Capítulo 11: Louis

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Volumen 1: Niño Blanco

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—Quédate quieto, afuera hace frío. Hasta que te crezca el pelaje, debes quedarte bien guardadito en la bolsa —dijo Blake con ternura, mientras aplastaba sin piedad su cabeza dentro de la bolsa.

Metido dentro de ella, el corazón de Meng Jiuzhao latía con fuerza. ¡Aún no superaba el hecho de haber renacido en medio de un grupo de Kantas!

Hasta ahora, era la primera cosa que tenía una conexión directa con la era en la que solía vivir.

Los Kantas eran una superespecie dentro del universo. Una persona común jamás veía uno en toda su vida. Eran seres que solo aparecían en los noticiarios. Para una persona corriente, encontrarse rodeado por un grupo de Kantas debía sentirse como en el siglo XXI estar rodeado de jefes de Estado. Así que no era raro que Meng Jiuzhao estuviera tan impresionado.

Sin embargo, que su corazón latiera así de rápido no era solo por eso.

Se obligó a calmarse, y luego comenzó a observar detenidamente a la bolita dormida que tenía debajo de él: el pelito tonto. Comparó sus rasgos uno a uno con los de los Kantas que recordaba haber estudiado en sus libros escolares.

—Definitivamente es un Kantas —murmuró Meng Jiuzhao, atónito.

La última persona que había visto antes de morir… también era un Kantas.

¿Acaso esa era la razón por la que había renacido entre ellos?

En aquel entonces, esa persona lo protegió de todo daño. Le salvó la vida. Nunca tuvo la oportunidad de agradecerle. La última vez que se vieron fue discutiendo. Pero cuando llegó el desastre, esa persona lo metió sin vacilar dentro de una cápsula temporal, colocándose frente a él para protegerlo.

—Louis… —susurró Meng Jiuzhao, pronunciando el nombre de aquel hombre.

Dos sílabas simples, pero le costó pronunciarlas. Sentía que llevaba muchos años sin decir ese nombre. No era solo el largo tiempo que pasó dentro de la cápsula, sino también… cuando todavía estaba vivo. ¿Cómo lo había llamado la última vez?

¿”Invasor”? ¿”Loco”? ¿O tal vez “demente”?… No lo recordaba.

—¿¡Chiu!? —Mientras Meng Jiuzhao se perdía en sus pensamientos, un pequeño sonido lo sacó de su trance. Algo redondo empujaba con su cabecita desde debajo de su trasero. Al mirar hacia abajo, vio que era el pelito tonto.

El redondo cráneo de Daimao salió de debajo de Meng Jiuzhao, mirándolo con una expresión tontamente adorable.

Meng Jiuzhao sonrió y acarició los pelitos de la cabeza del pequeño.

Era este grupo de Kantas el que lo había hecho recordar su vida pasada… y también el nombre de aquel hombre.

—Louis —murmuró de nuevo, como si lo sellara. Tal vez nunca volvería a pronunciar ese nombre.

De repente, sintió frío. Apretó el mechoncito contra su pecho.

—¡Chiu! —repitió el pequeño, como respondiendo a las dos sílabas que Meng Jiuzhao acababa de pronunciar.

Meng Jiuzhao se quedó helado. Recordó que la primera vez que el pelito tonto había emitido un sonido fue justo después de que él dijera “Louis”. Lo observó detenidamente.

Ojos grandes, un piquito amarillo y ese mechón tonto en la cabeza. Se veía tontamente adorable, sin el menor parecido a la persona de su memoria.

Claro… ¿Cómo podría ser posible?

Aunque, al parecer, al tonto mechón le gustaba ese nombre. Entonces, de ahora en adelante…

—Louis —volvió a decir Meng Jiuzhao en voz baja.

—¡Chiu chiu~~!  —respondió alegre Daimao.

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