Tras oír esas sorprendentes palabras, el círculo de personas lúcidas miró al capitán Huang con los ojos y la boca desencajados.
El capitán Huang no prestó atención a ninguno de ellos, paseándose irritado en círculos por la sala con la cabeza gacha.
En ese momento, alguien dijo en voz baja: “Pero si es de la Oficina Municipal…”.
Aquella gente había desatendido sus obligaciones, había torcido la ley para sus fines privados, había dado cobijo a delincuentes y había sacado dinero ilegal de todo aquello. Por supuesto que sus manos no estaban limpias. Pero recibir dinero y mantener la boca cerrada era una cosa; matar a alguien con tus propias manos era otra. La mayoría de los presentes no se habían visto implicados en ningún asunto de este tipo; sólo habían tenido que hacer la vista gorda, sentarse y esperar a que llegara el dinero por su silencio. Mientras tanto, seguían yendo a su trabajo y cobrando sus sueldos. A lo sumo recibían algún ingreso gris, de vez en cuando salían a algún compromiso social “recreativo”. Ninguno de ellos se consideraba totalmente malo. Es más, habiendo sido profundamente influenciados por la ideología de Wang Hongliang, creían unánimemente que, si bien la muerte de unas cuantas prostitutas y delincuentes no significaba nada, ¿deberían poner su mano sobre un miembro de su propia profesión? Eso sí que era ir demasiado lejos.
Cuando los ojos de alguien miran fijamente hacia el frente o miran hacia arriba, suelen pensar que lo que ven son seres humanos.
Los que no tienen poder ni influencia, los que van a la deriva en la corriente de los acontecimientos y luchan por sobrevivir, los viejos, los débiles, los enfermos y los lisiados, pertenecen en su mayoría a esta categoría.
Al observar a los animales, el ser humano piensa que ellos también saben lo que significa estar cómodo y bien alimentado, lo que es tener calor o frío, pero no más que eso. Así que da igual que mueran. Al fin y al cabo, la frase sólo dice “la vida del ser humano no tiene ningún valor”; las demás vidas no entorpecen los asuntos del cielo.
La muerte de Chen Zhen fue un accidente, un error, pero la muerte de Luo Wenzhou, eso sí que era un acontecimiento importante. Todos tenían más o menos ese tipo de pensamiento; sólo el capitán Huang, con su corazón de oso y sus agallas de leopardo, se había destacado de forma inesperada.
“Capitán Huang, eso no funcionará, eso realmente no servirá”. Otra persona abrió la boca. “Si me preguntas, muy bien, como-se-llame está muerto, nosotros nos encargaremos del cuerpo. Si Luo Wenzhou no puede encontrar rastro de él vivo o muerto, ¿Qué puede hacer?”
“¿Qué puede hacer? Sabe que el mocoso desapareció aquí”. Los dientes del Capitán Huang estaban fuertemente apretados, sus palabras salían por una grieta entre ellos. “Hoy se irá a casa con las manos vacías, pero ¿y mañana? ¿Y pasado mañana? ¿Imbécil, acaso piensas quedarte aquí esperándole las veinticuatro horas del día? ¿Puedes garantizar que todo el mundo aquí mantendrá la boca bien cerrada? Un negocio es un negocio. Ahora que ha habido una muerte, no te preocupes por él, si le contamos al director Wang lo que ha pasado hoy, ¡puede que ni siquiera él esté dispuesto a protegerte!”.
La persona habló entrecortadamente: “Es… nuestra propia gente… “
“¡Nuestra propia jodida gente es exactamente lo que me preocupa! La noche del veinte, ¿por qué apareció inexplicablemente un muerto en “ese lugar”? Todos ustedes estaban allí, ¿alguno de ustedes lo vio? Incluso si sólo fue un imbécil matando a alguien y tirando el cuerpo, ¿qué tipo de coincidencia le hizo tirar el cuerpo allí? Es como… ¡es como si nos hubiera ‘marcado’ a propósito!” El capitán Huang se estremeció ante sus propias palabras y se esforzó por tragar una bocanada de saliva. “Y ese mocoso de hace un momento, apareciendo de la nada preguntando por ‘ese lugar’, ¿quién de ustedes me va a decir cómo lo descubrió? Si no lo hubieran captado las cámaras de seguridad, si yo no hubiera estado allí, ¡mañana probablemente llevarían las esposas que tienen en sus bolsillos! ¿Cómo se pone en contacto un chico que conduce un taxi negro con el capitán del Equipo de Investigación Criminal de la Ciudad, eh? ¿Lo saben? No, no lo saben. ¡Todos ustedes no entienden una puta mierda!”
Alguien había apagado la música de la sala. Los que se habían drogado seguían con la cabeza hecha un lío, pero los que estaban sobrios guardaban un silencio sepulcral.
“Tiene que haber una conexión entre el caso ‘520’ y lo que ha pasado hoy. Debemos tener un soplón”. Mirando fijamente la imagen de la cámara de seguridad, el capitán Huang respiró hondo y pronunció una palabra a la vez: “Había pensado atrapar a ese mocoso Chen, darle una oportunidad, sacarle algún provecho… Olvídalo, ahora que nos han empujado a esto, tendremos que ponernos toscos y prepararnos. ¿Qué dicen, están dispuestos?”
Al principio nadie contestó.
El capitán Huang suspiró pesadamente. “Bien. Son un grupo de inútiles. Entonces, hagan lo que quieran; vayan y entréguense. Vayan, tal vez obtengan clemencia”.
Justo entonces, la persona a la que acababan de echarle licor en la cara abrió la boca. “Fui yo quien le puso la inyección”.
El Capitán Huang se giró y le miró de reojo.
“¡Yo… yo… iré!”
“Tú le diste la inyección. ¿Y quién más tocó al mocoso? Cuando intentó escaparse, ¿quién lo noqueó?” Capitán Huang torció vagamente la comisura de los labios, su mirada pasó sobre todos ellos. “¿Quién lo ató? Quién vigiló la puerta… Ah, en cuanto a vigilar la puerta, también me gustaría saber, ya que Xiao Song dice que claramente sólo le dio un poco, ¿cómo murió, eh?”.
Todos negaron con la cabeza uno tras otro, sin decir nada.
“Cualquiera que piense que no tiene nada que ver con esto puede irse”, dijo el Capitán Huang con una leve sonrisa. “Pero cuando te vayas, asegúrate de vigilar tu… boca”.
Todo el mundo tenía boca, y cualquiera con boca sólo tenía que salir por la puerta para ser un soplón en potencia.
Nadie quería identificarse como un “soplón” delante de este salvaje.
Al final, nadie contestó.
“Tengan cuidado”, dijo inexpresivamente el capitán Huang. “Mientras investigaba el caso “520” en el Distrito Oeste, el capitán Luo, por desgracia, se topó con un drogadicto enloquecido y murió en cumplimiento de su deber”.
Luo Wenzhou miró su reloj. Habían pasado más de veinte minutos desde que pidió ayuda externa. El grueso material de insonorización no podía bloquear la música de la puerta de al lado, cuyo estruendo parecía el de una casa siendo derribada. Estaba sentado frente a una chica con un trabajo no particularmente respetable, al lado de una mesa cubierta de alcohol que costaba la mayor parte de su salario mensual.
Quizá el aire acondicionado de la habitación estaba muy frío; un gélido viento sopló sobre su cuello y, de la nada, Luo Wenzhou tuvo un mal presentimiento. Entonces, recogió el pesado cenicero que había sobre la mesa y lo pesó con su mano. Le dijo a Wu Xuechun: “Aún eres muy joven. ¿No hay otra cosa que quieras hacer? ¿No quieres cambiar de trabajo?”.
Wu Xuechun negó con la cabeza. Ella no respondió, sólo se remangó las mangas largas del vestido y le mostró las marcas en sus brazos delgados, así como los hematomas dejados por una inyección mal administrada. Era muy pálida, lo que hacía que los hematomas parecieran aún más espantosos. Los viejos hábitos son difíciles de romper.
Luo Wenzhou guardó silencio.
En una situación así, parecía que, de acuerdo con las costumbres sociales, debía actuar como un hermano mayor y decirle algunas palabras de consuelo y aliento. Pero algunas circunstancias son extremadamente crueles. De haber estado en su lugar, Luo Wenzhou creía que no habría tomado otra decisión más sensata. Decir esas palabras tan usuales habría sido tan ofensivo como decirle a alguien con una enfermedad terminal que “bebiera más agua”.
Al no tener nada que decir, tuvo que cerrar la boca.
En ese instante, el “heavy metal rompe paredes” de al lado alcanzó el intervalo entre dos canciones y se detuvo brevemente. Los oídos de Luo Wenzhou, que habían recuperado su capacidad auditiva, percibieron el sonido de pasos apresurados en el exterior.
No tuvo tiempo de pensar. Reaccionó inconscientemente, soltando una pregunta a Wu Xuechun: “¿Dónde está Chen Zhen?”.
Wu Xuechun se quedó estupefacta ante su repentina pregunta y soltó también su respuesta: “En el almacén oeste del segundo piso”.
Acababa de hablar cuando Luo Wenzhou la levantó y la empujó hacia la ventana. “Corre”.
Wu Xuechun retrocedió unos pasos y se torció el tobillo por los tacones. Todavía estaba un poco confundida; apoyada titubeante contra la pared, dijo: “Yo…”.
Quería decir: “Estaré bien, soy de los suyos, no me harán nada”. Pero este largo discurso aún no había comenzado cuando Luo Wenzhou la interrumpió con determinación: “Te digo que corras. Quítate los zapatos y no malgastes palabras”.
Mientras terminaba de hablar, la puerta de la habitación privada se abrió de una patada. Unos cuantos jóvenes vestidos de forma colorida entraron, trayendo consigo el espeso olor del alcohol y otro hedor característico. No dijeron nada antes de atacar.
Luo Wenzhou levantó el caro cenicero de la mesa. Un reflejo brilló en el rabillo del ojo. Se adelantó para bloquear con el cenicero, el metal chocando contra el cristal. Un cuchillo para melones chocó contra el cenicero y se deslizó.
Luo Wenzhou bajó el cenicero, golpeando con fuerza la muñeca del hombre del cuchillo y forzando su brazo hacia atrás. Levantó la rodilla hacia el vientre del apuñalador.
El contenido del estómago del apuñalador casi salió a la superficie con este golpe. El cuchillo para melones se le resbaló de la mano, y Luo Wenzhou lo cogió con soltura, agarrando a la persona por su cabello amarillento y empujándolo contra la pared. Se agachó para esquivar a otro atacante, cogió una botella de coñac Rémy Martin, probablemente falsa, y golpeó la cabeza del atacante con la botella que parecía una sartén.
Todos estos atacantes eran delincuentes sacados de algún sitio. Cada uno parecía un fantasma viviente; consumidores de drogas, a juzgar por sus apariencias. Luo Wenzhou tenía mucha experiencia en peleas callejeras, era joven y robusto, hacía ejercicio con regularidad y añadía un huevo más a su jianbing cada día. Por lo tanto, tenía ventaja para limpiar esta multitud de drogadictos.
Miró hacia atrás y vio que Wu Xuechun, haciendo caso a su orden atronadora, se había quitado los zapatos y escapado por la ventana. Luego respiró hondo y se dirigió hacia el almacén del segundo piso: ¿por qué, después de tanto tiempo de tranquilidad, le habían atacado repentinamente?
No tuvo tiempo de pensar demasiado. En pocos pasos había saltado al segundo piso. Una idea surgió de la nada para apoderarse de su pecho y pensó: ¿Le ha pasado algo a Chen Zhen?
Los pequeños delincuentes que había derribado se agruparon y salieron en su persecución, enseñando los colmillos y blandiendo las garras. Un empleado que repartía bebidas se asustó y se adhirió a la pared. Luo Wenzhou lo apartó y vio el cartel del almacén: un letrero moteado que decía “Sólo empleados”.
Luo Wenzhou retrocedió medio paso y dio una rápida patada a la puerta. El rebote de la puerta de madera le produjo dolor en la pantorrilla. Inmediatamente cambió de pierna y volvió a dar un fuerte golpe. Esta vez su pierna atravesó la puerta, dejando un agujero.
Luo Wenzhou empujó rápidamente la puerta y vio a una persona inmóvil en el interior. “¡Chen Zhen!”
Tenía intención de entrar directamente a echarle un vistazo, pero sus piernas se habían entumecido un poco y le retrasaron un momento. En ese momento, su cerebro, sobrecalentado por su lucha y huida de hace un momento, se enfrió lentamente mientras su respiración volvía a la normalidad. Luo Wenzhou recapacitó súbitamente: aquello estaba mal. Había sido tan directo a la hora de sonsacarle a Wu Xuechun el lugar donde tenían a Chen Zhen. Entonces debía de haber alguien vigilando las cámaras. Así que, ¿por qué no habían movido a Chen Zhen?
Ante este pensamiento, Luo Wenzhou retrocedió sin siquiera pensarlo. Al mismo tiempo, la persona que yacía en el suelo saltó sin previo aviso y dirigió una cuchillada hacia el cuello de Luo Wenzhou. Luo Wenzhou estaba totalmente alerta; instantáneamente levantó el cuchillo para melones que había arrebatado para desviar la muñeca de la persona, le agarró por el hombro y le empujó hacia las estanterías que había a un lado.
Sin embargo, la otra parte también tenía mucha experiencia. Echó el hombro hacia atrás para minimizar la fuerza del golpe y aprovechó el rebote del empujón para golpear a Luo Wenzhou bajo las costillas. A Luo Wenzhou se le cortó la respiración y el cuchillo estuvo a punto de soltarse de su mano. Esquivó por poco el agarre del otro, le agarró por el brazo y le hizo girar a medio camino, para luego golpear con el pie la parte trasera de la rodilla del atacante.
Éste gritó y cayó de rodillas. Gracias a la débil luz, Luo Wenzhou pudo ver claramente a quién tenía agarrado. No sabía el nombre de esta persona, pero le había visto esperando a Wang Hongliang.
Luo Wenzhou se obligó a levantar la cabeza por el pelo. “¿Dónde está Chen Zhen?”
La persona a la que había puesto de rodillas era el capitán Huang. Miraba fijamente a Luo Wenzhou, totalmente impasible; en lugar de eso, se rió en voz baja. “Esperándote más adelante”.
Luo Wenzhou comprendió el significado. Sus pupilas se contrajeron. Al mismo tiempo, se oyó un ruido detrás de él, y Luo Wenzhou se giró instintivamente, levantando el brazo para protegerse la cara. Se oyó un golpe fuerte y claro; una botella de alcohol y el brazo izquierdo de Luo Wenzhou sufrieron pérdidas casi iguales. La gente que esperaba cogerle desprevenido se arremolinó por detrás, armada con cuchillos, botellas, garrotes y cadenas, lanzándose todos hacia él.
Luo Wenzhou, en aprietos, esquivaba a diestra y siniestra, mientras las heridas le brotaban por todas partes.
Antes de salir, había pedido un arma de mano, pero hasta que su vida no pendiera de un hilo, no se atrevía a sacarla, 𑁋porque no estaba seguro en absoluto de que los matones a sueldo de Wang Hongliang estuvieran dispuestos a comportarse y a respetar las “Cinco prohibiciones“. En ese momento, esa gente pensaba que no estaba preparado en absoluto y que podía enfrentarse a él con el frío acero; tampoco querían crear un alboroto tan grande en medio de un barrio tan concurrido, así que estaban dispuestos a luchar cuerpo a cuerpo con él.
Por su parte, era mejor luchar cuerpo a cuerpo que usar armas de fuego; y además el Edificio de la Gran Fortuna estaba, de hecho, cerca de una zona concurrida. El problema se agravaría si la gente quedara atrapada en el fuego cruzado.
Justo en ese momento, sonó de repente una penetrante sirena de la policía. La multitud se puso rígida; sólo Luo Wenzhou reaccionó de inmediato, empujando con la mano el cartílago de la nariz de la persona que le bloqueaba el paso. Luego esquivó rápidamente un cuchillo y un pie, y saltó al pasillo. 𑁋Sabía que la sirena de la policía tenía que ser falsa. Las carreteras del Distrito Oeste eran difíciles de transitar, y aún no había pasado media hora; los refuerzos que había pedido no habrían llegado tan rápido.
Preocupado por una emboscada, Luo Wenzhou no subió por las escaleras. Irrumpió en el cuarto de baño de una esquina, abrió de un tirón la ventana y saltó.
A esas alturas, ya tenía un corte en la espalda, por no mencionar el resto de pequeños y grandes cortes y hematomas. No podía levantar el antebrazo izquierdo; el hueso podría estar fracturado. Dos horas antes había estado especulando con que el asesino del caso “520” se tragaría el anzuelo de Zhong Donglai mientras “daba de comer al gato” en el comedor, sin esperar que dos horas después se habría visto metido en una película de acción.
La suerte de uno en la vida era simplemente tan inconstante como Luo Yiguo.
De repente, se oyó un grito detrás de él: “¡Dage, por aquí!”
Luo Wenzhou miró a su alrededor y vio a Wu Xuechun, descalza, agitando desesperadamente la mano hacia él. El cuero cabelludo de Luo Wenzhou se erizó. “¿No te dije que huyeras? ¿Qué haces aquí todavía?”.
“Ese dispositivo de alarma era yo hace un momento”, dijo Wu Xuechun. “No conoces el camino; yo te guiaré. ¿Encontraste a Chen Zhen?”
Antes de que Luo Wenzhou pudiera responder, llegó la unidad de persecución. “¡Ahí está, atrápalo!”
Luo Wenzhou agarró a Wu Xuechun. Siguiendo sus balbuceantes indicaciones llegaron a un corto muro detrás del Edificio de la Gran Fortuna. Por suerte, Wu Xuechun era ligera como una pluma. Luo Wenzhou la subió al muro y luego saltó él mismo.
Cuando aterrizó, el brazo izquierdo que había forzado bruscamente pasó de un dolor sordo a un agudo dolor insoportable. Luo Wenzhou arrugó la frente y soltó un resoplido. Soplaba una fresca brisa vespertina, y la sangre que empapaba la espalda de su camisa le helaba hasta los huesos.
Bajo las farolas, Wu Xuechun vio claramente su estado ensangrentado y se asustó muchísimo, casi gritando.
“¿Por dónde?”, dijo Luo Wenzhou.
Temblando, Wu Xuechun señaló en la dirección correcta; al instante siguiente, el hombre la agarró y echó a correr.
“No pasa nada”, dijo Luo Wenzhou, consolándola con indiferencia. “No me han dado en la cara”.
Wu Xuechun: “…”
Los dos atravesaron varias callejuelas; después de varias vueltas confusas, llegaron a ver la carretera abierta. Luo Wenzhou se relajó por fin y le dijo a Wu Xuechun, que estaba sin aliento: “Por ahora vuelve conmigo a la oficina, luego…”.
Sus palabras se detuvieron bruscamente.
A ambos lados de la carretera, los bulliciosos puestos de vendedores habían retrocedido en un instante, y los peatones se habían escabullido aún más. Varias ruidosas motocicletas bloqueaban el final de la calle; llevaban mucho tiempo esperándolo con todo su respeto.
Luo Wenzhou miró el reloj con el rabillo del ojo: 𑁋dada la hora que era, sus refuerzos debían estar a punto de llegar.
Así que escondió a Wu Xuechun detrás de él y sonrió al motorista que iba en cabeza, diciendo con ligereza: “Amigo, creo que ha habido un malentendido. ¿Podemos charlar?”.
Pero el líder no sufría la enfermedad del villano que muere por hablar demasiado. Su gélida mirada salió disparada del casco y se fijó en Luo Wenzhou, y rápidamente pisó el acelerador, la motocicleta saltó y se dirigió directamente hacia ellos.
Luo Wenzhou no tuvo elección; agarró la pistola que llevaba en el bolsillo.
Cuando aún no había sacado el arma, de repente, se oyó el rugido de un motor aún más enérgico que el de las motocicletas.
Los motoristas no esperaban que un descerebrado drag racer apareciera en aquel lugar. Se asustaron y esquivaron de forma inconsciente, dispersándose de inmediato. Un coche deportivo tan colorido como una serpiente venenosa apareció de la nada como un destello de luz, ejecutó un giro practicado y rozó la rueda trasera de la motocicleta en movimiento, enviando a ésta y a su piloto volando por los aires.
A través de la ventanilla entreabierta asomó el costado de un rostro semioculto por el cabello. El recién llegado no miró directamente a Luo Wenzhou, sólo dijo secamente: “Sube”.

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