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EL VECINO HIZO como si no lo hubiera oído. Siendo así, no podía culpar a Lin Xun por recurrir a la legítima defensa.
Presionó F11.
¡Ejecutar programa!
El virus gusano es uno de los tipos más comunes de malware. Se propaga a través de la red, oculto en páginas web, archivos, anuncios a pantalla completa y cualquier otro rincón posible. Una vez que infecta el sistema, ejecuta operaciones maliciosas en segundo plano: dañando el equipo o robando información.
Lin Xun no sabía qué consecuencias concretas podía acarrear el ataque del virus, así que no usó uno demasiado agresivo.
Pero fue más que suficiente.
Al principio, el vecino aún tenía los ojos bien abiertos, las venas del cuello marcadas, y seguía lanzando cuchilladas una tras otra contra el muro invisible. Sin embargo, al cabo de un minuto, sus movimientos comenzaron a volverse vacilantes. Su fuerte brazo derecho tembló levemente y la mano que sostenía el cuchillo empezó a sacudirse.
Medio minuto más tarde, la ferocidad en su mirada se diluyó, reemplazada por una profunda confusión. ¡El cuchillo cayó al suelo con un sonido metálico! Pero la inercia del movimiento seguía allí, por lo que se fue de bruces hacia adelante. A duras penas logró mantenerse en pie, tambaleándose varios pasos como un borracho en plena madrugada.
Lin Xun lo observaba en silencio mientras avanzaba con un paso errático, tropezando cada pocos metros, dando vueltas sin sentido en el espacio frente al edificio. En su cabeza pensó: «De verdad parece una computadora colgada».
El sol empezaba a salir, y más personas caminaban por el vecindario. Lin Xun pensó que dejar a ese hombre vagando así era un peligro. Aunque ya hubiera perdido la conciencia, su presencia resultaba chocante. ¿Y si salía algún niño del edificio y él lo golpeaba…? Sería un desastre.
Tras reflexionar un momento, decidió intervenir por el bien de la seguridad de la urbanización. El vecino miró con la misma expresión confusa de antes. Lin Xun levantó el teclado y le dio un golpe en la cabeza. Luego, sacó su teléfono.
—Shifu, me volvieron a atacar.
* * *
—Soy el doctor herbolario Huo, del piso de arriba. Hace un momento sufriste un ataque epiléptico, por suerte el joven Lin del departamento de enfrente te vio y me llamó para tomarte el pulso. —El anciano Huo tenía un aire de sabiduría inalcanzable, y de pie bajo la luz de las ocho de la mañana, lucía aún más benevolente que el día anterior.
El vecino no entendía nada. Recién recuperado, se sobó la cabeza adolorida, su expresión tenía una inocencia que no concordaba con su corpulencia.
—¿Y entonces me pegué solo…?
El anciano Huo acarició su barba.
—Así es. Pero no te preocupes, ahora estás bien. Basta con que tomes las Píldoras Wuji para la Epilepsia que te receté y descanses.
Y así fue como el anciano Huo cosechó otro: «Gracias, doctor».
Una vez el vecino se fue, el anciano se volvió hacia él.
—Tú, que ni siquiera puedes percibir el flujo de energía espiritual, has logrado someter dos veces a personas que portaban un demonio larvario. Parece que este maestro te ha subestimado.
—Shifu exagera —respondió Lin Xun, abrazando su teclado Cherry—. Lo que pasa es que el teclado de tu discípulo es bastante útil.
—¡Eso es pura apariencia sin sustancia! —exclamó el anciano Huo—. Si vas a enfrentarte a otros con eso, ¿por qué no llevas mejor un ladrillo?
Lin Xun pensó en ello un momento.
—Un ladrillo quizá no pase el control de seguridad.
El anciano guardó silencio por un buen rato. Justo cuando Lin Xun pensaba que había metido la pata, de repente lo vio aplaudir como si hubiera recibido una iluminación celestial y echarse a reír
—¡Maravilloso! ¡Brillante! ¡Buen discípulo! ¡Tienes el mismo ingenio que yo en mis años mozos!
«Bueno… si el maestro lo dice, entonces será verdad».
Después de elogiarlo, el anciano Huo añadió:
—Pero dime, ¿qué tienes de especial? ¿Cómo es que ya van dos flechas con demonios larvarios que te han elegido como blanco?
Lin Xun negó con la cabeza.
¿Tendría que ver con el sistema que llevaba dentro? Pero eso tampoco tenía sentido… El anciano Huo era un cultivador experimentado, y ni siquiera él había podido detectar nada inusual en su cuerpo. Siendo así, aquellos demonios larvarios con niveles claramente inferiores no podrían haberlo percibido tampoco.
Entonces, ¿había algo más en él que todavía no comprendía?
Tras una larga discusión sin resultados, siguieron con el plan original y tomaron el avión rumbo a Chengdu. Al aterrizar, hicieron transbordo y, al caer la tarde, llegaron al pie del Monte Qingcheng.
La zona turística estaba cerrada, la venta de entradas suspendida, y no se veía ni un alma en los alrededores. Solo se oían, a lo lejos, algunos cantos de aves.
El cielo estaba oscureciendo. Las montañas, una tras otra, se perdían en una niebla fina que se deslizaba suavemente como humo. Incluso Lin Xun, cuya sensibilidad estética era casi inexistente, no pudo evitar pensar que aquel paisaje tenía un aire sereno y etéreo, realmente digno de ser morado por damas y sabios inmortales.
El anciano Huo lo condujo por un sendero apartado y empinado. Mientras subían, dijo:
—Estos últimos años, el Monte Qingcheng ha ganado mucha influencia. Son la cabeza de las sectas inmortales. ¡Hasta los declararon zona turística! Cobran entrada y se quedan con una comisión. ¡Están forrados! Ese viejo Maestro Xiaoyao cada vez camina más erguido.
—Shifu, ¿siempre han existido cultivadores en este mundo? —preguntó Lin Xun.
—Nuestras sectas tienen milenios de historia —respondió el anciano—. La búsqueda de la inmortalidad es tan antigua como el tiempo.
Lin Xun guardó silencio. Siguieron subiendo, sin saber cuánto tiempo había pasado. Cuando la noche estaba por caer, de pronto se oyó una voz juvenil y clara al frente:
—¿Sénior Huo?
Con la voz apareció una figura que saltó de entre la vegetación. Era un muchacho de unos dieciséis o diecisiete años, vestido con una túnica taoísta azul y cargando una cesta de mimbre en la espalda.
—¡Oh! —exclamó el anciano Huo—. Pequeño Yuan Xiao‘er, ¿estás de vacaciones?
—Pedí permiso —respondió el chico—. Mi shifu dijo que la Reunión Taoísta era importante.
Así que este era Yuan Xiao… Aunque se veía bastante adorable, ¡era el mismo que usaba memes como foto de perfil en WeChat! Lin Xun apenas lo estaba reconociendo cuando su maestro lo empujó hacia delante:
—¡Mira, este es tu shixiong Lin Suan con quien hablas en el grupo!
—¡Compañero taoísta Lin! —Yuan Xiao se paró frente a él.
El muchacho tenía facciones delicadas, cara redonda de niño, con mejillas algo regordetas. Resultaba muy simpático.
—Shidi[1] Yuan Xiao —saludó Lin Xun.
—Acabo de recolectar hierbas medicinales —respondió Yuan Xiao con una sonrisa—. Justo iba de regreso.
Así que se unió a ellos. No habían avanzado mucho cuando el anciano Huo preguntó:
—Yuan Xiao, ¿cómo te fue en el examen?
La sonrisa de Yuan Xiao se desdibujó, su expresión se volvió rígida y su voz temblorosa:
—Si no me hubiera olvidado de llenar la hoja de respuestas… pues… pues habría estado bien…
—¡Tienes que esforzarte más! —le regañó el anciano Huo.
—… Está bien. —Entonces Lin Xun vio cómo Yuan Xiao lo miraba—. Shixiong Lin, ¿ya estás en la universidad? ¿Cuánto sacaste en tu examen de ingreso? Estoy muy nervioso, ¿qué hago?
—Yo no tomé el examen…
Antes de que terminara de hablar, el anciano Huo lo interrumpió.
—¡Tu shixiong no siguió el camino académico formal! No puedes seguir su ejemplo. ¡Acabarás reparando computadoras!
—… me dieron pase directo.
—…Ejém.
El ambiente se volvió silencioso. En el aire flotaba una ligera incomodidad y un poco de quietud. Yuan Xiao lo rompió de golpe:
—¡Guau!
Lin Xun, con toda la buena voluntad del mundo hacia la «flor de la patria[2]», le dijo
—Si hay algo que no entiendas, puedes preguntarme. Matemáticas, física, química o biología, también inglés.
—Pero… —Yuan Xiao lo miró alzando la cabeza—. Shixiong, yo soy de humanidades. Llevo política, historia y geografía.
La buena voluntad de Lin Xun se transformó en admiración sincera:
—Mis respetos.
—Acabo de recordar que debo visitar a un viejo amigo en la Cueva del Maestro Celestial —dijo el anciano Huo—. Me adelanto.
No esperó respuesta. Se esfumó entre los árboles como si tuviera aceite en los pies.
¿Se sintió avergonzado su maestro? Lin Xun miró en dirección a la que se esfumó, pensando que el anciano también tenía su lado entrañable.
Ahora solo quedaban él y Yuan Xiao. Por fin, un terreno común. Caminaron conversando durante unos cuarenta minutos, hasta que el sendero se torció y apareció la entrada principal de un templo taoísta erguida en lo alto, destacando en medio del verdor.
—¡Llegamos! —dijo Yuan Xiao.
Sin embargo, en la entrada del templo se oía una discusión acalorada.
Yuan Xiao tiró de la manga a Lin Xun.
—¡Otra vez esa gente!
—¿Eh?
En la penumbra, Lin Xun distinguió un grupo de personas con túnicas taoístas reunidas frente a la puerta, discutiendo con los dos guardianes del templo.
—¿No aceptan duelos estos días? ¿Acaso tienen miedo de nosotros? —dijo el que lideraba al grupo—. ¡Hoy mismo tomaremos Qingcheng, recuperaremos el Palacio Shangqing y recuperaremos lo que nos pertenece!
—¿Quiénes son? —preguntó Lin Xun.
—Unos apestosos espadachines[3] —respondió Yuan Xiao—. Se desviaron del camino correcto, solo piensan en pelear y en luchas internas. Hace unos años, mi shifu los expulsó del templo. Fundaron su propia secta.
Al decir esto, Yuan Xiao arrugó la nariz.
—Pero el Monte Qingcheng es el líder de la senda celestial y guarda una reliquia sagrada protegida en nuestra secta. Ellos la codician, dicen que son los verdaderos herederos del linaje y vienen todo el tiempo a provocarnos, diciendo que purgarán a los herejes y reclamarán el Palacio Shangqing. Shixiong, antes no estabas en el grupo… en ese entonces siempre hablaban pestes de nosotros. Hace un mes, mi shifu los expulsó a todos.
»Solo que… —Yuan Xiao se rascó la cabeza, bajando la voz—. La verdad es que pelean bastante bien. Y nosotros… no podemos ganarles.
—¡¿Quién anda ahí?! —El líder del grupo se volvió bruscamente hacia ellos—. Oh —dijo, alzando una ceja—. ¿Es el pequeño shidi Yuan Xiao? —El sujeto no tenía rasgos destacables, y en la oscuridad los detalles se perdían, pero su tono arrogante y provocador era inconfundible—. ¿Qué dices, pequeño shidi? ¿Te animas a un duelo con este shixiong?
Yuan Xiao tembló y se escondió detrás de Lin Xun.
—¿Y este quién es? —preguntó el sujeto mientras se acercaba, evaluando a Lin Xun con la mirada—. ¿Nuevo discípulo del Maestro Xiaoyao? ¿O de Danyang? ¡Esos viejos solo aceptan almohadas bordadas![4]
—¡Tú…! —Yuan Xiao frunció el ceño.
—¿Yo? —replicó el otro con desdén, mientras limpiaba su espada con indiferencia—. Lleva al shixiong Qi a la montaña.
—¡Ni lo sueñes! —respondió Yuan Xiao
Los ojos del sujeto se afilaron, la luz de la espada brilló con fuerza y la punta se alzó directo hacia Yuan Xiao.
—¿Ahora desobedeces a tu shixiong?
La mano con la que Yuan Xiao sostenía la manga de Lin Xun se tensó aún más. Estaba asustado, incluso su voz temblaba al hablar:
—Tú… tú no eres mi shixiong.
El de apellido Qi se rio con desprecio.
Yuan Xiao volvió a temblar y le susurró a Lin Xun:
—Shi… Shixiong Lin, yo no puedo ganarle.
Lin Xun le dio unas palmaditas tranquilizadoras en el dorso de la mano.
—Retrocede un poco.
—Qi Yun solía ser el discípulo principal de Qingcheng, es muy fuerte —advirtió Yuan Xiao—. Tenemos que buscar la forma de escapar.
Lin Xun no respondió. Apartó con cuidado al tembloroso Yuan Xiao de sí y se enfrentó al llamado Qi Yun con la mirada.
Qi Yun lo miró, pero sus palabras seguían dirigidas a Yuan Xiao:
—Vaya, ¿así que encontraste un protector, shidi? Hoy sí que estás decidido a no dejar subir a tu shixiong, ¿eh?
Mientras hablaba, volvió a alzar la espada, esta vez apuntando justo a la cara de Lin Xun, claramente con intenciones hostiles.
Lin Xun miró a Qi Yun y luego a la espada en su mano. Abrió su mochila, sacó su teclado Cherry y le pasó la mochila a Yuan Xiao para que la sostuviera.
Qi Yun soltó una carcajada e hizo una floritura con su espada.
—Hermano, ¿esa es tu arma mágica? ¿No se te hace un poco ridícula?
—Shixiong —respondió Lin Xun, sin moverse, con tono tranquilo—, portar armas blancas es ilegal.
Notas:
[1] Es un término chino que significa «hermano menor» o «junior» dentro de un contexto similar al de «shixiong». Se utiliza para referirse a un compañero de estudios o discípulo que ingresó después que uno mismo bajo el mismo maestro o en la misma escuela. Es una forma respetuosa de dirigirse a alguien con menos antigüedad o experiencia en el aprendizaje o la práctica de una disciplina compartida.
[2] La expresión “祖国的花朵” (zǔguó de huāduǒ) se traduce literalmente como “las flores de la patria”, y es una metáfora muy común en el discurso chino para referirse a los niños. Se utiliza para enfatizar el valor de la infancia como esperanza nacional. Similar a decir en español: “los niños son el futuro de la patria”.
[3] Jiàn xiū [剑修] Una traducción más literal sería «Cultivadores de Espadas»: un grupo especial entre los cultivadores. Perfeccionan sus habilidades para ser uno con la espada, apenas estudian hechizos ni usan otros artefactos mágicos, su arma es solo una y esa es la espada. Viven de sus espadas y las aprecian como si fuera su segundo cuerpo.
[4] «Almohada bordada» se usa para describir a alguien que solo tiene una apariencia agradable, pero poca habilidad.