Capítulo 109: Nuevos extras añadidos (1–10)

Arco | Volúmen:

Extras

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Si Jing Shao renaciera en la infancia (I)

El viento silbaba sobre el acantilado. Jing Shao abrió los ojos y lo primero que vio fue una cortina de color verde pálido. En una de las esquinas colgaba un saquito aromático blanco como la luna, bordado con nubes enrolladas.

Fuera de la ventana resonaba el canto incesante de las cigarras.. El viento cálido se filtraba a través de las cortinas de gasa, trayendo el aroma mezclado de angélica y artemisa que emanaba de la bolsita de brocado blanco lunar. Este aroma solo se podía percibir cada año durante el Festival del Bote del Dragón. Cuando era niño, cada año en esa fecha, la emperatriz cosía personalmente dos bolsitas de incienso, una para Jing Shao y otra para su hermano mayor.

¿Cuántos años habían pasado desde la última vez que vio algo así?

Jing Shao miró fijamente la bolsita que se balanceaba con el viento, sintiéndose un poco aturdido. Levantó la mano para cubrirse los ojos de la luz deslumbrante, pero de inmediato notó que algo andaba mal.

La mano que cubría su rostro era pequeña y débil, su textura suave y tierna no se parecía en nada a la de las palmas que habían empuñado espadas durante más de veinte años.

—Su Alteza, es hora de levantarse, —dijo el eunuco Duofu, mucho más delgado de lo que recordaba, acercándose con una sonrisa. —No conviene dormir demasiado durante la siesta.

De un salto, Jing Shao se incorporó en la cama. Miró sus propias piernas cortas que colgaban del borde, luego a Duofu, aún joven, y después a esa bolsita de incienso nueva y reluciente…

—¿Xiao Shao’er, sigues durmiendo? —La voz risueña del Emperador Hongzheng, llegó desde afuera. Poco después, el emperador, vestido con ropas casuales de color azul índigo, entró en la habitación.

Jing Shao saltó de la cama de inmediato y se arrodilló para saludar.

—Ya, ya, ¿te quedaste atontado de tanto dormir? —rió el emperador Hongzheng, dándole un golpecito en la cabeza a su hijo menor.

—No tenía intención de dormir, en realidad, —dijo Jing Shao, avergonzado, rascándose la cabeza y bajando la mirada para ocultar el terror en sus ojos.

—¿No estabas insistiendo en salir a divertirte conmigo? ¿Vas o no? —El Emperador Hongzheng le tiró suavemente de la oreja.

—¡Sí! —Jing Shao sacudió la cabeza y, sin ningún pudor, abrazó la pierna de su padre, comportándose como un niño mimado. El emperador Hongzheng estalló en carcajadas y ordenó a Duofu que le pusiera ropa más fresca al pequeño antes de llevárselo fuera.

Observando con atención durante el camino, Jing Shao determinó que probablemente había renacido en el primer año del reinado de Hongzheng. Ese año, su padre acababa de ascender al trono, su madre aún vivía, él seguía siendo el hijo favorito del Emperador Hongzheng, y Jun Qing aún era solo un niño…

¡Todo estaba a tiempo de cambiar!

Cubrió su rostro con una mano, ocultando la abrumadora oleada de euforia.

El carruaje se balanceaba al avanzar por la ciudad imperial y no tardó mucho en detenerse.

—Señor, hemos llegado. —Al salir en incógnito, los guardias y asistentes cambiaban la forma de dirigirse a ellos.

El Emperador Hongzheng bajó del carruaje y se volvió para cargar a Jing Shao. Pero Jing Shao ya había saltado por su cuenta, como un pequeño mono ágil, aterrizando con estabilidad y sacudiendo el dobladillo de su ropa, con un aire de valentía. Sin embargo, esta serie de acciones, realizadas por un niño tan pequeño, solo resultaba graciosa.

—Pff… —el Emperador Hongzheng no pudo contener la risa.

Jing Shao no prestó atención a la burla de su padre. Alzó la vista para mirar la gran mansión frente a él, y sus pupilas se contrajeron bruscamente. En la enorme placa colgante, había cuatro grandes caracteres dorados: Residencia del Marqués de Beiwei.

¡La Residencia del Marqués de Beiwei, el hogar de Mu Hanzhang!

Originalmente, solo estaba siguiendo la corriente a su padre, sin muchas expectativas sobre este paseo. Pero de repente, Jing Shao se animó. ¡En esta mansión estaba encerrado su pequeño wangfei!

El Marqués de Beiwei se apresuró a recibirlos. Sin decir nada, los hizo pasar y cerró la puerta principal, arrodillándose de inmediato para saludar.

—Basta, he venido a jugar al ajedrez contigo, no hace falta tanta ceremonia, —dijo el Emperador Hongzheng, tomando del brazo al marqués y entrando con una sonrisa al patio.

En los jardines de la residencia marquesal había muchos árboles antiguos que bloqueaban el cielo. Un arroyo artificial serpenteaba, y junto al agua se había construido un pabellón que era muy fresco.

—Este es mi hijo, Mu Lingbao. Hoy acompañará al Tercer Príncipe —dijo el marqués, empujando hacia adelante al pequeño y regordete Mu Lingbao para que saludara a Jing Shao.

Mu Lingbao, aunque normalmente era un matón en casa, se acobardaba al ver a un príncipe. Tartamudeó durante un buen rato sin poder articular una frase completa.

Jing Shao miró al pequeño regordete y no pudo ocultar su desagrado. La familia Mu nunca había tratado bien a Mu Hanzhang. En prisión, Jun Qing le había contado que este hijo legítimo mayor no había dejado de acosarlo cuando eran niños.

Ante la presencia del Emperador Hongzheng, Jing Shao no podía decir mucho. Era su primera visita a la residencia marquesal, y en teoría no debía saber nada. No podía preguntar abruptamente “¿tienen otros hijos que puedan traer para que juegue conmigo?”, eso hubiera sido inapropiado.

—Entonces iremos a jugar por allí, —dijo Jing Shao, dirigiéndose hacia la parte trasera del jardín.


Si Jing Shao renaciera en la infancia (II)

—Eh, Su Alteza, no se puede pasar ahí atrás, —dijo Mu Lingbao, siguiéndolo paso a paso. Al ver que Jing Shao intentaba cruzar la puerta circular, lo detuvo rápidamente.

—¿Cómo? ¿Acaso hay lugares en tu residencia donde este príncipe no pueda ir? —Ansioso por ver a su wangfei, el tono de Jing Shao no fue amable.

—Esa es la parte trasera, donde viven las mujeres, —dijo Mu Lingbao con una sonrisa aduladora.

Considerando que ahora solo tenía seis años, no habría problema en entrar a la parte trasera. Pero en su interior, él ya era un hombre adulto, así que era mejor no hacerlo. Dio media vuelta y se alejó, sentándose en el pabellón fresco para pensar en un plan.

Mu Hanzhang era el hijo de una concubina. La esposa del marqués seguramente no querría que un hijo ilegítimo saliera a jugar con un príncipe. Solo podía intentar algo a través de Mu Lingbao.

—Oye, ¿tienes otros hermanos? Tráelos para que este príncipe los conozca, —dijo Jing Shao, arrancando casualmente una flor y tocando la cabeza de Mu Lingbao con ella.

Al oír la palabra “hermanos”, una expresión de disgusto cruzó fugazmente el rostro de Mu Lingbao. Aún era un niño y no sabía ocultar sus emociones. Dijo con rigidez: —Él es débil y enfermizo, y nació con una cara de mala suerte. Temo que pueda disgustar a Su Alteza, mejor no llamarlo. —Después de hablar, pareció darse cuenta de que había sido demasiado directo. Hizo una pausa y luego preguntó a Jing Shao si quería ir a pescar.

—¿Pescar? Qué aburrido.

Hoy había asuntos familiares, así que la escuela del clan estaba cerrada y Mu Hanzhang no tenía que ir a estudiar. Su padre les había ordenado repetidamente a los más jóvenes que se quedaran tranquilos en sus habitaciones y no salieran a deambular, luego se llevó a Mu Lingbao.

—Oí que el Emperador trajo a un pequeño príncipe, dicen que es muy guapo. —Varias sirvientas se reunieron bajo el corredor para charlar. Eran del patio trasero y no tenían derecho a servir al Emperador en el patio delantero, así que solo podían cotillear allí.


Si Jing Shao renaciera en la infancia (III)

—Ese es el Tercer Príncipe, muy favorecido por el Emperador. El Heredero tiene mucha suerte, conocer a un príncipe legítimo desde tan pequeño. Si pudiera entrar al palacio como compañero de estudios del Príncipe, su futuro sería brillante.

—De todos modos, el heredero será investido como marqués algún día. ¿Qué diferencia hay entre ser o no acompañante de estudio?

—¿Tú qué sabes? Un heredero sin posición oficial no es lo mismo que uno con poder e influencia.

—¿Por qué el Segundo Joven maestro no va a jugar con el príncipe?

—¿Un hijo ilegítimo? ¿Acaso es digno?

Mu Hanzhang se paró detrás de la pantalla decorativa, observando las sombras indistintas que se movían en el jardín. Él también quería ver al Tercer Príncipe. Aún siendo tan pequeño, no entendía nada sobre adular a los poderosos; solo quería saber cómo era la gente de la familia imperial, si realmente tenían el aura del dragón dorado como decían los libros.


Si Jing Shao renaciera en la infancia (IV)

La puerta en forma de luna estaba custodiada por sirvientes; sin duda no permitirían que un hijo  ilegítimo como él pasara. Mu Hanzhang rodeó en silencio por la parte trasera y se metió por un sendero estrecho hasta las rocas artificiales del jardín, aferrándose a las piedras para asomarse hacia el otro lado.

—¡Buaaa! —Mu Lingbao, por alguna razón, estaba sentado en el suelo llorando. Las sirvientas y niñeras a su lado no se atrevían a acercarse a consolarlo, sólo mostraban ansiedad en sus rostros.

El Tercer Príncipe, vestido con un lujoso traje de brocado, estaba de espaldas a esta dirección.

—En serio, ¿por qué lloras? Pareces una niñita, —dijo Jing Shao, frunciendo el labio. Realmente no aguantaba nada. Alzó la mano y colocó la rosa china detrás de la oreja de Mu Lingbao, burlándose —Toma, te pongo una flor, para que en el futuro te cases bien.

Al escuchar esto, Mu Lingbao lloró aún más desconsoladamente.

El Tercer Príncipe miraba con impaciencia al niño regordete con la cara manchada de lágrimas y mocos, y soltó una risa burlona: —Las apuestas se cumplen. Si perdiste, tienes que hacer de caballo para mí. Si no quieres hacerlo, entonces llama a tu hermano ilegítimo para que te reemplace.

Al oír el término “hermano ilegítimo”, el rostro de Mu Hanzhang palideció. Pensó que había llegado en un mal momento. Encogió la cabeza, preparándose para escabullirse, pero sin querer resbaló y varias piedrecillas rodaron cuesta abajo con un clac-clac.

—¿Quién está ahí? —Jing Shao se giró al instante, mirando con alerta hacia el origen del ruido. La vigilancia entrenada durante más de diez años en el campo de batalla no era algo que pudiera cambiar de la noche a la mañana.

Su mirada penetrante se clavó directamente, descubriendo por completo al niño escondido tras las rocas. Mu Hanzhang se encontró con esos ojos que de repente despedían una intención asesina, y su rostro palideció aún más.

En ese momento, salir no era buena opción, pero quedarse tampoco. Si su padre se enteraba de que había venido a espiar al Tercer Príncipe, seguramente pensaría que intentaba congraciarse con la realeza. Que su padre se disgustara era lo de menos; ofender al príncipe sería un crimen grave.

Pero el Tercer Príncipe ya lo había visto. No presentarse sería una falta de respeto. El pequeño Mu Hanzhang apretó los dientes y, forzándose, salió y se inclinó en señal de respeto: —Este humilde pasaba por aquí y ha ofendido a Su Alteza. Espero que Su Alteza pueda perdonarme. —No levantó la cabeza en ningún momento, esperando que el Tercer Príncipe no se interesara por él, para poder irse rápido y, por nada del mundo, recordar lo de “hacer de caballo”.

Al ver quién era, Mu Lingbao se puso rojo de furia. «¿Cómo se atrevía este hijo ilegítimo venir aquí? Seguramente para tratar de congraciarse con el príncipe». No podía permitirle salirse con la suya: —¿Qué haces aquí? ¡Vengan, rápido, saquen a esta cosa vergonzosa!


Si Jing Shao renaciera en la infancia (V)

—¡Quién te dijo que vinieras aquí! —Mu Lingbao, con la cara limpiada por las sirvientas, corrió rápidamente hacia ellos y empujó con fuerza a Mu Hanzhang.

Ya estaba parado de manera inestable en el camino de piedras; con ese empujón, Mu Hanzhang perdió el equilibrio y estuvo a punto de golpearse contra las rocas artificiales.

—¡Cuidado! —Jing Shao, con reflejos rápidos, lo agarró y lo jaló hacia su pecho. El cuerpecito suave y pequeño entró en sus brazos. Este era un Jun Qing vivo, aún no marcado por el sufrimiento. Los ojos del Tercer Príncipe de repente se humedecieron.

—Xiao Shao’er, ¿qué estás haciendo? —La voz risueña del Emperador Hongzheng llegó desde atrás. Probablemente la noticia de que habían hecho llorar a Mu Lingbao llegó al frente, y los dos adultos vinieron a ver qué pasaba.

Al ver al emperador y a su padre, Mu Hanzhang tembló levemente. Esta vez sí había causado un verdadero problema.

Sintiendo que la persona en sus brazos temblaba, Jing Shao miró al Marqués de Beiwei, quien fruncía ligeramente el ceño, y lo comprendió. En asuntos como conocer a un príncipe, si el padre apreciaba a su hijo ilegítimo, lo llevaría a mostrarse ante el príncipe; si no, simplemente no permitiría que apareciera. Y Mu Hanzhang claramente no era un hijo ilegítimo favorecido.

—Padre imperial, mire —Jing Shao curvó los ojos con una sonrisa inocente, tirando del pequeño Jun Qing para mostrarlo —Es muy bonito. Quiero que sea mi compañero de estudios

Estas palabras dejaron a todos sorprendidos. Los ojos de Mu Lingbao casi se salieron de sus órbitas.

—¿Sabes siquiera quién es, y ya quieres que sea tu compañero de estudios? —preguntó el Emperador Hongzheng, divertido y resignado.

—Informo a Su Majestad, este es el segundo hijo de este humilde súbdito, Mu Hanzhang.

El Emperador Hongzheng asintió levemente y miró al niño exquisito, tan delicado como una muñeca de porcelana. Realmente era hermoso, pero lamentablemente era hijo de concubina. Un hijo ilegítimo de una residencia marquesal como compañero de estudios de su príncipe legítimo… no era muy apropiado.

El Marqués de Beiwei pensaba lo mismo y le recomendó a Mu Lingbao a Jing Shao.

—No me importa, lo quiero a él. Excepto a él, no quiero a nadie más. —Aprovechando su corta edad actual, Jing Shao explotó al máximo la esencia de no tener vergüenza. Hizo una rabieta, sentándose en el suelo y negándose a ceder. Ese día estaba decidido a llevarse a su pequeño Jun Qing al palacio.

—Realmente travieso, —dijo el Emperador Hongzheng, lanzándole una mirada. No dijo que sí, pero tampoco que no.

Después de que Jing Shao se fuera, mirando hacia atrás cada tres pasos, el rostro de Mu Lingbao se oscureció por completo. Se volvió hacia Mu Hanzhang, quien tenía la cabeza gacha: —¿Quién te dijo que vinieras aquí a adular? ¿De verdad crees que porque el Tercer Príncipe te miró podrás ser compañero de estudios? Bah.

El Marqués de Beiwei, que había escoltado al emperador de regreso, no dijo nada. No castigó a su hijo ilegítimo, pero tampoco lo consoló. Solo lo miró y se alejó.

El asunto de Mu Hanzhang atreviéndose a ir al jardín a adular al príncipe se propagó rápidamente por la residencia marquesal. Nadie se atrevía a decirlo abiertamente, pero en secreto todos pensaban que este hijo ilegítimo era un sapo soñando con comer carne de cisne, sin mirar cuál era su posición.

Una vida que ya no era muy buena se volvió aún más difícil de soportar. Los primos en la escuela del clan se enteraron y se burlaban de él, tanto abierta como sutilmente.

—Oh, escuché que nuestro joven maestro Hanzhang captó la atención del Tercer Príncipe y va a ser compañero de estudios en el palacio.

—Je, je… si un día te enriqueces, no te olvides de los hermanos. Cuando seas compañero de estudios, acuérdate de echarnos una mano, ¿eh?

—Pff, ¿qué se cree? Ni siquiera mira quién es, y todavía quiere arrebatarle el puesto a Lingbao.

El pequeño Mu Hanzhang bajaba la cabeza sin decir una palabra. Él nunca había esperado ser compañero de estudios de un príncipe; solo fue por curiosidad.

Así pasaron varios días. Justo cuando todos empezaban a olvidar el asunto, un edicto imperial llegó a la residencia marquesal.

[El segundo hijo del marqués de Beiwei, Mu Hanzhang, inteligente y ávido de aprendizaje, entrará de inmediato al palacio para servir como acompañante de estudio del Tercer Príncipe, Shao.]

El edicto fue proclamado directamente en la escuela del clan. Mu Hanzhang se quedó aturdido durante un buen rato, hasta que el maestro le recordó que debía agradecer la gracia imperial.

Mu Lingbao y todos los primos tenían el rostro tan negro como el fondo de una olla.


Si Jing Shao renaciera en la infancia (VI)

La escuela del clan Mu, naturalmente, no contrataba maestros mediocres; al menos eran juren, e incluso había un miembro de la Academia Hanlin. Pero estos no se podían comparar con los maestros de los príncipes en el palacio; los tutores de los príncipes eran todos grandes eruditos y sabios de renombre. 

Lo más importante era que los compañeros de estudios de los príncipes entraban al palacio diariamente y convivían con los príncipes imperiales, esencialmente tenían un pie dentro del núcleo de la familia imperial. Los hijos de la nobleza ansiaban tal oportunidad.

Ahora, el puesto de compañero de estudios del Tercer Príncipe, el más favorecido, había caído en manos de este hijo secundario. ¿Cómo podían aceptarlo los miembros del clan Mu?

—Eunuco, ¿acaso leyó mal? ¿Cómo podría el Emperador ordenar que un hijo ilegítimo sea compañero de estudios del Tercer Príncipe? —Mu Lingbao, con el rostro enrojecido de la rabia, preguntó con el cuello tenso.

El eunuco encargado de transmitir el edicto cambió el gesto al instante y respondió con voz burlona y afilada: —El Heredero bromea. ¿Cómo me atrevería a leer mal un edicto imperial? Eso sería motivo de decapitación.

El Marqués de Beiwei, que estaba al lado, le dio inmediatamente una bofetada a Mu Lingbao: —Hablas sin sentido. —Luego, rápidamente le ofreció una sonrisa de disculpa al eunuco.

El eunuco no aceptó la disculpa. Sabía que esta familia no apreciaba al hijo ilegítimo, pero esto había sido ordenado personalmente por el Emperador. Con el edicto ya emitido, todavía se atrevían a hablar así; realmente buscaban problemas innecesarios.

—Segundo Joven maestro, prepárese. Mañana alguien del palacio vendrá a recogerlo. A partir de ahora vivirá en el palacio, y podrá regresar a casa cada diez días. No necesita llevar muchas pertenencias, en el palacio no falta nada; solo lleve lo que use habitualmente.

La familia Mu no lo sabía, pero el eunuco sí: este pequeño joven maestro había sido quien el Tercer Príncipe había suplicado y pataleado para tener. Era evidente que le gustaba mucho. Ahora que el favor imperial hacia el Tercer Príncipe estaba en su apogeo, quién sabía si no sería el futuro heredero del trono. Nadie se atrevería a descuidar algo que Jing Shao valoraba.

Mu Hanzhang, aturdido, recibió el edicto y asintió.

El Marqués de Beiwei no parecía descontento; al contrario, parecía muy contento. Llamó a Mu Hanzhang a su estudio y le explicó algunas reglas del palacio.

—No te dediques solo a jugar; debes persuadir al Tercer Príncipe para que estudie más…

Desde que se había lesionado los meridianos por el frío, esta era la primera vez que su padre le hablaba con amabilidad. Mu Hanzhang, abrumado por el favor, memorizó cada palabra de su padre. Solo cuando salió del estudio volvió en sí.

Ahora era el compañero de estudios de un príncipe. En el futuro, su posición en esta familia se volvería excepcional. Mientras no disgustara al Tercer Príncipe y estudiara bien en el palacio, nadie volvería a atreverse a humillarlo a voluntad.


Si Jing Shao renaciera en la infancia (VII)

Una pequeña alegría surgió en su corazón. El aún joven Mu Hanzhang no pudo evitar mostrar una sonrisa suave y dulce, y en silencio tomó una decisión: haría todo lo posible por ganarse el favor del Tercer Príncipe.

A la mañana siguiente, muy temprano, Duofu abrió la puerta del dormitorio para despertar a su Alteza, quien tenía fama de ser difícil de levantar, y se sorprendió al descubrir que Jing Shao ya estaba despierto, mirándolo con sus ojos oscuros y brillantes: —¿Qué haces ahí parado? Ven rápido a ayudarme a vestirme.

Hoy su pequeño Jun Qing entraría al palacio. Jing Shao estaba tan emocionado que no pudo dormir en toda la noche, dando vueltas en la cama pensando en los gustos de su Wangfei. Sin embargo, con pesar se dio cuenta de que lo poco que sabía de Mu Hanzhang provenía únicamente de aquellas escasas y miserables conversaciones tras entrar en prisión. No sabía qué le gustaba comer ni a qué le gustaba jugar.

—No. Quiero ese conjunto —Jing Shao señaló un conjunto de ropa aún más lujoso. «Vamos, hoy voy a ver a mi esposa; tengo que verme bien.»

Una vez vestido, el Tercer Príncipe, con paso rápido, corrió hacia el salón principal. El compañero de estudios que había entrado al palacio temprano para esperar al Príncipe y estudiar juntos ya estaba allí.

Mu Hanzhang llevaba una túnica de color verde claro, sostenía una simple bolsa de libros y permanecía en silencio en medio del salón. Al escuchar los pasos, inclinó inmediatamente la cabeza en señal de respeto: —Este humilde saluda a Su Alteza el Príncipe. Este servidor…

—No hace falta las formalidades, —Jing Shao agarró de la mano a su pequeña futura Wangfei, mirándolo con admiración de izquierda a derecha; de cualquier manera se veía hermoso. —Por fin has venido. Estos días te he extrañado mucho.


Si Jing Shao renaciera en la infancia (VIII)

—….. —Mu Hanzhang no sabía cómo responder a eso. Su pequeño y blanco rostro se tiñó ligeramente de rojo.

—¿Ya desayunaste? —La clase matutina debía comenzar pronto. Jing Shao tomó la mano de su pequeño Wangfei, arrojó la bolsa de libros al eunuco que los seguía, y mientras hablaban se dirigieron a la sala de estudio.

—Sí, desayuné. —En realidad, como era demasiado temprano, en casa no le habían preparado el desayuno. Mu Hanzhang, temiendo desmayarse de hambre y quedar en ridículo, había comido a escondidas un pastelito que guardaba como tesoro..

—Mentira, a esta hora, ¿cómo iban a darte comida en tu casa? —Aunque Jing Shao no era muy observador, leer a un niño de siete años era demasiado fácil. —No te pongas nervioso, a partir de ahora eres mi… amigo. Si quieres algo, dilo directamente. En la clase matutina no hay comida; después de la lectura matutina, la cocina imperial enviará algo, así que comeremos entonces.

En la sala de estudio, el Gran Príncipe aún no había llegado. El Segundo Príncipe, Jing Chen, ya estaba sentado en su lugar repasando. El Cuarto Príncipe, Jing Yu, todavía pequeño y obligado por su madre a empezar a estudiar temprano, cabeceaba medio dormido en su asiento.

—Oh, tercero, ¿de dónde sacaste a esta pequeña belleza? —Justo cuando Jing Shao acababa de entrar, el Gran Príncipe llegó detrás de él. Lo miró de reojo y, al ver a Mu Hanzhang tomado de la mano de Jing Shao, se rio.

—Este es mi compañero de estudios, ¿qué belleza ni qué nada? —Jing Shao se molestó. De niño seguramente no lo habría entendido, pero ahora, habiendo renacido, podía percibir la malicia en las palabras de su hermano mayor.

Jing Chen levantó la vista y miró a su hermano indisciplinado, frunciendo ligeramente el ceño. Por supuesto que sabía que su hermano había hecho un berrinche para conseguir al hijo ilegítimo de la familia Mu como compañero de estudios. Observó al niño de rostro limpio y mirada clara y no sintió ningún desagrado y habló con calma: —Hermano mayor, sea cuidadoso con sus palabras. Este niño es hijo del Marqués de Beiwei.

Al mencionar el origen, el Gran Príncipe no pudo decir más. Aunque fuera un hijo ilegítimo, seguía siendo de una familia noble; humillarlo podría traer problemas si llegaba a oídos del emperador.

—Ah, así que es de la familia Mu… —Estaba a punto de decir algo más cuando llegó el maestro, y el Gran Príncipe cerró la boca a tiempo, sentándose en su lugar.

Jing Shao llevó a su pequeño Wangfei a sentarse. El escritorio del compañero de estudios estaba al mismo nivel que el del príncipe, lo que le complacía mucho. Mirar cómo el pequeño Jun Qing se sentaba obedientemente, sacaba sus libros, tinta y pinceles y los colocaba en orden, le producía una picazón en el corazón. El Jun Qing de niño era realmente demasiado adorable. Lástima que él no supiera dibujar; si pudiera dibujarlo, cuando se casaran en el futuro podría mostrárselo; sería muy divertido.

—Su Alteza, el maestro lo está llamando, —susurró Mu Hanzhang para llamar la atención de Jing Shao, que estaba distraído.

Jing Shao miró al maestro con desconcierto, sin tener idea de qué había pasado.

—El maestro preguntó: “Aquel que tiene un cargo oficial, si no puede cumplir su deber, debe renunciar; quien tiene la responsabilidad de hablar, si no puede expresar su palabra, debe renunciar”. ¿Cuál es la siguiente frase? —Mu Hanzhang solo pudo seguir susurrando.

—¡Ejem! —El maestro, que había visto todo esto, tosió fuertemente.

Mu Hanzhang se asustó, apretó los labios y bajó la cabeza.

Al ver que su Wangfei se había asustado, Jing Shao se sintió molesto. Este viejo siempre parloteaba sobre cosas inútiles y ahora asustaba a su pequeño Jun Qing. Pero no responder tampoco era opción: si el príncipe se equivocaba, el castigado sería el compañero de estudios. Si él no sabía la respuesta, su Wangfei tendría que recibir golpes con la vara.


Si Jing Shao renaciera en la infancia (IX)

—Yo no tengo un cargo oficial, ni la responsabilidad de hablar; entonces, mi entrada y salida, ¿no es amplia y sin preocupaciones? —Afortunadamente, Jing Shao aún recordaba estos estudios de Confucio y Mencio de su infancia. Si le hubieran preguntado sobre los Cinco Clásicos, no habría sabido responder. Después de los diez años, se había enfocado en las estrategias militares, y todas esas cosas literarias no las había recordado.

El maestro se acarició la barba y por el momento dejó ir a Jing Shao. Luego, se dirigió a Mu Hanzhang con una pregunta.

En ese momento, todas las miradas se concentraron en él. Un hijo ilegítimo desconocido, elevado repentinamente para ser el compañero de estudios del príncipe legítimo; todos estaban curiosos por saber qué habilidades especiales tenía este niño.


Si Jing Shao renaciera en la infancia (X)

—Cuando las personas no obtienen satisfacción, culpan a su gobernante. —El maestro, casi al azar, citó una frase para que Mu Hanzhang la continuara, con la intención de evaluarlo. Como compañero de estudios del príncipe, también era su alumno. En la primera clase, necesitaba conocer el nivel de conocimientos del niño para poder enseñarle según sus capacidades.

Esta frase provenía de “Mencius”, donde Mencio y Yanzi debatían ante el Rey Xuan de Qi sobre las inspecciones reales.

—Culpar al gobernante cuando no se obtiene satisfacción es incorrecto; pero un gobernante que no comparte la alegría con el pueblo también es incorrecto. —Mu Hanzhang se levantó, primero hizo una leve reverencia al maestro y luego respondió con calma.

—¿Entiendes el significado de esta frase?

—Es incorrecto culpar al soberano cuando no se es feliz; pero también es incorrecto que un soberano no comparta la felicidad con el pueblo. —La voz infantil llevaba de por sí un tono suave y tierno. Ni servil ni arrogante, ni apresurado ni lento; resultaba muy agradable al oído.

El semblante del maestro se suavizó considerablemente y continuó preguntando: —En tu opinión, ¿son apropiadas las inspecciones imperiales?

Esta pregunta hizo que las expresiones de los príncipes cambiaran. El Emperador Hongzheng acababa de ascender al trono y aún estaba en un período de novedad. El otro día, en la corte, había propuesto hacer una inspección en Jiangnan, pero el Primer Ministro Qu lo había disuadido. Si las inspecciones eran apropiadas o no, aún no se había debatido a fondo en la corte. Hacerle esta pregunta a un niño de siete años era realmente prematuro.

Jing Shao frunció el ceño: —Maestro, ¿cómo podría saber eso? No lo presione.

Estas palabras sonaban realmente mal. El maestro, furioso, sopló por su bigote. Solo había sido una pregunta adicional hecha en el momento; si el niño decía algo equivocado, no pasaba nada, ¿cómo podía ser considerado presionar al compañero de estudios del Tercer Príncipe?

Jing Chen, sentado atrás, le dio una patada a su hermano. Estaba a punto de disculparse con el maestro en su nombre cuando Mu Hanzhang habló.

—Este humilde tiene conocimientos limitados y no entiende los asuntos de la corte. Solo basándome en lo que he leído estos años, creo que las inspecciones imperiales significan compartir la alegría con el pueblo y la estabilidad del mundo. Si el reino está en paz, no hay problema; pero si hay agitación, entonces se debe proceder con cautela.

Esta perspectiva no era especialmente profunda, pero viniendo de un niño de siete años era extraordinaria. Jing Chen miró con ojos pensativos a este pequeño compañero de estudios, luego a su propio hermano, que no parecía sorprendido. No estaba seguro de si Jing Shao había tenido suerte o si realmente conocía el talento excepcional de este niño.

Ese mismo día, los comentarios del segundo hijo de la familia Mu en la escuela llegaron a oídos del Emperador Hongzheng.

—Si no recuerdo mal, ese niño solo tiene siete años, —dijo el Emperador reflexivamente. —No es de extrañar que Xiao Shao’er esté tan encaprichado.

Con esa mentalidad a los siete años, no era difícil entender por qué había cautivado al sencillo Tercer Príncipe para que lo quisiera como compañero de estudios.

Mu Hanzhang no sabía que en la mente del Emperador ya era un niño astuto y calculador. Todavía estaba maravillándose con su nuevo alojamiento.

Los dos príncipes legítimos vivían en el palacio de la Emperatriz, cada uno ocupando una sala lateral. Él se alojaba con Jing Shao, en una habitación lateral al lado.

La habitación era una suite, con ventanas luminosas y limpias, mucho más espaciosa que el pequeño y estrecho patio donde vivía en casa. El eunuco regordete, Duofu, llegó sonriendo con muchos artículos y fue muy amable: —Joven maestro, si le falta algo, dígamelo. La Emperatriz ha asignado una mensualidad para los compañeros de estudios, suficiente para sus gastos diarios. No se preocupe.

—¿Yo también tengo una mensualidad? —Mu Hanzhang estaba muy sorprendido; era la primera vez que sabía que ser compañero de estudios también incluía un salario.

—Por supuesto. Si te pido que me acompañes a estudiar, ¿cómo iba a dejar que tú mismo pagues la comida? —dijo Jing Shao, entrando con las manos a la espalda y hablando con tono pretencioso.

—Su Alteza.

—Eh, no hace falta llamarme así, —Jing Shao tomó la mano de su pequeño wamgfei y, recordando todo lo que esta persona había sufrido en su vida anterior, no pudo evitar suavizar su tono. —A partir de ahora, los dos seremos compañeros de juegos. En privado, puedes llamarme Tercer Hermano.

Mu Hanzhang se quedó un momento en silencio y luego sonrió: —Soy un año mayor que Su Alteza.

—Entonces llámame Sanlang.

—…Eso no es apropiado.

—¿Por qué no? He visto que la Wangfei del tercer tío imperial lo llama así.

—…

Al darse cuenta de que había dicho algo incorrecto, Jing Shao se sintió avergonzado por un momento. Quiso decir algo para remediarlo: —Bueno, como acabas de llegar hoy, quizás no estés acostumbrado. ¿Qué tal si duermes conmigo esta noche?

Mu Hanzhang: —…

Duofu: —…

Al final, el Tercer Príncipe fue rechazado educadamente por su pequeño compañero de estudios. Se quedó solo en su cama, suspirando tristemente. «El primer día juntos y ya lo había arruinado todo. Definitivamente no era un buen comienzo.»


Nota del autor:

He desbloqueado el texto completo y agregado estos 10,000 caracteres adicionales en el epílogo. Después de tantos años volviendo a escribir, mi estilo y uso del lenguaje han cambiado. Espero que lo disfruten.

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x