Daivan
Editado
Gian: -Y eso fue lo que dijo.
Bernardo: –Entiendo. Perdón por eso, Gian.
Gian: -¿Estarás bien con que Dave vaya esta noche a ese establecimiento?
Bernardo: -No tengo razón para detenerlo. Además… confío en Ana.
Bernardo da un gran suspiro cargado con el dolor sofocado como si estuviera en un hervidor de agua antes de regresar a su asiento y tomar un teléfono.
Gian: -¿Vas a dormir hoy en esa silla?
Bernardo: -Si. En realidad, me encantaría dormir en una cómoda cama. Pero todavía tengo trabajo acumulado que hacer.
Bernardo: -Deberías irte ya a dormir. Creo que mañana en la mañana tendremos una reunión.
Gian: -Ah, si….
¿Por qué siento como si me estuviera saltando algo? Como si me saltara un “oh que decepción” o “¿eh? ¿Qué demonios?” o como “¿Qué es todo esto?”
Después de lo que pasó ayer en la noche, pensé que al menos habría alguna mención o alguna reacción…
Mejor dicho… ¡¿Qué carajos fue lo que pasó ayer?!
Pero, Bernardo comienza a llamar por teléfono. Y los subordinados que le ayudaron en los registros generales ya están de regreso.
Suspiro desolado y giro en mis talones. Y entonces escucho.
Subordinado de Bernardo A: -Comandante, hemos localizado el lugar donde está ese investigador del BOI.
¿?… ¿Investigador? ¿Por qué Bernardo les habrá pedido que lo investigaran?
Sin embargo, tanto el informe como la conversación terminaron sin más. Me rindo en preguntarle.
Regresé solo a la habitación.
Y una vez más, pasaré la noche solo.
Sin darme un baño, me meto en la cama…
Me hundo en las sabanas. La única cosa que estimula mi mente y mi estómago son esas cadenas sombrías que recorren mis pensamientos… me siento como una de esos insectos que se encuentran bajo una roca que acaba de hacer arrancada.
Gian: -Joder….
No sé cuántas veces he rodado de esta manera…
Gian: -¡¿…?!
¿Alguien ha entrado a la habitación? No, no es que sea alguien…
Bernardo: -……
Puedo deducir quien es a partir de la fragancia del cigarro y el débil, único y crepitante olor corporal… ¿A que ha venido?
Como una araña demente, me da la sensación de que Bernardo se ha sentado.
Pero eso es todo lo que hace. No habla, ni extiende su mano.
Nos quedamos así… y pasó un minuto… dos minutos…
Gian: -¿Qué ocurre?
Bernardo: -¿Qué? ¿Estás despierto?
Gian: -Me está costando dormir últimamente.
Y luego, queda el silencio. No puedo mirar fijamente a Bernardo.
Los acontecimientos de la noche anterior inundaron mi mente como el agua cuando inunda las calles… puedo casi sentir el calor del cuerpo de Bernardo. Eso es todo lo que se necesitó para que chispas atravesaran la parte posterior de mi columna vertebral.
Gian: -Oye… ¿Está bien dejar ese asunto así?
Mi conversación fluye de repente para poder quitarme la sensación de duda que giraba en mi interior con respecto a la mujer de Bernardo, Natasha.
Bernardo: -Me encargaré de ella.
Gian: -No me refería a eso… ¿No estás enamorado también de esa mujer?
Bernardo: -No… mis sentimientos no han cambiado. Es solo que, ella y yo hemos envejecido.
Bernardo: -Ella, probablemente está por llegar a una edad en la que quiere que un hombre se quede siempre a su lado. Y no creo que ese hombre pueda ser yo.
Gian: -Entonces… deberías ir ahora a decirle eso a ella. Además, ¿no me habías dicho que querías un hijo? No es el momento de estar jugando conmigo ¿verdad?
Bernardo: -No, te equivocas… lo que yo quiero es….
Otra vez, se queda en silencio. Me he rendido en tratar de conciliar el sueño así que me levanto.
La cara de Bernardo se encuentra enfrente de mí, más cerca de lo que pensaba.
Gian: -¿Entonces qué?
Bernardo: -Yo quiero protegerte. Hasta que seas el jefe… y después… por siempre…
Gian: -Ya estás haciendo eso ¿no?
Bernardo: -Gian. ¿Aún confías en mí?
Gian: -Qué… ¿Qué estás diciendo hasta estas alturas?
Bernardo aparta sus ojos. ¿Por qué? ¿Se está arrepintiendo por lo que pasó ayer en la noche?
Bernardo: -Es cierto, sobre ayer…
Gian: -¡Ah! Ah… si… bueno lo que pasó… pues…
Bernardo: -Quería pedirte disculpas por lo que hice de forma poco adecuada.
¿Pedir disculpas? ¡Si vas a disculparte entonces no lo hubieras hecho en primer lugar!
Bernardo: -Te lo dije ¿no? Que si tu fueras una mujer…
¿Pero qué le pasa? ¡¿Se refería a eso?!
Gian: -Ah, claro… sí…
Bernardo: -Perdón por eso, ignóralo. Dije algo estúpido, es imposible que eso suceda. Así que perdón, olvídalo por favor.
Gian: -Pero ¿qué te pasa? ¿Solo te querías disculpar por eso?
Bernardo: -Gian, tú eres tú. No tiene nada que ver que seas el jefe de la segunda generación, yo…
Gian: -…
Bernardo: -Yo, a ti….
Bernardo extiende su mano torpemente. Me estremezco, y es probable que lo haya notado.
Bernardo: -Ah….
Su mano se detiene. Poco a poco la aleja.
Gian: -¿Qué vas hacer?
Bernardo: -¿El qué?
Gian: -¿El qué? ¿Te quedarás a dormir hoy aquí?
Ante mis palabras, la mirada de desconcierto de Bernardo tras sus lentes, parpadea sorprendido. No había visto esa expresión antes en Bernardo.
Bernardo: -Fuhaha….
Abre sus ojos y los vuelve a cerrar
Bernardo: -Parece que todavía se me hace imposible estar en la oscuridad.
Se ríe diciendo eso en una voz autocrítica. Cierra sus ojos.
Gian: -¿Y si prendes las lámparas? A mí no me molesta.
Bernardo: -No… tal vez, porque tú estás aquí, puedo resistir gran parte del miedo.
Gian: -¿Será así?
Bernardo vuelve a mirarme. Su mirada se enfoca directamente hacia mí, tan intensamente que no puedo mirar a otro lado.
Antes de poder evitar su mirada, Bernardo se pone de pie, saliendo de la cama.
Bernardo: -Me iré por hoy, perdón la molestia.
Gian: -No, buen trabajo.
Bernardo da unos pasos en la oscuridad y luego…
Se detiene.
Bernardo: -Por cierto, verás…
Los hombros de Bernardo se mueven con su cabello encima, pero se detienen… como que comienza a voltearse, pero luego se queda a medio camino. Solo puedo ver su espalda mientras su voz llega a mis oídos.
Bernardo: -Si…. la luz de mi cuarto de trabajo se va de nuevo… si el fusible vuelve a fundirse… estaré contando contigo de nuevo, Gian.
Gian: -¿Eh? Ah, si….
Bernardo se fue.
Mejor dicho, ¿Cómo voy a saber si el fusible se fundió si no estoy allí?
¿Qué le pasa?
Hasta hace un momento, creía que no podría dormir, pero…
Sin girar de un lado a otro, la somnolencia se apodera de mí poco a poco… y caigo a la deriva del sueño.
Sexto día
Luchino: -¡Oye, Gian! ¡Despierta, Gian!
¿Hnm? ¿Qué pasa?
Luchino: -¡¿Hasta cuándo piensas dormir?! ¿Eres un bebé o qué?
Una mano grande da palmadas en mis mejillas, haciendo que me despierte por completo.
Gian: -¿Luchino? Ah, es cierto, es hora de la reunión. Me levantaré.
Froto mis ojos debido a la brillante luz… y entonces.
Luchino: -Bernardo se ha ido. Parece que se fue sin decirle a nadie.
Luchino dice eso con una voz con un tono de mal presentimiento.
Gian: -¿Es enserio?
Luchino: -Parece ser que él se fue por su cuenta desde muy temprano. Le pregunté a los subordinados dónde fue, pero…
Subordinado de Luchino A: -Me encontraba en el estacionamiento en ese momento… Me encontré con Don Ortolani, y me dijo que le había informado a sus subordinados a donde iría, así que tomó su propio auto. Pero….
Subordinado de Bernardo -A: -No nos dijo nada a nosotros. El comandante salió solo en su auto y todavía no ha vuelto.
Entonces, ¿significa que Bernardo se fue en su propio auto, sin un solo guardia, a algún lugar cuando todavía estaba oscuro?
¡¿A dónde?!
Iván: -¡Maldita mierda! Como lo suponía, al momento que pensará que esto era problemático, él simplemente se iría.
Gian: -¡Que..! ¡Qué estás diciendo, imbécil! Puede que Bernardo….
Callados, todos dirigen su mirada hacia mí.
Gian: -Tal vez solo tuvo que salir para atender las negociaciones ¿no? ¿Por qué siempre diriges tus especulaciones directamente a él? Diciendo cosas como “Oh, se ha escapado, nos ha traicionado y por eso se fue”.
Luchino: -…
Giulio: -…
El silencio fue la única respuesta ante mi defensa endeble de Bernardo.
Bernardo ha desaparecido de este lugar y del CR5.
Y, además de eso, desapareció en la peor situación, y en el peor momento…
Cavalli: -El otro día, cuando se dirigió a negociar con el GD y lo mantuvo en secreto, él me contactó antes de hacerlo.
Cavalli: -Pero, en esta ocasión, él no le informó a mis subordinados ni a mí. Esta vez simplemente desapareció.
Giulio: -Además, también faltan varios de sus subordinados. No es extraño tener sospechas acerca de él.
Gian: -Pero, podríamos esperar un poco para ver si nos llama…
Cavalli: -Ahh, ese idiota….
Iván: -Oye, Gian. No es como si nosotros quisiéramos sospechar de él porque nos diera la gana.
Iván: -Anteriormente, me pidieron que les prestara a algunos de mis subordinados ¿verdad?
Gian: -Ah, sí. Fue cuando teníamos que transportar el dinero…
Iván: -Hice que mis subordinados investigaran… informándome que nuestra familia usaba una cuenta fantasma, en la cual se retiró todo el jodido dinero en efectivo de ahí.
Iván: -Bernardo era el único que podía manejar ese dinero ¿verdad?
Gian: -¡…..!
Giulio: -Entiendo muy bien sus sentimientos, Señor Gian… pero… con esta repentina desaparición que ocurrió a la par de la desaparición del dinero, ya no…
Siento que el ambiente repentinamente se ha vuelto pesado con el hedor de la sangre. La ley omerta, es un juramento de sangre. Si Bernardo realmente nos ha traicionado, entonces…
Gian: -Entonces… ¿Qué deberíamos de hacer?
Cavalli: -La situación no cambiará, a menos que un milagro ocurra y Alessandro pueda regresar aquí.
Giulio: -Ya no se puede ni tiene sentido el tratar de seguir ganando tiempo.
Iván: -Qué remedio. Antes de que puedan venir tras nosotros, tenemos que vencerlos en su maldita ciudad Rockwell.
Luchino: -Esa es una mejor opción que ser capturado para luego ser torturado y asesinado.
Qué reunión tan llena de desesperación.
¡Eres un maldito idiota Bernardo! Sabías muy bien la situación en la que estábamos, ¡¿Por qué?!
La reunión infructuosa se acabó en una desilusión y desesperación.
¿Qué debería de hacer?
OPCIONES
Elegir la segunda opción
No hay otra opción que seguir creyendo en Bernardo.
Gian: -Haha…. Mejor dicho, no es el momento para comenzar a preocuparse por huir, después de todo ya no solo somos unos simples conocidos.
Lo que me digo a mi mismo resuena sin sentido. Pero… ya he llegado hasta aquí, no hay vuelta atrás. Incluso sin darme la vuelta, puedo decir…
Es que detrás de mí solo hay un precipicio.
Entonces ¿Qué hay delante? Solo una oscura realidad.
Gian:- No hay más remedio que ir.
Me pego en la cara, armándome de valor. Voy a creer en Bernardo… incluso en esta horrible situación.
Tal vez… ¡No! No hay manera de que se haya huido… ¡No la hay!
Probablemente se fue a ver directamente a Dave para continuar con la negociación y de seguro él debió haberlo traicionado o algo así. Tal vez lo estén manteniendo cautivo, o podría ya estar muerto…
Gian: -Ah, joder. ¿Qué debería de hacer?
¿Qué hago?
Gian: -¿Eh? ¿Ya es tan tarde?
La estancia en este hotel, hace que el tiempo pase volando. El cielo que puedo ver a través de las brechas de la cortina ya es oscuro, de noche. Tal vez es porque estoy hasta la punta de los nervios, pero a pesar de que tengo el estómago vacío, no tengo hambre.
Cuando estaba por regresar a mi habitación….
Gian: -Ahm….
Los guardias de pie delante del cuarto de trabajo de Bernardo han desaparecido. Probablemente no haya nadie dentro.
Es imposible. De ninguna manera dejarían la puerta del cuarto entreabierta… desde el interior del cuarto se ve una completa oscuridad.
Gian: -Ya veo… Ya no hay nadie que pueda estar atendiendo los teléfonos…
Doy vuelta mostrando mi espalda a esa completa oscuridad, cuando…
Gian: -¡¿hn?!
Bernardo: -Si… la luz del cuarto de trabajo se va de nuevo… si los fusibles se vuelven a fundir… estaré contando contigo, Gian.
Algo dentro de mi mente como en las profundidades de mi estómago punza a ambas al mismo tiempo. Vuelvo a escuchar esas palabras que Bernardo me había dicho.
Y entonces…
Veo esa completa oscuridad por la puerta entreabierta del cuarto de trabajo de Bernardo… ¿Alguien apagó la luz? No…
Gian: -¿Qué pasa? ¿Otra vez los fusibles se fundieron?
Me toma un tiempo acostumbrar mis ojos ante la completa oscuridad dentro del cuarto, pero después de eso pude distinguir la tenue luz de las estrellas que brillan a través de la ventana.
Gian: -Todo está tan tranquilo…
Los teléfonos que no paran de sonar. El hombre que había estado encargándose de todo lo relacionado a la comunicación, manteniendo varias conversaciones a la vez, desplegando múltiples órdenes a varios teléfonos….
Ese hombre…. Ya no está aquí. ¿Ya no regresará?
Si los fusibles se volvieron a fundir…
Las palabras de Bernardo vuelven a mi mente en esta oscuridad.
Que oscuridad. Pensaba que si venía aquí, podría entender algo, pero… como están las cosas, no puedo ni ver por donde piso, esto es peligroso.
Me dirijo a la caja de fusibles, abriendo su puerta metálica que cubre el agujero de la pared.
Con solo la tenue luz como mi guía, trato de extraer el tubo de vidrio del fusible para reponerlo… ¿eh?
¿No estaban colocados los fusibles? Los fusibles no han estado desde un principio. NO tengo ni idea de lo que está pasando, pero de cualquier manera me quedo para poner los fusibles.
Eso era lo único que se necesitaba.
Gian: -Waa….
El cuarto queda lo suficientemente iluminado como para perforar mis ojos. Este es el cuarto o habitación de trabajo de Bernardo a la cual ya estoy familiarizado, aunque el amo está ausente…
Gian: -¿Eh?
Cuando estoy por cerrar la caja de distribución de los fusibles… algo en la esquina de mi visión capta mi atención.
Gian: -¿Qué es esto?
En lo profundo de la caja… debajo de toda esta maquinaria de fusibles construida sobre el agujero de la pared, en una esquina de la pared, hay algo…
La otra vez, no había nada como esto. Lo que mis manos han agarrado es una vieja bolsa de lona gastada… está completamente llena con algo.
Pero ¿no es demasiado pesada ni ligera? Trato de abrir los viejos sujetadores.
Gian: ¡-¿Uh…whaa?!
Al principio, ni siquiera podía reconocer lo que estaba delante de mí. Transcurre un poco de tiempo antes de que mi cerebro termine mareado y con los ojos bien abiertos al procesar el contenido de la bolsa.
En su interior había dinero en efectivo. Hay diez paquetes de un dólar, de cinco dólares, e incluso de 100. Están en billetes muy viejos.
Con solo verlo, no puedo decir cuanto sea. ¿Qué es esto?
De repente me quedo sin aliento y miro a mí alrededor. Por supuesto, no hay nadie más aquí. Regreso mis ojos hacia abajo mirando la bolsa.
Además de los paquetes en efectivo, hay una vieja pistola, como las que se ven en esos tipos del viejo oeste y también una hoja de papel de una libreta.
Bernardo: -Oh, puede ser… Bernardo….
En esa hoja, se encuentran escritas algunas palabras con una letra inconfundible. Es la letra de Bernardo que tanto he visto en las notas sobre su escritorio.
En esa hoja….
Bernardo: -Para Gian: por el momento en que te hayas dado cuenta de esto, lo más probable es que el CR5 esté en una situación muy precaria.
Bernardo: -Me disculpo por haberme ido sin haber avisado a los demás ni a ti. Pero, si no hubiera hecho eso, no podía atrapar a Dave con la guardia baja. Esta era la única forma de poder hacerlo.
Bernardo: -A este ritmo, no seré el único en una situación riesgosa, también el CR5 se reduciría a la ruina por mi ineptitud.
Bernardo: -Perdón por hacer lo que se me vino en gana. Iré a arreglar cuentas con Dave. Siempre, incluso hasta ahora, había estado muy confundido y huyendo.
Bernardo: -Sin embargo, ya no dudaré más. Y todo es gracias a ti. Arreglaré cuentas con él para resolver nuestro pasado. Si realmente él me ha traicionado….
Bernardo: -Seguramente no regresaré. De seguro me habrá matado. Si eso pasa, entonces Gian… te pido que, por favor, unas a la organización en mi lugar.
Bernardo: -Si decides tomar este dinero y correr como el viento, será tu decisión. Lo único que espero, es que puedas vivir tu vida libremente.
Bernardo: -Si puedes vivir la vida que has elegido libremente, eso sería suficiente para dar mi vida y hacer que mi muerte tenga algún valor. Al momento de morir, te mantendré siempre en mi mente.
Bernardo: -Al fin me he dado cuenta de lo idiota que fui al llegar a estos extremos. En cambio, tú eres el mejor, cariño. Con amor….
………………………………………………………………………………………….
Gian: -¿Qué significa esto?
Esta carta que dejo atrás, junto con este dinero… No me digas que ¿habías estado planeando hacer esto desde la noche anterior?
Había preparado todo esto, sabiendo que no sería capaz de regresar aquí… que podría ser asesinado durante su conversación con él…
Gian: -¡Bernardo! ¡Ese bastardo…!
Gian: -¡Maldito bastardo imbécil! ¡Haciendo siempre este tipo de cosas! ¡Joder!
Golpeo la bolsa de dinero. Siento dolor y a pesar de que mis lágrimas no fluyen, me sofoco. ¡Dejándome esto!
¡¿Qué quiere que haga con esto?! ¡Dejándome solo con todo este dinero! ¿Me está diciendo que elija llevar una horrible, falsa larga vida?
Gian: -¡Ese maldito pervertido cuatro ojos! ¡Lo voy a golpear!
Puede que Bernardo ya haya sido asesinado. Sin embargo, he tirado toda posibilidad.
Convirtiendo toda mí rabia por lo que hizo Bernardo, me cargo de energía y me muevo.
Gian: -Joder, ¿Qué hago?
Debería de informarles a los demás capitanes… No, no hay forma de que sospecharían más de Bernardo con algo como esto. La única persona que podría creer en Bernardo después de haber visto esta carta….
Soy yo.
Entonces, ¿Qué puedo hacer por mi cuenta? ¿Cómo debería buscar a Bernardo? ¿Cómo debería salvar a Bernardo?
Gian: -¡Qué quieres que haga!
De todas las personas, soy yo el único hilo de esperanza que le queda a Bernardo. Yo, que soy el más inútil de la familia… ¿Qué debería hacer?
Gian: -¡¿UWaaaa?!
Esto ha hecho que saque una patética voz. Es el teléfono. Pensé que ya no sonaría.
Este sonido es muy escandaloso. Por el tipo de sonido puedo darme cuenta que la llamada proviene de uno de los teléfonos públicos. Con el fin de alejarme del ruido, me levanto para regresar a mi habitación…
¡¿..?!
Un impulso, hace que me dirija rápidamente al teléfono para contestar.
Gian: -¡¿Eres Bernardo?!
Desempleado 1: ¿Eh? Uhm… ¿Disculpe?
Me equivoqué. Por un momento pensé que podría haber sido Bernardo. Estaba considerando romper el auricular del teléfono en pedazos, pero lo acerco a mí oído.
Desempleado 1: -Discúlpeme por llamar… ya sabe, como de costumbre bebí demasiado… ehm.. Estoy un poco borracho, así que discúlpeme por llamarlo tan tarde.
Gian: -Ah, si…
Es cierto… él es uno de los tipos que Bernardo dejó designado en uno de los teléfonos públicos en la ciudad. Incluso si su señor no está aquí, sus empleados siguen trabajando, contactándolo.
Gian: -¿En qué lugar habías dicho que estarías?
Desempleado 1: -En la parte trasera de la estación Hop ubicada al oeste. Los chicos de la otra avenida han estado silenciosos también hoy… sí….
Le digo al hombre “buen trabajo” antes de colgar. De seguro en este momento ya….
Que va ser ahora de los tipos que se encargan de dar información acerca de lo que pasa en la ciudad…
Gian: -Los teléfonos siguen funcionando…. ¿eh? ¡Joder, joder! Piensa… piensa….
Sentí que mis dedos rozaban algo en medio de la oscuridad. Si tan solo pudiera atraparlo….
¡Piensa! ¡Recuerda acerca de todas las conversaciones que has tenido con Bernardo! Cuando te obligo hacerlo con él, cuando te beso…
Cuando comieron juntos, cuando bebieron juntos, cuando durmieron juntos en la habitación, cuando se vieron después de mucho tiempo en la cárcel, ¡Cualquier cosa!
¡Recuerda!
¡BINGO!
Sonando palabras en mi cerebro, recuerdo cuando estábamos como sardinas en esos asientos, escuchando el sonido del motor de aquel auto rojo. Mi mente se congela ante esa escena
Bernardo estaba conduciendo… Bernardo, por el gusto de aquel auto Alfa Romeo, consiguió uno parecido… y luego me llevó a dar la vuelta en él.
Al momento de que Bernardo desapareciera, ese auto Alfa Romeo también desapareció… tal vez….
Si Bernardo intentó irse, si todavía se encuentra en Daivan y si aquel auto Alfa Romeo tan llamativo también ha desaparecido…. Entonces…
Gian: -Esto es una apuesta…
Corro al escritorio de Bernardo a buscar a través de sus cajones donde guarda sus blocks de notas… ¡Lo encontré!
Una lista de los números telefónicos públicos del CR5 en Daivan. La cual es la única arma que Bernard construyó
Podría ser que con esto…
Mi mano se mueve más rápido marcando los números, que mis ojos escaneando la lista. Puedo marcar el primer número que veo, recuerdo este número…
Es el número que proviene de uno de los distritos de los barrios bajos que está sobre nuestro territorio, manteniéndolo en nuestro control. Es el centro del distrito del norte. Se podría definir como un barrio pobre.
Al otro lado de la línea, el sonido mecánico hace eco.
Niño de la calle 1: -Hola, este es Gian, el niño travieso de todo el callejón.
Un niño contesta el teléfono, respondiéndome con un tono fresco, teniendo el mismo nombre que yo.
Gian: -Buen trabajo. Tengo una pregunta para ti, ¿las personas de ahí saben que estás contestando?
Niño de la calle 1: -¿La santa María es virgen? ¡Por supuesto que lo saben! De lo contrario no me hubieran dejado a cargo este teléfono. ¿Usted llama desde los teléfonos de Don Ortolani?
Vaya que es un verdadero pedazo de mierda descarada, este niño. Pero el deseo de darle un golpe en la cara solo añade más leña al fuego.
Gian: -Algo así. Tengo un trabajo para ti, necesito que busques algo.
Miro el mapa de Daivan que está colocado a un costado sobre el escritorio, miro el círculo amarillo que marca el teléfono público de ese lugar antes de decir:
Gian: -Bernardo… ¿Conoces el auto de Don Ortolani? Es de un auto carmesí deportivo Alfa.
Niño de la calle 1: -¿A caso tiene un negro? ¡Como carajos no lo sabría! Cuando sea grande, me conseguiré uno de esos para presumir. ¡Esa cosa es de lo mejor!
Gian: -Lo que quiero que encuentres, es ese auto deportivo rojo. Por favor busca el auto de Don Ortolani.
Niño de la calle 1: -¿Por qué? ¿Acaso le ha pasado algo a Don Ortolani?
El niño suena desesperado. Sin Bernardo, él perdería su único trabajo, pero…
Esa no es la única razón que causa esa preocupación en su voz. Le respondo sinceramente.
Gian: -Don Ortolani ha desaparecido. Él salió en ese auto, y desde ese entonces hemos perdido contacto con él. Por cierta situación, no podemos utilizar a los miembros de nuestra familia.
Gian: -Es por eso, que estoy contando con ustedes. ¿Podrías hacerlo?
Niño de la calle 1: -Entiendo, le diré a los demás que me ayuden a buscar ese auto. ¿Está bien que me mantenga en contacto con usted por este teléfono, verdad?
Gian: -Si, te lo encargo.
Tomo un lápiz y marco el mapa. Elijo otra zona marcada para llamar.
Gian:- Fuuuahhh….
Expulso todo el calor sofocante de mis pulmones en un largo suspiro. Me duele mi mano y mis oídos.
De cualquier forma, logré contactarme con todas las personas trabajando en los teléfonos de las zonas marcadas en toda Daivan, para tenerlos buscando ese Alfa.
Incluso si el GD capturó y acabó con él… no creo que hayan sido capaces de destruir un auto de tan alta calidad como ese.
Esa es la pequeña posibilidad a la que estoy apostando.
Gian: -Bernardo….
El aroma proveniente del asiento de cuero donde Bernardo reposa su espalda. Es el aroma que Bernardo dejó atrás perfumando el aire. Cierro los ojos con fuerza.
El olor de su sudor, el olor de su cabello, el aroma de su cigarro….
…………………………………………………………………………………………
Ha venido
Gian: -Sí….
Antes de que me pueda decir alguna palabra, ese niño descarado comienza a hablar sin aliento como si hubiera corrido una maratón.
Niño de la calle 1: -Haa… haaa… ha… ¡ahí está! ¡Está aquí! ¡Lo he encontrado!
Por un instante siento el mismo sentimiento de emoción que el niño.
Gian: -¡¿En dónde está Bernardo?!
El niño descarado toma un par de respiraciones profundas para calmar su respiración, luego de manera en que nadie pudiera oír, se pone a hablar con una voz perfectamente tranquila. No lo hace nada mal.
Niño de la calle 1: -No hay duda alguna, es un auto deportivo Alfa color rojo como un tomate. El número también es el mismo, lo he comprobado por mí mismo.
Gian: -¡Muy bien! ¿En donde está?
Niño de la calle 1: -Está guardado dentro de un almacén al sur de Bronx.
¿Bronx? Por un segundo, dentro de mi cabeza el paisaje de los barrios pobres de Nueva York fluye, pero no es eso. Niego con la cabeza.
En Daivan, también hay un distrito llamado Bronx. Gracias a la gran desesperación, proyecto una imagen de la reconstrucción de la ciudad que se derrumbó, y que ahora sirve como nido para inmigrantes ilegales. Es económicamente la peor zona de la ciudad.
Cuando las personas de la ciudad hablan acerca de Bronx en Daivan llegan a decir cosas como: “supongo que estamos yendo por el mismo camino que recorrió esta zona”.
El auto de Bernardo está allí, ¿será que Bernardo también se encuentra allí?
Gian: -¿Hay alguien cerca de ahí? ¿Sabes si hay personas reunidas con pinta de matones?
Niño de la calle 1: -Uno de mis ayudantes llamado Rob lo vio. En un principio el auto estaba aparcado fuera de la avenida… a cambio de dinero, el Don le pidió de favor que lo vigilará.
Niño de la calle 1: -Y entonces, unos maleantes llegaron, y ahuyentaron a Rob. Después se llevaron el auto y lo escondieron en ese almacén.
Gloria a nuestro Dios, que mira desde arriba. Ellos los subestimaron solo porque son unos niños.
Gian: -Bien… Algunas personas de la familia se dirigirán allí ahora mismo. Mantente cerca del teléfono.
Niño de la calle 1: -Será mejor que se den prisa. Cabe la posibilidad que esos matones se muevan al amanecer.
Cuelgo el teléfono, sumiéndome en mis pensamientos utilizando un poco de ese tiempo precioso… ¿Qué debería hacer? Sé en qué lugar está, pero…
¿Le debería decir a Luchino o a Iván? No… hay posibilidad de que realmente haya un traidor entre nosotros.
Si ese traidor o traidores están dentro de nuestra familia, y en el momento en que lleguemos a hacer algún movimiento, pueden enterarse y Bernardo podría ser asesinado.
Gian: -¡Maldita sea!
Meto la bolsa que Bernardo me dejó de nuevo en su escondite. Saco solo un fajo de billetes. La única cosa que puedo llevar conmigo será el revólver viejo.
Lo coloco en la parte delantera de mi cinturón.
A decir verdad, estoy temblando tanto que quisiera hacerme bolita.
Estoy por salir solo, yendo directamente al refugio de la banda para salvar a Bernardo. Una persona como yo, que ni siquiera ha podido matar, irá al nido de matones.
Gian: -Probablemente este será mi final.
Pero tiro lejos la opción de simplemente escapar de una situación como esta para regresa como si nada a mi habitación y acostarme en la cama pasando el resto de mi vida temblando para no salir.
Bernardo me dejó efectivo y se fue. Pero….
Gian: -Maldición… en verdad que es un maldito viejo pervertido, ingenuo, inútil y egoísta.
Con respecto a esa carta que me dejo, no puedo verla como una carta de despedida. Solo veo en ella palabras llenas de remordimientos.
Al igual que aquella mano que había sido extendida para mí, pero que se detuvo a mitad del camino.
Gian: -Si… ¡Ya lo entendí!
Una de las ventajas de una gran ciudad como Daivan, es la facilidad de encontrar un taxi sin importar la hora. Me centro en mi destino.
Gian: -A la avenida sur de Daivan Bronx.
Cuando el taxista escucha la palabra Bronx, gira la cabeza hacia atrás con los ojos bien abiertos gritando: ¡Fuera! No hay taxis dispuestos a ir a esa zona.
Pero antes de que pueda bajar, él parpadea ente un billete de diez dólares en su rostro.
El taxi me deja justo fuera de Bronx. A partir de ahí, corro a través de la noche hacia el teléfono público que el niño de la calle llamado Gian vigilaba.
Niño de la calle 1: -¿Eres el tipo con el que hablé antes usando el teléfono de Don Ortolani?
Gian: -Si. Puedes saberlo con solo escuchar mi voz ¿no? ¿En dónde está el auto de Bernardo?
Sigo al niño descarado. Pasamos por innumerables callejones estrechos…
Niño de la calle 1: -Es aquí. ¿Es aquel, verdad?
El niño me pregunta esto con un susurro mientras señala hacia la esquina de uno de los almacenes desmoronados. Y allí, en medio de la oscuridad, el brillante color rojo se nota como si fuera la única cosa digna de ser golpeada por el sol de la mañana. El auto se encuentra allí.
Gian: -¡Bingo! No hay duda alguna.
Niño de la calle 1: -Los hombres que trajeron el auto se están hospedando en aquel departamento. Ellos se han ahogado a sí mismos en la bebida en aquel establecimiento desde hace un par de días.
Gian: -¿Eh? ¿Han estado aquí incluso antes de que Bernardo viniera?
Niño de la calle 1: -¿Ha visto alguna vez una mosca blanca? Yo lo sé porque tenía a mis ayudantes vendiéndoles licores unas cuantas veces. Según ellos, son como 10 personas.
¿Son 10? Si me encuentran, estaré acabado.
Gian: -Gracias, me has ayudado. Ya puedes irte…. Toma esto.
Saco desde mi bolsillo el fajo de billetes tomando de él 10 dólares. El niño descarado al ver ese dinero…. Su cara brilló como si con ese dinero pudiera comprar todo el mundo pero dice algo diferente.
Niño de la calle 1: -No me subestimes. ¡No soy un caso de caridad!
Gian: -Lo siento….
Niño de la calle 1: -Soy un trabajador de Don Ortolani que se gana su propio salario. Por otro lado, ¿piensas morir? Ya que entrarás solo ¿no?
Haha… pensar que tendría a un niño que todavía ni ha perdido sus dientes de leche preocupándose por mi vida en un momento como este.
Gian: -No hay de otra… han pasado varias cosas últimamente…No me queda de otra más que apostar la suerte que tengo como el perro de la suerte.
Niño de la calle 1: -¡¿..?! Tú eres…. ¡¿Eres tú el perro de la suerte, Giancarlo!?
Gian: -¿Me conoces?
Niño de la calle 1: -¿Me preguntas si conozco al perro de la suerte? ¡Por supuesto que lo conozco! Ohm…. Con que tú eres el perro de la suerte.
El niño me mira con ojos destellantes, lleno de admiración. Es como si tuviera un par de joyas azules brillando bajo el sol como sus ojos.
Gian: -Hasta luego, chico. Apresúrate en irte antes de que te vean.
Por un segundo, pensé que este niño se pegaría a mí siguiéndome, pero él solo se me quedó mirando y luego se fue corriendo.
Yo….
Camino en círculos alrededor de la parte trasera de un edificio que parece ser un edificio de apartamentos, o solía serlo. Ya que parece ser que los delincuentes lo están usando ahora como su base. Me arrastro a través de la puerta entreabierta.
Preparando mi pistola, comienzo a caminar muy suavemente tratando de que mis pasos no se escuchen. Mi boca y garganta se sienten resecas por el nerviosismo.
¿Realmente Bernardo está aquí?
En eso, voces llegan a mis oídos
Soldado del GD 1: -¡Hahahaha!
Soldado del GD 2: -¡Eso está bien! ¡Apostémoslo todo!
Soldado del GD 1: -¡Qué bien se siente!
Soldado del GD 2: -Hey, pásalo por aquí también!
Gian: -…
Los sonidos de gritos y burlas molestas se oyen fuertemente con un acento horrible de inglés, desde algún lugar dentro del edificio.
Joder, los maleantes aún continúan estando en este lugar…. Me han dado ganas de escapar, pero logro aguantarme.
¡Qué haría si huyera de aquí!
Las voces de los maleantes se escuchan desde el segundo piso. Y la puerta de una de las habitaciones de la primera planta está entreabierta. Parece que la están usando como vertedero de basura.
Con el sudor frío que recorre mi espalda, subo las escaleras. Si los maleantes me atrapan en el pasillo, estaré jodido.
Hay varias puertas cerradas con candado por el pasillo….
Soldado del GD 1: -¡Toma! ¿Qué tal esto?
Soldado del GD 2: -¿Qué pasa con esto? es tan asqueroso.
Soldado del GD 3: -Joder, todas mis fichas no pasan de nuevo.
Parece que los maleantes están dentro de una habitación jugando pachinko. También están bebiendo alcohol…. Me despisto por un momento.
No hay sonidos de que Bernardo esté siendo torturado….
Toco los pomos de las puertas de dos habitaciones cercanas con un ligero toque… ambas están cerradas.
Lo que significa….
Que tendré que elegir una de ellas… ¿Cuál será la puerta correcta?
OPCIONES:
Elegir la primera opción
Gian: -Es cierto… él….
De la nada, sin motivo alguno, dentro de mi cabeza…
Recuerdo el momento en el que Bernardo y yo estábamos comiendo los sándwiches. Fue cuando los dos estábamos paseando en el Alfa. Y no es solo eso, el siempre…
Bernardo: No hay alguna razón en especial, solo me gusta elegir la derecha.
Siempre dice eso, siempre ha sido así.
Gian: -¡Esto es un desafío!
Me deslizo hacia la cerradura de la puerta derecha.
Manteniendo un oído fino escuchando ocasionalmente las carcajadas de los maleantes, busco a través de mis bolsillos con manos temblorosas… Saco las ganzúas que siempre llevo conmigo a todas partes.
Gian: -Joder… mis manos están temblando.
A la fuerza, tomo una gran bocanada de aire, repitiéndolo tres veces
Gian; -Fuua…. Muy bien….
Preparo las agujas metálicas, torciéndolas para meterlas en el agujero. Siento como poco a poco el primer cilindro se abre, continuando con el segundo y luego el tercero…
Gian: -Vamos… no duele, no duele.
Fuu… el sudor recorre mi cuerpo como una fuente.
Constantemente giro el pomo, manteniendo mis antenas de alerta todo el tiempo. Y logro abrir la puerta.
Al otro lado de la sala de estar de la habitación completamente destrozada, veo una puerta a la izquierda abierta. En el momento en que doy un vistazo en el interior…
Uwaa… joder, esto me ha dado un tremendo susto. Estando justo enfrente de la puerta, hay un hombre sentado dormido abrazando una escopeta
Su ruidoso ronquido hace que huela su mal olor a alcohol barato. Me deslizo por delante de él. Entrando en el dormitorio.
Y justo en ese momento.
Desconocido: -¿Quién es?
Gian: -¡Uh! ¡waa!
De repente, desde la profundidad de la oscuridad, escucho una voz… casi chillo en mi cabeza.
Pero… ¿no habló en italiano justo ahora?
Gian: -Que… que…
Y allí, en la oscuridad, atado en una silla, se encontraba un hombre de traje. ¿Bernardo?
No espera, se ve un poco más robusto.
Desconocido: -¡¿Es enserio?! ¡Oh, eres Giancarlo! Y yo pensando en quién podría ser.
Gian: -¡Qué te pasa! ¡¿Cómo es que sabes mi nombre, cabrón?!
Desconocido: -Que me hables de esa manera… No recuerdo haber criado a un niño tan mal hablado. Pero, en verdad que has crecido, Gian.
¡¿..?! No será que este tipo es….
Deslizó con cuidado las cortinas rasgadas cubriendo las ventanas. La luz de la luna distante brilla a través del cristal e ilumina al caballero atado.
Gian: -Esto debe de ser una broma…. ¿Es un sueño?
Alessandro: -De alguna manera esta es la realidad. Hablaremos después, por el momento date prisa y quítame esto.
El hombre amarrado allí es el verdadero jefe del CR5, el único e incomparable Alessandro del Salto.
Es enserio….
Gian: –¡Joder! ¿Qué carajos está pasando?
Deshago las cuerdas que mantenían amarrando las extremidades del jefe en la silla. Después de liberarlo, el viejo Alessandro me dice:
Alessandro: -Fuaa…. Eso estuvo muy peligroso
Gian:- Dices que estuvo peligroso…. Viejo, ¿Por qué estabas así?
Pero, el jefe, sin escuchar nada de lo que le digo, camina rápidamente hacia la ventana, abriéndola
Gian: -¡Decías que estuvo peligroso porque tenías ganas de ir a mear!
Alessandro: -¡Idiota! He estado aquí atado todo el día ¿sabías? ¿Crees que podría aguantarme más?
El sonido de él aliviándose sigue…. Y después de que el sonido casi desaparece, regreso a mis sentidos.
Gian: -¡Viejo! ¡¿Qué estás haciendo en este lugar?! ¡¿También te han atrapado?!
Alessandro: -Hnm, bueno, he conseguido liberarme bastante…. Eso será una larga historia, además odio volver a repetir lo que cuento.
Alessandro: -Si logramos salir vivos de aquí, les contaré a todos lo sucedido. ¿De acuerdo?
Gian: -Serás…. ¡joder, ya lo entendí! ¡Ah! ¡Y pensar que vine aquí para salvar a Bernardo, y termino encontrándote aquí! ¿Qué debería de hacer?
Alessandro: -¿Qué pasa? ¿Es así? Viniste solo porque querías salvar a Bernardo. Me has decepcionado, maldito hijo prodigio.
Gian: -Ya cállate, viejo barbudo. Más importante, tenemos que buscar a Bernardo.
Alessandro: -Bernardo, probablemente se encuentra en la habitación de al lado. No hace mucho lo escuché gritar.
Alessandro: -Ese sonido que escuche fue de electricidad…. Torturándolo de esa manera…
Gian:- ¡Que! Entonces, hay que darse prisa.
Alessandro: -Espera un momento. Estamos en la base enemiga. Vayamos con cautela. Además, me han quitado todo, no me han dejado ni con mi reloj ni con un centavo.
El jefe relaja sus hombros frotándose sus muñecas y a pesar de su enorme estatura, se escabulle hacia adelante como un gato.