¿Cómo se supone que debía llamar a esa expresión? No podía describirla con palabras. Debería haberla visto antes para poder nombrarla. Era una mezcla entre lastimosa y triste, pero también era aterradora. Un escalofrío me recorrió la espalda cuando la emoción estalló, sin poder ser reprimida.
¿Cómo se llama eso?
—… ¿Ban?
Dudé antes de llamarlo por su nombre. Solo entonces volvió a su expresión habitual, aunque el impacto de hace un momento seguía presente. Ya un poco tarde, me empezaron a temblar los dedos.
Richt retiró la mano con naturalidad para ocultar el temblor.
—Sí. —Ban respondió dócilmente.
«Cometí un error».
Como fingía ser otra persona, no debía hablarle de manera informal a Ban, que era un caballero.
«En realidad, parece que ya sabe la verdad».
De cualquier modo, debía de tener cuidado. Hice algo estúpido.
—Dijiste que eras un plebeyo.
Como era de esperarse, Abel aprovechó la ocasión para burlarse. Ban lo miró fijamente. Eso fue todo, pero el ambiente comenzó a volverse extrañamente denso.
—[Qué espeluznante]
—[¡Ya lo sé!]
—[¡Es por culpa de ese tipo!]
Los espíritus señalaron a Ban con sus alas y picos.
—Ban. —Richt llamó de nuevo con voz calmada. Entonces Ban se giró lentamente para mirarlo.
—Quiero hablar contigo un momento.
—Sí. —Ban siguió dócilmente a Richt, que se alejaba.
Por el momento, necesitaban ir a un lugar donde no hubiera otras personas. Como no podían salir de la posada, no había muchas opciones.
El lugar más conveniente era la habitación donde se alojaban. Entraron y Richt cerró la puerta, luego les pidió un favor a los espíritus.
—¿Podrían evitar que el sonido se escape?
—[¡Eso es fácil!]
Los espíritus asintieron animadamente.
—[¡Es la primera vez que nos pides algo!]
—[¡Vamos a hacerlo lo mejor posible!]
Entonces, seis de ellos se pegaron a puertas y ventanas. Con unos cuantos aleteos, la habitación se volvió completamente silenciosa. Richt lo comprobó y por fin se volvió hacia Ban.
«Ha perdido mucho peso».
Estaba más delgado que la última vez que lo vio. Tenía ojeras oscuras bajo los ojos, y parecía muy cansado. Debería ser más feliz ahora que era libre, pero, ¿por qué parecía aún más agotado?
No podía entenderlo.
«¿Será que se siente incómodo con la libertad por haber sido esclavo?».
Es posible. Pensando en la vida que había llevado Ban, tal vez Richt fue demasiado cruel con él. Para Ban, ser líder del escuadrón Leviatán lo era todo. Richt se reprochó nuevamente.
«Aunque nunca pensé que lo volvería a encontrar aquí».
No parecía que lo hubiese seguido a propósito. Ban lloró, cuando le dijo que no podía seguirlo. No parecía que hubiera llegado hasta aquí por su cuenta.
«¿Debería hacer que regrese?».
Pensó que tal vez el archiduque Graham lo había reclutado, pero, ¿y qué? Aunque sentía compasión por Ban, en una situación en la que la vida pendía de un hilo, no era fácil preocuparse por él.
«¿Siempre fui así de frío?».
Creía haber sido una persona considerada. Tal vez el comportamiento caótico vino después de entrar en el cuerpo de Richt. Sentía que podía manipular a Ban.
«Primero debía hablar con él. Aunque fuera algo unilateral», reflexiono Richt.
Por su parte, Ban no podía pensar con claridad. Las palabras que había escuchado antes resonaban una y otra vez en su cabeza. Las palabras del archiduque Graham sobre haber besado a su señor. Era incapaz de sacarlas de su mente.
En cuanto lo escuchó, el deseo asesino que siempre había mantenido enterrado comenzó a filtrarse.
«Quiero matarlo».
Quería descuartizar al archiduque Graham con su espada en ese mismo instante. Un sentimiento desconocido lo consumía por dentro. ¿Cómo se llamaba eso? Ban no lo sabía. Si Richt no lo hubiera llamado, tal vez habría empuñado su espada contra el archiduque Graham.
«Qué desagradable».
¿Y si le parecía repugnante? Al fin y al cabo, su oponente era un archiduque, alguien de nacimiento completamente distinto. Debía enfrentarse a la realidad. Lo sabía, pero algo dentro de él no dejaba de crecer. Si seguía así, no podría contenerlo por mucho más tiempo.
Al volverse, vio que Richt se sobresaltaba.
«¿Estoy haciendo una expresión adecuada?». Ban logró cambiar su expresión apenas. Solo entonces Richt pareció aliviado, pero eso solo era en apariencia.
Los ojos con los que el archiduque Graham miraba a Ban eran fríos.
—No intentes hacer tonterías. —Una voz que solo Ban podía oír le llegó.
Era una técnica que solo los caballeros más hábiles podían usar, y al parecer el archiduque Graham era uno de ellos.
«¿Tonterías? ¿No fue él quien hizo tonterías primero?». Ban reprimió una sonrisa burlona sin darse cuenta. Luego siguió dócilmente a Richt y aunque sentía una mirada punzante en su espalda, la ignoró.
La posada, ahora vacía, estaba en silencio. Cada paso que daba hacía crujir el viejo pasillo. En medio de eso, Ban contempló la emoción desconocida que había nacido repentinamente. Al entrar a la habitación con Richt y encontrarse con su rostro, sintió ganas de llorar.
La emoción sin nombre lo atormentaba profundamente.
Quería devorar los labios de Richt, que estaban dentro de su campo de visión. Quería abrazarlo con fuerza y besar cada parte de su cuerpo.
Le resultaba insoportable pensar que Richt besara a alguien más. Quería ser el único en hacerlo. Esa emoción sin nombre lo llenaba por dentro. Sentía que estaba a punto de estallar.
Como alguien nacido y criado como esclavo, Ban lograba soportarlo, pero era doloroso. Sin darse cuenta, dio un paso al frente.
Richt tembló levemente, pero no retrocedió.
«No es de los que huyen».
Si supiera lo que Ban sentía, sería el tipo de persona que lo azotaría hasta desgarrarle la piel por tener pensamientos tan impuros.
«Aunque eso no estaría tan mal».
Desde cierto momento, Richt comenzó a sentir lástima por Ban y le daba recompensas cada vez que le curaba las heridas. Si su espalda se desgarraba otra vez, lo curaría y le daría dulces como una recompensa.
Por eso quería cruzar la línea. Quería que lo azotara de nuevo. Cuando la gran mano de Ban estaba a punto de tocar la mejilla de Richt, un espíritu gritó.
Ban no podía ver a los espíritus, así que no escuchó el grito, pero Richt sí reaccionó.
—[¡Bruto ignorante!]
—[¡Aaah!]
—[¡No te rindas!]
Los espíritus en la ventana empezaron a volver a su forma original.
—[¡Idiota, tonto!]
—[¡Ese humano grande está golpeando la ventana!]
—[¡Piensa en romperla!]
Finalmente, los espíritus huyeron, arrojados por la ventana, al mismo tiempo, la vieja ventana de madera se hizo añicos. Ban extendió la mano que iba a tocar a Richt para protegerlo. Gracias a su rápida reacción, Richt no sufrió ni un rasguño.
—Hola. —Del otro lado de la ventana rota, Abel saludaba con la mano.
—¿Qué está haciendo? —Richt preguntó con una expresión incrédula.
—Estaba cazando un bicho.
—¿Y quién caza bichos así?
La ventana estaba destruida y la pared dejaba pasar el viento. No era usable en ese estado.
—[¡Está loco!]
—[¿Qué le pasa?]
Los espíritus protestaron, pero solo Richt y Loren podían escucharlos.
—¿Por qué hizo eso? —Loren, que estaba junto a Abel, lo miró con una expresión pálida. —¿Por qué destruir la pared de una posada en buen estado?
—Para rescatar a un corderito inocente.
Con esas palabras, Loren miró a Richt, que observaba la pared destruida.
«¿Él era un corderito?».
Aunque su apariencia podría llamarse de esa manera, la hostilidad que emanaba no era poca. Y el que estaba con él era Ban.
No creía que alguien como Ban, un esclavo hasta los huesos, intentara hacerle daño a su antiguo señor. Incluso ahora, parecía estar protegiéndolo para que no resultara herido.
Loren no pudo hacer otra cosa que suspirar. No pasó mucho antes de que el dueño de la posada, con el rostro pálido, saliera corriendo. Ahora le tocaba a Loren encargarse de explicarlo.
—Qué vida la mía —Mientras refunfuñaba y se acercaba, notó que Abel sonreía con una mirada feroz.
«¿A quién le estaba mostrando eso?» Siguiendo su mirada, vio a Ban. ¿No había dicho que lo trajeran? Pero ahora no parecía estar contento.
—Sir Ban es un caballero competente. No mezcle sentimientos personales. —murmuró Loren y Abel sonrió.
—No todos los caballeros competentes son buenos caballeros. —Dijo esas palabras ambiguas.
Richt, que estaba en la ventana, ya había desaparecido, y en su lugar estaba Ban.
Aunque estaba lejos, no pudo evitar sentir un escalofrío.
«¿Ban está enojado?».
Bueno, tiene motivos. Primero lo llamaron con elogios, y ahora le hacían berrinches sin razón. Aunque Ban tuviera el carácter de un santo, era natural que se enojara.
—Iré a calmar al dueño de la posada, así que no haga nada mientras tanto.
—A veces eres bastante valiente.
—¿A veces? Será seguido.
Abel toleraba cierta osadía de sus subordinados mientras no cruzaran la línea. Y Loren, que era competente, tenía un margen más amplio.
—Si ni siquiera puedo decir eso, ¿cómo se supone que trabaje? —Loren murmuró mientras se alejaba.
Afortunadamente, la conversación con el dueño de la posada fue pacífica. Frente a una bolsa de monedas de oro, el hombre se rindió sin resistencia y se volvió una persona dócil.
—¡Ay, pueden destruirlo todo, todo!
Aunque parecía haber nacido una avaricia extraña, era comprensible. Loren, tras terminar todo, volvió a buscar a Abel. Estaba sentado en un banco del patio, limpiando su espada, justo frente a la habitación de Richt.
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