Daivan
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De alguna manera, este viejo se ve más grande, más que Luchino. Me da esa sensación de verlo de esa manera después de un largo tiempo sin verlo.
Al escuchar los ronquidos desde la puerta de la habitación, los ojos del viejo caen sobre el guardia borracho.
Uwaa…. Escucho un sonido desagradable a través de la pared, y los ronquidos del hombre se han detenido.
Gian: -¿Eres un gorila? Como le hiciste eso con solo tus manos….
Alessandro: -Golpear en los ángulos correctos. Además, ese bastardo se burló de mi traje, diciendo que solo era ropa barata. Entonces, ¿cómo dejarlo con vida?
Ah, ya veo. Viendo detrás del viejo, mantengo mis ojos apartados del cuerpo y entonces…
¡…! Oigo las pisadas de los otros bastardos sonando desde detrás de la puerta.
Alessandro: -Joder, como no hay reloj no pude saberlo… ¿Ya es la hora del cambio?
Gian: -¡Esto es malo! ¡Viejo!
Y entonces…
Soldado del GD 1: -¡Hey, ya es hora del cambio!
Soldado del GD 2: -¡¿Qué?! ¡Bastardos..!
El deslumbramiento del dúo de aspecto brutal aparece ante nosotros después de que abrieron la puerta.
Los maleantes se apresuran a tomar sus armas, siendo muy rápidos.
Gian: -¡¿Qué?!
Soldado del GD 1: -Guh… ahg…
Sin tener ninguna idea de lo que ocurrió… agujeros profundos aparecen sobre las entrañas de los maleantes, colapsando.
Alessandro: -¡Por aquí! ¡Date prisa! ¡Los demás no tardarán en venir!
En algún momento, el jefe tenía en sus manos la vieja arma occidental que debería de haber estado guardada en mi cinturón.
No me di cuenta… ¿Cuándo fue que la agarró? Más bien, ¿él fue quien disparó ahora?
Gian: -¿Es esta habitación dónde está Bernardo, viejo?
Justo cuando estoy a punto de tomar mis ganzúas, a mi lado…
Gian: -¡¿Whaaa?!
El viejo rompe la cerradura con un disparo. No es que haya sido malo, pero… al menos dime que vas hacer esto, maldito anciano. ¡Mis orejas me duelen!
Gian: -¡¿Bernardo?! ¡¿En dónde estás?!
A la mierda el silencio, le grito tan fuerte como puedo.
Bernardo: -Kug… uhh… ¿Eres tú, Gian?
Gian: -Ah, ¡Sí! ¡Bernardo!
Bernardo también se encontraba atado en una silla. Tal vez decidieron que él era menos peligroso que el jefe, así que solo sus brazos estaban atados, apretando su cuerpo.
Deshago las ataduras, arrancándolas.
Bernardo: -¡¿Gian?! ¿Has venido a salvarme?
Gian: -¡Hahaha! ¿Qué estás diciendo? ¡Dejaste toda esa mierda atrás porque querías que viniera por ti ¿verdad?
Bernardo: -Que…. Gian…. tú… te diste cuenta del dinero… y aun así… ¿Viniste por mí?
Gian: -Aunque casi quedo cegado ante tal montaña de efectivo.
Bernardo: -¡Uh…Gian!…. ¡Lo siento tanto!
Las grandes manos de Bernardo caen sobre mis hombros. Ni siquiera se molesta en ocultar sus sollozos mientras me mira…
Entonces…
Bernardo: -Eh… eh… ¡¿Eh?! ¿Por qué?…
Al fin Bernardo se ha dado cuenta del jefe.
Alessandro: -Hola. Sí que te dieron una buena… ¿Puedes caminar, Bernardo?
Bernardo: -¡¿Je… jefe?! ¡¿Por qué está aquí?! ¿En dónde ha estado todo este tiempo?
Alessandro: -¿Verdad que te lo dije, Gian? Es por eso que quiero explicarlo cuando todos estemos reunidos.
Me encojo de hombros ante lo que dice el viejo… antes de regresar mi mirada hacia el otro anciano…
Gian: -¡Serás idiota, Bernardo! ¡Más tarde te sermonearé!
Bernardo: Ah… si… ¿podremos salir? En este lugar están los subordinados de Dave…
Gian: -Como lo suponía… ¿ese bastardo te tendió una trampa, verdad?
Bernardo: -Si. Lo siento… pero, él es más idiota…. Si logro salir de aquí vivo….
Soldado del GD 3: -¡¿Pero… que carajos?!
Soldado del GD 4: -¡Hey, Bruce! ¡Mierda! Lo han matado.
La tormenta de pasos y palabrotas se escuchan desde el final del pasillo. Mierda, las salidas están bloqueadas.
Soldado del GD 3: ¡Están aquí!
El maleante dispara en la habitación cayendo de repente sobre su trasero. El jefe, teniendo aun en su mano la pistola también ha disparado.
Alessandro: -¿Tienes balas de plomo?
Gian: -¡Claro que no tengo!
Alessandro: -Fuu…
Gian: -¡Auch! ¡Está caliente!
El jefe me lanza el arma antes de cruzar los brazos, y entonces…
Gian: -¡¿Uwaaaa?!
Una lluvia de balas atravesó el pasillo como un torbellino de garras. Los maleantes son tan cobardes como para atreverse a poner un pie en la puerta… pero, no tienen otra salida.
Bernardo: -¡Kugg! ¡Jefe, por aquí!
Bernardo recoge la silla en el que había sido atado para luego arrojarla a la ventana.
¡Ya veo, la ventana!
Una vez más, la explosión de pólvora y balas atraviesan el otro lado del pasillo… Mierda, se están acercando a nosotros poco a poco. Me pego a la pared, dirigiéndome a la puerta.
Y allí, en el suelo, está la escopeta de uno de los maleantes caído. Me arrastro a la habitación, recogiéndola.
Gian: -¡Viejo, este!
Alessandro: -No se me da bien manejar las armas largas. No hay belleza en ellas.
¡Maldito anciano, no es momento para discutir esto!
Descarga de ráfagas de ametralladoras arrancan la puerta.
Soldado del GD 5: -¡Ahhhhhhhhhhh!
Los restos de la puerta son pateados a un lado por los maleantes que entran en la habitación. Giro la escopeta hacia ellos, pero…
Bernardo: -¡Gian!
Gian: -Gug….
Apenas logró detener la culata de la pistola azotar hacia mí… pero el enorme corpulento hombre me empujó hacia atrás.
Solado del GD 5: -¡Uh, gyaaaa!
El jefe tuerce el brazo del hombre a mi lado. El crujido inquietante de las articulaciones y los huesos se desmoronan. Nuevos maleantes llegan presionados.
Soldado del GD 6: -¡Bastardo!
Soldado del GD 7: -¡Mátenlos!
Soldado del GD 5: -¡Paren…! ¡Gyaaaaahhhh!
El jefe tira del brazo del hombre utilizando su cuerpo como un escudo. El cuerpo es bombardeado por las balas. Luego lo manda a volar hacia adelante.
Soldado del GD 6: -Uh, uwaa… maldición….
Empujados hacia atrás por los ataques causados por el fuego amigo, los maleantes tambalean y huyen de nuevo al pasillo. ¡Ahora es nuestra oportunidad!
Meto la escopeta por la puerta de un golpe, asegurándome de que no darían la cara por un buen rato. Bernardo se asoma por la ventana que había roto
Bernardo: -¡Jefe! ¡Desde aquí…!
Alessandro: -Esta es su base. Nos encontrarán rápidamente.
Es entonces que una voz llena de rabia hace eco en el pasillo.
Soldado del GD 6: -¡Malditos bastardos italianos! ¡Atrápenlos! ¡El jefe ha dicho que no matemos a aquel anciano! ¡Si se rinden, no los mataremos!
¿El jefe de esos tipos ha dicho que no mataran al viejo?
Alessandro: -Aquel bastardo…. ¿Me acaba de llamar anciano, verdad? Espérenme un momento, iré a matarlo.
Gian: -¡Tranquilízate! Ah… ¿Por qué nuestra familia está llena de viejos como este, joder?
Acabo de escupir maldiciones al igual que Iván. Miro al viejo.
Gian: -Hey, ¿Qué significa lo que su jefe les dijo?
Alessandro: -Ah. Hasta ayer, su jefe Ethan estaba aquí. Hay muchas cosas que pasaron entre nosotros…
Soldado del GD 6: -¡Si no se rinden, entonces…! ¡No tendremos más remedio que matarlos prendiendo fuego en este lugar!
Esto va mal…. ¿No nos quedará de otra que ignorarlos y huir por la ventana? La mirada de Bernardo y la mía se encuentran.
Bernardo: -No nos va a quedar de otra más que ir.
Gian: -¿Ya no tienes dudas, verdad?
Bernardo: -¡Sí!
Bernardo se lanza hacia la ventana rota, diciendo…
Bernardo: -¡Jefe, bajaré primero! Gian, te lo encargo.
Gian: -¡Claro!
Bernardo se sube en la ventana, pero luego se pone rígido. Sus ojos miran hacia abajo… ¿está mirando la avenida?
Gian: -Hey, ¿Qué ocurre?
Justo en ese momento, un sonido llega a mis oídos.
¡Joder! ¡Son refuerzos!
Gian: -Mierda…. Estamos rodeados por todos lados…. ¡Y después de haber llegado hasta aquí! ¡Joder, que mierda de perro de la suerte ni que nada!
Digo estas palabrotas sintiendo como si todo el mundo girara. Bernardo mantiene su mirada por la ventana y el jefe…
Alessandro: -Es muy inconveniente el no tener un reloj.
Murmurando esto y quejándose mientras ve su muñeca vacía. Se terminó, estamos perdidos…
¡Son disparos! No… ¿el sonido viene de otro lado? ¿Viene desde el exterior de este edificio?
Soldado del GD 6: Joder: -¡¿Qué está pasando?!
Una erupción de balas se escucha en el interior del edificio de apartamentos. Las balas y las explosiones hacen eco en los pasillos. Sin saber qué carajos está pasando, me quedo boca abajo.
Soldado del GD 7: -¡Joder! ¡¿Son refuerzos italianos?!
Soldado del GD 6: -¡Cómo es que descubrieron nuestra base! ¡Malditos!
Iván: -¡Con esto los dejaré lleno de agujeros!
¡¿!? El de ahora… no será que es….
Veo volar desde el primer piso por la escalera una lluvia de balas. Un pequeño trozo de algo…. Escupiendo fuegos artificiales…
Alessandro: -¡Agáchense!
En un instante, el cuerpo del jefe se lanza sobre mí…
Gian: -¿Uh? ¡¿Uwaaaa?!
El ambiente dentro del edificio hace que mi cuerpo se estremezca. ¿Lo de hace un momento, fue dinamita? ¡¿Usaron dinamita dentro del edificio?!
Joder, el único que haría este tipo de cosas es….
Iván: -¡Tomen esto!
No puedo ver nada entre los ataques y el cuerpo del jefe protegiéndome. Con mi audición paralizada, escucho los gritos de hombres corriendo diciendo…
Soldado del GD 7: -¡Hi, hiiii! ¡Detente!
Gian: -¡¿…?! ¡¿Eres tú, Iván?!
Iván: -¡Claro! ¡Veo que sigues con vida bastardo! Oigan, ustedes limpien las otras habitaciones.
Subordinado de Iván A: -¡Si, Jefe!
Me levanto tambaleante después de que el jefe se quitara de encima mio.
Iván: -No tienes remedio, tu maldito cachorrito. Debido a que desapareciste tan de repente, hiciste que pensara por un instante que también nos habías traicionado.
Mirando hacia sus subordinados, Iván hace una mueca dándose cuenta de quien está parado a lado de la puerta.
Iván: -No puede ser….
Al mirar al jefe, escupe esas palabras de manera rara.
Alessandro: -Veo que has hecho un buen trabajo al venir aquí, Iván. Era de esperarse del hombre que escogí.
Iván: -¿En serio? ¡¿EHHHHHHHHHHHHHHHHH!? ¡¿HAAAAAAAAAA?! ¡¿POR QUÉ EL JEFE ESTÁ AQUÍ?!
La voz de Iván se eleva en un chillido como de un gato maullando en una roca en la noche de primavera. El jefe se encoge de hombros mirando hacia mí.
Alessandro: -¿No te lo había dicho antes? ¿Harpas que repita la explicación después a Luchino, Giulio, Toni y a toda la junta de administración?
Gian: -Asegúrate de tomar la responsabilidad.
Alessandro: -¡Maldición! Una vez que regresemos, encuentra algún lugar adecuado y reúne a todos allí. Me disculparé con todos de una vez.
Bernardo: -Jefe… ¿Cómo se encuentra…?
Alessandro: -Solo me siento algo torpe debido a que no he movido mis músculos durante un tiempo. ¿Qué hay de ti? ¿No te estaban torturando?
Bernardo: -No, yo….
Bernardo niega con la cabeza, pero será necio. Ni siquiera puede mantenerse erguido. Ah, supongo que no hay remedio.
Gian: -Oye, Bernardo
Bernardo: -Hnm……..
Le presto mi hombro a Bernardo entrelazando mi brazo con el suyo para así poder soportar su peso. Poco a poco, el calor corporal de Bernardo se filtra a través de mi ropa hasta llegar a mi piel.
Bernardo: -En verdad que eres el verdadero perro de la suerte.
Gian: -Yo aún sigo sin poder creérmelo… jajajaja.
Bernardo: -Ni yo. Jajajajaja.
Comenzamos a reír mirándonos. Estuvimos tambaleantes en nuestros pies pero riendo de felicidad.
Estoy vivo, estamos vivos… ¡Bernardo está vivo y yo también!
Iván: -Bueno. Mis subordinados y soldados se encargarán de la limpieza y la recuperación, jefe. Tenemos que darnos prisa en ir a un lugar seguro.
Alessandro: -Sí, te lo encargo.
Gian: -Pero, Iván. ¿Cómo sabías que estaba aquí?
Iván: -No fue nada… ¿Sabes por qué razón este tipo casi se queda calvo? Es obvio por la gran cantidad de teléfonos interconectados por toda la ciudad ¿sabías?
Iván sonríe… y desde detrás de él, la cabeza de un niño se asoma. Es el niño de la calle que se encargaba de vigilar el teléfono.
Bernardo: -¡Gianmarco!
Niño de la calle 1:- Hehe… parece que llegaste a tiempo.
Gian: -No me digas que… ¿fuiste tú quien le avisó?
Iván: -Claro. Yo estaba revisando algunas cosas en una de las tiendas de mi territorio. Y de repente recibí una llamada de parte de un niño diciendo que el perro de la suerte estaba en peligro.
Iván: -Logré comprenderlo rápidamente por lo que me apresuré.
Niño de la calle 1: -Discúlpeme, Don Ortolani. Fui directamente hacia la lista de números de las tiendas que me pidió que vigilará. Así que marqué a cada una, y vaya que fui regañado.
Gian: -Haha, eso es obvio dado la hora que es.
Bernardo: -Muy bien hecho, Marco. Eres mi salvador…. No, más bien, eres el salvador de toda la familia.
Por ser elogiado tan de repente, la cara del niño se pone roja mientras comienza a jugar con sus zapatos sobre el piso.
Este mocoso es mucho más capaz de cuando yo era un niño.
Alessandro: -Entonces, hay que irse. Iván ¿te puedo encargar el auto?
Iván: -Por supuesto, ¡saldremos volando!
Séptimo día
El jefe Alessandro al fin ha regresado.
La noticia recorría a través del CR5 como una corriente eléctrica.
El enorme salón de la planta superior se llenó hasta el borde con directores y soldados, los cuales se reunieron para ver que el jefe se encontraba sano y salvo.
En esa conmoción calurosa…
Luchino:-¡Jefe!
Giulio: -Jefe del Salto….
A pesar de que solo se sacudió su ropa con un cepillo… el jefe luce su traje bastante limpio y ordenado como si nada hubiera pasado….
Alessandro: -Buenos días, caballeros.
Ante su voz, un revuelo se levanta entre los directores y soldados rugiendo como criaturas salvajes. Haciendo que el ambiente se elevara a nuevos niveles de intensidad.
Bondone: -Me alegra que se encuentre bien…
Bonavita: -Todos hemos estado esperando su regreso… ¡Oh! Es bueno ser agraciado ante su semblante nuevamente.
Después de que los directores dejan a un lado sus lloriqueos y sus palabras de adulación besa culos… alguien al fin pregunta lo que todos hemos querido saber.
Cavalli: -En serio, ¿dónde carajos ha estado?
Alessandro: -En verdad que lo siento mucho. Parece ser que les cause una gran preocupación y molestias.
Alessandro: -Bueno… para hacerlo corto… Parece ser que me trataron como a un pollo. Nunca hubiera pensado que terminaría siendo traicionado por mis propios subordinados y ser vendido.
Todos en esta reunión dieron un gran grito agitados. Hay algunos directores que claramente saltaron y otros que miraron a lo lejos.
Alessandro: -Bueno, eso fue culpa mía por ser tan ingenuo. En verdad que lo siento. Y también por las molestias que causó el jefe de ellos, Ethan.
Luchino: -Discúlpeme el atrevimiento, jefe… ¿Acaso hizo alguna clase de trato con el GD?
Alessandro: -Más o menos. Ellos tienen su propia cantidad de problemas. Parece que no eran los únicos con problemas, también nosotros lo estábamos, a tal punto que uno de nosotros estaría a punto de colapsar
Alessandro: -No, en verdad que estuvimos en un gran problema…
……………………………………………………………………………………………
Gian: -¿Hay algún otro lugar que te siga doliendo?
Bernardo: -No, ya estoy bien. Aunque me torturaron, no es como si me hubieran golpeado gravemente.
Gian: -¿Qué te hicieron?
Bernardo: -Electricidad. Me sentaron en una versión pequeña de una silla eléctrica. En verdad que no podía aguantar más…. Fue demasiado….
Gian: -Qué remedio….
Bernardo: -Pero… jaja, nunca me hubiera imaginado que el jefe estaba en la habitación del lado a la que me encontraba yo. Creo que le he mostrado mi lado patético.
Gian: -Pero gracias a eso te salvamos ¿no es verdad?
Bernardo: -Si, Gian….
Después de que la gran bienvenida por el regreso del jefe terminara…. Regresamos a nuestra habitación.
Ahora que pienso en ello, el estar solos en esta habitación relajándonos… como decirlo… ¿ha pasado mucho tiempo? O ¿es la primera vez?
Aun así…. Nos encontramos sentados en la misma cama. Sin cena ni nada de bebidas.
En ratos, el teléfono de la habitación suena. Bernardo se levanta a responder, habla por un momento para luego volver a sentarse en el mismo lugar.
Bernardo: -Esta llamada fue del jefe. Parece que saldrá junto con los demás a cenar para seguir celebrando, aunque hay algunos subordinados que ya han hecho sus maletas, desapareciendo.
Gian: -Qué fácil de comprender.
Bernardo: -Por supuesto que los mantendremos vigilados. Será muy interesante ver si alguno de esos pequeños ratones logra escapar de Daivan.
Bernardo resopla con una pequeña sonrisa. Me pregunto cuántas personas murieron por esa pequeña sonrisa.
Gian: -Tu también. Un poco más y hubieras terminado muerto ¿sabes? Enserio, ¿Por qué confiaste en ese bastardo de Dave?
Bernardo: -No es que confiará en él. Al contrario, siempre desconfié de él. Pero nunca pude encontrar una prueba que lo delatara.
Bernardo: -Es por eso que siempre estuve dudando…. Pero, ya he ajustado cuentas con él. Y todo gracias a ti, Gian.
Gian: -Ajustar cuentas…. Eso no hubiera tenido sentido si hubieras sido asesinado.
Bernardo: -Bueno, ayer mi papel fue ser el señuelo. Si hubiera muerto, mis subordinados se hubieran lanzado a atacar a Dave y al GD….
¿Habría sacrificado su vida todo por el bien de la familia?
Gian: -Maldito bastardo egoísta….
Bernardo: -Perdón. A decir verdad, yo no quería morir. Es por eso que cuando viniste a salvarme estaba tan….
Gian: -No llores. ¿No eres un viejo aquí?
Bernardo: -Jaja… tienes razón.
Bernardo levanta su vista hacia las luces del techo con sus ojos entrecerrados. Entonces…
Se levanta apagando el interruptor que está por las almohadas
Gian: -¿Eh? Oye….
Bernardo regresa a la cama. ¿Soy yo o se ha sentado más cerca de mí que antes?
Gian: -¿Por qué las apagaste? ¿No se te daba bien estar a oscuras?
Bernardo: -Si, sinceramente todavía me da miedo. Pero….
Al darme cuenta, noto que los ojos de Bernardo tienen un cierto brillo que penetra a través de la oscuridad, centrándose directamente en mí. Esas tonterías que se dicen como “la luz de sus ojos” realmente existe.
Una luz oscura está centelleando desde detrás de esos lentes, mirándome fijamente.
Bernardo: -Gian, creo que si estas a mi lado, estaré bien.
Gian: -Qué… ¿Qué significa eso?
Bernardo: -Cuando fui capturado y encerrado en aquel lugar… me mantenían siempre vendado. Solo veía oscuridad… lo cual me hizo temblar de miedo, tenía tanto terror que me puse a llorar… me sentí como si estuviera a punto de volverme loco.
Bernardo: -Pero…
Gian: -¿Qué…? ¿Qué estás…?
El brazo de Bernardo se desliza alrededor de mis hombros. No se acercó más a mí, solo su brazo descansa sobre mí, sintiendo su calidez.
Bernardo: .En medio de la oscuridad, solo podía pensar en ti…. Y fue así como pude soportarlo.
Gian: -En ese tipo de situaciones es cuando deberías de estar pensando en Dios. De seguro en este momento Dios estará llorando arriba de las nubes ¿sabes?
Bernardo: -Fue gracias a ti.
Con su brazo todavía en mis hombros, inclina su cuello haciendo que su cabello caiga hacia adelante.
Bernardo: -……………
Se queda en esa posición, mirando hacia abajo. En verdad que no tienes remedio. Toco el cabello de Bernardo con mis dedos, para luego ir deslizando mis dedos hasta llegar a su mejilla.
Bernardo: -Gian….
Volteando su cara hacia arriba, noto que está un poco golpeado. Aguanto mi respiración y lentamente le doy un ligero beso en su boca.
Bernardo: -Hnm…. Gian…..
Gian: -Uhm… haam…. Se dice que, si se llega a comer en exceso, se termina más rápido.
Bernardo: -Eso es problemático.
Bernardo se ríe mostrando una gran sonrisa. Y esta vez, Bernardo me besa.
Gian: -Ummm….. uhmmm…. Ahhh….
Bernardo: -Ahnm… Fuhm….
Me besa de una manera increíblemente dulce…. Mierda, esto es malo. Está haciendo que me funda en sus besos haciendo que me olvide respirar.
Bernardo: Haam… ahh… Gian…..
Abandona mi boca, deslizando besos desde mis orejas hasta llegar a mi cuello. Recorriéndome con sus besos, susurra…
Bernardo: -Fuu… en verdad que soy un inútil….
Gian: -Lo sé.
Bernardo: -Que cruel cariño. Eso no es lo que quise decir.
Siento que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que me llamo así. Bernardo no detiene sus besos, acariciándome con sus labios… Creo que… siento como que mi camisa está siendo desabrochada.
Bernardo: -Cuando se trata del placer, pensé que solo bastaría con beber alcohol, fumar cigarros entre otras cosas. Pero, al tratarse de ti, Gian… no puedo resistirme.
Bernardo: -Es imposible tener autocontrol de mi deseo.
Gian: -Haha… ¿Qué significa eso?
Bernardo: -Perdón por lo de la otra vez. Todo el estrés que había estado acumulando se desbordó. El poder del alcohol es verdaderamente aterrador.
Gian: -¡Unam! ¿Siempre te pones así cuando te desbordas?
Con una sonrisa vaga, nuevamente me vuelve a ahogar en un ardiente y profundo beso, silenciando las palabras que alguno de nosotros dos podría haber dicho.
Mientras mi mente está en blanco por el beso, los dedos de Bernardo alcanzan mi cinturón, quitándomelo para luego levantar mi camisa y quitar mis pantalones.
Me levanto para alejarme de sus manos… De repente Bernardo me mira un poco en pánico, pero rápidamente termino de desnudarme yo mismo.
Gian: -Esto es malo…. De alguna manera estoy tan duro como una roca.
Bernardo: -Yo también.
Me encojo de hombros ante la sonrisa de Bernardo, mirándome, comienza a quitarse su ropa dejándola sobre la una silla.
De alguna manera esto se siente muy raro. La manera en que nos vemos mutuamente…. Pero, no hay señal de que mi excitación se debilite.
Gian: -Me siento como cuando era virgen.
Bernardo: -Supongo que hubo un momento en que lo fuiste
Veo la excitación total y absoluta de Bernardo… Como decirlo… esa mirada me da ánimos para aventarme sobre la cama.
Gian: -En estos momentos damos inicio a la venta de la “dakimakura” (almohada abrazable) del perro de la suerte.
Bernardo: -Me gustaría comprar todas las existencias antes de que llegue al mercado. Usaré todo el dinero que gané antes.
Gian: -En ese caso, tendré todo listo para mañana para que pueda disfrutar de unos dulces sueños…. Pero este día, será contado como un día especial, por lo cual será gratis.
Bernardo: -Gracias. Pero, esta noche no tengo ganas de ir a dormir.
Bernardo entierra su nariz bien formada en mi cabello desde atrás… su mano agarra mi pene sin una pizca de vacilación.
Gian: -Uh…. Si serás bastardo, haciendo esto tan de repente.
Bernardo: -Lo siento.
Dice esto, pero su mano comienza a moverse de arriba a abajo.
Gian: -Uh… ah… En verdad no sientes lo que hiciste ¿no es así, Bernardo?
Bueno, da igual….
Dejo de resistirme y me relajo. Bernardo me pregunta…
Bernardo: -¿Hnm? ¿Qué te ocurre?
Gian: -¿Qué? ¿No te enciendes si tu pareja no se resiste?
Bernardo: -Que malo…. Bueno, puede que sea algo así.
Nuevamente, la nariz y labios de Bernardo, excavan dentro de mi cabello y cuello.
Bernardo: -No está sucio para nada, huele a limpio. Es maravilloso.
Gian: -Bueno, eso es porque me he estado bañando a diario.
Bernardo: -Hueles muy bien… Gian.
Gian: -No es como si usara perfume ni nada como eso.
Bernardo: -Hnm, no me refería a eso. Me encanta tu aroma.
Me susurra eso con un tono de voz seductor, que descarado lengua suelta. Durante toda la conversación, las lágrimas de Bernardo se deslizan a través de mi piel.
Una de sus manos va a mis labios, la otra se desliza por mi ombligo. Las cosquillas aparecen por sus caricias circulares en mi ombligo.
Bernardo: -¿Has comenzado a sudar un poco? Qué lindo eres el estar temblando así.
Gian:- Hey, me haces cosquillas.
Con un poco de vergüenza le digo eso sin poder mantener mi voz firme gracias a sus caricias.
Bernardo: -Ahora que lo pienso…. Me alegro que nos hayamos quedado en la habitación principal.
Con esas palabras, Bernardo tira de mí en un abrazo. Me sostiene apretándome literalmente como una almohada…
Gian: -¿Qué estás tratando de hacer?
Bernardo: -Aunque esté oscuro, puedo estar bien si estoy contigo. Eres realmente increíble.
Se siente como que me está consintiendo con ese tono de felicidad.
Gian: -No te refieres solo a la suerte, si no también por lo bien que se siente tenerme ¿verdad?
Bernardo: -Además, de que ahora somos amantes.
Uh, ¿soy yo o esa manera de hablarme suena como si estuviera coqueteando? ¿No te da vergüenza decir esas cosas, Bernardo?
Gian: -Bueno, es hora de que decidas si vamos a dormir o no… mañana estaremos ocupados con el trabajo y también pasado mañana ¿verdad?
Bernardo: -Si… pero yo, quisiera estar un rato más despierto.
Su sonrisa alcanza mi oído soplando en él.
Bernardo: -¿Qué quieres hacer tú?
Que malo. Está tratando de hacer que sea yo quien lo diga. No es por nada que llevamos ya mucho tiempo en conocernos.
No hay duda de que Bernardo quiere hacerme el amor. Pero, él quiere hacer que sea yo quien lo diga.
Si me niego solo consiguiere ser forzado a decir que no ante mi respuesta. No quiero eso, gracias. (Violar a la gente en la calle es un crimen, chicos)
Y, para ser honesto, realmente no quiero decir que no. Joder, a pesar de los besos que nos hemos dado, el estar desnudos encima de la misma cama… ¿y todavía quiera que se lo diga?
Esto es tan embarazoso, incluso el ser honesto contigo mismo. Haré todo lo posible para decirle que sí quiero hacerlo de una manera indirecta.
Gian: -A ti te gusta subirte a los autos italianos ¿verdad?
Bernardo: -¿A qué te refieres con eso? ¿Me estás pidiendo que bombardee un poco de gas?
Gian: -Ooh… no quiero eso. Por favor, perdóname papi por decir… ¡ah! ¡Espera!
Mi cuerpo es girado y Bernardo aparece delante de mis ojos. Incluso en la oscuridad, puedo sentir su intensa mirada.
Bernardo: -Solo dilo claramente. Te tomaré con mucho cuidado, que sentirás que vuelas.
Gian: -……….
Bernardo: -Si no te apuras en decirlo claramente…. Cabe la posibilidad de que te viole enfrente de los otros capitanes, ¿sabes?
Vaya, ni siquiera parpadeó al decir algo tan horrible. La visión ante su forma de ser posesiva despierta un poco de masoquismo en mi.
Gian: -Maldito demonio violador.
Bernardo se ríe, pero yo también puedo decir algunas cosas.
Gian: -Todavía guardo algo de rencor por haber sido violado anteriormente por ti ¿sabes?
Bernardo: -Eso sería lo normal
Si lo entiendes, entonces no lo hagas.
Bernardo: -Sabía que estarías bien aunque guardarás resentimiento hacia mí después. Lo siento, pero no me arrepiento.
Gian: -Eres un maldito bastardo. A partir de ahora más te vale que muestres arrepentimiento a través de tus acciones. Así que se suave…
Bernardo: -Déjamelo todo a mí. Te trataré suavemente como a una princesa.
Ante el beso que consume mis labios, me hace sentir como si me encadenara en lo alto de una cometa, y antes de que me diera cuenta, mis sentidos caen de vuelta a tierra firme, una y otra vez.
Gian: -Phuah…. Eres demasiado suave. Esto es realmente un poco…. Ya sabes…. Eso ¿verdad, Bernardo?
Bernardo: -¿Eso? ¿No estás satisfecho con mi cuidado?
La gran palma de Bernardo acaricia cuidadosamente mi cuerpo. Llega a mi mano, dando besos a cada uno de mis dedos y la muñeca.
A pesar de que mis ojos se han acostumbrado a la oscuridad, todavía no puedo ver con claridad. Bernardo es muy hábil en esto.
Gian: -Sí que eres bueno en hacer este tipo de cosas eróticas.
Bernardo: -Bueno, esto lo aprendes con la edad. Incluso sin pechos, me gustas ¿sabes?
Sus manos acarician en círculos mis pezones ante esas palabras. Mi cuerpo se sobresalta como un hipo inesperado.
Bernardo: -Fufufu…. Ya estas húmedo
Gian: -Ahha… ah… qué repentino eres….
Bernardo alcanza mi cosa erecta, comenzando a moverla suavemente de atrás hacia delante.
Gian: -Hnm… uh… ahh…
Algo caliente se frota contra mí. Me doy cuenta de que es el propio pene de Bernardo.
Bernardo: -Tu punta… es linda.
Gian: -Ahora que lo dices…. Ah… ¿la tuya todavía no está húmeda?
Al comprobarlo, veo que hay un goteo constante saliendo del pene de Bernardo. Juntándolo con el mío comienzo a acariciarlo.
Gian: -Fuahhh…. Esto, se siente bien….
Bernardo: -Si… no está mal….
Pensé que hacer esto en medio de la oscuridad sería una batalla, pero debido a que Bernardo es tan hábil, y yo todavía soy tan cooperativo, no resultó en ningún problema.
Bernardo acaricia el área alrededor de mis sacos. Suavemente, sus dedos se deslizan de nuevo hacia la franja estrecha de la piel….
Bernardo: -Eh, ¿Gian? No me digas que… ¿te bañaste preparándote para esto?
Gian: -Pensé… que sería mejor… de esta forma….
Yo… solo me lave un poco adentro…
Bernardo: -Haciendo esas cosas tan adorables… haces que tu hermano quiera tocarte…
Bernardo baja un poco sobre la cama. Al pensar que comenzaría a ser tocado por sus dedos…
Bernardo: -Uhmm….
Pero en lugar de sus dedos, una sensación suave y húmeda aprieta dentro de mí.
Gian: -¡¿Hyams? ¿Es en serio?
De ninguna manera… él está lamiendo mi ano.
Gian: -¡Ahh! ¿Cómo puedes hacer algo como esto?
Bernardo: -Te lavaste para mí ¿verdad?
Sus dedos se mueven en mi pene de arriba abajo mientras me lame. Me quedo quieto y termino entregándome a Bernardo.
Con el tiempo, la punta de la lengua de Bernardo se retuerce en mí. La vergüenza y el placer calientan mi conciencia…
Enseguida, el nudillo del dedo medio de Bernardo se desliza más allá de mi interior. Todo lo que puedo hacer es tiritar, con mis pies en el aire.
Bernardo desliza algo mojado y resbaladizo en mi interior. ¿De dónde sacó eso?
Bernardo: -Es vaselina. De esta manera podré entrar más suave y permitirme poder moverme más fácilmente.
¿Hasta eso tenía ya preparado? Siento otro dedo entrar en mi interior, se mueven hacia un buen lugar… se siente bien…. más…
Gian: -Ahh… ya… veo… ahhh…. Ahhhh
Bernardo: -Relájate…. Ya quiero entrar.
Sus dedos se retiran y vuelven con impaciencia, empujándose más atrás. Como Bernardo había afirmado, su entrada fue más suave. Me sorprendo a mí mismo con la facilidad con que trague a Bernardo sin ningún problema.
Gian: -Guah… gracias, por hacer que entres en un lugar problemático…
Bernardo: -No es necesario que te fuerces a decir cosas interesantes.
Si no fuera por decir estas tonterías, me moriría de vergüenza. Puedo sentir los latidos desde donde estamos conectados, golpeando en cada impulso.
Gian: -Es bueno…. Bernardo….
Cada embestida envía chispas a través de mí.
Bernardo: -Después de todo… ¿podría prender las lámparas?
Antes de que pudiera responder con un “está bien”, él prende las lámparas de la mesita de noche. El brillo repentino ciega mis ojos por un segundo.
Lo siguiente que veo, es a un valiente, pero un poco nervioso Bernardo. Este es un lado de Bernardo que nunca antes había visto antes.
Bernardo: -El ver tu rostro mientras lo hacemos, se siente demasiado bien.
Aunque mis labios se curvan en una sonrisa confiada, tiemblo.
Gian: -¡Ahhhh! ¡paahh!
En una sola embestida, golpea todo el aire fuera de mí.
Bernardo: -Te sería más fácil si sacas tu voz sin contenerte.
Gian: -Las paredes de este hotel, son gruesas ¿verdad?
Bernardo: -Si, no hay necesidad de contenerse.
En verdad, todo estará bien. Tal vez sea debido a la vaselina, pero incluso si siento una tensión causada por el estiramiento, no siento ningún dolor en absoluto.
Gian: -¡Ahhhh! ¡fuahhhh! ¡hahhhh! ¡No! ¡ahhhh!
Bernardo: -Eres… increíble… Gian… uhmm…
Mi mente se pone todo en blanco debido a las sensaciones en mi cuerpo. Joder, esto se siente tan bien…
Gian: -¡Gunm! ¡ahhhhhh! ¡fuahhhhh! ¡Bernardo!
De repente, Bernardo detiene sus movimientos.
Bernardo: -Fuua…. Sería un desperdicio el corrernos enseguida ¿verdad?
¿Estás tomando un descanso?
¡Es mejor que te apresures a hacer que me corra! Espera, ¿en qué estoy pensando? ¿Acaso ya no puedo pensar adecuadamente?
Bernardo: -Uuhn… ¿tu límite ya está cerca?
Aprieta debajo de mi glande. Asiento con la cabeza.
Gian: -Toca mi pene mientras me embistes, Bernardo….
¿Estoy lo suficientemente desesperado para decir esas palabras?
Bernardo: -Solo un poco ¿de acuerdo?
Sus dedos hacen un anillo alrededor de mi longitud, frotando de arriba abajo dando vueltas, tocando las partes correctas. Pero, eso no es… ah joder, no me importa pasar por los caminos del infierno… solo hizo que sintiera más
Gian: -¡Fuahhhh! No me refería a eso…. muévete más.
¡Si no lo haces, no podré correrme!
Bernardo: -No. Ya que estamos así, es mejor venirnos juntos ¿no lo crees así, cariño?
Sus caricias continúan errantes… Mi cuerpo se siente como si varias llamas aumentaran fusionándose.
Gian: -Hey… Bernardo… nyam…. ¿qué pasa con eso? No sabía que fueras un romántico en la cama…
Bernardo: -Qué cruel. Preferiría que me dijeras que soy un maestro técnico en esto… yo también… ya estoy por correrme.
Después de escucharlo hablar, por fin puedo sentir que Bernardo está a punto de llegar, así que muevo mis caderas para coincidir con sus embestidas de manera desesperada.
Bernardo: -De haber sabido antes, que el hacértelo se sintiera tan bien, te hubiera tocado mucho más antes.
El placer inunda todas las partes importantes de mi cerebro. Se siente tan bien… es demasiado bueno, no sé si es porque creo estar en medio de un sueño ¿verdad?
¿Está bien si solo pienso en Bernardo, verdad?
Gian: -Bernardo… auhhh… Bernardo… uhanm…
Dejaré de pensar….
Gian: -¡Ahhhhh! ¡Ya me corro! ¡Bernardo! ¡ahhhhhhhhhh!
Bernardo: -Yo también, Gian…. ¡Te quiero!
Siento el éxtasis más increíble que haya sentido alguna vez en mi vida.
Después de llegar al clímax, trato de calmar cada una de mis respiraciones mientras me aferro a Bernardo…