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Mirando las espaldas de aquella pareja alejándose bajo un paraguas, Yu Xiaowen pensó que tal vez tendría que poner fin anticipadamente a sus actividades de chantaje.
Por supuesto, no estaba triste. Uno va a morirse pronto, ¿y todavía se preocupa por esto y aquello? Si la víctima tenía una pareja adecuada, sin duda él mismo le desearía una eterna unión feliz.
Desde el principio, las reglas que él mismo había establecido tenían límites claros. No iba a extender su pie, su corazón, su mente ni nada más allá de esos límites.
Yu Xiaowen estaba agotado, sin fuerzas, y seguía mirando hacia donde se habían ido aquellos dos, sin levantarse, manteniendo al sospechoso inmovilizado mientras sacaba su teléfono y enviaba un mensaje de voz a Xu Jie:
—¿Ya saliste? Estacionamiento A3, centro comercial del Distrito S.
Soltó el botón de enviar.
Vio cómo Lu Kongyun llevaba a la bella Omega hasta su auto, intercambiaban unas palabras, y luego este regresaba caminando bajo la lluvia con el paraguas.
…
La figura bajo el paraguas se acercaba cada vez más.
No vengas, no vengas. Que ocurra un hechizo que lo hunda en la tierra y lo atrape, murmuró Yu Xiaowen en su mente.
Después de llevar al detenido a la comisaría, estudiaría detenidamente esas frases motivacionales que había guardado en capturas de pantalla; seguro que entonces podría pronunciar sinceramente sus bendiciones y buenos deseos. “Felicidad y plenitud, unión eterna, que tengan hijos pronto”.
Pero en ese momento, hecho un desastre, lo que quería era que cada cual siguiera su camino.
—Jefe, ¿cuánto tiempo más piensa tenerme así? —el detenido jadeaba, esforzándose por girar la cabeza en el agua lodosa para hablarle—. ¡Y podría apretarme un poco menos el brazo, carajo!
—Oh, ¿ahora sientes dolor? —Yu Xiaowen le soltó el brazo y, mientras hablaba, le propinó varios golpes con el filo de la mano en la cabeza—. ¡Tú, hace un momento, al apretarme el cuello, no fuiste suave precisamente! ¿Eh?
Poco después, la víctima se detuvo frente a él. Entonces, la luz del cielo sobre la cabeza de Yu Xiaowen fue bloqueada por la tela negra del paraguas.
Lu Kongyun miró hacia abajo, a él y al detenido, y después de medir sus palabras, preguntó:
—¿Necesita ayuda, jefe?
Yu Xiaowen, con la cabeza aún alzada, lo miró, se limpió los ojos, esbozó una sonrisa y, ladeando la cabeza, preguntó:
—Amable ciudadano, ¿cómo piensa ayudar?
Lu Kongyun preguntó:
—¿Cuándo llegarán sus colegas?
Yu Xiaowen echó un vistazo a la respuesta en su teléfono:
—En menos de veinte minutos.
—Entonces puede esperar un rato en mi auto. —contestó Lu Kongyun
Yu Xiaowen miró el elegante vehículo negro, reluciente bajo la lluvia
—¿Al amable ciudadano no le molesta que estemos sucios?
Lu Kongyun frunció el ceño, luego extendió la mano, agarró su muñeca y con un rápido movimiento lo levantó.
—Oye, oye…
Lu Kongyun bajó la voz:
—¿Y si me molestara? ¿Acaso piensas montarlo bajo la lluvia durante veinte minutos?
Yu Xiaowen ya no tenía fuerzas, sumado a la relajación tras la pelea; al ser levantado de golpe, las piernas le flojearon y cayó directamente sobre el otro. La víctima, instintivamente, lo sostuvo. Yu Xiaowen sintió que le agarraban de la cintura, pero luego lo soltaron inmediatamente.
… Parecía ser justo el lugar donde aún tenía el moretón que no se le había curado.
De repente, una revelación iluminó su mente y, acercándose al oído de la víctima, le susurró entre dientes:
—Hum… ¡pequeño canalla! ¡Así que no fue por caerme en las escaleras! Tú fuiste quien me lo hizo, ¿verdad?…
Los dos ojos visibles sobre el bozal de Lu Kongyun se clavaron en los suyos, y por un instante mostraron una profundidad perturbadora. Yu Xiaowen sintió que se le erizaba el vello. No era miedo, precisamente. Parecía solo un instinto natural de un Omega, que lo hacía sentirse vulnerable bajo esa mirada.
Yu Xiaowen, presa de ese instinto de vulnerabilidad, encogió el cuello. Aún sin lograr descifrar el significado detrás de esa mirada, fue empujado abruptamente.
Resulta que el sospechoso todavía pensaba en escapar. Se arrodilló en silencio, luego se puso de pie y se preparó para correr. Después de apartar a Yu Xiaowen, Lu Kongyun avanzó dos pasos, agarró uno de los brazos del sospechoso y, con un crujido sordo, se lo dislocó. El sospechoso lanzó un alarido. Entonces agarró el otro brazo y repitió la acción.
—¡¡¡Aaaah!!! —esta vez gritó aún más fuerte. El sospechoso, ahora sin el uso de sus dos brazos, cayó al suelo revolcándose y gritando de dolor. Aunque no había mucha gente en esa parte del estacionamiento, Yu Xiaowen miró alrededor al oír los alaridos.
Por la mente de Yu Xiaowen pasaron pensamientos extraños. Como, por ejemplo, cuál sería su propio final el día que perdiera su ventaja sobre el otro.
Menos mal que iba a morir pronto.
Aunque le parecía exagerado e innecesario, Yu Xiaowen le dio las gracias.
—Gracias por la ayuda —dijo, agachándose para ayudar a levantar al sospechoso.
La expresión de Lu Kongyun volvió a la normalidad. Yu Xiaowen quiso analizar de nuevo el significado de aquella mirada, pero ya no había rastro de ello.
—Simplemente no quiero que cause problemas en mi auto, después de todo, hay una dama dentro —justificó Lu Kongyun su acción desproporcionada, alejada de su imagen habitual—. En un momento se lo volveré a colocar.
—Mm. Tiene sentido —Yu Xiaowen miró otra vez hacia el auto. Pensó en la elegante Omega con vestido largo y tacones que había visto antes.
Se detuvo:
—Mejor. Esperaremos un rato bajo el alero de allí. En la zona A1 también hay un puesto de vigilancia, podemos ir ahí.
—Oficial, no me encuentro bien. Le agradecería que dejara de decir tonterías. —Lu Kongyun señaló su bozal.
Yu Xiaowen señaló su propia ropa sucia y al sospechoso a su lado, y preguntó:
—¿Y tienes el consentimiento de tu acompañante para que subamos al auto?
Su elección de palabras hizo que la mirada del otro se detuviera un instante antes de responder:
—Sí.
Yu Xiaowen no siguió poniendo pegas y lo acompañó.Los tres avanzaron en fila bajo la lluvia.
—Si te alejas tanto, es un fastidio cubrirte con el paraguas —le dijo el buen ciudadano al policía.
El policía miró el hombro medio mojado del buen ciudadano, pero no se acercó:
—No te preocupes por mí. Total, ya estoy empapado.
—¿Al oficial le gusta tanto mojarse bajo la lluvia? —preguntó el buen ciudadano, mirando al policía.
—Este maldito… me duele y tengo frío —el sospechoso, bastante exasperado por el diálogo absurdo entre esos dos desconocidos, castañeaba los dientes y jadeaba—. ¡Si ninguno usa el paraguas, entonces dénmelo a mí!
—Un muñón sin brazos como tú, ¿para qué quieres un paraguas? Tú pareces más un paraguas. —contestó el policía tras mirarlo.
—Entonces, buen ciudadano, estás en tu periodo de susceptibilidad —preguntó el policía al buen ciudadano con naturalidad—, ¿es porque su feromona es muy compatible con la tuya? ¿Es su aroma de tu agrado?
El sospechoso miró con incredulidad al policía que se excedía en sus preguntas; su expresión dejaba claro que incluso él encontraba a ese tipo bastante descortés y falto de modales.
El Alfa en periodo de susceptibilidad, de comportamiento feroz, inmediatamente corrigió con severidad al policía maleducado.
—Oficial, relacionar el periodo de susceptibilidad con algo llamado “agrado” es completamente anticientífico. Incluso si sus feromonas provocan una reacción en mi cuerpo, eso no puede definirse como agrado. No es más que un instinto animal.
El sospechoso soltó un bufido
—¡Qué picante! ¿O sea que ella te está seduciendo, verdad? La vida de los AO es genial…
El Alfa miró al sospechoso brevemente, ignorando su comentario con indiferencia. El policía, por su parte, se quedó mirando al Alfa en silencio, sin mostrar su habitual falta de modales durante un buen rato. Y entonces soltó la bomba:
—Así que tú también puedes reaccionar.
El aire se volvió densamente silencioso.
… El sospechoso pensó que, incluso siendo un hombre Beta, le resultaba difícil aceptar ese tipo de comentario, y más aún un Alfa, por lo que lo miró esperando el espectáculo.
Efectivamente, las cejas del Alfa temblaron, como si ya no pudiera mantener su compostura:
—¿De qué te enorgulleces? ¿Crees que eres especial?
El policía parecía desconcertado. El sospechoso, ansioso por intervenir, añadió:
—Oigan, ¿es que la gente de este país siempre habla con tanta desconexión cuando se conocen? La última vez que vi a alguien tan bueno conversando fue con E.T.
El policía lo miró de inmediato:
—¿No eres del país S?
—¿Quién diablos es de su país S…? —el sospechoso puso cara de disgusto, pero no dijo más. El policía lo examinó un momento, pero no profundizó en el tema. Los tres guardaron silencio.
Justo cuando se acercaban al auto, el Alfa dijo:
—Esa señorita tiene influencias. Así que, una vez dentro, midan sus palabras. ¿No es una petición excesiva, oficial? —dijo el alfa mirando al policía.
El agente se secó el agua del rostro. No dijo nada, solo sonrió levemente al Alfa, que a través de la manga, se tocó la muñeca. Ya lo había hecho varias veces.
El sospechoso se imaginaba firmemente que allí debía llevar un reloj caro y nada resistente al agua.
Lu Kongyun subió al asiento del conductor, mientras el chantajista y el sospechoso se sentaron atrás. Al arrancar el motor, la señorita Chen, que ya se sentía sofocada por la espera, encendió el aire acondicionado. Pero Lu Kongyun lo apagó en la parte trasera y lo bajó en la delantera. La señorita Chen observó su acción sin parecer molesta.
—Este oficial necesita esperar aquí veinte minutos. Hasta que lleguen sus colegas. ¿No hay problema? —preguntó Lu Kongyun.
—Lu Kongyun, preguntar ahora no es muy sincero que digas —respondió la señorita Chen—. Ya he dejado que mi chófer se fuera. ¿Acaso voy a bajarme bajo la lluvia para tomar un taxi a casa?
La mirada del chantajista, que antes estaba fija en la ventana, se volvió de inmediato hacia ellos. Miró sorprendido a Lu Kongyun y luego a la señorita Chen:
—No es necesario esperar.
Intentó abrir la puerta, pero el auto estaba cerrado y no pudo. Lu Kongyun notó que el chantajista sabía aparentar muy bien delante de los demás.
Frente al criminal, parecía todo un Alfa feroz.
Miró de nuevo al chantajista por el espejo retrovisor. Este observaba con atención a la señorita Chen a través del mismo. Cuando ella le sonrió, él bajó la cabeza con modestia.
… Y frente a una mujer, parecía un caballero amable.
En resumen, ocultaba por completo su esencia de chantajista. Escondía totalmente esa actitud burlona, sarcástica y superior que había mostrado antes hacia él.
Esto hacía que sus advertencias antes de subir al auto parecieran innecesarias. Quizás, el chantajista deseaba aún más que él que no descubrieran su relación.
Era mucho más astuto de lo que había pensado.
La señorita Chen se volvió hacia el chantajista y dijo sonriente:
—No se preocupe, oficial, solo estaba bromeando con él. No tengo prisa.
El chantajista alzó de nuevo la vista hacia la señorita Chen y, sin motivo aparente, se llevó la mano a la nuca.
Su expresión era inocua y nerviosa, casi con una vulnerabilidad tímida:
—Gracias.
Lu Kongyun lo observó un momento por el espejo retrovisor, luego desvió su mirada sombría hacia la ventana.
En pocos minutos, la lluvia repentina cesó con la misma brusquedad con que había llegado. El chantajista alzó el teléfono:
—Mis colegas ya llegaron, me voy. Gracias por su cooperación con la policía.
Lu Kongyun desactivó el seguro de las puertas. El chantajista abrió la puerta, bajó y luego liberó al sospechoso dislocado por el otro lado. Lu Kongyun también bajó y cumplió su promesa de recolocar los brazos del detenido.
—¡Ay, carajo! ¡¡¡Aaaah!!! —el sospechoso sintió que el Alfa era aún más brusco al recolocar los brazos que al dislocarlos.
Después de interrogar al sospechoso durante la noche, el grupo de casos importantes había logrado algunos avances. Aunque este individuo no era un implicado clave, ni mucho menos comparable al objetivo desaparecido anteriormente, la sorpresa fue que no era del país, sino de M.
Según su declaración, un lote de nuevos medicamentos en desarrollo por el mayor conglomerado farmacéutico de M había desaparecido misteriosamente, lo que estaba muy relacionado con la reciente aparición en el país S de una organización ilegal transnacional de productos bioquímicos.
Sin embargo, el sospechoso afirmó que solo había sido enviado por el líder de su facción para investigar en Manjing el flujo de ciertos medicamentos que habían entrado recientemente al país. Insistió en que no era un criminal y no pertenecía a dicha organización bioquímica transnacional. Pero, dado su bajo rango, ignoraba por completo los nombres, efectos y otros detalles relacionados con los medicamentos.
La veracidad de esta información aún necesitaba ser confirmada mediante más investigaciones.
Pero, al fin, el caso mostraba progresos, lo que revitalizó a todos después de un aparente punto muerto. Por la mañana se celebró una reunión para planificar los siguientes pasos. Yu Xiaowen recibió elogios de sus superiores y, de inmediato, aprovechó para resaltar la cooperación y el crecimiento de Xu Jie, con la esperanza de restaurar algo de la autoestima que el novato había perdido en los errores anteriores.
Al terminar la reunión, Yu Xiaowen salió arrastrando los pies de la jefatura. Encendió un cigarrillo a la entrada y miró hacia el este, donde el cielo comenzaba a clarear.
—¡Jefe! —Xu Jie salió corriendo, luciendo animado—. ¿Va a casa? ¡Yo lo llevo!