—Ahora, es momento de ir a dormir.
—No quiero dormir.
—Si te acuestas temprano, crecerás más alto rápidamente.
—¿En verdad podré ser más alto? —murmuró Teodoro. Parecía no estar seguro de eso.
—Serás más alto. Lo juró por mi apellido.
—No hay necesidad de eso… Más bien —Teodoro susurró, subiéndose a la cama y cubriéndose el cuello con la manta—. ¿Te quedaras conmigo hasta que me duerma?
—Lo haré ¿Hay algo más que quieras?
—Canta una canción.
—¿Una canción?
—Mi madre, a veces me contaba antes de acostarme.
Hasta donde Richt sabía, se trataba de un comportamiento fuera de lo común de esa hermana. Fue bastante sorprendente que ella hiciera algo así.
—¿Qué canción era?
—La balada de victoria.
Era una canción militar que se entonaba antes de entrar a la batalla ¿Le cantó eso para hacer dormir a un niño? Vaya, es increíble.
—¿Puedes cantarla?
—No conozco la canción, pero me sé otras. Si te parece bien las puedo cantar.
—Está bien.
Me aclaré la garganta y traduje la canción que recordaba al idioma de este mundo. No era una canción complicada, por lo que valía la pena poder intentarlo.
—Duerme mi bebé~ Por la noche, cuando los pájaros y crías de oveja del patio delantero y del jardín trasero están dormidos~.
En una noche tranquila, un sonido bajo de una nana resonó en la habitación.
«Es diferente de la canción que solía cantarme mi madre». Pensó Teodoro.
Esta era una canción dulce y cálida. Teodoro cerró lentamente los ojos. Entonces la mano de Richt le golpeó suavemente el pecho. El tacto se sentía tan bien, que pensó que estaría bien incluso si moría de esa forma.
“Teodoro, cuidado con el duque Devine. Richt te matará”.
«Madre, si esto es la muerte. Creo que esta bien morir así». Pensando de esa forma, Teodoro cayó en un profundo sueño.
El niño se durmió. Su rostro parecía al de un ángel, por lo que me llamó la atención. Y cuando pensé en lo difícil que debió de haber sido, mi corazón se estremeció.
«Seamos amables mientras estemos aquí». Tras pensar eso, Richt se puso de pie.
Por fortuna, Teodoro, que estaba profundamente dormido, no se dio cuenta de que Richt se iba.
Cuando se levantó, abrió la puerta y salió, los caballeros que esperaban delante mostraron sus respetos. El enfrentamiento con los caballeros imperiales aún continuaba.
—Sir Alex parece que no lo entiende bien. —dijo Richt sonriendo con amargura.
Alex clavó su mirada en los ojos de Richt, tenía una expresión agraviada.
—Mi trabajo es proteger a Su Alteza el Príncipe Heredero.
—Entonces hazlo. Por favor, no hagan un escandalo frente a la habitación de su Alteza el Príncipe Heredero. Lo van a despertar. Si sigues armando todo ese escándalo, no podré quedarme quieto.
—¡Duque Devine!
—Sé cuál es mi nombre. No grites tan fuerte.
Después de eso, el enfrentamiento continuó un poco más. Entonces, la puerta de Teodoro que estaba cerrada se abrió.
—¡Qué ruidosos!
—¡Su Alteza el Príncipe Heredero! —Sir Alex parecía muy feliz. Pero la reacción de Teodoro fue diferente de lo que esperaba.
—Todos, por favor, háganse a un lado.
—¿Su Alteza el Príncipe Heredero? ¿Qué quiere decir con eso?
—Mi madre falleció y mi tío vino aquí porque estaba preocupado por su sobrino. No hay necesidad de reaccionar así.
Alex volvió a desesperarse tras las palabras de Teodoro. ¿Cómo demonios Su Alteza el Príncipe Heredero cambió tanto en menos de un día?
—¡No! ¡Usted sabe que eso no es verdad! —Alex se arrodilló gritando desesperado.
—No lo sé.
Sin embargo, la dolorosa respuesta que recibió fueron palabras simples.
—Así que retrocede. Y Richt. Como me he despertado, ven y cántame un poco más.
Teodoro tiró de la manga de Richt. Él estaba dispuesto a hacer todo lo que quería el niño. Siguió a Teodoro a la habitación de nuevo. Valió la pena ver la expresión de Alex antes de entrar.
La puerta se cerró y volvió a caer la oscuridad.
—¿Lo hice bien? —preguntó Teodoro.
—Bien hecho.
Hubo silencio entre los dos por un momento. Mientras daba un paso adelante, vio el rostro de Teodoro a la luz de la luna llena que se filtraba por la ventana abierta. Él estaba sonriendo débilmente. Pero parecía tan débil y exhausto que Richt lo tocó sin darse cuenta.
—Pensé que estaría bien si solo descansaba un poco. —Mientras Teodoro continuaba, Richt se dio cuenta de lo que estaba sintiendo.
Le tenía cariño a Richt, pero no confiaba en él. Le era imposible confiar por completo en la persona que había estado intentando matarlo un día.
«Pero ¿por qué detuvo a sir Alex?»
La respuesta a ese pensamiento llegó rápidamente. Teodoro estaba preparado para su muerte. Lo hizo porque pensó que Richt podría matarlo.
—No te mataré —dijo Richt con voz débil y temblorosa.
—Es más fácil para ti matar ¿verdad? —la voz de Teodoro era tranquila mientras decía eso.
—Pero no lo haré. Así que no pongas esa cara.
—¿Qué tiene mi cara? —Teodoro trazó su rostro con su mano.
—Parece que estés a punto de morir. —Con esas palabras, Richt abrazo a Teodoro.
—Hace calor.
En los brazos de Richt, Teodoro cerró lentamente los ojos. Y se quedó dormido otra vez. El niño era tan ligero y pequeño que no fue difícil colocarlo en la cama.
—Ten un lindo sueño.
Cuando lo puso en su cama, salió de su habitación. Los caballeros imperiales ya habían desaparecido, después de todo fue una orden del príncipe heredero.
Originalmente, los caballeros imperiales se dispararían por esa época, pero no fue por culpa del príncipe heredero, sino a causa de Richt.
«Bueno, decidí pensar y hacer cosas buenas».
—Maestro Richt. —Ain se acercó.
Parecía que no acababa de llegar al palacio imperial. Sostenía una caja delgada y larga en sus brazos. Inmediatamente lo reconocí. Era la herramienta que usaba cada vez que castigaba a Ban.
—La habitación está lista.
Parecía que Ban había hablado con Ain, por lo que se preparó de antemano.
«¿Es necesario ser tan proactivo con el castigo?»
Eso fue lo que pensó, pero recordando como fue el original Richt hasta ahora, no era extraño.
—Guía el camino.
Richt fue guiado por Ain y se dirigió a una habitación vacía. Una vez dentro, el mayordomo abrió la caja con habilidad y sacó el látigo.
El látigo tenía nueve puntas y una pieza de hierro en el extremo. Parecía limpio, como si lo hubieran limpiado de manera regular, pero las manchas de sangre con la que fue empapado no pudieron ser eliminadas con facilidad. El cuero, que habría sido marrón, estaba teñido de rojo.
—Entonces me retiro.
Después de que Ain se alejó, la puerta se abrió y entró Ban. Avanzó con grandes pasos. Primero se quitó la camisa.
Al retirarse la camiseta de su uniforme, pudo ver un cuerpo maravilloso, llenó de músculos bien entrenados y definidos. Sin darse cuenta, Richt trago saliva.
Cualquier hombre querría tener un cuerpo así. Lo mismo ocurría con Richt. Pero, cuando el cuerpo le dio la espalda, sus cejas naturalmente se fruncieron.
Había bastantes heridas en la parte de su pecho y abdomen, pero no eran nada en comparación con las que estaban en su espalda. Esta, se encontraba completamente cubierta de heridas. La sangre seguía acumulándose en las laceraciones más profundas, como si hubiera sido castigado hace unos pocos días. También había una zona donde se estaba formando pus.
Richt se quedó sin aliento. En cambio, Ban, se arrodilló en silencio.
«¿Quería que lo castigara en estas condiciones? ¿Todo por la gratitud que le tenía al anterior duque?» le comenzaba a doler la cabeza.
Richt era incapaz de levantar el látigo. Aunque sabía que era sospechoso si no lo castigaba ¿Cómo sería posible para él azotar esa espalda?
—¡Ain!
En cuanto lo llamó, el mayordomo que estaba esperando afuera entró.
—Trae la caja con los útiles para tratamiento médico de inmediato.
—¿Disculpe?
A pesar de que Ain estaba desconcertado, siguió sin dudar las órdenes. Richt tomó la caja llena de medicamentos, vendas y le ordenó a Ain que lo esperara afuera.
Luego, se acercó a Ban, que aún estaba arrodillado en el suelo mostrando su espalda.
—Eres tan estúpido.
Las duras palabras fueron recibidas con una respuesta tranquila.
—Es porque no aprendo, maestro.
—Me alegro que lo sepas.
Richt sacó nerviosamente el antiséptico. Quería llamar a un médico, pero no era bueno que se conociera su lesión en este momento.
—Espera.
Vertió el líquido verde de la botella sobre una gasa y lo aplicó sobre la herida. Aunque debió ser bastante doloroso, Ban no movió ni un solo músculo.
—Si te duele, haz ruido.
—Está bien.
«Dices eso, pero no es verdad».
Richt comenzó a enojarse sin motivo. No hizo ningún ruido mientras desinfectaba la mitad de su espalda. Se necesitó una cantidad considerable de tiempo para poder aplicar el medicamento, esterilizarlo y cubrir con vendas.
Mientras tanto, Richt que no era capaz de ver la cara de Ban, no podía adivinar en lo que estaba pensando.
—¿No me castigará?
—Depende de mí decidir, cómo te castigaré.
Ban volvió a guardar silencio.
—Ponte la ropa.
Solo entonces, Ban se puso de pie. Recogió la ropa que estaba en el suelo y se la puso. Su rostro aún mostraba una expresión seria.
—Te veré mañana a la misma hora.
Parecía necesario tener que cambiar algunas de las gasas cada cierto tiempo.
—Si. —Ban respondió.
Independientemente de la respuesta, tendría dudas, pero eso no se pudo evitar.
¿No era extraño que estuviera haciendo algo que el Richt original nunca hizo? Era normal que la gente sospechara.
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