Capítulo 1

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La noche era densa como la tinta, y el río de estrellas parecía suspendido en el cielo.

El viento arrastraba el olor salobre del mar. Según reportaba el ‘Semanario del Continente Marino’, tras un siglo de ausencia, los dominios oceánicos habían vuelto a manifestarse en esta tierra.

Los científicos, tras días y noches de monitorización, observaron cómo la Estrella Guía surcaba el cielo hasta detenerse en un punto específico sobre sus cabezas.

La Ciudad del Desecho se ubicaba en el extremo norte del Continente Marino. Rascacielos en ruinas, calles largas y desiertas, y letreros de tiendas destrozados permitían vislumbrar a duras penas la prosperidad que antaño había reinado allí.

Lamentablemente, el lugar se había convertido en un refugio para incontables desamparados, donde humanos y no humanos coexistían en un hacinamiento caótico. Eran seres sin ninguna capacidad notable, incapaces de aportar ninguna contribución útil a este continente.

Sus habitantes habían perdido hacía tiempo todo valor para la sociedad, hasta el punto de que el propio gobierno había decidido abandonarlos a su suerte. La “muerte” era su único destino final.

Yunhang estaba sentado en la terraza de su tercer piso. Sobre la elegante mesita que tenía frente a sí descansaban exquisitos pastelillos y una taza de té caliente que desprendía su aroma. Su panel terminal estaba abierto, mostrando las noticias más recientes, pero Yunhang no tenía ánimos para leerlas. Su ceño, finamente delineado, permanecía fruncido, y sus delgados labios, apretados mientras contemplaba en silencio el norte del continente.

Hoy era el tercer día desde que Yunhang había transmigrado dentro del libro, y aún no lograba discernir en qué punto de la trama se encontraba.

Hace unos días había terminado de leer una novela etiquetada como “satisfactoria” y de “venganza”, que narraba la historia de un protagonista de origen humilde quien, gracias a su esfuerzo, superaba todos los obstáculos hasta lograr finalmente dar muerte al villano final.

Aunque debería haberse tratado de una historia donde el héroe brillaba de principio a fin, Yunhang no pudo evitar quedar fascinado por la terrible tragedia que envolvía al villano principal.

Cang Yue, el gran antagonista de la historia, era un tritón que carecía por completo de habilidades propias de su raza, no tenía artes curativas, no podía convertir sus lágrimas en perlas, su capacidad física era de nivel inferior e incluso era incapaz de realizar las tareas domésticas más simples.

Se suponía que las sirenas poseían una belleza extraordinaria, pero Cang Yue ni siquiera había heredado esta cualidad innata de su especie.

El libro lo describía como de una fealdad extrema, rostro demacrado, cuencas oculares tan profundas que parecían abismos fantasmales, tez pálida y sin rastro de sangre, salpicada de manchas marrones. Su piel, dañada por una excesiva exposición al sol, comenzaba a pudrirse, dejando entrever escamas que ya se desprendían, mostrando costras sanguinolentas y carne ennegrecida por la necrosis.

La agencia de intermediación lo había acogido en varias ocasiones, pero resultaba tan inútil que, tras ser vendido y devuelto repetidas veces, finalmente lo abandonaron a su suerte.

El agua de mar era un recurso escaso y criar a una sirena resultaba enormemente costoso. ¿Quién estaría dispuesto a mantener gratuitamente a un ser tan grotesco e incompetente?

Era incluso más despreciado que los vampiros de más baja estirpe. Así, la agencia lo arrojó a la Ciudad del Desecho.

Condenado a una muerte segura, el tritón se escondía en los rincones más oscuros de la ciudad durante el día, sin atreverse a salir. Por las noches, recorría las casas llamando puerta por puerta, albergando la débil esperanza de que la oscuridad ocultara su horrible apariencia.

Sin embargo, las noches en el Continente Marino eran deslumbrantes, iluminadas por luces de vigilancia que surcaban el cielo para guiar a sus habitantes, haciendo que la fealdad del tritón quedara expuesta bajo una luz tan cruda como la del día.

Naturalmente, era rechazado una y otra vez, convirtiéndose en objeto de burlas.

En una ocasión, una mujer, aterrada por su aspecto, lanzó un grito desgarrador. La guardia acudió rápidamente y lo expulsó a latigazos, dejándole la espalda marcada con horribles cicatrices.

Logró arrastrarse de vuelta a la Ciudad del Desecho, con apenas un hilo de vida, ya incapaz de mantener su forma humana y mostrando una cola de sirena llena de llagas.

Fue entonces cuando un vagabundo se acercó sigilosamente y le robó el último mendrugo de comida que había logrado esconder bajo la tierra. Durante la lucha, el vagabundo pisoteó con saña su cola, y el tritón sintió cómo los huesos se le quebraban.

Los días siguientes, permaneció paralizado en el rincón más insignificante de la ciudad, expuesto al implacable sol, sintiendo con cruel lucidez cómo se deshidrataba lentamente. Era una agonía comparable a la muerte por mil cortes.

Debería haber muerto pero, contra todo pronóstico, sobrevivió.

Nadie lo amaba. Nadie le había mostrado la más mínima compasión. Era imposible que existiera alguien en el mundo capaz de apreciarlo.

Una semilla de oscuro odio comenzó a germinar en su interior. Un poder latente dentro del tritón empezó a despertar, y solo una idea obsesionaba su mente, matar a todos aquellos que lo habían despreciado y destruir ese mundo despiadado.

El tritón sucumbió a la oscuridad. Comenzó a recorrer de nuevo las casas, llamando a cada puerta.

Pero ya no suplicaba por comida o compasión. Ahora, cuando la puerta se abría, asesinaba sin piedad a quien tuviera al frente.

A su paso, solo quedaban cadáveres.

El Continente Marino se sumió en su época más oscura, hasta que el protagonista de la historia con espada en mano acudió para hacerle frente.

El clímax de la novela describía la batalla épica entre el villano y el héroe como un enfrentamiento sin precedentes, donde ambos contendientes parecían estar a la par.

Pero, al final, el villano no pudo superar la rectitud inquebrantable del protagonista, y encontró su fin bajo la hoja de la espada del héroe.

Yunhang había leído la historia hasta altas horas de la madrugada. Al final, ya ni recordaba las hazañas del héroe; su mente estaba saturada por el trágico pasado y el desolador final del tritón. Incluso en sus sueños, veía la cola ensangrentada del tritón y su vientre abierto de par en par.

Un dolor punzante le recorría el corazón, hasta el punto de que no tuvo ánimos para leer los episodios extra.

Sin embargo, al abrir los ojos al día siguiente, Yunhang descubrió que yacía en una lujosa villa. Afuera, asomaba la Torre de las Nubes, el edificio emblemático del Continente Marino, y el mayordomo, el tío Zhang, lo llamaba desde el corredor para desayunar.

Yunhang “…”

Había transmigrado a la novela.

El papel que ahora ocupaba no era el del protagonista, ni tampoco el del villano final.

Era el del personaje secundario que se burló del futuro villano y terminó trágicamente aplastado por él.

Yunhang “…”

Al recordar las espantosas muertes que sufrieron esos personajes en el libro, un escalofrío helado le recorrió la espalda.

La única forma de evitar su destino era acoger al tritón y guiarlo por el camino del bien.

Temeroso de perder su llegada, Yunhang incluso le había indicado al tío Zhang que deseaba revisar personalmente a cada desamparado que llegara pidiendo ayuda.

Pero ya habían pasado tres días sin que nadie apareciera en la puerta.

Recordaba que, en la trama original, después de que le aplastaran la cola, Cang Yue no había sucumbido de inmediato a la oscuridad. En cambio, se dirigió a una zona residencial humana, albergando la esperanza de que quienes eran famosos por su bondad innata lo ayudaran.

Pero se llevó otra decepción. Los humanos no fueron diferentes a las otras razas que había encontrado antes.

No solo se rieron de él y lo insultaron, sino que incluso lo golpearon contra el suelo, forzándolo a revelar su cola de sirena para luego arrastrarlo por ella y expulsarlo del área residencial.

Ese fue el último golpe que quebró definitivamente a Cang Yue.

Yunhang recordaba con claridad que, mientras leía esa parte, no pudo evitar maldecir contra ese idiota.

Y ahora…

Qué ironía: ¡ese idiota resultaba ser él mismo!.

La brisa nocturna sopló, diluyendo un poco el olor salobre del mar. Yunhang se masajeó las sienes, sintiendo que le estallaba la cabeza.

Había revisado las noticias recientes sin encontrar mención alguna a la expulsión de un tritón en ningún lugar. Consideró enviar a alguien a investigar a la Ciudad del Desecho, pero debido a la inminente reaparición de los dominios marinos, el gobierno mantenía una vigilancia estricta sobre esa zona.

Yunhang había heredado los recuerdos del personaje original. El cuerpo que ahora habitaba pertenecía al hijo menor del presidente del conglomerado alimentario más grande del Continente Marino. Quien realmente llevaba las riendas del poder era su hermano mayor. Aunque ese hermano aparentaba ser reservado y discreto, en realidad consentía de manera excesiva al personaje original, accediendo a casi cualquier capricho que no fuera demasiado extravagante. Para Yunhang, ir a la Ciudad del Desecho no sería difícil.

Pero el gobierno sin duda informaría a su hermano y este último vendría a preguntarle el motivo.

Yunhang no podía simplemente contestar “Voy a salvar a un tritón que está muriendo, es su única esperanza de sobrevivir”

Además, ni siquiera estaba seguro de si la trama había avanzado hasta ese punto. Prefería evitar complicaciones innecesarias.

Solo podía rogar que los eventos no hubieran llegado aún al peor desenlace.

Yunhang cerró la página de noticias y accedió a los foros en línea, la zona virtual más concurrida del Continente Marino, donde diferentes razas publicaban a diario compartiendo aspectos de sus vidas o eventos locales.

La sección más activa era la de los humanos, los principales arquitectos de esta sociedad. Muchas razas habían perdido sus dones innatos con el paso del tiempo, pero los humanos, como dominantes del continente durante milenios, obligaban a las demás especies a cooperar con ellos y adoptar una actitud sumisa si querían sobrevivir.

Los humanos publicaban con frecuencia, con nuevos hilos apareciendo a cada segundo, pero ninguno era de interés para Yunhang.

Añadió la palabra clave “tritón” y finalmente encontró información útil.

Era una publicación de un humano de otro sector residencial, contando que hace un tiempo había llegado un tritón de apariencia espantosamente fea, que había asustado a varios habitantes hasta el punto de hacer llorar a niños. Afortunadamente, la guardia de seguridad lo había expulsado a tiempo, evitando mayores problemas.

El corazón de Yunhang se estremeció. La trama ya había avanzado hasta ese punto.

¿Significaba eso que Cang Yue estaba ahora en la Ciudad del Desecho, esperando la muerte? O quizás, Cang Yue ya había venido a pedir ayuda, pero Yunhang no conservaba ese recuerdo.

Finalmente, entró en la sección dedicada a las sirenas. En marcado contraste con el bullicio de las otras razas, el foro de sirenas era extremadamente desolado. La publicación más reciente era de hace tres días, una sirena ofreciéndose en venta, detallando sus características, pero las respuestas eran escasas.

“Joven maestro.” El tío Zhang se acercó y le colocó una manta fina sobre los hombros “Debería descansar”

El tío Zhang había sido elegido personalmente por su hermano. Hombre de pocas sonrisas y rostro siempre severo, contaba con el respaldo total del hermano mayor y era extremadamente estricto al “corregir” al propietario original.

Quizás su hermano también se había dado cuenta de los graves problemas de carácter de su hermano menor, y tenía la intención de que el tío Zhang lo mantuviera bajo control.

El propietario original le tenía cierto miedo, pero mientras más miedo sentía, más se rebelaba, negándose siempre a obedecer.

Solo de pensar en el carácter del original, Yunhang sentía un profundo fastidio.

Las noches en el Continente Marino no eran frías. Al contrario, dado que la superficie terrestre ocupaba el 90% del territorio, el ambiente era más bien cálido y sofocante.

Pero por casualidad, el propietario original estaba enfermo cuando Yunhang transmigró, y todos se estaban siendo cuidadosos.

“¿Qué hora es?”, preguntó Yunhang.

“Las once y media”

Era tan tarde.

Yunhang volvió la mirada hacia el portón principal. Observó fijamente durante un rato, pero no vio nada.

El tío Zhang insto de nuevo “Joven maestro”

Yunhang retiró la mirada, doblando la manta fina y guardando su terminal. “De acuerdo”

Se levantó y, al entrar, echó un último vistazo persistente hacia atrás. Y entonces, se quedó paralizado.

A ambos lados del portón de hierro forjado crecían hortensias, cuyas exuberantes flores estaban en plena floración. Las luces de patrulla ya se habían retirado, dejando solo las lámparas del suelo emitiendo un resplandor tenue.

A lo lejos, una figura oscura se acercaba.

No era muy alto, sus pasos eran vacilantes y su cuerpo se balanceaba como si estuviera ebrio.

Lentamente, se acercó hasta quedar completamente expuesto bajo la luz de la lámpara.

Era un tritón. Un tritón extremadamente feo. Vestía con harapos que parecían haber sido lavados con cuidado, pero aun así se podían ver grandes manchas de sangre.

Iba descalzo, y no había una sola parte de su piel visible que estuviera intacta. Las escamas en sus muslos reflejaban un brillo plateado-rosado bajo la luz, pero era demasiado difuso para distinguirlo con claridad.

El tritón avanzaba con extrema lentitud, la agonía en sus pies hacía que cada movimiento fuera una lucha. Finalmente, se detuvo frente al portón.

Alzó la vista hacia la villa brillantemente iluminada y se quedó allí de pie, en silencio, sin reaccionar.

Sus ojos oscuros carecían de cualquier destello.

Después de un largo rato, el tritón finalmente reunió el valor para extender la mano.

Ding-dong. Sonó el timbre.

El tío Zhang frunció el ceño al instante y abrió la lista de contactos en su terminal. “Llamando a la guardia de seguridad…”

Pero antes de que pudiera terminar la frase, Yunhang cortó la comunicación de golpe.

En un abrir y cerrar de ojos, salió disparado de la terraza, bajó la escalera de caracol a toda prisa y en segundos llegó frente al portón principal.

El tritón pareció llevarse un susto de muerte, quedándose completamente petrificado.

Entonces, con una voz temblorosa y apenas un hilo de sonido, suplicó.

“Buenas noches, ¿necesita acaso un sirviente?”

Yunhang, aún más nervioso que él, respondió “Un sirviente no, pero las habitaciones en mi casa son bastante espaciosas. Si no te parece un inconveniente, ¿te gustaría quedarte?”

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Bezy
Admin
2 months ago

Me encanto este inicio ❤️

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