Capítulo 15

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—Si va a irse, por favor, lléveme con usted.

La mano que sujetaba a Richt temblaba violentamente.

—¡Ban! —Ain, desconcertado, intentó apartarlo, pero no lo soltó.

—Soy un esclavo. Si no tengo a mi amo, moriré. Se lo ruego, por favor, tenga piedad de mí.

Los amplios hombros de Richt temblaron. Incluso en una situación así, era lamentable que Ban no pudiera dejar atrás su mentalidad de esclavo. Richt bajó la mano y acarició su cabeza. Su cabello, descuidado y algo áspero, se deslizaba entre sus dedos.

—Por eso mismo te dejo atrás.

—¿…Perdón? —Ban levantó la cabeza. 

Su rostro, que siempre había estado carente de expresión, ahora estaba completamente empapado en lágrimas. Alguien que jamás había mostrado ni una lágrima, incluso en los momentos más duros, ahora lloraba. Eso conmovió el corazón de Richt, pero no podía llevarlo solo por ese motivo.

—Ban —Richt habló con calma— ya no eres un esclavo así que debes aprender a pensar y vivir por ti mismo. Y eso no es algo que puedas aprender siguiéndome.

—Sí puedo aprenderlo.

—No seas terco.

—Desde ahora, no volveré a llamarme a mí mismo esclavo.

Era bastante astuto. Pero si ya no era un esclavo, no tenía razón para seguir a Richt. Justo cuando iba a decirle eso, Ban volvió a hablar.

—Lo hago por mi propia voluntad—. Apretó los dientes y dijo lo que hasta ahora no se había atrevido a pronunciar.

—Quiero seguir a Richt —dijo su nombre directamente.

«Esto es un problema».

Y más problemático porque eso lo conmovía casi hasta el punto de convencerlo.

—Aun así, no puedo.

—Por favor, se lo ruego.

El rostro cubierto de lágrimas era tan atractivo que hacía doler el pecho. Richt contuvo el impulso. Él ya llamaba la atención por su apariencia y si iba con Ban, sería aún más evidente. Aunque dijera que cambiaría, no era algo que se corrigiera de un día para otro.

—Un año. Búscame dentro de un año. Entonces te aceptaré.

Un año parecía tiempo suficiente para que lo olvidara y encontrara a alguien más. Aunque fuera un ex esclavo, era guapo, encantador y muy capaz. Si convivía con otras personas, su personalidad se volvería más brillante y podría ser feliz. Richt lo creía firmemente.

—Un año…—Ban repitió las palabras de Richt como si estuviera en trance—. No creo poder soportarlo.

Un año no era poco tiempo. ¿Aguantar solo durante todo ese tiempo? Ban comenzó a pensar. Richt, a pesar de las apariencias, tenía un corazón débil. No solía ser así, pero últimamente sí. Pensaba y actuaba con rapidez.

¡Thump!

Baan cayó al suelo, golpeando su frente contra el suelo con fuerza. Tan fuerte, que empezó a sangrar.

—¡Ban! —Richt, alarmado, se arrodilló rápidamente y cubrió la herida con su mano, impidiendo que se golpeara de nuevo—. ¿Qué haces? ¿Por qué haces esto?

—Nunca he visto a un esclavo abandonado sobrevivir —respondió con frialdad mientras retiraba la mano de Richt de su frente. 

Luego, volvió a golpear su cabeza contra el suelo.

—¡Basta, para! Aun así, no puedo llevarte conmigo.

Un hombre cruel.

Ban apretó los dientes, dispuesto a sacar su espada, pero Ain lo detuvo. Aunque ahora fuera el mayordomo, él también había aprendido esgrima y tenía talento. Gracias a eso, logró evitar que Ban desenvainara completamente su espada.

—Contrólese. Solo tiene que resistir un año.

—Exacto. Después de eso, puedes venir cuando quieras. —Richt apoyó rápidamente las palabras de Ain.

—Un año… —Ban repitió. 

Si su amo lo deseaba tanto, entonces resistiría. Si ni siquiera la amenaza de morir lograba moverlo, entonces matarse no tenía sentido. Se prometió soportar un año.

—Entonces, dentro de un año, no me rechace.

—Lo prometo —contestó. Luego, levantó a Ban y limpió con cuidado la sangre de su frente con un pañuelo— así que tú tampoco te hagas daño.

Ban asintió.

—No me haré daño.

Esa fue la última despedida entre los dos. 

Ban, permaneció inmóvil, viendo cómo Richt se alejaba. 

—Ya es hora de que salgamos de aquí.

La mirada que dirigió a Ain era temible. Pero no le dijo nada. Solo salió del palacio en ruinas con un rostro que parecía a punto de morir.

Con la promesa de un año en su corazón.

*** ** ***

Teodoro, vestido con ropas negras, contemplaba con la mirada perdida el ataúd de su madre. El cadáver estaba bastante bien conservado, por lo que no había problema en mostrarlo al público. Los procedimientos del funeral también marchaban bien.

Todo se desarrollaba sin contratiempos.

«Demasiado bien, de hecho».

Sin embargo, el propio Richt, quien había solicitado que se hiciera el funeral, aún no se había presentado.

«¿Por qué?».

Debería haber aparecido ya para declararse como el nuevo regente o al menos dar alguna señal. No solo Teodoro lo notó, también Alex parecía extrañado.

—El duque Devine no ha aparecido.

—Ni la Orden de Caballeros Leviatán.

—Exacto. No han sido vistos desde la mañana.

Teodoro llevó su mano a la boca por instinto, pero luego la bajó. Había dejado el hábito de morderse las uñas después de que su madre lo castigara severamente por ello. Pero al estar nervioso, volvió a salir.

—Búsquenlo. 

A la orden de Teodoro, Alex movilizó a los caballeros. Buscaron por todos lados y finalmente regresaron.

—No hay señales de ellos.

—¿Ni una sola persona?

—No, la Orden Leviatán ha desaparecido por completo.

El cuerpo de Teodoro comenzó a temblar ligeramente.

—Entonces…

—Sí.

—¿Dónde está Richt?

—Tampoco lo han visto.

—No aparece… —Teodoro se mordió la uña del dedo índice. Luego se levantó de su asiento.

—¿Príncipe heredero? —Alione, detrás de él, lo llamó preocupada, pero él no se detuvo. 

No se veían por ninguna parte los caballeros Leviatán. Y tampoco Richt. Teodoro corrió directamente al despacho que Richt usaba como oficina.

Estaba perfectamente limpio. No había ni un solo documento, ni uno, de los que Richt solía tener en sus manos. Revisó todas las habitaciones en las que se quedaba. Y lo entendió. Richt no estaba en el palacio del príncipe heredero.

«No está…»

Mientras se quedaba allí, atónito, escuchó un crujido desde la ropa arrugada. Metió la mano en el bolsillo y sacó unos cuantos caramelos y una nota.

“Viva feliz.”

Era la letra de Richt. 

La reconocía porque solía observarlo mientras trabajaba y en ese momento, Teodoro rompió a llorar.

Dijeron que el duque Devine era malvado. Que era ambicioso y lo usaría como un títere. Entonces, ¿por qué no estaba aquí?

Las grandes lágrimas caían de sus ojos y no podía ni siquiera acercar la nota a su rostro por miedo a mojarla. 

«¿Por qué Richt lo dejó y se fue del palacio?». Mientras lloraba, recordó las palabras de Alione.

«El Gran Duque Graham».

Lo había visto de niño. Le dejó una fuerte impresión por la mirada fría con la que lo observó. Decían que era uno de los mejores caballeros del mundo. Que nadie podía vencerlo. Era una figura temida por todos. Y, al parecer, también por Richt.

«No es así..»..

Aunque el Gran Duque Graham fuera fuerte, él era el príncipe heredero con la sangre más pura de la familia imperial. Sangre de héroes, pues la familia imperial había sido fundada por un héroe que salvó el mundo. Si se esforzaba, podría volverse más fuerte que Graham. Teodoro lo creía con todo su corazón.

«Yo podría protegerte..»..

El tiempo con Richt fue corto, pero lo quería mucho. Porque le había mostrado afecto y calidez que nunca antes conoció.

«Debo encontrarlo».

Teodoro se limpió las lágrimas con la mano que no sostenía la nota. Tenía que encontrarlo y traerlo de vuelta. Y esta vez, él mismo lo protegería.

—¡Sir Alex! —Gritó el nombre del caballero mientras corría. 

Tenía que buscar a Richt de inmediato. Ya había olvidado que estaban en medio del funeral de su madre.

*** ** ***

El asistente del Gran Duque Abel Graham, Loren, presentó su informe con una expresión agotada.

—Actualmente, se está celebrando el funeral de Su Majestad la Emperatriz en la capital.

—¿Ya levantaron el control de información?

—Sí, desaparecieron los que lo controlaban desde hace un día. Además, ni la Orden Leviatán ni el duque Devine han sido vistos hoy.

—Ya veo.

—Así es. Deberíamos haber partido antes. Si lo hubiéramos hecho, habríamos capturado al duque Devine.

—Estábamos ocupados.

—Eso es cierto, pero aun así… 

De repente, le llegó una avalancha de trabajo, y por eso Abel no pudo moverse tan rápido como habría querido.

—Aun así, enviamos a Rotten por adelantado, así que debería llegar a tiempo. Todos deben pensar que Su Excelencia el Gran Duque también estará allí, así que estarán tensos.

—¿Y qué importa si esos idiotas están tensos?

Le daba igual que estuvieran tensos o no. Lo que hicieran no afectaba en nada a Abel. Así es cuando uno es demasiado fuerte.

Tras terminar el breve informe, Abel se levantó de su asiento.

—Vámonos.

Ya habían comido y descansado, así que los caballeros deberían poder cabalgar de nuevo. Justo cuando estaba por ponerse de pie, un pájaro entró volando por la ventana. Era un ave mensajera.

No había pasado mucho tiempo desde que recibió noticias por el mensajero. Loren, sorprendido, no pudo ocultar su confusión mientras tomaba al ave entre sus brazos. Abrió el cilindro atado a su delgada pata y sacó una delgada hoja de papel enrollada.

“El príncipe heredero abdicó su puesto”.

Y el contenido escrito allí… era simplemente absurdo.

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