«Capítulo 102: Emociones Estremecedoras»

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Frente a las bromas de sus compañeros, Pei Tingsong no cambió de expresión ni se alteró. Alzó una ceja y dijo: “Huo-ge siempre tiene la razón”.

Aunque decía eso, para evitar que Fang Juexia se sintiera incómodo, se aseguró de servirles sopa a todos, comportándose por una vez como un buen hermano menor.

La comida era fresca y variada, y estos chicos, acostumbrados a resolver sus comidas apresuradamente durante el trabajo, disfrutaron de una rara y deliciosa comida. Charlaron mientras comían, y la comida se prolongó por mucho tiempo.

Decidieron que por la tarde irían a montar a caballo, así que el personal los llevó primero a sus respectivos alojamientos. La zona de descanso era amplia, con seis villas con aguas termales, una para cada uno. Cada villa tenía su propio manantial privado en el patio, rodeado de rocas y árboles de ginkgo y osmanthus, lo que las hacía hermosas y privadas.

Después de cambiarse a los trajes de equitación proporcionados por el lugar, los seis salieron de la zona de descanso y tomaron un carrito para llegar al campo de equitación. Pei Tingsong, que había frecuentado clubes de equitación, estaba familiarizado con todo. Escogió un caballo que le gustó, montó con facilidad y tiró de las riendas para dar unos pasos.

Fang Juexia lo observó desde abajo. Vestido con un traje de equitación color beige, su rostro bajo el casco era apuesto y seguro mientras controlaba al caballo con destreza, galopando por la pista con el viento a su alrededor.

Era una imagen verdaderamente encantadora.

Aunque el ambiente era agradable, no era un club de equitación profesional, y no había muchos caballos. Jiang Miao, que siempre había tenido algo de miedo a los animales grandes, propuso no participar y se sentó bajo una sombrilla para ver a los demás. Aunque había tenido contacto con caballos durante el último rodaje, no era lo mismo que montar uno en movimiento, así que Fang Juexia, también un poco asustado, se unió a Jiang Miao para descansar.

“Da mucho miedo”, dijo Jiang Miao, tomando un jugo de la mesa. Destapó uno y se lo dio a Fang Juexia, y otro para sí mismo. “Toma un poco de agua”.

Fang Juexia pensó en su actuación y sonrió. “Miao-ge, ¿qué harás si te toca montar a caballo en un drama de época?”

Eso dejó a Jiang Miao pensativo, incluso detuvo el gesto de beber. “Bueno… si es para actuar, no habrá más remedio que hacerlo a regañadientes”.

Fang Juexia podía ver que realmente amaba actuar. La última vez que lo visitó en el set, lo observó filmando desde el monitor y sintió que tenía mucho talento.

“Eres tan dedicado que seguro tendrás más oportunidades de actuar en el futuro”, dijo Fang Juexia.

Jiang Miao dejó la botella de vidrio. “¿Y tú? Si las actividades grupales llegan a un punto en el que puedan desarrollarse libremente en sus carreras, ¿qué te gustaría hacer?”

Fang Juexia lo pensó seriamente. “Seguiría cantando y bailando. También me gustaría ser cantautor. Realmente amo el escenario”. Luego miró a Jiang Miao con ojos claros. “Pero me gustaría seguir con ustedes. Cada uno puede hacer su trabajo, y cuando regresemos, los seis podemos reunirnos y volver al escenario. Me gustaría que fuera así incluso dentro de diez años”.

Sin darse cuenta, expresó sus verdaderos sentimientos. Se reclinó en la silla, estiró las piernas y murmuró: “No sé si para entonces todavía habrá alguien que quiera escucharnos cantar…”.

Sin darse cuenta, había expresado sus pensamientos más íntimos. Estiró las piernas con comodidad, se recostó en la silla y murmuró: “No sé si para entonces todavía habrá alguien que quiera escucharnos cantar…”

A unos diez metros de distancia, Ling Yi no podía controlar su caballo, por lo que el entrenador tuvo que ayudarlo. Pero él seguía gritando: “¡Ay, mi trasero me duele de tanto rebotar!”. Los otros tres, que aún estaban montados, se detuvieron para reírse de él. Incluso Fang Juexia, sentado en su silla, no pudo evitar sonreír.

Jiang Miao observó en silencio a Fang Juexia. Aquel rostro que a los demás siempre les parecía frío e indiferente, en realidad se volvía suave y cálido cuando sonreía.

“Juexia, has cambiado mucho este último año”.

Al escuchar esas palabras, la sonrisa de Fang Juexia se desvaneció levemente. Volteó a mirar a su líder, con una expresión de sorpresa apenas contenida en sus ojos.

“En realidad, no es que hayas cambiado”, Jiang Miao sonrió. “Más bien, finalmente has bajado la guardia”.

Jiang Miao era un observador gentil, eso Fang Juexia lo sabía desde hace tiempo. No lo negaba. Este año, en efecto, había dejado atrás muchas cosas que antes no podía superar, aprendiendo a soltar y también a abrazar lo nuevo.

“Sí”, Fang Juexia miró a Pei Tingsong, quien galopaba con destreza en la distancia. “Los humanos somos animales que nos influenciamos mutuamente”.

Jiang Miao siguió su mirada y una sonrisa de comprensión apareció en sus labios. “Así es”.

“Pero diez años no son suficientes. Nos quedan muchas décadas por delante”.

Fang Juexia le sonrió y tomó otro sorbo de su jugo de albaricoques dulces.

“¿Quieren que les enseñe?” Pei Tingsong, después de dar tres vueltas al trote, tiró suavemente de las riendas y se acercó a donde estaban Fang Juexia y Jiang Miao. “¿Miao-ge, te animas?”

Con solo ver acercarse al caballo, Jiang Miao instintivamente se inclinó hacia atrás, como queriendo esconderse. “Mejor no. Lleva a Juexia a dar un par de vueltas”.

Al verlo tan asustado, Pei Tingsong no insistió. Simplemente ayudó a Fang Juexia a montar, rodeándolo con sus brazos desde atrás. La excusa perfecta de que no había suficientes caballos le permitía compartir el mismo animal con él. Al principio, Fang Juexia estaba algo nervioso, pero poco a poco encontró el ritmo.

“¿Te diviertes, gege?” Pei Tingsong inclinó ligeramente la cabeza, acercando sus labios al oído de Fang Juexia. El sonido del viento y su voz grave se mezclaron, golpeando directamente su corazón. La espalda de Fang Juexia ardía por el contacto con el pecho de Pei Tingsong. Haciendo un esfuerzo por mantener la vista al frente, reguló su respiración y concentró toda su atención en el galope del caballo.

“Si no dices nada, es porque no te estás divirtiendo lo suficiente”. Pei Tingsong interpretó a su manera el silencio nervioso de Fang Juexia. Tiró bruscamente de las riendas, desviando al caballo hacia una valla de obstáculos. Contra el viento, Fang Juexia apenas podía mantener los ojos abiertos. Su corazón latía con fuerza, el peligro liberando adrenalina, y sin querer, se pegó aún más al pecho de Pei Tingsong.

“¿Tienes miedo?” Pei Tingsong lo abrazó con fuerza, inclinándose junto a él hasta casi pegarse al lomo del caballo.

No sabía si era por su obstinada costumbre de competir con Pei Tingsong o porque la confianza hacia él había brotado de repente, pero aunque al principio sí sintió miedo, ahora Fang Juexia en realidad ya no estaba tan asustado. La valla estaba justo frente a ellos, acercándose cada vez más. Fang Juexia abrió los ojos, viendo cómo la distancia se reducía abruptamente entre los sacudones, mientras el cuerpo de Pei Tingsong lo envolvía con seguridad, como si fueran uno solo.

En el instante del salto, el caballo se arqueó hacia atrás bajo ellos. Pei Tingsong lo sostuvo en el aire, suspendidos en el viento, y su corazón también se elevó, tan alto que Fang Juexia estuvo seguro de que, por un segundo, había dejado de latir.

En ese breve momento, Pei Tingsong, aún inclinado sobre él, besó su oreja. La complicidad nacida del peligro fue más directa que cualquier hormona. Las patas del caballo tocaron el suelo, y ellos superaron el obstáculo ilesos, regresando a tierra firme. El corazón de Fang Juexia, antes agitado, volvió a su lugar, golpeando con fuerza su pecho.

Los dedos de Pei Tingsong tensaron las riendas, y el caballo, ahora dominado, redujo gradualmente su velocidad, pasando del galope a un paso tranquilo. “Cuando saltas y quedas suspendido en el aire, los sentidos se intensifican. Es como una ilusión de estar al borde de la vida y la muerte, igual que cuando saltas en bungee”.

Y realmente lo había estado, al borde, especialmente para alguien como él, sin experiencia alguna. El corazón de Fang Juexia no lograba calmarse al ritmo de los cascos del caballo, y su respiración seguía agitada. No podía decidir si el salto en bungee había sido más peligroso o si ese momento acababa de ser más aterrador.

En su aturdimiento, escuchó a Pei Tingsong decir con su tono habitual de indiferencia. “Si lo piensas bien, técnicamente ya he muerto abrazándote dos veces”.

Era una frase de mal augurio, y hasta Fang Juexia, firme materialista, se alarmó. Volteó a regañarlo: “No digas eso”.

Al ver su expresión seria y adorable, Pei Tingsong solo quiso besarlo, pero se contuvo. En cambio, esbozó una sonrisa y fingió inocencia. “¿El qué? ¿Lo de morir?”.

“Tú…” Este chico es incorregible, pensó Fang Juexia, sin ganas de seguir la discusión. Volvió la cabeza, decidido a bajarse del caballo.

“¿Por qué te asusta? ¿Tienes miedo de que muera?” Pei Tingsong lo sujetó para impedírselo, bajando la voz. “Aún prefiero morir sobre ti todas las noches”.

¡Desvergonzado!

Fang Juexia lo empujó de inmediato, sin importarle si caería o no, y se bajó del caballo de un salto. A lo lejos, He Ziyan y Lu Yuan, cada uno montando su propio caballo, observaban la escena con diversión.

“¿Qué le habrá hecho Xiao Pei a Juexia ahora?”

He Ziyan se rió, moviendo la cabeza. “Ay, nunca pensé que nuestro pequeño iceberg terminaría convirtiéndose en una bomba de furia”.

“¡Me duele mucho el trasero! ¡Ya no quiero seguir montando!” El pobre Ling Yi pataleaba con sus piernas cortas sobre el caballo, sin que nadie fuera a rescatarlo.

Cuando terminaron de divertirse, el sol también había terminado de jugar, arrastrando sus últimos destellos para esconderse entre los picos de las montañas lejanas. Los días del final del otoño eran cortos, la oscuridad llegaba rápido y el viento era fresco, lo que hacía que la noche fuera perfecta para sumergirse en las aguas termales. Después de pasar toda la tarde en el campo de equitación, Fang Juexia no quería ir directamente a los baños termales, así que acordaron regresar primero a ducharse antes de disfrutar de los manantiales.

Las seis villas estaban ubicadas una al lado de la otra, pero cada una tenía su propio jardín privado, separadas por pequeños senderos sinuosos que añadían cierta distancia entre ellas. Todos regresaron riendo y alborotados, y uno por uno se metieron en sus respectivas casas. La villa de Fang Juexia era la más alejada, junto a un lago. Después de despedirse de los demás, se quedó solo, y de repente todo a su alrededor se volvió silencioso.

Era una persona metódica, así que ni siquiera se tomó el tiempo de ver cómo era su habitación y fue directamente al baño. Aunque se duchó rápidamente, no pudo ganarle a la prisa con la que el crepúsculo se convertía en noche. Para cuando cerró la llave del agua, afuera ya estaba completamente oscuro.

Apenas cesó el sonido del agua, alguien llamó a la puerta. Fang Juexia, descalzo sobre los azulejos negros, tomó una bata del estante y se la puso. Abrió la puerta del baño, se calzó unas pantuflas y, ajustándose la bata, caminó por el corredor que bordeaba el manantial privado. Pequeñas linternas colgaban del techo del pasillo, proporcionando apenas suficiente luz para ver. Pisando hojas de ginkgo, llegó a la entrada y abrió la puerta.

Fuera, en el marco de la puerta de madera, no había nadie más que Pei Tingsong. Vestido con una bata negra como la tinta, su cabello semiseco caía desordenado y natural, creando un contraste perfecto con los árboles de ginkgo detrás de él. Tenía una aura extraña, a medio camino entre la adolescencia y la madurez masculina.

Fang Juexia no dijo nada, como si tampoco le sorprendiera verlo allí. Simplemente se pasó los dedos por el cabello mojado, apartándolo hacia atrás para revelar su frente blanca e impecable.

Era tan hermoso que Pei Tingsong no podía apartar la mirada. La bata color luna le quedaba holgada, dejando al descubierto un cuello largo y pálido. La esquina de sus labios se curvaba ligeramente, y una gota de agua que pendía de las puntas de su cabello mojado cayó sobre su hombro, dejando una pequeña mancha oscura.

La luz de las linternas, incapaz de ser contenida por el papel, iluminaba a Fang Juexia. Sus ojos fríos y distantes escondían una ternura casi imperceptible, más hermosa que una flor de campanilla a punto de abrirse bajo la luna.

Al ver esta escena, el corazón de Pei Tingsong se estremeció. Pensó que esta imagen era tan bella que la recordaría por el resto de su vida.

“Te extrañé”, dijo Pei Tingsong, avanzando un paso para abrazarlo. Pero Fang Juexia retrocedió, pisando una rama seca que crujió bajo su peso.

“No aquí”, murmuró Fang Juexia en voz baja.

No había ninguna insinuación en sus palabras; simplemente no quería que los vieran abrazándose. Pero para Pei Tingsong, esas dos palabras sonaron como una invitación cargada de significado. Tomó la muñeca de Fang Juexia y lo llevó consigo a través del corredor de madera. Con un empujón, abrió la puerta de la habitación que ni siquiera Fang Juexia había tenido tiempo de explorar.

La habitación estaba sumergida en la quietud de la noche, pero la irrupción de Pei Tingsong creó ondas en esa calma. Fang Juexia solo veía oscuridad, y la única guía era la mano que lo sujetaba por la muñeca.

“Enciende la luz, Pei Tingsong”.

“No”, respondió Pei Tingsong, atrayéndolo hacia su pecho en un abrazo apretado. Bajo las delgadas batas, sus cuerpos por fin se encontraron.

No podía ver, pero sintió unas manos cálidas sostener su rostro antes de que unos labios igualmente cálidos se posaran sobre los suyos, seguidos de un beso tan intenso que parecía capaz de arrastrarlo al abismo.

“Mmm…”

La suave y vulnerable superficie interior de su boca fue invadida sin piedad. La punta de una lengua traviesa exploró el contorno de sus dientes. Fang Juexia siempre había temido los besos repentinos, esos que podían arrebatarle el alma en un instante. En el momento en que aquella lengua forzó su entrada, sus piernas perdieron toda fuerza, convirtiéndose en débiles ramas de sauce a punto de caer en un estanque. Pei Tingsong lo empujó paso a paso, avanzando hacia las profundidades de la habitación entre besos imposibles de resistir.

La luz de la luna se derramaba a través del enorme ventanal, bañando por completo a Fang Juexia. Nadie podía verlo, ni siquiera él mismo era consciente de lo hermoso que lucía en ese momento. Solo existía reflejado en los ojos de Pei Tingsong.

Su belleza era del tipo que debía admirarse desde lejos, intocable. Cuanto más inalcanzable parecía, más deseaba Pei Tingsong profanarla.

El beso se profundizó. Fang Juexia, incapaz de ver nada, solo podía entregarse. La habitación vacía lo hacía sentirse inseguro. Retrocedió mientras se besaban, hasta que su espalda chocó contra algo. Por un momento pensó que había encontrado apoyo pero era frágil, apenas un biombo que cedió al instante bajo su peso, inclinándose peligrosamente hacia atrás.

Lenguas entrelazadas, pies sobrepuestos. Las hormonas bailaban en la oscuridad. El deseo era una enfermedad intangible, y todo lo que necesitaba para infectar un cuerpo era un beso.

Su oído sensible captó un sonido húmedo, como el de dedos hundiéndose repetidamente en un melocotón maduro. Fang Juexia ya no podía ocuparse de controlar su respiración o los latidos de su corazón. Con la cabeza inclinada hacia atrás y sostenido por Pei Tingsong, justo cuando estaba a punto de perder la razón, de pronto escuchó voces afuera, eran Ling Yi y Lu Yuan.

“El jardín de Juexia es precioso.”

“¿No son todos iguales?”, dijo Lu Yuan, incapaz de notar la diferencia. “Tengo hambre. ¿Podemos comer mientras nos remojamos en las termales?”

“Supongo que sí.” Ling Yi subió al corredor y llamó: “¡Juexia!”. Luego, extrañado, añadió: “¿Por qué no hay luces encendidas?”

“Cierto”, coincidió Lu Yuan. “¿Cómo ve en esta oscuridad?” La puerta no estaba cerrada, así que la abrió. El interior estaba igualmente oscuro. Ling Yi encontró el interruptor junto a la entrada y lo accionó con un clic. La habitación, ahora iluminada, estaba vacía.

“De verdad no está”, dijo Ling Yi, distraído por el ventanal. “¡Wow! La vista desde esta habitación es increíble. ¡Tiene todo el lago en frente!”

“Deberíamos haber sorteado las villas”, se lamentó Lu Yuan. Mientras recorría el lugar con la mirada, notó el biombo caído y se acercó para levantarlo.

Los pasos se aproximaban mientras a solo unos metros del biombo, dentro de un armario, Fang Juexia se escondía con el corazón latiendo a toda velocidad.

“¿Por qué está caído este biombo?” A través de la delgada madera del armario, las voces de sus compañeros resonaban como pisadas sobre su pecho. En cualquier momento podrían abrir la puerta del armario, igual que aquella vez durante la transmisión en vivo, solo que esta vez sería indistinguible de ser descubiertos como algo mas comprometedor.

Pei Tingsong disfrutaba de lo excitante de la situación e intentó besarlo, pero Fang Juexia se tapó la boca con firmeza, negándose a soltarse. Ante esto, Pei Tingsong optó por depositar suaves besos en el dorso de su mano, mientras su lengua trazaba el contorno de los espacios entre sus dedos.

“La cama de Juexia es diferente a la mía. Quiero probarla.”

“No la desordenes.”

Fang Juexia no podía preocuparse menos por su cama en ese momento. Incapaz de besarlo, Pei Tingsong encontró un nuevo pasatiempo, tomó su lóbulo entre los labios. Aquel pequeño punto suave casi parecía derretirse. El sonido de su respiración agitada se expandía en el espacio, aumentando el pánico de Fang Juexia. ¿Podrían escucharlos? ¿Qué harían si los descubrían?

“Ni siquiera se llevó su teléfono. Está sobre la cama.”

“¿Quién lleva el teléfono a las termales? Solo a ti se te ocurriría.”

Pero Fang Juexia no podía apartar a Pei Tingsong. Cualquier resistencia solo generaría más ruido. No le quedaba más que rezar para que sus compañeros se fueran pronto y dejaran en paz esa pequeña habitación. Pei Tingsong, aprovechándose de su incapacidad para oponerse, se volvió aún más atrevido. Depositó besos silenciosos a lo largo de su cuello, descendiendo hasta la clavícula. Sus dedos se enredaron en el cordón de la bata, desatándolo con una lentitud deliberada, como si estuviera desenvolviendo un regalo largamente esperado.

La holgada bata se deslizó de sus hombros, revelando una extensión de piel blanca como la nieve, ahora expuesta y cubierta a su vez por los besos de Pei Tingsong.

Fang Juexia, hipersensible, temblaba en sus brazos, sin soltarse la boca. En su visión nublada, sintió cómo Pei Tingsong descendía sin pausa hasta tomar uno de sus pezones entre los labios, dibujando círculos con la lengua. El abdomen de Fang Juexia se tensó al instante, concentrando todas sus fuerzas en no emitir ni un sonido.

Pei Tingsong podía sentir su miedo como cada músculo de su cuerpo estaba rígido, y eso lo divertía aun mas. Con una malicia calculada, mordió suavemente el pezón, provocando que Fang Juexia soltara un gemido casi imperceptible, semejante al piar de un polluelo caído del nido, desvalido y patético.

Fang Juexia subía que había hecho ruido. El pánico lo invadió al imaginar cómo explicaría su estado deplorable a sus compañeros. Lo que no sabía era que ese sonido mínimo había quedado ahogado bajo la charla de Ling Yi y Lu Yuan. Ignorando que seguía a salvo, suplicó en silencio a Pei Tingsong que se detuviera, aferrándose a su brazo con desesperación y sacudiendo la cabeza.

Pero Pei Tingsong, por fin, logró besarlo como deseaba. Su lengua recorrió la hilera de dientes impecables antes de perseguir la lengua tímida de Fang Juexia. Como si temiera que su aventura secreta pasara desapercibida, cada sonido contenido tras la delgada madera solo intensificaba su placer. La lengua de Pei Tingsong chocaba contra la suya con una ferocidad que lo obligaba a contener incluso el tragar porque hasta eso podría delatarlos, dejando que la sensación lo inundara por completo.

Fang Juexia siempre había creído que su tolerancia era alta, pero nunca se había sometido a una prueba así. No era un beso, sino un cuchillo romo desgarrando una herida que le picaba provocando a la vez éxtasis y tormento.

(Las termales tendrían que esperar…)

(Advertencias: control de la eyaculación, lenguaje explícito, nalgadas, toques ligeros de SM (aunque casi imperceptibles). Fang Juexia siempre ha tenido un toque de sadomasoquismo en la cama, y Xiao Pei, con su estilo extranjero, siempre ha sido más audaz. La próxima vez podría ser aún más intenso. Todo esto es parte del juego amoroso, no lo tomen en serio. Si no les gusta, no lo lean, gracias).

“Probablemente ya se fue, deberíamos irnos también. Miao-ge nos está esperando.”
“Bueno, ¿por qué todos son tan rápidos?”

Al sentir que se iban, Fang Juexia sintió que volvía a la vida. Pero entonces, inesperadamente, Pei Tingsong abrió completamente su bata, y dondequiera que sus dedos tocaban, dejaban un rastro de electricidad. Para su sorpresa, Fang Juexia no llevaba nada debajo, solo piel suave.

¿Cómo podía haber sabido que Fang Juexia, al escuchar su voz, había salido a abrir la puerta apenas cubierto por la bata, solo para caer en sus manos? Al escuchar los pasos de sus compañeros alejarse hacia la puerta, su corazón finalmente se relajó. Pero de repente, Pei Tingsong tomó su semierección en la mano, y Fang Juexia estuvo a punto de perder toda razón. Mordió su labio con fuerza, la respiración entrecortada, su única preocupación siendo la ansiedad. Pei Tingsong era como un verdugo experto en la muerte por mil cortes: su palma acariciaba la rosada punta, recogiendo el líquido resbaladizo, mientras su pulgar e índice apretaban suavemente y deslizaban hacia abajo, retirando el delicado prepucio y presionando el eje. La oleada de placer lo golpeó como un rayo, corriendo por su espina dorsal.

Quería gritar.

“Oye, espera.”

Los pasos regresaron.

“¿Qué pasa ahora?”

“Olvidé mi teléfono.”

Pei Tingsong redujo su ritmo cruelmente. Al ver que Fang Juexia ya estaba al límite de la excitación, soltó su agarre y se inclinó para lamer su pecho.

Esta vez, los intrusos realmente se habían ido. Con un clic, la habitación volvió a sumirse en la oscuridad. La puerta se cerró con un sonido sordo, y finalmente, la pasión contenida pudo liberarse. Sin restricciones ahora, Pei Tingsong empujó a Fang Juexia contra el interior del armario, besándolo con la ferocidad de una bestia. Su mano diestra se movía cada vez más rápido alrededor del miembro de Fang Juexia, tan elegante como el resto de él. Después de tanto tiempo reprimiéndose, Fang Juexia no pudo evitar gemir suavemente. Este pequeño armario se había convertido en una caja secreta de deseo, conteniendo pasiones que no podían nombrarse en voz alta.

Al sentir que Fang Juexia comenzaba a temblar en sus brazos, su cuerpo tensándose una vez más, Pei Tingsong supo que estaba al borde del climax. Pero no tenía intención de dejarlo llegar tan fácilmente. Con un movimiento experto, rodeó la base de su erección con los dedos, evitando que eyaculara.

Dio una excusa perfectamente razonable: “¿Cómo limpiaríamos si te corres aquí dentro?”

Fang Juexia lo creyó. Incluso cuando su cuerpo entero temblaba de necesidad, lo creyó. Cubierto de una fina capa de sudor, se desplomó contra el pecho de Pei Tingsong. Quizás por haber tenido que permanecer en silencio antes, ahora sus palabras fueron sorprendentemente directas. “Duele…”

“¿Te duele estar encerrado aquí?”, preguntó Pei Tingsong, sabiendo muy bien la respuesta. Solo cuando el impulso de Fang Juexia de eyacular disminuyó, lo sacó del armario y lo llevó hasta la cama. El orgasmo interrumpido le había robado todas sus fuerzas. Agotado, Fang Juexia yacía sobre las sábanas, un hilo de saliva brillante en la comisura de sus labios. Demasiado exhausto para sentir vergüenza, su bata abierta revelaba su cuerpo desnudo sobre la cama. Era como el pistilo de una flor, despojado de sus pétalos, al borde de la muerte.

La cama mullida estaba colocada justo frente al ventanal, ofreciendo una vista completa del lago bajo el cielo nocturno. Era como una habitación semiabierta. Antes no le había parecido especial, pero ahora, con la lujuria nublando su mente, era el escenario perfecto para el sexo. Pei Tingsong miró la luna a través del cristal antes de desatar la cinta de su propia bata. La tela cayó, revelando sus músculos jóvenes y tensos.

“Ahora entiendo por qué dijeron que la vista era buena”, murmuró Pei Tingsong, parado al borde de la cama. Se inclinó para tomar los tobillos de Fang Juexia y tirar de él hacia sí, hasta que sus labios pudieran encontrarse de nuevo y esas piernas largas y pálidas pudieran enredarse alrededor de su cintura. “Es demasiado perfecto para hacer el amor.”

Sus palabras fueron como un fósforo encendido, arrojado al corazón de Fang Juexia e incendiando toda una pradera.

No pudo hacer más que perderse en los besos de Pei Tingsong, abriendo las piernas con docilidad y dejando que esa voz elogiada por todos gimiera para él. Él era ahora el melocotón maduro, abierto por los dedos de Pei Tingsong, con jugo pegajoso fluyendo de la herida. Cuanto más profundo y rápido iban esos dedos, más fuerte se hacía el sonido húmedo.

Cuando las yemas de los dedos encontraron ese punto sensible, Fang Juexia se arqueó por completo, los músculos de su cintura flexible tensándose visiblemente. Gritó el nombre de Pei Tingsong con voz quebrada, extendiendo los brazos para abrazarlo.

“¿Te sientes bien?”, preguntó Pei Tingsong, presionando ese punto mientras besaba suavemente su mejilla.

“Sí… sí…”, Fang Juexia ya había perdido toda coherencia, girando la cabeza para buscar sus labios. Pero Pei Tingsong lo esquivó, aumentando la presión de sus dedos contra ese lugar dentro de él. “Gege, ¿te vas a venir así?”, preguntó con malicia.

El vientre de Fang Juexia se tensó aún más, una ola de calor ardiendo en sus entrañas. “Mmm… quiero… venir…”

“Eso no puede ser.” Al sentir cómo los músculos internos de Fang Juexia se apretaban alrededor de sus dedos, Pei Tingsong usó su otra mano para agarrar su miembro, deteniendo simultáneamente la estimulación a su próstata. Fang Juexia, una vez más interceptado en su camino al orgasmo, se retorció bajo él. “Realmente duele… Pei Tingsong, eres… un idiota…” Débilmente, golpeó el pecho de Pei Tingsong con un puño, lo que solo sirvió para excitar más al joven. “Solo estoy ayudándote con el control de tus eyaculaciones, gege. Siempre terminas viniéndote tres o cuatro veces cuando follamos, y luego me echas la culpa.” Inclinándose, lamió el pezón erecto de Fang Juexia. “Esta noche solo se te permite venir una vez.”

“No… de verdad me siento mal, Tingsong…” La voz de Fang Juexia sonaba débil y quebrada, “Me duele mucho…”

“Yo también, gege. Mira lo duro que estoy”, dijo Pei Tingsong parado al borde de la cama, tomando su pie y colocándolo sobre su erección. “¿Lo sientes?”

La planta de su pie podía sentir hasta las venas palpitar bajo su piel. El lugar donde Pei Tingsong le sujetaba el tobillo ardía. Fang Juexia apartó el rostro, mordiendo su labio inferior con vergüenza.

“Si quieres que me corra, abre bien las piernas y prepárate para recibirme”.

Dominado por el deseo, Fang Juexia ya no tenía capacidad de resistirse. Solo podía obedecer. Pei Tingsong se arrodilló en el borde de la cama, guiando su miembro hacia el orificio ya relajado. En el instante en que entró, Fang Juexia gritó. Aquella cosa dura y gruesa parecía partirlo en dos: una mitad lúcida y contenida, la otra perdida en el placer.

La cabeza del miembro rozó las paredes internas, avanzando hasta que los testículos chocaron contra la entrada. Pei Tingsong premió su obediencia con un beso en su rostro sudoroso. “Eres tan bueno, gege. Me has tragado por completo”.

Sin más preámbulos, comenzó a moverse con rapidez. Fang Juexia, con la frente apoyada contra la de él, gemía entre embestidas, llamándolo entrecortadamente, cada vez más alto: “Ah… ah…” De pronto, Pei Tingsong redujo el ritmo. Sin prisa, cada dos segundos una embestida, pero cada una llegando hasta el fondo. Los gemidos de Fang Juexia cambiaron con cada penetración profunda le arrancaba un sonido que se elevaba en el aire para luego cortarse abruptamente, solo para repetirse una y otra vez.

“Más rápido… Tingsong, Tingsong…”

A Pei Tingsong le encantaba cuando Fang Juexia suplicaba en la cama. Porque era genuino. Así que complacía sus deseos, empujándolo hasta convertirlo en un barco a merced de las olas, hasta que esas piernas que solo se tensaban al bailar ahora se enroscaban alrededor de su cintura, hasta que el interior palpitante se mostraba, hasta que sus labios ya no podían contener los gemidos.

El repentino sonido de un teléfono arrancó a Fang Juexia del éxtasis. La desconexión fue brutal, pero no había escapatoria. “El teléfono… Tingsong, alguien me está llamando…”

“¿Quién más podría ser?” Pei Tingsong estiró el brazo para tomar el dispositivo, mostrando la pantalla mientras su cadera seguía moviéndose. Las palabras salían entrecortadas por los empujones: “Ling Yi. ¿Contestas?”

Fang Juexia negó con la cabeza, mordiendo su labio inferior. Pero Pei Tingsong, desafiante, aceptó la llamada y acercó el teléfono a su oreja, reduciendo el ritmo para besar su cuello.

“¿Juexia?” La voz infantil de Ling Yi llegó a través de la línea, “¿Dónde estás? Pensé que ya estarías en las termales. ¿Por qué no has llegado?”

Su tono inocente solo hacía que Fang Juexia se sintiera más obsceno. Su compañero lo buscaba, mientras él yacía bajo el más joven, siendo penetrado hasta el punto de convulsionar.

Conteniendo los gemidos, Fang Juexia intentó inventar una excusa: “Yo… estoy en la sala de cine…”

“¿Viendo una película? ¿Ahora? ¿Está Xiao Pei contigo también?”

La voz de Ling Yi era tan fuerte que incluso Pei Tingsong la escuchó a través del armario. Aprovechando, se acercó al otro oído de Fang Juexia y susurró con malicia. “¿Qué película? Es mas adecuado decir que estamos protagonizando una para adultos.”

“Mmm…” Pei Tingsong lo empujó hasta el fondo, y Fang Juexia estuvo a punto de alcanzar el clímax solo por sostener el teléfono. Se sentía morir, devorado por la vergüenza.

“Bueno, está bien. Disfruta la película. Yo quería invitarte a las termales, pero ya habrá otra ocasión. ¡Cuelgo!”

“Sí.” Solo cuando escuchó el tono de llamada finalizada, Fang Juexia pudo liberarse. Las lágrimas asomaban en las comisuras de sus ojos, y en un arrebato de frustración, comenzó a golpear el pecho de Pei Tingsong.

“¿Qué pasa? ¿Te duele perderte las aguas termales con ellos?” Pei Tingsong se retiró por completo. “Todavía puedes ir. Yo me detengo aquí.”

“Eres un maldito, un hijo de puta…” El rostro de Fang Juexia ardía de furia, pero por más que rebuscó en su repertorio de insultos, solo logró articular esas palabras inofensivas.

Pei Tingsong sonrió, divertido. “Me insultas… Gege se ha vuelto malo. Tendré que castigarte.”

De un movimiento brusco, lo volteó boca abajo sobre la cama. Le rodeó el vientre con un brazo, obligándolo a arrodillarse frente al ventanal mientras le daba unas palmadas en las nalgas. Los golpes resonaron con fuerza, dejando marcas rojas sobre su piel blanca como la porcelana.

“¿Cómo es posible que hasta esto se vea hermoso en ti?” Pei Tingsong besó la punta sonrosada de sus nalgas. “Eres perfecto en cualquier posición.”

El orgullo de Fang Juexia se hizo añicos, astillas de cristal clavadas en un corazón ya inundado de deseo. Pero no le dolía. No le importaba. En cambio, sentía un placer salvaje.

“Gege, levanta más ese trasero. Así entrará más fácil.”

Besó el hoyuelo en su espalda baja antes de inclinarse para lamer la piel sensible detrás de su oreja.

“¿Sabes cómo se llama esta posición?”, preguntó en inglés.

Fang Juexia apenas podía pensar. “No… No lo sé.”

El calor de su aliento empañó el cristal frente a él. Pei Tingsong lo penetró de golpe, haciéndolo intentar huir hacia adelante, aunque no había escapatoria.

“Doggy style. ¿No es adorable?” Mientras besaba el hueso de su espalda, usó el tono más inocente para decir las palabras más obscenas. “Así, gege parece una pequeña perra en celo.” Sus movimientos eran rápidos y brutales, dejando a Fang Juexia sin capacidad de reacción, solo capaz de gemir. “Demasiado profundo… Tingsong…”

“¿Cómo me llamaste?” Le agarró la barbilla y lo embistió con fuerza. “Piénsalo bien antes de responder.”

“Ah…” Fang Juexia, aferrado a su último hilo de terquedad, recordó sus palabras de la noche anterior y se negó a decirlo, limitándose a gemir.

“Qué testarudo.” Como si lo hubiera previsto, Pei Tingsong se incorporó, sujetó su cintura sin piedad y lo empujó con ferocidad. Fang Juexia se derrumbó, balbuceando incoherencias mientras su frente golpeaba el vidrio. “T-Tingsong… Mmm… No más, en serio…” Aunque era brutal, Pei Tingsong no soportaba lastimar a su tesoro. Mientras lo penetraba, lo jaló hacia atrás, arrastrándolo como si fuera su presa. “No puedes rendirte cuando quieras.” Le sujetó ambas muñecas detrás de la espalda con una mano, dominándolo por completo.

Fang Juexia se convirtió así en un caballo que él podía cabalgar a sus anchas. Subía y bajaba entre sacudidas, llevado hasta perder la conciencia de sí mismo. No podía escapar, ni esconderse. El ardiente deseo lo consumió por completo, dejándolo tan viscoso como cenizas húmedas, mezcladas con líquidos, lágrimas, sangre o quizás secreciones caídas. Ya no podía distinguirlo.

“Qué hermoso es el paisaje afuera, ¿no? Como si lo hiciéramos junto al lago. Lástima que esté tan oscuro. Mi gege no puede ver nada…” La voz de Pei Tingsong, entrecortada por jadeos bajos, inhalando entre palabras, era terriblemente sensual. “Gege solo puede sentir cómo lo follan, sin ver nada.”

Sí, él ya no veía. Era un ciego ahogándose en el lago del deseo. Solo podía sentir el placer de ser penetrado, solo oír el sonido de sus cuerpos uniéndose. Lo llenaban por completo, lo lanzaban al cielo. Ya no era él mismo.

“Ah… Ah… Me voy a morir…” Fang Juexia comenzó a delirar. Sus dedos de los pies se encogieron, quiso abrazar a Pei Tingsong, pero solo logró aferrarse a las sábanas. “Tingsong… no puedo más… para…”

“¿Morir? ¿No eras tú el que me prohibió decir esa palabra? ¿Cómo es que ahora la dices, mi baobei?” Pei Tingsong tomó su miembro, y el gesto lo aterrorizó. Fang Juexia forcejeó desesperado, temiendo que volviera a impedirle eyacular, retorciéndose como un pez. Pei Tingsong lo inmovilizó bajo su peso. “Llámame. Sé bueno. Si me lo pides bien, te dejaré venir.”

Cada embestida profunda, el roce húmedo de sus cuerpos, las palabras engañosas de Pei Tingsong… Todo encajaba a la perfección, robándole los últimos vestigios de cordura a Fang Juexia. Las lágrimas brotaron mientras, postrado boca abajo y penetrado, sus hombros se estremecían sin control. “Esposo… esposo… te lo suplico, déjame venir… ¿Sí?”

Pei Tingsong abrazó a su amante, ya enloquecido por el deseo, deseando poder introducirse por completo dentro de él, hundirse hasta que su presencia creciera salvaje en su interior. Si fuera posible, así podría parasitar su corazón para siempre.

“Bien, bien. Te dejaré venir.” Lo levantó, haciéndolo sentarse de espaldas sobre su ardiente erección. Una mano le masajeó los testículos mientras la otra le sujetó el mentón, besando su marca de nacimiento y luego sus lágrimas.

Fang Juexia, arrodillado sobre la cama, ya no era él mismo. Frente al vasto y frío lago, comenzó a moverse activamente, permitiendo que aquello lo penetrara una y otra vez. Sentía a Pei Tingsong jadear con aliento caliente contra su hombro, repitiendo su nombre una y otra vez. Lo llamaba baobei, lo llamaba gege, hasta vaciarse por completo dentro de su cuerpo.

Al recibir todo de su amante, él también gritó al eyacular.

El semen resbaló por el cristal, fluyendo hacia abajo como si quisiera caer al lago.

Y así, las ondulaciones se expandieron sobre el agua.

Robar besos bajo las miradas de sus compañeros lo hacía estremecerse más que cualquier acto obsceno a plena luz del día.

Pei Tingsong le había dado demasiadas emociones estremecedoras y ninguna de ellas era fácil de abandonar.

Traducido por 21Rb_BINGQIU
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