Capitulo 12

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Capítulo 12

Aunque era casi igual que cuando estaba en Hangzhou, seguía pasando cada día sin noticias de Xiao Zhaoshan. La única diferencia era que ahora a veces iba en patineta a la galería, miraba la palabra “Zhao” y se fumaba un par de cigarrillos, escuchaba las canciones que Xiao Zhaoshan había oído, y recorría las calles y callejones de Pekín.

Xiao Chining nunca había experimentado el anhelo ni la nostalgia; esos sentimientos siempre le habían sido ajenos. Pero si admitir que extrañaba a Xiao Zhaoshan podía hacer que Chi Qing lo quisiera un poco más, estaba dispuesto a aceptarlo.

Después de todo, el resultado no era malo. Chi Qing parecía muy satisfecha con su aparente dependencia, como si hubiera olvidado por completo el desastre que él había causado en la galería. Su rostro estaba lleno de satisfacción:. “Estamos muy ocupados, Chining. Me alegra que lo entiendas.”

Xiao Chining bajó su patineta y asintió: “Lo entiendo, todos tienen sus propias carreras.”“.

El domingo por la tarde, Xiao Zhaoshan tomó el único vuelo directo de ese día para regresar al país. Chi Qing acababa de terminar una videollamada de trabajo, así que llevó en coche a Xiao Chin Ning, quien también notampoco tenía clases, al aeropuerto.

El área de llegadas estaba abarrotada. Chi Qing dejó su bolso en el auto, llevaba unos tacones de aguja negros de ocho centímetros y una gabardina larga de satén color caqui, ajustada a la cintura con botones dobles. Con las manos en los bolsillos de la gabardina, esperaba tranquila y serena, apartada de la multitud.

Xiao Chin Ning no pudo evitar notar el cabello rizado y arreglado de Chi Qing, y la elegante línea que formaban el empeine y los tobillos realzados por los tacones. Le resultó divertido, sobre todo al ver aparecer a Chen Yu, empujando un carrito de equipaje junto a Xiao Zhaoshan.

No se detuvieron. Xiao Zhaoshan, sin dudar, se dirigió directamente hacia Chi Qing, que estaba de pie junto a una columna, ignorando por completo a Xiao Chin Ning, sin dirigirle ni una palabra.

Chi Qing, al verlo acercarse, sacó las manos de los bolsillos, abrió ligeramente los brazos y lo abrazó suavemente por la cintura:. “Debes estar cansado.”

Aunque su rostro mostraba un evidente cansancio que no podía ocultar, Xiao Zhaoshan sonrió en ese instante de manera perfecta. Inclinó la cabeza y besó la punta de la oreja de Chi Qing, diciendo relajadamente: “Vámonos..

Xiao Chin Ning, a propósito, dirigió su mirada hacia Chen Yu, pero vio que este mantenía una expresión tranquila, e incluso saludó respetuosamente a Chi Qing y se presentó: “Mucho gusto, directora Chi, es un honor conocerla. Soy Chen Yu, pasante en la galería..

Chi Qing, señalando a Xiao Zhaoshan con la mirada, sonrió y dijo: “Entonces debes de ser muy competente. Hace mucho que él no se molesta en entrenar a un pasante personalmente..

Chen Yu mostró una actitud tímida y modesta, respondiendo: “Gracias al maestro Xiao por su apoyo, sólosolo he tenido suerte.”“.

Claro, demasiada suerte. Llegar hasta su cama… ¿cuántaCuánta gente podría aspirar a eso??, pensó Xiao Chining con sarcasmo.

“Hoy es fin de semana, no llamé al chofer,”“, dijo Chi Qing tras intercambiar unas palabras formales. Luego tomó del brazo a Xiao Zhaoshan y añadió, girando el rostro,: “Has volado más de diez horas, mejor manejo yo.”“.

Xiao Zhaoshan le devolvió el apretón de manos, asintiendo con firmeza: “Sí. Primero dejemos a Chen Yu en su casa.”“.

Xiao Chin Ning caminaba junto a Chen Yu, unos pasos detrás de ellos, viendo claramente cómo esa pareja perfecta caminaba de la mano, susurrándose al oído en medio del bullicio del aeropuerto.

“¿Qué sientes ahora?“, preguntó Xiao Chining.

“¿Sentir qué?“, respondió Chen Yu.

“Tu maestro y su esposa se ven como una pareja ideal, y tú no eres más que un amante clandestino..

Chen Yu simplemente sonrió: “Mientras no sea el tercero en discordia, todo está bien.”“.

“No hay mucha diferencia,”“. Xiao Chin Ning siguió mirando las manos entrelazadas al frente.

“¿Tú crees que es lo mismo una escort que un amante?”

Finalmente, Xiao Chin Ning apartó su mirada de aquella pareja ajena, respondiendo con ironía: “Así que eres un idiota dispuesto a dejarse seducir..

“Cuando seas mayor lo entenderás,”“, dijo Chen Yu, con una expresión momentáneamente vacía, “cambiar un currículum bonito por esto, vale la pena… Aunque, olvídalo, tú nunca lo entenderías..

“¿Vale tanto como para volverte un ‘prostituto’?”

“El cliente es guapo, tiene buen cuerpo, y en la cama también es bueno,”“, dijo Chen Yu, esta vez sin titubeos,. “¿Dormir con un guapo y encima ganar dinero? ¿Quién se resistiría?”

Xiao Chin Ning se dio cuenta de que, efectivamente, existían personas que amaban tanto su carrera como para caer en la estupidez.

Sonrió y preguntó: “¿No temes enamorarte y perderlo todo?”

Chen Yu tardó en responder. Xiao Chin Ning vio sus labios tensarse, y y, no supo por qué, a pesar de haber tenido la última palabra, no sintió ninguna satisfacción.

Ya casi llegaban al estacionamiento exterior. Xiao Zhaoshan y Chi Qing cruzaron la calle primero; ellos dos fueron bloqueados por una fila de taxis que recién cargaban pasajeros.

En ese momento, Chen Yu preguntó de repente: “¿Por qué ese día perdiste el control en la galería?”

Xiao Chin Ning se encogió de hombros: “¿Tú crees que fue perder el control?”

“¿Cortarte delante de todos no cuenta como locura?” Chen Yu bajó la cabeza, empujando su maleta hacia su lado derecho, acercándose más a Xiao Chining. “Había tanto vidrio, tanta sangre… y tú parecías no sentir dolor. Cualquiera se habría asustado contigo.”

Xiao Chin Ning sonrió despreocupadamente: “Deberías aprender de tu maestro Xiao. Él no se asusta.”

“Por eso,”“, dijo Chen Yu, sin sonreír, mientras se volvía hacia él bajo el flujo de coches, “ese día lo entendí por completo: enamorarte de alguien como él, te vuelve tan loco como a ti.”“.

¿De verdad?

Xiao Chining recordó de repente sus momentos de desenfreno, recordó a Xiao Zhaoshan cocinándole una sopa de fideos a Chen Yu… y, por un instante, se quedó sin reacción.

Zhaoshan, sentado en el asiento del copiloto, descansaba con los ojos cerrados. El interior del coche estaba en un silencio absoluto; el desfase horario y las largas horas de vuelo lo tenían exhausto, y también más irritado de lo esperado por la presencia de Xiao Chin Ning.

No le preocupaba que Xiao Chin Ning causara una escena, ni temía que revelara lo que había ocurrido entre él y Chen Yu. Después de todo, Chi Qing pasaba la mayor parte del año fuera y tampoco le faltaban hombres en la cama; ambos estaban bien al tanto de la situación y siempre habían mantenido un respeto mutuo.

Pero ahora estaba muy cansado. Incluso descansando, su mente no dejaba de estar en guardia, listo para lanzar a Xiao Chin Ning fuera del coche en cuanto intentara cualquier locura.

Sin embargo, desde el momento en que Xiao Chining vio a Chen Yu, su expresión había sido de una tranquilidad absoluta, como el “niño que podía quedarse en casa” en los ojos de Chi Qing. Incluso se había ofrecido a cargar el pesado equipaje en el maletero cuando subieron al coche.

Había sido obediente contra su naturaleza durante tanto tiempo, que Zhao Shan sabía que eso sólosolo podía augurar una explosión aún más sorprendente.

Pensándolo, se sintió aún más agotado.

Frunciendo el ceño, abrió los ojos, queriendo, disimuladamente, captar algún indicio. Pero justo al mirar hacia el retrovisor, se topó de golpe con la mirada persistente y casi inocente de Xiao Chin Ning.

Lo había estado mirando todo el tiempo.

Zhao Shan se quedó inmóvil un momento, luego bajó ligeramente los párpados, y y, desde su posición elevadaelevada, encontró nuevamente su mirada en el espejo, siendo testigo claro de cómo la expresión vacía de Xiao Chining se transformaba, poco a poco, en la sonrisa pura que un niño dedica a su padre en quien confía.

Por un instante, casi creyó que toda esa docilidad reciente había sido real.

Pero inmediatamente después, Xiao Chin Ning, con esa expresión que provocaba compasión, le dijo en silencio con los labios: “Papá, parece que me he vuelto loco..

Zhao Shan no logró entender del todo sus labios, pero captó con facilidad que un huracán quizá ya había tocado tierra silenciosamente.

—Zhaoshan. ¿Zhaoshan?

—¿Hm? —volvió en sí, aunque su mirada seguía fija en Xiao Chin Ning en el espejo retrovisor—. ¿Qué pasa?

—Te pregunté si me había pasado la salida —suspiró Chi Qing—. Hace tanto que no manejo que ya ni sé leer el GPS.

SóloSolo entonces Zhao Shan apartó la vista, tomó el teléfono del soporte, seleccionó una nueva ruta y lo colocó de nuevo:

—No pasa nada. Sal por la siguiente salida.

Desde el asiento trasero, Chen Yu se apresuró a disculparse:

—Fue mi culpa, debería haber estado atento. Disculpe la molestia, señora Chi.

—¿Qué molestia? —respondió ella sonriendo por el retrovisor—. Lo que sería un problema es no poder dar la vuelta en la autopista.

—De ninguna manera, señora Chi, su habilidad al volante es excelente. Mucho mejor que la mía, que aún después de dos años de licencia sigo calando el coche en las subidas —bromeó Chen Yu.

El coche bajó de la autopista por la segunda salida. Gracias a las habilidades sociales de Chi Qing y Chen Yu, el ambiente en el coche finalmente se animó un poco. Zhao Shan, sin embargo, no estaba de humor para escuchar la conversación amena entre su esposa y su amante.

Cuando volvió a mirar por el retrovisor, Xiao Chin Ning aún lo estaba observando.

Como si estuviera seguro de que tarde o temprano se enfrentarían, seguía mirándolo con terquedad.

Cualquiera se conmovería ante esos ojos que vagaban entre la adolescencia y la madurez. Zhao Shan, por primera vez, fue consciente del vigor que Xiao Chin Ning irradiaba tras dejar la cama del hospital.

Y naturalmente, recordó las lágrimas del niño de catorce años en el hospital de Hangzhou.

Zhao Shan nunca había llorado, así que el llanto de aquel niño había despertado su curiosidad.

Al principio pensó que Xiao Chin Ning lloraba por fiebre y dolor de cabeza, pero cuando abrió sus ojos nublados y dejó fluir una devoción incondicional, Zhao Shan entendió que aquellas lágrimas no provenían del dolor físico.

Nunca antes un momento le había parecido tan interesante.

—¿Por qué lloras? —le preguntó con una sonrisa.

El niño frunció los labios, y con voz ronca pero decidida respondió:

—Quiero… quiero volver a casa.

¿Pero acaso no estaba en casa?

Zhao Shan le apartó con ternura el cabello húmedo de sudor de la frente, y con algo de tristeza preguntó:

—¿A qué casa quieres volver?

Una nueva lágrima cayó sobre la muñeca de Zhao Shan, empapándola, ahogando uno de sus miles de millones de latidos.

—Quiero volver junto a ustedes… —susurró el niño.

Así como ver una flor rara y hermosa provoca el deseo de arrancarla, o ver a un monje atractivo despierta la tentación de hacerlo caer en el mundo, la destrucción de la belleza y la pureza se convierte en una extensión cotidiana de la insatisfacción humana. Zhao Shan no era una excepción.

Al ver al niño tan desvalido, sólosolo sintió deseos de hacerlo aún más desdichado.

Extendió un dedo y acarició la húmeda comisura del ojo enrojecido de Xiao Chining.

—Pero ni tu madre ni yo te necesitamos.

Una lágrima tras otra fueron interceptadas por sus dedos.

—¿Por qué…? —incluso con los ojos cerrados, el niño no pudo reprimir su llanto—. ¿Por qué no me necesitan? Yo sí los necesito…

Zhao Shan comprendió, en ese momento, las palabras que Xiao Chin Ning no había podido terminar antes de caer inconsciente.

Tres años después, el niño parecía haberse convertido en un adolescente indomable que rompía todo creyéndose invencible, pero al final siempre volvía a su lado, una y otra vez, mostrando sus heridas.

La sangre, al fin y al cabo, no razonaba.

Conmovido, Zhao Shan cambió de idea de inmediato, pidió a Chi Qing que desviara el coche y lo llevara a la galería.

Allí, junto al estanque de lavado de pinceles, encendió un cigarrillo y se quedó mirando en silencio aquel cuadro que había intentado completar muchas veces, sin nunca lograr alcanzar su ideal.

Imaginó que la mujer junto a la ventana iba tomando unos rasgos faciales y una mirada familiares.

En su mente, ella se transformó en una joven, obstinada y desesperada, que miraba fijamente hacia el exterior, como si, a través de ella, fuera el propio Xiao Chi Ning quien preguntara a este vasto mundo lleno de esplendor: “¿Por qué, por qué no pueden amarme?”

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