“Estaba aburrido, así que llegaste en el momento adecuado.”
“Prefiero doblarme como una rama antes que romperme”. Ese es el objetivo, la aspiración y la convicción de Joowon.
Lee Joowon siempre ha vivido con tenacidad feroz. Ni siquiera cuando su padre, un borracho y jugador empedernido, acumuló una montaña de deudas y huyó, ni cuando su adorado hermano menor, Wonyoung, fue diagnosticado repentinamente con una enfermedad cardíaca, derramó una sola lágrima. Porque no tenía tiempo para llorar; tenía que ganar cada céntimo que pudiera.
Siendo estudiante de secundaria, Joowon estuvo en innumerables trabajos a tiempo parcial en lugar de estudiar. Entonces, un día, mientras servía platos en un restaurante de sushi, se dio cuenta de algo: todas las personas que comían sushi más caro que lo que ganaba como salario llevaban camisas blancas y corbata.
Ese fue su punto de inflexión. Joowon cambió su plan con determinación. Comprendió que la única forma de escapar de esta terrible pobreza, siendo incluso peor que alguien nacido con “cuchara de tierra”, era solo a través del estudio. Así que dejó su trabajo en el restaurante de sushi y estudió decenas de veces más duro que cualquier otro estudiante.
El mundo no resultó ser tan cruel con quien luchaba con uñas y dientes por vivir. Joowon, al no tener dinero para costearse clases particulares por internet, se esforzaba por seguir el ritmo de las lecciones viendo las clases que transmitía la televisión pública; además, seguía persistentemente a sus profesores y los bombardeaba con preguntas como si estuviera recibiendo una tutoría privada.
Al principio cometía muchos errores y, a diferencia de los estudiantes que habían recibido una educación privada constante, sus resultados fueron insuficientes debido a esa falta de preparación. Aun así, obtuvo una nota suficientemente alta para entrar en una universidad de Seúl, lo que comúnmente se llama In-Seoul, pero Joowon, que deseaba ingresar en una institución de gran prestigio, eligió sin dudarlo volver a presentarse a los exámenes de admisión.
En su segundo intento, se quedó fuera por una diferencia de puntos mínima, lo que le dejó un sentimiento de amargura. Una universidad situada en una provincia muy lejana le ofreció una carta de aceptación con la condición de una beca completa. Sin embargo, no podía marcharse y dejar solo a Wonyoung, que estaba enfermo. Tras mucho meditarlo, Joowon decidió intentarlo por tercera vez. Porque creía firmemente que solo asistiendo a una universidad de prestigio podría, como Lee Joowon, cambiar su vida de clase baja.
Dicen que tras el sufrimiento llega la felicidad, ¿no? Tal como dicta el refrán, Joowon, que había estudiado como un loco, obtuvo una puntuación altísima en el examen de admisión y finalmente pudo ingresar en la Universidad Hanguk, famosa por su altísima competitividad.
Además, le ofrecieron una exención de la mitad de la matrícula. En el momento en que recibió la carta de aceptación, Joowon sintió que tocaba el cielo con las manos. Pensó que sus penurias finalmente habían terminado; sintió el júbilo y el logro de haber vencido a estudiantes que, gracias a la inversión infinita de sus padres, habían partido desde una línea de salida muy diferente a la suya. Sintió que él también tenía la posibilidad de triunfar.
Sin embargo, entrar en la universidad no era la solución definitiva para todo.
Cada vez que llegaban facturas de gastos fijos imposibles de costear, el dinero desaparecía de su cartera. Además, a diferencia de la secundaria, ya no usaba uniforme, por lo que debía comprar ropa decente, y los libros de texto, esos que no volvería ni a mirar una vez terminado el semestre, eran excesivamente caros. Tenía que ahorrar hasta el último centavo para poder pagar los gastos médicos de su hermano enfermo, Wonyoung. Agobiado por la cruda realidad, Joowon desarrolló en algún momento el hábito de calcular constantemente el saldo restante en su cuenta bancaria y el dinero que debía pagar.
Al pensar en su realidad, no podía quedarse sentado estudiando con tranquilidad, así que, sin tomarse años sabáticos y solo pidiendo una licencia académica una vez para cumplir el servicio militar, compaginó los estudios con trabajos a tiempo parcial. Reduciendo sus horas de sueño para estudiar después de cuidar a Wonyoung y trabajar, logró mantener siempre notas excelentes, lo suficiente como para recibir becas.
Todos miraban a Joowon y lo elogiaban diciendo que era el “estudiante brillante” o el “compañero esforzado”. Esos adjetivos eran el orgullo de Joowon y la prueba de su propia existencia.
—Hyung, explícame esto, por favor. No entiendo lo que el profesor explicó la última vez. Sus explicaciones dan pena.
Chang-bin, un compañero de clase cinco años menor que él, se quejó mientras empujaba su libro hacia Joowon.
—Espera un momento.
Tras revisar el libro de Chang-bin, que estaba repleto de garabatos, Joowon le explicó con voz calmada.
Joowon no quería verse envuelto en asuntos molestos, pero consideraba que, para obtener buenas notas, también era importante ganarse el favor de los profesores y de sus compañeros. Participar en festivales que no le interesaban, ir a los retiros de la facultad o a las visitas industriales… todo era por esa razón. Mantenía las distancias necesarias, bajo la idea de que, al fin y al cabo, las amistades se terminan al graduarse.
—Ahora lo entiendo. ¡Increíble! Hyung, deberías ser profesor.
Chang-bin abrió los ojos desmesuradamente y aplaudió, ante lo cual Joowon soltó una risa como si le pareciera ridículo. Sin embargo, en su interior no le disgustó y no lo escuchó a la ligera.
De repente, imaginándose a sí mismo convertido en profesor, Joowon bosquejó un futuro descabellado. Un disparate de imaginación, como que si acumulaba experiencia en una prestigiosa gran empresa, surgiría la oportunidad de que le ofrecieran ser profesor a tiempo parcial, llamó a la puerta de su conciencia.
—Qué envidia. Joowon Hyung, eres muy buen estudiante.
Uno de sus compañeros de curso, que estaba intercalado entre ellos, se acercó sonriendo ampliamente.
—Tú, Hyung, seguro no tienes preocupaciones. Además, tu familia es adinerada, ¿no?
Joowon miró su reloj y puso una expresión de envidia hacia Chang-bin.
Siempre, Joowon llevaba puesto el reloj de lujo que su padre, Kangjae, le había regalado. Al principio, se había exasperado y alzado la voz, pensando que si tenía dinero para comprar algo así, debería preocuparse más por la situación de su hogar.
“¡Ay! Servirá para usarlo como dinero de emergencia más adelante. ¿Crees que tu padre te lo dio sin motivo? Y deja de sermonearme con tonterías. Lo compré porque tenía margen económico.”
Aunque no era un objeto robado, le resultaba turbio, como si lo hubiera obtenido en una mesa de juego, así que lo había arrojado y escondido en el cajón de su escritorio. Sin embargo, aunque era un regalo de su patético padre, pensó que si lo llevaba puesto podría ocultar su aspecto de pobreza.
En realidad, la matrícula de la Universidad Hanguk era tan cara como la de cualquier facultad de medicina. Por eso, Joowon tenía que jugarse la vida para obtener la beca a la excelencia académica y cualquier otra ayuda disponible.
—Hyung, volverás a recibir la beca, ¿verdad?
—¿Acaso lo dudas? Es obvio.
—Qué injusto…
Mientras Chang-bin y otro compañero conversaban, un tercero intervino soltando un ‘Humm…’. Y, sin ninguna mala intención, dijo:
—Bueno, Park No-yoon también es muy bueno.
La sonrisa complaciente de Joowon se congeló y su orgullo sufrió una grieta profunda.
—No es solo bueno, es jodidamente bueno. ¿Hay algo que ese tipo haga mal? Es guapo, es rico y encima estudia bien. Parece que el mundo fuera solo suyo.
—Si yo tuviera la cara de Park No-yoon, no me importaría no tener dinero. Yo sería celebridad, ¿o tal vez un youtuber?
Al presionar el “botón de pánico” llamado Park No-yoon, el interior de Joowon se desgarró, pero se esforzó por fingir una sonrisa mientras desviaba la mirada hacia su vieja tablet.
Joowon siempre se quedaba estancado en el segundo puesto, recibiendo solo la mitad de la beca por rendimiento, y la razón era Park No-yoon. Debido a los profesores y asistentes universitarios que eran unos bocazas, las notas de todos los estudiantes terminaban filtrándose, y fue entonces cuando Joowon supo quién ocupaba siempre el lugar más alto.
Como Park No-yoon siempre era el primero, ese tipo que nació en cuna de oro se llevaba la beca completa. Por su culpa, Joowon tenía que matarse en actividades extracurriculares que de otro modo no haría para poder cubrir el resto de la matrícula.
«Si ya tiene tanto dinero, ¿por qué encima tiene que estudiar tan bien?», pensaba. Dicen que no hay que mirar árboles a los que uno no puede trepar, pero el complejo de inferioridad en el corazón de Joowon no hacía más que crecer.
—Qué suerte tiene No-yoon.
A diferencia de él, que entró tras su tercer intento, Park No-yoon había ingresado a la primera, sin rodeos. En aquel entonces, Joo-won estaba en el ejército, por lo que no conocía los detalles de sus días como novato, pero había oído que No-yoon fue quien hizo el juramento en representación de todos los estudiantes de nuevo ingreso.
Cuando Joowon regresó a la universidad tras terminar el servicio militar, Park No-yoon también había cumplido con el suyo y estaba retomando las clases. Al verlo por primera vez, solo pensó: “Es un chico guapo que además estudia bien”. Al principio no le tenía mala voluntad e incluso pensó en llevarse razonablemente bien con él; sin embargo, al verse desplazado un escalón por debajo en la lista de calificaciones una y otra vez, el sentimiento de inferioridad y los celos se enredaron en su mente como un arbusto de espinas.
—Es verdad.
Aunque sentía una punzada de amargura en el pecho, Joowon no lo demostró. Sabía que mostrar su mezquindad solo perjudicaría la buena imagen que tanto le había costado construir. Simplemente asintió, fingiendo ser una buena persona. Por dentro, tenía ganas de señalarlo con el dedo y decir que era un engreído o que quizás no valía nada más allá de su cara, pero se contuvo y se limitó a mover la cabeza de arriba abajo.
Era infantil, pero así de consciente era Joowon de la presencia de Park No-yoon. Solo escuchar su nombre le dejaba un sabor amargo en la boca.
—Ah, mira, ahí está Park No-yoon.
Dicen que si hablas del rey de Roma, por la puerta asoma. Park No-yoon entró por la puerta trasera con una sonrisa radiante y saludó a Joowon y a sus compañeros. Pronto, sus ojos color ámbar se movieron con suavidad hasta posarse en él. En el momento en que sus miradas se cruzaron, Joowon se sobresaltó y, sin darse cuenta, bajó la mano que tenía sobre el escritorio.
A veces, Joowon sentía que intercambiaba una energía extraña con Park No-yoon. No era agradable cómo este lo recorría sutilmente con la mirada de arriba abajo con un brillo intenso en los ojos. De vez en cuando, Joowon tenía la absurda sensación de que sus verdaderos sentimientos habían sido descubiertos, lo que le provocaba un nudo en la garganta. Evitó la mirada de No-yoon y volvió la vista hacia Chang-bin.
—Estábamos hablando de ti, idiota. ¿Quieres jugar un partido de básquet luego?
En algún momento, Chang-bin y los demás compañeros empezaron a fijarse en Park No-yoon y charlaban animadamente con él, como si hubieran olvidado por completo a Joowon. Era natural que su altura imponente y su rostro exquisitamente hermoso, que se agitaba como una peonía con la brisa del temprano verano, atrajeran todas las miradas, pero eso solo hizo que la espina rencorosa arraigada en lo profundo del corazón de Joowon se clavara aún más. Otra vez Park No-yoon. Ese maldito Park No-yoon. Si hubiera podido, Joowon habría abandonado el lugar de un salto.
—¿Hyung, quieres unirte también?
Park No-yoon, con una sonrisa amable que no parecía percatarse en absoluto de este complejo de inferioridad de Joowon, encontró su mirada con unos ojos afables.
«¿Por qué iba a jugar baloncesto contigo?», pensó Joowon. Habría sido menos irritante si se hubiera portado como un cretino, pero ese trato con una sonrisa clara y sincera resultaba inevitablemente repelente.
Aun así, no podía mostrar su descontento ante ese rostro perfectamente equilibrado y sin defectos. Queriendo mantener la imagen que había cultivado hasta ahora, Joowon subió las comisuras de los labios, imitando a Park No-yoon.
—La próxima vez. Tengo cosas que hacer.
—Qué lástima.
Park No-yoon dejó caer las comisuras de los ojos con genuina decepción.
Pasó por la mente de Joowon el pensamiento de que si fuera una chica, su corazón se habría agitado, pero fingió no darse cuenta.
Sin embargo, no podía borrar la sensación de que algo, o alguien, lo estaba mirando. «Es mi imaginación. Solo mi imaginación». Moviendo el lápiz gastado de su tableta, Joowon se sumergió en el estudio.
—Hola a todos. Vamos a comenzar la clase.
Justo cuando se estaba concentrando, entró el profesor. Encendiendo rápidamente la presentación, el profesor pidió que abrieran los libros de texto, y Joowon, junto a los demás estudiantes, siguió sus instrucciones en silencio.
La clase era aburrida, aburrida hasta el cansancio. En el fondo, Joowon quería irse temprano o visitar a Wonyoung, que estaba postrado en el hospital, pero no podía permitírselo: tenía que cuidar sus notas y además ir a trabajar. La palabra “realidad”, con sus ocho letras, lo mantenía con el trasero pegado a la silla.
Cuando los números en la parte superior de su tablet cambiaron y las páginas de los libros de los estudiantes pasaron varias veces, el profesor finalmente cerró la presentación de PPT. Joowon pensó que por fin la clase había terminado, pero todavía faltaba una hora. Por la actitud del profesor, no parecía que fuera a terminar temprano. «¿Será que va a hablar de un trabajo?», pensó Joowon mientras miraba al profesor sin recoger aún sus cosas.
En ese momento, sus ojos se cruzaron de nuevo con los de Park No-yoon.
Sus pupilas negras chocaron con los ojos marrón claro de No-yoon, y una extraña e inexplicable sensación se coló de golpe en sus pulmones. La imagen amable que No-yoon había mostrado hace un momento se desvaneció, dejando paso a una mirada fría, como si quisiera arrastrarlo a un bosque sombrío.
A Joowon se le puso la piel de gallina. Sintió una amenaza tan real recorriendo sus venas que parecía que No-yoon iba a traspasar su afilada sinceridad, exponerla públicamente y luego vengarse. Aunque la posibilidad era mínima, las palmas de sus manos se empaparon de sudor frío. Los ojos de Park No-yoon seguían fijos en los suyos. Incomodado por la mirada, Joowon giró la cabeza con la mayor naturalidad posible y se concentró en el profesor.
—Siento decirles que hay un trabajo grupal.
Ante las palabras del profesor, estallaron lamentos por doquier. Joowon, que por un momento se había sentido intimidado, olvidó la mirada de No-yoon y soltó un profundo suspiro.
«Ya me falta tiempo entre el trabajo y el estudio, ¿y ahora un trabajo?».
Estaba claro que tendría que pasar otra noche en vela. Joowon sacó la agenda que había guardado en su mochila y tomó un bolígrafo. Pronto, las palabras “Trabajo de Gestión y Sociedad” llenaron el papel blanco con una caligrafía impecable.
—Formen parejas de dos y elijan una empresa para analizarla con las técnicas que hemos aprendido hasta ahora. Tienen tres semanas. Terminaremos la clase aquí, así que hablen entre ustedes. La calificación será individual.
Los estudiantes no miraron con resentimiento al profesor que se marchaba tras soltar su discurso, pero tampoco sintieron gratitud porque la clase terminara temprano.
Joowon sentía lo mismo. Tras tomar notas minuciosas en su agenda, miró a su alrededor buscando a alguien con quien hacer el trabajo. Alguien que se esforzara lo justo y que le sirviera de apoyo.
—Ah, joder… ¿Otro trabajo? ¿En qué piensan los profesores? ¿Creen que solo tenemos su clase? Tengo un montón de cosas que hacer de otras asignaturas.
Chang-bin, que refunfuñaba con el ceño fruncido, era el candidato ideal.
Tras tomar una decisión, Joowon recogió sus cosas y se levantó para acercarse a él. Como las notas de Chang-bin eran mediocres, haría un esfuerzo moderado, y al ser una evaluación individual, Joowon destacaría y obtendría una buena puntuación. Con este plan en mente, Joowon se plantó frente a Chang-bin, pero un denso aroma floral rozó la punta de su nariz.
—Vaya. Es Joowon Hyung.
Era Park No-yoon. Se acercó acortando la distancia con sus piernas largas y, mirándolo a los ojos, esbozó una sonrisa sutil. A Joowon le resultó molesto, pero no lo demostró y esperó en silencio a ver qué decía.
—Parece que aún no tienes pareja. Hagámoslo juntos.
Ni siquiera fue un “¿quieres que lo hagamos?”, sino un “hagámoslo”. Joowon sintió un sabor amargo en la boca y apretó los puños.
Le incomodaba que No-yoon se le acercara tanto. Aquel Park No-yoon tan perfecto le resultaba irritante y era la última persona con la que querría trabajar. Pensando en la imagen que había construido todo este tiempo, Joowon fingió cortesía y una pizca de decepción.
—¿Qué hacemos? Es que pensaba pedírselo a Chang-bin primero.
Aún no se lo había dicho, pero como eran amigos cercanos, Joowon estaba convencido de que Chang-bin aceptaría. Miró a No-yoon con una expresión de verdadera lástima. Le sonrió para que se marchara pronto, pero los ojos de No-yoon se suavizaron como los de un cachorro bajo la lluvia, mostrando su pesar.
—Y yo que quería hacerlo contigo…
Ante esas palabras, el complejo de inferioridad de Joowon se desperezó.
«¿Querrá quedar primero otra vez para pisotearme?», pensó. Todo tipo de ideas negativas empezaron a volar por su mente.
Se sentía patético por sentir envidia de un chico cinco años menor, pero simplemente lo detestaba. No quería hacer el trabajo con Park No-yoon. Preferiría mil veces hacerlo con un desconocido. Ocultando sus verdaderos pensamientos, Joowon forzó una sonrisa incómoda.
—¿Eh? Yo ya tengo pareja. Con Juntae. —Chang-bin, totalmente ajeno a lo que pasaba por la cabeza de Joowon, sonrió de oreja a oreja y miró de reojo a No-yoon. —No-yoon es la pareja perfecta para ti.
—Es verdad. No-yoon estudia superbién.
—Guau… el primer y el segundo puesto de la facultad trabajando juntos.
Ante aquel giro inesperado de los acontecimientos, Joowon se quedó con la boca abierta, incapaz de articular palabra alguna.
Los compañeros que estaban por aquí y por allá seguían animándolos, así que Joowon no pudo articular un “no”. Como un robot de hojalata mal engrasado, giró la cabeza con torpeza y crujidos hacia Park No-yoon. Este, que ya lo estaba observando, intentó conectar su mirada con la de Joowon, luciendo unos ojos encantadores que encajaban a la perfección con su sonrisa límpida.
—No te incomoda, ¿verdad?
Joowon buscaba desesperadamente una forma de escapar de esta situación, pero No-yoon se le había adelantado. Si se negaba en ese momento, el único que quedaría como el malo sería él. No había marcha atrás. Puesto que las cosas habían llegado a esto, lo mejor sería esforzarse para obtener una nota más alta que la de Park No-yoon. Temiendo que sus verdaderos sentimientos quedaran al descubierto si tardaba en responder, Joowon contestó con una sonrisa forzada.
—Para nada. A mí también me da tranquilidad hacer el grupo contigo.
—¿De verdad?
—Sí.
—A mí también me encantaría hacerlo contigo, Hyung.
Sus pupilas de color claro brillaron mientras sostenían la mirada de Joowon con intensidad. Quizás era porque Joowon estaba lleno de complejos, pero hasta ese brillo en sus ojos le resultaba insoportable. «Maldito engreído que se aprovecha de su cara. Tipo sombrío», pensó Joowon con desprecio mientras recogía su mochila, evitando deliberadamente su mirada.
—Está bien. Me marcho ya.
No quería seguir hablando con Park No-yoon ni un segundo más. Deseaba salir de allí lo antes posible. Aunque no tenía ninguna urgencia real, recogió sus cosas atropelladamente, salió del aula y bajó las escaleras del pasillo a paso ligero.