No disponible.
Editado
Los veranos en Wuhan eran verdaderamente tortuosos; para ser más precisos, en esta ciudad de primaveras y otoños fugaces e inviernos y veranos largos, cada estación era difícil de sobrellevar. Hoy era el décimo día en que la temperatura máxima superaba los treinta y cinco grados y, sin embargo, solo era mediados de julio. Nadie sabía cuánto más iba a durar este calor.
El aire acondicionado del Chang’ai[1] funcionaba como si no existiera, y pensar que el dueño se atrevía a decir que «este es el bar más elegante del distrito de Hongshan». Después de cantar la última canción, Dancing in the Street[2], la camiseta de Tang Heng quedó completamente empapada. El corazón rojo de Comme des garçons[3] arrugado se le pegó al pecho. Al bajar del escenario, An Yun los agarró a los dos, advirtiéndoles:
—¡Pórtense bien al rato, eh!
Jiang Ya estaba sin aliento de tanto tocar la batería, pero aún así no pudo evitar soltar una tontería.
—¡Conmigo no hay problema! Yo seguro haré que la meimei se sienta como si la acariciara la brisa primaveral, como sentada entre flores, como si soplara la brisa diez li a la redon… ¡Ay, perdón, perdón, quise decir la xuejie!
An Yun retiró el pie y se volvió hacia Tang Heng.
—¿Y tú también podrías ser más amable, sabes? —dijo ella—. ¡Deja de poner esa cara como si alguien te debiera dinero!
Tang Heng no había cenado antes de subir al escenario y en ese momento tenía un hambre feroz. Estaba completamente exhausto. Arrastrando su tono, preguntó:
—¿Ya estás saliendo con ella?
—Nop.
—No hay tantas lesbianas por aquí —comentó Jiang Ya.
—¿Entonces hoy te le vas a declarar? —preguntó Tang Heng.
—Tampoco —respondió An Yun.
Jiang Ya soltó una carcajada.
—Nuestra An-ge se hace la dura, pero la verdad es que también tiene un tigre feroz en el corazón que huele la rosa…[4]
—¡Cállate, joder! —An Yun finalmente perdió la paciencia, agarró una botella de agua mineral y la lanzó contra la cabeza de Jiang Ya, quien con la destreza de la práctica, se agachó y salió huyendo. Los dos se perseguían y forcejeaban en la pequeña sala de descanso, como dos hámsteres peleando en una rueda.
Tang Heng, sin ganas de hacerles caso, se sentó solo a un lado y se volvió a atar la cola de caballo que se le había aflojado. Sacó el teléfono de la funda de la guitarra y lo encendió: no había ni llamadas perdidas ni mensajes. Por la tarde se había peleado con Fu-jie –que en realidad era su madre, Fu Liling– y se había marchado dando un portazo, sin siquiera cenar. Habían discutido por las mismas cosas de siempre, los mismos reproches de ida y vuelta, como disco rayado.
Jiang Ya y An Yun, después de terminar de bromear entre ellos, se sentaron junto a él, uno a cada lado. An Yun cruzó la pierna sin pudor y le preguntó:
—¿Ya vino tu mamá?
Tang Heng respondió con un simple «mn».
—¿Se pelearon otra vez? —le preguntó Jiang Ya.
Tang Heng guardó silencio, lo que equivalía a un sí.
—Eh, anímate. —Jiang Ya le palmeó el hombro—. Hace mucho calor y debe estar cansada después de volar desde Shanghái, ¿verdad?
—Ella no es una académica. No hay manera de que sepa la diferencia entre lo que hay en el extranjero y en China, así que obviamente piensa que estás mejor en China —comentó también An Yun—. Sólo piensa. Desde su perspectiva tú te quedas para tu maestría, el profesor Tang puede cuidarte y ella puede ganar dinero. ¡Tu vida es malditamente genial!
Tang Heng había escuchado palabras similares salir de la boca de Fu-jie no menos de cincuenta veces ya. ¡¿Por qué era lo mismo otra vez?!
Cambió de tema con irritación.
—¿Qué hora es? ¿Por qué tu amiga todavía no ha llegado?
—Debería estar cerca. Voy a llamar… —Antes de que An Yun pudiera terminar de hablar, su teléfono sonó—. ¿Hola? Xiaoqin… Mn… Vale, estaremos allí enseguida…
Jiang Ya frunció el ceño y arrugó la nariz. Hizo un gesto con la boca hacia Tang Heng, diciendo: «¡Es tan femenina!».
An Yun colgó con alegría.
—¡Están en la puerta! ¡Vamos!
—¿Están? —preguntó Jiang Ya—. ¿Hay alguien más?
—Un chico, también estudiante del profesor Tang. Se trasladó desde la Universidad Normal de al lado —dijo An Yun mientras recogía su bajo—. Olvidé su nombre. Tang Heng, ¿lo conoces? El mejor estudiante del departamento de matemáticas de la Universidad Normal. Cambió de especialidad y vino aquí.
Tang Heng estaba de mal humor.
—No —contestó fríamente—. Nunca he oído hablar de él.
—Bueno. —An Yun se encogió de hombros y les recordó una vez más—: ¡No digan cosas raras al rato!
Jiang Ya rodeó el hombro de Tang Heng con el brazo.
—¿No confías en tus colegas?
Los tres recogieron sus cosas y se dirigieron hacia la puerta trasera del bar. Originalmente usaban la puerta delantera cuando comenzaron con la banda y cuando pasaban por las mesas de los invitados, a menudo conseguían un montón de notas con números de teléfono escritos en ellas. Jiang Ya y An Yun solían repartirse alegremente las notas, aunque la mayoría eran para Tang Heng.
Hasta que en una ocasión, una desconocida los detuvo a mitad de camino. Se aferró al brazo de Tang Heng con lágrimas en los ojos, negándose a soltarlo, y lloriqueó:
—¿Por qué me ignoras?
»¿No prometiste estar conmigo?
»¡Pero tú pediste mi número!
Tang Heng no tuvo más remedio que anunciar que a partir de entonces saldrían por la puerta trasera después de actuar. Jiang Ya se había lamentado:
—¡Lástima que la belleza sea ciega! ¡Soy el único hetero de esta banda!
—Por desgracia, eres un tarado —había añadido An Yun.
El Chang’ai estaba en la calle 81. La puerta trasera daba directamente a la residencia de estudiantes de la Universidad Hanyang y también había muchos edificios residenciales viejos y desgastados. A las nueve de la noche, había bastante gente caminando por allí. Los tres salieron por la puerta trasera y se situaron bajo la farola.
—¿Aún no han llegado? —Jiang Ya era un chico regordete y no podía soportar el calor—. ¿Pueden encontrar este lugar? Está lleno de giros y vueltas.
An Yun apretó su teléfono.
—Pronto, pronto. Te invitaré un helado Qiaolezi después.
—Vete a la mierda. ¿Crees que soy un niño?
—¿Lo quieres o no?
—Quiero un Cornetto.
An Yun fingió arcadas.
Tang Heng alzó la vista con extremo aburrimiento. Podía ver innumerables polillas diminutas volando hacia la farola amarilla. Si escuchaba con atención, podía oír zumbidos bajos. El poste estaba repleto de anuncios como «Se alquila una habitación con una cama en la aldea de Donghu» y «Reparación profesional de calentadores de agua»; capa sobre capa, como pasta de papel envejecido sobre el poste.
No muy lejos, se percibía débilmente el hedor del alcantarillado.
Este era el verano de Wuhan. Llevaba siete años aquí, desde el tercer año de la escuela secundaria hasta el tercer año de la universidad. Estaba profundamente cansado de esta ciudad. ¿Por qué Fu-jie no lo dejaba estudiar en el extranjero? No lo sabía.
—¡Eh, están aquí! —gritó An Yun con entusiasmo—. ¡Xiaoqin!
Tang Heng miró hacia allá. Todo lo que vio fueron dos figuras saliendo del oscuro callejón, una alta y otra baja. A medida que se acercaban, vio el rostro de la chica. No era hermosa, pero tenía unos ojos grandes y redondos. Bastante linda. Lo que más llamaba la atención eran las dos trenzas que le colgaban sobre el pecho. Se balanceaban con su movimiento.
—Xiaoqin, ¿terminaron las encuestas? —preguntó An Yun cálidamente mientras se acercaba—. ¿Ya cenaron?
—Nos quedan cinco —respondió el otro en voz baja—. Lo haremos mañana. Estamos demasiado cansados y aún no hemos cenado.
—Perfecto. Nosotros tampoco hemos cenado. Vamos, yo invito.
—¿Por qué?
—¡Hoy es mi cumpleaños!
—¿Eh? ¿Por qué no me lo dijiste? No preparé un regalo… —dijo Tang Xiaoqin.
—Tu presencia es mi regalo —dijo An Yun, riéndose.
Jiang Ya le susurró al oído a Tang Heng:
—¿Esa es Tian Xiaoqin? Está más o menos.
Tang Heng lo ignoró.
Jiang Ya estaba acostumbrado a esto.
—El tipo de al lado no se ve mal —siguió murmurando para sí—. Maldición, ¿ese es su novio? An-ge no tiene esperanzas.
An Yun seguía hablando con Tian Xiaoqin, mientras Jiang Ya proseguía:
—An-ge está siendo demasiado amable. ¿No puede mostrar su estilo tomboy? Actuando así, sólo conseguirá que la traten como a una buena amiga…
Esa noche ya hacía un calor terrible, y el aliento caliente de Jiang Ya, que sudaba profusamente, golpeó la cara de Tang Heng. Asqueado, Tang Heng frunció el ceño. Se volvió y le susurró:
—¿Puedes callarte?
—Oye, ¿no podemos los dos solteros consolarnos mutuamente…?
La expresión de Tang Heng cambió.
—¿Ese es A-Zhu?
Unas cuantas figuras se acercaban rápidamente desde el otro extremo del callejón, todos sosteniendo palos y botellas de cerveza en sus manos. Había muchas escuelas aquí, desde la prestigiosa Universidad de Hanyang del Proyecto 985[5], hasta algún instituto técnico aleatorio. Había muchos jóvenes y muchas peleas. Este tipo de escena no era rara.
Pero una de las figuras era demasiado llamativa. Era un chico gordito, o para ser más precisos, un gran gordito, al menos el doble de ancho que Jiang Ya. ¿No era el vocalista de la banda, A-Zhu? ¿Cómo se llamaba? Tang Heng no podía recordarlo. Lo único que recordaba era que este chico lo había amenazado no hace mucho tiempo con un «ya verás» y luego desapareció por un tiempo. Tang Heng ya lo había olvidado.
—¡Carajo, son cinco personas! ¡Encontraron refuerzos! —Jiang Ya separó los pies y apretó la mandíbula—. ¡Venga, que papi no aprendió taekwondo para nada!
—¡Aprendiste tonterías! —gritó Tang Heng—. ¡An Yun! ¡¡¡Corre!!!
[1] “Amor duradero” o “Amor eterno”.
[3] Probablemente es esta camisa.
[4] Del poeta británico Siegfried Sassoon. La cita completa dice: «En mi, el tigre huele la rosa. Miren en mi corazón, amables amigos, y tiemblen, ya que allí se ensamblan tus elementos».
[5] Aquí nada más dice “985”, pero supongo que se refiere al Proyecto 985 de financiación de universidades de élite por parte del gobierno chino.