Daivan
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Bernardo: -A decir verdad, comparados con los del GD, estamos en una desventaja terrible, pero… esta batalla es en nuestro propio terreno.
Bernardo: -Tenemos la ventaja en la ubicación, y la gente de aquí todavía favorece al CR5. Si tenemos que luchar una batalla defensiva, entonces podemos durar más de cinco minutos.
Gian: -Nm… si…. Esta carne está deliciosa. Y es ahí, ¿dónde intervienes con tus líneas telefónicas?
Bernardo: -Realmente es una cosa maravillosa el ser compensado por tu propia obra maestra.
Las mejillas de Bernardo se ablandan felizmente mientras se asoma en el plato. También me estoy complaciendo con el rico aroma del tomate esparcido por toda la pasta.
Bernardo: -Desgraciadamente… nosotros no podemos hacerle frente al GD. Por lo cual, no tendremos más opción que retirarnos de Daivan.
Gian: -¿Por qué no dejamos que los del GD, simplemente les den sus manos a los cangrejos para que sientan el dolor?
Gracias a dios que no hay cangrejos ni langostas en la comida…. Limpio rápidamente el plato de pasta en un segundo y ahora estoy mordiendo el pan con salsa.
Bernardo: -¿Todavía quieres comer? Entonces ¿te pido algo más?
Gian: -No, está bien con esto. Sin embargo, tú sí que no comes mucho.
Todavía queda la mitad de la pasta en el plato de Bernardo. Aprovecho para tener mi tenedor en su comida y la tomo para mí.
Bernardo: -Hahaha, yo siempre he sido así.
Gian: -¿Y aun así creciste mucho? No es justo.
¿Cómo decirlo? El tener el estómago lleno trae la verdadera felicidad.
Pero… aunque eso sea cierto, en la parte inferior de dicho estómago, hay una mala sensación de tener algo pesado allí como si me hubiera tragado una roca.
¿Es la ansiedad?
Gian: -Me pregunto si podremos ganar.
Bernardo toma un resoplo y responde.
Bernardo: -Ganaremos… ya que esto es la guerra. Si perdemos la guerra, perderíamos todo. No solo nuestras vidas, realmente perderíamos todo.
Gian:- ¿Quieres decir que hay algo más importante que la vida?
La pregunta que hago suena algo casual. Bernardo me mira desde detrás de sus lentes… y luego sonríe.
Bernardo: -Fuuu.
Bernardo deja de lado su taza de café y me dice…
Bernardo: -El que estés a mi lado, yo…. bueno…. Este…. Es más relajante. Puedo hacer más rápido mi trabajo.
Gian: -¿Será así? Será que a lo mejor estoy expulsando feromonas que se emitan para relajarte.
Bernardo: -Es eso, así es.
Gian: -¿Enserio?
Bernardo: -El aura del jefe Alessandro hacia lo mismo…. Fufu, vaya viejo tan matón.
Gian: -Ehh…. Yo preferiría tener esencia de seductor.
Nos reímos manteniendo nuestras voces bajas y…. como si fuera una señal de algún tipo, Bernardo se levanta de su asiento.
Bernardo: -Regresaré al trabajo. Gian, si planeas salir, avísame.
Gian: -Ya lo sé.
También me levanto de mi asiento, y cruzo el piso con Bernardo
Bernardo se dirige hacia el elevador…. Meneo mis manos para despedirme de Bernardo y me quedo en la planta sin saber qué hacer.
Bueno….
OPCIONES:
Elegir la primera opción
Bueno. No hay más trabajo telefónico que se me haya encomendado hoy. Probablemente Bernardo va a permanecer encerrado en ese cuarto todo el día.
Los otros chicos probablemente estén en sus trabajos en la ciudad.
En la cárcel, el que se me haya encomendado preparar una fuga para todos, eso fue porque era algo que solo yo podía hacer, pero… aquí en la ciudad, ¿Qué puedo hacer?
¿La guerra? Si se trata de pelear normalmente con puños, tengo algo de confianza en eso, incluso contra los profesionales, pero no soy muy bueno cuando me superan en número.
¿El negocio? Para mí eso es otro mundo.
Si hablamos de lo que he hecho desde que entré a la familia, solo he estado siendo llevado a todas partes cargando las bolsas de los ancianos, y también estarles sirviendo de comer cumpliendo sus órdenes…. Vaya trabajo de niño.
¡El abrir cerraduras y planear fugas es mi especialidad! Aunque es un poco….
Eso me hace parecer como si fuera solo un delincuente.
Gian: -Esto es malo…. ¿en verdad podré convertirme en el jefe?
Que mal, mi estado de ánimo acaba de ir en picado hacia abajo.
Tomo asiento en uno de los sofás más cercano y me hundo en los cojines.
Me hundo….
Botón: -Señor Carlo. ¿Señor Giancarlo? ¿Se encuentra aquí el señor Giancarlo?
Me parece oír a un tipo llamándome por mi nombre… ahhh ya cállate. Quiero volver a dormir.
Gian: -¡…..! ¡¿Whaa?! Ah, soy yo.
Me doy cuenta que me quedé dormido. El botón había estado llamándome así que le respondo.
Botón: -Tiene una llamada, señor Giancarlo.
Ah, sí, sí. Una llamada para mí, significa…. Me apresuro a ir al rincón donde está la recepción y acepto el teléfono.
Gian: -Si, aquí al habla, “Spade”.
Bernardo: -No vayas a estar de soplón conmigo más tarde…. Gracias a dios que todavía sigues aquí, Gian.
La voz que escucho desde el otro lado del auricular suena aliviada…. Pero también se escuchó necesitada de ayuda.
Bernardo: -Me encantaría ir a bajo a verte, pero no me será posible, ya que estaré por un largo tiempo sin poder moverme de aquí.
Gian: -No me importa. Por el contrario, de seguro después de 100 años todos estaremos conectados mediante líneas telefónicas por lo cual ya no será necesario movernos ninguna pulgada de todos modos.
Bernardo: -Eso sería un sueño maravilloso. Gian, lo siento, pero…. quiero que me hagas un pequeño favor. Es algo que solo tú puedes hacer.
Gian: -¿Es algún recado problemático?
Bernardo: -Así es…. Es un poco molesto. Ahora mismo te prepararé un auto con guardias. ¿Podrías ir a la casa de juntas de comercio e industria del puerto de Daivan?
¿Puerto de Daivan? No tardaré ni 30 minutos en llegar. Pero, ¿la casa de juntas? Entonces es algún trabajo importante que necesita hacer la mafia….
Bernardo: -Ve hacia atrás de la casa de juntas de comercio, hay otro edificio de cuatro pisos. El edificio contiene una sinagoga judía, la vas a ver cuando llegues. Hay algo que quiero que recojas allí.
Gian: -Asunto con una diáspora ¿eh? Más bien… ¿Está bien que vaya alguien como yo?
Bernardo: -Para poder recoger la mercancía… el hombre dijo que no estaría dispuesto a entregarla a los subordinados. Exigió que el jefe fuera por ella.
Gian: -¿Quiere molestarnos? De hecho, el jefe está desaparecido, ¿no crees que ese bastardo está enterado de eso?
Bernardo: -No lo sé.
Después de pensar un momento, la voz de Bernardo vuelve.
Bernardo: -En este momento, el único capitán libre eres tú. Ya le he hablado de ti, diciéndole que eres un joven prometedor incluso comparándote con los otros capitanes.
Gian: -Sí que eres bueno usando las palabras….
Bernardo: -Los detalles se los he explicado a mis subordinados para que se encarguen, por lo que lo único que tienes que hacer Gian, es ir a hablar con él. Eso es todo, te lo encargo.
Gian: -Entendido. ¿Trataré con judíos? ¿Algún representante?
Bernardo: -Eres de gran ayuda. Se trata de un anciano llamado Benjamín. Es el encargado de la sinagoga en el centro comercial judío.
Gian:- ¿Te puedo preguntar? ¿Esa mercancía…?
Bernardo: -Es efectivo…. Por supuesto, que es tan sucio como el pañuelo de un erizo. Por algunas circunstancias atenuantes, vamos a tomar cuidado de él
Gian: -Waoh… Entendido, si pasa algo te llamaré.
Bernardo: -Perdón por molestarte con este tipo de cosas. Enviaré a mis subordinados de inmediato.
Tomo un cigarro de la recepción… Bernardo sí que es genial.
Gian: -No creo que esto vaya a ser fácil….
Voy a tratar con el gran jefe de los judíos, eh…. No sé nada acerca de estas personas tranquilas, más que las personas punks que traté cuando era un mocoso.
Los subordinados de Bernardo me ven y llegan a mí. La tensión que tienen me dice mucho acerca de que este encargo no es para nada pequeño.
El auto cruza hacia el este de la ciudad, corriendo por la calle que va directamente al puerto de Daivan.
Gian: -¿Qué ocurre? Desde hace rato que están actuando raro.
Subordinado de Bernardo B: -No, nada.
Gian: -Se supone que ya se realizó la limpieza de la base del GD en el puerto de Daivan. No creen que no era necesario venir con tantos ¿no?
Ante mis palabras, el guardia sentado con su escopeta pone una expresión dudosa dándose la vuelta antes de decir…
Subordinado de Bernardo A: -La persona a la cual veremos es… bueno ya sabe.
Gian: -Claro, me dijeron que estaba con el rabino de la sinagoga y que solo tenía que ir a recoger el efectivo que el monje calvo del templo me daría. ¿Hay algo que te moleste?
Subordinado de Bernardo A: -El grupo de judíos de Daivan son… difíciles de tratar. Ellos no tienen una estructura de banda, como nuestra familia, pero…. tienen territorios en esta ciudad.
Gian: -¿Son ricos esos tipos?
Subordinado de Bernardo A: -También está eso, pero esos tipos, he escuchado que tienen fuertes lazos con la mafia de Chicago y con las cinco familias de Nueva York, que son mucho más influyentes que nosotros.
Gian: -Ahora que lo dices, he oído que tienen un buen número de capitanes judíos.
Subordinado de Bernardo A: -Es por eso que tienen una fuerte influencia en Daivan. El comandante también dijo que deberías de evitar una discusión con los judíos o esta guerra se pondría peor.
Gian: -¿Es así?
El guardia guapo asiente en silencio, con una cara como si se hubiera tragado un cubito de hielo.
Subordinado de Bernardo B: -Ya hemos llegado al puerto.
En algún momento el cielo se ha puesto rojo.
A medida que nos acercamos a nuestro destino, la vista del sol manchando las nubes del cielo se va extendiendo ante nuestros ojos. Veo directamente a través del paisaje las sombras de las enormes grúas.
De inmediato encuentro el edificio del Comercio e industria y justo detrás de este se encuentran los comercios judíos… Yo también soy un conocedor de Daivan, pero…
Esta es la primera vez que he entrado tan profundo en este distrito. Estamos rodeados por una multitud de comerciantes judíos, vistiendo con ropa de color negro, sombreros negros y su cabello también es negro.
Cuando era un punk en las calles, recuerdo que evitaba este lugar cada vez que pasaba por el puerto. Eso debió haber sido el olfato del perro de la suerte advirtiéndome.
Gian: -¿Eh?
En frente del edificio, veo un camión familiar estacionado a horcajadas sobre la cerca. Alrededor de la cerca hay sedanes Chevrolet que también son conocidos.
Rodeando los sedanes hay hombres que no se ven que sean respetables, obviamente son judíos… Nuestros subordinados se acercan trotando.
Subordinado de Luchino A: -¡Señor Giancarlo! Lo estábamos esperando, recibimos una llamada de Don Ortolani.
Con que estos son los chicos que Bernardo dijo que estarían estacionados en espera aquí. Pero… ¿Por qué el camión?
Gian: -Buen trabajo. No será que, ¿todo está preparado para comenzar la batalla?
Subordinado de Luchino A: -No, ese camión es solo apariencia. Aunque hay 10 hombres a bordo .
Subordinado de Luchino B: -Nos ha salvado. Aquel bastardo, se niega rotundamente a entregarnos el dinero. A pesar de que tenemos que transportarlo hoy…
Gian: -Trataré de hablar con él. Si no funciona… llamaré a Bernardo.
Dejo de lado a los subordinados que están de guardias y les indico con un movimiento de cabeza el edificio con una gran guardia.
Hay un olor en el ambiente. ¿Algún tipo de especias o algo?
Pensé que tal vez tendríamos que haber ido a una sinagoga como una iglesia o un templo. Pero me equivoqué. Caminamos por un edificio completamente normal.
¿Cómo decirlo? Esta habitación tiene un aire como a un edificio sombrío.
Dentro de la habitación, se encuentran algunos comerciantes judíos, completamente idénticos en apariencia a los que vi afuera. Detrás de ellos y estando detrás de un escritorio con nada más que una pluma se encuentra un hombre.
Benjamín: -¿Qué pasa ahora?
Suena una voz ronca parecida a la de un disco rayado.
Es un hombre mayor vestido de negro y también con sombrero negro…su barbilla parece como un jardín de pimienta blanca. Su cuerpo es robusto en forma de barril con una cara imperiosa, con autoridad.
Si le das una corona y una espada, encajaría perfectamente con el aura que tienen los reyes. Sus ojos grises tras sus gafas se centran en mí, mirándome de arriba y hacia abajo.
Gian: -Soy capitán del CR5, Giancarlo. Creo que ya se lo han comunicado. Soy el representante de nuestra familia.
Me trago mi irritación y le dije eso en inglés.
Benjamín: -Lo escuche del señor Ortolani. Con que eres Giancarlo… Si no me equivoco, eres el preferido del Salto.
Gian: -…….
Sentí un poco de molestia por el tono del viejo… Probablemente lo hizo a propósito.
Gian: -Fue el líder de los capitanes, Ortolani que me envió. ¿Qué te parece si vamos a nuestro tema principal?
Los ojos del viejo tramposo se mueven.
Benjamín: -Es una gran cantidad de dinero ¿sabes? No es una cantidad en la cual unos mocosos deban de manejar. Además, originalmente… kugh… kough….
El hombre es interrumpido por la tos ahogándose con un sonido desagradable, claramente parece sufrir de algún tipo de enfermedad pulmonar. Cuando la tos se calma…
Benjamín: -Nosotros tenemos una relación con la Cosa Nostra.
No la tienen con el CR5 pero sí con toda la demás mafia ¿eh? Así que está diciendo que somos iguales… no, más bien ¿Qué está por encima de nosotros?
Benjamín: -Originalmente… quien debería haber venido aquí para tratar los procedimientos adecuados es el jefe de la familia Toscanini ¿me equivoco?
Efectivamente, es un hombre difícil de tratar.
Gian: -El jefe… el jefe del Salto no puede venir ahora mismo. Es por eso que he venido yo en su lugar.
Gian: -¿Estas inseguro en tratar con un joven? No, ¿lo estás? Alguien como tú, ¿Qué dice ser responsable de los judíos en Daivan?
Mientras pienso si me habré equivocado… mi instinto me dice que no llegaríamos a nada a este ritmo.
¿Debería de hacerlo?
Benjamín: -Veo que me has subestimado. ¿Creen que por decir algo así me convencerían?
Antes de que el viejo tramposo pueda terminar de hablar, doy unos pasos silenciosos hacia adelante. Una ráfaga de hombres vestidos de negro se mueve hacia adelante, poniendo sus manos por debajo de sus trajes.
Me detengo, justo enfrente del escritorio y abro mi chaqueta de par en par con las dos manos… confrontándolos. Les muestro lo que hay debajo de mi chaqueta la cual no muestra ninguna pistola.
Benjamín: -Hnm… ¿Tú…?
Desde el inicio, un sudor frío me recorrió al recordar que no venía preparado con armas, pero… ahora este error por descuido me ha hecho bien.
Gian: -Aunque sea un simple jovencito, como capitán, he venido desarmado. De todas maneras, sin importar qué rumbo tome esta conversación, terminaré fuera. Después de todo, el cangrejo de río no tiene ningún apetito por las pistolas.
Benjamín: -Mnm….
Gian: -Me disculpo por que el jefe no haya podido venir. Pero… trata de entender que no haría nada por dañar a la mafia.
El silencio se prolonga…. En realidad, el silencio termina más rápido de lo que pensaba.
Benjamín: -Fum… el tratar con jóvenes seguido me hace sentir más cansado de lo habitual… espera ahí. Ordenaré que lo traigan a esta habitación.
¿Funciono?
El anciano tramposo dice algunas palabras en un idioma que no conozco a los hombres de traje negros que están aún de pie en el borde cercano. Los hombres caminan deslizándose lejos como si fueran sombras silenciosas.
Y, desde una habitación diferente, traen varias bolsas grandes, del tamaño como si fueras a vacacionar. Una… dos… tres… hay ocho de estas bolsas de aspecto pesado que colocan en el centro de la habitación
¡¿Este es el dinero en efecto que Bernardo me dijo?!
Sintiendo un poco de escalofrió, enfrente de mi, uno de los hombres de traje negro abre una de las bolsas para que pueda ver su contenido. En el interior… hay bloques de billetes envueltos en plástico
Gian: -Recién salidos, eh…???
Cierro mi boca que había abierto. ¿Eh? Esto… ¿No son dólares?
Subordinado de Luchino A: -Son francos. Francos franceses.
Uno de los guardias detrás de mí me susurra a mis espaldas. Creo que es la primera vez que veo dinero francés. Hay unos 500 bloques, por lo que serán… ¿500 francos?
No, hay otros números en las facturas también. Los francos se ven muy usados y viejos, probablemente fueron enrollados en paquetes antes de ser metidos aquí.
¿Cuánto son 500 francos en dólares? No tengo ni idea.
Benjamín: -Nosotros hemos comprobado el contenido. Todos los francos son reales y auténticos. ¿Así que? ¿Quieren comprobarlos por sí mismos?
Gian: -No. Si los comerciantes con el puño de hierro más duro del mundo dicen que es así, entonces no debería de haber algún problema. Es imposible que ustedes contaran mal.
Entonces, uno de los hombres de traje negro anota algo que parece ser un libro de cuentas y me lo muestra. Mierda, no tengo idea de qué significa esto.
Un sudor frío comienza nuevamente a recorrer mi espalda y uno de los guardias detrás de mí acepta el libro en mi lugar.
Subordinado de Luchino B: -Efectivamente, todo está en orden.
Gian: -Gracias. Entonces con esto, el CR5 lo acepta sin problemas. ¿Con esto está bien, no?
El viejo tramposo mueve la cabeza de arriba hacia abajo un poco. Y, en este intervalo, tose de nuevo después de…
Benjamín: -Ahora está en su posesión. Informe a su jefe… del Salto, que después de haber tratado con los démonos jóvenes, he perdido el apetito de beber.
Diciendo esto… abre un cajón y empieza a guardar algunos documentos.
Jefe, de seguro que es muy popular.
Gian: -Vayámonos. Hay que informar a los demás.
El papel, o más bien, las facturas, son más pesadas de lo que me había imaginado. Les dejo las bolsas a los guardias para que tiren de ellas.
Fui hacia el bar recientemente abierto con los subordinados permaneciendo dentro y fuera.
Hay líneas telefónicas tanto dentro del establecimiento, así como colgadas meticulosamente fuera, ¿serán las operaciones de comunicaciones de Bernardo?
Dentro del establecimiento no hay meseros ni mujeres….
Bernardo: -Entonces, ¿pudiste recibir el efectivo sin problemas?
Le había dado un pequeño informe por teléfono a Bernardo.
La carga que había aceptado, dejé que los subordinados se hicieran cargo de ella siendo colocadas en orden en el piso del establecimiento.
Se escucha de aquí y allá el sonido de los subordinados al estar cargando las bolsas de efectivo con las facturas, hablando entre ellos sobre la poca luz que hay en el lugar.
Gian: -Claro. El viejo tramposo que se veía como el pivote central de una banda, se resistió un poco, pero al final accedió a entregarme la mercancía, con un gran camión y un libro de cuentas.
Bernardo: Si, eso escuche. Ya veo…. Te fue bien
Gian: -¿Realmente era un trato tan complicado?
Bernardo: -Yo no diría que era un trato…. Pero, era de esperarse del perro de la suerte. Desde que la conversación se había complicado, nuestras discusiones se convirtieron en algo problemático.
Gian: -Pero…. al escuchar tu voz de esta manera, me da la sensación que este trato todavía no se ha terminado… ¿me equivoco?
Bernardo: -Pues algo así. Continuaremos hablando cuando regreses. Deja el resto a los subordinados y regresa al hotel.
Gian: -Como que uno se harta de comer lo mismo en el hotel ¿no? Pasaré a comprar algo.
Gian: -Fuuu.
Cuelgo el auricular y recupero mis cinco centavos restantes.
Al conseguir una pequeña botella de mini cola, me inclino para contar nuevamente los billetes en las facturas, todos los subordinados vienen hacia mi.
Subordinado de Luchino B: -Hemos terminado de comprobar. Las cuentas están libres de restos de documentos o facturas falsas. También hemos terminado de calcular la suma agregada.
Gian: -Buen trabajo. Veamos…
El hombre me entrega el tablero en donde están escritas las cantidades numéricas. Hn… hay un montón de ceros… más ceros…. ¿hnm? Eso es un cinco… seis… ¿eh? ¿eh?
Subordinado de Luchino B: -Hay aproximadamente 12 mil billones de francos.
Gian:- ¡¿?! ¿Billones?
Subordinado de Luchino B: -Si, coincide con el valor citado. Ahora vamos a proceder de inmediato a enviarlo al aeropuerto para que sea enviado a Nueva York.
Subordinado de Bernardo A: -Por favor, deje el resto a nosotros. Usted llévese este libro mayor y entrégueselo a Don Ortolani.
Gian: -Muy bien. Pero, sí que es sorprendente…. ¿Con qué billones? ¿Está pensando en comprar a los Yankees o algo así?
Subordinado de Bernardo A: -No sabemos nada sobre eso. El comandante solo nos dijo que esperara allí.
Algo huele extraño, o más bien, todo parece extraño. Además… ¿Para qué se necesitarán 12 mil billones de francos en dólares? Supongo que tenemos que cambiarlo ¿verdad? Si lo convertimos….
Más bien, ¿Por qué se están usando cuentas francesas en la costa este de Estados Unidos, en un bar clandestino en Daivan?
¿Quién carajos es ese pacifico rey judío?
Subordinado de Bernardo B: -Bueno, señor Giancarlo… lo llevaré de regreso al hotel.
Gian: -Eh, claro.
Ya veo. Los guardias van a llenar ese camión de puro efectivo… hay algunos sedanes, pero también son para los guardias.
Gian: -Ehm… viendo el camión que se usará para llevar todo el efectivo al aeropuerto, ¿creen que puedan llegar seguros sin guardias adicionales?
Subordinado de Bernardo B: -A nosotros, se nos ha ordenado protegerlo.
Ya veo. Son los guardias que me acompañaron desde el inicio. Pero…
No me siento bien dejar que el efectivo sea transportado con un menor número de subordinados solo porque los guardias tengan que protegerme. Todavía hay tipos del GD merodeando en la ciudad…
¿Qué hago?
OPCIONES:
Elegir la primera opción
No puedo hacer una puesta aquí debido al peligro que existe.
Gian: -Perdón, entonces les encargo que manejen.
Subordinado de Bernardo B: -Si, por aquí.
Dejo el bar junto con el chofer y guardias en traje de negro que habían estado conmigo durante todo el día. En algún momento, el sol se ocultó.
Y, al igual que las flores artificiales, luces de neón y luces de lámparas adornan cada esquina. No tuve ningún problema.
Llegamos a la cuadra del hotel. En el camino, junto con los guardias, bajé del auto para ir en búsqueda de tiendas que todavía estuvieran abiertas para comprar la cena.
Con una bolsa de plástico llena de hamburguesas y hot dogs con chile entre otras cosas que había comprado, y también con el maletín que contiene el libro de contabilidad, regresé al hotel.
Bernardo: -Bienvenido, mi héroe.
Como que… Bernardo se ve muy cansado.
Gian: -Llegué. ¿Estás bien? ¿Has descansado?
Bernardo: -Bueno, hoy en la tarde estuvo algo tormentoso, pero gracias a que Gian estuvo conmigo todo está bien.
Gian: -Haha… hablemos mientras comemos. Probablemente no has comido nada desde el almuerzo ¿verdad?
Puse sobre el escritorio donde están los teléfonos las bolsas de plásticos manchadas de aceite y salsa dejando escapar un sonido de golpe seco.
Bernardo: -Gracias. Esta noche tengo tantas ganas de comer hasta llenarme.
Gian: -He traído varias cosas que engordaran. Traje un hog dog de chile, una hamburguesa doble y también pollo. Y de beber, tenemos una cola y cerveza ¿Cuál quieres?
Bernardo: -Me quedo con la cerveza. ¿Cuántos años han pasado desde que comí hamburguesa?
Tomamos nuestras bebidas que son la cerveza y el refresco de cola sentándonos antes de tomar de ellas.
Bernardo: -Bueno….
Después de haber comido el hot dog de chile dejándolo a la mitad, Bernardo abre el maletín que contiene el libro de cuentas
Gian: -¿Hay algún problema?
Bernardo: -Al menos no en este libro de cuentas.
Con sus ojos centrados en el libro de cuentas mientras termina de comer, Bernardo se apresura en tomar una pluma y comienza a escribir en un bloc de notas.
Gian: -Por cierto, aquel viejo barbudo quería encontrarse con el jefe Alessandro. ¿Se conocen de algún lugar ellos dos?
Bernardo: -Hnm … .algo por el estilo. Gian, el anciano con barba que te entregó el dinero es el señor Benjamín.
Bernardo: -Es el encargado del área judía en Daivan, o más bien, en todo el estado, especialmente se encarga de los inmigrantes ilegales. El jefe de Chicago e incluso la Comisión están manteniendo un ojo sobre él.
Gian: -Con que un gran jefe ¿eh? ¿Es por eso que dijiste que es problemático tratar con él debido a que si iniciáramos una pelea con ese viejo tramposo, las otras mafias lo apoyarían, verdad?
Bernardo: -Si. Él tiene relaciones en Nueva York, Chicago, Detroit y también contactos con las familias gordas de Canadá. Es lógico que tengan suficiente apoyo para aplastarnos.
Gian: -Fum…. ¡Hey, espera! ¡Aquel viejo!… Entonces eso quiere decir que ese abuelo… ¡es más peligroso que el GD! Hey, dime ese tipo de cosas desde antes.
Antes de que me diera cuenta, Bernardo destella su sonrisa habitual. Veo que su fatiga se ha ido una vez que su estómago ha quedado lleno.
Bernardo: -Perdón. Incluso si hubiera ido yo allí, no hubiera conseguido nada, por lo cual decidí apostar por el perro de la suerte.
Gian: -¿Quieres decir que hemos logrado girar en la siguiente curva bien? Pero, no me culpes en lo que llegue a pasar después.
Bernardo: -Claro, me encargaré de lo que sigue. Debido a que cierta persona que confía demasiado en la suerte podría alcanzarme, así que me esforzaré para que no se adelante.
Gian: -Bueno, si te dan ganas de volver a apostar, puedes llamarme. Estaría bien que volviera a hacer un trabajo que le concierne al viejo.
A medida que rio tomo mí bebida y desordenadamente desmenuzo el pollo restante con los dedos para terminar de comer.
Bernardo:- Aquel rey de los judíos….
Gian:- ¿Eh?
Bernardo: -Como lo habías pensado, el señor Benjamín y el jefe son viejos conocidos. Originalmente, el jefe debió haber ido… pero debido a que no fue como se planeó, el señor estaba de mal humor.
Gian: -No me digas que…. ¿se ha dado cuenta de la ausencia del jefe?
Bernardo: -No, no creo que sea eso.
Bernardo: -Probablemente, el señor Benjamín tenía ganas de verlo. Y también… ver al niño el cual el jefe Alessandro ha elegido como sucesor para ser el segundo jefe.
Gian: -Me pregunta si es así. Como que sentí que piensa mal de mí. Bueno, siempre y cuando la misión haya finalizado sin ningún problema, no me importa realmente.
Al limpiar los restos de envoltura y botellas vacías de la mesa, los teléfonos comienzan a sonar para Bernardo.
No será que…. Bernardo ¿piensa en quedarse toda la noche trabajando?
Gian: -¿Hay algo en que pueda ayudarte?
Bernardo: -No, está bien, gracias. Me quedaré a dormir aquí por un tiempo. Estoy preocupado por la mercancía de hoy.
Gian: -Ah, ¿los francos de hace rato? ¿Verdad? Entonces iré a traer alguna manta que puedas usar más tarde.
Bernardo: -Perdón por siempre darte problemas… Hasta que escuche que el dinero ha llegado a nuestra bóveda, me quedaré aquí
Gian: -Por dios… no recuerdo ninguna vez que hayas estado tan paranoico. ¿Qué tan importante es ese dinero?
Bernardo me mira…. Pero, inmediatamente aparta su mirada y sonríe.
Bernardo: -Creo que estaría bien hablarte de esto a ti Gian. No, más bien, sería mejor que estuvieras enterado. Después de todo es referente al CR5.
Gian: -¿No era una cantidad exagerada de dinero? O más bien, no entiendo por qué el dinero que recibimos del rey de los judíos era efectivo francés en primer lugar, no entiendo nada.
Bernardo: -Originalmente fue un acuerdo secreto que realizó el jefe Alessandro. Explicando que nos gustaría ser el intermediario entre Chicago y Detroit en la Cosa Nostra con los judíos inmigrantes.
Gian: -Ya veo. ¿Y? ¿Qué tiene que ver los francos en Estados Unidos?
Bernardo: -Son los enormes honorarios por el servicio. Cada año, cada mes, cada día, hay una enorme afluencia de inmigrantes de Europa en Estados Unidos a través del puerto de Daivan.
Bernardo: -Entre ellos se encuentras muchos judíos perseguidos. Y Benjamín, es el gran jefe que maneja a los inmigrantes ilegales.
Bernardo: -No solo son los judíos. También están exiliados rusos, polacos, los refugiados cerca de Balkan, alemanes, franceses y muchos otros…. Todos con el propósito de llegar a Estados Unidos.
Bernardo: -Benjamín paga una cuota alta, o, alternativamente, se les presta un alto interés, para que trate a los inmigrantes en el país y les proporcione apoyo. Ese es su negocio.
Gian: -¿Me pregunto si Estados Unidos es un gran lugar? Es decir, en la ciudad, la línea de desempleo está decaída más que en el ejército de salvación con sus familias, y en la noche, la calle está llena de borrachos y prostitutas.
Bernardo: -Vaya que lo entiendes bien. ¿ves? ¿No es este país mucho mejor que el de ellos?
Reflexiono sobre esto mientras mastico mi chicle antes de que finalmente me dé cuenta.
Gian: -Eso es cruel.
Bernardo: -Cuanto mayor sea el número de inmigrantes ilegales traídos por el rey barbudo, los envían desde los puertos de Marsella y Le Havre. Es por eso que hay tanto efectivo en francos.
Bernardo dice esto suspirando con una pizca de autocompasión.
Gian: -Entonces, ese dinero ayuda a los inmigrantes ilegales ¿eh?… ¿Y el que recibe el dinero es el capitán de Chicago? ¿Lo recibe a cambio de tomar a los inmigrantes ilegales?
Bernardo: -Correcto, te daré un caramelo.
Y fiel a su palabra, Bernardo mete su mano en un cajón de su escritorio y saca un caramelo. Es una piruleta de algún tipo de envase flagrante. Quita el papel y me lo pone en mi boca.
Bernardo: -Si Benjamín mueve directamente el efectivo a Chicago, atraería la atención. Es por eso que usa un intermediario. A eso se refiere con un acuerdo secreto.
Gian: -Hmm. Pero, los francos se irán a Nueva York ¿no? ¿Los enviaras a través de Chicago usando una transferencia bancaria o algo así?
Bernardo: -Qué lástima, has fallado. Te confisco el caramelo.
Bernardo se apodera del palo de la piruleta arrancándomela de la boca y luego la mete en su propia boca. Este bastardo….
Gian: -Si quieres entonces deberías de tomar una nueva.
Bernardo responde con una sonrisa en silencio antes de hablar mientras el palo de la piruleta se mueve de arriba hacia abajo todo el tiempo.
Bernardo: -Ahí es donde las cosas empiezan a ponerse feas… La mafia de Chicago ha comenzado a fanfarronear, diciendo que el pago tiene que ser en dólares americanos.
Entiendo muy bien por qué Bernardo no usa el Cosa Nostra, sino que simplemente habla con la mafia al tratar con los de Chicago.
Gian: -Hnm… el que se cambien los francos a dólares…
Bernardo: -Si habláramos de una cantidad mínima, podríamos intercambiar el dinero en cualquier banco de Daivan. Pero si tuviéramos que tratar con la cantidad de dinero que estamos manejando, el departamento de finanzas sería una segunda opción. Solo hay dos lugares en el mundo en donde se pueden intercambiar y transferir una cantidad tan grande.
Bernardo: -En Londres y en la isla de Manhattan en Wall Street. Es decir, el cambio se efectuará en Nueva York, y desde ahí, el dinero será enviado a las agencias que mencioné antes.
En ese momento el teléfono comienza a sonar.
Bernardo: -Soy yo. No hay problema, informa. Entiendo, claro, buen trabajo.
Con un profundo suspiro pesado, Bernardo deja caer su trasero sobre el escritorio como si las cuerdas que lo sujetaban hubieran sido cortadas con tijeras. Me mira sonriendo con una expresión cansada con sus hombros caídos.
Gian: -¿Fue bien?
Bernardo: -Claro. Se acaba de comprobar que el dinero fue intercambiado en el banco de Manhattan. En cuanto a lo que sigue… supongo que lo único que podemos hacer ahora es esperar a que la divisa se ponga en marcha mañana por la mañana, supongo…
Gian: -Ya veo. Y para eso tuvimos que hacer el cambio de moneda a dólares. Maldito viejo barbudo, si al menos nos hubiera dado el dinero en dólares en primer lugar, no hubiéramos tenido que pasar por todo este problema.
Bernardo: -¿Quién sabe cómo hubieran sido las cosas si el hombre fuera tan benévolo? Han estado pagando en moneda francesa inestables desde el mismo momento en que se decidió que íbamos a retransmitir las mercancías.
Gian:- ¿Inestables?
Bernardo: -No solo la tasa entre dólares y francos han estado inestables, también las monedas en todo el mundo han estado disminuyendo su valor, como las libras, marcos, florín, rublos, pesos y yenes. Todo el mundo ha estado en un flujo apretado constante.
Bernardo: -En general, si el país y su economía se hacen más fuertes, su moneda también se fortalecerá. Por lo cual, su valor de cambio será más fuerte. Por ejemplo, si la economía de Estados Unidos mejora, el valor del dólar también podría subir.
Bernardo: -Si eso sucediera, entonces el valor del dólar sería más alto que el franco. Si el dólar vale más, entonces sería posible importar productos baratos.
Gian: -Ehm… entonces si el franco estuviera barato, significaría… que si hubiera pagado 10 francos por una mujer que vale un dólar, entonces… ¿tendría que pagar 20 francos si el dólar subiera?
Gian: -Si fuera un caballero francés creo que no lo haría.
Bernardo: -En pocas palabras, eso sería correcto. En esa situación, significaría que un caballero norteamericano sería capaz de comprar a dos señoritas en Francia.
Mi cerebro se acelera al pensar sobre la tasa de cambio en el periódico que Bernardo me mostró… Oh, mierda, no tengo idea de cómo leerlo….
Bernardo: -Hoy, en el mercado de Nueva York, se estableció que el valor de cambio entre dólares y francos seria que un dólar valdría 110 francos… los francos disminuyeron en tres esta mañana.
Gian: -Geh. ¿En verdad que se ve la gran diferencia a un solo dígito?
Bernardo dejó escapar un suspiro cuando dijo “tres” francos, suspirando más pesadamente. ¿Eh? Eso significa…
Gian: Puede ser que…. ese viejo barbudo, sabiendo que el valor de la moneda bajaría de esa manera, ¿hizo que manejáramos esa tal cantidad de efectivo?
Bernardo: -Es difícil de decirlo, pero ese es el caso. Cuando establecimos el acuerdo, el valor era un dólar a 99 francos. Benjamín aún no nos paga según la tasa de cambio de ese entonces….
Bernardo: -Por supuesto, que si el dinero que nos entregaron no llega a la cantidad requerida, tendríamos que terminar por pagar el resto de nuestros propios bolsillos.
Gian: -No me digas que… tomar el valor de 110 francos…. No es un gran éxito para nosotros ¿verdad? ¿Es como si ese viejo barbudo nos estuviera haciendo fraude por el cambio de moneda?
Con el caramelo aún en su boca, Bernardo entierra sus manos y deja escapar un largo suspiro.
Bernardo: -Este fue un acuerdo que al jefe le costó tiempo y mucho esfuerzo lograr obtener, pero pensar que se convertiría en una mala inversión de fondos.
Gian: -Duele que el jefe no esté.
Bernardo: -He estado monitoreando el tipo de cambio para tratar de minimizar el daño tanto como sea posible, pero… para ser honesto, es bastante pequeño. Es un mercado tan minucioso, que garantiza que es una pérdida para nosotros.
Gian: -Una pérdida…. Creo que sería mejor para mi salud si no escucho más de esto ¿verdad?
Bernardo: -Quien sabe…. Tal vez podrías desarrollar una úlcera junto conmigo…. Porque el precio para compensar la diferencia por el cambio en el cierre de hoy será de unos dos millones.
Dos millones…. ¿Qué podría comprar con esa cantidad? Esto va mal, de alguna manera me he deprimido.
Al mirar hacia abajo, un teléfono cerca suena.
Bernardo: -Soy yo. Así que también lo ha dejado allí. ¿Cuánto cuesta? Uno, uno, cero, ocho, cuatro, tres, cinco. Entendido. Si hay algún cambio, por favor contáctate conmigo de nuevo.
Gian: -¿Debería jalarme un poco de mi cabello para parecerme a ti?
Bernardo: -Podríamos lograr ser felices estando calvos pero juntos. La llamada de ahora, era de Londres. La tasa del franco está cayendo constantemente allí también.
Gian: -Whoa, ¿del otro lado del mundo también?
Bernardo: -El mercado de Londres está abierto en este momento, así que he estado manteniendo un ojo sobre él, pensando que si aumenta la tasa de allí, podría influir en el mercado de aquí al momento en que se abra mañana.
Bernardo se quita los lentes frotándose los ojos. Y en ese momento…
Bernardo: -……
Miro hacia una cara totalmente desconocida para mí.
Bernardo: -¿Hnm?
Gian: -No, no es nada…. Bueno, regresaré a la habitación a descansar.
Bernardo: -Claro. Que descanses cariño. Descansa bien y cuida de no estar jugando contigo mismo.
Gian: -No es necesario que me lo digas, ya estoy abstenido. Entonces si surge algo, llámame.
Le doy la espalda a Bernardo y camino hacia la puerta.
Tal vez sea por la falta de sueño, mi pulso está golpeándome.
Ese chico…. Cuando se quita los lentes, se ve completamente diferente… salgo por la puerta solo.
Regreso solo a la amplia habitación.
Y entonces, estando ya solo, siento un enorme y pesado vacío en mi estómago. En este momento… es como si dejara que Bernardo se encargara de todo por sí mismo.
Gian: -Joder…. Soy tan patético.
Quiero ser alguien sobresaliente. Esta podría ser la primera vez en mi vida que he pensado en algo así. Sin mencionar que me siento sediento por este deseo, pero también desesperado por la situación actual.
Gian: -Que siguiente jefe ni que nada….
Me decepciono por mi impotencia.
Gian: -Qué expresión tan deprimente.
Tal vez sea debido a la falta de sueño, la melancolía y la fatiga. Mi reflejo en el espejo se parece a como me vería dentro de diez años. Mis ropas están en mal estado, también estoy todo despeinado.
Me desvisto, y por un rato me quedo bajo la lluvia de vapor de la ducha, viendo como los azulejos que recubren el sueño del baño.
Increíble… he estado tomando baños todos los días…
Y entonces, distraídamente me quedo pensando en Bernardo.
¿Por qué va tan lejos para esforzarse de esa manera? ¿Por qué…?
¿Por qué está siendo tan bueno conmigo? ¿Por qué soy el favorito del jefe? ¿O es porque he sido nombrado como el próximo jefe?
Gian: -No lo entiendo….
No puedo encontrar la respuesta.
Gian: -Me pregunto si él… prefiere a los hombres….
No parece ser de ese tipo…. No entiendo…Me concentro en lavar mi cabello y dejo de pensar.
Esa noche, agotado me echo en la cama sin siquiera secarme. Mis preocupaciones ruedan en círculos sin fin en mi mente, sintiéndome angustiado.
Pasó un rato y no pude dormir. Es tanta la preocupación que hace que comience a sentirme irritado.
Sin embargo, a pesar de eso, en algún momento, mi conciencia se apaga.