020. DDoS – parte dos

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LIN XUN SE QUEDÓ paralizado. Miró esas dos palabras y, pasados unos segundos, se dio cuenta de que se había olvidado respirar. Sintió los dedos rígidos; permaneció tres segundos más con el dedo sobre la pantalla antes de pulsar el botón de contestar.

—Ho… hola.

La voz de Dong Jun era la misma de siempre: algo grave, como un licor; fría en textura, como un trago fuerte mezclado con hielo:

—¿No estás trabajando?

Lin Xun sintió una ligera opresión en el pecho.

¿Era… una inspección sorpresa del jefe capitalista?

Respondió con honestidad:

—Estoy viendo la conferencia. Su discurso ha sido muy inspirador. Y el cortometraje conceptual… muy impactante. —Hizo una pausa y añadió—: Pensé que no respondería, no imaginé que me llamaría. Si lo estoy interrumpiendo…

—De ningún modo —respondió él del otro lado—. Me tomaré un descanso después del lanzamiento de Nutshell. Entonces consideraré… Nutshell 2.0 o algo por el estilo.

—Siendo sincero, me da mucha curiosidad el costo de desarrollo —dijo Lin Xun.

Dong Jun dejó escapar una leve risa.

—Al menos, no lo suficiente como para arruinarme.

Lin Xun también sonrió.

—Aunque comprarlo sí podría dejarme en bancarrota.

—¿Te gustan los videojuegos?

—Juego poco, pero a mis compañero de piso sí les encantará. Y yo tengo curiosidad por la experiencia.

—No creo que te decepcione.

«No puedo estar seguro de eso —pensó Lin Xun—, tal vez ni siquiera pueda permitírmelo». Pero en voz alta respondió, educado y sereno:

—Lo sé, creo en Galaxia.

—¿Cómo está progresando Luo Shen? —preguntó Dong Jun.

—Encontramos al programador adecuado, así que todo marcha bien. Yo estoy optimizando algoritmos; el progreso es estable.

—Si tienen dificultades, pueden buscarme —dijo Dong Jun con tono calmado.

—Gracias. Lo tendré en cuenta.

Por ahora, se consideraba capaz de manejar las dificultades. Si surgía un desafío problema de proporciones épicas, tal vez sí necesitaría la ayuda de Dong Jun.

—Les deseo mucho éxito —dijo él, con un tono más bien formal, pero en la siguiente frase su voz se volvió más suave—: El sábado habrá una proyección especial de una película de ciencia ficción en la Torre Galaxia. Pensaba… si podría invitarte a verla conmigo.

—¿Eh? —Lin Xun tardó un instante en entender—. Yo…

—¿Mmm?

—Es que estoy un poco sorprendido.

—Es sobre inteligencia artificial. Dada la naturaleza especial de Luo Shen en ese campo, creo que si vamos juntos, podría escuchar algunas opiniones únicas de tu parte.

—Eso no lo puedo garantizar.  —La voz de Lin Xun era un poco más baja—. Pero el sábado sí estoy disponible.

De acuerdo con el itinerario programado, para ese día ya habría salido del Monte Qingcheng y estaría de vuelta en la ciudad.

—Perfecto. Me alegra que puedas venir.

—Gracias por la invitación.

—No es nada.

En ese momento, al otro lado del teléfono pareció escucharse la voz de Ruan Zhi, su asistente. Lin Xun pensó que la conferencia aún no había terminado, así que dijo:

—Será mejor que siga con sus asuntos. Si necesito algo, me pondré en contacto.

La voz de Dong Jun pareció suavizarse un poco:

—Mmm, hasta luego.

Luego, Lin Xun no colgó enseguida; esperó a que Dong Jun lo hiciera para entonces bajar el teléfono.

En ese preciso instante, el presentador de la conferencia anunciaba el precio del producto. Lin Xun miró sin parpadear la cifra que apareció en la pantalla.

200 000.

¿Doscientos mil? Bueno, un precio esperado, equivalente exacto al valor de una pequeña empresa como Luo Shen.

Era tecnología de punta recién salida al mercado, un producto de lujo por naturaleza. Galaxia ya había anunciado que en el futuro habría versiones más económicas para uso médico y que, en dos a cuatro años, cuando la tecnología madurara y los costos bajaran, el precio del modelo estándar se reduciría considerablemente.

Un plan comercial de lo más normal.

Aun así, para Lin Xun, aunque el precio de la cabina holográfica le asestó un golpe, sus frustraciones se diluyeron por completo cuando recordó la llamada telefónica con Dong Jun.

Dudaba que, si el presidente de Lions enviara un simple «felicidades» por mensaje, recibiría una llamada de Dong Jun preguntando por el estado de su proyecto… y una invitación al cine. Si eso ocurriera con todos, Dong Jun no daría a basto, y desde luego su reputación como CEO distante y reservado no existiría.

Incluso abrió la función de comentarios en pantalla con tranquilidad, pensando: «Su “esposo” verá una película conmigo este sábado».

Eso le dio una gran motivación y un poco más de confianza en Luo Shen. En cuanto terminó la conferencia, abrió el compilador de glax, sacó su feísimo código de optimización y comenzó a depurarlo.

En un lugar muy evidente había encadenado siete horrorosos else if, haciendo que la función se viera engorrosa y recargada.

Si fuera Dong Jun, con dos else if habría bastado.

Ese fragmento de código tenía un total de trece errores.

Empezó a corregirlos uno por uno.

En la carrera de un programador, quizá solo una quinta parte del tiempo se dedica a escribir código, y las otras cuatro quintas partes a un interminable debug.

Mientras lidiaba con esos trece errores molestos, pensaba que al menos tenía bugs que corregir. Era más afortunado que aquellos colegas que, aunque no tuvieran mensajes de error, no lograban que el programa corriera y solo podían rascarse la cabeza.

Después de dos horas y media, logró reducir los errores a cero. Guardó todo y se preparó para dormir.

Antes de acostarse, abrió WeChat. En el grupo La familia se ama las distintas sectas informaban sus itinerarios y horas estimadas de llegada. En el grupo de tres, en cambio, seguían lamentándose por no poder comprar la Nutshell.

Lin Suanfa:

Dejen de quejarse.

Cuando comencemos a generar ganancias después de lanzar Luo Shen, se convertirán en personas que ni siquiera parpadean al comprar diez cabinas de juego.

Wang Anquan:

¿En qué te diferencias de ese Dong Jun, que solo habla de sueños y no de dinero? ¡Él por lo menos nos dio 200,000!

Lin Xun miró esas palabras, deteniéndose cinco segundos en el nombre «Dong Jun» y sonrió sin darse cuenta. Comenzó a escribir:

Lin Suanfa:

A dormir.

En los sueños, todo es posible.

Después de enviarlo, ignoró los insultos de Wang Anquan y se acostó feliz, abrazando la almohada.

En la montaña, todo estaba en silencio. Se durmió rápido.

Pero, aunque solía dormir de forma irregular y despertarse con precisión, esta vez no se levantó a las ocho como dictaba su reloj biológico. Porque a las cinco, unos jóvenes monjes comenzaron a recitar el Clásico de Nanhua en voz alta cerca de allí. Y a las seis, Yuan Xiao vino a buscarlo para un paseo matutino.

Lin Xun se quedó atónito. «¿Acaso los cultivadores empiezan el día a las cinco de la mañana?».

El lugar del paseo estaba fuera del Palacio Shangqing, sobre una gran roca en la cima de la montaña. Yuan Xiao dijo que quería llevarlo a ver el amanecer en Qingcheng.

«Bueno, pues a verlo».

La montaña era hermosa, las nubes también.

Yuan Xiao estaba lleno de energía; Lin Xun, medio dormido.

—¡El sol sale y se pone, este es el ciclo infinito de la naturaleza! —exclamó el muchacho—. Shixiong, ¡qué asombrosas son las leyes por las que el cielo y la tierra se mueven!

»Dice el Nanhua: «El Dao es aquello que, estando por encima del Taiji[1], no se considera elevado; estando por debajo del Taiji, no se considera profundo; naciendo antes del Cielo y la Tierra, no se considera antiguo; y habiendo existido desde los tiempos más remotos, no se considera viejo». Y hasta ahora, por fin, he alcanzado una pequeña comprensión.

Lin Xun miró al muchacho con seriedad.

Shidi.

—¿Sí?

—Te voy a enseñar un refrán.

—¿Mmm? Shixiong, por favor, ilumíname.

—Tocar el laúd para una vaca.[2]

Yuan Xiao parpadeó, con expresión inocente y llena de confusión.

Shidi, la programación orientada a objetos difiere de la orientada a procesos —continuó Lin Xun, impasible—. La primera es un método de diseño estructurado. El programa se compone de objetos como unidades básicas, y emplea encapsulación, herencia, polimorfismo…

La mirada de Yuan Xiao pasó de la confusión al vacío, y luego a la desesperación.

Shixiong

Al ver que la joven flor de la patria estaba a punto de marchitarse y convertirse en rama seca, Lin Xun se detuvo y suavizó el tono:

Shidi, ¿ahora entiendes?

Yuan Xiao asintió.

—Entiendo. Shixiong, el sol está tan rojo, tan bonito

Los niños de alma sensible eran así.

Satisfecho, Lin Xun siguió contemplando el amanecer con él.

Cuando el sol rojo terminó de alzarse por completo entre la neblina de las montañas, el sonido de una campana resonó a lo lejos, en la puerta principal.

—¡Llegaron los invitados! —anunció Yuan Xiao.

Entonces se marcharon de allí, fueron al salón principal, cada uno en busca de su maestro, para recibir a los visitantes.

Los primeros en llegar fueron los del Monasterio de los Diez Mil Budas de Beihai. Un anciano monje de cejas blancas como la nieve y semblante bondadoso, vestido con túnica roja, llegó acompañado de cuatro monjes adultos y seis novicios. Le hizo una reverencia al Maestro Xiaoyao:

—Benefactor Xiaoyao.[3]

El Maestro Xiaoyao le devolvió la reverencia:

—Gran Maestro Wanchan.

El Gran Maestro Kuchan dijo entonces:

—En realidad, debimos llegar anoche, pero el vuelo se retrasó. Benefactor Xiaoyao, acepte nuestras disculpas.

—El retraso de vuelos es algo común —respondió Maestro Xiaoyao—. Los compañeros taoístas de Geling todavía están esperando en el aeropuerto.

El Gran Maestro Wanchan sonrió.

—Gracias a que, hace dos años, me invitaron a bendecir la inauguración del aeropuerto de Beihai, aún tengo algo de influencia. De lo contrario, también estaríamos varados en el aeropuerto sin poder hacer nada.

El Maestro Xiaoyao acarició su barba y soltó una carcajada.

—Como dice el refrán: «Si en esta vida no facilitas el camino a otros, por más que recites el nombre de Amitabha, todo será en vano».[4] Gran Maestro Wanchan, con su corazón compasivo, naturalmente recibirá bendiciones infinitas.

—Benefactor Xiaoyao, exagera usted —respondió el Gran Maestro Wanchan.

El segundo grupo en llegar fue la Secta Tianyan.

Su líder era el Venerable Shen Ji. Tenía un rostro sereno y delgado, su figura era esbelta, y su túnica gris ondeaba con un aire de verdadero inmortal.

Sin embargo, lo primero que dijo fue:

—¡El aire viciado del tren verde me ha dejado exhausto![5]

—Venerable, si cobrara más por sus adivinaciones, no tendría que viajar en el tren verde —comentó el Maestro Xiaoyao.

—Es verdad lo que dices. En adelante, cuando lea la fortuna, solo diré cosas buenas, no malas.

Después, el Venerable Shen Ji conversó con el anciano Huo sobre viejos tiempos, criaturas demoníacas y presagios ominosos.

Lin Xun observó discretamente a la gente en el salón principal. Todos charlaban y reían con soltura, muy a gusto, como si estuvieran acostumbrados a aquello

Él también se sentía bien.

Sí, todo estaba bien.

Solo que, con un oído escuchando «benefactor» y «compañero taoísta» y con el otro «retraso de vuelos» y «tren verde», se sentía algo esquizofrénico.

El tercer grupo aún no había cruzado el umbral cuando varias mariposas de colores comenzaron a revolotear en el interior. Luego llegó una fragancia exótica y, junto al tintineo de campanillas, entraron dos mujeres. Aparentaban poco más de treinta años. Una vestía de azul y tenía un porte elegante; la otra, un atuendo púrpura, llevaba adornos de plata en la cabeza y aros de plata en muñecas y tobillos, junto a un maquillaje llamativo y refinado; muy hermosa. Tras ellas venían tres muchachas con trajes rojos de estilo miao, todas de rostro radiante.[6]

Solo que… ¿por qué el rostro de esa dama de las mariposas le resultaba tan familiar?

El Maestro Xiaoyao saludó primero a la mujer de azul:

—Madame Kongque. —Luego se volvió hacia la mujer de púrpura—. Madame Hudie.

El anciano Huo, en voz baja, le explicó a Lin Xun que ellas provenían del Monte Riyue del territorio miao y eran expertas en el arte del gu[7]. Madame Kongque era la señora del feudo y Madame Hudie, su shimei.[8]

Acto seguido, añadió con un resoplido:

—¡Jum! Esa Hudie no es de fiar. En su vida secular es actriz, ¡especializada en roles de amantes y concubinas! Tú eres joven, no dejes que te embauque.

Lin Xun se quedó sin palabras.

Entonces lo recordó. Ella era una popular diva del cine, cuyo nombre artístico incluía el carácter «hudie (mariposa)». Había ganado un premio el año pasado. Sus interpretaciones de concubinas arrogantes eran tan icónicas que se habían convertido en memes virales que circulaban por toda la red.

En eso, Madame Hudie se acercó con un porte majestuoso, arqueando una ceja.

—Vaya, Gran Sabio Qingshan, ¿y ahora qué está diciendo? ¿No será que está hablando mal de esta humilde mujer?

Una oleada de perfume intenso los envolvió; las cejas del Gran Sabio Qingshan se crisparon sin control antes de responder con rigidez:

—Buenos días, madame.

Pero ella ya había perdido interés en él.

—¡Déjenme ver a mi tesoro! —exclamó al tiempo que, con un tintineo de campanillas y sujetando el dobladillo de su falda, se abalanzó hacia Lin Xun. Entonces sus manos perfumadas le sujetaron el rostro mientras sus ojos brillaban de afecto—: Ay, pareces un conejito, un gatito… ¡Cómo derrites el corazón de esta jiejie[9]!

Lin Xun, cuya única interacción cercana con mujeres se limitaba a su propia hermana mayor, se quedó petrificado.

Y eso no fue todo: Madame Hudie se giró hacia su compañera y le dijo:

Jiejie, ¡ven a conocer a nuestro pequeño tesoro!

La elegante y serena Madame Kongque se acercó. Las jóvenes vestidas de rojo que la seguían también se aproximaron entre risas.

—Querido Suancito, entra al mundo del espectáculo con jiejie —dijo Madame Hudie—. Con mi influencia, saltarías directo a cualquier producción. Podrás interpretar lo que quieras.

Lin Xun, incapaz de mover sus extremidades por su cuenta, respondió:

—No sé actuar.

—Ay, vamos —dijo Madame Hudie—. Con que sepas abrir bien los ojos, basta. ¿Qué dices?

El anciano Huo carraspeó con fuerza.

—Hudie, ¡no pongas tus ojos en los discípulo de la Secta Wu Ji!

—¿Qué pasa? —Madame Hudie alargó la voz—. Saco de huesos, aunque quisieras ir, no te miraría.

La situación no pintaba bien: viendo la forma en que interactuaban, comprendió que su maestro no tenía forma de rescatarlo de las garras de Madame Hudie.

La mirada de auxilio de Lin Xun se apartó de su maestro, pasó por encima del perfumado hombro de Madame Hudie y se dirigió a Madame Kongque que estaba detrás.

Madame Kongque era elegante y digna; seguro que no toleraría el comportamiento de su shimei. Sus miradas se encontraron. Ella le sonrió y asintió.

Una voz mecánica y fría resonó:

[Logro obtenido: «Aprobación de Madame Kongque», Poder Espiritual +5.]

 

Lin Xun se quedó sin palabras.


 

Notas:

[1] 太极 (Tàijí): En el taoísmo representa la fuente primordial de la dualidad Yin-Yang, el estado indiferenciado antes de la creación. No es un lugar físico, sino un concepto metafísico.

[2] “Tocar la cítara para una vaca” (对牛弹琴) se refiere a hablar de cosas refinadas con alguien que no puede apreciarlas; arrojar perlas a los cerdos; caviar al general; predicar a oídos sordos.

[3] Benefactor (施主) Término budista usado para referirse respetuosamente a un laico que apoya al monasterio o a los monjes.

[4] Amitābha (弥陀) Buda de la Luz Infinita, central en la escuela de la Tierra Pura del budismo. Se cree que recitar su nombre con devoción puede llevar al renacimiento en su paraíso. La frase “念尽弥陀总是空” sugiere que la práctica espiritual vacía, sin compasión ni acciones concretas, no tiene valor real.

[5] Tren de vagones verdes (绿皮火车) Trenes antiguos de bajo costo en China, conocidos por su lentitud y condiciones incómodas.

[6] Miao (苗族) Minoría étnica en China, conocida por su vestimenta colorida y adornos de plata.

[7] Gǔ (蛊): Técnica tradicional de brujería o veneno espiritual asociada con las etnias del sur de China, especialmente los miao.

[8] La palabra 师妹 (shīmèi) se traduce como “hermana menor” en el contexto de las artes marciales chinas y otras tradiciones de enseñanza. Se refiere a las discípulas más jóvenes o a las colegas femeninas de un maestro (师父, shīfu) que han sido entrenadas por el mismo maestro.

[9] La palabra 姐姐 (jiějiě) en chino significa “hermana mayor.” Se utiliza para referirse a una hermana de mayor edad en un contexto familiar. Además, el término también se usa de manera afectuosa o respetuosa para dirigirse a mujeres mayores en general, incluso si no son familiares. Es común que se use en situaciones sociales para expresar cercanía o respeto hacia mujeres que tienen un rol similar al de una hermana mayor.

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