Capítulo 23 – ¡Avance en el poder espiritual!

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¡El cuello de botella que la había bloqueado durante tres años por fin se rompió!
Ahora, el mundo percibido a través de su percepción espiritual era mucho más claro que antes, y ella se sentía más despierta y lúcida que nunca.

¿Por qué pasó esto?
Bai Yue seguía con una expresión de asombro, sus ojos se movían sin parar, analizando.

Lo único fuera de lo común que había hecho últimamente —aparte de viajar a otro mundo— había sido comerse aquel supuesto cristal sin atributo.

¿Podría ser que ese cristal hubiera tenido efecto en ella?

Contuvo la respiración y volvió a concentrarse para usar su poder espiritual.

¡Y esta vez logró sentir, de forma vaga, los “tentáculos” de su energía espiritual!
Eran como una extensión de su propio cuerpo, que flotaba junto con su conciencia por el aire.

Eso sí, al llegar a unos diez metros de distancia, esos hilos de energía simplemente se disipaban.

Pero eso ya era suficiente para que Bai Yue se pusiera eufórica.
Podía sentirlo: cuando esos hilos espirituales se volvieran más fuertes, podría usarlos como si fueran brazos o piernas.

Con esfuerzo, reprimió su emoción y por tercera vez desplegó su percepción espiritual, esta vez para saber si Lang Xiao y el “niñero oso” seguían en casa.

Le bastó un instante para escanear toda la casa: no sentía la presencia de ningún therian poderoso.

¡Eso significaba que Lang Xiao y Xiong Yao no estaban en casa!

Ya no pudo contener su alegría. Se puso de pie de un salto, plantó las manos en la cintura y alzó la cabeza con una carcajada heroica:

—¡JAJAJAJAJAJAJAJA…!

Como dice el dicho: cuando el tigre no está, el mono se convierte en rey.

¡Ahora que el sirviente estaba fuera, ella —Bai Yue— se convertía en la dueña de casa!
¡Libre al fin! ¡Qué felicidad!

Llenándose de energía, se sentó al borde de la cama, se deslizó lentamente hacia el suelo y corrió hacia el armario.

Al abrirlo, vio varios atuendos que Lang Xiao había preparado para ella. Todos con temática de lobo.

Bai Yue los inspeccionó con detalle y eligió un conjunto negro de lobo cachorro. Pero no se lo puso de inmediato; lo abrazó y se fue corriendo a la cocina.

Primero tenía que cortar esos molestos guantes en forma de garras de lobo.
¡No pensaba volver a caerse al inodoro con esas cosas puestas!

Pero al llegar a la cocina… se quedó paralizada.

La encimera de la estufa le llegaba hasta el cuello.
Ni estirando el brazo podía alcanzar los cuchillos.

Miró a su alrededor buscando una solución. Quiso mover una silla, pero se dio cuenta de que todas eran de piedra.
¡Imposibles de mover!

Tras dar vueltas por la casa varias veces, al fin encontró unos libros pesados de más de diez kilos en un cajón.
Apilándolos a modo de escalón, logró alcanzar uno de los cuchillos.

Con gran destreza, cortó las garras de lobo por completo y al fin pudo ponerse el traje de una sola pieza.
Mirando sus manos después de tanto tiempo, sintió una profunda cercanía con ellas.

¿Y las garras recortadas?

Las arrojó por el inodoro sin piedad, como quien borra toda evidencia de un crimen.

Hasta ahora, no había tenido oportunidad de explorar ni entender este mundo. Bai Yue decidió comenzar por lo más básico: conocer la cosmovisión del lugar.
Y eso significaba: buscar libros de historia.

En casa de Lang Xiao había muchos libros, pero casi todos eran registros de guerra. Bai Yue les echó un vistazo por encima. Tal como sospechaba:

Aquí, las plantas y los therian (zoomorfos) eran enemigos.
El principal oponente de los therian eran las plantas mutantes.

Además, las plantas dominaban la mayor parte del territorio terrestre. Los therian solo tenían pequeñas bases seguras esparcidas.
La situación era claramente desfavorable.

Como no encontró libros de historia, decidió encender la computadora de Lang Xiao.

Por suerte, había puesto atención el día anterior a cómo él la encendía.
Después de probar un rato, logró iniciar el sistema.

Pero… ¡maldita máquina!
Al prenderse, le pidió verificación de huella digital.

Una computadora completa, y por fallar en la biometría, cambió automáticamente al modo local: sin conexión a internet, sin acceso a archivos.
Lo único que podía hacer… era escuchar música o jugar juegos offline.

Bai Yue: “…”
¡Qué porquería!

—Ay… si es offline, pues ni modo. A ver qué canciones hay… —murmuró deprimida mientras hacía clic en una pista musical.

“¡Auuuu~!”

Un aullido de lobo agudo y prolongado salió retumbando desde las bocinas.

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