19

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Pasaron unas semanas desde el incidente del funeral de Júpiter y todo se calmó, como debía ser. Caden, después de completar su terapia psicológica, volvió a la policía, y Bryce parecía estar ocupado gestionando el Centro. Lucas, sin establecer una relación formal con Bryce, había vuelto a su casa y estaba yendo a la escuela, y Júpiter…

Júpiter estaba aburrido.

—…

Júpiter yacía quieto en el sofá, mirando al techo. El gusto por la decoración de Caden era muy minimalista, y el techo empapelado de blanco no tenía ningún dibujo. De hecho, era tan sencillo que dudaba de si realmente tenía algún gusto por la decoración. Júpiter, lamentando que no hubiera ni un solo dibujo o mancha que pudiera seguir con la vista, atrapó el pensamiento que llevaba clavado como una espina en su corazón desde hacía un buen rato.

¿Estará bien tomar la iniciativa en una situación donde me han anunciado que me propondrán matrimonio?

—…

Ya habían pasado varias semanas. Caden dijo que nos casaríamos cuando todo terminara, pero después de lo del funeral de Júpiter, no ha vuelto a decir nada al respecto. Ni anillo, ni una cena especial. Júpiter, moviendo la punta de los pies, miraba el techo absorto. Parecía que ya era hora de que él mismo tomara la iniciativa y le propusiera matrimonio.

Pero, ¿y si Caden no se ha olvidado, sino que lo está posponiendo a propósito? Júpiter volvió a sumirse en sus pensamientos. En ese caso, era obvio que si se adelantaba, lo rechazaría. Pensando en la reacción que tuvo Caden cuando Júpiter aceptó la proposición, la hipótesis de que Caden estuviera posponiéndola también era convincente.

—…No irá a decir ahora que ha cambiado de opinión.

El murmullo de Júpiter se dispersó en el aire. Caden había ido a trabajar y Júpiter no tenía amigos. Bryce, el único que podría ser considerado un amigo, también estaba demasiado ocupado y no contestaba aunque lo contactara. Júpiter parpadeó lentamente y se levantó. Debía de haber estado mirando el techo blanco y vacío demasiado tiempo, porque le parecía ver puntos negros moviéndose ante sus ojos.

Primero, a tomar el aire. Estar demasiado encerrado en casa debilitaba su ánimo. Júpiter intentó contar cuánto tiempo hacía que no salía. Cuando ya había doblado todos los dedos de una mano y estaba a punto de levantar la otra, se rindió y se puso el abrigo directamente. Aun así, gracias a que se duchaba a diario, no tenía mal aspecto. Aunque llevara unos días sin ducharse, su belleza no se iría a ninguna parte.

Al cerrar la puerta con llave y salir, se oía débilmente el sonido de una televisión en algún lugar del pasillo. Parecía que había alguien más, como Júpiter, que se quedaba en casa sin ir a trabajar. Con cada paso, distintos sonidos llegaban a sus oídos desde la distancia. El sonido de una aspiradora, el de una lavadora vieja funcionando, el de las tuberías de agua crujiendo…

No había ningún sonido que le diera fuerzas particularmente.

—Qué frío.

Aunque era la época en que el tiempo empezaba a suavizarse, aún quedaba mucho para que calentara. Júpiter se arregló el cuello del abrigo mientras murmuraba para sí. Al aumentar el tiempo que pasaba solo, solía sacar palabras sin destinatario. A veces ni siquiera era consciente de si las había dicho en voz alta.

—…Qué frío.

Si Caden hubiera estado a su lado, le habría seguido la corriente. Se sentía vacío. Sin trabajo y sin un lugar al que pertenecer, sentía que no tenía los pies en la tierra. Se sentía como un globo flotando, un fantasma vagando entre la gente. Júpiter se mezcló entre la gente que caminaba apresuradamente hacia algún lado y se dirigió lentamente hacia una cafetería. Había salido a pasear, pero no quería desviarse para ir a una cafetería lejana si había una cerca, así que su corto paseo se detuvo después de cruzar una manzana.

—Un latte, por favor.

—Sí, claro.

Después de pedir el café, Júpiter se sentó en un taburete y miró distraídamente por la ventana. Entre la gente que pasaba apresuradamente, una mujer llamó su atención. Parecía estar buscando una dirección, pues no dejaba de mirar el móvil y mirar a su alrededor. Tenía un aspecto nervioso que cualquiera podía notar, y la bufanda que asomaba descuidadamente de su bolso la convertía en un blanco fácil para los carteristas.

Como era de esperar, cuando Júpiter recibió su café, un carterista se acercó sigilosamente por detrás de la mujer. La mujer, absorta en su móvil, no se daba cuenta en absoluto. Júpiter, sentado en el interior, observaba fijamente a la mujer que iba a ser víctima justo delante de sus narices.

—No es asunto mío.

—¿Perdón?

—No es nada.

Ante la pregunta desconcertada del empleado, Júpiter sonrió levemente y disimuló la situación. Realmente, no era asunto suyo. Que le roben o no delante de sus ojos no era algo que le concerniera.

Sin embargo, el cabello rubio oscuro, casi castaño, de la mujer, su mirada firme y la forma de sus labios le molestaban la vista. Júpiter permaneció en silencio un momento, observando a la mujer. A la mujer que, sin saber lo que le iba a pasar, dudaba entre cruzar el paso de cebra entre los edificios o seguir la acera. Y al carterista que la seguía sigilosamente.

—Ah…

Si Caden se enterara, seguro le diría que por qué no la ayudaba. Júpiter, finalmente, tragó un sorbo de café y, esperando a que la mujer pasara por delante de la puerta de la cafetería, abrió la puerta de cristal de golpe. El carterista, que venía pegado a ella, se golpeó la cabeza contra la puerta con un estrépito. Fue un impacto tan sonoro que los transeúntes se volvieron a mirar.

—¡Ugh! ¡¿Qu… qué?!

—Vaya, lo siento.

El carterista, con la frente golpeada y el rostro enrojecido, iba a enfadarse, pero al darse cuenta de que la mujer lo miraba, murmuró un insulto y se alejó. La mujer, sin saber aún lo que casi le había pasado, observaba la escena desconcertada. Júpiter dudó si irse así, pero finalmente le dio un simple consejo.

—Se le sale la bufanda.

—¿Ah? Vaya.

La mujer abrió los ojos como platos y luego guardó apresuradamente la bufanda en el bolso. Vaya descuido, teniendo la cremallera a la vista, no cerrarla. Pero tampoco era asunto de Júpiter.

Júpiter realmente intentó irse, pero la mujer le habló y no pudo moverse del sitio.

—Disculpe, ¿vive usted por aquí?

Aunque era una zona llena de rascacielos, también había mansiones cerca y era una zona residencial y comercial mezclada, así que no era una pregunta del todo descabellada. Pero normalmente, si uno viene por aquí, suele ser para trabajar. Júpiter, en lugar de señalar ese punto, asintió en silencio. La mujer le mostró con cautela la pantalla de su móvil. En la aplicación de mapas que aparecía en la pantalla, había un edificio marcado.

—Es que quiero ir aquí, pero me he perdido. ¿Podría indicarme hacia dónde queda?

Aunque intentaba hablar con calma, no podía ocultar su fuerte acento sureño. Pensó que se parecía a Caden en algo, pero su forma de hablar no se parecía en nada. Caden no tenía un acento o dejo particular.

Qué ganas de ver a Caden. Júpiter, recordando a su pareja, miró el mapa. Quizás por pensar en Caden, el mapa señalaba el edificio donde vivía Caden.

—Gire en esa dirección, pasando el banco, y camine una manzana.

—¿En esa dirección?

—A la derecha… Sí, ahí. Ahí hay un banco.

—¿Un banco…?

La mujer no parecía captarlo fácilmente. El banco no se veía bien desde donde estaban, y además, la gente no dejaba de empujarla, dificultando que se concentrara en las palabras. Finalmente, Júpiter le hizo un leve gesto con la cabeza.

—Te acompaño.

—¿Eh, cómo?

—Yo también vivo allí. Iba de vuelta porque olvidé algo en casa.

Lo de haber olvidado algo era mentira, pero viendo que la mujer asentía tranquilizada, fue mejor mentir. Júpiter empezó a caminar entre la gente junto a la mujer. No tenía nada especial que decir, y a diferencia de antes, cuando por obligación tenía que ser amable con todos, ahora no quería sacar su sociabilidad ni siquiera con desconocidos, así que caminaron en silencio.

Como estaba cerca de la cafetería, llegaron al edificio rápidamente. Júpiter pulsó el botón del viejo ascensor en el vestíbulo mientras la saludaba educadamente.

—Suba con cuidado.

—Ah, sí. Usted también.

Sin embargo, el botón que ella pulsó era el mismo piso. En el viejo ascensor no había función de cancelar, así que solo consiguieron pulsar el mismo piso dos veces. Incapaz de soportar el incómodo silencio, la mujer habló primero.

—Es el mismo piso. Jeje.

—…Así es.

—Jeje, je…

La risa se desvaneció, dejando una estela incómoda. Júpiter parpadeó y bajó primero del ascensor que había llegado. Tras él, se oían los pasos de la mujer acercándose. Sus pasos eran un poco lentos, como si estuviera comprobando los números de las puertas mientras caminaba.

Los pasos de la mujer lo siguieron durante todo el recorrido por el pasillo. Júpiter introdujo la llave en la cerradura de la puerta al final del pasillo. Justo cuando hizo clic y estaba a punto de abrir la puerta para entrar, la mujer le habló por detrás.

—…¿Vive usted aquí?

Cuando Júpiter volvió la cabeza, la mujer, turbada, miraba alternativamente su teléfono y a él. Júpiter también estaba igual de desconcertado. Tras un momento de silencio, Júpiter, adoptando una postura defensiva, cruzó los brazos y miró a la mujer desde arriba.

—¿En qué puedo ayudarla?

—Es que, bueno, yo vine a ver al dueño de esta casa.

—Puede decírmelo a mí.

—Ah…

La expresión de la mujer se tiñó de apuro y confusión. También se asomaba un poco de miedo. Júpiter la miró fijamente desde arriba y, al darse cuenta de que estaba siendo un poco grosero, descruzó lentamente los brazos.

—¿Ha venido a ver a Caden?

—¡Ah, sí!

Solo entonces el rostro de la mujer se iluminó por completo. Júpiter observó detenidamente el rostro de la mujer, esforzándose por encontrar alguna conexión entre ella y Caden. En realidad, no era tan difícil. Esa persona tenía un rostro muy fácil de leer.

—…Nunca mencionó que tuviera una hermana pequeña.

—Soy Misha Wolf. ¿Qué relación tiene usted con mi hermano?

Y ahora, ¿qué se suponía que debía decir? Júpiter guardó silencio un momento. El rostro de Misha, que se parecía muchísimo a Caden, lo miraba desde abajo instándole a responder, pero a Júpiter le resultaba difícil contestar. No sabía hasta qué punto Caden le había contado a su familia.

Tampoco sabía que Caden tuviera familia. Si Caden hubiera dicho que estaba saliendo con Júpiter y viviendo con él, antes de eso habría tenido que contar lo que pasó con Anna. Pero si supieran cómo vivió Caden cuando Anna murió, no lo habrían dejado abandonado a su suerte con el Centro. Pensó que quizás la mujer estaba mintiendo, pero para eso su parecido con Caden era demasiado grande.

Es decir, Caden no le había dicho ni una palabra a Misha.

Ni una sola palabra.

—…Somos compañeros de trabajo.

Para ser amigos, la diferencia de edad era demasiado grande, y como Caden no había dado el paso de salir del armario, no podía decir que eran pareja. Ante la respuesta de Júpiter, Misha asintió y sonrió. Júpiter hizo pasar a Misha al interior mientras, apurado, miraba la hora. La hora actual era la una y veinte de la tarde.

Faltaban unas cuatro horas para que Caden saliera del trabajo.

Deben de llevarse muy bien con mi hermano.

Fue lo que dijo Misha cuando Júpiter, después de sentarla en la sala, trajo café de la cocina. Seguramente se refería a que ella, que era la hermana, era tratada como invitada, mientras que Júpiter, el compañero de trabajo, actuaba como el dueño de la casa. Júpiter, sin inmutarse, respondió con una sonrisa.

—Estamos viviendo juntos. Surgió un problema en el lugar donde vivía, así que estará conmigo hasta que encuentre una casa nueva.

—Ya veo.

No era una mentira del todo. Lo del problema en su antiguo hogar era cierto; lo de después era mentira. Misha parpadeó con una expresión extraña y luego, con actitud vacilante, preguntó:

—…Disculpe, ¿es usted la persona que salió en las noticias?

Vaya.

La expresión tranquila con la que Júpiter había estado respondiendo se resquebrajó ligeramente. Pensándolo bien, el incidente del funeral había sido ampliamente cubierto por todos los medios relacionados con la familia Miller, así que sería más extraño que no lo supiera.

Al mismo tiempo, también imaginó por qué Misha había venido tan de repente. No solo la cara de Júpiter había aparecido en las noticias. Caden también había salido ampliamente en los medios como víctima de una falsa acusación. Antes de eso, había aparecido en las noticias como el criminal que mató a Júpiter.

Negarlo solo enredaría más las cosas. Juzgando así, Júpiter asintió con una sonrisa en el rostro.

—Sí, así es. Las cosas se torcieron y terminó así.

Respondió con el tono más ligero posible, pero para Misha este asunto parecía tener un peso completamente diferente.

—¿Podría contarme qué pasó? Mi hermano, es que no cuenta nada de sí mismo… Desde el año pasado no contestaba mis llamadas, y de repente veo su cara en las noticias. Me asusté mucho…

Así que por eso había venido. Lo de que no contestaba las llamadas seguramente sería porque después de la muerte de Anna no estaba en condiciones, y luego, como cambió de teléfono porque el suyo se rompió, no pudo contactarlo. Júpiter miró a Misha, apurado. Como no sabía hasta dónde le había contado Caden, le resultaba difícil responder.

—…No creo que tenga nada que contarle. ¿No sería mejor oírlo de su propia boca?

—Me gustaría que me contara aunque sea brevemente la situación. Mi hermano está…

—Mi hermano está… —dudó Misha y suspiró. El café que había servido se estaba enfriando sin que ella hubiera probado ni un sorbo. Júpiter, observando a Misha en silencio, jugueteaba con el teléfono. Cuando preparó el café, le había escrito a Caden, pero no había respuesta. ¿Estaría ocupado justo en este momento?

Tras dudar un largo rato, Misha preguntó con cautela:

—…¿Mi hermano está bien de salud?

—…

Fue una pregunta inesperada. Salud. Era la primera vez que alguien le preguntaba por la salud de un esper. Mientras Júpiter se limitaba a parpadear en silencio, Misha sonrió, un poco avergonzada.

—Claro, sé que mi hermano es un esper. Pero precisamente por eso, confía demasiado en su cuerpo y trabaja sin comer, esas cosas.

—¿Ah, sí? Creía que comía bien.

—Seguro que cambió después de casarse. Fue gracias a Anna que se convirtió en una persona decente. Antes de casarse, era, uf, increíble.

Misha sonrió con cariño y, sin venir a cuento, frunció el ceño. Júpiter sintió un enorme calor agazapado en el fondo de su garganta. Mientras él permanecía en silencio, sin poder continuar la conversación con facilidad, Misha, que parecía haber perdido por fin la tensión, bebió café y continuó la charla con familiaridad.

—Pero me alegra saber que come bien. ¿Y Anna está bien? Viven los tres juntos, ¿no?

—Bueno, eso… mm.

—Vivir con un matrimonio debe ser incómodo.

¿Debería decírselo? Júpiter, con sentimientos encontrados, solo esbozó una sonrisa tenue. No podía entender por qué Caden no le había dicho nada ni siquiera a su familia. Aunque el Centro seguramente habría enviado una notificación a su familia cuando Caden fue aislado por riesgo de desbocamiento. Podría ser que la dirección estuviera mal, o que Anna estuviera registrada como la tutora de Caden.

…Esta última era la hipótesis más probable. Su corazón hervía de una forma extraña. Júpiter sonrió estoicamente y desvió la conversación.

—¿Ha venido desde lejos?

—Ah, sí. Dirijo una granja de uvas en la región sur. Es un lugar que heredé de mis padres.

—Vaya, entonces es la dueña. No la reconocí, qué vergüenza.

Cuando Júpiter bromeó con desparpajo, Misha, que ya había bajado completamente la guardia, soltó una carcajada. Aunque fuera la hermana de Caden, era mucho mayor que Júpiter. Por muy joven que se la quisiera ver, rondaba la treintena o incluso la cuarentena. Júpiter la miró con sentimientos encontrados. Pensándolo bien, era increíble que Caden no lo tratara como a un crío.

…¿O sí lo hacía? ¿Lo hacía? Quizás Júpiter mismo lo ignoraba.

—Es una granja pequeña. No es tan grande.

—Aún así. Nunca he estado en una granja de uvas, si tengo oportunidad me gustaría ir a conocerla.

—Cuando quieras, ven. Si te gusta el vino, seguro que te encantará.

El rostro sonriente de Misha a veces se parecía a Caden, a veces parecía una persona completamente diferente. Júpiter, sintiendo una familiaridad hacia Misha que lo desconcertaba, parpadeó lentamente. Cierto, lo había olvidado, pero a diferencia de él, Caden tenía familia. Aunque no fuera la familia que formó con Anna, tenía padres, hermanos, y personas que se preocupaban por él cuando no estaba.

No sabía qué surgió primero, si el complejo de inferioridad o la envidia. Júpiter sonrió con una sensación de que algo se le quemaba en negro dentro del pecho. Por suerte, era un experto en sonreír sin que se le notara el interior.

—Caden llegará pronto. Es que yo tenía que hacer un recado…

—Ah, cierto, dijo que había venido a recoger algo que olvidó.

—Sí, eso es.

Pero no sabía cómo manejar este sentimiento. Júpiter dio una excusa torpe, esperando que sus palabras sonaran convincentes. Por suerte, Misha no se dio cuenta. Incluso parecía casi aliviada.

Después de decirle la hora a la que Caden salía del trabajo, Júpiter salió de casa y puso un pie en la calle. No tenía un destino concreto. Pensó en ir a una cafetería, pero si bebía más café, estaría despierto toda la noche. Júpiter, caminando despacio, deteniéndose cuando quería parar y andando cuando quería andar, se alejó de casa. Aquel lugar ya no le parecía “casa”. Era como si él se hubiera metido en la cáscara que Anna había dejado atrás.

¿Seguiría Caden amando a Anna? Júpiter no podía negar esa pregunta con seguridad. Caden no sería una persona horrible que dijera —te quiero— a alguien a quien no quiere. Pero tampoco era tan cruel como para haber olvidado por completo a Anna.

—…Qué estoy haciendo.

Júpiter, después de caminar sin rumbo, se detuvo en un parque, aturdido. Era principios de primavera, cuando el tiempo empezaba a suavizarse, y se veían ancianos tomando el sol y parejas con niños. Júpiter, sin querer ver a nadie, solo miraba a las palomas y luego se sentó en un banco en el rincón más apartado.

No sabía qué estaba haciendo. Sus nalgas, en contacto con el banco, estaban frías. Las puntas de los dedos le dolían por el frío y el viento helado le rozaba la nariz.

—…

No sabía cuánto tiempo llevaba sentado cuando sonó el teléfono. El nombre de Caden aparecía en la pantalla. Júpiter dudó si dejar que se cortara, pero sentirse dudando de eso le pareció una estupidez, así que contestó dócilmente.

—Júpiter. ¿Estás ahora con Misha?

Ante la pregunta, lanzada sin ni siquiera un saludo, Júpiter guardó un breve silencio. La familiaridad y la confusión que apreciaba en la voz de Caden le escocieron en la boca.

—…No, yo salí. Tenía un recado.

Era mentira. Mientras ponía la excusa de que tenía un recado, un sudor frío le empapaba la mano. Júpiter esperaba que Caden se enfadara con él. Si le gritara que no mintiera y que dijera la verdad, creía que podría confesarle honestamente esos sentimientos tan turbios.

Pero Caden no lo hizo.

—¿Y Misha?

—……

—¿Júpiter?

—La señora Misha está en casa. Le di café, así que estará descansando.

Júpiter se sintió desconcertado al notar que estaba molesto con Caden. ¿Qué demonios ganaba con portarse de una manera tan infantil? Sin embargo, a diferencia de sus pensamientos, su corazón seguía encogido, y Júpiter no se sintió mejor solo con oír la voz de Caden.

—¿Supiste por qué ha venido?

—Salimos tú y yo en las noticias, ¿no?

—…Ah.

La voz de Caden denotaba que no lo había pensado en absoluto. Si solo se hubiera emitido a nivel local, no habrían involucrado a la familia Miller. Júpiter preguntó con serenidad.

—¿Hasta dónde le has contado?

—¿El qué?

—Según la señora Misha, no has tenido contacto con ella desde el año pasado. ¿Esa persona hasta dónde sabe?

Un silencio extraño flotó entre ellos. No podía no saber lo que significaba la pregunta, pero Caden permaneció en silencio un buen rato y luego preguntó a su vez:

—¿Pasó algo?

—No ha pasado nada.

—…

La respuesta fue demasiado rápida. Al otro lado del auricular no se oía ningún sonido. Júpiter apartó ligeramente el teléfono, que se estaba calentando, de su oreja y comprobó si la llamada seguía conectada. La llamada estaba perfectamente conectada.

—Caden. De verdad no ha pasado nada.

Cuando Júpiter respondió de nuevo, por fin se oyó la voz de Caden.

—Entonces, ¿por qué preguntas eso?

—Es que la señora Misha parecía no saber nada.

—…Estaba tan ocupado que se me olvidó contactar con ella.

Si hubiera sido durante la época en que huían y los perseguían, sería comprensible, pero ya habían pasado varias semanas desde lo del funeral. Había tenido tiempo de sobra para llamar. Júpiter pensó que era una excusa, pero no acorraló a Caden. En cambio, le explicó la situación.

—Como parecía no saber nada sobre tu esposa, preferí no decir nada de momento. Me pareció que era mejor que lo contaras tú.

—…

—Si te cuesta, yo puedo contárselo.

Para que así Júpiter pudiera presentarse como su pareja. Para poder crear una ocasión en la que él mismo pudiera declarar ante la familia de Caden que era su nuevo amor y que vivirían juntos para siempre.

Antes de que Júpiter pudiera siquiera imaginarse a sí mismo diciéndole a Misha, con orgullo, que Anna había muerto y que él era su nueva pareja, Caden soltó un suspiro dubitativo.

—¿Sí?

—…Creo que es mejor que lo haga yo. Gracias.

La imagen de la persona frente a Misha pasó de ser Júpiter a ser Caden. Júpiter imaginó a Caden, con el brazo sobre su hombro, presentándole a su pareja a Misha. ¿Se sentiría avergonzado? ¿Dudaría? ¿Le daría apuro? …En cualquier caso, tampoco estaría mal. Era algo que debía hacerse, aunque un poco tarde.

—¿A qué hora llegas?

—Voy enseguida. Hoy salí antes del trabajo.

—¿Se puede eso siendo policía?

—Oye, ¿tienes algún problema?

Ante la pequeña broma, Caden se rió con ganas. Le gustó oír esa risa al otro lado del teléfono. Júpiter susurró con sinceridad.

—Ven rápido.

Tan rápido como puedas.

Tanto como te necesito.

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x