Capítulo 19

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A-Chong acarició por un rato el cabello de Ning Yu y luego fue a ver su rostro, descubrió que los ojos de Ning Yu estaban un poco rojos, no sabía si era de llorar por la vergüenza o por qué.

Miró a Ning Yu un rato, y el otro entonces dijo en voz baja: —Quiero fumar.

A-Chong, al oír que su voz estaba un poco ronca, le preguntó: —¿Qué pasa?

Ning Yu negó con la cabeza, su voz bajó un poco: —Duele un poco, no fue tan placentero como la primera vez. Tú… ¿aún tienes eso para inhalar?

Solo entonces A-Chong lo comprendió. Bajo la cabeza de Ning Yu y le besó la frente: —Ya no uses eso, inhalar demasiado es malo para el cuerpo.

Ning Yu debido a ese beso en la frente, sintió que todo su cuerpo se entumeció de golpe, y su cerebro se quedó en blanco por un instante.

Pero allí abajo sí dolía un poco. En esta postura la penetración era muy profunda, y esos movimientos de hace un momento los había hecho montándolo con manos y pies temblorosos, era doloroso y placentero a la vez, mezclado con un temor sutil. Solo después de haber pronunciado esas palabras desvergonzadas, Ning Yu sintió tangiblemente el dolor de haber sido forzado a abrirse allí abajo.

—Dame un cigarrillo—. Ning Yu bajó la voz, —Yo… me siento un poco mal.

A-Chong fumaba un cigarrillo, pero no tenía intención de pasarlo a Ning Yu. Su sonrisa seguía siendo despreocupada y dijo: —Fumar demasiado también es malo.

—Me duele un poco—. Ning Yu agarró el hombro de A-Chong, su expresión complicada, —Ayúdame a encender un cigarrillo.

A-Chong hablaba con la misma actitud de siempre, negándose a darle uno. —Un cigarrillo no es rush, no vas a sentirte bien con una calada—. Después de decirlo, hizo una pausa, liberó una mano y golpeó el trasero de Ning Yu, —Tú mismo quisiste ser el de arriba, te complací, ¿y ahora le temes al dolor? ¿Eres tan difícil de complacer?

Ning Yu lanzó una mirada a A-Chong, antes de decir: —Entonces mejor cambiemos, estaré arriba de ti una vez.

—Es la tercera vez que me dices que quieres estar arriba de mí, baobei—. A-Chong ladeó la cabeza para mirarlo, —Ya te dije que en la cama me gusta ser yo el que domina a los demás, ¿puedes recordarlo claramente? Además, si quieres follarme, siquiera ¿sabes cómo?

Mantuvieron esta postura erótica y charlaron un rato, pero de repente cayeron en un silencio. A-Chong observó la expresión de Ning Yu, y solo después de ver la incomodidad y el aturdimiento en el rostro del otro, sonrió con alivio.

—Ya que hemos dormido juntos, no pienses demasiado en eso— A-Chong apagó el cigarrillo, atrajo la cabeza de Ning Yu hacia sí y besó su mejilla, —novio.

Tras decir esto, A-Chong separó un poco más sus piernas, y sosteniendo la cintura de Ning Yu, comenzó a empujar lentamente hacia arriba.

Desde arriba, Ning Yu no podía ver cómo A-Chong estaba usando la fuerza para embestir, pero sentía que este hombre no parecía cansado en absoluto.

Esas manos con callosidades delgadas se movían frotando su cuerpo, con un toque de consuelo, pero Ning Yu, sin razón alguna, se sentía un poco inquieto. La sensación de ser penetrado estando completamente consciente era muy diferente, y él no podía dejar de pensar descontroladamente.

—Si dos personas que están en una relación lo hacen—, Ning Yu miraba la boca de A-Chong, que tenía labios un poco delgados, —¿no se besan?

—Sí lo hacen.

—Entonces, ¿por qué nosotros no nos besamos?

—Ni siquiera me has hecho sentir bien, no quiero besarte. Estás arriba, y aún haces que te enseñe a moverte, eres muy torpe.

En realidad, después de que A-Chong comenzó a guiar a Ning Yu para moverse, poco a poco empezó a sentirse mucho más cómodo.

Cada movimiento de A-Chong era perfecto, y muy agradable a la vista; al moverse le preguntaba a Ning Yu dónde se sentía mejor, si la velocidad estaba bien, si lo quería un poco más fuerte, le preguntaba, por qué no gemía.

Metió la mano en la boca de Ning Yu para pellizcarle y juguetear con su lengua, y le dijo a Ning Yu: —Ahora pareces un cachorrito, con los ojos tan húmedos. ¿Es tan bueno que quieres llorar?

Cuando A-Chong llegó a cierto punto, Ning Yu sintió que su cuerpo se estremecía; con la mano de A-Chong en la boca dejó escapar un pequeño gemido. A medida que sentía cada vez más placer, empezó a bajar él mismo hacia ese punto.

Al principio fue lento, pero después comenzó a moverse cada vez más rápido, más fuera de control.

Oyó que la respiración de A-Chong se volvía más pesada y entrecortada, dijo entre dientes una frase, parecía tailandés, pero no sabía qué significado tenía.

Entonces A-Chong le levantó las piernas y se puso en cuclillas sobre él, esta vez A-Chong no necesitaba enseñarle, Ning Yu encontró ese punto que lo hacía sentir placer y se empujó hacia abajo. Olvidó por completo la decencia y el pudor, solo sabía que el placer era tal que le hormigueaba el cuero cabelludo y todo su cuerpo sufría leves espasmos.

El cuerpo de A-Chong era como el cráter de un volcán, Ning Yu se vio a sí mismo saltando dentro de él. Fue fundido en un charco de materia sin forma, y A-Chong usó sus manos para moldearlo y ponerlo de pie, dándole una forma adecuada para jugar con él.

Los ojos de A-Chong eran muy brillantes, al pestañear parecían dos llamas titilantes. Tenían el mismo sexo, los mismos órganos, uno estaba arriba, el otro abajo, exprimiendo mutuamente sus cuerpos, extrayendo de jadeos y gemidos agudos, graves, suspiros, fluidos corporales, sudor y emociones.

A-Chong era tan fascinante, un extraño en su vida, A-Chong lo follaba, con una mirada que no era fría ni caliente. Estaba tan cerca de él; carne contra carne, rostro contra rostro, corazón contra corazón, con el pene aún dentro de él moviéndose, y al mismo tiempo estaba muy lejos, como una ráfaga de viento en Tailandia.

Él preguntó: —¿Estás cómodo?

Ning Yu se vio a sí mismo en los ojos de A-Chong. La voz de A-Chong podía hipnotizar, podía excitar, podía hacer que uno olvidara el tiempo y también se olvidara de sí mismo.

Ning Yu lo miró y dijo: —Cómodo.

Justo en el siguiente instante de placer, en aquella habitación tranquila y cargada de tensión íntima, de pronto se escuchó tenuemente una melodía.

Como Ning Yu no se sentía bien, A-Chong no había encendido el aire acondicionado. Adentro hacía mucho calor y humedad, habían abierto la ventana, y como la habitación estaba en el tercer piso del hotel, con la ventana abierta, los sonidos del exterior entraban con facilidad.

De repente, A-Chong levantó a Ning Yu y se puso de pie. Su fuerza era mucha, y con el pene aún insertado dentro, llevó a Ning Yu hasta el borde de la cama.

El sonido de la música se fue aclarando poco a poco, era una melodía que Ning Yu no reconocía. Cambiaron de postura; Ning Yu, con las piernas abiertas, se sentó en el alféizar de la ventana, y A-Chong, sujetándole las dos piernas, lo embistió repetidamente. La ventana estaba abierta, Ning Yu no tenía ningún punto de apoyo y solo podía aferrarse a los hombros de A-Chong mientras jadeaba.

—Esta canción es el Himno de Alabanza al Rey—. Al terminar de hablar, A-Chong de repente se retiró, se quitó el condón y volvió a penetrarlo con fuerza, mientras hablaba lo trataba con movimientos a veces suaves, a veces brutales, —En Tailandia, el Rey es lo más importante. En los cines, antes de proyectar las películas, se toca el Himno Real, incluso antes de algunas bodas se toca…

El cuerpo de Ning Yu era realmente hermoso. Un cuerpo masculino saludable y atractivo, de piel suave y músculos firmes, era agradable al tacto. A-Chong lo observaba jadear con dificultad, tragar saliva, y apretarle constantemente la cintura con las piernas; esta apariencia suya, en la cama, resultaba incluso más lasciva que la de aquellos pasivos afeminados que actúan y hablan de forma amanerada en la cama.

—… No hables.

—¿Por qué no hablas?— A-Chong, con intención de burlarse de él, redujo un poco la velocidad de sus movimientos, —escucha el Himno del Rey e imagínalo. El Rey está mirándome mientras te follo, todos afuera pueden verlo, todos grabándolo. Mañana aparecerás en los titulares de Tailandia, diciendo que un hombre chino usó el Himno del Rey para excitarse, ¿mm?

Ning Yu estaba siendo llevado a un estado mental confuso, y lo más extraño era que cuanto más hablaba A-Chong, menos fuerza tenía; su cabeza estaba llena de la escena que A-Chong describía.

De nuevo los húmedos y sofocantes sonidos de golpes vinieron desde abajo, uno tras otro sin cesar. Ning Yu sentía que estaba a punto de ser follado hacia un paraíso desconocido, gimió con voz temblorosa y suplicó en voz baja: —…Más despacio.

En la mente de Ning Yu, A-Chong ahora era su Rey.

Para cuando esa sensación de entumecimiento, picor, acidez e hinchazón se hacía cada vez más intensa; el Himno del Rey ya había llegado a su fin.

Ning Yu ya no se atrevía a gritar, solo podía jadear con fuerza para corresponder, su mente era un caos, incapaz de pronunciar una sola palabra, con los pies nuevamente sujetados por A-Chong; al principio, al no poder soportar esa oleada de placer, Ning Yu no dejaba de restregarse sin control, y cuanto más se restregaba, más excitado se ponía A-Chong y más profundo empujaba.

Y entonces, al siguiente segundo, de repente surgió una melodía familiar.

Habiendo estudiado un instrumento de pequeño, y en su aturdimiento, Ning Yu reconoció que era un violín.

Ah, cierto, abajo se está celebrando una boda, y ya era hora de que los invitados entraran… Ning Yu sentía esa melodía muy familiar, pero en su situación actual simplemente no podía distraerse para pensar en ello.

Pero A-Chong fue quien sacó el tema. Preguntó: —Ning Yu, está pieza, ¿cómo se llama en chino?

—Yo… mm…— Solo cuando A-Chong detuvo sus movimientos, Ning Yu recuperó su voz, —La he escuchado, pero no recuerdo.

A-Chong guardó silencio un momento, y de repente dijo: —En español se llama… Por una Cabeza1. Antes, a San-jie le encantaba esta pieza. Decía que, si en el futuro se casaba, definitivamente usaría esta canción como marcha nupcial. También decía que, si podía casarse, estaría dispuesta a dejarme ser el niño de las flores más viejo de la historia.

De repente, la melodía cambió de tono. Ning Yu, vio como la mirada de A-Chong se tornó sombría de repente, y entonces recordó el nombre de la pieza.

Ning Yu, calmando su respiración, y dijo: —Esta canción, en chino se llama “A un Paso de Distancia.”

Habiendo llegado a la mitad, A-Chong fue interrumpido de golpe por una melodía y se detuvo de manera repentina.

Cerró los ojos para escuchar esa melodía que flotaba desde fuera, como si entrara en otro mundo.

Ning Yu se secó el sudor de las sienes, y oyó a A-Chong repetir: —A un paso de distancia… a un paso de distancia.

—En realidad, esperaba con mucha ilusión que llegara el día de la boda de San-jie Fui a ver esa película, la vi muchas veces, y solo aprendí los pasos de este tango, quería, el día de su boda, invitarla a bailar la primera pieza.

La voz de A-Chong se suavizó un poco, dijo: —Ning Yu, bailemos.

Ning Yu se quedó atónito.

Abrazándose desnudos, frente a frente en plena intimidad, A-Chong dijo, bailemos.

—No sé bailar—. Ning Yu estaba un poco avergonzado, —Y además, nosotros no estamos…

—Es muy fácil, más simple que insultarte llamándote puta barata. Sabrás cómo bailar, solo hace falta empezar—. A-Chong miraba muy seriamente a Ning Yu, —yo te enseño.

En realidad, al mirar a A-Chong, Ning Yu sentía que a A-Chong no parecía importarle si realmente sabía bailar o no, como si solo quisiera encontrar a alguien para abrazar.

La música de abajo terminó de sonar una vez y comenzó a repetirse por segunda vez. Ning Yu miró a A-Chong y pensó: Qué casualidad, es como si esta canción estuviera preparada para nosotros.

A-Chong lo bajó del alféizar, y rodeando la cintura de Ning Yu, dijo: —La mano izquierda sobre mi hombro… Busquemos el ritmo…

A-Chong probablemente no mentía. Debía haber practicado en privado muchas veces. También dijo: —En la película, ese hombre es ciego. Cuando yo aprendía, también fingía que no podía ver…

Ning Yu, con la cintura sostenida por él, dio un paso hacia adelante. A-Chong le dijo al oído: —Izquierda, derecha, haz una pausa, y luego…

Al siguiente segundo, A-Chong lo hizo girar en un círculo, su mejilla pegada a la de A-Chong, sus penes tocándose

—Va a cambiar el tono, vas a ser arrastrado por mí hacia afuera…

Efectivamente, al instante siguiente el piano cambió repentinamente de tono.

Esa modulación convirtió toda la pieza en apasionada y ardiente. Ning Yu podía ver en la música el vuelo de una falda roja de tango, ver el ardor, ver lo radiante. A un paso de distancia había otra persona, otro mundo; y A-Chong también estaba a un paso de distancia, mostrándole otro mundo.

Ning Yu fue lanzado hacia afuera, y regresado a ese abrazo.

Los pasos de A-Chong eran suaves, llevándolo a marcar el compás; el violín era tan dulce, muy parecido a la mano de A-Chong deslizándose sobre su cintura.

Pisó mal un paso, y sus dos pies desnudos se pisaron entre sí.

Ning Yu dijo en voz baja “lo siento”, y A-Chong dijo: —No le des importancia, continúa. Al bailar se pueden cometer errores, se puede marcar mal el compás, no pidas “perdón”.

A-Chong lo hizo girar, en esta pequeña habitación pisando el ritmo de la melodía, con el cuerpo desnudo, bailando un tango a veces triste, a veces apasionado.

¿Acaso en la vida hay momentos así, como de sueño, como ilusorios?

¿La vida realmente podía tener momentos así, tan oníricos, tan irreales?

Mientras bailaban, Ning Yu sintió que estaba a punto de llorar. ¿Será que este “A un Paso de Distancia” sonaba tan fuerte? ¿Cómo era posible que llenara toda su cabeza? Tenia ganas llorar, como si fueran lágrimas fisiológicas.

Esta danza estimulaba sus lagrimales más que un encuentro sexual plenamente satisfactorio; todo le daba la ilusión de estar enamorado de A-Chong.

—Ya no sigas así—. Ning Yu murmuró para sí, —Si continúas así, voy a enamorarme de ti.

La segunda repetición terminó, la canción seguía en bucle; esta era la tercera vez. Que pare, pensó Ning Yu, que pare, que pare, Dios, por qué suena tan bien.

Lo oyó. En su corazón una voz decía:

Estás cargando la barra de progreso de enamorarte de A-Chong. Esa voz se mezclaba con el sonido del piano, el violín, el bandoneón, y añadió: El valor ya alcanzó el 99%.

A-Chong había mantenido los ojos cerrados, pero al oír esto sonrió suavemente y dijo: —Sueña un poco más atrevidamente, novio. Imagina que… nos estamos casando, y que acabamos de bailar nuestra primera pieza.

Ning Yu ya no pudo seguir bailando. El corazón le latía tan fuerte como si se le fuera a del pecho. Qué “a un paso de distancia”, qué canción de tango, lo único que sabía es que se estaba muriendo.

Se abalanzó y mordió la boca de A-Chong.

Perdieron el control y se besaron en medio de una melodía que a veces era dulce y a veces apasionada. Ning Yu sabía que solo podría tener a este A-Chong por este día. Cuando se cumplieran las cuatro horas, quizá incluso tendría que pagar. No habría una próxima vez.

A-Chong lo empujó contra la pared y lo poseyó. Nadie volvió a hablar. Ning Yu, mirando el sudor en la frente de A-Chong y comenzó a marearse.

En los ojos de A-Chong, en la música de “A un Paso de Distancia” , Ning Yu finalmente, con total claridad, vio su propia rendición.

Notas del Traductor

  1. https://youtu.be/Dp5xM_rM1yU?si=Va0zci1o8CXa5CBN

https://youtu.be/UPMi3IAyOJo?si=xrBP5cAWFr1esU7o

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