Capítulo 10. No relacionado con el caso. Equipo I

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Capítulo 10- No relacionado con el caso — Equipo I

Aquel día, Cheng Jin llevó a Yang Sim a su casa. Durante los dos días siguientes, Yang Simi se quedó allí. Cheng Jin le preguntó si no tenía que ir a ayudar con la captura de Yu Feng, pero él negó con la cabeza, diciendo que rara vez participaba en ese tipo de actividades multitudinarias.

Cheng Jin tampoco necesitaba ayudar, así que siguió yendo a trabajar a la comisaría. Además, aquellos días no había demasiado trabajo, por lo que podía salir puntualmente. A la hora de salir, Yang Simi iba a recogerlo en coche: conducía un todoterreno muy llamativo. En cuanto Cheng Jin vio el vehículo supo que era muy propio de Yang Simi: estaba decorado con grafitis de estilo personal. Cheng Jin expresó de manera apropiada su admiración por el coche; por supuesto, él lo interpretó como: sabía que también te gustaría.

Era el 24 de octubre. Esa noche, Yang Simi le dijo a Cheng Jin, que, Yu Feng había sido detenido.

La mente de Cheng Jin no estaba en ese asunto. Mientras lavaba verduras, le preguntó a Yang Simi, que estaba cortando:

—Mañana es tu cumpleaños. ¿Ya has pensado qué regalo quieres?

Yang Simi manejaba el cuchillo con gran destreza, cortando el tallo de lechuga china en láminas con un grosor uniforme, no contestó, en cambio dijo:

—Si el Departamento de Seguridad quiere invitarte a unirte, espero que no rechaces de inmediato. Consideralo con calma.

Cheng Jin se quedó muy sorprendido.

—¿Por qué querría el Departamento de Seguridad que me uniera?… Está bien, puedo empezar a pensarlo ahora mismo. ¿Y tú qué quieres de regalo de cumpleaños?

—¿Puedo quedarme a vivir aquí contigo?

—Sí.

Cheng Jin pensó que debería haber comprado una casa con al menos tres habitaciones. El actual cuarto de invitados lo usaba como despacho; parecía que tendría que reorganizarlo, vaciarlo y asignárselo a Yang Simi. Además, habría que comprar muebles nuevos.

—¿Qué tipo de muebles te gustan?

Yang Simi lo miró con desconcierto.

—No pasa nada, puedo ayudarte a elegir —dijo Cheng Jin. Pensó en las aficiones de Yang Simi: el carillón de huesos que colgaba ahora mismo en el balcón y su todoterreno tan llamativo, y cambió de idea—. Mejor me encargo yo de decorar la habitación…

El 25 de octubre fue el cumpleaños de Yang Simi. El día anterior, Cheng Jin ya le había preguntado si tenía otros planes para esa fecha y, al saber que no, le pidió que dejara la noche libre y no organizara nada más. A Cheng Jin le gustaba mucho más planificar que dejarse llevar por las sorpresas, y con los demás actuaba igual. Más tarde se enteró de que, en años anteriores, Yang Simi solía cenar con Xie Ming el día de su cumpleaños.

Aquella mañana, Cheng Jin fue a la sala de archivos de la comisaría. Al regresar a la oficina, Ge Yue estaba saliendo. Al cruzarse, este le lanzó una mirada de reojo. Cheng Jin observó su espalda y le preguntó a Ye Lai, que estaba a su lado:

—Yezi, ¿qué crees que significa que me haya mirado así?

—No lo sé —rió Ye Zi—, pero el director te está buscando.

—¿Ah, sí? ¿Sabes por qué?

—No, pero he oído que ha vuelto a venir gente de arriba —dijo Ye Zi, asomándose hacia la puerta—. Ya está aquí.

Cheng Jin se volvió y vio a Yang Simi. Sonrió.

—Simi, ¿qué haces aquí? —Luego le explicó a Ye Zi—: Es un amigo mío, un asunto privado.

Yang Simi sonrió a Ye Zi y a los demás en la oficina, y le dijo a Cheng Jin:

—No es un asunto privado. Wei Qing también ha venido.

De camino al despacho del director, Cheng Jin le preguntó en voz baja a Yang Simí:

—¿Tiene que ver con lo que me dijiste anoche? No pensé que fuera a ser tan rápido.

—No es rápido. Llevaban tiempo queriendo hablar contigo, incluso antes de que nos reencontráramos.

Esta vez Cheng Jin sí se sorprendió. No se le ocurría qué podía haber hecho para llamar la atención del Departamento de Seguridad. Sin embargo, enseguida pensó en Xie Ming, la tía de Yang Simi. Quizá ella conocía los asuntos de aquel entonces. Más tarde, él había ingresado en la universidad policial y se había convertido en agente; para la directora Xie Ming, no debía de haber sido difícil seguirle la pista. Ahora, además, su relación con Yang Simi era bastante cercana… realmente se había vuelto demasiado visible.

Cheng Jin sintió una punzada de irritación.¿Qué pretendían exactamente?

Wei Qing estaba charlando con el director Zeng. Por el tono, parecían intercambiar simples cortesías. Cheng Jin intervino:

—Director, ¿me buscaba?

El anciano sonrió.

—Este señor Wei quiere hablar contigo.

Cheng Jin no esperaba que el director se refiriera a Wei Qing como “señor Wei”. Evidentemente, Wei Qing no había dicho su nombre completo ni su cargo. Cheng Jin frunció el ceño.

—Entonces, señor Wei, ¿qué asunto tiene conmigo?

Wei Qing notó que Cheng Jin no estaba de muy buen humor. No sabía el motivo, pero lamentó un poco no haber traído a Bu Huan; siempre había pensado que él era mejor manejando las relaciones interpersonales. En un principio, Wei Qing había querido citar a Cheng Jin en su propia oficina, pero Xie Ming insistió en que ellos debían ir a buscarlo, así causaría mejor impresión. A juzgar por la situación, parecía que se había equivocado.

Al ver que Wei Qing guardaba silencio, el director Zeng preguntó:

—¿Necesitan un lugar privado para hablar? ¿O prefieren que yo me retire a ocuparme de mis asuntos?

—No, director Zeng, ha habido un malentendido —respondió Wei Qing—. No hay nada inconveniente. Verá, Cheng Jin: estamos preparando la creación de un grupo de investigación de casos especiales, y queremos invitarte a gestionarlo o, mejor dicho, a liderarlo.

—¿Casos especiales? —Cheng Jin negó con la cabeza—. No tengo problemas con delincuentes comunes, pero si se trata de antiterrorismo o de secretos de Estado, me temo que se han equivocado de persona.

—No es eso. Son casos similares a los que hemos investigado juntos anteriormente.

—En ese caso, ¿no debería ser el Ministerio de Seguridad Pública quien crease un grupo de investigación?

Wei Qing lo miró pensativo. Cuando habían colaborado, la relación había sido bastante fluida. Creía que Cheng Jin no tenía el rechazo habitual hacia su departamento, pero ahora veía que tampoco era una excepción.

—En el Departamento de Seguridad nos encargamos principalmente de la seguridad integral interna, por lo que siempre hemos necesitado y preparado un grupo de casos especiales. Su función es ocuparse de asuntos que a la policía le resulta inconveniente manejar o que, por circunstancias internas, no conviene delegar en otros departamentos. Este grupo tendrá un contacto frecuente con la policía y, además, en las regiones locales contará con la máxima autoridad: podrá movilizar recursos de la policía local y de la policía armada…

—¿Y qué tiene todo eso que ver con que yo sea candidato?

—Tienes talento para este tipo de trabajo. Te incluimos como candidato desde hace tiempo, y tras dos colaboraciones estamos seguros de que eres la persona que buscamos.

Cheng Jin negó con la cabeza.

—Aquellos dos casos no fueron nada especial. Tuvimos suerte.

—Nosotros no creemos en la suerte —respondió Wei Qing—, ni creemos que tu alta tasa de resolución hasta ahora se deba solo a eso. Además, quizá te interese saber quiénes serían tus otros compañeros de equipo.

Le tendió una hoja de papel.

El director Zeng los observó un momento y consideró que su presencia ya no era apropiada.

—Tengo asuntos oficiales que atender. Continúen ustedes —dijo, y salió de la sala de reuniones, cerrando la puerta con cuidado.

Cheng Jin tomó la hoja y la recorrió con la vista. En ella figuraban los nombres de Yang Simi, Bu Huan, Han Bin, You Duo y Xiao An.

—¿Solo estas personas? En las dos ocasiones en que colaboré con ustedes, actué principalmente junto a ellos. ¿Fue algo planeado?

Wei Qing no lo negó ni lo afirmó.

—Son nuestros mejores talentos. Les agradas y te respetan. Por supuesto, si consideras que hay alguien más adecuado, puedes incorporarlo a tu grupo, siempre que supere la evaluación.

—¿Mi grupo? No, todavía no lo es —corrigió Cheng Jin. Miró a Yang Simi y preguntó—: ¿Cuánto tiempo tengo para pensarlo?

—¿Veinticuatro horas? —respondió Wei Qing. Tenía una noción muy clara del tiempo: cuanto más se prolongaba, más variables surgían.

Cheng Jin soltó una pequeña risa.

—¿Tan urgente? Bueno, sea cual sea la decisión, tampoco puedo hacerles perder demasiado tiempo. De acuerdo, lo pensaré con calma. Entonces, ¿lo dejamos aquí?

Wei Qing asintió. Cheng Jin los acompañó hasta la salida y le preguntó a Yang Simi:

—¿Esta noche vendrás a recogerme?

—Sí —respondió Yang Simi con firmeza.

Fuera del edificio de la comisaría estaba aparcado su coche, con el conductor esperando. Wei Qing y Yang Simi subieron y el vehículo se alejó rápidamente.

Cheng Jin regresó al edificio. Ge Yue se le acercó.

—¿Vas a irte con ellos?

Cheng Jin lo miró con expresión interrogante.

—Tengo mis propias fuentes de información —continuó Ge Yue—. El Departamento de Seguridad no es tan misterioso como la gente cree.

Cheng Jin sonrió. Sabía que Ge Yue era una persona discreta, y también había oído que tenía antecedentes familiares en el ámbito militar.

—Aún lo estoy considerando.

Ge Yue soltó una risa fría.

—No soporto esa actitud tuya. Hay gente que desea con todas sus fuerzas lo que tú tienes, y tú siempre pareces fastidiado por tener que elegir.

—Lo que más quería ya lo perdí hace tiempo —respondió Cheng Jin con calma—. Tú tampoco pensaste en entrar en el Departamento de Seguridad, si no, no serías policía. Y mírate, tampoco te gusta demasiado. Entonces, ¿no es normal que yo me plantee si ir o no?

—No es que no me guste el Departamento de Seguridad. No fui porque… —Ge Yue se detuvo de repente, impaciente—. ¿Para qué te cuento todo esto? ¡Haz lo que te dé la gana!

Cheng Jin observó su espalda alejarse con enfado. Chasqueó la lengua, negó con la cabeza y regresó a su oficina.

Ye Lai lo vio entrar.

—Jefe Cheng, ya ha vuelto. Pensamos que otra vez se lo habían llevado prestado.

—No, solo vinieron a preguntar algunas cosas —respondió Cheng Jin, retomando el informe que había dejado a medias.

Al ver que no tenía ganas de hablar, Ye Lai y los demás se dispersaron y volvieron a sus propios asuntos.

Cheng Jin estuvo concentrado escribiendo informes todo el tiempo, tenía un montón de pendientes. No fue hasta casi la hora de salir cuando recordó que pensaba invitar a cenar a Yang Simi y le preguntó a Ye Lai:

—¿Sabes qué restaurantes tienen buena comida? Nada de cocina sichuanesa ni sabores demasiado fuertes.

Él solía ir a sitios más bien picantes.

—Que el ambiente sea agradable… aunque tampoco es imprescindible. Si el estilo es algo peculiar, también vale.

—¿Vas a tener una cita? —Ye Lai se animó de inmediato.

—No. Es el cumpleaños de un amigo, voy a invitarlo a cenar. Creo que le gustan los locales con personalidad.

Ye Zi le recomendó varios sitios de estilos muy distintos: uno romántico con asientos en forma de columpio, otro decorado como un baño donde todos comían sentados en inodoros, otro de estilo rural… Al final, Cheng Jin eligió uno que entraba dentro de lo que podía aceptar y anotó la dirección y el nombre. El restaurante se llamaba Vagón Número 9, diseñado como una serie de vagones de tren, con una decoración interior que imitaba los antiguos trenes.

Sonó el teléfono. Cheng Jin contestó: era Yang Simi, que ya había llegado. Al salir, descubrió que el coche era el mismo en el que habían ido a la universidad médica aquel día. La puerta estaba abierta y se veía que todos los de entonces estaban dentro.

Bu Huan sacó la cabeza por la ventanilla.

—¡Sube rápido! ¿Sorpresa, eh? ¿Cómo íbamos a perdernos el cumpleaños de Xiao Yang? Hemos traído tarta.

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