Así pasó más de medio mes.
La vida de convivencia, pura y dulce como el agua con miel, hacía que Sheng Shaoyou luciera radiante. A pesar de que el proyecto de la tijera genética seguía estancado y no había noticias de la lista de purga de Shen Wenlang, en esos días, Sheng Shaoyou rara vez se había enfadado.
Por otro lado, el plan de espionaje de Chen Pinming se desarrollaba con relativa normalidad. Aunque al principio se llevó un buen susto al ser casi descubierto, en general no hubo mayores contratiempos.
Lamentablemente, aunque Hua Yong acompañaba a Shen Wenlang a muchas reuniones de alto nivel, el contenido de estas no tocaba secretos cruciales; se trataba principalmente de discusiones internas a nivel administrativo, con poca relación con los proyectos de investigación.
Chen Pinming, decepcionado y ansioso, se preocupaba. Ya habían pasado más de veinte días desde que Sheng Shaoyou le había asignado la tarea, y a este ritmo, temía volver con las manos vacías.
…
El veinticuatro de mayo fue el primer día de verano de ese año, y también el día en que se cumplía un mes desde que Chen Pinming había colocado el micrófono en el maletín de Hua Yong.
Aquel día el sol brillaba, pero para Sheng Shaoyou fue un día desastroso.
Por la mañana, como de costumbre, Hua Yong le preparó el desayuno chino que no le gustaba pero al que ya se había acostumbrado. Antes de salir, como de costumbre, Sheng Shaoyou lo rodeó con los brazos y le dio un beso largo y húmedo. Luego, se desearon mutuamente un buen día.
Hua Yong, todavía sin aliento por el beso, se apoyó en la puerta con el rostro sonrojado y le preguntó: —¿Qué le apetece cenar al señor Sheng?
Unos días antes, había caído una tormenta en la ciudad. Hua Yong se mojó y volvió a casa con un poco de fiebre. Sheng Shaoyou lo convenció para que tomara un antitérmico, pero no mejoraba. La pequeña y debilitada orquídea no podía controlar bien la liberación de sus feromonas, y en los últimos días, el aroma floral en la casa era especialmente intenso.
—¿No te encuentras mal? ¿Para qué vas a cocinar? Pediré comida para llevar, ¿vale?
—No —dijo la orquídea, normalmente tan dócil, ahora testaruda por la enfermedad—. Quiero cocinar.
Sheng Shaoyou no tuvo más remedio que asentir. —Sopa de pescado, entonces. La que hiciste la semana pasada, estaba muy buena. —Hizo una pausa—. Pero hoy lavo yo los platos. —Hua Yong sonrió al instante y dijo en voz baja: —Vale. —Luego, se dio la vuelta, entró en el ascensor y se despidió de Sheng Shaoyou con la mano—. Nos vemos por la noche.
Sheng Shaoyou estaba atendiendo una llamada y no respondió, solo asintió levemente.
Quizás no debería haber sido así. Si hubiera sabido que Hua Yong nunca volvería a casa, lo habría detenido y le habría dicho solemnemente “nos vemos por la noche”, o simplemente no lo habría dejado salir.
Pero Sheng Shaoyou no tenía el don de la premonición. Así que, con la vista fija en la pantalla del móvil, dejó que las puertas del ascensor se cerraran lentamente. Por el rabillo del ojo, vio a la pequeña orquídea pulsar el botón para bajar, marcharse de casa y no volver nunca más.
…
A las once y veinte de la noche, Chen Pinming recibió una llamada de su jefe. Sheng Shaoyou le ordenó que buscara de inmediato el paradero de Hua Yong.
—No me contesta los mensajes desde esta tarde. Lo llamé a las seis, pero su móvil estaba apagado. Hasta ahora, sigue sin dar señal y no ha vuelto —la voz de Sheng Shaoyou era firme, pero Chen Pinming, que llevaba tantos años con él, pudo percibir la ansiedad en su tono—. Normalmente llega a casa a las cinco y media, y si tiene que hacer horas extra, siempre avisa. Acabo de llamar a Shen Wenlang, y también tiene el móvil apagado. Chen Pinming, ¿ha pasado algo en HS últimamente? ¿No habrán trincado a Shen Wenlang y se los habrán llevado a todos de una vez? —A juzgar por su tono, si ese fuera el caso, Sheng Shaoyou iría inmediatamente a conseguirle la libertad bajo fianza a Hua Yong y, de paso, a presentar su dimisión.
Pero el Grupo HS prosperaba, y su presidente, Shen Wenlang, una persona de gran prestigio, había sido nombrado uno de los diez jóvenes empresarios más destacados de la ciudad el año anterior. Era imposible que lo detuvieran por algún delito.
Sin embargo, al escuchar las conjeturas cada vez más angustiadas de Sheng Shaoyou, un pensamiento que le heló la sangre cruzó la mente de Chen Pinming. Soltó sin pensar: —Señor Sheng, puede que al secretario Hua le haya pasado algo.
El corazón de Sheng Shaoyou dio un vuelco, como si le hubieran echado agua hirviendo. A duras penas mantuvo la calma y preguntó con el rostro serio: —¿Qué podría pasarle?
Chen Pinming, temblando, le contó con todo detalle lo del micrófono oculto.
Sheng Shaoyou apretó el móvil con tanta fuerza que crujió. Guardó silencio un momento, con la mandíbula apretada, y finalmente dijo: —Investiga.
Una palabra, fría como el hielo, pero que hizo que Chen Pinming sudara a mares. Colgó el teléfono y llamó inmediatamente a un detective privado y a un conocido en la policía.
Pero, de alguna manera, Hua Yong, una persona de carne y hueso, se había desvanecido en el aire.
Las cámaras de seguridad de la entrada principal del Grupo HS lo grabaron saliendo puntualmente a las cinco. En la puerta, subió a un coche de VTC que, en lugar de seguir la ruta habitual, dio varias vueltas y, tras meterse en un callejón sin cámaras, no volvió a aparecer.
La policía descubrió que el coche era robado y con matrícula falsa. El dueño original lo había denunciado hacía un año.
Cada año desaparecen más de ocho millones de personas en el mundo. Pero la ciudad de Jianghu era segura. Sheng Shaoyou nunca soñó que una desaparición pudiera tener algo que ver con él.
En la entrada de casa todavía estaba el paquete que Hua Yong había comprado y no había tenido tiempo de abrir. En la cocina colgaban sus utensilios y su delantal. Cada rincón del apartamento estaba impregnado de las huellas de su vida, y toda la casa olía a ese sutil aroma a orquídea. Al pensar que aquel joven, tierno y hermoso como una orquídea, podría no volver jamás, Sheng Shaoyou sentía que el corazón se le partía en dos, un dolor sin precedentes.
Odiaba la iniciativa de Chen Pinming, pero era cierto que lo había hecho por el bien de la empresa, así que no podía culparlo en exceso. Solo pudo deducirle medio año de bonus por haber actuado sin autorización.
Para encontrar a Hua Yong, Sheng Shaoyou invirtió una enorme cantidad de recursos humanos y materiales. Contrató a diez detectives privados, y aunque todos le prometieron resultados, al final, todos volvieron con las manos vacías.
Sheng Shaoyou estaba convencido de que la desaparición de Hua Yong tenía que ver con Shen Wenlang.
Ese lobo siniestro tenía la costumbre de apuñalar por la espalda. Y su comportamiento era demasiado sospechoso.
Al día siguiente de la desaparición de Hua Yong, el móvil de Shen Wenlang volvió a estar operativo, pero rechazaba sistemáticamente todas las llamadas de Sheng Shaoyou.
Sheng Shaoyou, apretando los dientes, marcaba su número una y otra vez, pero siempre colgaba.
Incapaz de controlar su furia, Sheng Shaoyou golpeó el escritorio con el puño.
La concentración de feromonas de un Alfa de clase S se volvió instantáneamente aterradora. El duro escritorio de palisandro se partió, y una fina grieta apareció en la superficie.
El Alfa de primera categoría, tras haber perdido a su amado Omega, hundió el rostro en sus manos. Sus codos se apoyaron impotentes en la mesa de madera, cuyo barniz brillante y vetas exquisitas se partieron por la mitad, como el corazón roto de su dueño.
Finalmente, Sheng Shaoyou llamó al teléfono fijo de la oficina de Shen Wenlang. Esta vez, alguien contestó.
Era una voz masculina, grave y monótona.
—Hola, oficina del presidente de HS. Soy Gao Tu, el secretario del señor Shen. ¿En qué puedo ayudarle?
¿Gao Tu?
Sheng Shaoyou se masajeó la sien, dolorida por la falta de sueño, e hizo un esfuerzo por recordar. Finalmente, lo ubicó: era el secretario Beta más competente de Shen Wenlang.
—Soy Sheng Shaoyou, de Shengfang Bio. ¿Dónde está su jefe?
Gao Tu se sorprendió. No esperaba que Sheng Shaoyou llamara al fijo de la oficina.
Tenía una fuerte impresión de este heredero que había asumido el cargo tan joven; sabía que era un Alfa de clase S soberbio, tan arrogante que hasta necesitaba que su secretario le recogiera las tarjetas de visita.
¿Por qué iba a llamar él personalmente? ¿Y a un teléfono fijo?
Gao Tu: —Hola, señor Sheng. El señor Shen está atendiendo a un cliente en este momento, no puede ponerse.
—¿Cuándo estará libre? —preguntó Sheng Shaoyou, que por fin había conseguido contactar con alguien. Frunció el ceño y dijo sin rodeos: —Pregúntale cuándo tiene tiempo. —Lo pensó un momento y suavizó su tono, tragándose su orgullo—. Me adaptaré a su horario. Cuando lo sepas, dímelo y volveré a llamar.
Gao Tu se quedó un poco desconcertado por su cambio de actitud. Pero como secretario, y ante una figura tan importante del sector como Sheng Shaoyou, no se atrevió a preguntar más. —De acuerdo. Le preguntaré al señor Shen y le devolveré la llamada.
…
Shen Wenlang y Chang Yu estaban charlando en la sala de reuniones. Se conocían desde hacía mucho tiempo, pero su estrecha relación era un secreto que pocos conocían, no solo en la ciudad, sino en todo el país.
Gao Tu esperó casi dos horas a que Shen Wenlang saliera de la reunión. Desde aquel período de celo, Shen Wenlang lo había distanciado deliberadamente. Aunque en la última cena de empresa un viejo colega había bromeado diciendo que Gao Tu era el pilar inamovible de la secretaría, solo él sabía que Shen Wenlang ya no confiaba en él como antes.
Todo había empezado a cambiar sutilmente desde la llegada de Hua Yong. Antes, Shen Wenlang siempre llevaba a Gao Tu a las cenas, pero desde que llegó Hua Yong, él se quedaba libre. Con Hua Yong, Shen Wenlang no lo había vuelto a llevar a ningún evento privado, dejándolo con una inquietante sensación de inutilidad.
Ese joven y hermoso Omega era el único que Gao Tu conocía que podía acercarse a Shen Wenlang. Con el tiempo, descubrió que la eficiencia de Hua Yong en el trabajo era altísima. A diferencia de su carácter suave y amable, cuando trabajaba era resolutivo y eficaz, con el aplomo de un graduado de una universidad de élite. Y con el añadido de su belleza, su talento no solo no pasaba desapercibido, sino que brillaba aún más.
El ritmo de trabajo de Shen Wenlang era frenético. A Gao Tu le había costado diez años de esfuerzo desesperado seguirle el paso. Pero Hua Yong era diferente. Gao Tu había observado que, aunque el equipo de secretarios, juzgándolo por su apariencia, solo le daba tareas sencillas, en realidad, el estilo de trabajo de Hua Yong y Shen Wenlang era muy similar, y su compenetración, altísima.
Supongo que a esto le llaman ser el elegido del destino, pensaba Gao Tu con amargura. Al fin y al cabo, era el único Omega que Shen Wenlang podía tolerar. Contra el destino, por mucho que se esforzara, él nunca podría competir.
Sin embargo, Hua Yong, a pesar de gozar de tanto aprecio, llevaba más de medio mes sin ir a trabajar. Sus compañeros de RRHH decían que el propio señor Shen le había tramitado un permiso de larga duración. Al principio, Gao Tu se preocupó por él, pero al ver la sonrisa cómplice de sus compañeros, sintió una punzada de amargura y lo entendió todo. Si un Omega delicado entraba en un celo especialmente severo, era normal que descansara uno o dos meses.
No todos eran como Gao Tu, un masoquista. Incluso durante el celo más intenso, se inyectaba supresores, soportando el dolor y el sudor frío, solo para volver al trabajo lo antes posible, porque solo en el trabajo tenía la oportunidad de ver a Shen Wenlang.
…
Pasadas las cuatro de la tarde, Shen Wenlang y Chang Yu salieron de la sala de reuniones. Chang Yu le dio una palmada en el hombro a Shen Wenlang y, con un atisbo de compasión, le dijo: —Que la suerte te acompañe.
Shen Wenlang lo miró, asintió sin expresión y, al girarse, vio a Gao Tu de pie en el pasillo, no muy lejos. Frunció ligeramente el ceño.
En realidad, Shen Wenlang ya no recordaba cuándo había empezado a aparecer este Beta en su vida.
Al echar la vista atrás, le parecía demasiado lejano. Cuando aún estaba en la escuela, un día, al girarse, de repente se dio cuenta de que este Beta, corriente en todos los sentidos, llevaba mucho tiempo siguiéndolo. Al principio, solo aparecía ocasionalmente en su campo de visión. Luego, de alguna manera, empezaron a hablar.
Shen Wenlang no era una persona muy habladora o extrovertida, pero este Beta, de su misma promoción pero de otra clase, tenía un carácter apacible y tranquilo que no resultaba molesto. Así que, no lo echó. Simplemente le permitió seguirlo, y así, sin darse cuenta, habían pasado muchos años.
Cuando Gao Tu entró en el equipo de secretarios de HS, llevaban casi un año sin verse.
Al ver de repente una foto familiar en el tablón de empleados destacados, Shen Wenlang, en un impulso, hizo que Gao Tu, que trabajaba en el departamento de planificación, fuera trasladado al equipo de secretarios, más cerca de él.
Desde el punto de vista de Shen Wenlang, este hombre era demasiado apacible y torpe. Aunque era trabajador y ambicioso, le faltaba cierta chispa de flexibilidad.
Sin embargo, la fiabilidad, la estabilidad y la terquedad de Gao Tu eran precisamente las cualidades más escasas en este mundo materialista y cambiante.
Durante todos estos años, este Beta siempre había estado detrás de él, a poca distancia. Lo viera o no, parecía que siempre estaba ahí, siguiéndolo de cerca, sin marcharse nunca.
Aunque Shen Wenlang nunca lo había admitido, la presencia de este Beta le proporcionaba una inmensa sensación de seguridad, algo de lo que él carecía.
Y esa seguridad había empezado a agriarse hacía unos meses. Al enterarse de que Gao Tu se había tomado un permiso para acompañar a su pareja Omega en celo, Shen Wenlang se sintió inexplicablemente irritado durante varios días. No solo dejó de tratar bien a su antiguo compañero, sino que también redujo el contacto personal con él. La sola idea de que ese hombre, torpe y aburrido, hubiera tenido en sus brazos a un Omega en celo, la imagen de él consolando torpemente pero con esfuerzo a ese Omega, hacía que su aversión por los Omegas alcanzara un nuevo pico.
Siendo justos, el día que le llevó el pendrive a Hua Yong, el olor a Omega en Gao Tu no era desagradable. Pero al ver su rostro enrojecido por la pasión y sus pasos vacilantes, Shen Wenlang sintió una oleada de ira y, sin pensarlo, soltó una acusación irracional.
El rostro de Gao Tu palideció al instante, pero aun así, se disculpó amablemente. Y eso solo hizo que Shen Wenlang, el que lo había insultado, se sintiera aún peor.
Al volver al trabajo, Shen Wenlang empezó a distanciarse activamente de Gao Tu.
Odiaba que, al ver su rostro, le viniera a la mente la imagen de él abrazando a un Omega y sentirse irremediablemente irritado.
Shen Wenlang se arrepintió un poco, se arrepintió de haberse vuelto, sin darse cuenta, demasiado dependiente de Gao Tu.
De haber tratado a este Beta bondadoso, que lo hacía sentir una extraña punzada de amargura en el corazón, que prefería ausentarse del trabajo para consolar a su pareja Omega, como si fuera de su propiedad.
—¿Pasa algo? —En cuanto vio a Gao Tu, Shen Wenlang frunció el ceño y le espetó—. Si no tienes nada que hacer, no te quedes ahí plantado como un mueble. No te contraté para decorar la oficina. Y, además, tampoco es que seas lo suficientemente guapo como para servir de adorno, ¿verdad, secretario Gao?
Gao Tu sabía que no era guapo, pero que Shen Wenlang se lo dijera tan directamente le encogió el corazón.
—Lo… lo siento. —Pero no tenía el don de la elocuencia, y frente a Shen Wenlang, se quedaba sin palabras. Aparte de disculparse torpemente, no podía hacer nada más.
Shen Wenlang lo miró con un desdén indisimulado, lo que puso a Gao Tu, ya de por sí acomplejado, aún más nervioso. ¿Será que se me ha olvidado tomarme la pastilla hoy y por eso huelo?, pensó, aterrado.
No puede ser, me la he tomado esta mañana, la siguiente me toca a mediodía.
Pero últimamente sus feromonas eran cada vez más inestables, los síntomas del trastorno se hacían más evidentes. Por si acaso, Gao Tu retrocedió un paso con cautela y dijo: —Hace dos horas, el señor Sheng Shaoyou, de Shengfang Bio, llamó al teléfono fijo de su oficina.
Shen Wenlang, al ver que Gao Tu retrocedía un paso, como si deseara estar lo más lejos posible de él, frunció aún más el ceño y, sabiendo la respuesta, preguntó: —¿Para qué ha llamado?
—No lo ha dicho. Solo ha dicho que le avisara cuando tuviera tiempo para que pudiera volver a llamar.
Shen Wenlang esbozó una sonrisa burlona. —¿Sheng Shaoyou no era siempre tan arrogante? ¿Lleva unos días sin poder contactar con Hua Yong y ya está tan desesperado? Vaya, no es para tanto.
—¿Sin poder contactar? —se extrañó Gao Tu—. ¿No estaba el secretario Hua de vacaciones?
Shen Wenlang le lanzó una mirada gélida, y Gao Tu se calló la boca.
Shen Wenlang no era ciego. Sabía que Hua Yong tenía una belleza calamitosa y que todos los Betas y Alfas de la empresa que lo habían visto sentían interés por él. Pero que Gao Tu se preocupara tanto por Hua Yong, le molestó. Preguntó con sarcasmo: —Sí, no está. ¿Tú también lo echas de menos?
Gao Tu no esperaba esa pregunta, y no supo qué responder para no pisar el terreno minado de su jefe. Tras un largo silencio, dijo: —Supongo que mucha gente echará de menos al secretario Hua.
Mierda. ¿Qué significa eso? ¿Que tú también lo echas de menos, pero no te toca el turno? El rostro de Shen Wenlang se ensombreció aún más.
—Señor Shen, sobre la llamada del señor Sheng…
—Que espere, que se muera de la impaciencia si hace falta. La primera vez que nos vimos, me suelta trescientos cincuenta millones, como si el dinero lo imprimieran ellos. Ese cachorro es un arrogante, ya era hora de que alguien le parara los pies —dijo Shen Wenlang con frialdad—. No le devuelvas la llamada. Y si vuelve a llamar, recházala. Gao Tu, eres mi secretario, no el mensajero de Sheng Shaoyou. Conoce tu lugar y no me busques problemas. —Dicho esto, el alto y apuesto Alfa de clase S dejó plantado a su secretario Beta, a quien acababa de reprender sin motivo, y se marchó, furioso y con la mandíbula apretada.