Jian no se atrevió a ocultar a la familia He la verdad sobre los orígenes de Qi Yueran. Las conexiones del señor He eran mucho más amplias que las suyas; tarde o temprano se enteraría. Así que, antes del vuelo, He Jian se lo contó a su madre.
Kang Shuqin siempre había consentido a su hijo menor, y este, a su vez, adoraba a Qi Yueran. Al enterarse de lo sucedido, se apenó profundamente. No dejaba de decirle a He Jian que consolara a Qi Yueran, que no lo dejara sufrir más. Insistía en que lo llevara a casa pronto, donde nadie podría lastimarlos y que lo alimentara bien para que se recuperara.
Fue la señora He quien le transmitió la noticia al señor He, pintando un cuadro conmovedor. El señor He no comentó mucho. Después de todo, el matrimonio había sido decisión de He Jian, no un intento de aprovecharse de la familia Qi. Que Qi Yueran fuera o no hijo biológico de los Qi no cambiaba nada para ellos.
Al escucharlo, el señor He comentó: —Parece que la familia Qi no está destinada a grandes logros. Si después de criarlo veinte años no pueden confiar plenamente en él, ¿cómo podrían contar con un extraño?
La señora He, en cambio, no le dio importancia: —¿Y a ti qué te importa? ¿Ahora también te preocupas por los demás? No te metas en camisa de once varas1. Y te advierto, cuando nuestro hijo y Xiao Ran regresen, no pongas esa cara de severo sin motivo.
Qi Yueran volvió con el ánimo por los suelos. Le mortificaba que los demás supieran su situación. La señora He le sirvió una mesa llena de suplementos nutritivos y lo consoló durante un buen rato, lo que solo consiguió avergonzar aún más.
Kang Shuqin estaba sonriente: —En el fondo, es lo mejor. Así no se pasan la vida yendo a Quanlin y descuidando el hogar. ¿Acaso no pueden desarrollarse aquí en la capital? Es mucho mejor vivir en casa, con quien los cuide.
He Jian observó la mesa repleta de caldos y guisos sin saber por dónde empezar: patas de cerdo, tortuga, paloma, ginseng, pepino de mar, anguila… Sintió un impulso de llevarse la mano a la frente.
La señora He había preparado específicamente todos esos suplementos para Qi Yueran, quien, por educación, no podía rechazarlos. Probó un poco de cada uno hasta sentirse a punto de reventar. Por dentro, sudaba frío: estaba seguro de que al día siguiente amanecería con llagas en los labios.
Después de comer, He Jian y Qi Yueran subieron a su habitación.
—Por lo visto, con solo las sopas ya te llenaste —comentó He Jian mientras subían las escaleras.
Qi Yueran lo miró con fastidio. Al caminar, sentía los líquidos chapoteando en su estómago.
—… ¿Estás seguro de que lo que preparó tu madre no son tónicos para una mujer que acaba de dar a luz?
He Jian se rio.
—No lo he investigado. Temía que mi padre, al enterarse de lo tuyo, te sermoneara, así que se lo conté a mi madre de forma un poco dramática. Supongo que la asusté demasiado y empezó a darte cualquier cosa para “fortalecerte”.
Qi Yueran se quedó sin palabras. Abrió la puerta y entró primero a la habitación, encendiendo la luz de la entrada. Al iluminarse, se llevó un susto: en realidad no había nada extraño, pero tras tanto tiempo fuera de la capital, había olvidado el diseño peculiar de la habitación de He Jian.
El baño de cristal, las sábanas de estampado de leopardo, el gran espejo frente a la cama… Qi Yueran tardó unos segundos en recuperar la compostura y entrar. Aunque antes había compartido esta habitación con He Jian varios días, en ese entonces ni siquiera se habían tomado de la mano, así que todas esas “comodidades íntimas” no le resultaban incómodas. Pero ahora era distinto. Qi Yueran, aún joven y de piel fina, aunque fingía serenidad, no pudo evitar ruborizarse.
He Jian, en cambio, sonrió. Cuando Qi Yueran llegó al dormitorio, lo tomó por la espalda en un abrazo repentino.
—Menos mal que antes no dejé que los sirvientes cambiaran todo esto. Ahora me parece bastante… práctico. Y con mucho ambiente.
—… Pervertido —masculló Qi Yueran, sobresaltado, mientras quien lo abrazaba lo giraba y ambos caían juntos sobre la gran cama de leopardo. Con el rostro encendido, le costó un buen rato articular esas dos palabras.
He Jian lo inmovilizó contra la cama, sujetándole las manos sobre su cabeza. Posó un beso ligero en sus labios, luego apoyó su cuerpo sobre el del joven y comenzó a mordisquearle suavemente los labios, jugueteando hasta que su respiración se quebró. Solo entonces introdujo su lengua, forzando su entrada.
—Mmm… —Qi Yueran se estremeció, la cabeza se le nubló y cerró los ojos, respondiendo al entrelazamiento de lenguas.
Tras un largo beso, He Jian dijo entre risas:
—Recuerdo que en el armario hay cosas aún más… pervertidas. ¿Quieres verlas? ¿O probarlas?
Qi Yueran, que nunca había visto a He Jian tan canalla, lo miró con ojos desorbitados antes de apartar la vista.
—Levántate. Quiero bañarme.
He Jian echó un vistazo al baño de cristal y sonrió.
—Tienes razón. Este es el momento perfecto para empezar por el baño. Te llevo en brazos.
Qi Yueran estuvo a punto de salir disparado. No esperaba que He Jian realmente intentara cargarlo. Se debatió, y por poco ambos terminan en el suelo.
—¿Timidez? —bromeó He Jian.
Qi Yueran, que en efecto se sentía cohibido, no quiso admitirlo ante la provocación.
—Déjame. Iré yo solo.
He Jian, inusualmente obediente, lo dejó en la entrada del baño y observó cómo Qi Yueran entraba al baño de cristal.
Con determinación, Qi Yueran abrió el grifo y se desvistió con rapidez antes de meterse en la bañera. Dio la espalda a la habitación, sin atreverse a mirar, por miedo a encontrar la mirada de He Jian. Afuera no se oía nada; no sabía qué estaría haciendo este.
He Jian solo quería divertirse un poco. Sabía que Qi Yueran debía sentirse afligido y pretendía animarlo. Pero este juego podía fácilmente descontrolarse… Al ver la espalda desnuda de Qi Yueran a través del cristal, comenzó a sentirse menos sereno.
Finalmente, He Jian se desvistió también y abrió la puerta para unirse a él en el baño.
Qi Yueran, que acababa de relajarse al no oír ruidos, se volvió y lo vio. Instintivamente, se puso de pie en la bañera.
He Jian se sentó, admirándolo con la mirada.
—Siéntate, no vayas a resfriarte.
Qi Yueran, de nuevo con el rostro encendido, iba a hacerlo cuando He Jian lo atrajo hacia su regazo. El cuerpo semierecto de He Jian, sumado a su desnudez, era inconfundible para Qi Yueran, quien se quedó inmóvil.
He Jian lo abrazó, acariciándole la espalda, la cintura y las nalgas. El cuerpo rígido en sus brazos no tardó en comenzar a temblar levemente y la respiración cerca de su oído se volvió entrecortada.
Estimulado por todas partes, Qi Yueran no pudo permanecer impasible. La incomodidad se volvió insoportable y, al final, tomó la nuca de He Jian y lo besó con iniciativa.
He Jian, sorprendido y complacido, correspondió sin reparos al juego de lenguas. La respiración de ambos se hizo más pesada, acompañada por el sonido sugerente del agua, mientras el roce de sus pieles elevaba la temperatura.
La bañera era demasiado dura y la última vez Qi Yueran había quedado adolorido. Temiendo lastimarlo de nuevo, He Jian no se arriesgó a intentar nada allí y lo llevó directamente a la cama.
Aún con gotas de agua sobre la piel, como si no pudieran esperar, humedecieron las sábanas de leopardo, oscureciendo su color. Afortunadamente, He Jian conservaba algo de cordura y no olvidó prepararlo y dilatarlo. Aun así, Qi Yueran no sintió mucha mejora respecto a la vez anterior. Frente al espejo, cada detalle se reflejaba con claridad, y su cuerpo entero parecía a punto de arder, intensificando cada sensación.
Quizás por la sobreexcitación, esta vez Qi Yueran no llegó a desmayarse como la última vez, aunque quedó postrado en la cama, sin fuerzas para moverse. No sabía si era un logro o no.
He Jian lo llevó al baño para limpiarlo. Durante el proceso, lo manoseó varias veces, pero Qi Yueran no tenía energía ni para protestar, y se limitó a cerrar los ojos y hacerse el muerto. Por suerte, He Jian supo cuándo parar y no fue más allá.
Una vez limpio, lo dejó remojando en la bañera. Antes, mojados como estaban, se habían lanzado a la cama, empapando las sábanas. Dormir así toda la noche no sería nada cómodo, aunque en la calentura del momento no lo habían notado.
Qi Yueran se sentía a gusto en el agua tibia, con los ojos semicerrados, disfrutando. Aparte del dolor de cintura y piernas tras la intensa actividad, la intimidad con He Jian era placentera. Al oírlo salir y volver, preguntó con curiosidad:
—¿Qué estabas haciendo?
—Cambiando las sábanas. Estaban húmedas —respondió He Jian, secándolo y envolviéndolo en una bata.
Qi Yueran pensó, aliviado, que por fin se habían librado de las sábanas de leopardo, pero al salir descubrió que la cama seguía vestida con el mismo estampado… Resignado, se tendió de nuevo sobre el leopardo.
Las luces seguían encendidas. He Jian, para que Qi Yueran viera claramente el espejo, se había negado a apagarlas. Tras descansar un rato y recuperar el aliento, al abrir los ojos veía su reflejo y el de He Jian en el espejo, una visión que le resultaba incluso más vergonzosa que durante el acto.
Cuando He Jian regresó después de asearse, lo vio intentando levantarse y lo detuvo.
—¿Adónde vas? ¿Te sientes mal? ¿Necesitas pomada? ¿O agua? Yo te la traigo. No te levantes.
La mano de He Jian en su hombro acabó con sus pocas fuerzas acumuladas. Qi Yueran se dio la vuelta, renunciando a levantarse.
—Apaga la luz, por lo menos.
He Jian, divertido, obedeció y apagó la luz antes de regresar a la cama en la oscuridad. Arropó a Qi Yueran y se acostó a su lado.
—Duerme pronto. Mañana por la noche el señor Xia nos ha invitado a cenar para agradecerte que cuidaras de An Xun tanto tiempo en Quanlin.
—Mmm… —fue la débil respuesta de Qi Yueran antes de cerrar los ojos y dormirse. No le quedaba fuerza ni para pensar, y el sueño lo venció al instante.
…
Qi Yueran se despertó temprano al día siguiente, despertado por el dolor de cintura al darse la vuelta al amanecer. Se incorporó, sosteniéndose la espalda, mientras He Jian seguía profundamente dormido a su lado. Un sentimiento de impotencia lo invadió: siempre era él quien acababa dolorido, mientras el otro parecía no inmutarse.
Tras un largo rato, como si hubiera escalado una montaña, la frustración creció en su interior. Miró a He Jian dormido y pensó que, en complexión física, no podía comparársele, pero ahora este estaba indefenso…
Se acercó sigilosamente y le retiró la manta. Iba a intentar un contraataque sorpresa, pero, antes de que pudiera actuar, un dolor agudo, como un calambre, le atravesó la cintura, dejándolo medio encogido en la cama, gimiendo de dolor.
He Jian se despertó sobresaltado. Al ver su estado, no pudo evitar reír.
—Estás demasiado débil. Necesitas hacer ejercicio.
Qi Yueran lo ignoró y se quedó tumbado, negándose a mover.
Al mediodía, la señora He, al notar el ceño ligeramente fruncido de Qi Yueran, asumió que aún estaba afectado por el asunto de sus orígenes y lo consoló nuevamente. Qi Yueran, mortificado, no podía admitir que en realidad le dolía todo el cuerpo por culpa de He Jian, así que se limitó a lanzarle miradas asesinas a este último.
Después del almuerzo, Qi Yueran regresó solo a la habitación. He Jian había sido llamado por el señor He, y probablemente tardaría en ser liberado.
Sin nada que hacer y disfrutando de un inusual ocio sin responsabilidades laborales, Qi Yueran tomó un libro del estante en el sillón de la alcoba y comenzó a hojearlo.
Lo había cogido al azar, sin pensarlo, pero su contenido resultó ser… explosivo. No solo era un manga para adultos, sino que además incluía temáticas de tentáculos y sadomasoquismo…
Con el rostro avergonzado, Qi Yueran no se atrevió a pasar la página y lo devolvió al estante. Entonces descubrió que casi todos los libros con sobrecubierta elegante eran del mismo “género dudoso”. Solo tres o cuatro, sin envoltura, parecían normales.
La imagen que Qi Yueran tenía de He Jian siempre había sido la de una persona serena, madura y eficiente, amable en su trato. Hoy, sin embargo, esa percepción se estaba resquebrajando por completo.
Decidió no tocar más libros y recordó el comentario jocoso de He Jian la noche anterior sobre “cosas más pervertidas” en el armario. Qi Yueran, cuya experiencia se limitaba mayormente a textos de economía, sintió cómo la curiosidad se apoderaba de él.
Echó varias miradas furtivas al armario y consultó la hora. Finalmente, se levantó del sillón, se acercó y, en cuclillas, abrió el mueble. Dentro no había gran cosa, quizás He Jian lo había ordenado. Pero los “artículos poco convencionales” sí estaban presentes: esposas de fantasía, látigos y consoladores de varios modelos…
Qi Yueran, asombrado por este despliegue, sostenía los objetos con los ojos muy abiertos. Presa del nerviosismo, los guardó apresuradamente, y al hacerlo, una hoja de papel que estaba con el látigo cayó al suelo.
Al recogerla para guardarla también, se dio cuenta de que no era un papel, sino una fotografía. En ella aparecían He Jian y otro hombre, ambos muy jóvenes. Qi Yueran no reconoció al otro sujeto y no le dio mayor importancia.
El señor He había estado hablando largo rato con He Jian, preguntándole sobre sus planes. He Jian, sin atreverse a ocultarlo, le dijo que esperaría a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos. Si la familia Qi fracasaba, estaba decidido a absorberla.
El señor He frunció el ceño. Ignoraba los vínculos de He Jian con la familia Qi y creía que su hijo actuaba por impulso, solo para vengar a Qi Yueran. No aprobaba la adquisición de los Qi; aunque no implicaba mayor riesgo, seguía siendo una inversión considerable. La principal industria de la familia Qi estaba en Quanlin, e incluso si la compra salía bien, no tendría sinergia con los negocios originales de los He. Dejarla operando de forma independiente era menos útil que adquirir algo que sí les sirviera.
Luego, el señor He arrojó sobre la mesa varios periódicos y revistas para que su hijo los revisara. En realidad, He Jian ya estaba preparado; incluso sin mirarlos sabía lo que contenían. La familia Qi, al recibir una base vacía, naturalmente había reaccionado con rabia. Los borradores del reportaje que Qi Yuexin tenía listos pero no había publicado ahora encontraban su momento. En Quanlin, todos sabían ya que Qi Yueran no era hijo biológico de los Qi.
He Jian había tomado sus precauciones. Cada hecho podía interpretarse de distintas maneras, todo dependía de cómo se presentara. Había dejado personal en Quanlin, y su equipo de relaciones públicas había comenzado a preparar estrategias días antes. Qi Yuexin, cegado por la furia y sin pensar en las consecuencias, había publicado la noticia, cayendo justo en la trampa tendida por la gente de He Jian. Si bien la noticia era impactante y sensacional, la narrativa fue completamente controlada por el equipo de He Jian. El escándalo sobre los orígenes de Qi Yueran se transformó en un recorrido por su vida y crecimiento.
La conversación entre He Jian y su padre se prolongó. No fue hasta las cuatro de la tarde, debido a la cena que tenían esa noche, que He Jian pudo regresar por fin a su habitación.
La cena estaba programada en un centro de entretenimiento. Esta vez no habría más invitados: solo Xia Hang, An Xun, He Jian y Qi Yueran. Aun así, la escala no sería pequeña: habían reservado una suite VIP en el sexto piso.
Qi Yueran no solía frecuentar lugares de entretenimiento, a menos que fuera para reuniones de negocios. Los centros de entretenimiento, con su bullicio y ambiente festivo, no eran lo suyo; siempre le habían parecido demasiado estridentes para su gusto.
Para su sorpresa, al entrar en el centro de entretenimientos aún no habían localizado a Xia Hang y An Xun cuando se toparon con otro “conocido”, alguien que Qi Yueran no reconocía.
Mientras un camarero los guiaba a los ascensores, alguien gritó: “¡He Jian!”. Qi Yueran se volvió y vio a un hombre de unos veinte y pocos años que también entraba al ascensor.
Dada la posición de He Jian, casi todos se dirigían a él como “el tercer joven maestro He”. Pocos se atrevían a llamarlo por su nombre para actuar con familiaridad. Que alguien lo hiciera le resultó extraño.
Pero la sorpresa fue mayor cuando reconoció en ese hombre a la persona de la fotografía que había visto esa mañana, solo que algo más maduro.
Para ser justos, He Jian también estaba desconcertado. Él había suplantado al tercer joven He, pero no tenía los recuerdos de este. Alguien lo llamaba, pero no recordaba a esa persona.
El hombre entró en el ascensor y, actuando con gran confianza, se dirigió a He Jian con una sonrisa.
—No habrán sido tantos años como para que me hayas olvidado. Soy You Song.
El nombre le sonaba mucho más que el rostro. He Jian no sabía que el tercer joven He conocía a You Song, un actor relativamente popular en los últimos años con bastante exposición mediática.
You Song echó un vistazo a Qi Yueran.
—Este debe ser el joven Qi. Me habían dicho que He Jian había cambiado, que se había vuelto fiel desde su compromiso. Al principio no lo creí. He Jian y yo nos conocemos desde hace mucho y nunca lo vi mantener el interés en alguien más de tres días. Incluso cuando me declaró su amor, acto seguido se enrolló con otro. Pero al verte, parece que podría ser verdad. De lo contrario, ¿cómo podría un amigo de tantos años, tras solo dos sin vernos, actuar como si no me conociera?
Qi Yueran observó a You Song. Su tono burlón y cargado de ironía era evidente, incluso para el camarero que los guiaba. Antes de que He Jian pudiera hablar, respondió con sequedad:
—Supongo que después de convertirse en estrella, su rostro ha cambiado tanto que es normal que He Jian no lo reconociera. Tenemos una cita, así que no podemos detenernos a ponernos al día.
Entre los artistas, la cirugía estética era común, pero lo que más temían era que se hablara de sus “caras falsas”, para evitar que se armara un escándalo mediático. Las palabras de Qi Yueran eran una clara indirecta. You Song, que lo había subestimado por pueblerino, no esperaba esa réplica. Sin embargo, no mostró incomodidad o enfado, sino que sonrió.
—Entonces será para otra ocasión. Yo también debo irme.
Cuando You Song se hubo ido, He Jian posó suavemente una mano en la cintura de Qi Yueran, como si nada.
—¿Y esa prisa de repente?
Qi Yueran, con el ceño fruncido, mantuvo su tono seco.
—¿Prisa? ¿O es que querías quedarte a ponerte al día?
He Jian se rió abiertamente.
—Creí que no te habías enfadado. ¿De verdad estás celoso? No te preocupes, en casa te dedicaré toda mi atención. Ayer no fue suficiente.
La cena era solo para cuatro. Qi Yueran y An Xun eran meros acompañantes; no tenían negocios que discutir, a diferencia de Xia Hang y He Jian, que debían hablar sobre la cooperación para la nueva base de cine.
En un momento dado, Qi Yueran y An Xun fueron juntos al baño y, para su desgracia, se encontraron nuevamente con You Song. Qi Yueran no sentía ninguna simpatía por él; casi ninguna de sus palabras anteriores le había gustado.
Sabía que la reputación pasada de He Jian era pésima, que había sido un playboy notorio, y había aceptado esto cuando accedió a la propuesta de matrimonio. Pero ahora, de repente, no podía ser tan despreocupado. Qi Yueran tenía un carácter obstinado y tendía a obsesionarse. Ahora que tenía una relación y sentimientos establecidos con He Jian, anhelaba que fuera perfecta, sin una sola mancha.
You Song estaba fumando en el baño. Al verlos entrar, arqueó una ceja y sonrió.
—Vaya, otro encuentro inesperado —dijo, como si hubiera encontrado un nuevo entretenimiento, mirándolos a Qi Yueran y a An Xun—. ¿No estarán traicionando a He Jian para un encuentro rápido en el baño? El chico no está nada mal. ¿Trajeron protección? ¿Quieren que les preste?
Sin esperar respuesta, sacó un condón de su bolsillo y lo lanzó descaradamente sobre el lavabo.
An Xun, que no lo conocía —las celebridades le traían sin cuidado—, palideció de ira al ver el condón. Era la primera vez que alguien lo insultaba de esa manera.
El rostro de Qi Yueran también se ensombreció. Al principio no había querido problemas, por educación. Pero el hombre, lejos de contenerse, había empeorado las cosas.