Luo Wenzhou volcó el paquete; no había nada más dentro. Pero justo entonces, su teléfono vibró al recibir una fotografía. Era de un camino de grava apartado, decorado con vegetación pulcramente dispuesta y una fuente de agua, solitario y estrecho, con un solitario cubo de basura sobresaliendo en medio. Debajo había un mensaje sin principio ni fin: de paso.
Luo Wenzhou se quedó pensativo mirando la fotografía durante un rato, pero a su lado, el Maestro Gato no tenía nada que hacer.
El nombre completo del Maestro Gato era “Luo Yiguo”. Era un gato de mediana edad, de siete años, cara redonda, ojos grandes y elegantes; sólo tenía un poco de mal genio.
Luo Yiguo golpeó la pierna de Luo Wenzhou con la pata; torciendo su trasero, se acercó a la esquina y se agachó, lleno de acusaciones, mostrando un cuenco de comida vacío al encargado de su caja de arena.
Inesperadamente, el estúpido grandote sólo le dirigió una mirada y permaneció totalmente impasible.
Al sufrir este desaire, Luo Yiguo se enfureció. Cargó con malicia y se levantó sobre sus patas traseras abrazándose a la pantorrilla de Luo Wenzhou, aullando mientras le arañaba la parte inferior del pantalón.
Luo Wenzhou se agachó y cogió a Luo Yiguo por el cuello, manteniéndolo en alto. “¿Ya te has cansado de vivir?”.
Con las patas colgando, Luo Yiguo emitió un ronroneo y le sacó la lengua con complicidad.
Luo Wenzhou puso los ojos en blanco y aflojó el agarre. El gatito se liberó hábilmente, dio una elegante voltereta en el aire y aterrizó sobre sus cuatro patas. Su deseo se cumplió rápidamente: recibió suficiente comida seca y una lata adicional de comida para gatos.
Luo Yiguo se sintió profundamente satisfecho; comprobó que el principio de “un garrote convierte a un hijo en un hijo filial” no le había llevado por el mal camino; de hecho, el encargado de la caja de arena no se comportaría a menos que le mordieran.
Luo Wenzhou se agachó despreocupadamente y acarició al gato durante un rato. Al recordar algo repentinamente, miró la gran cola peluda de Luo Yiguo: Tao Ran había encontrado a este antepasado mientras paseaba por el mercado matutino y lo había comprado para dárselo a Fei Du. Al principio, a Fei Du pareció gustarle, pero a los pocos días de habérselo llevado se enfadó y se negó rotundamente a quedárselo.
Tao Ran había venido desde otra ciudad. Cuando acababa de empezar a trabajar, no podía permitirse comprar una casa y alquilaba en todas partes; no se sabía cuándo tendría que mudarse, así que no le convenía tener una mascota. Había tenido que alojar al gato con Luo Wenzhou.
Luo Wenzhou odiaba a los gatos, odiaba a los perros, odiaba a los niños menores de dieciséis años. Se había enfadado hasta perder la cabeza. Había dado un solemne ultimátum a Tao Ran, jurando que si no encontraba otro hogar para el gato en el plazo de un mes, guisaría al molesto cuadrúpedoen una olla.
El resultado fue que siete años habían pasado en un santiamén, no se había encontrado otro hogar, y Luo Wenzhou había pasado de ser un carnívoro malhablado a un empleado de la caja de arena, trabajador e ingrato, mientras que Luo Yiguo había pasado de provisiones de reserva, a ser el amo de la casa.
Esto demuestra que los asuntos del mundo son realmente difíciles de predecir.
Luo Wenzhou se quedó pensativo mientras acariciaba al gato y, de repente, se levantó, cogió unas sobras de pan de la nevera y salió.
Las calles estaban relativamente desiertas cuando el capitán Luo, a quien nada le gustaba más que llegar al trabajo y salir exactamente a la hora prevista, regresó a la Oficina Municipal. Cuando entró en la oficina, aparte del oficial de guardia, encontró a otra persona, que seguía frotándose los ojos mientras repasaba las imágenes de vigilancia.
Los pasos de Luo Wenzhou se detuvieron. Suspiró. “Sabía que aún no te habrías ido”.
Tao Ran se estiró. “No tengo nada que hacer en casa, de todos modos. 𑁋¿Qué haces de regreso aquí?”.
“Me dio pena que siguieras este camino solitario realizando horas extras en mitad de la noche, así que vine a ofrecer mi ayuda a los necesitados”. Luo Wenzhou se contoneó a su lado y se sentó en su escritorio. “Trabajador Modelo, ¿has descubierto algo?”
“Las cámaras de seguridad de la Mansión Chengguang son todas externas. Nuestro personal técnico ha investigado todas las grabaciones de las ocho a las diez de la noche del día veinte. Las cámaras externas captaron claramente la cara de Zhang Donglai cuatro veces en total; según el reconocimiento facial, hay cuarenta minutos durante los cuales no estuvo ni en cámara ni dentro del club. Pero esos “cuarenta minutos” son producto de una suma. Cada vez que salió, fue por un tiempo relativamente corto. Sólo se desvió de su camino para evitar las cámaras en dos ocasiones: una fue sobre las diez, cuando salió con una chica durante unos quince minutos; miró deliberadamente hacia el lugar donde estaba situada la cámara. La segunda vez fue poco antes de las 12 de la madrugada. Después de medianoche, todas las cámaras del patio del club se apagaron, así que desconozco a qué hora regresó”.
Luo Wenzhou se frotó la barbilla. “¿Quince minutos?”
Tao Ran asintió con mucha seriedad. “Correcto. Si encontramos a la chica, debería poder actuar como testigo.”
Luo Wenzhou sacudió la cabeza. “Eso es realmente rápido”.
Tao Ran: “…”
Antes de que pudiera reaccionar, el tono de Luo Wenzhou cambió. Como un caballero íntegro, preguntó: “¿Está He Zhongyi en la cámara?”.
“No. Por la tarde han escogido veintitantas cámaras que pueden haber captado a He Zhongyi, pero en ninguna de ellas aparece su cara. Hay algunas que están más lejos; las he estado reproduciendo para echar un vistazo. Creo que no hay nadie que se le parezca. ¿De verdad crees que si el asesino hubiera matado a He Zhongyi en la mansión Chengguang, habría sido captado accidentalmente por las cámaras?”.
“Si las cámaras de las entradas y salidas no lo captaron, también es posible que el propio He Zhongyi estuviera evitando las cámaras de seguridad”. Luo Wenzhou se puso en pie y se paseó a espaldas de Tao Ran. “Pero si realmente no hubiera nada allí, Fei Du no nos lo habría dado”.
“Con más de cuatro horas y tantas cámaras, ¿cómo podría haber visto algo? Probablemente nos lo dio como referencia”.
Luo Wenzhou sacudió la cabeza. Al cabo de un rato, recordó algo súbitamente. “¿Qué acabas de decir? ¿Apagaron las cámaras del patio después de la medianoche?”.
“Así es. Sólo quedan encendidas las del aparcamiento y algunos caminos de alrededor”.
“Seguramente las desconectan para que no capten a una multitud de borrachos haciendo el ridículo. Las que quedan encendidas son para garantizar la seguridad”. Luo Wenzhou agarró el respaldo de la silla de Tao Ran. “Las cámaras de seguridad del patio deben colocarse donde puedan verlas los invitados, de modo que puedan evitarlas fácilmente si quieren. Pero fuera del club, para asegurarse de que no entren individuos no identificados, algunas de las cámaras quedarán ocultas… Sube las grabaciones de las que permanecen encendidas toda la noche”.
Antes de que terminara de hablar, Tao Ran ya las había subido.
Luo Wenzhou sacó su teléfono y miró la fotografía que había recibido. “¿Hay una cámara de seguridad instalada en un camino de grava junto a una fuente de agua?”.
“La verdad es que sí la hay”, dijo Tao Ran un poco inseguro.
La hora de la grabación de la cámara de seguridad era exactamente las ocho de la tarde. Toda la pantalla estaba inmóvil. Mientras la reproducían en avance rápido, la sombra oscura que bloqueaba la pantalla se alejó dando saltitos y despejó el lente de la cámara: había sido un pájaro.
Las cuatro esquinas de la grabación estaban oscuras, con una imagen en el centro; ésta se veía obstaculizada ocasionalmente por pájaros que iban y venían. La cámara estaba posiblemente oculta en un árbol. Poco antes de las ocho y cincuenta, una figura humana que se tambaleaba apareció cerca del cubo de basura que había bajo la cámara de seguridad. Tao Ran detuvo rápidamente la imagen.
Esta persona debía de haber venido a fumar junto al cubo de basura; no se había fijado en la cámara de seguridad en el árbol.
“Espera, esta persona… ¡Creo que tiene buen aspecto!”. Tao Ran escrutó cuidadosamente la imagen durante un momento, y luego suspiró. “Si las colillas siguieran ahí, podríamos saberlo con una comparación de ADN. Pero esta tarde llovió… A estas horas ya estará —¿De qué te ríes?”.
Luo Wenzhou sacó de su bolsillo una bolsa de pruebas que contenía algunas colillas. “Adelante, compara”.
Tao Ran estaba asombrado. “Cómo… Dónde…”
“Silencio.” Luo Wenzhou se llevó un dedo a los labios y dijo casi inaudiblemente: “Me lo envió un joven muy odioso”.
Tao Ran parecía aún más asombrado. ” ¿Ustedes dos han convocado un alto al fuego?”.
Luo Wenzhou se llevó una mano a la nuca y le regresó la cabeza a su posición anterior. “¿Hay otras pistas cercanas?”
“Um, espera un segundo.” Diciendo esto, Tao Ran desenrolló un mapa señalizado. “Este camino sólo va a dos lugares, la Mansión Chengguang en un extremo y una zona pública en el otro. Está claro que esta persona no se dirigió hacia la Mansión Chengguang cuando salió, sino que se fue por el otro lado… En cuanto sales a la carretera, hay una parada de autobús.”
“Me gustan las zonas públicas”, dijo Luo Wenzhou con una sonrisa. “Puedes investigar por ellas sin necesidad de hacerte el simpático con esta gente rica”.
Los dos salieron rápidamente de la Oficina Municipal y se dirigieron directamente al Departamento de Policía de Tráfico, cerca de la parada de autobús.
La noche era espesa, el rocío estaba a punto de descender. Luo Wenzhou apagó el aire acondicionado del coche y abrió la ventana para que se ventilara.
“Cualquier pista que encontremos esta noche”, dijo Luo Wenzhou, “no se lo digas a nadie todavía, ni siquiera a nuestros compañeros del equipo”.
Tao Ran se quedó paralizado. “¿Qué?”
“Nada. Supongo que en unos días, la suboficina solicitará formalmente que nos transfieran el caso”, dijo Luo Wenzhou. “En ese momento, te concentrarás en el caso de He Zhongyi; deja el resto en paz. Antes de que hayamos localizado al verdadero asesino, deja que Zhang Donglai permanezca unos días ‘bajo sospecha’. Tal vez incluso se acuerde de algo”.
Tao Ran oyó un inusual rastro de solemnidad en esas palabras y no pudo resistirse a inclinar la cabeza y mirarle.
Las comisuras de los ojos de Luo Wenzhou se levantaron. “Los dos somos solteros. Si vuelves a mirarme así, me comportaré como un salvaje”.
“Coquetear conmigo es gratis, ¿verdad?” Tao Ran hizo un gesto magnánimo con la mano. “Es cierto, hace tiempo que no te veo salir con nadie. ¿Qué pasó con ese tipo que vino a jugar billar con nosotros la última vez?”.
Luo Wenzhou dijo: “Oh, se fue a estudiar al extranjero. Está estudiando chino en Italia”.
Tao Ran casi se atraganta con su propia saliva. ” ¿Eres tan poco serio? ¿Por qué?”
Luo Wenzhou se encogió de hombros sin expresión. Tenía una mano en el volante y la otra en la ventanilla entreabierta. “¿Para qué quieres que sea digno de confianza? De todos modos, mi padre aún no se ha jubilado. Aunque nunca me ha dicho nada, al fin y al cabo no da muy buena impresión. Cuando se jubile dentro de un año o dos, quizá piense en buscarme uno adecuado. Además, estar solo es bastante bueno. —El viejo es realmente adicto al trabajo. Realmente no puedo comprenderlo. Llevo años queriendo jubilarme”.
Tao Ran suspiró. “Deberías estar contento con tu suerte. Tu familia es muy abierta”.
Luo Wenzhou escuchó el significado detrás de estas palabras e inmediatamente preguntó: “¿Tu familia te presiona para que te cases?”.
“Como no te imaginas”, dijo Tao Ran.
Luo Wenzhou le miró. “Yo tengo otros intereses. ¿Cuál es tu problema?”
Tao Ran pensó, y luego emitió una respuesta corta pero contundente: “Soy pobre”.
Luo Wenzhou no pudo evitarlo; se rió a carcajadas.
“¿De qué te ríes? Mi mísero sueldo apenas me alcanza para pagar un préstamo de vivienda. ‘Pobre’ es una realidad concreta”. Tao Ran se revolvió despreocupadamente el pelo desaliñado. “Aunque he conseguido reunir un anticipo, así que en cualquier caso cumplo los requisitos para acudir a una cita a ciegas. Creo que es suficiente para esta vida. No creo que sea absolutamente necesario casarse con una deidad”.
Luo Wenzhou hizo brillar los faros del coche en una señal de la calle y descubrió que no estaban lejos de su destino. Su mirada se posó tranquilamente en la carretera. “¿Hay una diosa?”
“En el último año de secundaria, había una compañera en el salón de al lado que se parecía a Angie Chiu“, cuenta Tao Ran. “Hace años que no estamos en contacto. Puede que ya esté casada, y si no lo está, eso no significa que yo tenga una oportunidad. —Ya casi hemos llegado, espera mientras llamo y hablo con los chicos que están de turno.”
Cinco minutos después, Luo Wenzhou aparcó el coche. Tao Ran estaba a punto de bajarse cuando Luo Wenzhou, girándose bruscamente hacia él, dijo: “Quiero preguntarte algo bastante serio”.
Tao Ran se quedó perplejo. “¿Qué?
“Suponiendo… digo sólo suponiendo que fueras una mujer”, dijo Luo Wenzhou, “¿querrías casarte conmigo o con Fei Du?”.
Tao Ran: “…”
“Suponiendo”.
Tao Ran lo consideró durante mucho tiempo y luego emitió una conclusión: “Si yo fuera una mujer, dudo que tuviera atención de sobra para ustedes dos. Me pasaría el día preocupándome por cómo salir del clóset con mi madre.”
“No hay salida. Todas las mujeres han muerto”.
“Entonces los otros…”
“Todos los otros hombres también han muerto.” Al decir esto, Luo Wenzhou no consiguió mantener la cara seria. Riendo, dijo: “Sólo somos nosotros dos”.
Con más de seis mil millones de personas aniquiladas por las breves palabras de Luo Wenzhou, las comisuras de los labios de Tao Ran se crisparon. Al final, dijo sin compasión: ” Entonces, creo que tendrás que ser tú”.
A pesar de todo lo que pudo hacer para contenerse, Luo Wenzhou no logró contener la sonrisa astuta de alguien que acaba de robar un pollo. “¿Me elegirías a mí? ¿Estás seguro?”
Tao Ran contó con los dedos. “Sólo puedo elegirte a ti. Creo que Fei Du no tendrá la edad legal para casarse hasta dentro de dos meses… ¿Qué estás haciendo?”.
Luo Wenzhou se reclinó en su asiento y se echó a reír como si acabara de conseguir una señal de victoria.
Tao Ran no entendía en absoluto de qué tenía que alegrarse. Reflexionó un poco, y entonces le sorprendió algo que le puso la piel de gallina. Sacudiendo la cabeza, salió del coche.
… No se dio cuenta de que Luo Wenzhou era tan sumamente desagradable como para grabar esta conversación.
Mientras no fuera en una propiedad privada como la Mansión Chengguang, investigar las grabaciones de las cámaras de seguridad era bastante fácil para el personal de la Oficina de la Ciudad.
La cámara de la parada de autobús no había captado a qué hora había llegado al barrio de la mansión Chengguang la persona que sospechaban que era He Zhongyi, pero sí les dio una enorme y agradable sorpresa: hacia las nueve de la noche, grabó a esa persona saliendo del camino, dirigiéndose directamente a la parada de autobús, esperando unos minutos y subiendo después al autobús número 34.
Durante ese tiempo, levantó la vista para examinar la información de la ruta, lo que fue suficiente para que Luo Wenzhou y Tao Ran determinarán que se trataba en verdad de He Zhongyi.
Mientras tanto, una clínica de asesoramiento psicológico había llegado al final de su horario de atención. El último cliente se levantó, se despidió amablemente del consultor y sacó una caja de bombones empaquetada con esmero. “Ha trabajado mucho, doctor Bai. Pensé que le gustaría este sabor, así que le he traído algunos para que los pruebe”.
El consejero ya estaba acostumbrado. Este cliente llamado Fei Du era muy bueno seduciendo a la gente. Repartía halagos gratuitamente, nunca llegaba tarde, nunca perdía el control de sus emociones y solía traer un pequeño detalle muy elegante pero no excesivamente caro; incluso todas las trabajadoras del aseo de la clínica lo conocían. Aún no le había dado las gracias cuando su teléfono vibró dos veces.
El consejero se tragó sus palabras y sonrió para indicarle que se adelantara y se encargará de ello.
Fei Du hizo un gesto de agradecimiento y comprobó que había dos mensajes en su teléfono.
El primer mensaje era muy breve: “Muchas gracias”.
El segundo tenía una grabación de audio adjunta y un mensaje que decía: “La cortesía exige reciprocidad”.
Fei Du puso el altavoz del teléfono junto a su oreja.
“Suponiendo que fueras una mujer, ¿querrías casarte conmigo o con Fei Du? … Todos los demás hombres también han muerto. Sólo quedamos nosotros dos”.
“Entonces supongo que tendrás que ser tú.”
“¿Me elegirías a mí? ¿Estás seguro?”
“Creo que Fei Du no tiene la edad legal para casarse hasta dentro de dos meses…”
Fei Du: “…”

0 Comentarios