—¿Todavía no sientes nada romántico por mí?
Al final, Caden optó por la vía directa. No tenía talento para andarse con rodeos ni para sonsacar, y esperar pacientemente a que él reconociera sus sentimientos mientras fingía no darse cuenta lo estaba volviendo loco de atar. Ante la pregunta repentina, los ojos de Júpiter se abrieron de par en par y luego su mirada vagó por el aire, como desconcertado. Caden siguió esa mirada, claramente turbada, y entrecerró los ojos.
Ajá. Mira esto.
Parece que le di en el clavo. Caden, mitad divertido, mitad con la intención de ver hasta cuándo lo negaba, agarró a Júpiter por la ropa. Al acercarlo hasta tenerlo a un palmo de su cara, Júpiter frunció el ceño con apuro y puso los ojos en blanco con desesperación. Caden, sin sujetar su rostro que intentaba esquivar la mirada, gruñó:
—Mírame bien.
—Eh, uh…
—Júpiter Valerux.
—No me llames así…
Júpiter protestó con voz queda e hizo un puchero. Cuando intentó restregar su mejilla contra la de Caden para hacer arrumacos, este lo detuvo con la mano, y a su expresión enfurruñada se le sumó un aire de injusticia. Por mucho que se hiciera el adorable, lo que no valía, no valía. Ante la mirada firme de Caden, Júpiter se desanimó.
—¿Por qué lo preguntas?
—¿Cómo qué por qué?
—Total, ya dijiste que no me quieres. Entonces no hay problema, ¿no?
Cierto. Caden quería darse una bofetada a sí mismo si pudiera volver al pasado. Había complicado las cosas innecesariamente. ¿Por qué dijo aquello? Se reprochó a sí mismo, pero no podía cambiar el pasado y, pensándolo bien, esas palabras también las dijo por Júpiter.
Todo esto es culpa de Júpiter, ¿no? Caden, sintiéndose un poco injustamente tratado, lo fulminó con la mirada, pero Júpiter, como si no fuera menos, se limitó a devolverle la mirada con descontento. Mientras se miraban fijamente el uno al otro, la corriente romántica que había brotado con fuerza nada más verse se había esfumado sin dejar rastro.
—…
—…
Por un momento, se produjo un extraño enfrentamiento. Era como una lucha de egos entre dos personas que no querían desvelar sus sentimientos primero. Júpiter le sostenía la mirada con terquedad, y Caden no le iba a la zaga. Sus miradas chocaban sin un ápice de concesión, hasta que, en un momento dado, la comisura de los labios de Caden empezó a temblar.
—…
—No te rías.
—Puf.
—¡Que esto va en serio!
Cuando Caden no pudo aguantarse y soltó una carcajada, Júpiter gritó como protestando. Parecía que se enfadaba de verdad, pero Júpiter tampoco tardó en sucumbir a la risa que amenazaba con escapar. No era un asunto tan grave como para enfadarse mirando a la cara a la persona que querías, y al final, no era más que una pelea de enamorados, sin importancia. Ese enfrentamiento torpe, más parecido a una pelea, terminó de forma insulsa, y Caden soltó el brazo con el que abrazaba a Júpiter y le dio una palmada en el hombro. Pensó que no tenía sentido apresurarlo para obtener una respuesta. Caden, fingiendo tranquilidad, sonrió a Júpiter.
—Ya está. Si no quieres decirlo, no lo digas. No voy a obligarte a oírlo.
—¿Y qué?
Da igual que Júpiter tenga sentimientos románticos o no. Caden decidió conformarse con cómo estaban las cosas ahora. O sea, aunque no fueran pareja, con seguir en contacto constante, echándose de menos y alegrándose al verse, le bastaba. Claro que no era una situación completamente satisfactoria, pero, en fin, viendo que Júpiter se había escapado a escondidas porque lo echaba de menos y había venido hasta aquí, le daba pena insistir en el tema.
Y además, antes que una pelea de enamorados, ¿no había cosas más importantes? Caden, viendo a Júpiter que estaba como atontado, lo llevó al sofá y lo sentó. Era un sofá nuevo que había comprado para sustituir al que se rompió aquella vez, y era muy mullido. Júpiter se hundió en él y Caden se sentó a su lado.
—Decías que estabas muy ocupado últimamente.
—… ¿No va a preguntar nada más?
—¿El qué?
Caden levantó la cabeza sin entender, y al encontrarse con los ojos de Júpiter, como de perro abandonado, se quedó sin palabras. ¿Estaba decepcionado porque no le había preguntado más sobre sus sentimientos? Qué complicado. A este paso, era muy probable que ni el propio Júpiter supiera bien lo que sentía. Caden, aparcando esa posibilidad por el momento, le preguntó con dulzura.
—¿Quieres que te pregunte?
—… No es eso, pero normalmente la gente siente curiosidad, ¿no?
Vaya, qué manitas rotas. Caden le acarició la cabeza y se dirigió a la cocina. Al fin y al cabo, era un invitado, así que iba a servirle un zumo o algo. A diferencia de antes, cuando lo único que había en la nevera era cerveza tibia, ahora estaba más o menos surtida.
—Forzar las cosas solo trae incomodidades.
—…
—¿Quieres zumo o café?
No hubo respuesta. ¿Se habría enfadado? Al volverse, Júpiter lo miraba fijamente por encima del respaldo del sofá. Tenía las mejillas hinchadas, a todas luces con descontento. Parecía un niño. Caden soltó una risita.
—Te van a estallar las mejillas.
—¿Me quieres?
—No.
Era una pregunta que ya había oído. Esta vez pudo responder con tranquilidad. Caden llenó dos tazas, una con zumo y otra con agua, y las llevó al salón en las manos, sin bandeja. Ya cogería una de las dos.
Júpiter preguntó con descontento:
—¿Por qué?
Esta pregunta sí era inesperada. Caden dejó las tazas en la mesita, y, como queriendo comprobar su veracidad, entrecerró los ojos y lo escrutó. Júpiter tenía una expresión de injusticia, pero a Caden le parecía increíble.
¿Quién fue el que preguntó si lo quería por ser guía? Primero lo trata de interesado y ahora pregunta por qué no lo quiere.
Caden, de pie y ligeramente torcido, se cruzó de brazos. Al mirar a Júpiter con una actitud nada favorable, este encogió los hombros. Parece que sabe que hizo algo mal. Caden, sin cambiar de postura, imitó su tono.
—¿”Por qué”?
—… Todo el mundo me quiere, ¿por qué Caden no?
Aunque estaba amedrentado, la pregunta era desafiante. Quizá lo correcto sería decir que es un descarado. Caden, sin poder hacerse una idea de lo que quería Júpiter, frunció el ceño. Cuando él estaba hecho un flan pensando que quizá le gustaba, Júpiter no decía nada, y ahora que le dice que no le gusta, le pregunta por qué.
—¿Quieres que te quiera?
—No, no es eso…
Júpiter suspiró, frustrado. Caden también lo estaba. Le ofrece darle lo que quiere, ¿cuál es el problema? Si no quiere que le quiera, le dice que no le quiere; si no quiere que le pregunte, no le pregunta.
—¿Cuál es el problema?
—¡Que no es un problema!
Júpiter, sin entender ni él mismo lo que quería, frunció el ceño. A veces, cuando estaba con Caden, aunque se lo pasaba bien, sentía como si tuviera algo atascado en la garganta. Si él fuera un poco mejor, más listo o más perspicaz, ¿podría darse cuenta? No poder descubrir lo que uno mismo quiere era realmente frustrante.
Júpiter siempre había hecho lo que los demás le pedían, no lo que él quería. Hacía lo que Abram le pedía, lo que los secretarios de Abram le pedían, lo que muchos espers le pedían, y así todo funcionaba. Pero con Caden no podía.
No le gustaba que Caden lo mirara como a un niño. Quería estar a su altura. Pero no sabía cómo hacerlo. Para esquivar su mirada, impulsivamente se levantó. Aunque sus miradas estaban ahora a la par, su angustiado pecho no mejoraba.
Quizá el problema era Caden. Porque Caden no lo deseaba más, porque Caden no lo amaba… Júpiter frunció el ceño, confundido. ¿No era eso lo que quería? No, para empezar, le gustaba que Caden lo deseara y se aferrara a él. Pero Caden…
Caden no puede amarme…
Riiiing…
Justo cuando empezaba a vislumbrar una tenue pista, el timbre del teléfono cortó sus pensamientos. Júpiter se mordió el labio un momento, le pidió permiso a Caden con la mirada y sacó el móvil. En la pantalla aparecía el número de uno de sus secretarios. ¿Lo habrían descubierto fingiendo que dormía? Iba a poner el móvil en silencio, como si no se hubiera dado cuenta, pero la llamada se cortó y al instante apareció otro nombre en la pantalla.
Abram Valerux.
—…
—Contesta.
Caden, que había visto la pantalla de reojo, se apartó para darle privacidad. Júpiter rechinó los dientes y, tras suspirar, contestó. Era la persona a la que menos quería oír en ese momento. Al contestar a regañadientes, hasta su saludo sonó entre suspiros.
—Sí, ¿qué pasa?
—Júpiter.
Oyó la voz airada de Abram. Júpiter encogió ligeramente los hombros y, esforzándose, respondió con naturalidad. A lo sumo, lo habrían descubierto por haber faltado de su habitación. Ya había pasado antes. Mientras no descubrieran adónde había ido, no pasaba nada.
—Volveré enseguida, no se preocupe.
—Vuelve ahora mismo.
—Que ya te he dicho…
—Ahora mismo estás en…
Se oyeron unos golpes violentos en la puerta. Antes de que Caden pudiera comprobar quién era, se oyeron unos gritos ásperos al otro lado de la puerta.
—¡Júpiter Valerux! ¡Si sales sin oponer resistencia, no se usará la fuerza!
—… ¿Qué?
Caden, desconcertado, pulsó el interfono. La pantalla se quedó negra por un momento y luego, bajo la luz, aparecieron policías armados. No sabía cuántos habían venido, pero la pequeña pantalla estaba llena de policías armados. Eran todas caras que Caden no conocía, como si los hubieran traído de otra provincia. Al activarse el interfono, el policía que iba delante empezó a leer la ley Miranda con un tono monótono. Era algo que el propio Caden había recitado muchas veces.
—Tiene derecho a designar un abogado…
La policía había venido a arrestar a Júpiter.
Caden y Júpiter se miraron fijamente, atónitos. Un silencio incomprensible cayó entre ellos. No entendían qué estaba pasando.
* * *
—Debe de ser un malentendido.
Después de que Júpiter se dejara arrestar sin oponer resistencia, Caden se quedó un buen rato paralizado, hasta que por fin reaccionó. Debía de ser un malentendido. Si no, no había razón para que se llevaran a Júpiter. Mientras se lo repetía una y otra vez en la cabeza, un sudor frío le corría por la espalda. No podía quitarse de la cabeza la imagen de Júpiter siendo arrastrado con las esposas puestas. Esa mirada pidiendo ayuda, y él mismo, que se había quedado allí sin poder hacer nada, le taladraban la mente. Aunque le parecía imposible pensar con claridad, su cabeza estaba extrañamente lúcida.
Caden cogió el móvil y solo entonces se dio cuenta de que le temblaban las manos. Había participado en muchos arrestos, pero era la primera vez que estaba del lado del arrestado. No entendía qué estaba pasando. ¿Acaso Júpiter había cometido un crimen? Caden pensó en los policías que, nada más abrir la puerta, se habían abalanzado sobre Júpiter impidiéndole resistirse.
—”Te arresto bajo sospecha del asesinato de Jack Winter. Tienes derecho a designar un abogado…”
¿Jack Winter? Nunca había oído ese nombre. Júpiter parecía desconcertado, pero no forcejeó ni intentó huir. Mientras cooperaba dócilmente, su mirada estaba clavada en Caden. Esa mirada pidiendo ayuda, esa mirada…
—Está bien.
Aunque le retorcían el brazo y lo inmovilizaban, Júpiter intentó tranquilizar a Caden. Diciendo que estaba bien. Aunque la situación no tenía nada de buena. Aunque él mismo estaba desconcertado.
Debe de ser un malentendido. Caden estaba convencido. Júpiter no era de los que matan a alguien. Al menos, el Júpiter que él conocía no era así. Estaba convencido, pero justo antes de marcar un número en el móvil, le vinieron a la mente las palabras de Bryce.
¿Cómo crees que Júpiter logró escapar de Jason?
—…
¿Realmente Júpiter mató a Jason?
¿El rumor de que había matado a su propio esper no era falso?
¿Y por eso también esta vez…?
—Concéntrate…
Caden apartó esos pensamientos con esfuerzo y miró la pantalla del móvil. Júpiter era la víctima. Aunque hubiera tenido que usar algún medio para escapar, aunque ese medio fuera matar a Jason, Júpiter no era culpable. Solo había logrado sobrevivir a alguien que quería acabar con su vida. Esta vez también sería igual. Si acaso, si de verdad Júpiter era culpable, habría sido en defensa propia. Era imposible que Júpiter hubiera hecho algo así, y si lo hubiera hecho, no habría sido sin razón.
Ahora era el momento de que Caden confiara en Júpiter. Caden, apartando las dudas y los miedos que no dejaban de asaltarle, llamó a Luke. No había sonado ni un par de veces cuando ya contestó.
—Caden.
—¿Qué está pasando?
—Lo sé. Cálmate primero.
Preguntó como si fuera a abalanzarse sobre él, y Luke respondió con calma. Caden, que no estaba nada calmado, gruñó y gritó:
—¡Acaban de detener a Júpiter!
—Si es inocente, lo soltarán pronto. Esta mañana, Jack Winter…
—¡¿Quién coño es ese?!
¿Que se habían llevado a Júpiter por un tipo que ni siquiera conocía? Cuando Caden, con la sangre hirviendo, gritó, hubo un silencio al otro lado del teléfono. Ese silencio fue más cortante que cualquier palabra sin sentido para hacerle entrar en razón. Caden, que estaba bufando, sintió como si ese silencio le hubiera abofeteado, y por fin se frotó la cara con las manos y bajó la voz.
—Perdón por gritar. … ¿Quién es Jack Winter? ¿Es que apareció algo de Júpiter en la escena del crimen?
—… Algo así. Parece que Jack Winter tuvo un altercado con Júpiter en una sala de consultas del Centro. Después, denunció que alguien lo seguía, y hoy lo han encontrado asesinado.
Como si empezara a imaginarse quién podía ser. Caden recordó al hombre que había visto en el Centro. El esper que gritaba que prefería morirse antes que recibir guía de Júpiter. Aunque lo recordaba vagamente, no era alguien importante, y para Caden era más una persona desagradable que otra cosa. Seguro que Júpiter no pensó que, diciendo que prefería morir antes que recibir su guía, acabaría realmente muriendo.
Eso por un lado, y Caden señaló con frialdad:
—Eso no es prueba de que Júpiter lo matara.
Con eso, a lo sumo, podría ser un sospechoso al que llamar a declarar. Aun así, que lo hubieran arrestado significaba que Jack Winter era más importante de lo que parecía, o que…
—Encontraron ADN de Júpiter en la escena.
—…
—Y también sus huellas en el arma homicida.
O que tenían pruebas realmente concluyentes.
La mandíbula de Caden se tensó con fuerza y luego se relajó conscientemente. Eran pruebas absurdamente evidentes. Lo de las huellas en el arma le hizo soltar una risa sarcástica. Eso significaba que Júpiter, después de cometer un asesinato, había vuelto tranquilamente a su casa y se había puesto a besarle.
¿Tenía eso algún sentido? Júpiter no tenía ese valor, y si hubiera hecho algo así, se lo habría contado a Caden. Aunque no se lo hubiera contado, él habría notado algo raro, diferente a lo habitual. Caden no era un policía tan torpe como para no darse cuenta de que estaba con un asesino que acababa de matar a alguien.
—¿Y la hora aproximada del crimen?
—Esta madrugada, a las 5. ¿No estabas con él a esa hora?
—¿Por quién me tomas…? ¿Y qué dice el Centro? Los secretarios estarían con él, ¿no?
Era una hora a la que, si pudiera, le encantaría estar con él. Caden refunfuñó sin motivo y preguntó por los secretarios, pero no obtuvo la respuesta que esperaba. Luke respondió con un suspiro.
—Los secretarios también tienen que dormir de noche.
—¡Ah, pero Júpiter también dormiría!
—… Mm, pues resulta que las cámaras de seguridad del Centro captaron a Júpiter.
—¿Y ahora qué significa eso? Mientras Caden se quedaba sin palabras, Luke suspiró con agitación.
—Te lo digo a ti porque eres tú. Sabes que no debería contar esta información así como así, ¿verdad?
—…
Caden aún no se había reincorporado, así que, estrictamente hablando, era como un extraño. Malditas terapias esas, si se hubiera reincorporado antes, al menos podría haberse involucrado en la investigación. Ahora se arrepentía terriblemente de todo el tiempo que había estado dilatando sin recibir terapia. Caden se mesó los cabellos y, con fastidio, pateó la alfombra. Por mucho que se pusiera nervioso, las cosas no cambiarían. A lo sumo, la esquina de la alfombra se había levantado.
—Méteme en la investigación. Como la otra vez, como asesor ciudadano o algo así…
—No puede ser.
—¡¿Por qué?!
Al gritar sin pensar, oyó cómo Luke suspiraba. A Caden le daba igual, estaba que hervía por dentro, a punto de volverse loco. Iban a encerrar a un tipo que claramente era inocente, y él no podía hacer nada para ayudarlo. Más que impotencia o tristeza, sentía rabia. ¿Qué clase de situación tan absurda era esta?
No sabía si Luke se daba cuenta de lo furioso que estaba Caden, pero tragó saliva y explicó lentamente.
—La otra vez fue en colaboración con el Centro, por eso pudiste participar como asesor. Además, era un caso especial donde solo se atacaba a guías… Esta vez es solo un asesinato normal.
—¿Cómo que un asesinato normal? El muerto es un esper. Entonces, ¿por qué…?
—Jack Winter era un esper de clase D. Era casi como una persona normal, y al parecer, quienes lo rodeaban no sabían que era superdotado.
O sea, que lo clasificaban como un caso común, no como un asesinato especial. Caden se revolvió el pelo con violencia. Aun así, el sospechoso era un superdotado. Y nada menos que Júpiter, un guía de clase S, casi el estandarte del Centro. Le parecía algo injusto, pero no podía señalar con exactitud qué era lo que le parecía mal. Normalmente, habría aplaudido que la investigación estuviera completamente en manos de la policía y no del Centro, pero este caso era diferente. Júpiter estaba siendo acusado falsamente, ¿no? Aunque fuera aprovechándose del favoritismo del Centro, quería limpiar su nombre. El problema era que no había manera.
Mientras Caden se lamentaba, Luke añadió:
—Y el Centro no ha solicitado colaboración.
—… ¿Qué? ¿Por qué?
—Yo qué sé.
Esto sí que era incomprensible. Júpiter, el estandarte del Centro e hijo de su fundador, Abram, había sido arrestado como sospechoso, y no habían tomado ninguna medida. Deberían hacer algo, ¿no? Ya sea solicitar colaboración o lo que sea.
—En fin, tú tranquilízate y quédate quieto, ¿vale? No hagas tonterías…
—Entendido, corto.
—¡Caden! ¡Que de verdad tienes que quedarte quieto!
—¡Que ya te he oído!
Luke, que no se fiaba nada, no dejó de recomendarle hasta justo antes de colgar. Caden respondió con evasivas, colgó y, acto seguido, cogió las llaves del coche. Quédate quieto. Resopló sin querer.
Quieto, una mierda.
Cuando Caden abrió la puerta de golpe y salió, la luz del recibidor parpadeó y la oscuridad lo invadió todo.
* * *
—¡Así que te repito, ¿por qué no puede ser?!
Caden, con los brazos sujetos en el vestíbulo del Centro, gritó con fastidio. Pretendía subir directamente al despacho del director, ya que sabía dónde estaba, pero, contra todo pronóstico, le bloquearon la entrada ya en el vestíbulo. Antes se podía entrar y salir del vestíbulo sin que nadie lo impidiera, pero esta vez unos guardias de seguridad lo estaban vigilando, y cuando vieron a Caden, lo agarraron del brazo y lo sacaron. Caden frunció el ceño. La cosa se había complicado.
Si hubieran sido guardias de seguridad normales, habría podido usar su habilidad para deshacerse de ellos, pero el problema era que esto era el Centro de Superdotados. Por supuesto, los guardias también eran superdotados. Y además, eran guardias compuestos exclusivamente por espers de tipo físico; por mucho que Caden, un simple esper de clase C, forcejeara, ninguno de ellos se inmutaba. Eran todos de clase B como mínimo, o incluso de clase A.
—No arme escándalo.
Dijo fríamente el que estaba frente a Caden. Caden, con el ceño fruncido y gesto amenazador, fulminó con la mirada al guía que tenía delante. Le sonaba la cara, como si lo hubiera visto antes, pero no recordaba exactamente dónde. El guía, probablemente uno de los secretarios de Abram, se ajustó las finas gafas de montura plateada y respondió con frialdad:
—Ya le informamos de que el esper Caden tiene prohibida la entrada al Centro por riesgo de descontrol.
—¡Ah, pero si lo mío fue hace ya tiempo!
—Hace dos meses y veinte días, para ser exactos.
Le molestaba que le respondiera punto por punto. Caden, gruñendo, fulminó con la mirada al secretario con todas sus fuerzas. Aunque por su complexión delgada no parecía tener la fuerza de Júpiter, el secretario no mostraba el menor indicio de amedrentarse. No sabía si era porque sabía que Caden no armaría escándalo, o porque sabía que, aunque lo hiciera, lo reducirían. Caden lo miró fijamente, irritado. No había nada que tuviera sentido.
—Al centro de consultas sí me dejaron entrar, ¿y al edificio principal no?
—Solo fue un permiso por necesidad.
—¿No era este un centro para todos los superdotados? ¿No era su lema “ningún superdotado será discriminado por su habilidad”?
Cuando Caden, sacando a relucir incluso los ideales fundacionales, se puso a gritar, el secretario suspiró ligeramente. Con un tono de estar hasta las narices. Precisamente por estar armando escándalo en el vestíbulo, las miradas de los transeúntes y del personal de recepción se estaban concentrando en ellos. Uno pensaría que se pondría nervioso, pero el secretario rebatió las palabras de Caden con calma.
—Lo importante es “por su habilidad”. A usted se le prohíbe la entrada por sus acciones, así que no se puede considerar discriminación.
—¿Y qué he hecho yo para…?
—Amenazar la integridad del señor Júpiter Valerux y causar daños a la propiedad privada.
Se refería a cuando se descontroló. Era cierto que por su culpa Júpiter recibió un disparo, y también era cierto que se descontroló y destrozó una casa. Al no tener nada que objetar a eso, Caden dudó un instante, y el secretario, con un gesto de la barbilla, ordenó a los guardias:
—Sáquenlo.
—Es, ¡espera un momento! ¡Ah, estos tipos, en serio…!
Al final, Caden fue empujado a rastras ante la mirada de todos y arrojado al suelo. Como era de complexión robusta, no le dolió, pero sí fue vergonzoso. En cuanto los guardias desaparecieron, Caden se levantó de un salto e intentó volver a entrar, pero alguien le bloqueó el paso. Una enorme sombra se proyectó sobre Caden. Cuando Caden, frunciendo el ceño, retrocedió, un joven lo miró en silencio.
Eso fue todo. Un silencio se hizo por un momento.
—…
—¿Qué?
Era un joven tan grande que su altura era casi igual a la de Caden. Su pelo castaño estaba cortado al rape, su piel, quizá bronceada, era morena, y sus ojos negros que lo miraban desde arriba eran inexpresivos. Su aspecto era tan fiero que recordaba a un oso enorme. Aunque Caden tampoco era de los que daban una impresión apacible, por algún motivo se sintió intimidado.
El joven, que lo había estado mirando en silencio un momento, abrió la boca lentamente.
—¿Caden Wolf?
—… ¿Qué?
—…
—¿Tú quién eres?
Su mirada descarada recorrió a Caden de arriba abajo sin disimulo. Parecía que le desagradaba profundamente. Caden se preguntó por qué demonios tenía que recibir esta mirada de un crío que acababa de conocer, pero no se le ocurría nada. Pensando que quizá lo conocía, frunció el ceño, y el joven, tras terminar de evaluarlo, hizo un gesto con la cabeza.
—Sígame.
—¿Y tú quién eres para pedirme que te siga?
El joven parpadeó lentamente. Mirándolo bien, no solo su aspecto recordaba a un oso, sino que todas sus acciones parecían un poco lentas. Un silencio denso se prolongó, como si estuviera eligiendo las palabras. Caden se quedó mirando, a ver qué explicación daba, y al cabo de un buen rato, el joven por fin abrió la boca.
—… Soy Lucas Chen.
Caden iba a preguntarle que quién era ese, pero logró recordar el nombre. El amigo más joven de Bryce del que había hablado. Ese amigo más joven, tímido y callado, al que había que cuidar. La imagen llena de prejuicios que había imaginado en ese momento se estaba desmoronando por completo. Caden recordó al Lucas Chen que había imaginado. De complexión pequeña, hombros encorvados, un niño callado y pasivo.
Nada que ver con la descripción, ¿no? Mientras Caden se horrorizaba en silencio, Lucas volvió a hacer un gesto con la cabeza.
—Sígame.
—…
—Le haré entrar.
Era una propuesta de lo más sospechosa, pero no tenía otro remedio. Caden lo siguió dócilmente.
* * *
El lugar al que Lucas llevó a Caden fue una cafetería cercana. Caden, que había sido arrastrado sin saber por qué, miró atónito cómo Lucas pedía una sarta de cosas como sándwiches y tartas, y cuando llegó el momento de pagar, se vio obligado por su intensa mirada a sacar la tarjeta. Por algún motivo, su manera de sacarle el dinero se parecía a la de Bryce.
‘Creo que me han timado…’
Caden fulminó a Lucas con la mirada, lleno de desconfianza. Ahora que se fijaba, llevaba algo parecido a un uniforme escolar. A diferencia de su aspecto feroz, parecía más joven de lo que pensaba. Aunque la forma en que devoraba los sándwiches y los postres que había traído en una bandeja llena no le hacía parecer joven en absoluto.
Al sentir la mirada de Caden, Lucas levantó la cabeza. Sus miradas se encontraron por un momento.
—…
—…
Sus miradas se enredaron en un tenso silencio. Tanto Caden como Lucas se miraban sin expresión. Sin mediar palabra, sus miradas se encontraban en silencio. Una tensión incomprensible se prolongó.
Quien apartó la mirada primero fue Lucas. Él, como si nada, bajó tranquilamente la vista hacia su sándwich y dio un enorme bocado. Verlo masticar con las mejillas llenas de comida le resultaba, por algún motivo, irritante.
Era un tipo que, a su manera, diferente a Júpiter o Bryce, también sabía sacar de quicio a la gente. Caden frunció el ceño. ¿Por qué estarán todos los que me rodean hechos así? Se cuestionó a sí mismo por un momento, pero no llegó a ninguna conclusión. Caden se frotó la frente y llamó al joven que tenía delante. Quizá habría que llamarlo muchacho.
—¿Lucas Chen?
—Sí.
Respondía sin falta. Caden lo miró fijamente, luego cogió el móvil y marcó un número. Cuando llamó al número de Lucas que le había dado Bryce, Lucas sacó el móvil del bolsillo con parsimonia. Lucas, tras mirar la pantalla del móvil que vibraba, ladeó la cabeza y contestó. El número que aparecía en el móvil de Lucas no estaba guardado, así que debía aparecer como número desconocido, pero aun así contestó con total normalidad e incluso saludó.
—¿Dígame?
—¿Dígame?
—…
La voz que oía por el teléfono y la que oía en persona se superpusieron. Caden, sin decir nada, colgó. Lucas miró el móvil y luego levantó la cabeza. Seguía inexpresivo, pero su actitud parecía preguntar qué estaba haciendo. Caden respondió con desfachatez:
—Tenía que comprobar si eras tú de verdad.
—…
Ahora que lo pensaba, ¿cómo había reconocido Lucas a Caden? ¿Le había enseñado Bryce una foto? Seguramente era eso, pero entonces, ¿de dónde había sacado Bryce una foto de Caden? Mientras Caden fruncía el ceño, Lucas abrió la boca con lentitud.
—… Mi hermano…
—…
—…
Mi hermano, ¿qué? Esperó a que continuara, pero tras un lento silencio, Lucas parpadeó y, de nuevo, dio un mordisco a su sándwich. No es que estuviera pensando qué decir, parecía que se había olvidado de que estaba hablando. Pero ¿qué demonios pretendía? Caden, sintiendo que su paciencia llegaba al límite, preguntó con una voz que intentaba contener la irritación en la medida de lo posible:
—¿Te dijo Bryce que me ayudaras?
—… No es eso.
—Entonces, ¿qué?
—…
Otra vez silencio. Caden apenas contuvo las ganas de agarrarlo del cuello y gritarle que soltara todo lo que llevaba dentro. El otro era menor de edad. Menor de edad… Mientras movía la pierna con impaciencia, la mirada de Lucas se posó en la rodilla de Caden y luego volvió al sándwich. Ante esa mirada, incluso tranquila, Caden sentía que su paciencia se agotaba por momentos.
—¿Cómo piensas hacerme entrar?
—…
—Dijiste que me harías entrar.
—…
El silencio, sin razón aparente, continuó. A Caden le estaba dando un ataque. No es que no pudiera hablar, ¿por qué demonios se mantenía callado como una ostra? Sin saber en qué situación estaba Júpiter, la impaciencia de Caden había llegado al límite.
Solo dos cosas impedían a Caden gritar:
Primero, que estaban en un lugar público.
Segundo, que era un conocido de Bryce.
Como adulto con un mínimo de sentido común, no podía permitirse montar un numerito en público con el amigo de un conocido. Aunque la irritación que se le escapaba a pesar de sus esfuerzos por contenerla era algo que ni él mismo podía evitar. Pero, pensándolo bien, en esta situación, ¿no le culparía nadie si se enfadaba un poco? Tampoco podía increparlo sin más. Caden, moviendo la pierna con impaciencia, se frotó la cara con las manos. Si no conociera el procedimiento de interrogatorio, sería más llevadero. Que hubieran emitido una orden de detención significaba que solo faltaba la confesión de Júpiter para terminar. Aunque no lo torturarían físicamente, lo someterían a horas de presión psicológica. Júpiter, en opinión de Caden, era más joven y mentalmente más frágil de lo que parecía, así que le causaría un trauma enorme. Quería evitar a toda costa que Júpiter se encontrara en una situación mala, por poco que fuera.
Quizá Luke y Joy podrían evitarlo, pero… Caden decidió no esperar nada de eso. Al contrario, quizá los habían apartado de la investigación por tener trato con el sospechoso. Viendo que no le habían chistado nada hasta que llegó a este punto, era muy probable. Pensando en la llamada con Luke, menos mal que la situación no era peor. Aunque no sabía si existía una situación peor.
—Maldita sea…
—…
Mientras Caden movía la pierna con nerviosismo, Lucas, que masticaba y engullía el sándwich con decisión, no dejaba de mirar de reojo la rodilla que no paraba de temblar. Parecía que le molestaba. Él, que no decía ni una palabra y le estaba poniendo de los nervios, ¿ahora le llamaba la atención por mover la pierna? A Caden le dio la corajina, y aunque sabía que su mirada se posaba en él, no dejó de mover la pierna. Era una estupidez, pero si no hacía algo así, no podía soportarlo.
Si le molestaba, que resolviera el problema, ¿no? Había dicho que le haría entrar y se estaba metiendo el sándwich en la boca. Caden dejó de mover la pierna y se levantó de repente. Ya que estaba, iba a presentar una queja. O una protesta individual. Si se plantaba con un cartel delante del Centro, o delante de la comisaría, seguro que alguien se daría por aludido. Mejor aún si salía en los medios.
¿Por qué demonios nadie hacía nada si se habían llevado a Júpiter detenido? No sabía qué estaba pensando Abram, pero pensaba incordiarle hasta que tomara cartas en el asunto. Y para incordiar, lo mejor era recurrir a los medios, ¿no?
Caden, mientras pensaba en periódicos que pudieran publicar una noticia sobre superdotados, se despidió de Lucas sin mucho entusiasmo.
—Me voy. Tú… termínate lo que estás comiendo o algo.
—Espérese.
Por fin, Lucas, que se había terminado el sándwich, se sacudió las manos. Las migas de pan cayeron al suelo. Caden pensó que se levantaría con él, pero Lucas, con total tranquilidad, cogió esta vez el tenedor y se llevó a la boca un gran trozo de tarta. Hasta ese movimiento era tan lento que le desesperaba. Parecía que no pensaba moverse hasta haber devorado todos los postres de la bandeja.
Caden ya no podía más.
—Ya está. Fui un idiota por confiar y seguirte…
—…
—¿Es que alguien te ha ordenado que me entretengas? ¿Estás empeñado en retenerme aquí?
Lucas levantó la cabeza y miró a Caden. Caden se dio cuenta entonces de que los ojos de Lucas tenían un extraño color, mezcla de verde y azul brillantes. No era algo importante en esta situación.
Lucas, que lo había estado mirando fijamente en silencio durante unos segundos, respondió. Muy brevemente.
—No.
No era una respuesta de mucha ayuda. Tras soltar esa única palabra, Lucas volvió a centrar su atención en la tarta. Caden empezaba a sentirse patético. ¿En qué estaba pensando para haber seguido dócilmente a un crío así y haberse estado callado?
—… Déjalo. Ay.
¿En qué estaba pensando para haber perdido el tiempo así? Caden suspiró. Si Lucas no hubiera vuelto a abrir la boca, se habría ido hace rato.
—Espéreme una hora más.
—… ¿Estás esperando algo?
—Sí.
Al señalar una hora concreta, parecía que no era un caso perdido. Caden, que iba a levantarse de un salto, se detuvo en seco. Al mirar a Lucas, este volvió a callar y siguió comiendo tarta.
Aunque sus respuestas eran demasiado cortas, al menos respondía sin falta, así que Caden volvió a sentarse. Mirando embobado cómo Lucas se metía nata y bizcocho en la boca, Caden le preguntó lo más importante.
—¿Estás seguro de que si espero podré entrar?
—… Puede.
Qué es eso de “puede”, sí o no. Caden frunció el ceño. Lucas, a pesar de ver cómo se ensombrecía el rostro de Caden, terminó un trozo de taza con total tranquilidad y pasó al siguiente dulce. Un pack de cinco macarons desapareció en su enorme mano, uno a uno, dentro de su boca. Cualquiera habría fruncido el ceño por el dulzor, pero él se los metía sin problema. Caden, frotándose la cabeza que le martilleaba, preguntó con paciencia.
—¿Y cómo piensas hacerlo?
—…
Lucas, que se había metido un macaron de un bocado y lo masticaba, esperó a tragar para abrir la boca.
—Voy a insistir.
—¿Qué?
—Que voy a insistir.
Parecía que consideraba que su “qué” era una pregunta, porque respondió cumplidamente. La irritación de Caden, por la cantidad de información demasiado corta e insuficiente, le hizo tensar la nuca, pero se tragó el aire esforzándose por mantener la calma. Cuando, muerto de sed, se bebió de un trago el zumo natural que Lucas había pedido, los ojos de Lucas, por primera vez, se alteraron.
—…
Sin darse cuenta de que Lucas abría y cerraba la boca como si quisiera decir algo, Caden se bebió la mitad del vaso y, masticando hielo, preguntó. Al meter algo frío, por fin pareció calmarse un poco.
—¿Qué vas a insistir? ¿Cómo lo vas a hacer?
—… Eso era mío.
—¿Qué?
Caden frunció el ceño sin entender la frase, hasta que se dio cuenta de que la mirada de Lucas estaba clavada en el zumo. Cerró los ojos con calma. Sintió que algo en su cabeza estaba a punto de romperse, aguantando como podía. Aguanta, aguanta. El otro es un crío. Pero, ¿un estudiante de instituto ya no es un crío, no? ¿Dónde tiene la cabeza? Aunque se esforzaba por mantener la calma, no servía de nada. Solo aumentaba su irritación.
Y aun así, Lucas se mantenía firme.
—Eso era mío…
—¡Ah, pues te compro otro, ¿vale?!
Al final, acabó gritando. Caden sintió las miradas de los otros clientes y se tragó el improperio. Esforzándose por contener la ira, con una sonrisa forzada fue a la barra, pidió otro zumo y se lo dio. Solo entonces la mirada vacilante de Lucas se estabilizó. Esto, ¿qué se supone que significa? Bryce dijo que Lucas era tímido, pero esto no es timidez, es de traca. Si esto es timidez, que les den a todos los tímidos del mundo.
—Ya está. Ahora habla.
—… ¿De qué?
—¡De lo que…! Uf. Vale. Dijiste que ibas a insistir. ¿Qué vas a insistir?
No me dejaré llevar por las emociones. Soy un adulto. Caden, respirando hondo lentamente, miró a Lucas con calma. Quizá no sabe cómo comunicarse. O a lo mejor tiene algún problema. Bryce pidió que le echara un cable, así que intentaba contener la ira, pero era difícil contener la impaciencia sabiendo perfectamente en qué situación estaba Júpiter. ¿Qué iba a pasar si al final declaraban culpable a Júpiter y lo metían en la cárcel? Sabía que eran pensamientos exagerados, pero la impaciencia lo consumía.
Por suerte, Lucas abrió la boca antes de que la paciencia de Caden se agotara.
—Soy un guía de clase A.
No entendía por qué de repente presumía de su rango, pero Caden asintió. Al menos habla.
—¿Y qué?
—… De los guías de clase A en el país que no trabajan, solo estoy yo. Porque decidí empezar a trabajar cuando fuera adulto.
Aunque no tanto como los de clase S, los guías de clase A también escasean. El número de guías de clase A en el país se puede contar con los dedos de las dos manos, y todos, excepto el Lucas que tenía delante, estaban en activo. Como Lucas aún era estudiante, no se dedicaba a tiempo completo a ser guía, pero seguramente, cuando se gradúe, trabajará como guía a tiempo completo como los demás de clase A.
No creo que presuma de su rango sin más. Caden, esforzándose por encontrarle sentido a las palabras de Lucas, frunció el ceño.
—Sí. ¿Y?
—El hermano Júpiter…
Ante el nombre que surgió de repente, Caden se sobresaltó y tensó los hombros. Era la primera vez que alguien, delante de él, llamaba a Júpiter de forma tan familiar. Claro que estaba Bryce, pero su forma de llamarlo sonaba más a cómo se refiere a un famoso o a un objeto. Parece que entre los guías también hay cierto vínculo.
Lucas, mientras hablaba, miraba fijamente el rostro de Caden, como intentando leer algo.
—… He oído que últimamente está rechazando el trabajo.
—¿Él?
—Sí. Por eso me han llamado a mí.
La relación era fácil de deducir. Como Júpiter rechaza el trabajo y falta personal, intentarán meter a Lucas, de rango inferior, en su lugar. O sea, que trabaje en lugar de Júpiter. No se sabe hasta cuándo, pero quizá le hagan sustituir también su papel de imagen pública. Como Júpiter no puede trabajar, quizá Lucas lo sustituya durante más tiempo del esperado. Puede que directamente quieran usar a Lucas en lugar de Júpiter.
Eso por un lado, pero ¿que Júpiter está rechazando el trabajo? Caden lo oía por primera vez. Cuando se veían de vez en cuando o se enviaban mensajes, Júpiter siempre estaba agobiado por el trabajo. ¿No era por la vigilancia de los secretarios y la apretada agenda que no podían verse apenas? O Júpiter le había mentido, o Lucas se había enterado mal, una de dos, pero por algún motivo no le parecía ninguna de las dos. Su corazón se agitaba de forma extraña.
Mientras Caden se sumía en sus pensamientos, Lucas continuó hablando.
—El director últimamente está dispuesto a aceptar cualquier petición que le haga.
—…
—Voy a insistir en que deje entrar al señor también.
Era un plan de lo más simple. Incluso ingenuo. Dejando de lado que Abram aceptara un plan tan infantil, sobre todo, ¿quería decir que si se quedaba en la cafetería podría insistir? Si fuera Abram, habría hecho lo mismo que con Caden: enviar a los guardias para echar a Caden y traer a Lucas a rastras para sentarlo allí.
Pero Lucas parecía no ser muy consciente de las debilidades del plan.
—Ya pasó más de media hora de la hora acordada… Si me llaman, se lo diré.
—¿Y eso va a ser tan fácil…?
Bruuum.
El móvil de Lucas vibró. Así de fácil, sí. Mientras Caden se quedaba sin palabras, Lucas miró la pantalla y se la enseñó.
En la pantalla, el cargo de Abram aparecía con claridad.
* * *
Para lo nervioso que había estado, el problema se resolvió de forma ridículamente fácil. Lucas solo había dicho unas palabras al teléfono.
[—Director, ¿puedo entrar con el señor Caden?]
No sabía qué tipo de persuasión o rechazo hubo al otro lado de la línea, pero Lucas volvió a hablar.
[—Entonces no entro].
Unos segundos después, Lucas colgó y se levantó, y Caden, aturdido, lo siguió de vuelta al Centro. Nadie le impidió el paso, como si tuvieran órdenes. Incluso los empleados que habían presenciado la escena de antes solo cuchichearon entre ellos sin hacer nada. Caden, viendo cómo la situación había dado un vuelco por completo, no podía creérselo. Abram, que con él no había tenido piedad y lo había tirado al suelo, se volvía tan manso con las peticiones de Lucas. Supuso que Lucas le debía de hacer mucha falta, pero aun así, no podía evitar sentirse injustamente tratado.
Era un método absurdamente fácil. Caden, de pie junto a Lucas, fue acompañado hasta la puerta del despacho del director. Caden tenía que ver a Abram, y Abram tenía que ver a Lucas, así que hasta la puerta del despacho todo fue bien.
—Señor esper Wolf, espere un momento en la sala de al lado.
Justo cuando iban a entrar, un secretario los detuvo ante la puerta. Era de esperar, querrían separarlo de Lucas para hacer alguna maniobra. Caden miró a Lucas, pero él lo miraba a su vez con desconcierto. Parecía no haber captado en absoluto las intenciones del secretario. Por lo visto, las horas que habían pasado juntos no habían sido en vano, pues ya empezaba a leerle la expresión.
Si lo dejaba así, Lucas entraría solo y Caden, sin haber conseguido nada, volvería a ser expulsado. Caden tragó saliva y le dio un golpecito en el brazo.
—Dile que no.
Su susurro fue tan alto que incluso el secretario lo oyó, pero a Caden no le importó. Mientras el secretario arqueaba una ceja, Caden se limitó a fulminarlo con la mirada, desafiante. Lucas, mirando alternativamente al secretario y a Caden, preguntó al secretario con voz un poco insegura:
—… ¿No podemos entrar juntos?
—El director desea reunirse a solas con el guía Chen.
—Entonces, ¿veré al señor después? ¿El orden…?
El chico, al fin y al cabo, era un chico. Una pregunta de lo más ingenua. Caden frunció el ceño y agarró a Lucas del brazo. Había llegado hasta aquí, no podía permitir que todo se viniera abajo en el último momento.
—Sin ti era imposible llegar hasta aquí, ¿qué crees que pasará si me quedo solo?
—Eh…
—Dile que no.
Por fin, Lucas pareció darse cuenta de lo que estaba pasando. Tras fruncir el ceño un momento, confundido, mientras miraba a Caden, volvió la vista hacia el secretario. Su voz sonaba un poco más firme.
—… Entraré con él.
—El director ha dicho…
—Entonces me iré a casa. Ya que me han dejado salir antes del instituto, mejor.
A pesar de ser lento, su respuesta fue contundente. A Caden empezaba a caerle bien Lucas. Era un poco lento, sí, pero no estaba mal. Claro que al principio le había parecido un pesado, pero pensándolo bien, quizá eso también era señal de prudencia. El corazón de Caden se inclinaba hacia la simpatía.
Por su parte, el rostro hasta entonces impasible del secretario mostraba una leve grieta. Sin molestarse en ocultar su irritación, frunció el ceño y respondió con el tono más profesional que pudo.
—… Consultaré con el director.
Sería lo mejor que podía hacer.
Cuando el secretario entró en el despacho y cerró la puerta, desde dentro se oyó una voz ligeramente irritada. No sabía si era la del secretario o la de Abram. Caden esperó en silencio a que el secretario volviera a salir, pegado a Lucas para que los guardias no intentaran nada raro. Lucas no reaccionó, pero al tener a Caden tan cerca que casi le rozaba el brazo, sí que tensó ligeramente los hombros. Aunque se notara que le incomodaba, Caden no podía hacer nada al respecto. No tenía el lujo de respetar el espacio personal cuando no sabía qué podían hacerle.
Pasaron unos minutos y la puerta se abrió de nuevo.
—Pueden pasar los dos.
Solo entonces Caden se movió. Al ver el rostro de Abram sentado en el despacho, sintió cómo una aversión inexplicable le brotaba de golpe. La mirada de Abram hacia el invitado no deseado no era muy diferente a la de Caden. Era una expresión y una mirada que no había visto cuando había venido como invitado de Abram antes. Una mirada que lo recorría de arriba abajo como si fuera una molestia, sumamente grosera. Mientras Caden se esforzaba por mantener un mínimo de cortesía, Lucas, que había entrado un poco más tarde, y Abram se miraron a los ojos.
Su rostro autoritario y frío se descompuso en un instante. Su cara, con una sonrisa amable, incluso sociable, era claramente la cara que Caden conocía, pero le resultaba extrañamente desconocida. Sería porque era completamente diferente a la expresión que acababa de ver. Abram saludó con dulzura solo a Lucas.
—Has venido, Lucas.
—Hola.
—Siéntate. Has tenido que molestarte en venir, ¿verdad? He pedido que traigan algo de beber, siéntate y espera un momento. Ah, y usted también, señor Wolf, siéntese.
Esto era tratarlo como un simple acompañante. Caden, esforzándose por no fruncir el ceño, se sentó en el sofá que Abram le había indicado. Antes de que trajeran las bebidas o Abram volviera a hablar, Caden se adelantó.
—¿Por qué no ha solicitado la colaboración?
Sí, para eso había venido. Caden se concentró para no perderse ni el más mínimo temblor en la expresión de Abram. Fuera cual fuera su respuesta, Caden no pensaba irse dócilmente. Usaría todos los medios, desde amenazas hasta persuasión, para que solicitaran la colaboración, y si no…
Si no, ya pensaría en lo siguiente más tarde. Caden pensaba usar primero todos los medios legales a su alcance. No sabía si era porque había notado sus intenciones o porque era la pregunta esperada, pero la expresión de Abram no mostró ninguna alteración. Él, fingiendo pesar, suspiró lentamente.
—… Vaya, señor Wolf.
—No creo que ignore que Júpiter ha sido arrestado.
—Qué impaciente es. Será mejor que se calme.
Justo entonces, el secretario trajo las bebidas. A Lucas le pusieron un zumo, y a Caden y Abram, café. Caden pensó que le darían agua fría o algo así, una discriminación obvia, pero no parecía tan infantil como pensaba. Incluso pensó que no le darían nada, ni agua.
Abram, tras beber un sorbo de café lentamente, esbozó una amable sonrisa hacia Caden.
—Entiendo qué le preocupa al señor Wolf. Supongo que le preocupa que mi hijo pueda dañar la imagen del Centro.
—No es eso…
—Pero agradezco su preocupación.
No le preocupaba que dañara la imagen del Centro, le preocupaba el propio Júpiter. Caden, que iba a soltar algo con irritación, fue tajantemente cortado, y Abram continuó con calma. No parecía la actitud de un padre alterado porque su hijo estaba detenido.
—En cuanto a lo que ha hecho mi hijo, lo gestionaremos desde el Centro, así que le agradecería que se mantuviera al margen.
—… ¿Ha dicho “lo que ha hecho mi hijo”?
Caden dudó de sus oídos por un momento. “Lo que ha hecho”. Abram hablaba como si no tuviera ni un ápice de fe en que Júpiter no hubiera matado a nadie. Como si ya lo hubiera hecho. La elección de palabras, tan explícita, sin usar términos como “sospecha” o “acusación falsa”, le hizo erizar la piel de forma extraña. Abram no confiaba en Júpiter. Ante la pregunta de Caden, con expresión helada, le devolvió una sonrisa suave.
—Por supuesto, si no ha hecho nada, saldrá enseguida.
—…
—¿Acaso no es así la ley? Usted, que debe saberlo mejor que nadie, ¿no?
Era un tono de voz tranquilo, como amonestando, pero ¿era una impresión suya que sonaba a burla? Caden, sin decir nada, se quedó mirando a Abram en silencio. Un mal presentimiento le punzaba la espalda.
¿Sería por su actitud inusualmente tranquila que no sentía ningún cariño por Júpiter? La mirada de Abram hacia Lucas era como si estuviera mirando a otro Júpiter. ¿Acaso, al haber encontrado un sustituto, Júpiter ya no le hacía falta? Quizá Júpiter había sido usado como un producto de consumo y ahora era el momento de desecharlo.
De repente, empezó a preocuparse por el trato que Júpiter había recibido durante todo ese tiempo. Caden, tragando lentamente el aire para calmar la ira que teñía de rojo su cabeza, preguntó con cautela.
—¿Le ha puesto un abogado a Júpiter?
—… Señor Wolf. El Centro…
—No quiero saber la postura del Centro, quiero saber la opinión del señor Valerux. Me gustaría saber qué medidas ha tomado como padre.
Era un tono casi de confrontación. Lucas, que había estado sorbiendo su zumo en silencio, notó que algo no iba bien y, sin decir nada, movió los ojos para mirar a Caden y luego a Abram. Debió de pensar que no era asunto suyo meterse. Al mismo tiempo, su mirada también presionaba a Abram.
Abram, sin decir nada, miró a Caden y luego, como si estuviera un poco cansado, se frotó las sienes y se hundió en la silla. Aunque era un gesto simple, se notaba la arrogancia propia de quien está en una posición superior. Una persona normal se habría encogido ante la evidente autoridad y desagrado que emanaba de ese gesto.
Pero Caden ya se había enfrentado a gente como Abram muchas veces. Había visto a gente que blandía su poder con arrogancia hasta justo antes de que les pusieran las esposas, y a gente que fanfarroneaba sin tener nada en las manos. No sabía de qué tipo era Abram, pero al menos Caden no era tan débil como para doblegarse solo por su actitud de aplastar a los demás. Caden apremió con la mirada para que respondiera, y Abram, tras fingir cansancio, lo miró con una expresión entre irritada y algo más.
—… Sinceramente, no entiendo por qué el señor Wolf se involucra con Júpiter. Tenía entendido que su colaboración había terminado hace tiempo.
Abram soltó con un tono de fastidio. Antes de que Caden pudiera reaccionar, esbozó una leve sonrisa y continuó preguntando. Una voz cargada de sarcasmo, como diciendo que no podía ser, que cómo se atrevía.
—¿Acaso siente algo por mi hijo?
—…
Por un momento, se quedó sin palabras. No podía responder que sí así como así. Y era normal, el otro era el padre de Júpiter. No podía soltarle a la cara que le gustaba su hijo, veinte años más joven que él, con toda la vida por delante. Una repentina oleada de vergüenza y conmoción lo embargó, hasta el punto de no darse cuenta de que el tema se había desviado.
Abram, observando lentamente la expresión de Caden, sonrió con suavidad.
—Supongo que es normal, al ser la primera vez que recibe guía de clase S… señor Wolf.
Abram, con una sonrisa de compasión, arqueó las cejas con lástima. Caden, sintiendo cómo se le enrojecía el cuello, logró mantener la mirada a duras penas. Era la primera vez que sus sentimientos le resultaban vergonzosos. Abram, que mantenía la mirada con Caden en silencio, sonrió con dulzura.
—Será mejor que entre en razón.
—…
—¿Hasta dónde piensa llegar por un guía que no tiene nada que ver con usted? ¿Cree que Júpiter le corresponderá si se sacrifica así? Ese chico está ocupado. No tiene tiempo para usted.
Un montón de palabras se le agolparon en la garganta y se apagaron. Tenía muchas cosas que rebatir. Júpiter se había puesto en contacto con él a escondidas de sus secretarios, había venido a verlo a escondidas y le había dicho que lo echaba de menos… Pero si contaba todo eso, sería como desvelar todo lo que Júpiter había estado haciendo a escondidas hasta ahora. Volviera Júpiter a su rutina o no, la vigilancia sería mayor que antes, no menor.
Sintió cómo le ardía la nuca. De repente, se había convertido en un tipo sin vergüenza que andaba detrás del hijo de otro, y no sabía si era vergüenza u otra cosa lo que le nublaba la cabeza. Abram, que observaba la expresión de Caden, continuó con suavidad.
—No sé si debería decirlo yo mismo, pero Júpiter es un chico disoluto, y siempre ha habido muchos espers que decían amarlo. A veces incluso había quienes afirmaban que era mutuo, pero confío en que el señor Wolf no dirá eso.
Lo estaban tratando igual que a la gente que se obsesionaba con Júpiter, que decía amarlo y hacía locuras. Caden recordó las palabras que Júpiter había susurrado con expresión impactada. No dijo: “¿A ti también te gusto solo porque soy tu guía?” Quizá significaba que el nombre de Caden también acabaría en la larga lista de gente que había amado a Júpiter.
Caden, sujetando a duras penas su aturdida cabeza, se esforzó por continuar con calma.
—… Señor Valerux.
—Sí, señor Wolf.
Era un tono muy dulce, pero que menospreciaba al interlocutor. Caden, ignorando el calor que le subía hasta las orejas, apretó los dientes. Tenía que entrar en razón. Si seguía así, no conseguiría su objetivo y solo sería objeto de burla. Para poder ayudar un poco a Júpiter, no podía venirse abajo de esta manera. Caden, con el rostro encendido, preguntó con la voz más firme que pudo.
—Entonces, ¿por qué no ha solicitado la colaboración?
—…
La sonrisa fue desapareciendo lentamente del rostro de Abram. Cuando su dulce y arrogante sonrisa se desvaneció, fue sustituida por el fastidio y la molestia. Caden, sintiendo una leve satisfacción, observó en silencio cómo el pedestal en el que se había subido Abram se desmoronaba poco a poco. Para no tambalearse ante alguien que intentaba ponerse por encima, no debía ni siquiera fingir caer en su juego. Abram, tras frotarse las sienes un momento, exhaló un leve suspiro y lanzó una mirada de reojo a Lucas.
—Tenemos otro invitado, es muy grosero por su parte, señor Wolf.
El “otro invitado”, Lucas, que estaba mirando el vaso vacío de zumo, soltó de repente:
—A mí no me molesta.
—…
—¿Podrían ponerme otro zumo? Está bueno.
Caden empezaba a sospechar si Lucas era realmente tan lento o si lo hacía a propósito. Si no hubiera visto cómo devoraba los pasteles en la cafetería a pesar de su irritación, habría pensado sin duda que lo hacía a propósito. Pedir tranquilamente otra ronda de zumo en esta situación no era algo que pudiera hacer cualquiera sin un par de bemoles.
En cualquier caso, ver la cara de Abram torcerse era un espectáculo magnífico.
—Ah…
Abram soltó un suspiro de fastidio. Caden, sin esperar respuesta, volvió a preguntar. No podía perder la oportunidad de acorralarlo.
—¿No ha solicitado la colaboración porque está convencido de que Júpiter es culpable?
—Mire, señor Wolf.
—¿Y en qué basa esa convicción? ¿Acaso ha visitado la escena del crimen? No creo que esté abierta al público.
Ante la lluvia de preguntas, Abram frunció el ceño sin disimulo. Su rostro delataba un claro fastidio. Caden, esbozando una sonrisa mecánica, lo miró fijamente. Había otra hipótesis que podría explicar la tranquilidad de Abram.
—¿O acaso está convencido de que saldrá en seguida?
Si Abram no había abandonado realmente a Júpiter, la hipótesis más probable era que supiera lo que iba a pasar.
Y Abram no podía permitirse abandonar a Júpiter. Júpiter era demasiado valioso como para meterlo en la cárcel. Era uno de los pocos guías de clase S en el mundo, ¿cómo iba a renunciar a él fácilmente por rechazar algún trabajo? A menos que lo persuadiera o lo amenazara para que siguiera trabajando.
Quizá se estuviera tramando algo entre bastidores. Algo para sacar a Júpiter, o…
Caden se aferró a otra hipótesis que le cruzó la mente. Que la actitud tan relajada de Abram, el hecho de que no tomara medidas visibles por Júpiter, en realidad…
…fuera todo un montaje de Abram.
Desde la muerte de Jack Winter, la aparición de las huellas de Júpiter en la escena, hasta la rápida detención de Júpiter. Era una hipótesis que encajaba todo.
—Está diciendo disparates.
Abram suspiró lentamente con aire cansado. Su actitud era como si Caden lo estuviera acosando con peticiones absurdas.
—Sí, yo conozco a mi hijo. No es de los que harían algo así, por lo tanto saldrá en seguida.
—¿Ah, sí?
—… Aunque no haya solicitud oficial, cooperaremos, y cuanto más a la defensiva nos mostremos en esta situación, más sospechosos pareceremos a la policía. Para empezar, no tendría ningún sentido que yo, siendo familiar del sospechoso, pidiera involucrarme en la investigación, ¿no cree?
No era algo tan incomprensible. Escuchando solo a Abram, tenía sentido. Pero Caden no podía quitarse de encima esa extraña sensación, como si algo le estuviera punzando la nuca. La intuición de que Abram ocultaba algo lo ponía en alerta. Sus nervios estaban tensos, pero no podía precisar qué era exactamente lo que le molestaba.
Cuando Caden calló, Abram se pasó la mano por su perfectamente peinado cabello y preguntó con un tono cansado y arrogante:
—Dicho esto, ¿no se le ha pasado por la cabeza que estoy pasando por alto su impertinencia?
—Si le ha molestado, le pido disculpas.
—No, sus acciones y palabras no son algo que se pueda arreglar con una disculpa. Para empezar, ¿sabe por qué tiene prohibida la entrada al Centro?
Había forzado la entrada usando a Lucas como señuelo, a un lugar donde tenía prohibido entrar. Pero si no hubiera estado prohibido, no habría problema, ¿no? Caden había oído el motivo, pero lo había olvidado y, junto con su conciencia, lo había mandado a paseo. Caden respondió con desfachatez:
—Por una discriminación.
Abram frunció el ceño con visible desagrado. Su mirada decía: “¿Y tú te atreves a hablar de discriminación?”.
—Usted hirió a mi hijo y causó daños a la propiedad privada.
Por un instante, la imagen de Júpiter cayendo herido de bala cruzó ante sus ojos. Y tras ella, el horrible dolor, la confusión del descontrol y el sufrimiento. Caden contuvo la respiración un momento, pero luego respondió con naturalidad.
—Quien le disparó a Júpiter fue Valentín Evermoore. No fui yo.
Caden podría sentirse responsable de la herida de Júpiter, pero no tenía por qué sentirse culpable. Además, aquello fue un accidente durante una investigación. No fue él quien disparó a Júpiter, y si no hubiera sido por él, quizá le habrían disparado más veces. Si no lo hubiera detenido. Si no hubiera detenido a Valentín.
Pero al mismo tiempo, si no hubiera entrado en aquella casa con Júpiter, quizá no le habrían disparado. Si hubiera esperado, como le dijeron, y hubiera entrado con otros refuerzos. O, para empezar, si no hubiera involucrado a Júpiter. Si no lo hubiera conocido. Aunque pensara que no había motivo para sentirse culpable, el autorreproche no dejaba de rasguñarle el corazón.
Sintió un leve dolor en el pecho, pero Caden miró a Abram con calma. No podía mostrarse alterado aquí. Solo estaba diciendo la verdad, no tenía por qué ponerse a su altura. Caden, recuperando el aliento, eligió las palabras para atacar a Abram con eficacia.
—Como padre, no tiene derecho a reprocharme nada, ya que usted tampoco ha sido un buen padre.
Desde hacía un rato, la insistente mención de “mi hijo” le molestaba, y al final lo soltó. Al oír a Caden, el ojo de Abram tuvo un breve espasmo. Torciendo lentamente la boca, preguntó con sarcasmo.
—¿Me está acusando ahora?
—Lamento que lo tome como una acusación. Solo señalo un hecho. Por lo visto, ni siquiera lo mandó a la escuela.
—Bah.
Abram soltó una breve risa y se frotó el ojo con el pulgar. No sabía si le dolía la cabeza o si estaba estupefacto. Abram tragó saliva, se bebió de un trago el café ya tibio y lo dejó.
—¿Eso dice él?
Y entonces, en sus ojos al mirar a Caden había una extraña compasión, diferente a la de antes.
Cuando Caden se detuvo, desconcertado por esa sensación de extrañeza, Abram negó con la cabeza y suspiró. Hasta ahora la había tenido tomada con Caden, pero ahora parecía compadecerlo.
—Júpiter siempre se gana el favor de la gente así. Siempre lo ha hecho. Y como todo el mundo cae en sus artimañas, no me sorprende que usted también haya caído.
—…
—¿Sabe por qué no fue a la escuela?
¿Acaso había una razón? ¿No era simplemente maltrato infantil? Claro, Júpiter ya era demasiado mayor para ser considerado un niño, pero cuando no podía ir a la escuela, sin duda era un niño. Pequeño, frágil, al que había que proteger…
—Fue porque había muchas facciones que intentaban secuestrar a Júpiter.
El hilo de pensamiento sobre la infancia de Júpiter se cortó de repente. Era como si hubieran derramado tinta sobre sus sonrosadas mejillas y sus ojos de zafiro. Mientras Caden escuchaba en silencio, Abram hizo un gesto al secretario para que cambiara el café ya frío de Caden.
—Es un guía de clase S que manifestó su habilidad desde que nació. ¿Cuántos crees que lo codiciaban?
—…
—Muchos decían ser su madre biológica, y había un montón de gente que, en cuanto apartabas la vista, intentaba engatusarlo para llevárselo a casa. En esas circunstancias, ¿cómo iba a mandarlo a la escuela varias horas al día sin ningún guardaespaldas?
Era cierto. Tarde o temprano habría ocurrido un incidente. Para que Júpiter pudiera ir a la escuela, tendría que haber fingido ser una persona normal a la perfección, o haber tenido guardaespaldas incluso en clase. Lo primero no era seguro y lo segundo no existía una escuela que lo permitiera.
De repente, tomó conciencia de que Júpiter era un guía. Si hubiera sido un esper, habría sido el centro de admiración y respeto en la escuela, el popular. No habría necesitado guardaespaldas y no habría crecido encerrado tan estrictamente como ahora. Porque a diferencia de los guías, los espers pueden defenderse por sí mismos. Al contrario, ellos no tienen que preocuparse por su fragilidad, sino por no poder controlar su fuerza.
Abram, al ver la expresión de Caden, suspiró lentamente.
—A mí también me preocupaba que un niño en edad de jugar creciera sin un solo amigo, pero le di todo lo que pude. Le di todo el apoyo económico que necesitaba y también traía a niños de su edad con los que pudiera hacerse amigo.
—…
—Pero él rechazó a todos los niños y se concentró en dar guía a los espers. ¿Qué más podía hacer yo?
Eran palabras cercanas al lamento. Caden miró a Abram en silencio. No sabía qué parte de sus palabras creer y qué parte negar. Quizá todo esto fuera mentira. Y al mismo tiempo, le resultaba insoportable pensar que podía ser verdad. Caden exhaló lentamente. Sintió como si el afecto que había sentido por Júpiter, y la lástima quizá cercana a la compasión, hubieran sido traicionados. Aunque, curiosamente, ninguna de las palabras de Abram las había oído de labios de Júpiter.
Caden eligió las palabras con cuidado. Júpiter no es de los que hacen eso. El Júpiter que él conoce no es un cobarde ni un mentiroso, como dice Abram. Aunque usted hiciera todo eso por Júpiter, si Júpiter consideraba que era maltrato, no deja de serlo.
Tenía muchas cosas que decir, pero no sabía por dónde empezar.
—…Júpiter…
La voz se le quebró. Justo entonces, el secretario trajo el café. Caden, humedeciendo la garganta con el café a la temperatura perfecta, comprobó a Lucas. Él, sin interés en la conversación, estaba medio dormido.
Mil pensamientos cruzaron su mente, pero Caden pudo no dejarse afectar al final. Con voz tranquila, dijo a Abram:
—…Ya que le dio tantas cosas a Júpiter, supongo que también podrá hacer esto por él.
—…
—Haga la solicitud de colaboración. Yo iré.
El entrecejo de Abram se frunció levemente. Caden, fingiendo una expresión impasible como si no le hubieran afectado sus palabras, tragó el café. Al pasar el líquido amargo y dulce por su garganta, sintió que su corazón se calmaba un poco. Tenía un aroma extraño, pero quizá ese grano que él no conocía tuviera ese olor.
Al ver la desagradable expresión de Abram, se dio cuenta de que había dicho lo correcto. Parecía que su paciencia se estaba agotando. Suspiró brevemente y se frotó las sienes.
—Es más terco de lo que pensaba.
—Demasiado halago.
—…
Cuando respondió con sorna a la frase cargada de irritación, le devolvieron una mirada sorprendentemente gélida. El rostro del padre dulce y cansado había desaparecido, dejando paso al del hombre de negocios. Caden terminó de tragar el café y dejó la taza. El cuerpo se le relajaba, quizá por la calefacción, pero no era momento para eso. Al ver el rostro frío de Abram, pensó que por fin mostraba su verdadera cara. Caden intentó persuadirlo con calma.
—No es algo difícil, ¿no? Ya es extraño que no haga nada ahora que Júpiter ha sido detenido como sospechoso…
No era momento para eso. Pero el sueño no dejaba de embargarlo. Un cansancio repentino le aplastó los hombros, la visión se le nubló y todo dio vueltas. Aquello no era natural. Hasta hacía un momento estaba despejado, y al siguiente, Caden jadeaba aferrado al brazo del sofá. Le costaba respirar, como si tuviera la cabeza bajo el agua.
—Vaya, eres terco.
Abram soltó mientras se levantaba. Caden apenas pudo levantar la cabeza. Vio a Lucas, completamente dormido, y el vaso de zumo vacío. La misma droga, o una completamente diferente, debía estar también en el zumo de Lucas.
Abram observó en silencio a Caden, que intentaba comprender la situación.
—Si hubieras entendido las palabras, esto no habría pasado.
—Uh…
—No sé cómo te ha engatusado Júpiter, pero viendo hasta dónde has llegado, debe de ser un amor muy grande.
Caden, forcejeando, se apoyó en la mesa. Hasta ese simple movimiento le salió mal y su cuerpo se inclinó de forma extraña. En un descuido, la mesa se le vino encima y le golpeó la frente. Por la droga, ni siquiera le dolió. Un dolor sordo, con un instante de retraso, le latía muy lentamente en la frente.
Caden, con la sensación de que todo su cuerpo flotaba en el aire, agitó los brazos. Cuando su mano rozó el bajo del pantalón de Abram, este chasqueó la lengua brevemente y apartó el pie como si hubiera tocado algo sucio. Su brazo, extendido a duras penas, había sido en vano; Abram ya se había alejado a una distancia inalcanzable.
—Antes eras un tipo decente… pero Júpiter ha elegido a un tipo irritante esta vez.
—To, ah, usted, ¿cómo…?
—¿Aún estás despierto?
Abram, como si le molestara, observó el rostro de Caden. Caden, forzándose a mantener los ojos abiertos, levantó la cabeza, que no le respondía, para mirar a Abram. No podía ver su expresión, con la luz de la lámpara a sus espaldas. Solo sentía una mirada blanquecina. Una mirada fría, sin emoción ni calor. Una mirada que evaluaba la utilidad de un objeto, no de una persona.
—No te preocupes. No es una droga mortal.
—Uh, ugh…
—Todavía está en fase experimental.
Recordó haber oído alguna vez que en el Centro investigaban la muerte digna para superdotados. ¿También se lo había contado Júpiter? Como nunca había oído que las drogas hicieran efecto en los espers, la que había tomado Caden también debía ser una creada durante esa investigación. Caden, jadeando, alargó el brazo, pero Abram pisó suavemente su muñeca con el zapato. Incluso entre sus embotados sentidos, un dolor punzante como una aguja se abrió paso. Un dolor agudo, como si le rompieran el hueso, le atravesó la muñeca.
—¡Ug…!
—Cuando despiertes de la siesta, todo habrá terminado.
Fue un susurro amable. Tan amable que uno casi quería creerlo.
Un instante después, el pie de Abram le golpeó la sien. Un sonido terriblemente horrible resonó como una explosión en su cabeza.
La visión de Caden se tiñó de negro.