Capítulo 16

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Al oír que alguien pronunciaba su nombre, Xia Er alzó la vista con cautela.

Su hermoso rostro de antaño había desaparecido, ahora cubierto de extensas manchas rojas que le daban una apariencia espantosa. Sus branquias auditivas estaban enrojecidas e hinchadas, y sus aletas auriculares doradas ya no conservaban nada de su antiguo esplendor.

Yunhang contuvo su asombro y, casi sin querer, suavizó el tono de voz “¿Estás bien?”

“Eres tú…” Xia Er lo reconoció y de inmediato se cubrió el rostro con ambas manos. Metió la cabeza entre los hombros, encorvándose hasta quedar pegado al suelo: “Y-yo estoy bien, bien”.

Yunhang supo que no estaba bien en absoluto.

Aunque no le caía bien Xia Er, quizás influido por lo que el profesor Ke le había contado este día, no pudo evitar sentir lástima por la raza de las sirenas.

Echó un vistazo a los alrededores y preguntó “¿Cómo es que estás solo? ¿Dónde está tu dueño?”

Xia Er se negaba a mostrar la cara y su voz apagada surgió desde entre sus brazos “Él… está ocupado, sí, muy ocupado”.

Yunhang frunció el ceño. Recordaba que, la última vez que Xia Er vino al hospital, no había dejado de hablar de su dueño con admiración y orgullo.

“¡Ahí está!” Varios miembros del personal médico salieron corriendo de una sala. El que iba al frente, aún sin aliento, se volvió hacia sus compañeros “¡Llamen a la policía, que no se escape!”

Xia Er, presa del pánico, se levantó del suelo e intentó huir, sin importarle ya si los presentes lo veían en ese estado. Pero el personal médico fue más rápido, lo agarró y lo inmovilizó contra el suelo “¡Y encima huyes! ¡Cómo te atreves a robar en el hospital!”

“¡No robé nada!” Xia Er forcejeó, su rostro lleno de manchas rojas reflejaba humillación e indignación “Solo estaba ahí mirando un poco, ¡no inventen acusaciones!”

“¡Si no robaste, ¿por qué huías?!”

“Ustedes vinieron directo a agredirme, ¡y hasta querían pegarme!”

“¡¿Quién te ha pegado?!”

Yunhang, intuyendo que algo no cuadraba, intervino “Disculpen, ¿podrían decirme qué ha hecho?”

El hombre que sujetaba a Xia Er lo miró “¿Lo conoces?”

Yunhang dudó un momento, luego asintió.

“Perfecto. Avísale a su dueño. Este tritón fue sorprendido robando medicamentos en nuestra farmacia. Ya hemos llamado a la policía, que venga a encargarse del asunto”.

Xia Er gritó “¡No robé nada!”

“¿Y por qué huías entonces?”

Viendo que la discusión se repetía en círculos, Yunhang intervino de nuevo “Xia Er, ¿qué pasó en realidad?”

Xia Er lo miró fijamente, luego su mirada se desvió hacia Cang Yue, quien estaba a su lado y se quedó paralizado, con los ojos desencajados por la incredulidad.

Cang Yue apartó la vista con frialdad “Hmph”.

Al ver que Xia Er no decía nada, Yunhang frunció el ceño, perdiendo la paciencia “Dame el contacto de tu dueño. Lo llamaré para que venga por ti”.

“¡No!”

Yunhang lo miró, desconcertado.

Xia Er parecía abrumado por la vergüenza. Su expresión era de amargura y desolación. Pasados unos segundos, las lágrimas comenzaron a correr por su rostro.

Yunhang “…”

“Ya no tengo dueño”.

Yunhang llevó a Xia Er a una sala de descanso y le sirvió un vaso de agua.

“Gracias”. Xia Er sostuvo el vaso con ambas manos, cabizbajo, sumido en el abatimiento. Poco a poco, comenzó a relatar su situación.

No se sentía bien. Después de visitar al profesor Ke, le dijeron que no era grave, pero al regresar, su estado no mejoró. Al contrario, comenzó a desarrollar erupciones extrañas en la piel. Al principio pensó que era una alergia por algo que había comido. Su dueño lo llevó a un hospital común, donde le recetaron medicamentos, pero en los dos días siguientes empeoró. Hasta sus orejas comenzaron a pudrirse. Lo más aterrador fue que, una mañana al despertar había perdido por completo la voz.

Xia Er entró en pánico.

Originalmente, fue su deslumbrante belleza y su voz melodiosa lo que le permitió vencer a otras razas no humanas y que su dueño lo eligiera en la agencia. Esos eran sus talentos raciales, su orgullo, su jugada maestra.

Pero ahora todo eso había desaparecido.

Su dueño comenzó a perder la paciencia con él. Xia Er le rogó que lo llevara otra vez donde el profesor Ke, pero se lo negó “¿El profesor Ke? ¿Acaso crees que concertar una cita con él es tan fácil?”

Xia Er no tuvo más remedio que medicarse desesperadamente, esperando recuperarse pronto. El día que por fin pudo volver a hablar, en el instante en que abrió la boca, sintió que el mundo se le venía encima.

Su dueño había perdido toda la paciencia con él.

“Entonces… tu dueño te abandonó”.

“…Sí”.

Yunhang no lo entendía “Firmaron un contrato. Un dueño no puede simplemente deshacerse de una raza no humana que adoptó”.

Xia Er sonrió con amargura “Es solo un contrato… con influencias, cualquier situación se puede arreglar…”

Su mirada se posó de nuevo en Cang Yue, quien estaba al lado “Él también fue abandonado, ¿no?”

Que Cang Yue, como “figura conocida” de la Ciudad del Desecho, había sido adoptado antes no era un secreto para nadie. Simplemente, era un tema del que ya casi nadie hablaba y que con el tiempo había caído en el olvido.

Al oír su nombre, Cang Yue alzó la vista para mirarlo, con una expresión gélida.

Xia Er se encogió instintivamente. Al observar el aspecto actual de Cang Yue, no pudo disimular la envidia en sus ojos “Tú no eras tan atractivo como yo… ni tenías mi voz…”

Aquel tritón que él mismo había despreciado y desdeñado, tan feo y sucio, ese desecho que todos los dueños rechazaban… ahora vivía tan bien y se había vuelto tan hermoso.

Desde que entraron a la sala de descanso, Xia Er había percibido el desagrado de Cang Yue. Aunque no decía nada, su expresión lo delataba claramente.

La actitud cautelosa y tímida que mostraba al principio había dado paso a una actitud consentida y caprichosa. Se pegaba a su dueño sin soltarlo, caminaban todo el tiempo de la mano y su dueño no mostraba ni un ápice de impaciencia.

En ese momento era aún más evidente; su dueño incluso lo consolaba con palabras suaves.

Xia Er bajó la cabeza de nuevo.

Su dueño nunca lo había consolado así.

“¿Y dónde estás viviendo ahora?”

Xia Er se sonrojó desde las orejas hasta el cuello “En la Ciudad del Desecho”

En el estado en que se encontraba, ni siquiera la agencia de intermediación lo quería. El gobierno no tenía políticas de protección para las sirenas. Después de vagar solo por las calles durante varios días, no pudo aguantar más y fue a la Ciudad del Desecho a probar suerte, con la esperanza de encontrar a algún compañero de raza que estuviera en su misma situación.

Allí sí había compañeros, pero ya no confiaban los unos en los otros. Todos estaban sumidos en la desconfianza y la vigilancia mutua. El ambiente en la Ciudad del Desecho era mucho más hostil de lo que había imaginado.

En ocasiones, por un instante, Xia Er sentía incluso cierta admiración por Cang Yue. ¿Cómo había logrado sobrevivir solo en ese lugar durante tanto tiempo?

“Me quedé allí mirando cómo preparaban los medicamentos, para ver si había algo que me sirviera… Solo sostuve una bolsa, no tomé nada”.

Quizás fue su apariencia desaliñada, su rostro demacrado y sucio, la falta de ropas vistosas y de sus brillantes escamas doradas lo que llevó al personal médico a malinterpretar la situación.

Una amargura invadió la garganta de Xia Er.

Era algo que nunca antes le había pasado.

En el pasado, había visto publicaciones en foros sobre Cang Yue. En aquel entonces, solo pensaba que ese compañero de raza era una vergüenza. No había otra sirena que fuera un desecho tan inútil y creía que incluso si moría no sería una gran pérdida.

A nadie le podrían gustar las sirenas feas.

Pero, contra todo pronóstico, Cang Yue encontró a alguien. Su dueño no lo juzgaba por su apariencia, no despreciaba su falta de habilidades, era paciente y amable. Si se contara ahora, nadie creería que aquel tritón de la Ciudad del Desecho, insultado y humillado por todos, se hubiera convertido en alguien tan deslumbrante.

Mientras que él… había terminado en esta miseria.

Quizás era su merecido.

Cuando Xia Er terminó de hablar, Yunhang no emitió ningún comentario.

Compadecía la situación de Xia Er, y esos pequeños resentimientos del pasado ya los había olvidado. Pero él ya tenía a Cang Yue; no podía, ni iba a, adoptar a otra raza no humana.

Además, según la descripción de Xia Er, aunque su dueño lo había abandonado, el proceso de despido formal aún no se había completado. Cualquier intervención externa sería inapropiada.

Permaneció un rato más con Xia Er en la sala de descanso. Llegó el personal de seguridad del hospital para tomarle su declaración. Al darse cuenta de que todo había sido un malentendido, se limitaron a reprenderlo brevemente.

Al irse, alguien comentó en voz baja “¿Qué enfermedad tendrá esta sirena para acabar así…?”

Xia Er sintió una vergüenza y una humillación insoportables.

Cuando ya se marchaban del hospital, Yunhang compró a Xia Er los medicamentos que necesitaba.

“No puedo ayudarte en mucho”, dijo. “Lo que hago es solo porque eres de la misma raza que Cang Yue”.

“Cuídate”.

── .✦

De regreso a casa, el ánimo de Yunhang estaba un poco sombrío.

Ver a Xia Er hoy le había mostrado el pasado que Cang Yue había vivido. Si él no hubiera transmigrado a este libro, quizás Cang Yue ya se habría corrompido por completo, o tal vez estaría muerto.

Al entrar al dormitorio, Cang Yue lo derribó sobre la cama, envolviéndolo en sus brazos y frotando su rostro contra el cuello de Yunhang.

Yunhang ya estaba acostumbrado. Jugueteó con él un rato, pero al ver que no oponía resistencia, Cang Yue dejó ver sus colmillos. Una sensación familiar presionó su cuello y Yunhang se rindió “Vale, vale, ya basta, basta… ¡Ay! ¡Otra vez mordiendo!”

Acto seguido, la herida fue lamida. Cang Yue ya había aprendido a controlar su fuerza, sabía cómo hacer que Yunhang se sintiera bien.

En medio del proceso, alzó la vista para observar la expresión de Yunhang y al verlo disfrutar continuó satisfecho.

Yunhang contuvo la agitación en su pecho, cerró los ojos y lo dejó hacer lo que quisiera.

Cuando terminó, Cang Yue se quedó encima de él, sin intención de moverse. Deslizó su dedo índice sobre el ceño fruncido de Yunhang “Hanghang no está contento”.

Yunhang no se lo ocultó “No”.

Cang Yue preguntó “¿Por culpa de ese tritón?”

“No”.

“Es porque lo abandonaron”.

Yunhang dudó un momento “Sí”.

Entonces Cang Yue guardó silencio. Miró fijamente a Yunhang y tras unos segundos lo abrazó con una fuerza repentina. Quería hacer algo, pero solo podía contenerse y resistir, enterrando su rostro desesperadamente contra el cuerpo de Yunhang, restregándose una y otra vez.

“¿Cang Yue?”

Al instante, Yunhang sintió un cambio en la persona que estaba sobre él. Aparecieron escamas duras y vio una enorme aleta caudal alzarse tras Cang Yue, cuya sombra se cernía sobre su cabeza.

¡PAM!

La aleta golpeó el suelo con un estruendo sordo. Yunhang no necesitaba mirar para saber en qué estado había quedado el piso.

Una poderosa cola de sirena se enroscó alrededor de sus piernas.

Era la primera vez que Yunhang era atrapado por su cola de sirena y también la primera vez que veía a Cang Yue manifestarla en tierra firme.

Estaba inquieto y perturbado.

“¡Cang Yue!” Una sospecha comenzó a formarse en el corazón de Yunhang. Tomó el rostro de Cang Yue entre sus manos para impedir que se moviera y declaró “No voy a abandonarte”

Cang Yue ya había sido abandonado una vez. La experiencia de Xia Er le había hecho revivir recuerdos dolorosos y ahora temía que se repitiera.

Aunque Xia Er ahora estuviera desfigurado, antes había sido hermoso y aun así su dueño no había mostrado la más mínima consideración.

¿Y si Cang Yue, por alguna razón, volvía a ser como antes? ¿Acabaría mejor que Xia Er?

“No voy a abandonarte”, Yunhang acarició su cabello suavemente. “No importa en qué te conviertas, nunca te abandonaré. No tengas miedo”.

Como era de esperar, Cang Yue se calmó poco a poco. Lo miró con expresión suplicante, recostado sobre él, dócil y sumiso. Sin embargo, su cola de sirena no retrocedió.

Al escuchar la promesa de Yunhang, la enroscó con aún más fuerza a su alrededor.

“Hanghang”.

“Sí”. Yunhang se retorció incómodo y sin saber qué rozó, Cang Yue se paralizó de repente.

Yunhang, desconcertado, preguntó “¿Qué pasa?”

Apenas terminó de hablar, una inmensa humedad, como una marejada, envolvió el ambiente. Cang Yue enterró el rostro en su cuello y lo besó.

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