#11

Arco | Volúmen:

Parte 1

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

—Sabe mi nombre…

—Los datos personales de la oficina a la que damos encargos aparecen en los informes de misión —respondió Black Tan con indiferencia y señaló con la mirada un banco. Aunque no tanto como Noatiss, también era de complexión enorme.

El hombre de ojos amarillos, criado como un héroe de combate, era conocido como un arma humana de emociones áridas. Incluso había visto en las noticias varias veces cómo agarraba las cabezas de los villanos y las destrozaba con una fuerza descomunal. Pero ahora, parecía tan manso como una bestia con correa.

—Aunque volvieras al lugar, no podrías trabajar de todas formas, ¿verdad? Si es por la orden, no te preocupes.

Se preguntó por qué querría hablar con él. Euichan dudó un momento, pero ante la actitud del hombre que no parecía dispuesto a retirarse, no tuvo más remedio que asentir.

—Si es solo un momento… sí, hagamos eso. Pero si el jefe me llama, tendré que irme enseguida.

Euichan, dando unas palmadas al walkie-talkie que llevaba en la cintura, se dirigió primero al banco. Tras él, una sombra gigantesca lo siguió. Aunque era un poco tarde, pensó que no estaría mal tener una conversación con él, que podría ser el padre de los niños.

Sentados uno al lado del otro en el banco, pasaron un rato en silencio. Yeo Taehwon solo miraba a Euichan, que no hacía más que juguetear con las gafas de pasta que tenía en la mano.

—Aquel día. —De repente, él rompió el silencio. —¿Llegaste bien a casa?

—Si se refiere a aquel trabajo del otro día… sí, terminamos antes de lo esperado.

Durante dos meses, los tres grandes héroes que habían estado buscando como locos a Under Doom, al no encontrar ninguna pista, cambiaron su método de búsqueda. El primero en abandonar su estilo de acoso implacable fue Ra Épée. Luego, Noatiss. Y por último, Black Tan.

Los tres pusieron una recompensa por Under Doom, y la cantidad era superior a la suma total de las recompensas por todos los miembros de In the Hell. La condición era llevarlo con vida y sin un solo rasguño. Por cada herida que encontraran, la recompensa se reduciría a la mitad.

Así que los héroes que buscaban la recompensa andaban últimamente revolviendo hasta el polvo a las organizaciones de villanos para encontrar a Under Doom. Pero ni siquiera ellos podían compararse con los tres grandes. De vez en cuando, cuando tenían un hueco, esos tres se dedicaban a registrar hasta los cubos de basura en los rincones más recónditos.

¿Por qué buscarían tanto a Under Doom? ¿Será que, al recobrar la conciencia tarde, no pueden soportar haber hecho eso con un villano, y además con un hombre, y por eso querían matarlo? Euichan no podía entenderlo.

Incluso había visto a Black Tan echar un vistazo a los callejones justo después de terminar una misión.

«¿Por qué pensarías que iba a meterme en un cubo de basura?»

¿Tan sucio le parecía? Euichan, pensando en cómo era cuando estaba como Under Doom, se rascó la nariz con incomodidad. Y mientras jugueteaba con las gafas, de repente una mano enorme se acercó al dorso de su mano. Miró a un lado y vio que el hombre, con la mirada absorta en su mano, se concentraba en algo.

Observándolo bien, parecía que, por lo de la indigestión, le estaba presionando el espacio entre el pulgar y el índice con su mano. Debía de haber oído hablar de algún remedio casero. Aunque su toque era extremadamente torpe.

—No hace falta que haga esto, Black Tan.

—En la medicina coreana existe algo llamado “puntos de acupuntura”, y oí que presionar así es bueno. Pero… la mano de Euichan es demasiado pequeña para agarrar los puntos.

—…No es tan pequeña. Y, ugh… duele un poco.

La mano que presionaba con fuerza entre sus dedos se detuvo. Aunque solo un poco, en la punta de sus dedos se notaba un atisbo de sorpresa. Se preguntó qué expresión pondría ese hombre de piedra en momentos así.

Pero en cuanto levantó la cabeza, Euichan se encontró con un rostro que casi rozaba el suyo. Sin darse cuenta, su cuerpo se había girado hacia Yeo Taehwon. A diferencia de sus cejas ligeramente fruncidas, su expresión estaba completamente tensa. Él, a su manera, creía estar haciéndolo con suavidad, pero parecía desconcertado por las palabras de Euichan de que le dolía.

Aprovechando ese instante, Euichan retiró rápidamente su mano de la de él y respondió:

—No es que siga con indigestión, ya estoy bien.

—…¿Sueles tener indigestión a menudo?

—No. Solo de vez en cuando, no es algo habitual.

Black Tan bajó la mirada y observó a Euichan. Movió ligeramente los labios como si quisiera decir algo. Era extraño. Que un héroe imponente como una montaña dudara frente a Euichan, que no era nada.

—…Aun así, me preocupo. Porque Euichan es pequeño.

¿Sería un alivio no haber escuchado la palabra “débil”? Euichan tragó saliva y solo movió los dedos nerviosamente. En momentos así, solía tener la pesada ilusión de que tal vez sentía algo por él, como un algodón empapado en agua. Pero, si llegara a saber que él es Under Doom, ¿cómo reaccionaría? ¿De verdad lo buscaría para matarlo?

Euichan exhaló suavemente como si quisiera bloquear esos pensamientos. Sin embargo, los recuerdos volvían a surgir con claridad.

En la memoria de Ha Euichan, este hombre permanecía desordenado, a diferencia de ahora. Su rostro empapado en sudor, su feroz expresión frunciendo el ceño. Aun así, el movimiento de sus caderas al empujar hacia arriba era violento. Se sintió sin aliento por esa sensación apresurada y aterradora, como si una bestia le hubiera mordido la nuca y estuviera siendo devorado.

A veces su vista se oscurecía, y cuando volvía a abrir los ojos, Euichan seguía enredado entre los tres. Pensándolo bien, sentía un poco de resentimiento.

«…Seguro que solo a mí me abrazaron.»

Como era imposible que los tres lo hicieran entre ellos, seguro que fue unidireccional, solo se abalanzaron sobre Euichan. Si no, no habría otra forma de explicar ese dolor que recorría todo su cuerpo, como si lo hubieran golpeado, dejándolo adolorido y tenso. Sobre todo…

La parte de atrás.

Ese día, cuando entró al baño y se examinó, la parte de atrás estaba húmeda y pegajosa, goteando un líquido blanco mientras palpitaba. No sabía quién le había vestido, pero pensó que fue un alivio que nadie viera ese espectáculo en el momento del rescate. Después de eso, Euichan cayó enfermo con fiebre durante tres días.

—Yo no soy tan… pequeño.

Euichan, con expresión de incomodidad, se rascó la nariz por un momento. Era su costumbre, un gesto que salía cuando no encontraba qué decir.

—Es cierto. Es relativo… Pero para mí, lo eres.

—Es que Black Tan es muy grande.

—Aun así, a mis ojos eres pequeño.

Incluso desde lejos, la diferencia de complexión entre Euichan y Yeo Taehwon era evidente. Pero, básicamente, Ha Euichan era robusto y fuerte. Aunque otros dijeran que era delgado, que tenía huesos finos, que la piel del vientre se le pegaba a la espalda, él confiaba en que tenía un físico y una fuerza que no le quitaban crédito al compararse con los demás.

Euichan sintió de repente una mirada fija en él y levantó la cabeza. Los ojos que recorrían su cuerpo aquí y allá parecían examinarlo en busca de algún dolor. Al confirmar que estaba bien, de repente extendió la mano hacia Euichan.

Y entonces resonó un sonido seco.

—Hay un chico que tenía muchas ganas de verte, Euichan.

—¿Eh?

—Como le gustaste cuando te vio la otra vez, es natural.

De la punta de los dedos de Yeo Taehwon surgió un espejismo negro. Se alargó como una sombra, se posó pesadamente en el suelo y en un instante se volvió gigantesco. De la forma negra salió una larga cola que se enroscó en el tobillo de Euichan. Ante esa sensación escalofriante, Euichan frunció ligeramente el ceño.

Cortando el aire lúgubre de la noche, apareció frente a él una bestia negra como la noche, semejante a Yeo Taehwon. Un leopardo negro de ojos amarillos con manchas negras. La bestia, que desprendía el antiguo aroma del bosque oscuro, inclinó su enorme cuerpo. Sus dos ojos, al ver a Euichan, se redondearon con una expresión de deleite.

En un instante, la criatura se acercó y restregó su cabeza contra las rodillas de Euichan.

Prr prr…

—…¿Dice que este… chico quería verme?

Pero si hoy es la primera vez que se veían. Taehwon asintió con la cabeza sin expresión. Ante los movimientos del enorme animal que se restregaba contra él, el cuerpo de Euichan no dejaba de ser empujado hacia atrás. Cuando su espalda chocó contra el banco, sus piernas se doblaron por completo. Yeo Taehwon, que no pudo soportarlo más, extendió la mano y agarró la cabeza del leopardo negro.

—Nell.

Una voz que parecía un gruñido escapó de la garganta de Yeo Taehwon. Al sentir esa aura amenazante, el leopardo negro se encogió y se retiró por un momento. Aunque solo había llamado su nombre, el inteligente animal parecía saber qué había hecho mal. Había captado rápidamente la advertencia.

Cuando la mano del hombre se apartó, el leopardo negro dudó un momento y luego volvió a apoyar el hocico en las rodillas de Euichan. Al poco, como si hubiera sentido algo, el animal miró fijamente el vientre de Euichan. Sus ojos amarillos estaban llenos de preguntas y curiosidad.

—Eh… sí, con cuidado.

Recordaba haber leído en algún libro sobre «Embarazo y parto» que los animales captan con agudeza los cambios hormonales que los humanos no perciben. Quizás por eso, la bestia parecía haber notado que había algo en el vientre de Euichan. Si no, no restregaría la cabeza contra su abdomen una y otra vez.

Mientras parpadeaba lentamente sus redondos ojos como saludando, el leopardo negro los cerró con tranquilidad y frotó su cabeza contra el vientre de Euichan. Cuando Euichan volvió a ser empujado hacia atrás, Taehwon se interpuso y metió la mano para apartar al animal.

—Debe ser porque aun queda algo de mi rastro en ti.

En lugar de la bestia que no dejaba de rondar inquieta, una mano enorme se acercó. Euichan se sobresaltó. Entonces, Yeo Taehwon también se estremeció al mismo tiempo. El enorme animal parecía estar pendiente de las reacciones de ambos.

—¿Qué… rastro?

¿Acaso sabe algo? Euichan preguntó fingiendo tranquilidad, y mientras tanto, Yeo Taehwon retiró la mano. Parecía observar con insistencia la mano de Euichan, pero no podía saber la razón.

—En aquella ocasión, en el lugar del trabajo…

—…

—Se entregó equipo mezclado con algunos artículos de Ritan. Entre ellos, Euichan cogió un pequeño cañón.

Lo recordaba. En ese entonces, para romper un muro de hormigón que bloqueaba la entrada, Ritan había proporcionado armas a la empresa subcontratada. Pero el arma que Euichan había cogido con tanto ímpetu era problemática. La suerte de Euichan tenía la desgracia de llevar incluso esas situaciones al desastre.

—Entonces eso…

—Sí, era mío. Como era un cañón cargado con mucha potencia, debió tener buena fuerza.

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x