ARCO IV: El Favorito de los Años Setenta ☮ 04 ☮

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Chu Yunsheng no se dio cuenta de que sus problemas de matemáticas podrían ser demasiado difíciles. Desde su perspectiva exagerada, estos problemas no eran muy diferentes de sumar uno más uno.

Por su parte, Pei Zhiyu, después de recibir un golpe demoledor a su coeficiente intelectual, se mantuvo relativamente calmado. Tomó una rama y escribió en el suelo: “¿Tú también quieres estudiar?”.

“Sí”, respondió Chu Yunsheng.

En el futuro, necesitaría usar todo el conocimiento científico y tecnológico que tenía en su mente y requería un contexto adecuado para justificar su origen. En el mundo hay genios, pero no genios que no sepan leer ni escribir.

Pei Zhiyu lo miró detenidamente, como si estuviera evaluando si hablaba en serio.

Sin embargo, no pudo discernir nada en el rostro moreno, pero aún muy atractivo de Chu Yunsheng. Después de pensarlo un momento, escribió: “Puedo enseñarte. Pero hace mucho que no estudio en serio, así que también necesito repasar. Sé que sabes leer, podemos ayudarnos mutuamente”.

No era sorprendente que Pei Zhiyu aceptara.

Chu Yunsheng se apoyó en la mesa y sonrió, recordando los libros de medicina antigua que Pei Zhiyu había estado leyendo por la tarde. “¿Estudias medicina tradicional china?”, preguntó.

En su sociedad, todo lo que había aprendido y conocido era medicina occidental y la medicina futurista altamente dependiente de la tecnología. Nunca había tenido contacto con la medicina tradicional china y eso despertaba su curiosidad y deseo de aprender.

Pei Zhiyu no esperaba esa pregunta y se quedó un momento en silencio. Su expresión, que antes mostraba algo de alegría, se oscureció bajo la luz de la vela: “Sí, medicina tradicional china. Mis familiares eran médicos y crecí rodeado de eso. Sé algo, pero no puedo decir que lo haya estudiado formalmente”.

Chu Yunsheng notó su cambio de expresión y dijo en voz baja: “Si no te gusta, no lo estudies. A mí me interesa, quiero aprender”.

Pei Zhiyu lo miró sorprendido.

Chu Yunsheng continuó: “La familia del abuelo Wang siempre viene a buscarte para que les des medicinas, ¿verdad? Cuando tu abuelo estaba vivo, era comprensible que atendiera a la gente, pero tú no deberías seguir recolectando hierbas y preparando medicinas. Si algo sale mal, no podrás asumir la responsabilidad”.

“Además, en el pueblo hay un médico rural. Algunas personas se han acostumbrado a aprovecharse de lo gratuito y son reacias a gastar en consultas médicas. Ese hábito no se debe fomentar”.

Chu Yunsheng frunció ligeramente el ceño, con su expresión volviéndose fría.

En la Aldea Ma’an no faltaban médicos rurales con experiencia. Pero, según la trama original, cuando el abuelo de Pei Zhiyu llegó al pueblo, comenzó a atender a la gente de forma gratuita, recolectando hierbas él mismo en las montañas. Solo daba recetas cuando no podía encontrar las hierbas necesarias.

El abuelo Pei también conocía la medicina occidental y escondía medicamentos especiales, algo muy valioso en esa época en las zonas rurales. Unas pocas pastillas podían curar resfriados y fiebres.

Gracias a estos medicamentos y sus habilidades médicas, el abuelo Pei logró que él y su nieto vivieran un poco mejor, evitando ser criticados constantemente.

Los aldeanos, acostumbrados a recibir atención médica gratuita, dejaron de visitar al médico rural. Por eso, este último resentía al abuelo Pei. Cuando el abuelo Pei rescató a Chi Zhouzhou del río y cayó enfermo, el médico rural lo examinó brevemente y declaró que no había esperanza. Pei Zhiyu, cuyos conocimientos médicos se limitaban a tratar resfriados y fiebres, no pudo salvar a su abuelo.

Después de la muerte del abuelo Pei, los aldeanos lamentaron su pérdida por un tiempo, pero pronto volvieron a recurrir a Pei Zhiyu para que les diera medicinas.

Cuando Pei Zhiyu no estaba seguro o se negaba, lo acusaban de ser arrogante y despectivo. La gente murmuraba que el nieto era mezquino, no como su abuelo. Además, como Pei Zhiyu era mudo y siempre estaba apartado, no era popular en el pueblo. Vivía solo en el establo y nadie se preocupaba por él.

Más tarde, cuando la nieta de la familia Wang murió a pesar del tratamiento de Pei Zhiyu, los aldeanos descargaron su ira golpeándolo.

Sin embargo, esta vez, al descubrir que Pei Zhiyu en realidad no disfrutaba de la medicina, Chu Yunsheng decidió cortar de raíz la posibilidad de que Pei Zhiyu siguiera atendiendo a la gente.

Además, según la descripción de la trama original, la muerte de la nieta de la familia Wang probablemente no fue culpa de las medicinas de Pei Zhiyu.

“Aprender medicina no es algo que se logre de la noche a la mañana. Si quieres aprender, puedes leer los libros de medicina que tengo aquí. En el futuro, probablemente no atenderé a nadie más”, escribió Pei Zhiyu en el suelo.

Entendía las preocupaciones de Chu Yunsheng. De hecho, ya había decidido dejar de atender a los aldeanos. No era lo suficientemente hábil y seguir practicando la medicina lo hacía sentir culpable.

Chu Yunsheng pensó que Pei Zhiyu era demasiado complaciente. Pero, aunque parecía débil, su actitud era firme y respetuosa. Aparentaba ser indeciso, pero en realidad era una persona con ideas claras.

“Entonces no seré cortés”, dijo Chu Yunsheng con una sonrisa. Luego añadió: “Por cierto, mantente alejado de Chi Zhouzhou y Huo Wen. Fue Huo Wen quien me pidió que te diera una lección…”.

Quizás influenciado por los datos de este mundo, Chu Yunsheng se volvió más hablador. Mientras daba consejos, levantó la vista y vio que Pei Zhiyu, apoyado en la silla, ya se había quedado dormido.

La tenue luz de la vela iluminaba su rostro pálido y delicado, haciéndolo parecer familiar y extraño al mismo tiempo.

Chu Yunsheng lo miró por un momento, sonrió con resignación, apagó la vela y lo llevó a la cama. Una vez acostado, Pei Zhiyu encontró instintivamente una posición cómoda y se acurrucó contra Chu Yunsheng. Sintiendo el peso de Pei Zhiyu sobre él, Chu Yunsheng se sintió extrañamente tranquilo y pronto cayó en un sueño profundo.

Después de pasar la noche en el establo de Pei Zhiyu, Chu Yunsheng se fue de la Aldea Ma’an antes de que este despertara, dirigiéndose a su nuevo negocio: recolectar chatarra.

Antes de irse, regresó a su casa y llevó su única manta al establo.

El clima se estaba volviendo más frío y la tela raída de Pei Zhiyu no sería suficiente para pasar el invierno.

Cuando llegó al condado, el sol ya estaba en lo alto. Chu Yunsheng, cargando una bolsa de arpillera, se dirigió directamente al vertedero.

En esa época, muchas personas se habían enriquecido recolectando chatarra, pero todos ellos habían tenido la suerte de encontrar antigüedades o artefactos valiosos, que guardaban en secreto hasta que podían venderlos más tarde.

Sin embargo, antes de obtener el halo del protagonista, Chu Yunsheng no tenía tanta suerte. Además, necesitaba dinero de inmediato y coleccionar antigüedades no era adecuado para él.

Así que se dedicó seriamente a recolectar chatarra.

El día anterior, ya había preguntado a Bai Aiguo sobre los tipos de cosas que el vertedero aceptaba y la ubicación de otros vertederos en el condado, aparte del oficial. Así que, temprano en la mañana, fue a un pueblo vecino, recorrió las calles gritando y revisó los basureros de varios pueblos, recolectando una gran bolsa de basura y llenándose de un olor desagradable.

En el proceso, se encontró con varias personas que también recolectaban chatarra. En esos tiempos, incluso recolectar basura implicaba competir por territorios. Pero la temible reputación de Da Chu era bien conocida y tan pronto como los otros recolectores lo vieron acercarse al basurero, agarraron sus bolsas y huyeron sin mirar atrás.

Esto hizo que la recolección de chatarra de Chu Yunsheng fuera extremadamente sencilla.

Cuando llegó al vertedero, Bai Aiguo ya no estaba. En su lugar, una mujer robusta estaba a cargo. Al ver a Chu Yunsheng, su expresión se ensombreció, pero aún así aceptó la bolsa de basura de manera profesional.

Chu Yunsheng ganó ocho centavos. Probablemente, la mujer le dio un poco más como una especie de ‘tarifa de protección’, ya que no quería meterse con él.

Pero Chu Yunsheng no se desanimó.

Mientras la mujer revisaba la basura, observó cómo clasificaba los objetos y rápidamente entendió qué cosas valían más y cuáles menos.

Durante el resto del día, recolectó más cosas en el condado y compró un tazón de porcelana roto a una anciana. Aunque el tazón parecía ser una antigüedad, un vertedero privado le ofreció un poco más de dinero y se lo llevó. El dueño del vertedero miró a Chu Yunsheng como si fuera un tonto que no sabía lo que tenía.

Pero Chu Yunsheng no le dio importancia. Siguió haciendo lo que tenía que hacer y su actitud, antes impaciente y agitada, se transformó en una calma y determinación que inspiraba confianza y simpatía.

Uno de los dueños de los vertederos, que no conocía su reputación de matón, se sintió atraído por esta actitud y comenzó a charlar con Chu Yunsheng como si fueran viejos amigos. Mientras recolectaba chatarra, Chu Yunsheng también aprovechó para preguntar sobre otras oportunidades de trabajo en la ciudad, familiarizándose más con el condado.

Además, durante el proceso de recolección, también recogió algunos clavos y piezas pequeñas, pensando en usarlos para crear algún invento.

Al mediodía y por la noche, compró un par de batatas para comer y así terminó su primer día de trabajo.

Aunque estaba sucio y cansado, Chu Yunsheng estaba bastante satisfecho con su día.

Al regresar al pueblo al anochecer, Chu Yunsheng no fue directamente al establo a ver a Pei Zhiyu. Ya le había llevado las cosas que compró la noche anterior, así que no tenía que preocuparse de que Pei Zhiyu pasara hambre. Primero fue a casa, se bañó y se cambió de ropa.

Pero justo cuando terminaba de bañarse y antes de poder ir a su ‘cita’ con Pei Zhiyu, recibió una visita inesperada.

Huo Wen, sigilosamente, llamó a la puerta de Chu Yunsheng mientras éste llevaba su ropa sucia para lavar. Al abrir la puerta, el olor nauseabundo de la basura golpeó a Huo Wen, casi haciéndolo desmayar.

Esto hizo que la ya desagradable expresión de Huo Wen se volviera aún más sombría.

Conteniendo su frustración y desprecio, dijo con la mayor amabilidad posible: “Hermano Da Chu, ¿Cuándo vas a hacer lo que acordamos? Ya te di mis cosas, pero Pei Zhiyu sigue caminando por el pueblo como si nada hubiera pasado…”.

Frunció el ceño y finalmente no pudo evitar lanzarle una mirada a Chu Yunsheng: “Acordamos que le romperías una mano, Hermano Da Chu. Eres un hombre de palabra, ¿no es así? No vas a quedarte con mis cosas sin cumplir tu parte, ¿verdad?”.

En la oscuridad de la noche, Chu Yunsheng giró lentamente la cabeza hacia Huo Wen: “¿Romperle una mano?”.

Huo Wen sintió que la expresión de Chu Yunsheng era un poco extraña, pero no supo identificar por qué. Frunció el ceño y dijo: “O una pierna, pero Pei Zhiyu es educado. Si logra ingresar a la universidad, será difícil lidiar con él…”.

Antes de que pudiera terminar la frase, Huo Wen sintió que todo se oscurecía. Un olor agrio y penetrante envolvió su cabeza.

“¡Da Chu! ¿Qué estás haciendo?”.

Huo Wen había venido en secreto y no podía gritar, así que gruñó en voz baja, tratando de quitarse la ropa sucia que le cubría la cabeza. Pero entonces sintió un dolor agudo en el costado cuando Chu Yunsheng lo pateó con fuerza.

Lo que siguió fue una paliza brutal.

Huo Wen, un intelectual débil, no tenía forma de resistir los músculos de Chu Yunsheng, entrenados en peleas callejeras. Con unos pocos golpes, ya no podía defenderse y solo podía gemir de dolor.

Pero con la ropa sucia cubriéndole la cara y la boca, ni siquiera podía gritar.

Al final, Chu Yunsheng le quitó la ropa sucia de la cabeza y le dio unas palmaditas en la cara hinchada de Huo Wen, hablando como un matón típico: “Pei Zhiyu está bajo mi protección. Aléjate de él o te golpearé cada vez que te vea, ¿entendido?”.

Era la primera vez que Chu Yunsheng usaba la violencia para resolver un problema y aunque no encajaba con sus principios, tuvo que admitir que se sintió… inesperadamente bien.

Huo Wen no sospechó nada. Después de todo, Da Chu solía coquetear con mujeres y no parecía interesado en los hombres. Asumió que Pei Zhiyu había logrado ganarse el favor de Da Chu con algún soborno y su odio hacia él solo creció.

Sin embargo, había visto a Da Chu en acción antes, golpeando a alguien con un ladrillo, así que no se atrevió a ignorar su amenaza. Jadeando y conteniendo el dolor, murmuró: “Está bien… lo haré… lo haré, ¿de acuerdo?”.

Al ver la expresión de odio reprimido en el rostro de Huo Wen, Chu Yunsheng decidió exprimirlo un poco más. Con una sonrisa, dijo: “Por cierto, cuando viniste al pueblo, ¿trajiste una caja de libros, ¿no?”.

“Últimamente me ha dado por leer y estudiar. Tú, que eres un mal estudiante, no necesitas tantos libros. Tráemelos para que los revise”.

Huo Wen estaba asombrado por el nivel de descaro de este analfabeto.

Pero, como dice el refrán, ‘en tierra ajena, hay que agachar la cabeza’.

Huo Wen, golpeado y dolorido, sabía que nadie en el pueblo lo defendería por algo tan trivial, especialmente si eso significaba enfrentarse a Da Chu. Así que, conteniendo su ira, arrastró su cuerpo herido hasta el alojamiento de los jóvenes intelectuales y sacó en secreto los libros que había traído.

Mientras veía a Chu Yunsheng llevarse sin miramientos una caja llena de libros, Huo Wen apretó los dientes con rabia. Pasó el resto de la noche sin poder dormir y, en secreto, fue a la casa de Chi Zhouzhou.

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x