Quise admirar un poco más el rostro de Caesar, pero irrumpió la policía, llamada por seguridad. Arrestaron al fanático, que se había convertido en un dócil cordero bajo la influencia de Caesar y le quitaron el revólver.
Después de eso, tuve que redactar un informe formal, así que le avisé al Gerente y me dirigí a la comisaría un momento.
«Me están haciendo más preguntas de las que esperaba. Estoy cansado…»
Fue después de terminar de dar la declaración y regresar al centro comercial para recoger mis cosas. MacQueen, que había estado cuidando el lobby como mi reemplazo, me vio y vino corriendo rápidamente.
—Tienes que subir a la sala privada un momento.
¿No a la oficina, sino a la sala privada? ¿Hay clientes a los que atender?
Como el rango de jurisdicción del Gerente es todo el primer piso, tanto MacQueen como yo también tenemos que cubrir un área amplia. Por lo tanto, no era extraño que me pidieran ayuda si de repente llegaba una multitud de clientes.
Pero como estuvo a punto de ocurrir un incidente con armas de fuego, ¿no habían cerrado el edificio comercial por hoy y comenzado a preservar la escena del crimen? Las únicas tareas restantes deberían ser organizar la tienda y escribir reportes, ¿verdad?
—El Gerente dijo que podía salir temprano del trabajo hoy…
¿O acaso llegó un cliente pesado en particular?
Mientras rodaba los ojos y miraba fijamente sin decir nada, McQueen agitó un dedo haciendo un gesto exagerado.
—Vaya, te equivocas. Es Caesar O’n quien te está buscando —MacQueen sonrió inexplicablemente y susurró —quiere disculparse contigo.
—¿Eh?
Yo también comencé a preguntar en voz baja.
—¿Esa persona? ¿Por qué yo?
—Dijo que era porque fue por su culpa.
—La culpa es del fanático, no suya.
—Aun así, el fanático hizo un alboroto por querer devolverle su ojo a Caesar O’n.
Sí, es cierto. ¿Pero por qué se disculparía por eso?
Ya que parecía confundido todavía, McQueen agregó una explicación.
—Dijo que no sabía que corrían esos rumores. Y que si lo hubiera sabido, habría publicado un artículo para aclarar cualquier malentendido. Así que mejor sube y descansa un rato
—Ah…
¿De verdad va a disculparse conmigo directamente por eso? ¿Aunque ni siquiera sea su culpa?
«…Aunque creo que debería agradecerle».
Es una persona verdaderamente extraordinaria. ¿Cómo puede alguien ser tan amable?
—Supongo que los O’n realmente guardan algo especial.
—¿Genes especiales?
—Oh, algo así… quizá tengan unos genes particularmente buenos.
—¿Verdad? Si no fuera así, ¿estarían repartiendo donaciones de miles de millones por tres generaciones?
El título de “una familia con influencia positiva” volvió a sentirse real.
—¿Cuánta importancia le darán a la educación moral, si las tres generaciones tienen tendencias tan similares? Ojalá pudieran compartir sus secretos. Quiero usarlo con mis propios hijos en el futuro.
—Gracias.
Lo decía en serio, pero MacQueen se rio como si hubiera escuchado un chiste.
—Date prisa —dijo empujándome suavemente la espalda.
—Está bien, ya vuelvo.
Tras despedirme de MacQueen, me dirigí al pasillo reservado para el personal. A la sala privada solo se podía acceder mediante un ascensor cerrado al público.
Cuando bajé del ascensor vi que la puerta estaba entreabierta.
Me acerqué a la puerta abierta y llamé.
—Disculpe. ¿Puedo entrar?
—Adelante.
Entonces, el hombre que había estado sentado tranquilamente en el sofá se levantó. Era Caesar O’n, con el rostro inexpresivo.
Tan pronto como vi su rostro, pensé: “Las celebridades son celebridades, después de todo”.
«Siempre creí que la palabra “aura” sonaba ridícula… pero los verdaderos celebridades sí que la tienen».
¿No decían que, debido a las secuelas del accidente por la explosión del arma, había quedado con parálisis en los músculos faciales y por eso apenas mostraba expresiones? Por eso, en las fotos que había visto, Caesar O’n parecía un hombre apuesto pero con un aire frío y distante.
Pero el hombre que veía ahora…
«Las camisas ajustadas siempre fueron tan… provocativas?»
Lejos de ser frío, desprendía un aura densa, casi pegajosa, cargada de sensualidad.
«Esto es un poco peligroso».
—Gracias por salvarme antes. Escuché que me buscaba, así que vine aquí para darle las gracias —dije, apenas capaz de recomponerme.
—No tienes que ser demasiado formal. Simplemente habla con naturalidad.
A medida que Caesar se acercaba, la distancia entre nosotros se redujo rápidamente. De aquel hombre que se acercaba emanaba un perfume con notas de tabaco. Un aroma levemente acre pero sutil, tan sensual que, sin querer, tragué saliva seca.
«…Esto me está volviendo loco, de verdad».
Sentí que mi rostro se sonrojaba y bajé la cabeza de inmediato, pero entonces Caesar O’n envolvió mi barbilla con sus dedos, levantándomela con suavidad. Así, sin remedio, mi vista se llenó por completo de su rostro.
—Escuché que lo que te pasó hoy fue por tu ojo izquierdo —dijo en un tono cariñoso.
—El otro empleado me dijo que sufriste una lesión en el ojo casi al mismo tiempo que yo.
—S-Sí… Desde entonces, este tipo de cosas pasan de vez en cuando.
¿Será mi imaginación? Pero esa mirada con la que me observa parece ardiente, y su contacto físico es tan natural… Seguro estoy malinterpretando las cosas.
—Pero, e-eso no es algo de lo que el Sr. O’n sea responsable —balbuceé esas palabras frente a Caesar, incapaz de disimular mi confusión.
Entonces Caesar suspiró suavemente.
Pronto habló con voz suave, como si estuviera tranquilizando a un niño.
—No soy el único O’n que existe.
—¿Qué?
—Por favor, llámame Caesar.
Al pronunciar su nombre de pila, la punta de su lengua asomó brevemente entre sus labios.
Y eso no hizo más que estimular en el peor de los sentidos. Un cosquilleo comenzó a extenderse por mi vientre.
«Hasta su nombre es sexy, diablos…»
Bajé la mirada y evité el contacto visual, aunque sabía que era de mala educación.
…Y confirmé nuevamente que la ropa que llevaba puesta era una camisa funcional y ajustada.
«Oh, mierda».
La línea desde sus hombros anchos hasta su cintura esbelta era claramente visible.
Esto me está volviendo loco.
«¿Nació este tipo con una etiqueta R18 pegada en la frente? No sé dónde mirar… ¿De verdad está permitido que alguien así exista? ¿Es legal que camine por la calle? ¿Y si lo ven niños?»
Terminé cambiando la dirección de mi mirada para ahora mirar la punta de su nariz en lugar de sus ojos.
—S-Señor Caesar.
—Sí.
—Estoy bien. No fue su culpa, Señor Caesar, así que no tiene que asumir la responsabilidad. Es algo que pasa a menudo cuando se trabaja en lugares como este.
Mirar la punta de su nariz me tranquilizó un poco y pude sonreír, una característica de los trabajadores de atención al cliente.
—Sólo tengo que usar lentes de contacto a partir de ahora para ir a trabajar.
—Debe ser incómodo.
—No es como que pueda hacer mucho.
Entonces, hablé con una voz deliberadamente alegre para aligerar la atmósfera tensa.
—Pero tampoco puedo hacer un berrinche y exigirle al Señor Caesar que se haga responsable, ¿no?
Era una broma, porque si lo decía, él respondería algo como “Por supuesto que sí” con esa seguridad suya. Sin embargo, mi interlocutor no soltó una risa ante mi chiste, ni siquiera levantó las manos para rechazarlo con un “No puedo hacer eso”.
En cambio, dejó escapar una sonrisa lánguida, como si la idea le resultara tentadora.
—Hmm… Si lo hicieras, tal vez te lo agradecería.
—¿Eh?
¿Escuché mal?
«No, no. No lo malinterpretes. Mi broma fue cruel, así que supongo que él me la devolvió con una broma igual de cruel».
Traté de ignorar la extraña atmósfera frente a mí, sintiendo una victoria mental.
Entonces, esta vez, Caesar fue quien comenzó a hablar.
—Aunque por fuera luces bastante bien, estoy seguro de que en realidad estás cansado de eso.
—Sí…
—Si vives lo mismo una y otra vez, te volverás loco…
¿Que has repetido lo mismo varias veces? ¿Qué cosas?
«¿Acaso limpias los desastres causados por fanáticos todo el tiempo? ¿Sucede eso a menudo?»
Mientras volvía la cabeza, dudando por un instante…
Sentí su mano rozar mi espalda, y luego, esa palma enorme acariciando mi cintura con suavidad. Al mismo tiempo, un escalofrío me recorrió hasta la punta del cabello.
«Uf… ¿Qué es esta… tensión sexual tan intensa?»
Mientras estaba paralizado por el pánico, mi oponente me atrajo hacia sí. Nuestros estómagos se tocaron, y los labios de Caesar estaban justo frente a mi nariz.
Las alarmas en mi mente parpadearon en rojo.
«¿Qué? ¿Q-Qué diablos? ¿Esto es una broma? Tiene que ser una broma…»
Y entonces, en ese instante… Aquellos labios absurdamente perfectos se acercaron a mi rostro y susurraron, con una voz tan baja que erizó mi piel:
—Ya estoy harto de todo esto.
—…….
—Así que iré directo al grano.
Su otra mano me acarició la nuca con suavidad. Entonces, una voz baja y pegajosa rozó mi oído.
—Te daré prácticamente todo lo que quieras. A cambio…. ¿Te someterías discretamente a mi control?
No hay manera de que no lo entendiera. No podía engañarme a mí mismo pensando que “no era eso”.
¡Esto era coqueteo directo, sin filtros!
—Dinero, fama o incluso mi cuerpo. Si quieres algo, te lo daré.
El hombre, con una risa ronca me miró y dijo:
—Según lo que vi antes, parece que te gusta mucho mi cuerpo…
Ante la propuesta repentina, me quedé paralizado… hasta que la rodilla de Caesar se deslizó entre mis piernas. Luego, acercó sus labios a mi oído, rozándolo por completo, y susurró:
—¿Te gustaría?
…Es una oferta muy tentadora.
¿Cuántas veces en mi vida tendré la oportunidad de tener sexo con un hombre tan encantador? Ojalá pudiera dejarlo todo y hacerlo aquí mismo.
«¡Pero tengo miedo de las consecuencias!»
Era un tipo que jamás había estado en escándalos ni rumores de amoríos. Además, su manera de tratar a la gente era tan fría y distante que incluso circulaban rumores de que era asexual… Pero si se enteraban de que me había acostado con Caesar, mi nombre aparecería en los medios durante años. ¡No hay manera de que acepte esta propuesta así como así!
«No quiero que me acosen los periodistas, no quiero a los paparazzi, ¡y odio aún más los chismes! ¡Salven a la gente común de eso!»
Mi nombre sería mencionado en cada artículo, y pensé en cuánto más me acosarían los fanáticos de los O’n. En un instante, comencé a resentir al hombre que había hecho tal sugerencia.
«¡Estás loco, maldito hijo de puta! ¡¿Un famoso con millones de seguidores se lanza así, sin vergüenza, a seducir a un civil cualquiera?!»
Aunque la oferta era tentadora como el demonio, no podía aceptarla.
Respiré hondo, recuperé el control y empujé a Caesar lejos de mí.
—P-Por favor no hagas esto.
—¿Por qué?
—¡¿Por qué, cómo qué por qué?!
—Pero fuiste tú quien me miró de ‘esa manera’.
—¡N-No lo hice!
¡¿En serio va a insistir con amabilidad incluso ahora?!
De pronto, una oleada de resentimiento me inundó.
No pude soportarlo más y le grité a la otra persona.
—¡Si sigues haciendo esto, llamaré a la policía!
Me preocupaba que se pusiera pegajoso, pero por suerte, Caesar retrocedió de inmediato cuando le mencioné que llamaría a la policía.
—No hagas eso —dijo, dando un paso atrás.
Pero quizás sintiéndose un poco arrepentido, Caesar sacó una tarjeta de presentación de su bolsillo trasero.
—Deberíamos dejar el resto para otra ocasión.
Deslizó su tarjeta en el bolsillo superior de mi uniforme, rozando deliberadamente mi pecho.
—Por favor, no dudes en ponerte en contacto conmigo si necesitas algo.
Y entonces, recogiendo su abrigo con elegancia, abandonó la habitación privada sin mirar atrás.
En un instante, me quedé solo en la habitación, como algo que alguien hubiera abandonado.
—Ha…
Un momento después, mi rostro se puso de un rojo intenso como si fuera a explotar.
Me froté la cara, ardiente como un tomate al sol, y murmuré para mis adentros:
—¿Con qué clase de loco de mierda me he topado ahora…?
Ojalá me hubiera tocado la lotería, pero no. En vez de números ganadores, me cayó un rayo del cielo.
«…Consideraré esto como un sacrificio para ahuyentar la mala suerte».
Si no es eso, ¡entonces consideraré que es como pagar el precio por ver la cara de una celebridad!
En ese momento realmente lo pensé así.
…Sin saber que este sólo sería nuestro “primer encuentro”.