007. rastreadores – parte uno

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

SU CUERPO ESTABA CAMBIANDO, pero eran cambios positivos. Y lo único que había hecho era escribir un programa de bucle infinito, dentro de un espacio misterioso. Si se explicara este programa con la teoría de cultivación del anciano Huo, entonces se podría decir que había comenzado a «establecer una base».

Si apenas comenzando a construir la base ya era así, ¿cómo sería su cuerpo después de diez días, una vez completado el proceso? Lin Xun observaba la cima del árbol de espino que se mecía suavemente con la brisa y apretó los labios.

Salió de su habitación.

Wang Anquan y Zhao Jiagou ya habían terminado de almorzar y estaban descansando… jugando videojuegos.

Al verlo salir, ambos lo saludaron.

Lin Xun se sentó en el sofá, bebió un trago de Coca-Cola con aire preocupado y mordió la pajilla hasta aplastarla por completo.

 Luego, anunció:

—Tengo algo que decirles.

Quizá por lo solemne de su tono, Wang Anquan y Zhao Jiagou dejaron de jugar y alzaron la mirada para escucharlo.

Entonces, Lin Xun les explicó todo con detalle.

Los dos guardaron silencio por un rato. Al final, Wang Anquan dijo:

—¿Estás seguro de que no es una alucinación tuya? Yo que tú, seguiría viendo al psiquiatra.

—Cualquiera con un mínimo de sentido común se reiría de tu historia —añadió Zhao Jiagou—. Estoy a punto de llamar a emergencias.

—No sabía que también eras novelista de fantasía —comentó Wang Anquan.

Lin Xun se quedó atónito.

—Bueno —dijo al final.

Pero no iba a aceptar sus burlas así nada más, por lo que declaró:

—Predigo que dentro de diez días, nuestra empresa recibirá ingresos inesperados, en múltiplos de 50.

Zhao Jiagou reanudó su partida y, sin apartar la vista de la pantalla, comentó:

—Suanfa, este es un mundo materialista. Tienes que recordar eso.

—Estás demasiado estresado —dijo Wang Anquan—. Tenemos que contratar a otro programador cuanto antes para reducir tu carga de trabajo.

«Bueno, allá ustedes».

De acuerdo con el progreso, dentro de diez días completaría el Establecimiento de la Fundación y el sistema le daría la recompensa de «fondos del clan: +50». Para entonces, pensaba restregarles ese número en la cara a esos dos.

Fingió que ya no le daba importancia:

—Hablemos de otra cosa.

—Vamos a discutir qué tipo de programador deberíamos contratar —propuso Wang Anquan—. Y cuánto pagarle.

—Nuestro código es difícil de escribir —comentó Lin Xun.

Luo Shen aún era solo un prototipo, un motor. Funcionaba, pero las funciones visibles para el usuario todavía no estaban listas. Para implementarlas, hacía falta una enorme cantidad de código.

Hasta ahora, el código de Luo Shen lo habían escrito entre los tres. Cada uno tenía su punto fuerte en distintas áreas, pero en cuanto a programación como tal, ninguno dominaba la técnica a la perfección. Por eso, el núcleo del código de Luo Shen era feo y redundante. Lin Xun estaba trabajando duro en optimizar el algoritmo.

En este momento, la carga de trabajo había crecido tanto que los tres ya no podían con todo. Necesitaban a una cuarta persona, alguien con habilidades técnicas excepcionales y dominio absoluto de Python y Glax.

Lo que significaba que su salario sería elevado.

Wang Anquan lanzó una hipótesis:

—Supongamos que contratamos a un programador con un sueldo mensual de diez mil.

—Lo que tendrás será un programador que codifica a punta de Baidu[1] y CSDN[2] —respondió Lin Xun.

—Si su sueldo sube a veinte mil…

—Entonces dominará la programación orientada a Google y GitHub —intervino Zhao Jiagou.

—¿Y si ofrecemos cincuenta mil…? —preguntó Wang Anquan.

—Será un programador competente, pero aún así no estará a la altura de la dificultad del código de Luo Shen —concluyó Lin Xun.

Wang Anquan suspiró.

—¿Cómo puede un simple programador ser tan costoso?

—Piensa en lo que valemos, Anquan —Zhao Jiagou se encogió de hombros—. Eagle y Lions nos ofrecieron salarios anuales de entre seiscientos y setecientos mil al año en el primer contrato. Eso ya era poco. Por eso añadieron acciones al paquete. Solo entonces nos tentaron.

—¿Cuánto te ofreció Eagle? —preguntó Wang Anquan.

Lin Xun vio que la conversación estaba a punto de convertirse en una nueva batalla interminable de comparaciones y debates entre Python y Java, así que la cortó rápido:

—Creo que su rango salarial debería estar entre setenta mil y cien mil.

—Y ahí se nos va la mitad de nuestros fondos. Además, todavía tenemos que alquilar servidores. —Wang Anquan cruzó los brazos—. Así que, Suanfa, ¿sabes cuál es tu tarea para esta noche?

—… Sí —respondió Lin Xun.

Pedirle dinero a Dong Jun.

Los cielos sabían que él era una persona que dudaba varias veces antes de siquiera marcar el número de Dong Jun.

Pero la noche llegó, como siempre, demasiado rápido.

Lin Xun se paró frente al espejo.

—¿Seguro que necesito usar esto?

—Te recomiendo confiar en mí —dijo Zhao Jiagou.

Lin Xun se observó en el reflejo.

Un suéter blanco de cuello alto. La chaqueta no era nada formal, más bien un gabán beige. Todo en tonos claros. Y ese cuello alto suave lo hacía ver muy…

—Este es el estilo que le gustaría a mi hermana —murmuró Lin Xun.

—Exacto. —Zhao Jiagou dio unas vueltas a su alrededor—. Ahora pareces un conejito que acaba de salir de su madriguera, todo tierno.

—Jiagou —dijo Lin Xun—. Tus metáforas mejoran cada día.

—Gracias por el elogio —respondió Zhao Jiagou mientras le acomodaba el cuello—. Pero no es una fragilidad excesiva, porque tu temperamento en esencia es muy sereno. Así que es algo en ascenso: de juventud, de crecimiento, muy luminoso.

—Estás empezando a usar mal las palabras —replicó Lin Xun.

—Perdón —dijo Jiagou—. Entonces digámoslo así: pareces un hermanito.

¿Cómo?

Wang Anquan no pudo contener la risa.

—La elección perfecta para un romance con una mujer mayor: ser un lobito dulce y guapo —añadió Zhao Jiagou—. De esos que apenas las mujeres ven, exclaman: «Hermanito, sí a todo».

Lin Xun ya no entendía las divagaciones de Zhao Jiagou. No solo lo habían reducido a un «hermanito», ¡ahora también era una criatura que ni siquiera había sido destetada!

Sin embargo, fuera como fuese, al igual que en la lingüística, su gusto estético era el mejor de los tres. Además, confiaba en su guardarropa. Su hermana, Lin Ting, cuatro años mayor que él, estudiaba arte en el extranjero y sin duda tenía un gusto exquisito.

El guardarropa de Lin Xun había sido organizado meticulosamente por la señorita Lin Ting, con conjuntos listos para cada ocasión. Jamás había fallado.

—En resumen —concluyó Wang Anquan—, esta noche usarás tu juventud y tu buena apariencia, además de tu mente brillante, para conmover a Dong Jun y hacer que aumente la inversión.

—¿Ustedes van a llevarme? —preguntó Lin Xun.

—No. Ya eres grande, Suanfa —dijo Wang Anquan—. Tienes que ir tú solo en autobús. Eso despertará la compasión de Dong Jun: un genio incomprendido, obligado a viajar en transporte público.

Lin Xun decidió que ya no valía la pena responderles. Se dio la vuelta y salió. En el último momento, todavía alcanzó a Zhao Jiagou farfullar:

—Anquan, ¿viste a nuestro Suanfa esta noche? Parece de diecinueve años. Puede despertar el instinto maternal de cualquier hembra.

Lin Xun no pudo contenerse y se dio la vuelta de nuevo.

—Pero voy a ver a Dong Jun.

—Tienes que creer que la naturaleza humana está interrelacionada —dijo Zhao Jiagou.

Zhao Jiagou… era, sin duda, un sofista.

Lin Xun llegó al lugar acordado. Estaba en los alrededores de la Torre Galaxia, un restaurante occidental que parecía discreto desde fuera, pero cuyo interior estaba diseñado con mucha delicadeza. La música que flotaba en el aire era suave y se percibía un tenue aroma a pétalos de rosa.

Los semáforos en rojo habían retrasado un poco el trayecto, pero aun así llegó cinco minutos antes de la hora acordada.

Dong Jun ya estaba allí.

Vestía una camisa negra sencilla, con las mangas remangadas que dejaban ver parte de sus muñecas. No llevaba más accesorios que un reloj plateado y tenía desabotonado el primer botón del cuello.

La montura de sus gafas había cambiado a un gris oscuro, con una cadena del mismo color. No mostraba expresión alguna en el rostro; daba la impresión de ser muy serio, y a la vez, no tanto. Lin Xun no tenía el dominio del lenguaje suficiente para describirlo con precisión.

—Has llegado —dijo Dong Jun.

—¿Lo hice esperar mucho? —Lin Xun tomó asiento.

—No demasiado. —Dong Jun deslizó hacia él una copa de jerez.

La copa de tallo largo tenía un tenue vaho blanco en el exterior, estaba helada.

Lin Xun recordó de inmediato el vaso de agua fría que le había ofrecido su ídolo en su oficina el día anterior. «Quizás en esto compartimos hábitos», pensó. «Tal vez él tampoco soporta las cosas calientes».

—¿Vive muy lejos de aquí, señor Lin?

—Seis kilómetros, no es tanto. —Lin Xun se humedeció los labios—. Y no tiene que llamarme «señor Lin», puede usar mi nombre… Me llamo Lin Xun.

—Lin Xun… —repitió Dong Jun—. ¿Así te llaman tus amigos?

—A veces —respondió Lin Xun—. Pero la mayoría del tiempo me dicen «Suanfa».

Una chispa de humor brilló en los ojos de Dong Jun.

—Es que uno se llama «Anquan» y el otro «Jiagou» —explicó Lin Xun.

—Entonces a su equipo solo le falta un «Daima»[3] —comentó Dong Jun.

—Exacto, Lo estamos buscando —dijo Lin Xun—. Pero no es fácil de encontrar.

—El algoritmo Luo Shen tiene una estructura completamente nueva, ¿verdad?

—Sí, en parte por eso… y también por el presupuesto. No podemos ofrecer salarios que atraigan a programadores de primer nivel. —Lin Xun soltó la frase medio en broma. Aunque su ídolo lo tenía un poco embobado, no había olvidado las serias advertencias de Wang Anquan.

Observó a Dong Jun tomar un pequeño sorbo de vino. La iluminación era tenue, con un aire casi sugerente. La luz temblorosa reflejándose en el líquido dentro de la copa.

—¿Cuándo planean comenzar la primera ronda de financiación? —preguntó Dong Jun.

¿Eh?

—Nosotros… ¿no estamos haciendo eso ahora mismo? —Lin Xun lo miró, desconcertado.

—Parece que hay un malentendido —dijo Dong Jun—. La compra de acciones fue una decisión personal mía.

Lin Xun parpadeó.

—Lo que quiero decir es que, cuando inicien la primera ronda formal, quizá consideren priorizar la inversión de capital de riesgo[4] de Galaxia, en lugar de… empresas como Eagle, por ejemplo.

Lin Xun pensó por un momento.

—Pero solo usted ha apostado por nosotros.

—Me gusta la matemática —dijo Dong Jun.

—Entonces, ¿significa que en la primera ronda de financiamiento, Galaxia sí invertirá en Luo Shen? —preguntó Lin Xun.

—Siempre y cuando presentes un resultado preliminar —contestó Dong Jun—. Ya me has convencido con el algoritmo, ahora necesitas convencer a nuestro equipo de inversión con algo concreto.

Lin Xun lo miró a los ojos y sintió que, en apenas dos encuentros, había empezado a confiar en él.

La personalidad que mostraba Dong Jun ahora no era en absoluto como la que mostraba frente a la prensa: no parecía distante ni autoritario. De hecho, Lin Xun pensaba que era bastante accesible.

Se negaba a atribuirlo a artimañas de empresario. Ya tenía una impresión positiva de él desde antes.

Siguiendo ese hilo, empezó a hablarle de los planes a futuro, de las funciones que querían implementar.

—En teoría, Luo Shen podría cubrir todas las capacidades actuales de un sistema inteligente. Por ahora no tengo ideas para nuevas funciones, pero… su eficiencia, según nuestros cálculos, será muy superior a la de un motor basado en redes neuronales. Quiero partir de eso.

Los motores de redes neuronales, al analizar grandes volúmenes de datos, pueden realizar juicios que se aproximan a la «inteligencia». Pero esto conlleva un problema: cuanto más se acercan a ese ideal, más datos requieren. Esa necesidad masiva de datos es una carga colosal tanto para el hardware como para el software, sobre todo ahora que la minería de datos[5] se ha estancado.

Es un misterio: ¿cómo puede ser que el cerebro humano, con apenas 1,200 gramos, tome decisiones complejas y aprenda tan rápido, cuando máquinas con capacidades de cálculo inmensas y almacenamiento descomunal siguen sin poder replicarlo?

Pero Luo Shen podría acortar esa brecha.

Y eso significaba algo, una posibilidad emocionante: quizás, algún día, pudiera lograrse.

Lin Xun siempre había tenido claro qué estaba construyendo durante estos tres años, por eso, incluso cuando Wang Anquan había mencionado más de una vez la idea de disolver el equipo, él nunca dudó.

—¿Tienen soporte de datos? —preguntó Dong Jun.

—Todavía no —admitió Lin Xun—. Pero mañana mismo planeamos alquilar servidores y comenzar los cálculos.

Dong Jun dio un par de golpecitos con los dedos en la mesa.

—En el centro de datos de la sede de Galaxia tenemos servidores disponibles. Los puedo asignar a Luo Shen. Contacta a Ruan Zhi cuando los necesiten.

—Muchas gracias —respondió Lin Xun.

Si no tenían que gastar en alquilar servidores, se ahorrarían una gran parte del presupuesto. Esta reunión con Dong Jun ya se podía considerar un éxito rotundo.

Después pasaron a la revisión del contrato. Cuando todo estuvo en orden, Dong Jun le preguntó por su progreso.

Fue entonces cuando Lin Xun cayó en la cuenta: Luo Shen había obtenido lo que necesitaba, pero él aún no lo había hecho.

¡Este hombre era Dong Jun! ¡Un programador legendario, con unas manos bendecidas por Apolo!

¡Y justo ahora Lin Xun se encontraba con un dilema en su código que no podía resolver!

Así que empezó a pedirle consejo.

Hoy sí había traído papel y lápiz.

No fue hasta que el camarero comenzó a servir los platos que dio por terminada su ronda de preguntas… Aunque aún le quedaban ganas de seguir, sin querer guardar todavía su libreta.

De repente, Dong Jun dijo algo que Lin Xun no entendió del todo:

—Solo pedí un postre.

Lin Xun guardó silencio, dejando traslucir su confusión.

Entonces vio una leve sonrisa asomar en los ojos de Dong Jun.

—Pero tu imagen de hoy me hizo pensar que debería haber pedido más.

—…

Recordó las absurdas palabras de Zhao Jiagou antes de salir. Algo sobre que parecía un «conejo recién salido de su madriguera».

No, mejor dicho… un conejito.

Decidió fingir que no había escuchado nada, que no se había acordado de nada.

Al terminar la cena, Dong Jun preguntó:

—¿Cómo vas a volver?

—En autobús —respondió Lin Xun.

—¿Quieres que te lleve?

Y así fue como Lin Xun terminó sentado en el Bentley negro de su ídolo, aún con un problema sin resolver en su mente. Podría aprovechar el trayecto para seguir preguntando.

En el momento exacto en que se abrochó el cinturón de seguridad, pensó: «Zhao Jiagou es un idiota, pero Wang Anquan… él sí que es un genio».


Notas:

[1] Baidu es el motor de búsqueda más popular en China y el 4º sitio más popular a nivel mundial.

[2] Red de desarrolladores de software de China: una de las redes más grandes de desarrolladores de software en China. CSDN proporciona foros web, alojamiento de blogs, noticias de TI y otros servicios.

[3] Dàimǎ [代码] Código.

[4] El capital de riesgo es una forma de financiar empresas que están naciendo y que no tienen un historial que permita confiar en sus resultados o tener la seguridad de que se recibirán retornos por el dinero que se le preste.

[5] La minería de datos o exploración de datos (es la etapa de análisis de “Knowledge Discovery in Databases” o KDD) es un campo de la estadística y las ciencias de la computación referido al proceso que intenta descubrir patrones en grandes volúmenes de conjuntos de datos.

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x