Capítulo 24

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Loren también lo notó enseguida. En lugar de decir algo más, optó por retirarse.

—¡Entonces, ánimo! —El puño que levantó a modo de aliento resultó tremendamente irritante.

Después de eso, el masaje infernal continuó durante un buen rato más. Claro que fue efectivo. Podía sentir cómo se relajaban los músculos que estaban rígidos como piedra.

—No hace falta que me agradezcas. —Abel le revolvió el cabello a Richt con rudeza.

«No te estoy agradeciendo nada».

¿De qué servía tener los músculos relajados? El cuerpo que había soportado un dolor tan atroz volvió a quedar rendido. Si ahora le pedía correr en ese estado, lo mordería. Ya ni siquiera veía que su oponente fuera el gran duque Graham.

Gruñó, esperando una oportunidad, pero Abel volvió a levantarlo en brazos. Antes de que pudiera morderlo, lo sentó derecho en el banco. Richt lo observó con sospecha, preguntándose qué pretendía. Abel se limitó a sentarse junto a él y mirar, en silencio, el pacífico panorama del patio. Un momento de tranquilidad se extendió entre ambos.

Mientras tanto, Ban cabalgaba como un loco.

Cambiaba de caballo cada vez que llegaban a un pueblo. No tenía autoridad para hacerlo, pero con Louis presente, no fue difícil.

Durante el viaje, una multitud de pensamientos le asaltaban. Y la mayoría eran negativos. ‘¿Estaría lord Richt a salvo tras caer en manos del gran duque Graham?’ ‘¿Se enfadaría si lo seguía, después de haberlo dejado atrás?’. Si se quedaba quieto, la ansiedad lo devoraba, así que Ban no se detenía para descansar.

Incluso cuando no montaba, debía estar haciendo algo. A veces blandía la espada, otras veces preparaba el campamento.

—Puedo hacerlo. —Louis intentó disuadirlo de asumir su parte de trabajo, pero Ban lo ignoró.

Le resultaba más fácil así. Bajo sus ojos aparecieron ojeras por el cansancio acumulado, pero prefería eso a detenerse. Gracias a su incansable esfuerzo, pronto llegaron a su destino.

—Es aquí. —Louis señaló un pueblo rodeado por una empalizada de madera.

Desde la puerta hasta la posada, el camino era recto. Había un guardia vigilando, pero no los retuvo mucho tiempo.

Al ver la posada, el corazón de Ban comenzó a latir con fuerza. Parecía tener un patio adjunto, pero el edificio principal era pequeño y viejo. Si Richt lo viera, seguramente lo detestaría.

«En un lugar como este…».

Mientras pensaba eso, alguien salió a recibirlos. Era Loren, quien había sido avisado por Louis con antelación.

—Buenos días, soy Loren, asistente del gran duque Graham. Han hecho un largo viaje. ¿Quieren descansar un momento? —Aunque lo dijo con amabilidad, Ban lo ignoró con frialdad y expresó lo que quería.

—Deseo ver a mi señor.

—Los guiaré. —Loren no discutió y lo condujo de inmediato.

Ban pensó que entrarían en la posada, pero el camino los llevó al patio trasero. Con el ceño fruncido, lo siguió y no pudo creer lo que vio.

Parpadeó atónito.

Su preciado señor estaba jadeando mientras corría por el patio. Cerró los ojos y los volvió a abrir, pensando que quizá era una alucinación. No, la imagen no cambió.

—Ahí está. —Loren lo dijo con total naturalidad.

Ban contuvo a duras penas el impulso de romperle el cuello. Logró sofocar el instinto asesino, pero no pudo evitar que su voz temblara.

—Mi Lord…

Loren percibió la peligrosa energía que emanaba de Ban y se apartó con cautela.

«¿Por qué está enfadado?».

Sin entenderlo, miró a Louis, pero este negó con la cabeza. Entonces Ban añadió, con una voz gélida

—Detesta correr.

—¿Perdón? —Loren, sorprendido, repitió sin pensar.

—Detesta hacer ejercicio hasta sudar. —Su tono implicaba que era algo obvio, tanto que el frío en su voz hizo estremecer a Loren— ¿Y aun así lo hacen correr?

Richt solo estaba trotando, pero Ban parecía considerarlo una forma de tortura. Al principio, Loren pensó que estaba bromeando, pero al ver su expresión pétrea comprendió que hablaba en serio.

Ban estaba sinceramente furioso. Loren se quedó sin palabras, y Louis se apresuró a justificarse.

—No lo hace con malas intenciones, se lo aseguro.

«¿De verdad?», Loren dirigió la vista hacia Abel, que observaba a Richt desde un rincón del patio.

—Solo quiso ayudarlo, ya que su salud es demasiado débil.

Por supuesto, Ban no se dejó convencer. Su único punto de referencia era Richt, y lo que otros dijeran no le importaba. Decidió preguntarle directamente a su señor. En ese momento, ni siquiera recordó las palabras que Richt le había dicho antes. Ban se acercó con cuidado a Richt, que trotaba despacio. Como iba tan lento, no fue difícil alcanzarlo. El sudor perlaba su frente mientras respiraba con dificultad, la boca entreabierta.

«¡Está sufriendo!», él apretó los dientes con fuerza.

—[¿Quién es ese chico?]

—[¿Quién será?]

Los espíritus, que siempre acompañaban a Richt, notaron primero la presencia de Ban.

—[No lo sé.]

—[Es la primera vez que lo veo. ¿Y tú?]

—[Yo también.]

Sus murmullos hicieron que Richt, que miraba al frente, girara la cabeza. Al reconocer un rostro familiar, se sobresaltó tanto que perdió el equilibrio. Estuvo a punto de caer de bruces, pero Ban lo sostuvo justo a tiempo.

—¿Se encuentra bien? —Su voz sonaba llena de preocupación.

Aún en brazos de Ban, Richt se cubrió el rostro con las manos.

«¡¿Qué haces aquí?! ¿Por qué? ¿Cómo podía Ban estar allí, cuando debía estar en la capital?». Sus pupilas temblaban violentamente, incapaces de asimilarlo. Tan desconcertado estaba que ni siquiera pudo hablar, y en ese momento Abel se acercó.

—Un rostro familiar.

—Hace tiempo que no lo veo, su alteza el gran duque Graham. —Ban saludó con respeto y colocó a Richt detrás de él, ocultándolo con su cuerpo.

Abel entrecerró los ojos al verlo.

—Sí, no sé cuántos años han pasado. La última vez fue en la boda de la emperatriz. Ah, y ahí también conocí por primera vez al conde Devine. Era un pequeño con mirada feroz.

—Mi señor no es un pequeño.

—Bueno, lo era en aquel entonces. —Abel soltó una risa ligera y extendió la mano, pero Ban la detuvo—. Sir Ban, creo que está malinterpretando algo.

—¿A qué se refiere?

—Al que está escondiendo detrás de usted.

Aunque estaba detrás, Abel sintió cómo Ban se tensaba.

—Esa persona no es a quien busca.

—¿Perdón?

—Él mismo dijo que se llama Tigre.

Ban recordó entonces los dulces horneados que Richt le había dado: redondos, como rosquillas, con chocolate derretido en el centro. Así que su señor estaba usando un nombre falso.

«Parece que no logró engañar a quienes lo rodean».

Louis había dicho que su señor estaba con ellos. Si su subordinado lo sabía, era imposible que su superior no lo supiera. El gran duque Graham conocía perfectamente la identidad de Richt, y aun así decía eso con una intención evidente.

Ban se giró un poco. Su señor tenía una expresión incómoda. Era natural que intentara fingir no conocerlo, dadas las circunstancias, pero Ban lo odiaba. Comprendía el motivo, pero no quería fingir que no se conocían.

—¿Entonces no se apartará?

Ban tomó su decisión.

—No. También conozco al señor Tigre.

—¿De verdad?

—Sí.

—Entonces, dígame su apellido.

Ahora fue Ban quien se quedó desconcertado. Apenas había oído el nombre, ¿cómo iba a saber el apellido?

«¿Qué hago?»

Mientras dudaba, sintió algo presionar su espalda: la mano de Richt. Con un dedo, Richt escribió sobre su espalda.

—Wizwell.

El rostro de Abel se endureció. Miró fríamente a Ban, que respondió con calma.

—¿De verdad se conocen? —Esta vez no se lo preguntó a Ban.

—Sí, nos conocemos. —Richt no tuvo otra opción más que responder. No soportaba verlo en apuros.

—Bien, digamos que es cierto. Pero, Tigre…

—¿Sí?

—¿No te parece un poco feo que, después de todo lo que compartimos, te vayas corriendo con el primero que aparece? —Abel habló con tono pícaro, cubriéndose la boca con la mano—. Era mi primera vez, ¿sabes?

«¡Mentiroso!», Richt lo miró con ojos llenos de desconfianza. Sabía muy bien que aquel hombre se acostaba con cualquier mujer que encontraba.

—¿Y esa mirada qué significa?

—Es la mirada que se le da a un mentiroso.

—Yo no miento.

—Ah, claro. —Richt no le creyó ni un poco.

—Es en serio.

A esas alturas, Richt decidió ignorar sus palabras.

—Entonces, terminaré el entrenamiento por hoy.

—¿No corriste menos que ayer?

—Es que hoy me encontré con alguien conocido. —Richt tiró suavemente del borde de la chaqueta de Ban.

Al hacerlo, Ban tambaleó. Richt lo miró, sorprendido por ver una expresión que nunca antes había visto en su rostro.

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Gracias por la ayuda~

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