Capítulo 14: Qué feo 

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N/T: Este Capítulo fue editado y corregido por Paris.

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Feng Jingteng lo miró y dijo con gran significado: 

—¡Es bastante grande! —Sin embargo, a lo que que se refería no era a la parte delantera, sino la trasera. 

Mei Chuanqi se rio con orgullo, se dio la vuelta y, de espaldas a Feng Jingteng, colocó primero una pierna, después la otra, sobre la bañera y se frotó las pantorrillas. 

Feng Jingteng miró sus nalgas turgentes, la mirada de sus ojos se volvió más profunda. Después de eso, se dio la vuelta, se quitó el sombrero del ejército, que colocó en la mesita de noche, se tumbó en la cama y cerró los ojos para recuperarse. 

Mei Chuanqi terminó de ducharse, se envolvió en una toalla y salió. Cuando vio a Feng Jingteng tumbado en la cama, no pudo evitar poner los ojos en blanco. 

Este hombre estaba tan familiarizado con él que realmente se consideraba su esposo, y que ésta era su casa. 

Mei Chuanqi se sentó en la silla junto a la ventana francesa, levantó los pies, los apoyó en la mesa, y habló:  —Dime, ¿qué te trae a mi casa, coronel?

Feng Jingteng abrió los ojos y dio unas palmaditas en la cama a su lado, diciendo con voz ronca:  —¡Ven aquí!

Un atisbo de vacilación pasó por los ojos de Mei Chuanqi, al final se levantó y se sentó. 

—Acuéstate. 

Mei Chuanqi puso los ojos en blanco y se tumbó en la cama: —¿Puedes decirlo ahora?

Feng Jingteng miró la distancia que había entre los dos, con disgusto, levantó la cabeza de Mei Chuanqi y la apoyó sobre su brazo, lo atrajo hacia él y le propuso:—Múdate conmigo. 

Mei Chuanqi se sobresaltó:  —¿Qué quieres decir?

—Que tú y tu hijo se muden a mi villa  para que vivan conmigo —respondió con una mirada seria.

—¡Ja! ¿Estás loco?

Mei Chuanqi lo miró incrédulo. ¿Este hombre podría estar enfermo? Solo había sido un error el que se hayan casado. ¿Era necesario mudarse juntos por eso? 

—Te daré un día para ordenar tu ropa. 

—No me moveré. 

Mei Chuanqi intentó levantarse, pero Feng Jingteng se dio la vuelta y lo empujó hacia abajo: —Sólo te estoy informando de esto, no te estoy pidiendo tu opinión. 

Mei Chuanqi lo miró con una sonrisa: —Coronel, solo te has confundido de persona al momento de registrar tu matrimonio. Dentro de un año nos divorciaremos, ¿crees que es necesario que tengamos que vivir juntos?

—¡Sí! —Feng Jingteng se apoyó en los brazos para incorporarse y lo besó rápidamente en los labios. 

Mei Chuanqi abrió mucho los ojos. 

Feng Jingteng lo soltó y se lamió los labios húmedos con satisfacción. Sin darle tiempo para que pudiera reaccionar, se levantó y se dirigió hacia la puerta. 

Mei Chuanqi recuperó el sentido, tomó rápidamente su almohada y la lanzó hacia Feng Jingteng: —¡Largo!

¡Joder! De hecho, fue besado a la fuerza por alguien. 

Como si tuviera ojos en la nuca, Feng Jingteng se dio la vuelta para atrapar la almohada, después la tiró de vuelta  a la cama y salió de la habitación. 

Mei Chuanqi miró con furia a la puerta, se levantó y se puso un conjunto de ropa blanca informal. Cuando salió de la habitación, escuchó las risas alegres del  niño y, sin saberlo, su ánimo se contagió. La frustración en su corazón se disipó y una leve sonrisa apareció en la comisura de sus labios.

—¡El tío Feng es impresionante!

Al escuchar eso, la sonrisa de Mei Chuanqi se congeló en su rostro. Cuando llegó a la entrada de la sala de juegos, vio a Feng Jingteng concentrado en la instalación de la cabina de juegos. Sus movimientos eran muy hábiles, como los del personal que vendía las cabinas de juegos.

—¡Papi! —Mei Weixian se abrazó al muslo de su padre con alegría. 

Mei Chuanqi sonrió mientras lo abrazaba y besaba su tierna carita. 

Mei Ri tocó con curiosidad la cabeza calva y algo áspera de Mei Chuanqi y frunció el ceño. 

—¡Papá no tiene pelo, es muy feo! 

Mei Chuanqi le dio una palmadita en el trasero y fingió estar enfadado: — Mei Weixian, ¿te atreves a llamar feo a papá? ¿Quieres que papá te haga pasar un mal rato? ¿Hmm? 

—¡Papá, si vuelves a llamarme por mi nombre completo, me enfadaré de verdad! —lo amenazó frunciendo el ceño y mirándolo enojado. 

Alguien soltó una risita de repente: —Señor Mei, ¿cómo es que le puso un nombre tan… tan especial al niño?

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¡FELICES LECTURAS!

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