Rostel levantó el dedo y señaló al pájaro.
—¿Estás hablando?
Nunca había visto un pájaro que hablara. ¿Los animales no se suponían que no podían hablar?
Rostel ladeó la cabeza, perplejo, cuando el pájaro empezó a aletear. Pensando que estaba a punto de volar, se inclinó para atraparlo. Entonces, perdió el equilibrio y cayó por la ventana.
Cerró los ojos esperando el dolor… pero no sintió nada. Al abrirlos, estaba envuelto en viento que lo sostenía suavemente hasta el suelo.
—[Aaaah, ¿estás loco? ¡Los humanos se mueren si caen! ¿Por qué saltaste?]
El pájaro lo regañó sin parar.
—No salté a propósito…
El ave siguió sermoneándolo un buen rato.
—[Ten más cuidado la próxima vez.]
—¡Sí, tendré cuidado!
Extrañamente, Rostel no estaba de mal humor. Al contrario, estaba emocionado.
—¿Puedo tocarte?
[¿Qué cosa?]
—A ti.
—[Bueno… supongo que sí].
Rostel lo acarició de inmediato. Su plumaje era increíblemente suave. A él siempre le habían gustado los animales, después de todo no confiaba en las personas. Pero nunca le permitían tener mascotas. Cuando recogió un cachorro a escondidas, lo regañaron.
—Eres muy lindo.
El ave infló el pecho orgulloso.
—¿Vives aquí?
—[No, no vivo aquí. Sigo a alguien que me gusta].
—¿Tienes a alguien que te gusta? —Rostel se puso triste.
—[¡Sí! Es bonito y amable].
—¿Yo no soy bonito?
—[Eres lindo].
—¿Qué tan lindo?
—[Creo que eres el niño más lindo que he visto].
—Entonces, ¿no puedes quedarte conmigo en lugar de ir con esa persona?
—[Es difícil… pero vendré a verte seguido]. —El ave prometió eso y salió volando.
Rostel se alegró solo con eso.
Poco después, se armó un caos porque Rostel había desaparecido. Cuando Lueros lo encontró afuera, estalló furioso:
—¡Lord Rostel, este lugar es peligroso! ¡No puede salir sin permiso! ¡Podría morir!
Rostel bajó la cabeza. Quiso decir: “Si es tan peligroso, mejor volvamos a casa”, pero se contuvo.
Al regresar a su habitación, la silla había desaparecido y la ventana estaba firmemente cerrada.
«Dijo que vendría mañana…»
No sabía cómo podría volver a ver al ave. Y eso lo hizo sentirse deprimido.
*** ** ***
Richt despertó y observó un techo extraño.
«Un techo desconocido…»
Estaba claro que había dormido recostado en el sofá, pero al despertar, estaba en la cama. Teodoro estaba acurrucado a su lado. Era una imagen que aterrorizaría a cualquiera, así que decidió levantarse. Los nobles no solían compartir cama a menos que fueran sus esposas o amantes.
Trató de incorporarse despacio, sacando los pies de la cama, pero Teodoro lo abrazó por la cintura.
—Tengo sueño…
—Entonces duerma más.
Intentó levantarse de nuevo, pero Teodoro no lo soltó.
—Duerme conmigo.
Sonrió con los ojos curvados. Richt pensó que era adorable solo porque era un niño, pero pensó que ya había crecido, y era hermoso por naturaleza, además de unos ojos deslumbrantes.
—No se puede. ¿Qué pasaría si alguien nos ve?
—¿Y qué? —Teodoro hizo un puchero.
—Podrían malinterpretar.
—¿Malinterpretar qué?
—Que yo, un adulto, me aproveché de un príncipe heredero menor de edad.
Teodoro dejó escapar una risa.
—Nadie pensaría eso.
Mostró su propio brazo musculoso al lado del de Richt, delgado y frágil.
—Más bien pensarían lo contrario.
Richt se quedó sin palabras. ¿Por qué comparaba brazos? Por primera vez deseó tener un cuerpo más robusto. Si iba a poseer a alguien, preferiría un cuerpo más fuerte. Giró la cabeza y se levantó de la cama, y Teodoro también se levantó, sonriendo de oreja a oreja.
—¿Le pido que traigan el desayuno?
—No, comeré cuando regrese a mi alojamiento.
—¿Por qué? Quería que desayunáramos juntos.
—Entonces volveré después de cambiarme.
Su ropa estaba arrugada y temía lo que pensarían las sirvientas.
—A mí no me importa.
—A mí sí.
—Entonces te llevaré.
—Puedo ir solo…
—¿Seguro?
Al final, Teodoro lo ayudó a regresar sin que los guardias lo vieran. Gracias a eso llegó sano y salvo.
—¡Lord Richt!
Ban lo recibió de inmediato. Al ver su ropa arrugada frunció el ceño, pero fue tan rápido que Richt no lo notó.
—¿Dormiste bien?
Richt le acarició la mejilla y fue directo al baño.
«Ni siquiera me bañé…»
Ban lo ayudó como siempre, pero esta vez su mirada y sus manos fueron insistentes, como buscando algo.
Richt entendió al instante.
—No pasó nada.
Entonces, Ban, que estaba frotando la parte interior de su muslo, bajó la mirada.
—Es la verdad. Además, Su Alteza es demasiado joven.
—He oído que los príncipes eligen pareja desde pequeños.
—Eso no aplica al mismo sexo, lo sabes.
Ban estaba imaginando cosas absurdas. Una parte de él tenía que aprender a pensar con más cordura. Incluso si la historia saliera mal y Teodoro sí lo quisiera, eso no sería amor. Sería cariño demostrado a un familiar.
—No te preocupes, Teodoro tiene a su pareja destinada —añadió Richt.
En la novela original, Teodoro se casaría con una joven de una casa ducal caída. Richt incluso pensaba ayudar a unirlos en el futuro.
Y, de hecho, esa joven era alguien con quien Teodoro se había topado brevemente mientras huía y recuperaba fuerzas.
«Quizás había desarrollado sentimientos por ella desde entonces», pensó.
Así que las preocupaciones de Ban eran infundadas. Ban puso una expresión extraña, pero no preguntó más.
—Entiendo.
Terminaron el baño. Richt se cambió de ropa y se sintió renovado, aunque exhausto por la fiesta del día anterior.
Después de los eventos y fiestas que habían estado ocurriendo desde ayer por la mañana, su ya baja energía parecía haberse desvanecido por completo. Aun así, había prometido desayunar con Teodoro, así que regresó. Por supuesto, Ban lo acompañó.
—¡Eh!
En la residencia del príncipe heredero estaba… Abel.
—¿Por qué está aquí?
—Vine a desayunar con Su Alteza.
Richt lo miró con desconfianza.
Abel levantó su taza de té… y Richt le dio un manotazo.
—Primero debe beber Lord Teodoro.
Abel dejó la taza y en ese momento salió Teodoro de su habitación.
—¿Desde cuándo se hablan de tú?
—Desde hace mucho —respondió Abel con naturalidad.
—¿Mucho?
—Tenemos posiciones y edades parecidas.
“Parecidas” dijo el hombre mayor que Richt y él no pudo evitar fruncir el ceño, pero Abel siguió hablando como si nada.
—Así son las cosas.
—¿Es verdad? —Teodoro miró a Richt.
—Sí… simplemente sucedieron las cosas así—. Richt decidió aceptarlo para evitar problemas.
Teodoro se sentó y señaló un asiento vacío.
—Hoy Ban también desayunará con nosotros.
—Estoy bien aquí—. Ban negó con la cabeza.
—No, no puedo dejarte de pie. Siéntate.
Ban miró a Richt y luego se sentó con cautela.
Desayunaron panqueques con mantequilla y mermelada, salchichas, huevos, ensalada y té.
—Hay muy poca carne —se quejó Abel, pero comió muchísimo de todos modos.