Una tensión extraña llenaba el salón. Teodoro actuó con dignidad, pero la confusión y el caos ya se habían desatado. ¿La repentina aparición del hijo ilegítimo del difunto emperador? Los nobles, tan sensibles a los chismes, no podían permanecer en silencio, al no poder hablar, solo susurraban en voz baja.
Todo tipo de historias comenzaron a surgir.
Richt tragó sus palabras y se quedó al lado de Teodoro. Aunque él decía estar bien, Richt no podía creerlo del todo.
Finalmente, la fiesta terminó en un ambiente caótico. Teodoro se dirigió a una habitación de invitados en el palacio. Allí estaba Rostel, quien se había retirado a mitad de la fiesta.
—Hola —saludó Rostel con una reverencia. Al ver a Richt, sonrió con alegría, pero no corrió hacia él.
Teodoro le preguntó a Altein:
—¿Ya está preparado todo para poner a prueba su linaje Imperial?
—Sí, Su Alteza.
—Entonces comencemos.
Un sacerdote entró con un pequeño recipiente. Tomó el dedo de Rostel y lo pinchó con una aguja.
—¡Ay, duele! —se quejó el niño inflando las mejillas, pero nadie lo consoló.
Todos miraron el recipiente.
La gota de sangre que cayó de la aguja se filtró lentamente en el agua. Entonces, el agua que la contenía comenzó a teñirse de azul. El sacerdote que lo había estado observando habló:
—Rostel es, sin duda, sangre de la familia imperial —declaró el sacerdote.
Richt tragó un suspiro. En la novela original, no recordaba nada así. Todo estaba cambiando demasiado.
—Sangre imperial… —murmuró Teodoro.
Sonaba tranquilo, pero nadie sabía lo que sentía por dentro. Sin pensarlo, Richt tomó su mano con fuerza.
Rostel miró a Teodoro y preguntó a su caballero:
—¿Entonces ese hombre es mi hermano?
—Sí. Y debe llamarlo “Su Alteza”.
—¿Pero es mi hermano?
—Ya se lo enseñé antes… —El caballero parecía incómodo.
Claramente Rostel no había recibido educación adecuada.
—Parece que tendrás mucho que aprender. Te asignaré una nueva habitación y un maestro de etiqueta. Si necesitas más, dilo.
Aun en esa situación, Teodoro hizo lo correcto.
—¡Muchas gracias! —se inclinó profundamente el caballero.
Rostel solo miraba confundido.
—Y conde Mentel…
—Sí.
—Hablaremos más tarde.
Con eso, Teodoro salió de la habitación. Su espalda parecía más pequeña de lo habitual. Abel empujó suavemente a Richt por detrás.
—Yo me encargo de este chico. Ve con él.
Tras decir eso, Abel tomó del brazo a Ban, que a pesar de su disgustó, no se apartó.
—Gracias —dijo Richt y corrió tras Teodoro.
En la habitación, Teodoro se quitó la capa y se dejó caer en el sofá. Richt se sentó a su lado y lo abrazó en silencio. A veces un gesto vale más que mil palabras.
Habría sido mejor si no hubiera sabido nada.
Tras la muerte de su madre y la expulsión de su tutora, descubrió muchas cosas perturbadoras. El pensamiento y los métodos de enseñanza anormales que le había inculcado mediante trabajos forzados eran extraordinarios, pero había algo aún más profundo.
«Los pecados de mi madre».
La emperatriz Maia eliminó todo lo que pudiera estorbar su poder, incluidas mujeres que el emperador había conocido… y sus hijos.
«¿Mi madre realmente me amó?»
Al principio, era un amor del que no había dudado. Ahora, no podía creerlo. Teodoro abrazó más fuerte a Richt, que aún lo sostenía.
«Está más delgado…»
Siempre cuidaba de los demás, pero no de sí mismo.
—Debería comer más. Está demasiado delgado —murmuró Teodoro.
Richt rió suavemente y acarició su cabeza.
—¿Quién? ¿Yo? No estoy tan delgado.
Las palabras que siguieron no tenían nada que ver con las preocupaciones que albergaba. Sin embargo, a medida que la conversación continuaba, su corazón se sentía más ligero.
—Sí lo está. ¿Cuánto come por comida?
—Lo necesario.
—Come más.
—¿Y si me duele el estómago?
—Si mastica despacio, estará bien.
—Lo intentaré.
Teodoro levantó la cabeza y lo miró. En la mirada de Richt, pudo observar una calidez, que nunca había recibido de su madre.
—¿Es difícil?
—Un poco —admitió Teodoro.
—Si las cosas se ponen demasiado difíciles, está bien hacer un berrinche.
—¿Está bien ser infantil?
—Sí, a esta edad es normal tener pequeñas rebeliones.
—¿Cómo qué?
—Escaparse del palacio y pasear por el mercado.
—¿Y quién haría el trabajo?
—El usted del futuro, alteza. —respondió Richt.
Teodoro rió en voz alta.
—Seguramente es el Imperio Rundel, ¿verdad?
—Probablemente. El momento es demasiado perfecto.
—Son realmente implacables.
—Siempre han sido enemigos de Glitein.
—Porque el Imperio Rundel y Glitein han sido enemigos durante generaciones.
Hablaron del pasado de ambos imperios y de la amenaza de Rundel. En el pasado, había varios imperios en el continente, pero con el tiempo, solo quedaron Rundel y Glitein.
—Además, ¿no es el actual Emperador del Imperio Rundel alguien que quiere parecerse al Rey Fundador?
El rey fundador del Imperio Rundel era un hombre obsesionado con la conquista. Fue un gran hombre que libró guerras constantemente en su afán por unificar el continente, pero su temperamento contrastaba con el del moderado rey fundador de Glitein.
En esa situación, la distancia entre ellos y el imperio no era grande, por lo que chocaban con frecuencia. Como resultado, sus sentimientos se fueron agriando, y para cuando llegaron sus descendientes, así era la situación
El actual emperador de Rundel, deseaba unificar el continente, por lo que Gliten era un obstáculo. Y él buscaba lograrlo bajo cualquier medio necesario.
Por eso había seducido a Richt, y ahora empezaba a tocar algo más. Teodoro cerró lentamente los ojos.
Como era de linaje legítimo, Rostel estaba destinado a ser aceptado en la familia imperial. Ahora bien, ¿qué podía hacer? El conde Mentel estaba a su lado. Era un hombre con aspecto de mapache, pero era el líder de la facción noble y contaba con un número considerable de seguidores. Era alguien a quien no se podía ignorar.
«Necesito un nuevo líder para la facción noble».
Alguien que pudiera mimetizarse con todos los aristócratas existentes, pero que a la vez mantuviera la comunicación con la familia imperial. Teodoro recordó a cada una de las personas que recordaba. Entonces, una persona le vino a la mente.
El segundo hijo del Conde Mentel. Al igual que su padre, es avaricioso y codicia el condado, pero fue desterrado a una finca. Si bien puede ser un poco holgazán en muchos aspectos, posee habilidades considerables. Si le ofreces ayuda para apoderarse del condado, cooperará de buena gana.
En ese momento, Richt le tocó la frente.
—No frunza el ceño, le saldrán arrugas.
Debió de haber estado frunciendo el ceño todo el tiempo. Teodoro abrió los ojos y sonrió tímidamente. Su corazón se aceleró al ver la sonrisa de Richt. Sin embargo, hiciera lo que hiciera, no podría lograr lo que Richt quería.
Teodoro sonrió avergonzado.
—Si tiene sueño, deje de hacer pucheros y duerma.
«Pucheros…»
Aun así, le gustaba. Y mucho.
«Pero para él sigo siendo un niño».
¿Cuánto tendría que crecer para que lo tomara en serio?
«Y además están Abel y Ban…tendría que deshacerme de ellos».
Eso parecía imposible. Ni siquiera el gran Abel podía soportar estar con Ban. El camino era demasiado largo. Teodoro reflexionó un rato y finalmente, se quedó dormido.
Esa noche, sintió que tendría un buen sueño.