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—NO SÉ CÓMO explicártelo —dijo Lin Xun—. Pero soy inocente.
—¿Eres un conejito blanco que no hizo nada… salvo dejar inconsciente a un adulto a mano desnuda? —soltó Wang Anquan.
—No fue a mano desnuda. Usé un teclado. —Lin Xun miró su Cherry: la base metálica seguía intacta, solo habían volado algunas teclas. Si las volvía a poner, seguro seguía funcionando.
—¿Y ahora qué hacemos? —Wang Anquan le dio una patadita a Jiang Lian, pero no hubo reacción.
—¿Le echamos agua fría? —sugirió Zhao Jiagou.
—No. Ni se te ocurra —dijo Lin Xun—. No podemos dejar que despierte. Sospecho que no es un ser humano normal.
—¿Qué? —Wang Anquan lo miró como si estuviera viendo a su hijo tonto.
Lin Xun iba a responder cuando, de pronto, un dolor agudo le atravesó el cráneo.
—Déjame… tener un momento en paz.
Cerró los ojos y entró en el espacio del sistema.
Jiang Lian había intentado infectarlo con un virus. Su espacio interno era como un sistema operativo básico, sin firewall alguno: completamente expuesto al ataque.
Los virus informáticos funcionan igual que los biológicos: corrompen archivos y recursos, se replican sin control… Si dañan recursos esenciales, el sistema colapsa.
Por suerte, la estructura de su sistema era tan simple que no había muchas vulnerabilidades, así que erradicar el virus no sería difícil. Lin Xun localizó el código fuente del virus, terminó el proceso, borró su arranque automático y eliminó los archivos residuales.
Tras la limpieza, todo volvió al estado inicial.
Cuando regresó al mundo real, el dolor de cabeza ya se había ido.
—¿Terminaste con tu «momento en paz»? —le dijo Wang Anquan con tono prudente, como si hablara con un lunático.
Pero Lin Xun no lo miraba a la cara, sino que, a través de su cuerpo, veía la inmensa habilidad de Wang Anquan en materia de seguridad informática.
Él era un experto en algoritmos, pero frente a virus o seguridad…. estaba en pañales. En cambio, esa era exactamente la especialidad de Wang Anquan. Si pudiera copiar su firewall y mantenerlo actualizado, entonces ya no tendría que temerle a ningún virus.
Wang Anquan retrocedió unos pasos, alarmado.
—¿Qué te pasa? Pareciera que quieres devorarme.
Lin Xun recogió las teclas caídas, las encajó de nuevo en su sitio y, abrazando el teclado, se acercó a la ventana.
—Anquan, déjame mostrarte… un ascenso celestial in situ.
Wang Anquan se rascó la cabeza, confundido.
Lin Xun concentró su intención en sí mismo y, de pronto, dio un salto ligero. Se separó del suelo flotando y luego aterrizó con gracia en el alféizar de la ventana. Se sentía como una pluma.
Wang Anquan y Zhao Jiagou se quedaron boquiabiertos.
Luego, Lin Xun flotó de regreso hasta colocarse delante de Wang Anquan.
Zhao Jiagou se acercó a pellizcarle el brazo.
—Es real, ah.
—¿Compraste uno de esos propulsores de aire? —preguntó Wang Anquan—. Ayer vi a unos niños en el parque dando saltos con uno. Uno se torció el pie. —Diciendo eso, fue a levantarle la ropa—. ¿Dónde lo tienes escondido? ¡Muéstrame!
Lin Xun se le escabulló y flotó hasta el otro extremo de la habitación.
—Aléjate de mí. —Justo cuando estaban en medio del alboroto, sonó el timbre—. Ah, llegó mi shifu al rescate.
Y, en efecto, el visitante era el anciano Huo. Caminaba con más prisa de lo habitual, pero con su andar igual de firme. Lin Xun lo guio hasta la habitación. Cuando el anciano vio a Jiang Lian envuelto en la sábana y atado con cuerdas como un gusano de seda gigante, chasqueó la lengua con desdén:
—Discípulo, tu técnica para atar es muy rudimentaria —resopló—. Luego te regalaré una Cadena de sujeción demoníaca.
—Shifu, no podemos infringir la ley.
—Los seres demoníacos, espectros y espíritus perversos no están sujetos a las leyes humanas.
Dicho esto, sacó el brazo de Jiang Lian de entre la soga y la sábana, juntó dos dedos y los colocó sobre su muñeca. Cerró los ojos y deslizó los dedos hacia arriba, como si buscara algo más allá de lo físico.
Wang Anquan y Zhao Jiagou jamás habían presenciado este tipo de práctica propia de culto raro. Se quedaron mudos como estatuas.
Pasados cinco minutos, el anciano Huo abrió los ojos de golpe.
—Está poseído por un espíritu maligno. Voy a expulsarlo.
Frunció el ceño. Sentó a Jiang Lian, le puso ambas manos en la espalda y comenzó a recitar palabras ininteligibles en voz baja mientras aplicaba presión. Cinco minutos después, le dio un empujón con fuerza.
Jiang Lian, aún inconsciente, empezó a toser con fuerza y de su boca salió una niebla negra y espesa.
Un segundo después, esa niebla salió disparada directo hacia Lin Xun.
El anciano Huo reaccionó al instante y dio un paso al frente. Entre sus dedos apareció de la nada un talismán de papel amarillo, ¡que estampó de lleno contra la niebla oscura!
Tras un chillido agudo, similar a una corriente de alta frecuencia, la niebla cayó al suelo, se retorció un instante y luego quedó inmóvil. Una masa difusa de humo se arrastró hasta el rincón, con el talismán amarillo pegado encima, creando una escena tan surrealista como ridículamente cómica.
—Fuck! —exclamo Zhao Jiagou.
—La puta madre… ¡¿Qué es esa cosa?! —dijo Wang Anquan.
Justo en el instante en que esa niebla negra se separó del cuerpo de Jiang Lian, el sistema emitió una notificación:
[Misión de emergencia «Primera prueba de fuego» completada.]
[Recompensas distribuidas. Por favor, reclámelas a tiempo.]
Pero Lin Xun no podía acceder al espacio del sistema aún; su maestro requería su atención.
—¿Podría ser… un demonio larvario? —murmuró el anciano Huo, acariciándose la barba con expresión solemne.
—¿Demonio larvario? —repitió Lin Xun.
—Una criatura demoníaca de bajo rango. Se aloja en cuerpos vivos, confunde el juicio y mantiene al huésped bajo su control con energía demoníaca. —El anciano Huo miró a Lin Xun—. ¿Llevas encima algún tesoro ancestral? ¿O alguna reliquia heredada?
Lin Xun pensó un momento. Nunca había tenido nada parecido.
—No, no tengo nada así.
—Extraño, muy extraño… ¿Por qué un demonio larvario te acecharía? El mundo demoníaco y el mundo humano llevan siglos separados. Esta clase de criatura no ha aparecido en mil años. A menos que… —El anciano Huo frunció un momento—. A menos que la energía demoníaca esté empezando a filtrarse de nuevo al mundo humano. ¿Y están empezando por atacar a nuestros discípulos más jóvenes, con menor nivel?
De pronto, se irguió.
—¡Esto es grave! Si se confirma, ¡todas las sectas de cultivo corren peligro! ¡Debo alertar de inmediato a todos los compañeros taoístas! —Se giró hacia Lin Xun—. Los jóvenes teclean más rápido! Vamos, ¡avisa al grupo! ¡Hay que proteger a los discípulos novicios!
Aunque no entendía bien de qué hablaba su maestro, Lin Xun abrió el grupo La Familia se Ama.
—Shifu, hay otros mensajes —comentó.
—¿Qué dicen? —preguntó el anciano Huo.
—Es del Venerable Shen Ji de la Secta Tianyan. —Lin Xun leyó en voz alta:
Tianyan – Venerable Shen Ji:
Malas noticias. Ayer, observando las estrellas, vi la Estrella Polar oscurecerse y a Sirius arder con fuerza. Presentí calamidad. Hoy hice un cálculo y el augurio fue nefasto.
Nanzhao – Madame Hudie:
¿Otra vez perdiste algo, venerable?
Tianyan – Venerable Shen Ji:
Nada de eso. Esta vez concierne al destino del Cielo y la Tierra. Amigos, temo que tiempos oscuros se avecinan.
El grupo estalló en discusiones. Todos contaban sus pequeños infortunios, pero el peor fue el de Yuan Xiao, que estaba por dar el examen de ingreso a la universidad y se olvidó de rellenar la hoja de respuestas en el simulacro. Entonces el tema cambió hacia él y los séniores empezaron a regañarlo por su falta de cuidado.
Cuando los mensajes aminoraron, Lin Xun escribió su mensaje:
Wuji – Lin Suan:
Hace un momento fui atacado. Shifu dice que la persona estaba poseída por un demonio larvario.
Al instante, el grupo explotó.
Nanzhao – Madame Hudie:
¿Estás herido? ¿Dónde? ¿Te duele?
Danding – Dama Inmortal Bihai:
¡Cielos, mi limoncito! ¿Dónde vives? Te enviaré píldoras curativas de inmediato.
Baopu – Gran Sabia Caixia:
Suancito, ¿cómo estás ahora?
Entre los mensajes llenos de angustia, solo uno destacó:
Qingcheng – Maestro Xiaoyao:
¿Un demonio?
Wuji – Lin Suan:
Estoy bien. No me lastimó. Lo dejé inconsciente.
Luego, tomó una foto del «demonio larvario», grabó un vídeo corto y lo compartió en el grupo.
Silencio.
Durante tres minutos completos, nadie escribió.
Entonces…
Qingcheng – Maestro Xiaoyao:
@todos La Gran Reunión Taoísta se adelantará. Por favor, todos los cultivadores deben reunirse en el Monte Qingcheng en dos días. Yo me encargaré de hablar con la administración del parque para cerrar el área turística: durante esos días, no se permitirá el ingreso de ningún mortal.
Qingcheng – Maestro Xiaoyao:
@todos Por favor, activen las barreras protectoras de sus sectas. Protejan especialmente a los discípulos con bajo nivel de cultivo.
Qingcheng – Maestro Danyang:
Recibido.
Geling – Lord Qiushan:
Recibido.
Nanzhao – Miao Fengli:
Recibido.
Cuando por fin se calmaron los ánimos en el grupo, Jiang Lian recuperó la conciencia. Según el anciano Huo, él era inocente. Solo había estado poseído y por eso atacó a Lin Xun.
Lin Xun lo miró. Tenía un chichón gigante en la cabeza. Después de hoy, probablemente quedaría aún más calvo. Sintió una oleada de culpa.
—Yo… —Jiang Lian abrió los ojos con dificultad—. ¿Qué… qué pasó?
Lin Xun lo desató y retiró la sábana.
—Jiang-ge, lo siento.[1]
—¿Ah…? —Jiang Lian parecía seguir medio dormido. Se tocó la cabeza y, al instante, se encogió de dolor—. ¡Ay, duele!
Lin Xun se estaba devanando los sesos pensando en cómo explicarle, pero fue el anciano Huo quien, de pronto, cerró los ojos y, al abrirlos, cambió por completo su expresión: adoptó un aire sereno y benevolente.
—Soy el doctor herbolario Huo, del piso de arriba.
—¿Eh…? —Jiang Lian no entendía nada.
El anciano médico tradicional, de cabello nevado y barba plateada, con la elegancia de un inmortal y la complexión de una grulla, vestido con un tradicional traje chino negro, reflexionó un momento antes de comenzar a inventar sin pestañear:
—Tuviste un ataque epiléptico. Te tiraste al suelo y empezaste a dar vueltas. Los chicos me llamaron de inmediato para que bajara a tomarte el pulso. —Mientras hablaba, revisó la herida en la cabeza de Jiang Lian—. Ah, te golpeaste muy fuerte. No importa. Te prepararé un ungüento y en tres días estarás como nuevo.
Jiang Lian, aún sin entender nada, solo pudo responder por reflejo:
—G-gracias… doctor. —Miró a su alrededor con la mirada perdida. De pronto se fijó en la esquina… donde todavía se acumulaba una nube de niebla negra. Se quedó helado—. ¡Eso…!
Pero el anciano Huo fue más rápido. Le asestó un golpe certero en la nuca y Jiang Lian se desplomó inconsciente una vez más.
Notas:
[1] La palabra 哥 (gē) en chino significa hermano o hermano mayor. Se utiliza comúnmente en un contexto familiar o amistoso para referirse a un hermano o a un amigo masculino de manera afectuosa. También puede ser utilizado en expresiones coloquiales o informales para dirigirse a hombres en general, similar a “bro” en inglés. En algunos contextos, puede expresar cercanía o camaradería.