Capítulo 29

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Apoyé la cabeza en la toalla que cubría el borde de la bañera y me estiré lentamente. Los moretones que me había dejado Abel mientras me hacían rodar eran terribles, pero no podía hacer nada al respecto. Eran el resultado de la extrema lentitud de su cuerpo.

Richt dejó escapar un breve suspiro.

Incluso mientras observaba a Abel que estaba cerca de la puerta de madera, seguía siendo cauteloso, sin embargo, todo estaba en silencio. Quizás por eso bajó un poco la guardia. A causa del agotamiento por el viaje, tenía los ojos entrecerrados. En ese momento, la puerta se abrió de repente.

Sobresaltado, intentó levantarse, pero resbaló y cayó en la bañera. Mientras luchaba por enderezarse, una mano enorme agarró el brazo de Richt y lo levantó.

­­—Coff, coff.

Gimió con fuerza y tosió de manera violenta, pero la mano que en algún momento soltó su brazo, ahora frotaba su espalda, pero Richt no estaba agradecido en lo absoluto. ¡Fue culpa de Abel que terminara de esa forma! había soltado su brazo ahora le frotaba la espalda. Pero no estaba agradecido en absoluto. Richt lo miró con lágrimas en los ojos.

—¿Acaso el Gran Duque Graham no sabe cumplir sus promesas?

Entonces llegó una respuesta astuta.

—¿Yo le he prometido algo? Recuerdo que fue una promesa unilateral.

Por un momento, una maldición casi salió de mi boca.

«¡Maldito bastardo! No sé por qué está haciendo esto».

Mientras apretaba los dientes, la mano de Abel que continuó frotando la espalda, comenzó a sentirse de alguna manera extraño. No parecía que simplemente intentara detener su tos. Era más que eso.

«Es como una caricia llena de deseo». En cuanto Richt pensó eso, su cuerpo se congeló. Logró tragarse la maldición que estaba a punto de estallar de nuevo, pero eso fue todo.

—El duque Devine tiene el don de decir maldiciones solo con su rostro.

«¿No te estás comportando de una manera que es normal que me haga pensar de esa forma?»

—Quítame las manos de encima ahora. —Richt extendió la mano y agarró el antebrazo de Abel, que aún lo acariciaba.

Sabía que apartarlo por la fuerza era imposible, pero no podía soportarlo sin al menos clavarle las uñas.

—Y también es molesto.

Abel mantuvo la calma incluso mientras sus uñas le raspaban la piel. Ni siquiera parecía una herida.

—Es divertido.

No estaba haciendo eso para divertirlo. Abel no parecía tener intención de apartarse por su propia voluntad. Así que Richt renunció a su tan esperado baño y decidió salir de allí. Primero tiró de la toalla que estaba colgada al borde de la bañera. Si salía así, estaría desnudo, y no quería ni imaginar la reacción de Abel al verlo.

Cubriéndose la frente con la toalla, esperó el momento oportuno para levantarse. Y justo cuando intentaba salir rápidamente de la bañera, Abel le rodeó la cintura con su antebrazo.

—¡Oye, maldito! —Finalmente, la maldición estalló de su boca.

Detestaba la sensación de que otra persona se aferrara a su cálida piel desnuda.

Richt, que encontraba satisfacción en abusar de otros, nunca había amado a una persona ni tenido ese tipo de encuentros y por supuesto, tampoco se masturbaba. Además, él también debe de confesar algo.

Él también es virgen. Se masturbaba de vez en cuando, pero nada más. Estaba demasiado ocupado en el trabajo, impulsado por el deseo de ganar más dinero, trabajaba como un loco, incapaz de forjar relaciones profundas con nadie. Por eso, esa sensación le era desagradable.

Intentó golpear a Abel con el puño, pero este no sé movió.

—¡No quiero! —Mientras gritaba con frustración, algo le tocó la nuca.

Aquello eran unos labios finos, húmedos y calientes. No tardó mucho en recobrar el sentido. Richt mordió la carne de Abel, que estaba cerca.

—Así que también muerdes.

Aunque una persona sea débil, morder es otra cosa. Incluso cuando la piel firme se rompió y comenzó a brotar sangre, Abel seguía sonriendo.

—Si quieres morder, sigue mordiendo.

Entonces, mientras mordía el antebrazo de Abel, movió la mano libre. La mano que le rodeaba el cuello le frotó el pecho. Luego tocó la carne abultada. Aunque tenía ganas de llorar, Richt desistió de morder a Abel.

—Por favor, deja de hacerlo. Si sigues así, presentaré una denuncia formal.

—¿Qué? ¿Te he tocado? Pero hacer eso ¿sería difícil para tu orgullo? ¿no? —Abel miró a Richt a los ojos.

«Eso es verdad».

Pero ahora, quería tragarse su orgullo y darle un pedazo de mierda a Abel.

—Serás el primer Gran Duque en acosar sexualmente a un hombre.

—Es gracioso, pero no seré el primero. Había alguien así en mi escuadrón.

«¿Te estás riendo? ¿Te parece gracioso?»

Estaba temblando de rabia cuando la puerta se abrió de repente y entró un espíritu. Si lo pensaba detenidamente, no los había visto desde que entré. No puedo creer que no lo haya notado hasta ahora.

—[¡Déjalo ir! ¡Déjalo ir!]

—[Así es ¡No intimides a nuestro niño!]

—[No es un niño, pero ¡No lo molestes!]

La mirada de Abel se volvió hacia los espíritus.

—[¿Qué estás mirando? ¡Esta vez no escucharé tus amenazas!]

—[¡Soy valiente!]

—[¡Yo también!]

Los espíritus salieron disparados y se aferraron a Richt como cohetes. Normalmente eran molestos, pero esta vez, él estaba realmente agradecido. Los espíritus inflaron las mejillas y comenzaron a desplegar su fuerza. Aunque era un asunto de Richt, estaban tan enojados como ellos fueran lo agraviados. A pesar de estar bloqueados por todos lados, el viento se arremolinaba en su interior. Se hizo más fuerte, transformándose en un torbellino.

«Es pequeño, pero está bastante bien».

El viento empezó a azotar la pared. En ese momento, Abel chasqueó la lengua, molesto, y soltó a Richt.

—[¡Lárgate!]

—[Tienes que hablar bien, pero ¡Lárgate!]

—[¡Así es! ¡Así es!]

Un espadachín del calibre de Abel podía enfrentarse a tres espíritus. Aunque su forma no era claramente visible, podía blandir su espada según sus instintos. Sin embargo, la razón por la que se retiró fue porque los espíritus y los humanos tenían sentidos diferentes.

Los espíritus son imparables una vez que se fijan en alguien que les gusta. Como mínimo, volarán la posada por los aires.

«Aunque no me importa arruinarlo».

Richt estaba ahora desnudo. No quería que otros lo vieran. Abel levantó ambas manos y retrocedió un paso. Solo entonces, el cabello de los espíritus, que había estado erizado, comenzó a caer.

—Esperaré para la próxima vez.

—No habrá una próxima —respondió Richt saliendo de la bañera para comenzar a vestirse.

La tela se le pegaba al cuerpo, que no se había secado bien, pero no podía hacer nada.

—Puedes vestirte con calma.

Esa boca que sigue hablando hasta el final, resulta irritante. Richt se cubrió el cabello mojado con la toalla que había allí y salió afuera. Naturalmente, los espíritus lo siguieron.

—Gracias.

—[¡Gracias!]

—[¡Está agradecido!]

Los espíritus picoteaban emocionados. Ahora, incluso eso parecía adorable. Richt rascó con un dedo la pequeña cabecita del ave. Había visto en alguna parte que a las aves les gusta que les rasquen ese sitio, así que lo hizo. Entonces el espíritu entrecerró los ojos y dejó escapar un pequeño gorjeo.

—[Esto me gusta. Es embriagador.]

—[¡Yo también, yo también!]

—[¡Primero yo!]

Los espíritus refunfuñaron un momento, pero pronto establecieron un orden. Se pusieron en fila y comenzaron a disfrutar del contacto de Richt, uno tras otro. En ese instante Richt no tenía ni idea de que acariciar así a los espíritus acabaría reforzando sus comportamientos.

~ ◊◊◊ ♦♦ ◊◊◊ ~

Loren le dio una habitación también a Ban.

—Eres un invitado.

Aunque la relación con su señor parecía algo tensa, fueron ellos quienes permitieron que llegara hasta aquí. Loren pensó que debían ofrecer al menos un trato básico o recibirían reproches. Loren no conocía los detalles de cómo Ban había llegado hasta aquí.

—Lo siento. 

Ban compartía habitación con Louis. Era un cuarto con dos camas, la segunda mejor después de la de Abel. Al oír la disculpa inesperada, Ban, que miraba hacia afuera, dirigió la vista hacia Louis.

—No pensé que algo así pudiera ocurrir.

Habían traído al joven porque era un talento que ansiaban, pero nunca imaginaron que su señor actuara de esa manera. Al parecer la situación se debió a Devine que se interpuso. Abel se comporta de forma despiadada con quien sea que le llama la atención. Según él está siendo amable, pero para quien lo sufre sólo es desesperante.

«Quizá esto sea un poco distinto esta vez».

Louis también había sufrido burlas desde pequeño por parte de Abel. Le había dedicado lealtad porque veía en él cosas dignas de respeto, pero los años no fueron fáciles. Al menos aguantó porque tenía un cuerpo fuerte.

«¿Estará bien esa persona?».

A los ojos de Louis, Richt parecía frágil en extremo. Por eso comprendía la preocupación de Ban que se mostraba sinceramente preocupado, aunque su mirada seguía siendo feroz. Tenía el aire de alguien a punto de salir corriendo.

«Qué lástima».

Era un excelente caballero y Louis hubiera querido llegar a ser más cercano con él. Ahora le parecería difícil.

Mientras Louis pensaba esto, Ban contenía la oleada de deseos homicidas que le subían. Aunque sabía que Abel pertenecía a una clase muy superior, quería matarlo. Si no hubiera habido consecuencias, ya lo habría atravesado con la espada.

Si matas a alguien de la familia imperial, ejecutan a tres generaciones. Ban no tenía familia, pero no quería morir. Si moría, no podría volver a oír la voz de Richt ni ver su rostro. Por mucha fuerza que tuviera un caballero, solo no podría enfrentarse a todos los que vendrían contra él. Así que aguantó.

Las manos le temblaban por los pensamientos horribles que le asaltaban como una convulsión. El tiempo de aguantar se le hacía eterno. Con el paso de las horas llegó la noche y la gente se reunió en la planta baja de la posada. Algunos se llevaron la cena a las habitaciones y otros empezaron a comer en el comedor.

Ban estaba entre ellos.

No tenía apetito, pero debía comer para tener fuerzas. Justo cuando iba a llevarse un trozo de pan a la boca, desde el piso superior bajó una silueta conocida. Richt, con expresión desagradable, y Abel, sonriendo.

—Puedes cenar en la habitación.

—No me apetece —respondió con frialdad.

«Su cabello…»

Estaba despeinado. Parecía que no lo había arreglado bien después de lavarse. Ban dejó el pan donde estaba y se levantó.

~ ◊◊◊ ♦♦ ◊◊◊ ~

Gracias por la ayuda~

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