Capítulo 18

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Gracias a las buenas noticias, las acciones del Grupo Shengfang finalmente dejaron de caer en picado como lo habían hecho tras la publicación del informe del primer trimestre.

Sin embargo, el progreso en la investigación de la aplicación de la tijera genética seguía estancado, avanzando con suma dificultad. A finales de mayo, de repente, se extendió el rumor en la industria de que el Grupo HS había iniciado una purga interna sin precedentes para investigar a fondo la corrupción dentro de la empresa. El objetivo principal de la investigación era el departamento de I+D de HS.

Pero el trabajo de confidencialidad de HS era excelente. Aunque el escándalo de corrupción resonó durante más de medio mes, nadie podía decir con certeza qué investigadores se verían implicados.

En cuanto Sheng Shaoyou se enteró, ordenó a Chen Pinming que elaborara una lista de los principales investigadores corruptos que estaban a punto de ser purgados por el Grupo HS.

Normalmente, detestaba a los parásitos corruptos, pero si estos parásitos provenían del departamento de I+D de HS, la cosa cambiaba. Tenían que aprovechar la remodelación del equipo de investigación de HS para lanzarles un salvavidas a esos talentos tecnológicos que ahora estaban en un estado de pánico.

Era una oportunidad única en la vida. En el momento de mayor inestabilidad en HS, si no aprovechaban para robarle los empleados a Shen Wenlang, ¿cuándo lo harían?

Chen Pinming, siempre el subordinado más eficaz, asintió de inmediato.

Cuando salía de la oficina, Sheng Shaoyou lo detuvo de nuevo y le dio una última instrucción: —Secretario Chen, ocúpese de este asunto con total libertad. No es necesario que me informe hasta que tenga resultados. Solo quiero ver el resultado, no me importa el proceso, sin importar el precio que haya que pagar.

Mirando el rostro severo de su joven jefe, Chen Pinming asintió solemnemente. —Sí, señor Sheng.

La semana siguiente, Chen Pinming estuvo tan ocupado que no paró ni un segundo.

En comparación con Shengfang, que llevaba más de una década dominando la ciudad, HS era mucho más joven. A diferencia del ambiente de trabajo jerárquico y estrictamente estratificado de Shengfang, los equipos de HS siempre habían priorizado la eficiencia. Los grupos de menos de cincuenta personas a menudo adoptaban un modelo de gestión plano. Por lo tanto, no solo el ambiente entre colegas era relajado, sino que la lealtad y la cohesión dentro de la empresa eran asombrosas.

Chen Pinming tuvo que esforzarse mucho para sobornar solo a unos pocos empleados de bajo nivel, y seguía sin obtener ninguna información valiosa. Justo cuando la desesperación empezaba a consumirlo, recordó la llamada que Sheng Shaoyou había tenido con Hua Yong en la oficina después de la reunión de esa mañana.

Hua Yong también parecía haber terminado una reunión con Shen Wenlang. Le preguntó con voz suave a Sheng Shaoyou qué le apetecía para cenar.

Sheng Shaoyou no dijo qué quería comer, sino que le preguntó con una sonrisa: —¿No decías que llevabas varios días haciendo horas extra? ¿Cómo es que hoy tienes tiempo para cocinar?

Hua Yong explicó de nuevo con suavidad que hoy salía temprano. A las dos y media, toda la empresa tenía un evento de equipo, pero él había puesto la excusa de que no se encontraba bien para irse a casa antes.

Sheng Shaoyou volvió a reír. —¿Desde cuándo te has vuelto tan travieso? ¿También has aprendido a mentir?

—Ha sido el señor Sheng quien me ha corrompido —dijo Hua Yong.

La sonrisa en el rostro de Sheng Shaoyou se hizo aún más grande. —¿Que yo te he corrompido? ¿Por qué no dices que eres tú el que no sabe elegir qué aprender?

—Aprender a ser bueno es muy difícil —dijo Hua Yong al otro lado de la línea, como si estuviera coqueteando. Bajó la voz, y hasta el final de la frase fue suave—. Siguiendo al señor Sheng, es más fácil aprender a ser malo.

Chen Pinming salió de la oficina y, de repente, una idea audaz y absurda cruzó su mente.

Ese día, Hua Yong salió temprano del trabajo. Al final, Sheng Shaoyou no le dijo qué quería cenar, solo que no cocinara, que más tarde la llevaría a cenar fuera.

A las tres y diecisiete de la tarde, Hua Yong acababa de llegar a casa. Pensaba seguir leyendo el libro que había dejado a medias el día anterior, pero justo cuando se acercaba a la estantería, sonó el timbre.

No tuvo más remedio que darse la vuelta para abrir.

En la puerta había un visitante inesperado: Chen Pinming.

El secretario Chen lo saludó cortésmente desde el umbral. —El señor Sheng sabe que hoy sale temprano. Como temía que se aburriera solo en casa, me ha pedido que le traiga algunos libros.

—Ah —dijo Hua Yong—. Pues muchas gracias, secretario Chen.

Chen Pinming se cambió los zapatos y entró. Vio que la casa estaba mucho más ordenada de lo que había imaginado. Sheng Shaoyou había nacido con una cuchara de diamantes en la boca; esperar que hiciera las tareas del hogar era, obviamente, poco realista. Pero como había acordado con Hua Yong que este las haría para compensar parte del alquiler, temía que si contrataba a una asistenta, acabaría ahuyentando a esta orquídea tan orgullosa y propensa a pensar demasiado. Por eso, había dado órdenes específicas de que ninguna empleada del hogar pusiera un pie en el apartamento.

Pero… Chen Pinming observó la casa, con las ventanas impecables y hasta la encimera de la cocina reluciente, y se maravilló. ¿Acaso esta orquídea, que tenía un físico con el que podría vivir a cuerpo de rey, poseía también la virtud de remangarse para cocinar? Era una flor radiante, perfecta para el hogar¹.

En comparación con las anteriores amantes de su jefe, que solo tenían una cara bonita, esta vez sí que había encontrado un tesoro.

—Secretario Chen, ¿prefiere té o café?

Tal como Chen Pinming había descubierto en su investigación, Hua Yong tenía una educación exquisita. Lo trataba con el mismo respeto que a Sheng Shaoyou, aunque sin el coqueteo. Esto también marcaba una diferencia abismal con las otras Omegas, que solo sabían usar la tarjeta de crédito de Sheng Shaoyou para comprar sin parar, le hablaban a él con dulzura, pero a Chen Pinming lo trataban con arrogancia.

Chen Pinming no pudo evitar sentir simpatía por Hua Yong. El bolígrafo con micrófono oculto que llevaba en el bolsillo de repente se sintió duro y le dolió un poco.

Como Chen Pinming dijo que se adaptaría a lo que hubiera, Hua Yong le preparó una taza de té Darjeeling, servido en una hermosa vajilla de Meissen. El té tenía un color rojo anaranjado claro y brillante.

Los dedos de Hua Yong que sostenían la taza de porcelana eran casi del mismo color que la propia porcelana, tan hermosos que hasta Chen Pinming no pudo evitar mirarlos un par de veces más.

—Secretario Chen, ¿qué libros ha traído? —preguntó el hermoso y dócil Omega con curiosidad después de dejar la taza.

Chen Pinming sacó los libros que había preparado a toda prisa y se los entregó.

Hua Yong se sorprendió gratamente. —¡Ah, este libro, Palabras sobre la Poesía Ci, pensaba ir a comprarlo este fin de semana! —Al ver que Chen Pinming lo miraba fijamente, su expresión pasó de la sorpresa a la timidez—. Me encantaba este libro en la secundaria, siempre quise volver a leerlo, pero nunca encontraba el tiempo.

—El señor Sheng y usted están en la misma sintonía —dijo Chen Pinming cortésmente.

El rostro del Omega se sonrojó al instante. —¿De verdad lo cree, secretario Chen?

—Sí —improvisó Chen Pinming—. El primer libro en la lista que me dio el señor Sheng era este. ¿Se lo había mencionado usted?

—No.

—Ah, entonces debe de ser telepatía —dijo Chen Pinming con naturalidad, recordando la alegría relajada de Sheng Shaoyou al hablar con este Omega por teléfono—. Se nota que al señor Sheng le gusta usted de verdad.

—¿Le gusto al señor Sheng? —Hua Yong parecía muy feliz y sonrió con los ojos—. Gracias por decir eso. Ah, por cierto, he horneado galletas, ¿le apetece?

Chen Pinming, que buscaba una oportunidad para quedarse a solas, asintió de inmediato. —¿De verdad? Ahora que lo dice, sí que tengo un poco de hambre. Muchas gracias, señor Hua.

—No es ninguna molestia —dijo Hua Yong, levantándose y dirigiéndose a la cocina—. He hecho de dos sabores, ¿quiere probar ambos?

Chen Pinming volvió a darle las gracias cortésmente. Una vez que se aseguró de que Hua Yong estaba en la cocina, se levantó del sofá, fue a la entrada, encontró el maletín de Hua Yong colgado en el perchero, sacó el bolígrafo con el logo del Grupo HS y lo reemplazó con el bolígrafo-micrófono que había traído, cuya apariencia era idéntica.

Tras completar la operación, Chen Pinming suspiró aliviado. Pero antes de que pudiera tranquilizarse del todo, la voz de Hua Yong sonó muy cerca de él: —Secretario Chen.

Chen Pinming dio un respingo. En un instante, su espalda se cubrió de sudor. Su mente giraba a toda velocidad, buscando una excusa para engañar a este Omega que gozaba del favor de su jefe.

Esta orquídea era muy especial. No solo estaba a punto de romper el récord de seis meses de Sheng Shaoyou, sino que, en opinión de Chen Pinming, el interés de su jefe por él no mostraba signos de disminuir.

El cerebro de Chen Pinming trabajaba a toda máquina, sus sienes casi echaban humo. Pero, para su sorpresa, esta orquídea era tan inocente que no solo no sospechó nada, sino que se le acercó y le preguntó con cautela: —¿Siente curiosidad por el diseño del bolígrafo de nuestra empresa? ¿En la suya no les dan bolígrafos corporativos? —Y luego, amablemente, añadió: —Si al secretario Chen le gusta este bolígrafo, se lo puedo regalar.

—¡Ah, no! —Chen Pinming, que acababa de conseguir colocar el dispositivo en el maletín de Hua Yong, no podía permitir que se lo devolviera. Se apresuró a explicar: —Disculpe, pensé que era el maletín del señor Sheng, quería reponerle las tarjetas de visita. —Puso una expresión de ligero fastidio—. La última vez, en un evento de negocios, el señor Sheng descubrió que su tarjetero estaba vacío y me echó una buena bronca.

Hua Yong le sonrió para tranquilizarlo. —El señor Sheng es bastante fiero. Tiene mal genio, gracias por cuidarlo tan bien.

La conciencia de Chen Pinming le dolió de repente.

Pero Hua Yong, ajeno a los remordimientos de Chen Pinming, después de consolarlo un poco, incluso compartió con él algunos de sus valiosos consejos sobre “cómo ser un secretario competente”.

Cuando se acercaba la hora de regreso de Sheng Shaoyou, Chen Pinming se despidió con cualquier excusa. Con la conciencia doliéndole, se marchó del apartamento de Hua Yong, pensando una vez más que, esta vez, Sheng Shaoyou realmente había elegido una orquídea blanca rara, pura y bondadosa.

Sheng Shaoyou sabía que Chen Pinming le había llevado algunos libros a Hua Yong por la tarde, pero no se imaginaba que le hubieran gustado tanto. Apenas llegó a casa, la pequeña orquídea se le echó encima, le rodeó el cuello con los brazos y le regaló dos besos.

Sheng Shaoyou se sintió eufórico. Le sujetó la nuca para profundizar el beso, pero la pequeña orquídea lo esquivó con una sonrisa, mostrándole el libro. —El secretario Chen me ha dicho que todos estos libros los ha elegido usted especialmente para mí. Pero, ¿cómo sabía que este era el que más quería?

Sheng Shaoyou miró el libro en la mano de Hua Yong y luego su rostro, radiante y cautivador. Este Chen Pinming sí que sabe hacer las cosas, pensó.

Rodeó la cintura de Hua Yong con el brazo, se inclinó para oler su fragancia con picardía y le susurró: —Lo adiviné. Pero espero poder entrar pronto en tu interior… —Las orejas de Hua Yong se pusieron rojas al instante, y bajó la cabeza, sin atreverse a mirarlo.

Sheng Shaoyou, tras haberse divertido a su costa, terminó la frase con una sonrisa, posando una mano suavemente sobre su abdomen: —…entrar en tu interior, para convertirme en el gusano de tu estómago² y así no tener que adivinar más.

La piel del que tenía en brazos era fina, y el rubor se extendió desde sus orejas hasta el cuello. Sheng Shaoyou lo abrazó con fuerza, oliendo su cuello. Hua Yong se estremeció sensiblemente, pero n se atrevió a apartarlo, dejando que lo empujara hasta el sofá.

Solo cuando la pequeña orquídea estaba tumbada boca arriba, Sheng Shaoyou se daba cuenta de que la curva de su mandíbula era en realidad afilada y fluida. Sus rasgos eran demasiado exquisitos y, al tener muchos ángulos agudos en el rostro, si no fuera por sus ojos húmedos y tiernos que lo suavizaban, su apariencia sería en realidad muy agresiva.

Pero cuando miraba a Sheng Shaoyou, su mirada era increíblemente suave, haciéndole sentir que poseía todo el amor de Hua Yong, un amor tan abundante que, por mucho que lo malgastara, nunca se acabaría.

En el sofá, Sheng Shaoyou, observado con ternura, se inclinó y, como hechizado, besó esos labios con aroma a orquídea. Hua Yong lo abrazó dócilmente, sus manos se posaron suavemente en su espalda y abrió la boca para besarlo con timidez.

Aunque esta orquídea no solía decir “me gustas”, Sheng Shaoyou estaba seguro de que a Hua Yong le gustaba, y mucho.

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