Capítulo 20. No lo admite

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—¿Dónde estás? —exigió Fu Liling—. ¿Sabes qué hora es? ¿Por qué no estás en casa?

—… ¿No regresaste a Shanghái?

—¡Solo estás esperando a que me vaya para ser libre, ¿verdad?! —Fu Liling elevó la voz—. ¡La mamá de An Yun ya me lo dijo! ¡¿Ustedes tres estaban peleando de nuevo?! ¡¿Te lastimaste?!

Tang Heng suspiró interiormente.

—No, estoy bien.

—Vuelve en este mismo momento.

—Me voy a quedar en casa de Jiang Ya esta noche.

—Te estoy diciendo que vuelvas a casa. ¡Déjame ver en qué estado estás!

—Es verdad. —Tang Heng frunció el ceño—. De verdad, estoy bien.

—¡Tang Heng!

Tang Heng dejó de responder.

—Ya no puedo hacerte escuchar, ¿verdad? Entonces, ¿crees que puedes cuidarte solo? —Fu Liling hablaba cada vez más rápido. Tang Heng escuchó algunas frases y luego lanzó su teléfono sobre la mesa. Miró el teléfono con una expresión fría mientras la voz frenética de Fu Liling seguía sonando.

—Quieres estudiar en el extranjero, piensas que el ambiente académico en el extranjero es mejor, ¡bien! ¡Entonces actúa como un académico! ¿Ves lo que haces todo el día? Si puedes causar tantos problemas justo bajo los ojos de tu tío, ¡te volverás loco cuando vayas al extranjero! ¿Tang Heng?

Tang Heng bajó la mirada y respondió en voz baja:

—Te estoy escuchando.

—Ya estás en tus veintes, Tang Heng. —suspiró ella y cambió al tono de una sabía persona mayor—. No eres un niño de quince o dieciséis años que busca peleas. Ya eres un adulto, ¿entendido? Si te hieren gravemente, o hieres gravemente a alguien más, ¿qué harás? Y yo, ¿qué haré? Trabajo muy duro para ganar dinero para ti. Todo mi esfuerzo solo tiene sentido si vives feliz y sano. Tang Heng, tú…

—Mamá. —Tang Heng respiró profundamente—. Lo sé.

—Si lo sabes, ¿por qué sigues enojándome así? Te dije que vinieras a Shanghái, pero te negaste. Hice un esfuerzo para ajustar mi agenda y regresé solo para que me enfurecieras.

—… Mamá, ¿tu único deseo es que yo esté sano y feliz?

—Por supuesto. No espero que logres nada espectacular. Si estás sano y feliz, eso es mejor que cualquier otra cosa.

—Solo soy feliz si puedes admitir esa cosa.

—¿Qué?

Tang Heng guardó silencio. Al lado, An Yun y Jiang Ya tenían expresiones de horror. Una negaba con la cabeza mientras el otro agitaba la mano, ambos gesticulando con la boca: «¡No lo hagas!».

Tang Heng dijo:

—Soy gay.

El otro lado del teléfono quedó en silencio.

Jiang Ya y An Yun también dejaron de moverse, como si se hubieran congelado.

Tang Heng prosiguió:

—No me gustan las chicas y no me casaré con una en el futuro. Mamá, ¿me entiendes?

Todavía no se escuchaba ningún sonido desde el otro extremo del teléfono. Tang Heng abrazó sus brazos y esperó con calma.

Un instante después, Fu Liling forzó una risa.

—Todavía eres joven. No hay necesidad de hablar de matrimonio aún. Cariño, ¿es esta la moda entre los jóvenes que tocan en bandas? Nosotros éramos así cuando éramos jóvenes. La libertad en las citas era la moda en ese entonces. Odiábamos cuando nuestras familias organizaban citas. Pero míranos a mí y a tu padre. Nuestras familias nos presentaron… Cariño, lo entenderás en unos años. Estas creencias cambian.

—Esto no tiene que ver con la edad, mamá. Te lo dije antes. Sabía en la secundaria que no me gustan las chicas. Esto fue cierto antes, ahora y en el futuro…

—¡Tonterías! —lo atajó Fu Liling—. ¡La homosexualidad no existe! ¡Ustedes los jóvenes solo dicen tonterías que aprendieron de esas películas extranjeras!

En realidad, él había adivinado que esto sucedería. No tenía ninguna esperanza en absoluto, después de todo, no era la primera vez. Tang Heng resopló.

—Puedes fingir que no existe. No voy a casa esta noche. Adiós, mamá.

—¡Tang Heng, regresa aquí!

Tang Heng colgó y apagó el teléfono.

Jiang Yan y An Yun se quedaron boquiabiertos.

Tang Heng no dijo nada. Su expresión era sombría.

Las voces murmuraban a su alrededor. Solo su mesa estaba en silencio, como en un funeral. Después de un rato, Jiang Ya se secó el sudor de la frente y se golpeó el pecho.

—Gracias a Dios soy heterosexual.

An Yun lo miró con enojo.

—¿Sabes cómo hablar?

Jiang Ya se corrigió rápidamente:

—Gracias a Dios no tengo una mamá como esa.

—No importa. Cierra la boca… —dijo An Yun.

—Oye, no, eso es demasiado… ya sabes. —Jiang Ya se acercó a Tang Heng, con el rostro lleno de confusión—. ¿Qué quiso decir la tía? ¿Está en negación? ¿Cómo puede escapar de esto? Pensé que se derrumbaría y te renegaría…

—Cree que eso no existirá si no lo admite —dijo Tang Heng.

—¿Eh? Uh…

—Eso es intenso. —An Yun fumó su cigarrillo y murmuró—: Es incluso peor que oponerse directamente. Si ella finge que no sabe, si no lo reconoce ni responde, entonces no puedes hablar con ella al respecto en absoluto.

Jiang Ya seguía confundido.

—¿Qué quieres decir?

—¡Eres tan tonto! —dijo An Yun—. Solo piensa. Si te opones a algo, eso significa que admites que esa cosa existe. De lo contrario, ¿a qué te estarías oponiendo?

—Oh, eso es cierto… ¡Maldición! Así que la tía ni siquiera admite que los gays existen, ¡y mucho menos se plantea si lo acepta o no! —Jiang Ya de repente agarró la mano de Tang Heng y dijo emocionalmente—: Hijo mío, tu vida apesta.

—Vete al diablo. —Tang Heng golpeó su mano—. Come tus malditos cebollines asados.

Jiang Ya agarró algunas brochetas de cebollines asados y le dio la mitad a An Yun.

—Vamos, An-ge, aumentemos nuestro nivel de testosterona. —Después de masticar por un momento, continuó—: ¿No se está mintiendo a sí misma, entonces? ¿Cómo es posible que los gays no existan? Que Tang Heng lleve a su novio a casa mañana.

An Yun rodó los ojos.

—¿Llevar a quién? ¿A ti?

—¡Vamos, no seas así! —Jiang Ya levantó su meñique y dijo en voz aguda—: ¡Me gustan las chicas! Pero si es Heng-gege, entonces…

—Sería mejor que me llevara a mí. —An Yun se pasó los dedos por el cabello—. La marimacho más guapa de Hongshan.

Dos joyas preciosas.

Tang Heng se rio impotente.

—Jódanse.

Después de que los tres terminaron de comer, soportaron la llovizna para llegar a la casa de Jiang Ya.

Tan pronto como entraron, An Yun se apresuró a ducharse en la habitación de invitados en el segundo piso.

Jiang Ya y Tang Ya se sentaron descalzos en el suelo. Jiang Ya sacó dos botellas de cerveza de la nevera y los dos bebieron mientras charlaban perezosamente.

—¿Cuándo saliste del closet? —preguntó Jiang Ya.

—Tercer año de secundaria.

—Maldición. Muy temprano.

—¿Cuándo compartiste una habitación con una chica?

Jiang Ya eructó y no respondió.

Después de detenerse durante unos minutos, continuó:

—¿Cómo se lo dijiste a tu mamá?

—Ella me acusó de estar saliendo con una chica demasiado pronto. Yo le dije que no, y de paso salí del closet.

—¡Eres increíble! —exclamó Jiang Ya, asombrado.

Tang Heng no le respondió; recordó la escena. Había imaginado muchas posibilidades en su mente. ¿Lloraría Fu Liling? ¿Tomaría una escoba y lo golpearía? ¿Se derrumbaría y gritaría? ¿O incluso lo acusaría de decepcionar a su difunto padre? Pero no había sido nada de eso. Fu Liling simplemente había sacudido la cabeza y había dicho casualmente: «Cariño, todavía eres joven. No vuelvas a decir esas cosas».

Tal vez realmente solo deseaba que él tuviera una vida segura y estable. Pero ser gay y estudiar en el extranjero no encajaba en esa categoría de seguridad y estabilidad.

An Yun terminó de ducharse pronto. Se había cambiado a una camiseta holgada y pantalones cortos y se acercó caminando con chanclas.

Luego, Tang Heng se fue a duchar. Pasaban la noche en casa de Jiang Ya con frecuencia, por lo que siempre había ropa para ellos en el armario. Cuando Tang Heng salió del baño con una camiseta y pantalones cortos, al igual que An Yun, Jiang Ya también entró a bañarse y se cambió a un conjunto de ropa nueva.

El problema era que… era demasiado nueva.

Era un traje azul pavo a medida, con un broche de ónix blanco de Van Cleef & Arpels[1] en el pecho. También llevaba un par de zapatos de cuero blanco, aunque la marca no estaba confirmada. Inefablemente llamativo.

—¿Qué estás haciendo? —An Yun se quedó boquiabierta—. ¿Tienes una cita esta noche? Entonces deberíamos… ¿ir a otro lugar?

—¡¿En qué estás pensando?! —Jiang Ya, moviendo los hombros, se acercó a Tang Heng—. ¿Qué opinas de mi atuendo?

Tang Heng se quedó sin palabras.

—Libre una guerra mental conmigo mismo mientras me duchaba. Siento que, con nuestra relación, ¡debería ayudarte!

—¿Qué relación tienen ustedes dos? —preguntó An Yun.

—¡De padre e hijo! —Jiang Ya saltó hacia un lado, esquivando fácilmente la patada de Tang Heng—. Solo es fingir ser un novio. ¡Puedo hacerlo!

En ese instante, Tang Heng realmente quería matarlo y enterrar el secreto.

An Yun se contuvo la risa y dijo con seriedad fingida:

—No creo que sea necesario.

—¿Cómo que no es necesario? Tang Heng puede llevarme con la tía y entonces nosotros… Uh…

—¿Nosotros qué?

Jiang Ya frunció los labios, como si estuviera reuniendo coraje.

—Él puede besarme en la mejilla… Solo en la mejilla, ¡no en los labios!

An Yun lo miró. Dos segundos después, dijo:

—Voy a vomitar.

Tang Heng recogió en silencio el muslo de pollo de la mesa.

—Jiang Ya, acércate.

Jiang Ya dio unos pasos hacia atrás.

—Tang Heng, no devuelvas mi amabilidad con violencia.

Los tres jugaron varias rondas de cartas, interrumpidas ocasionalmente por risas, y escucharon dos CDs completos. Jiang Ya ya estaba roncando. Su casa era un loft y la sala de estar era muy grande, con tres largos sofás a lo largo de las paredes. Jiang Ya estaba durmiendo en el sofá central; Tang Heng y An Yun ocuparon los de la izquierda y la derecha.

Al otro lado de la mesa de café desordenada, An Yun susurró:

—¿Todavía vas a ir al extranjero?

—No sé. —Este tema molestaba a Tang Heng—. Iré si puedo.

—¿A los Estados Unidos?

—Síp.

An Yun dejó de hablar. Tang Heng pensó que ella continuaría con algo como «¿Qué pasará con la banda si te vas?». ¿Qué pasará? Quizá encontrarían un nuevo cantante, quizá disolverían la banda. Su grupo era puramente para divertirse. Ninguno de ellos planeaba hacer carrera de ello. An Yun y él probablemente continuarían en la academia, mientras que Jiang Ya había mencionado que tenía que heredar el negocio de su familia.

—En realidad, lo que dijo Jiang Ya tiene sentido —habló An Yun—. Si encuentras un novio, la tía tendría que admitirlo, ¿verdad?

—¿Lo encuentro en la calle?

—Eh, ve más seguido a bares gays.

—Estoy muy ocupado.

—Esto es tu culpa —suspiró An Yun—. No te gustan los que te coquetean, pero luego te niegas a buscar por ti mismo.

Tang Heng no respondió, prácticamente aceptando por omisión. A pesar de haber descubierto su orientación sexual desde hace tiempo, nunca había salido con nadie ni sentido la necesidad de hacerlo.

No pasó mucho tiempo antes de que An Yun también se durmiera; su respiración se volvió suave y regular. La lluvia seguía cayendo afuera de la ventana, mientras la habitación estaba fresca debido al aire acondicionado.

En el silencio, Tang Heng volvió a pensar en el rostro de Li Yuechi. Un momento después, se levantó en la oscuridad y utilizó la tenue luz que entraba desde afuera para encontrar su teléfono.

Lo encendió. Había cuatro llamadas no contestadas de Fu Liling y una de su tío.

Nada más. Tang Heng de repente se dio cuenta de que ni siquiera le había dado su número a Li Yuechi.

Luego pensó en algo más, su cerebro conectando extrañamente dos cosas:

Li Yuechi necesitaba dinero.

Pero él no.


Nota de la autora: ¡Xiao Li aparece en el próximo capítulo! (Me encanta escribir a los tres amigos discutiendo).


[1] Marca de joyería de lujo.

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