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Bajando ligeramente la cabeza, Chu Yunsheng se encontró directamente con esos ojos almendrados, ahora abiertos de par en par, llenos de ira y completamente enrojecidos.
Sin cambiar su expresión, Chu Yunsheng dejó caer a un Yin Zheng completamente desnudo en la bañera llena de agua y se dio la vuelta para marcharse.
Sin embargo, justo cuando giraba y aún no había llegado a la puerta del baño, un fuerte chapoteo resonó detrás de él. Chu Yunsheng inclinó ligeramente la cabeza y levantó una mano, atrapando en el aire el puño que se dirigía hacia él.
El agua salpicó por todos lados, y otra pierna blanca y brillante se lanzó sin piedad hacia él, golpeándolo con fuerza en la cintura y el abdomen.
Aunque Yin Zheng tenía una complexión delgada, seguía siendo un hombre, y aquella patada fue lo suficientemente potente como para dejar un hematoma instantáneo en la cintura de Chu Yunsheng.
Pero Chu Yunsheng no esquivó. Aprovechando el movimiento, agarró la pierna que lo había golpeado y, dando un paso hacia adelante, presionó a Yin Zheng contra la pared.
Yin Zheng luchó desesperadamente.
Su rostro, tan hermoso como indignado, estaba ahora a centímetros del de Chu Yunsheng. Sus labios, enrojecidos e hinchados por las mordidas, temblaban de rabia mientras soltaba un grito amenazante:
“¡Que te jodan, Chu Yunsheng! ¡Voy a castrarte!”
Ante esta amenaza que haría estremecer a cualquiera, Chu Yunsheng no mostró la menor reacción. Ni siquiera intentó justificarse. La verdad era que había sido él quien se acostó con Yin Zheng. Aunque su cabeza había estado confusa y su estado había sido extraño, eso no era excusa para evadir su responsabilidad.
Tampoco tenía intención de inventar una excusa para engañar a Yin Zheng.
“¿Quieres castrarme?” preguntó Chu Yunsheng.
Yin Zheng lo fulminó con la mirada, su pecho subiendo y bajando debido a la furia. Entonces, forzó una risa fría:
“¿Qué pasa? ¿No es la primera vez que haces algo así, verdad? Personas como tú, unos malditos psicópatas de mierda, merecen ser castrados…”
“De acuerdo. Acepto” respondió Chu Yunsheng.
El aire en la habitación se congeló por un momento.
La sonrisa burlona de Yin Zheng se desvaneció, quedándose petrificado:
“¿Aceptas? ¿Qué aceptas?”
Por un instante, su rostro quedó completamente en blanco, como si no pudiera procesar lo que había oído.
“¿Aceptas que te castre?” preguntó, incrédulo.
“Sí” respondió Chu Yunsheng con calma.
Aprovechando la momentánea confusión de Yin Zheng, Chu Yunsheng giró la manija de la ducha en la pared, dejando que el agua cayera y lavara los restos de líquidos y marcas en el cuerpo de Yin Zheng. Su voz, ronca pero tranquila, llenó el aire:
“Puedes castrarme, o puedes golpearme y odiarme. Pero todo eso tendrá que esperar hasta que aprendas a actuar. Tienes mucho talento, pero nunca has recibido una formación adecuada ni has tenido a nadie que te guíe. Tu mente está demasiado cargada de cosas. Si quieres ser un buen actor, no deberías preocuparte tanto por lo que pasa a tu alrededor.”
Yin Zheng lo miró con una mezcla de sorpresa y desconfianza, como si no pudiera creer lo que estaba escuchando.
Un hombre que decía aceptar ser castrado con esa ligereza parecía algo sacado de un cuento absurdo. Por un momento, Yin Zheng se preguntó si realmente estaba despierto o si todo esto no era más que un sueño extraño.
Fijó sus ojos en Chu Yunsheng, tratando de averiguar qué estaba tramando realmente.
“No pienses demasiado” dijo Chu Yunsheng, inclinándose para enjabonarlo.
“Lo que hice estuvo mal, y merezco pagar por ello.”
Por alguna razón, la actitud tranquila y extrañamente retorcida de Chu Yunsheng dejó a Yin Zheng completamente descolocado. No sabía qué responder y, por un momento, incluso se olvidó de detener a Chu Yunsheng, quien seguía lavándolo.
De hecho, los movimientos de Chu Yunsheng mientras lo bañaba eran tan mecánicos como los de alguien lavando a un gato o a un perro, sin dejar espacio para ningún tipo de ambigüedad o malentendido que pudiera despertar el rechazo o la incomodidad de Yin Zheng.
Además, Yin Zheng se consideraba un hombre fuerte y adulto, y estaba convencido de que no había manera de que alguien pudiera aprovecharse de él.
Chu Yunsheng lo había tomado por la fuerza, y lo único que Yin Zheng sentía hacia él era odio y deseos de venganza, pero no demasiada precaución. En un estado normal, mientras no estuviera inconsciente, con su experiencia en artes marciales, derribar a un hombre de 35 años como Chu Yunsheng sería algo fácil para él. Por eso, con confianza, creía que no necesitaba estar en guardia.
“La parte de adentro lávatela tú mismo” dijo Chu Yunsheng, soltando a Yin Zheng y saliendo del alcance de la ducha.
La decisión de retirarse resultó ser muy acertada, ya que, justo en el momento en que hablo, una pierna salió disparada hacia él. Si no hubiera salido rápido, seguramente habría recibido otra patada.
“¡Lárgate!”
Yin Zheng agarró el bote de gel de baño y lo lanzó.
Chu Yunsheng, con rápidos reflejos, usó la puerta del baño como escudo. Con un fuerte ¡bang!, el gel chocó contra la puerta, mientras él aprovechaba la oportunidad para salir, logrando retirarse con éxito.
Dentro del baño, el ruido de chapoteos y golpes continuó durante un buen rato. Probablemente, todo lo que pudiera ser lanzado ya había sido destrozado.
Cuando finalmente se calmó y solo se escuchaba el sonido del agua corriendo, Chu Yunsheng, que había estado esperando junto a la puerta, se alejó para comenzar a ordenar el dormitorio.
Había ropa tirada por todas partes, y las sábanas estaban hechas un desastre, sucias y arrugadas.
Chu Yunsheng, que había vivido soltero durante muchos años antes de morir, tenía habilidades domésticas impecables. En poco tiempo, había limpiado por completo el caótico desorden en la habitación.
Era primavera, la estación en la que todo florece, con un clima cálido y agradable. Abrió la ventana para ventilar un poco, pero pronto notó varias figuras sospechosas merodeando cerca de la villa. Probablemente, eran paparazzi.
El Chu Yunsheng original estaba involucrado recientemente en un escándalo de infidelidad, señalado como el supuesto “amante masculino” de una famosa actriz. Según los recuerdos del original, él y la actriz solo eran amigos, pero los medios, siempre listos para inventar historias, lo habían retratado como un villano. La actriz, ya fuera por descuido o intencionalmente, no había confirmado ni negado los rumores con una declaración oficial.
El Chu Yunsheng original, aunque al borde del colapso emocional, estaba acostumbrado a las tormentas mediáticas y no tenía energía para preocuparse por el tema. Así que simplemente dejó que la situación siguiera su curso.
«¡Bang!»
De repente, la puerta del baño fue pateada con fuerza y se abrió de golpe.
Chu Yunsheng cerró la ventana y corrió las cortinas antes de girarse. Yin Zheng, envuelto en una toalla, estaba de pie en el suelo, con el cuello erguido como un gallo de pelea. Sus labios estaban fuertemente apretados, y toda su postura irradiaba una ira intensa y desafiante.
Claro, si no tuviera tantas marcas tan visibles en el cuerpo, su aura sería incluso más intimidante.
“Considerémoslo como si hubiera sido mordido por un perro, Chu Yingdi (Emperador de la actuación) dijo Yin Zheng con frialdad. “A partir de ahora, no quiero volver a verte nunca más. Y ni se te ocurra usar esto para amenazarme. Más te vale tener cuidado y no intentar algo así con nadie más. No creas que no me atrevería a exponerlo. Sabes bien mi situación actual, no tengo nada que perder y si caigo, te arrastro conmigo.”
Después de una ducha, había logrado calmarse un poco tras la furia y el shock inicial.
Al principio, su impresión de Chu Yunsheng era la misma que la de los demás: un hombre gentil, refinado como el jade, con el porte de un caballero, y un mentor considerado. Pero ahora, solo veía la hipocresía, vileza y perversión de Chu Yunsheng.
No quería tener absolutamente nada que ver con este hombre.
Agachándose, comenzó a recoger su ropa.
“Afuera hay periodistas” dijo Chu Yunsheng mientras lo observaba. “Te aconsejo que no salgas por ahora.”
Yin Zheng se detuvo mientras se ponía la ropa.
Salir de casa de Chu Yunsheng con un aspecto tan evidente de haber “terminado algo” solo podía dar lugar a un sinfín de rumores explosivos.
“¿No hay una puerta trasera?” preguntó Yin Zheng, fulminándolo con la mirada. “¿No tienes algún coche en el garaje que los medios no estén vigilando?”
“No” respondió Chu Yunsheng con tranquilidad.
Abriendo la puerta de su vestidor, sacó un conjunto de ropa casual de un armario y se lo lanzó a Yin Zheng.
“Póntelo. Por cierto, escuché que en la película que estabas filmando, La Dinastía Yan, han cambiado al protagonista masculino. ¿El emperador Yan Wu? Ese papel no te queda. Es bueno que te hayan reemplazado.”
Yin Zheng agarró la ropa casual con fuerza, tanto que parecía que estaba a punto de romperla en pedazos.
“¿Puedes hablar como una persona normal?” le espetó, temblando de furia. “¿Si no me queda a mí, a quién sí? ¿A Tao An?”
Sus piernas, aún algo débiles, lo obligaron a sentarse en la cama mientras se cambiaba.
“Ese maldito traidor. ¡Sinvergüenza malagradecido, me apuñaló por la espalda! Maldita sea… ¡Debe ser la peor de mis suertes haberme encontrado con semejante bastardo!”
Mientras maldecía, de repente levantó la cabeza. Sus ojos, afilados como cuchillas, se clavaron en Chu Yunsheng.
“No soy gay” dijo, con la voz cargada de desprecio. “¿Te acostaste conmigo porque pensaste que era fácil? No me gustan los hombres… pero, aunque me gustaran, no todos los homosexuales son promiscuos.
Su tono se volvió aún más helado.
“Pero tú, maldito hijo de puta, eres la peor escoria. Chu Yunsheng, ¿drogarme y después actuar como un caballero? ¿No te repugna?”
Como si de repente se hubiera activado algún interruptor, Yin Zheng empezó a lanzar sarcásticos insultos, maldiciendo a los antepasados de Chu Yunsheng hasta la décimo-octava generación, sin dejar a nadie fuera.
Sin decir nada, Chu Yunsheng abrió el pequeño frigorífico en la habitación, sacó un parche de enfriamiento, lo despegó y lo presionó directamente sobre la frente de Yin Zheng.
Yin Zheng estaba tan absorto en sus insultos que ni siquiera notó que Chu Yunsheng se le acercaba. Solo cuando fue empujado hacia la cama y sintió el frescor en su frente, reaccionó:
“¡¿Qué demonios crees que estás haciendo?!”
“Tienes fiebre”
Chu Yunsheng agarró una manta y la colocó sobre él.
Los insultos de Yin Zheng se detuvieron de golpe. Levantó la mano para tocarse la mejilla, se dio cuenta de lo caliente que estaba. El calor que sentía lo hizo estremecerse.
“Voy a preparar algo de gachas. Tómate la medicina para la fiebre y luego seguimos hablando” dijo Chu Yunsheng.
Se levantó y, tras dar dos pasos hacia la puerta, pareció recordar algo. Cogió una llave del salón, volvió a la habitación y la dejó sobre la mesita de noche.
“Es la llave de repuesto del dormitorio principal. Puedes cerrar la puerta con llave si quieres. Duerme aquí. Si no abres la puerta, no podré entrar.”
Yin Zheng miró la llave con una sonrisa fría.
“¿Quién sabe si es verdad? ¿Tú tienes algo parecido a la credibilidad?”
Chu Yunsheng no le respondió, ignorando por completo el sarcasmo en sus palabras. Salió de la habitación y cerró la puerta detrás de él, dirigiéndose a la cocina para preparar gachas.
El refrigerador apenas tenía provisiones, ya que el Chu Yunsheng original no había salido de casa en más de una semana. En cambio, había montones de bolsas de basura llenas de cajas de comida para llevar.
Chu Yunsheng cortó un poco de pollo en tiras, cocinó una olla de gachas y buscó en el botiquín unas pastillas para la fiebre y antiinflamatorios. Con todo listo, volvió a subir.
La puerta del dormitorio no estaba cerrada con llave y Yin Zheng estaba recostado en la cama, hojeando un guión.
Al verlo, una ligera sonrisa apareció en los labios de Chu Yunsheng, como si todo estuviera yendo según lo planeado.
El guión que Yin Zheng estaba leyendo no estaba ahí por casualidad. Chu Yunsheng lo había encontrado mientras limpiaba la habitación y lo había colocado intencionalmente sobre la mesita de noche.
Aunque Chu Yunsheng había absorbido los recuerdos del cuerpo original, sabía que alcanzar el nivel de actuación de un “emperador de la actuación” era imposible para él. Por eso, no planeaba enseñar a Yin Zheng a actuar directamente.
Yin Zheng tenía talento y un instinto natural para la actuación, captaba los conceptos al instante.
Fue precisamente este talento el que, en su momento, provocó los celos y el resentimiento del Chu Yunsheng original, llevándolo a querer destruir a este joven prometedor que podría superarlo algún día.
Sin embargo, Yin Zheng había terminado siendo etiquetado como un “actor superficial” por dos razones principales: uno porque no había recibido una formación profesional ni había tenido buenos mentores. Su debut a temprana edad en la industria había desgastado su talento natural, llevándolo por un camino equivocado y dos porque dependía más de su popularidad que de sus habilidades. Se preocupaba demasiado por la opinión pública y las críticas, lo que lo hacía demasiado sensible y disperso, incapaz de concentrarse realmente en perfeccionar su actuación.
A pesar de todo, Yin Zheng no era tonto.
En este punto, ya era consciente de sus limitaciones y obstáculos, y por eso había buscado al Chu Yunsheng original, esperando encontrar una forma de superarse.
Pero nunca imaginó que el Chu Yunsheng original lo empujaría directamente al abismo.
Chu Yunsheng, aunque no confiaba en sus propias habilidades para enseñar actuación, no estaba dispuesto a dejar que Yin Zheng se fuera así cómo así. Si él no podía enseñarle, encontraría a alguien que pudiera hacerlo.
Entre los recuerdos del Chu Yunsheng original, había muchas invitaciones para participar en películas, incluso durante su época más sombría. Algunos de los directores más renombrados habían quedado impresionados por su actuación en papeles anteriores y querían trabajar con él.
Entre todas esas invitaciones, había una de un director desconocido.
Este director solo hacía películas artísticas y de nicho, que nunca recaudaban mucho dinero pero que aspiraban a ganar premios. Aunque hasta ese momento no había tenido éxito, su pasión por el cine era innegable.
El guión que Yin Zheng estaba leyendo pertenecía a este director.
Chu Yunsheng había elegido esa película, primero, porque según la trama original, la película ganaría un premio importante a finales de año y segundo, aunque el director no era famoso, tenía experiencia, era amable y estaba dedicado a formar a los actores. A diferencia de los jóvenes directores inexpertos o los genios temperamentales, este hombre era paciente, sabía cómo pulir a los actores y tenía una visión clara.
Este director, a pesar de no ser muy conocido, tenía el talento de un gran cineasta y la voluntad de encontrar y desarrollar diamantes en bruto. Tras repasar su memoria, Chu Yunsheng eligió a este director como el nuevo maestro de Yin Zheng.
Además, la película tenía problemas financieros y no podía permitirse grandes actores ni publicidad. La filmación sería completamente aislada, sin acceso a internet ni contacto con el exterior, lo que la hacía perfecta para Yin Zheng en su situación actual.
“¿Te interesa?” preguntó Chu Yunsheng mientras entraba en la habitación y dejaba las gachas y las pastillas sobre la mesita de noche.
Yin Zheng levantó la cabeza, como si recién se diera cuenta de que Chu Yunsheng había entrado. Un poco incómodo y avergonzado, dejó el guión a un lado.
“Lo siento… No fue mi intención tocar tus cosas… Pero este guión está muy bien escrito”
Chu Yunsheng miró a Yin Zheng, notando su mirada evasiva y sus movimientos torpes. De repente, tuvo ganas de reír.
“¿Ya no me estás gritando ni maldiciendo como loco?”
Chu Yunsheng sonrió un poco. “Primero come algo. Sobre lo de hoy, lo siento mucho. Cuando dije que podías castrarme, no estaba bromeando. Haz lo que te haga sentir mejor. Si me equivoqué, me equivoqué, y debo asumir las consecuencias. Solo que, en este momento, la ley no contempla un caso donde un hombre sea obligado de esa manera. Y tú también eres una figura pública, si esto se hace público, no terminaría bien para ninguno de los dos.”
Chu Yunsheng se sentó en una silla cercana y añadió:
“Acepto tu castigo personal. Por cierto, ¿te gusta este guión? Planeo recomendarte para el papel del segundo protagonista.”
Yin Zheng se quedó atónito.
Para él, Chu Yunsheng definitivamente debía padecer algún tipo de trastorno mental.
Aunque las palabras de “compensación” y “pago” tenían sentido desde cierto punto de vista, cuando venían de la boca de Chu Yunsheng, se sentían completamente fuera de lugar, casi enfermizas.
Yin Zheng, que podía enfrentar con dureza a un agresor, de pronto se sintió inseguro frente a alguien que claramente no estaba bien de la cabeza.
Aun así, captó lo que Chu Yunsheng había dicho al final:
“¿Me recomendarás para el papel?”
Una amarga y fría sonrisa curvó la comisura de los labios de Yin Zheng:
“El gran emperador del cine, Chu, que nunca pone un pie fuera de su casa… Me temo que no lo sabe, ¿verdad? Mi reputación ya está hecha pedazos. ‘Basura del entretenimiento’, ‘homosexual depravado’, ‘prostituto’, ‘escoria’. Todos esos son mis nuevos apodos. Estoy completamente fuera.”
Hizo una pausa y bajó la mirada.
“Además, tú mismo lo dijiste… Mi actuación es terrible.”
Yin Zheng, sin darse cuenta, seguía cayendo en la trampa, completamente guiado por la conversación.
Mientras tanto, Chu Yunsheng seguía sentado en su silla, imperturbable, y con una calma absoluta dijo:
“Oh, no te confundas. No te estoy pidiendo tu opinión, solo te estoy informando. En una semana, entrarás al rodaje conmigo. Sin salario, sin internet, sin contacto con el exterior. Lo harás por amor al arte, así que más te vale estar mentalmente preparado. Ahora, come tus gachas.”
Yin Zheng: “……”
¿¡Comer qué mierda!?
¡Maldita sea, voy a castrarte ahora mismo!
Sin prestar atención a la furia de Yin Zheng, Chu Yunsheng bajó las escaleras con calma, preparó dos grandes tazones de fideos para sí mismo y los devoró sin dejar ni una gota.
Después de todo, acostarse con alguien y después recibir una paliza requerían mucha energía.