Capítulo 22

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Loren dejó de preocuparse por Richt y decidió, como siempre, ocuparse de sus propios asuntos.

—Por cierto, ¿cuándo volverán tus espíritus?

—No lo sé.  —La tristeza contenida volvió a brotar de golpe.

—¿Cómo que no lo sabes?

—Hasta ahora no ha habido nadie con una afinidad espiritual más alta que la mía.

—¿No dijiste que podías invocar tres espíritus de viento y dos de agua?

—Así es.

—¿Y dices que nadie ha tenido una afinidad mayor que eso?

Loren tenía muchas ganas de replicar, pero se contuvo. El otro era su superior.

«Además, un superior que actuaba antes de hablar». Se repitió eso para calmarse. En ese momento, Abel lanzó una pregunta.

—¿Cuántas vueltas lleva ya?

—Está en la sexta —respondió Louis, que estaba a su lado, con expresión desconcertada.

Sabía que Abel lo había estado observando todo el tiempo, por eso no entendía la pregunta. En efecto, Abel sabía cuántas vueltas había corrido Richt. Solo quería confirmarlo, porque su estado le resultaba extraño.

«¿Tan cansado está después de solo seis vueltas a este pequeño patio?».

Tenía cierta determinación que le permitía resistir, pero el agotamiento era evidente. Y eso que, siendo un noble, debía haber recibido entrenamiento con la espada desde pequeño.

«¿El anterior duque Devine fue demasiado blando también?».

Parecía que iba a caer en cualquier momento. Y efectivamente, las sospechas de Abel dieron en el clavo. En la séptima vuelta, Richt, que corría tambaleándose, se desplomó. Se llevó la mano al pecho y jadeaba; parecía tener dificultades para respirar.

—Ay, santo cielo, ¿qué hacemos ahora? —Loren agitó las manos, alarmado.

Si Richt moría allí mismo, sería un problema. Estaba a punto de correr a buscar al médico cuando Abel lo detuvo.

—Cállate. —Dando pasos largos, se acercó a Richt, que respiraba entrecortadamente, y tiró de su brazo.

Los ojos de Richt, ahora en sus brazos, se encontraron con los de él. El rostro perlado de sudor estaba pálido. Cualquier otro hombre empapado en sudor se vería desagradable, pero quizás por ser el hermano menor Maia, una mujer famosa por su belleza, no le resultó desagradable.

«Es bonito».

Abel juntó sus labios con los de Richt. Las pupilas verdes, llenas de furia, se abrieron de par en par. Parecía sorprendido y su puño cerrado golpeó débilmente el brazo de Abel. Por supuesto, no era suficiente para apartarlo. Aquella mano sin fuerza se sentía más como una caricia caprichosa.

—¡Hah! —exhaló Richt cuando sus labios se separaron.

¿Se-se ha vuelto loco? —gritó horrorizado.

Su expresión era curiosamente adorable. Se limpió los labios con la mano temblorosa y miró a Abel con furia. Cuando él lo soltó, cayó al suelo. Si los espíritus no lo hubieran sostenido, se habría golpeado la cabeza contra el piso.

—Parece que necesitas fortalecer tu resistencia —comentó Abel como si nada.

—¿Y por qué yo? —respondió Richt entre dientes.

—Para que sea más cómodo movernos juntos, claro.

El rostro de Richt mostraba incredulidad, pero Abel lo ignoró por completo.

—Por ahora, ve a lavarte y come algo.

Richt apretó los labios, se tambaleó y se alejó hacia la posada. Mientras Abel lo observaba, escuchó la voz de Loren detrás.

—Su Alteza, el Gran Duque Graham.

Abel se volvió, extrañado por la formalidad, y vio a Loren con el rostro completamente descolorido.

—¿Qué pasa con esa cara?

—¿Mi cara? ¿Mi cara? —Loren se palpó el rostro y luego soltó un grito— ¿Cómo puede estar tan tranquilo? No, ¿por qué demonios sigue besando al duque Devine?

Por suerte, Richt no parecía haber escuchado los gritos de Loren, ya que no se volvió.

—Fue una maniobra de rescate —respondió Abel con total calma.

Loren lo miró incrédulo.

—Y si yo me desmayara y hubiera que darme medicina directamente a mi boca, ¿también me la daría?

—¿Estoy loco o qué?

—¿¡Acaso no lo hizo con el Duque Devine!?

Pensándolo bien, la idea de hacer lo mismo con Loren le resultaba repulsiva.

«¿Por qué será?», pero no lo pensó por mucho tiempo.

—Es por su apariencia.

—¿Qué?

—No me genera rechazo su aspecto.

El rostro de Loren se contrajo de golpe.

—También me han dicho muchas veces que soy guapo, ¿sabe?

Abel soltó una risa sarcástica. Habiendo nacido con una belleza bendecida, le resultaba ridículo oírlo.

—Así son los guapos… —murmuró Loren con melancolía.

Abel le dio un fuerte golpe en la parte posterior de la cabeza.

—¡Ay!

—Deja de murmurar y dame el informe.

—No hay mucho que decir. Su Alteza el príncipe heredero sigue buscando al duque Devine. La Orden del Leviatán ha sido disuelta y sus miembros se dispersaron. El vizconde Ain regresó al territorio de la familia Devine, que sigue en calma.

Richt, el duque Devine, había administrado bien su territorio. Aunque era temperamental, neurótico y propenso a los arrebatos, no tenía afición por las masacres. Además, el vizconde Ain, su mayordomo desde la generación anterior, era bastante competente.

—Parece que liquidó parte de sus bienes antes de marcharse, pero eran fondos personales, así que no afectó al territorio. El problema es por qué un duque tan codicioso vendió sus propiedades y abandonó la capital.

—Dijiste que la orden se disolvió. —Los ojos de Abel brillaron con interés.

—Los que eran de familias nobles regresaron a sus casas, pero los que no lo eran aún no tienen un lugar fijo. ¿Quiere que los contactemos?

—Sí. Y ese tal Ban, ¿nadie lo ha reclutado todavía?

—Muchos han intentado acercarse, pero parece que no tiene intención de unirse a nadie.

—Ofrécele lo que desee y tráelo.

No bastaba con tener caballeros competentes; el norte era un lugar demasiado salvaje.

—Sí. Ya anticipé que lo ordenaría, así que envié a algunos hombres por adelantado.

Aunque no podía controlar a los espíritus, Loren seguía siendo valioso: era astuto y rápido de mente. Un hombre competente, sin duda. Si tan solo no se derritiera cada vez que veía un espíritu.

*** ** ***

Tras la desaparición de Richt, Ban abandonó el palacio. Como el lugar de reunión había sido un palacio abandonado en los jardines exteriores, nadie intentó detenerlo.

—¡Capitán! —Adelhardt, que lo había seguido, lo llamó.

—Ya no soy capitán.

Adelhardt vaciló un instante y corrigió el trato.

—Sir Ban.

—No hay necesidad de llamarme así.

Adelhardt negó con la cabeza.

—No es así. Aunque la orden se disolviera, eso no borra sus habilidades. Es el caballero más hábil de todos.

‘El caballero más hábil…’

«Entonces, ¿por qué el señor Richt no lo llevó consigo?» Ban pensó en ello. Lo había dejado atrás con frialdad. Debería haber insistido, debió de aferrarse con más desesperación, pero ¿por qué no lo hizo?

Ban se burló de sí mismo. Mientras tanto, Adelhardt continuó hablando.

—Si no tiene a dónde ir, ¿por qué no viene a mi familia? Lo recibirían con gusto.

«¿Recibirían con gusto a un esclavo roto como él?», Ban esbozó una sonrisa amarga. Adelhardt notó su expresión y se puso nervioso.

—Es en serio. ¿Por qué se menosprecia? Lo extraño es cómo lo trataron hasta ahora.

—¿Cómo me trataron?

—¿Acaso no lo trataron de manera atroz? Todos saben lo que Lord Richt le hacía. Lamento no haber hecho nada para ayudarlo.

Lo sabían y aun así nadie intervino.

Tenían miedo de Richt. Y ahora que el hombre que más temían había desaparecido, se atrevían a pronunciar palabras vacías de compasión. Ban lo despreciaba, si realmente se hubieran preocupado, lo habrían tratado igual con o sin un amo.

—No tengo intención de pertenecer a ningún lugar —negó con la cabeza Ban.

—¿Quiere descansar?

—¿De verdad necesito decírtelo? —Su voz era fría y dura.

No había rastro de afecto ni de interés. Adelhardt no tuvo más remedio que rendirse. Incluso después, varios caballeros también intentaron acercarse. Todos decían lo mismo: lamentaban no haberlo ayudado antes y querían compensarlo invitándolo a sus familias.

«¿Y eso en qué me ayuda?».

Ninguno mostraba verdadero interés por lo que Ban deseaba.

Eso lo hizo sentirse aún más solo. Cuando ya todos los antiguos caballeros de la Orden Leviatán se habían dispersado, los rumores empezaron a circular entre la nobleza de la capital. Decían que el duque Devine había huido por miedo al Gran Duque Graham, que se dirigía hacia la capital. Que había liberado a su orden de caballeros antes de partir, dejándolos vagando sin rumbo. La gente se movía con rapidez para disfrazar la verdad.

—El territorio de Devine está tranquilo.

—Porque el vizconde Ain lo sostiene. Pero es cierto que el duque no ha aparecido.

—¿Entonces realmente huyó?

—Probablemente. En todo caso, la disolución de la Orden Leviatán es un hecho. El subcomandante, Sir Adelhardt, regresó a su familia.

—¿Y el comandante?

—¿Ese esclavo de baja cuna?

—Pero era muy talentoso.

Cada vez más personas empezaron a codiciar a Ban.

—Le concederé el honor de servir al barón Adels.

Los sirvientes de los nobles lo buscaban con arrogancia, como si le hicieran un favor por ser de origen bajo. Cada visita era tan escandalosa que acabó causando molestias en la posada donde se alojaba. Por eso, Ban se replegó cada vez más.

Buscando un lugar donde los nobles no lo encontraran, se fue alejando hacia las afueras. Y fue entonces cuando él apareció.

~**~**~

Gracias por la ayuda~

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x