Capítulo 11: La bestia canguro

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Shizi Yue caminaba por la calle abrazando a Bai Yue, mientras el Hermano Ciervo llevaba en brazos a la niña gordita. Los dos avanzaban hombro a hombro.

—Quiero comer frutita —volvió a decir la niña.

Shizi Yue de inmediato le pasó la pitaya que le había quitado a Bai Yue.

La niña rió de alegría, su cara formó tres capas de papada mientras sujetaba la cuchara y comía a grandes bocados.

Bai Yue: “…”
¡¿¡Pero qué demonios!?! ¡Esa pitaya era mía!

—¿Para qué la sacaste? Sabes que Lang Xiao no es fácil de tratar —dijo el Hermano Ciervo, visiblemente preocupado.

Shizi Yue miró a Bai Yue con frialdad y respondió:

—Si un hombre bestia causa un daño grave a una hembra, se le revoca el derecho de posesión.

El Hermano Ciervo pensó un momento, luego se quedó sin aliento y miró a Shizi Yue con asombro.

Según el artículo 16 de la Ley de Protección de las Hembras, si el propietario comete un error grave, el Centro de Reproducción tiene derecho a recuperar a la hembra sin compensación.

Además, el artículo 11 dice que cada macho solo tiene una oportunidad de comprar una hembra. Perderla implica que no está capacitado para cuidarla, salvo en circunstancias especiales.

En otras palabras, si Lang Xiao perdía la custodia de Bai Yue, ya no podría tener otra hembra y se vería forzado a unirse al equipo de otro.

—¿Quieres tenderle una trampa a Lang Xiao para forzarlo a integrarse a nuestro equipo? —preguntó el Hermano Ciervo tras pensar un momento.

Shizi Yue le dirigió una mirada aprobatoria.

De inmediato, el Hermano Ciervo miró a Bai Yue con compasión.

Bai Yue sintió un escalofrío y olvidó por completo el enojo por la pitaya robada.

¿Este león maldito piensa hacerme algo? Definitivamente no es un buen tipo…

—Reúne al equipo. Vamos de cacería —ordenó Shizi Yue mientras sacudía en brazos a la ligera hembra—. Nos llevamos a las dos hembras.

—Entendido.

Como capitán, sus órdenes eran absolutas. El Hermano Ciervo no tuvo más opción que obedecer y comenzó a operar su terminal personal desde la muñeca.

Caminaron con paso rápido hasta llegar a las afueras de la ciudad, donde ya se habían reunido unas 20 o 30 bestias.

Bai Yue echó un vistazo: siete de ellas tenían una energía espiritual notablemente fuerte, el resto se veía como cualquier otra bestia en la calle. La diferencia de niveles era obvia.

En realidad, solo esas siete eran miembros fijos del equipo. El resto simplemente vivían bajo la protección del grupo de Shizi Yue, sin tener derechos sobre las hembras.

—¡Rugidooo! —saludaron las bestias al ver llegar a Shizi Yue.

—Hoy salimos con hembras. La prioridad es el esparcimiento, la cacería es secundaria —dijo Shizi Yue.

—¡Auuuuu!
—¡Chii-chii~! —respondieron con emoción.

Era raro que tuvieran la oportunidad de convivir con hembras, así que una excursión como esta era un lujo.

Shizi Yue lideró a la manada fuera de la ciudad. Bai Yue, aún en sus brazos, miraba a todos lados, cada vez más nerviosa.

Al cruzar la puerta de la ciudad, el mundo cambió repentinamente.

Dentro de la ciudad no crecía ni una brizna de hierba; todo era gris. Pero fuera, la vegetación era abundante, tan densa y verde que la luz apenas pasaba.

A unos 100 metros de la puerta comenzaba un bosque gigantesco, con árboles que llegaban al cielo y bloqueaban el sol. El interior era oscuro como una bestia gigantesca lista para devorar.

Una bruma helada emanaba del bosque, y Bai Yue sintió que la temperatura bajaba varios grados.

Estaba más nerviosa que nunca. En brazos de Shizi Yue, empezó a forcejear, queriendo bajar.

En ese momento, el Hermano Ciervo dejó en el suelo a la niña gordita, se quitó los pantalones y en un instante se transformó en su forma bestial.

Tal como Bai Yue lo había intuido: su cabeza era como la de un ciervo sika, hermosa y tierna. Pero ahora vio con claridad que en realidad era… ¡un canguro!

Tenía un cuerpo gigantesco de más de tres metros de alto, musculoso y vigoroso. Aunque lo cubría pelo, sus músculos resaltaban de forma imponente.

El Hermano Ciervo (mejor dicho, ahora Hermano Canguro) abrió con sus patas delanteras una bolsa en su abdomen, metió los pantalones primero y luego ¡metió dentro a la niña gordita!

Bai Yue abrió los ojos como platos. Su mundo colapsó.

¿¡No se supone que esas bolsas solo las tienen las hembras!?

¿Por qué este macho canguro tiene una bolsa para crías? ¿No me digan que… evolucionaron así para cargar humanos?

La cruda realidad le confirmó su teoría.

En los tiempos antiguos, cuando aún no había ciudades completamente seguras, los hombres bestia tenían muchas dificultades para proteger a las hembras humanas en la selva. Con el tiempo, los canguros evolucionaron, desarrollando bolsas similares a las de las hembras para poder transportar personas.

Por eso, en la actualidad, los canguros bestia eran extremadamente populares. Prácticamente todos los equipos contaban con uno. ¡Eran considerados esenciales para la vida y los viajes!

Y enseguida, Bai Yue vio que el Hermano Canguro se acercaba hacia ella, la tomaba de los brazos y, como si fuera normal, la metía también dentro del marsupio.

Ella quedó apretujada junto con la niña gordita, todavía demasiado aturdida para reaccionar.

Cuando finalmente quiso salir gateando, el movimiento del canguro la lanzó contra las paredes peludas del interior. Quedó tumbada sobre el suave pelaje.

El equipo empezó a correr hacia la selva.

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