Capítulo 21 – El cristal se derritió

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Bai Yue puso una expresión de inocente como si acabara de aprender la lección, y corrigió:

—Lobo idiota.

“…”
A Lang Xiao se le volvió a contraer la comisura de los labios. De repente sintió unas inmensas ganas de darle una nalgada a su esposa.

Y de hecho, lo hizo. Su gran mano llena de callos le dio un apretón ni suave ni fuerte en el trasero a Bai Yue.

El cuerpo de Bai Yue se tensó al instante, casi dando un salto, y lo miró con los ojos bien abiertos, como acusándolo.

Lang Xiao, al verla así, sintió el corazón derretirse por completo. ¿Cómo iba a castigarla con esa cara? Con resignación, le dio un golpecito en la nariz y dijo:

—¿No puedes omitir el “idiota”? Llámame solo “Xiao”.

La piel que sus dedos tocaban era tan delicada que le parecía increíble. Lang Xiao sentía que los callos de su mano podrían rasgarla. Así que retiró la mano y le metió en las manos el cristal sin atributo.

—Toma, juega con esto.

La expresión de Bai Yue pasó de nublada a soleada en un segundo. Bajó la cabeza y se puso a examinar el cristal.

Era un cristal transparente compuesto por muchas formas poliédricas irregulares, muy hermoso, y bajo la luz blanca brillaba con un resplandor multicolor.

No sabía si era resistente o no. Bai Yue pensó en eso y se lo metió a la boca para morderlo.

—¡No!

Lang Xiao trató de detenerla, pero ya era tarde. No tuvo más remedio que abrirle la boca con ambas manos.

Bai Yue se quedó congelada, permitiéndole abrirle la boca sin resistirse.

Aquel cristal que en su mano era duro, al entrar en su boca se derritió como si fuera hielo, convirtiéndose en una especie de serpiente líquida que bajó por su garganta con una sensación fría y resbaladiza.

Todavía le quedaba esa sensación fría en la boca, y la lengua recorría todo el interior intentando buscar sabor. No tenía ninguno.

“¿Este amo tonto se puso tan nervioso porque era venenoso? ¡Entonces suéltame para que pueda enjuagarme!”
Bai Yue empezó a asustarse un poco.

Lang Xiao, al ver que no había rastro del cristal, la soltó y le dio unas palmaditas en la cabeza para tranquilizarla:

—No pasa nada. Ese era un cristal sin atributo, no produce ningún efecto de rechazo. Ya te lo comiste, pues ni modo.

Bai Yue se tranquilizó, pero aun así le dio muchísima pena que el cristal se hubiera derretido. ¡Quería guardarlo como recuerdo!

Entonces, el rostro de Lang Xiao se volvió serio. Le sostuvo la cara a Bai Yue y le habló con firmeza:

—Pero escúchame bien: no puedes volver a meterte un cristal en la boca así como así. Si llegas a tragarte uno con atributo energético, ¡te haría estallar por dentro y morirías!

Bai Yue lo miró atónita y asintió con la cabeza.

Después de eso, ya no siguieron jugando. Terminaron el baño rápido y se sentaron correctamente en la silla secadora para secarse.

Luego, Lang Xiao llevó a Bai Yue completamente desnuda al dormitorio.

“¡Sirviente! ¡Aún no me he vestido!” —pensó Bai Yue con ansiedad, pegándose al cuerpo de Lang Xiao para cubrirse.

Como si pudiera leerle la mente, Lang Xiao dijo:

—Es hora de la siesta. Duerme sin ropa, se está más cómodo.

Diciendo eso, la depositó suavemente en la cama. Bai Yue no quería quedarse desnuda a la vista de otros, aunque fueran de otra especie.

Tan pronto tocó la cama, se metió debajo de las cobijas, encogiéndose como un camarón. En su mente seguía rondando el recuerdo del cristal que se había derretido en su boca.

No sabía si era su imaginación, pero sentía como si esa frescura se hubiera esparcido por todo su cuerpo, haciéndola sentir ligera, fría por dentro… y muy somnolienta. Una vez acostada, ni siquiera quería mover un dedo.

De pronto, Lang Xiao la sacudió. Bai Yue abrió los ojos con esfuerzo para mirarlo.

—No te duermas todavía. Te falta una medicina por tomar. Ayer se te olvidó, pero hoy no puede pasar otra vez —dijo Lang Xiao mientras se giraba para buscar la pastilla.

Bai Yue se despabiló de golpe.
“¡No me digas que es otro de esos malditos engordadores! ¡Maldición! ¡Mejor me duermo ya!”

Y como si su voluntad de “dormir” fuera demasiado fuerte… apenas cerró los ojos, cayó dormida al instante.

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