Capítulo 2

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Capítulo 2

Jiang Tian durmió hasta el mediodía. Cuando despertó, medio aturdido, tomó el teléfono y comprobó lo que ya imaginaba: aquel desgraciado no había respondido más.

Su hermana mayor ya se había ido a trabajar, y la pantalla todavía mostraba los mensajes que ella le había mandado temprano en la mañana.

Jiang Jing: Hermano, pasado mañana viajo por trabajo. Esta noche me quedaré en casa de la hermana Lu.
Jiang Jing: Lo de anoche lo tengo bajo control. Cuídate tú también. Cuando vuelva de Estados Unidos te traeré un regalo.

Jiang Tian se frotó los ojos. Antes de poder contestarle, sonó el timbre. Se calzó las sandalias y fue deprisa al salón a abrir la puerta.

Fuera estaba Lu Qiao, con una gorra de visera baja y cara de querer destruir el mundo.
—¡Tian, hermano! —gruñó, furioso —¡Desperté y el cielo se me cayó encima! ¿Cómo pudo tu hermana encontrarse con semejante basura de tipo?

Jiang Tian apretó los labios, dejando entrar a su amigo de la infancia. Aun con la mano colgando, la mantenía cerrada con fuerza.
—¿Mi hermana ya se lo contó a la tuya?

—Sí. —Lu Qiao, aún alterado, se cambió de zapatos mientras hablaba—. ¿Y si cancelamos el entrenamiento de esta tarde y vamos a buscar a ese maldito gay para darle una paliza?

Su amistad era tan sólida que sus hermanas también eran mejores amigas. Al ver a Lu Qiao convertido en un beagle rabioso, Jiang Tian tuvo que calmarlo.

—Los puños no resuelven el problema. Antes de enfrentarlo hay que reunir pruebas, o podría volverse todo en nuestra contra.

Su serenidad apenas duró dos segundos.
—Pero bueno… aunque haya que golpearlo, esperaremos a que mi hermana vuelva de su viaje. —Bajó la voz—. No será tarde entonces.

Lu Qiao se rascó la cabeza.
—Cierto, cierto… Ah, por cierto… —Se encogió de hombros—. ¿Puedo quedarme a comer?

Jiang Tian, que había aprendido a valerse por sí mismo desde pequeño, cocinaba tan bien que Lu Qiao podía comerse cinco platos sin pestañear. Justo iba a preparar el almuerzo, así que poner un plato más no era problema.

Media hora después.

Ambos estaban sentados frente a una mesa con dos guarniciones y un plato principal, todo con un aroma tentador.

Jiang Tian, con el teléfono en la mano, apenas probó bocado. Lu Qiao lo miró de reojo.
—¿Le estás respondiendo a tu hermana?

—Sí. —Chateó un rato con Jiang Jing, recordándole que cuidara su salud y no olvidara los documentos para el viaje.

Suspiró.
—El teléfono de mi hermana se rompió. Está usando uno de repuesto. Cuando vuelva de Estados Unidos tendrá que restaurar los contactos y las conversaciones.

Lu Qiao gruñó.
—Ese tipo es una maldición andante. Cuanto antes lo saquen de su vida, mejor le irá a tu hermana.

Jiang Tian asintió con un murmullo. Luego abrió la conversación con el tipo. Las últimas dos líneas seguían allí: el mensaje había sido leído, pero sin respuesta.

¿Acaso el desgraciado sospechaba algo?
No lo creía posible. Acababa de hablar con su hermana y todo parecía normal: el tipo aún planeaba llevarla al aeropuerto de madrugada y seguir fingiendo con sus mentiras dulzonas.

Jiang Tian no entendía mucho de relaciones por internet, así que miró a su amigo.
—Qiao, quiero pedirte consejo.

Lu Qiao se quedó pasmado.
—¿Qué? ¿Me lo dices en serio? ¡Tú, el genio que entró a Tsinghua o Pekín sin examen, pidiéndole consejo al tipo que quedó entre los últimos trescientos de la clase?!

—No es sobre eso. —Jiang Tian aclaró, con calma—. Mi hermana quiere que me haga pasar por gay para citar al tipo, pero no sé cómo hablarle.

—¿¡Qué!? —Lu Qiao casi se atraganta con el arroz y tose varias veces—. ¡¿Y eso no lo dijiste antes?! ¿Por dónde van las cosas?

Jiang Tian le pasó un vaso de agua.
—Ya me aceptó como contacto.

—¿Y luego? ¿Ya casi lo tienes?

—Es desconfiado. —Le entregó el teléfono, sin reparos en que leyera el chat.

Lu Qiao lo examinó con atención y luego levantó la vista hacia el rostro atractivo de Jiang Tian.
—No puedo creer que esos mensajes los hayas escrito tú.

Jiang Tian apretó el vaso, los nudillos blancos.
—¿Por qué crees que no me contesta?

Lu Qiao pensó un momento.
—Mira, aunque soy hetero, algo he oído: en ese círculo, la apariencia importa mucho. Si tu hermana dice que él es pasivo, tú dile que eres un “activo” con cuerpo marcado. Mándale unas fotos de tipos con abdominales y caerá redondito.

Jiang Tian lo consideró razonable. Dejó los palillos, tomó el teléfono y fue al balcón a escribir.
—Voy a probar a ver si pica.

—Sí, sí, —respondió Lu Qiao, con la boca llena—, pero que no parezca forzado; finge interés y haz que baje la guardia.

Jiang Tian asintió. Escribió cuidadosamente.

KIRA: Buenas tardes.
KIRA: ¿Ya saliste del trabajo?

En el distrito financiero del este de Ningcheng, los rascacielos reflejaban la prosperidad de la ciudad costera.

En la oficina del presidente, Chu Xuyu, con traje impecable, apoyó los dedos en la frente. Mientras descansaba en la silla, giró el teléfono entre las manos.

Era extraño: ¿cómo había conseguido ese desconocido su cuenta personal? Incluso su padre, al que había interrogado, negaba todo con una convicción demasiado natural. Aquello lo irritaba aún más.

—Toc, toc.

Su secretaria entró, con maquillaje discreto y ropa profesional.
—Señor Chu, ¿me mandó llamar?

Chu Xuyu levantó la vista. Su asistente, Jiang Jing, tenía ojeras marcadas; se notaba que no había dormido bien.

De hecho, había pasado la noche entera con resaca y rabia, deseando destrozar al infiel.

Ambos guardaron silencio unos segundos.

Entonces, él tocó el escritorio con los dedos y dijo con voz grave:
—Jiang Jing, escuché que quieres renunciar.

Jiang Jing se sobresaltó, sin esperar que el rumor llegara hasta su jefe. Aunque él parecía distante, siempre había sido justo y amable.

—Sí, señor. El proyecto del viaje es importante; pensaba presentar la carta cuando volviera de Nueva York. —Forzó una sonrisa—. Lo siento, es por motivos personales.

Chu Xuyu la observó, tranquilo.
—No hay nada que disculpar. Eres muy competente. Ha sido un placer trabajar contigo estos cinco años.

Jiang Jing lo miró, sorprendida. Él rara vez elogiaba en voz alta y esas palabras le devolvieron un poco de ánimo.
—Gracias, señor Chu.

—Envíame la carta cuando tengas un momento. Y si necesitas ayuda con algo, no dudes en contactarme.

Ella asintió, con gratitud. Decidir dejar ese trabajo le había costado semanas de reflexión; después de todo, él había sido su mayor apoyo profesional.

Cuando salió, la atmósfera volvió a volverse densa.

Chu Xuyu tomó otra vez el móvil.

KIRA: Buenas tardes.
KIRA: ¿Ya saliste del trabajo?

Abrió el perfil del remitente: un avatar de caricatura, publicaciones visibles solo de los últimos tres días, fondo con la imagen de un futbolista apuntando al cielo. Todo gritaba “hetero fingiendo ser gay”.

Demasiado burdo. Ni siquiera digno de sospecha. Pero, por alguna razón, lo entretenía.

Té de la tarde: ¿De dónde sacaste mi contacto?

Esperó, mirando la notificación de “escribiendo…”.

Y no se equivocó: el otro empezó a soltar tonterías, incluso mencionando una app de citas.

KIRA: Te vi en Blued.
KIRA: Ambos estamos en Ningcheng, podríamos vernos fácilmente.

Té de la tarde: ¿Ah, sí?
Té de la tarde: ¿Tienes tanta prisa por verme?

KIRA: ¿Tú no?

Té de la tarde: No.
Té de la tarde: Muchos me invitan a salir.

KIRA:

Chu Xuyu sonrió apenas. Si el otro quería mentir, él jugaría el juego.

Lo que no sabía era que, al otro lado, el muchacho en el balcón apretaba los dientes, la mandíbula marcada de rabia contenida.

El tipo era claramente un promiscuo. Jiang Tian debía asegurarse de entrar en su lista cuanto antes.

KIRA: Quiero colarme entre los que te invitan.
KIRA: ¿Qué tipo de chicos te gustan?

Té de la tarde: ¿Y eso?
Té de la tarde: ¿Tan seguro estás de ti mismo?

KIRA: Sí.
KIRA: Tengo buen cuerpo.

Jiang Tian era delantero en el equipo escolar. Su físico era producto de años de entrenamiento y disciplina: ocho abdominales definidos, fuerza juvenil y energía contenida. Nada que ver con las fotos falsas de internet.

En realidad, su mensaje era hasta modesto.

Y como esperaba—

Té de la tarde: Bien.
Té de la tarde: Mándame una foto para comprobarlo.

Jiang Tian iba a enviar una imagen cualquiera, pero justo entonces apareció un nuevo mensaje.

Té de la tarde: Si me mandas una foto de internet, te bloqueo.

“…”, pensó Jiang Tian.

Detuvo los dedos justo a tiempo. En su galería solo tenía capturas de exámenes y apuntes; nada aprovechable. No podía enviar algo real tampoco, le daba asco la idea.

Té de la tarde: ¿Por qué no la mandas?

KIRA: No tengo ninguna guardada. Ahora no puedo tomar una. Te la mando luego.

Té de la tarde: Bien.
Té de la tarde: ¿Cuántos años tienes?

Jiang Tian reflexionó: con un tipo tan desconfiado, debía medir cada palabra.

—Los tipos como ese buscan emociones —intervino Lu Qiao, entre bocados—. Dile que eres un chico rico de una escuela internacional. ¡Les encanta eso!

Jiang Tian se quedó callado.
—Tiene sentido.

Y así, mintiendo sin pestañear, se inventó el personaje: un estudiante de preparatoria internacional, millonario, “activo” y sin experiencia.

El hombre pareció morder el anzuelo. Incluso propuso una hora para intercambiar fotos.

Té de la tarde: Interesante.
Té de la tarde: No suelo tratar con ese tipo de chicos.
Té de la tarde: Tengo trabajo en la tarde, te escribo a eso de las ocho.

Jiang Tian sostuvo el teléfono, la manzana de Adán moviéndose, una sonrisa apenas perceptible en sus labios. Parecía un border collie tramando algo.

KIRA: De acuerdo.
KIRA: Te esperaré.

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x